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Full text of "Diccionario Uruguayo Biografias Fernandez Saldana"

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J. M. FERNANDEZ SALDANA 



DICCIONARIO 
URUGUAYO 

DE 

BIOGR AFIAS 

18 10 - 19 4 0 



ADOLFO LINAKDI 

LIBRERIA ANTICUAEIA AMERICANA 




JOSE M 



FERNANDEZ SALDASA 



Subdirector flel ArcMvo y Museo Historieo Nacional, ex - Sustituto de Historia 
l'nivcrsal cn la Seccion de Enscnanza Secundaria y Preparatoria 
de la TJniversidad de Montevideo 




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DITORIAL AMERINDI5 

MONTEVIDEO 



NOTA PRELIMINAR 



Quinientas cincuenta de las biografias que integran 
este libro, se publicaron hace unos meses en los Anales 
de la Universidad de Montevideo bajo el titulo de "Fichas 
para un Diccionaho Uruguayo de Biograjias". 

Constituia. esta especie de anticipo. el trabajo que, 
con cl lema • : ItiV, yo habia prescntado a disputar el pre- 
mio Pablo Blanco Acevedo correspondiente al ano 1943, 
premio cuyo discernimiento incumbc a nuest.ro instituto 
superior de ensenanza y que los miembros del jurado, 
dictando fallo resolutorio, le otorgaron por unanimidad, 
conforme al acta de 12 de noviembre. 

Esas fichas, llevadas ahora al numero de ochocientas, 
cuidadosamente revisadas y corregidos los errores que 
provenian, casi todos, de la apresurada labor que llegan 
a imponer los plazos perentorios de los concursos, consti- 
tuyen este libro, cuyos origenes remontan a 1910. 

Por entonces habldbamos ya con el talentoso compa- 
nero Dardo Estrada, de lo util que resultaria poner mano 
en una obra de naturaleza semejante, reclamada de tanto 
tiempo atrds por nuestra bibliografia. Pensamos alguna 
vez, todavia, emprenderla juntos, pero al fin hube de ser 



yo, ido vrimero el bUen amigo, quien tomase a su cargo 
la tarea. 

Mi primitivo plan fue mds vasto, en cuanto aspiraba 
a ser un diccionario de biografias y de datos historicos, 
pero ya en lejanos dias de reposada labor, cuando era 
Ministro en el Paraguay, resolvi dejar los datos para el 
tomo independiente a que espe.ro dar termino. 

* 

.* * 

No puede decir quien tiene escritos ocho libros y cen- 
tenares de articulos de tema historico publicados en pres- 
tigiosos diarios de Montevideo y Buenos Aires, que esta 
obra haya constituido la obra de su vida, vida multiple 
como suele ser la de los hombres pobres y de trabajo. 

Pero no podria negar, tampoco, que en el transcurso 
de esos largos treinta y cinco anos a que se aludio, en to- 
do tiempo, en toda circunstancia y donde quiera que fue- 
se, velo siempre el cuidado de que no pasara sin tomar 
cuenta cualquier fecha, cualquier pormenor o cualquier 
dato, sospechoso siquiera de que pudiese ser anadido util- 
mente al acervo de fechas, detalles y noticias colectado 
con tanta paciencia y tan perseverante voluniad. 

Ya en posesion de un material de fondo realmente 
serio, crei llegada la hora de dar ordenacioa y forma con- 
cluyente al cumulo de mis apuntes y notas, redactando las 
fichas biogrdficas del Diccionario conforme a un tipo que 
las alejase lo mismo de la monografia que del esquema 
y escritas con criterio objetivo, cuidando de impersona- 
lizarme hasta donde fuese posible, pero sin excluir tam- 
poco el comentario o el juicio siempre que lo creyese in- 
dispensable, porque la vida de los hombres tiene anverso 
y reverso. 



Corresponde dejar aqui plena constancia de las am- 
plias facilidades que en el termino de estructurar defi- 
nitivamente mi libro, halle siempre en todos los institu- 
tos facultativos, oficinas publicas y en los repositorios de 
noticias, comenzando por el Archivo General de la Nacion, 
la Biblioteca Nacional y la Curia Eclesidstica. 

En forma expresa destaco la Seccion Historia y Archi- 
vo del Estado Mayor General del Ejercito, la cual fue 
requerida de continuo, sobre todo en la epoca que estaba 
al frente de ella el preparado y estudioso Teniente Coronel 
Anibal Mnnoz. 

Senalo asimismo los subsidios que debo a los erudi- 
tos y distinguidos colegas historiadores Ricardo Grille y 
Ariosto Ferndndez, y en modo principal la contribucion 
de Manuel Nicora, en quien tuve un capacitado, inteli- 

■ ' ■ ' . . . ' ' ■ -' ' ' ' ■-'-. " ^ . : "' ' '" : ■■ ■ '■,'- '"^ ' ' Y' '' -~' : - '■■■■'■■' 

gente y valioso colaborador, 

* * 

Acaso se piense por algunos que el contenido del Dic- 
cionario no es el que correspondiera al primer libro de 
esta indole que se publica en el pais, peroacreo que el 
reparo pierde fuerza considerando el cardcter particular 
de un libro extensible a voluntad, capaz de recibir en todo 
tiempo acrecimientos y enmiendas, y al cual la sucesion 
de los dias, a la vez que lo envejece, es portadora de ma- 
teriales que lo renuevan y actualizan, para convertirlo en 
una forma andante al estilo de lo que Rodo deseaba que 
fueran sus inmortales "Motivos" : "un libro en perpe- 
tuo devenir, un libro abierto sobre una perspectiva inde- 
finida". 

F. S. 



■'■ ':.■■: 



ABELLA. EUGENIO Manuel 



Militar, Jefe del Batallon "Orden" 
en la victoria de Caseros. Montevi- 
deano, habia nacido el 15 de no- 
viembre de 1821, hijo de Jaime 
Abella, de Colonia del Sacramento. 

Principi6 a servir el afio 1843 co- 
mo soldado en el Batallon l 9 de 
Guardias Nacionales, de donde pasd 
en clase de subteniente al Batall6n 
1' de Cazadores. En julio de ese 
mismo afio, en su categoria, Abella 
paso agregado al Estado Mayor y 
ucendi6 a teniente 1" el 24 de 
marzo de 1845, yendo mas tarde a 
revistar en el Cuerpo de Oficiales. 

El 25 de junio de 1846 tuvo dcs- 
tino en el Batallon 1» de Guardias 
Nacionales, donde se le promovi6 a 
capitan el 22 de octubre del mismo 
afio, dandosele el mando de la 1* 
compania. En julio de 1849 se lc en- 
cuentra en el Detall de Vanguardia, 
el 19 de agosto, comandando la 



3* companfa del batallon "Voltfge- 
ros" y el 12 de setiembre de 1851 
viose ascendido a sargento mayor. 

Recien creado el batall6n "Orden" 
o mas bien dicho rcbautizado asi el 
que se denominaba Restauradores 
Orientales de las fuerzas del Cerrito, 
que iba en camino de quedar sin 
gente por la desercion provocada 
por su propio jefe el coronel Gui- 
Uermo Munoz y sus oficialcs, se en- 
carg6 de dicha unidad, a titulo de 
comandante interino al sargento 
mayor Eugenio Abella, el 23 de no- 
viembre de 1851. 

La designacion quedo firme, pues 
al frente del "Orden" march6 a 
la campafia contra Rcsas y particip6 
cn la jornada victoriosa de Case- 
ros el 3 de febrero de 1852, que 
cambi6 el panorama politico del Rio 
de la Plata. 

Refundidos en dos los cuatro ba- 
tallones de infanteria de linea exis- 
tentcs entonces en el pais. de acuer- 
do con la resolucion de 4 de agosto 
de 1852, Abella paso a ocupar la se- 



- 9 - 



ABE 



ABR 



gunda jefatura del N 9 2, permane- 
ciendo alM hasta que el Gobierno 
Provisorio que sustituyo al presiden- 
te Giro, interinado por el general 
Cesar Diaz, dispuesto a aumentar la 
fuerza regular del ejercito, creo un 
nuevo batallon con el numero 3, 
nombrando a Eugenio Abella para 
comandarlo con encargo de proceder 
inmediatamente a su organizacion e 
instruccion, el 30 de noviembre de 
1853. 

El 15 de febrero de 1854 ascendio 
a teniente coronel y al crearse el 1° 
escuadron de caballeria de linea el 
27 de marzo de 1854, se le nombro 
su jefe, con la misma fecha. En es- 
tas circunstancias, los acontecimien- 
tos politicos de agosto - setiembre 
de 1855 hallaron a Eugenio Abella 
en la Villa del Salto y cuando la 
poblacion se pronuncio por la causa 
de los conservadores y el gobiemo 
de Luis Lamas, Abella adhirio al 
movimiento el 7 de setiembre. 

Desconocida la autoridad del jefe 
politico coronel Miguel Nieti, por la 
Junta E. Administrativa saltena que 
reasumio la plenitud de la sobera- 
nia, nombro al comandante Abella 
jefe de todas fuerzas militares 
existentes en el departamento y de 
las que se crearan y fue puesta la 
villa en condiciones de defensa. Ter- 
minado el conflicto, la poblacion na- 
cional y extranjera del Salto premio 
la conducta observada por el co- 
mandante interino, ofreciendole una 
espada de honor. 

Adicto al general Cesar Diaz, en 
la triple calidad de subalterno, co- 
rreligionario y amigo, tenia que ser 



de sus compafieros, como fue, en el 
movimientp revolucionario que aquel 
. distinguidO: militar encabezo contra 
la pesima administracion de Pereira 
en diciembre de 1857. 

Pcr tal causa se le dio de baja 
por rebelde y fue radiado de los 
cuadros del ejercito el 15 de enero 
de 1858. Vencida la revolucion y de- 
puestas las armas bajo la fe de una 
capitulacion en el Paso de Quinteros 
el 28 de enero, el gobierno, violando 
el convenio que garantizaba a los 
vencidos su vida y su pase al Bra- 
sil, crdeno la muerte del general 
Cesar Diaz y de todos los jefes que 
lo acompanaban. 

Abella fue fusilado a las 2 de la 
madrugada del 2 de febrero, ya en 
camino de Montevideo, en la -costa 
dsl arroyo Tala. 

Como despues de las barbaras eje- 
cuciones se propalo la especie de que 
el comandante Abella habia logrado 
escapar con vida, originose de esta 
falsa suposicion el doloroso episodio 
de que su joven y desolada viuda, 
Margarita Peyrallo, retirada a una 
quinta del Paso de la Arena en las 
cercanias de Montevideo, esperase a 
su marido dia y noche por meses 
eonsecutivos, aferrada irreductible a 
la esperanza. 



ABREU, CIPRIANO 

Militar que tuvo actuacion saliente 
en el periodo de gobierno del ge- 
neral Santos, en la cual entre otros 
destinos desempeno la jefatura del 
Batallon 5° de Cazado'res, famosa 



ABR 



ABR 



unidad del ejercito de linea que fue 
la base del encumbramiento y des- 
pues la columna indiscutida del pre- 
dominio de aquel militar. 
■ Sin embargo, a despecho de su ac- 
tuacion en tiempos tan oscuros, no 
gravitan sobre el nombre del coro- 
nel Cipriano Abreu, cargos o impu- 
taciones como los que pesan scbre 
el de muchos militares del mismo 
periodo, ni se le aeuso nunca de 
ha'ber amasado una fortuna a ex- 
pensas de la proveeduria de los ba- 
tallones. Corresponde decir asimis- 
mo que el 5 9 de Cazadores bajo su 
mando, conservaba del 5? de los dias 
de la jefatura de Santos, poco mas 
que ia desastrosa fama y el numero 
de orden. 

Nacido en Canelones el 26 de se- 
tiembre de 1847, sirvio desde los ul- 
timos meses del 64 ,en el ejercito 
revolucionario de Flores y luego en 
las filas gubernistas combatiendo al 
corcnel blanco Timoteo Aparicio, 
primeramente como teniente 2 9 de 
Guardias Nacionales en el Escuadron 
Pando, y en el Batallon Sosa desde 
marzo de 1870. Ingreso'al Ejercito 
de Hnea como teniente 1° en el 
mencionado Batallon Sosa (15 de 
enero de 1872), y en sus filas se ha- 
bia distinguido en la batalla del Sau- 
ce. Vinculose en su unidad con el en- 
fonees oscuro capitan Maximo Santos 
y en esta amistad hay que buscar el 
avance en su carrera de armas. As- 
cendio a capitan el 17 de mayo de 
1880, a sargento mayor el 6 de mayo 
de 1881, a teniente coronel en febrero 
del 83 y a coronel en febrero del 86. 

Desde el mes de marzo de 1880 



prestaba servicios en el Ministerio 
de Guerra y Marina hasta el mismo 
mes -del afio 82, en que fue nom- 
brado Edecan del Presidente de la 
Republica, Jefe de Ia Escolta Presi- 
dencial en febrero de 1883, el 7 de 
mayo de ese afio tomo el mando del 
5 9 y se mantuvo en su puesto hasta 
que habiendo dimitido Santos y 
planteada ya la reaccion contra su 
regimen, el general Tajes lo separo 
del batallon, nombrandolo otra vez 
Edecan de la Presidencia el 22 de 
diciembre de 1886. Seis dias mas 
tarde'el 5 9 de Cazadcres fue disuel- 
to al mismo tiempo que la Escolta 
Presidencial. 

Caido y desterrado su protector, 
Abreu, no obstante haber aceptado 
la nueva situacion politica, mantu- 
vose personalmente adicto al ex-pre- 
sidente Santos, en medio de la in- 
gratitud general de los que habian 
sido sus amigcs o sus pi-otegidos y 
sus panegiristas en los dias de bue- 
na fortuna. ' ' ' 

Durante la ultima enfermedad del 
Capitan General, se traslado a Bue- 
nos Aires y rodeaba su lecho cuando 
fallecio el 10 de mayo de 1889. 

EI gobierno del Dr. Herrera y Obes 
dio al coronel Abreu la jefatura del 
1? de Cazadores el 23 de febrero de 
1894 y en ese comando, al producirse 
la revolucion nacionalista contra el 
presidente Idiarte Borda en 1897, 
participo en la batalla de Tres Ar- 
boles, librada el 17 de marzo. 

El general gubernista Jose Villar 
fue vencido y el batallon 1° tuvo 
que lamentar gravisimas perdidas. 
El 14 de mayo, Villar, volviendo por 



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la revancha, triunfo en Cerros Blan- 
cos, donde el coronel Abreu estuvo 
presente tambien, con el cuerpo a su 
mando. 

Habiendo negado su firma al com- 
promiso que Cuestas, Presidente del 
Senado, exigio a los jefes de bata- 
llon, declarando que no aceptarian 
ningun otro Presidente que el en la 
eleccion de marzo de 1898, Abreu 
-fue separado de su puesto el 2 de 
febrero. 

El 25 de setiembre del mismo afio 
98 volvio a ser jefe de su antigua 
unidad, al frente de la cual se le 
mantuvo hasta el 6 de febrero de 
1903. 

Retirado en su chacra de los alre- 
dedores de Pando, estimado vecino 
de la zona, fallecio el 28 de agosto 
de 1923, cuando figuraba por anti- 
giiedad con el mimero 4 en la lista 
de coroneles del ejercito. 



ACEVEDO. EDUARDO Luis Maria 

Ministro, codificador y hombre 
politico, nacido en Montevideo el 
10 de setiembre de 1815. Perdio a 
sus padres, Jose Acevedo, natural 
del Reino de Chile y Manuela Ma- 
turana, de Montevideo, siendo un 
nifio y fueron su abuela materna y 
el segundo marido de esta, LuiS 
Goddefroy, que no tenian descen- 
dencia, quienes lo tomaron a su 
c *-go. 

Deseosos de que recibiera una 
educacion concorde con los adelan- 
tos mostrados en la escuela prima- 
ria, lo enviaron a Buencs Aires a los 



doce anos y allf curso estudios fo- 
renses hasta doctorarse en Derecho 
Civil el 6 de agosto de 1836, reci- 
biendo titulo de abogado tres afios 
mas tarde, el 29 de agosto de 1839. 
Terminada la carrera vino a estable- 
cerse en su ciudad natal, pero, cu- 
rioso es notarlo, sin revalidar su ti- 
tulo, formalidad llenada recien en 
el afio 1853. 

Su ingreso en la magistratura na- 
cional arranca de 1842 en que se le 
designo Juez del Crimen, tocandole 
interinar el Juzgado de lo Civil. 

Formalizada la Guerra Grande con 
el sitio de Montevideo, Eduardo Ace- 
vedo, no obstante sus vinculaciones 
o simpatias con la causa oribista, 
penso quedar en la capital, disgus- 
tado por la alianza de Oribe con el 
tirano Rosas. Pero era una situacion 
que no podia prolongarse mucho si 
consideramos el ambiente de la epo- 
ca y a fines de 1843, contando con 
la tolerancia del Jefe Politico An- 
dres Lamas, se embarco en un buque 
de guerra portugues anclado en Ia 
bahia, trasladandose despues a Bue- 
nos Aires donde establecio su estu- 
dio juridico. 

Cuando el general Oribe, a los 
siete afios de haber renunciado la 
presidencia, con miras de dar nue- 
vas formas de apariencia legal al 
mando militar que investia en el Ce- 
rrito, organizo un Tribunal de Jus- 
ticia en mayo de 1845, mando ofre- 
cer al Dr. Eduardo Acevedo un 
puesto de camarista. Aceptada la " 
designacion trasladose al campo si- 
tiador, donde asimismo desempend 
en 1850 funciones de miembro de 



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la Comision de Instruccion Publica. 
Ademas, desde setiembre del 45 y 
por termino de doce meses, f ue re- 
dactor editorialista de "El Def ensor de 
la Independencia Americana", orga- 
no que propugnaba la causa de Oribe 
y la de Rosas y era portavoz oficial 
del primero de estos personajes. 

El clima que reinaba en el campo 
sitiador no era propicio para un 
hombre del temperamento del Dr. 
Acevedo, a punto de que cuesta tra- 
bajo explicar nb tanto la ida como 
la permaneneia de este ciudadano 
tan morigerado y tan ecuanime, en 
medio de aquellos hombres pertur- 
bados por pasiones terribles y en un 
ambiente que la barbarie rosista ilu- 
minaba con llamaradas siniestras. 

El Dr. Acevedo llego a compren- 
der por experiencia propia que en 
el Cerrito estaba desambientado; la 
noche del 11 de octubre de 1846, a 
causa de un sensato articulo, un gru- 
po de oficiales a caballo se presento 
en su casa habitacidn eii tren de ma- 
zorcada, profiriendo gritos de "mue- 
ra el salvaje unitario Acevedo, mue- 
ra el redactor de "El Defensor", El 
periodista constituyose al dia si- 
guiente a presencia de Oribe, el cual, 
"manifestando ignorar todo, le prome- 
tio hacer Ias indagaciones pertinentes. 
No se logro o no se quiso lograr, sin 
embargo, la identificacion de ningu- 
n'o, pese a ser notada, por ejemplo, 
la presencia de Leandro Gomez. En 
cambio, el presidente fue un dia mas 
tarde a solicitar del Dr. Acevedo 
quitara importancia al asunto y con- 
tinuara al frente del periodico. Pero 
el Dr. Acevedo hizo abandono de la 



redaccion y las relacicnes quedaron 
enfriadas entre ambos por el resto 
del sitio. 

Se contrajo entonces a sus trabajos 
juridicos, empenado en la confeccion 
de un proyecto de Cddigo Civil, ta- 
rea que la falta de libros dificultaba 
notablemente, pues su biblioteca ha- 
bia quedado en la capital sitiada. 

El proyecto, impreso en 1852 en 
Montevideo, representaba una obra 
de real envergadura, que podia po- 
nerse en parangon con cualquier 
trabajo de semejante indole llevado 
a cabo en America, pero que nunca 
alcanzaria a regir en la Repubhca. 

Despues de la disolucion del ejer- 
cito de Oribe, ajustada la paz de 
octubre del 51 y vuelta la normali- 
dad constitucional, resulto electo di- 
putado por Montevideo en las cama- 
ras de 1852, ano en que hizo impri- 
mir un Catecismo Politico arreglado 
a nuestra Constitucion, oiausculo re- 
impreso despues en el Salto en 1862, 
durante la estada de Acevedo en 
aquella ciudad litoral. 

El l 9 de julio de 1852 vio la luz pu- 
blica "La Ccnstitucion", un nueyo 
diario fundado y dirigido por el. El 
programa era de entendimiento pa- 
triotico y de moderacion al margen de 
Ios viejos partidos y el director pro- 
curo vincularse con ciertos prohom- 
bres de la Defensa que estaban en 
igual orden de ideas, para encarri- 
lar de consuno la marcha insegura y 
mal orientada del presidente Giro. 

Los sucesos del 18 de julio del 53 
malograron los propositos y "La 
Constitucion", donde se habia hecho 
una amplia campana en favor de los 



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intereses generales del pais, ceso de 
aparecer. El 23 de noviembre, la 
Jefatura de Policla le envio a su 
casa el pasaporte necesario para ale- 
jarse del pais: su nombre figuraba 
con. varios otros en una lista de 
proscripcion que incluia a conspicuos 
personajes del Cerrito. ' ' " 

Reabrio en Buenos Aires su estu- 
dio, fue Presidente de la Academia 
de Jurisprudencia y del Colegio de 
Abogados y tomo parte tan principal 
en la confeccion del Codigo de Co- 
mercio argentino que venia traba- 
jando el Dr. Velez Sarsfield, que la 
critica serena, a la luz de pruebas 
inconcusas, no ha vacilado en con- 
ceder al jurisconsulto uruguayo la 
parte principal y sustantiva del pri- 
mer codigo sancionado en el Rio de 
la Plata. 

Abierta en 1860 la sucesion presi- 
dencial de Gabriel Pereiraj el Dr. 
Acevedo figuro como uno de los 
candidatos a tal alto puesto, pero los 
caudillos militares del partido blan- 
eo, con el coronel Bernardino Olid a 
la cabeza, decidieron la cuestion en 
favor de Bernardo P. Berro. EI nuevo 
jefe del Estado le ofrecio un puesto 
en su gabinete y Acevedo vino . a 
Montevideo nombrado con fecha 8 
de marzo Ministro de Gobierno y 
Relaclones Exteriores, integrante asi 
de lo que dio en Hamarse el Gran 
Ministerio. 

Mantuvo Ia cartera hasta junio de 
1861, en que "sin que mediara mo- 
tivo alguno a no ser el prestigio y 
gran credito que el Dr. Acevedo ha- 
bia adquirido poir sus servicibs y la 
natural y legitima influencia que su 



talento y sus cualidades le daban al 
gobierno : ', el' presidente Berro le 
pidio por carta la renuncia. El Mi- 
' nistro se nego a aceptar el pedido 
y el Presidente decreto su cese y el 
de los colegas de gabinete Tomas 
Villalba y Diego Lamas. 

Sabia realizado una obra copiosa 
y buena en que se tocaron las cues- 
tiones mas importantes y mas gra- 
ves, y Berro, como dice el Dr. A. 
Vazquez Acevedo, de quien es el pa- 
rrafo entre comillas de mas arriba, 
se vio achicado ante la opinion pu- 
blica por su Ministro, por todcs en 
conjunto mas bien, y el no era horxi- 
bre de soportar estas cosas. 

El 14 de juho del mismo ano 61, 
la Asamblea General le dio sus vo- 
tos para miembro del Superior Tri- 
buhal de Justicia. . 

Una af eccion al pecho venia mi- 
nando al Dr. Acevedo y como las ta- 
reas oficiales ho habian hecho sino 
ahondar lbs" males, aprovecho la 
Iibertad que se le daba inesperada- 
mente para trasladarse a la Villa del 
Salto, cuyo temperamento seco a la 
par de mas calido tendria que sen- 
tarle bien. Largos meses de residen- 
cia en aquellas privilegiadas tierras 
lograron estacionar cuando menos la 
dolencia, pero el dia que,' electo se- 
- nador 'por Montevideo en 1863, tuvo 
que constituirse en la capital, un 
grave empuje del mal lo decidio a 
emprender viaje al Paraguay a me- 
diados del ano. Nada pudo- adelan- 
tarse en Asuncion. 

Regresando en el vapor paraguayo 
"Igurey" aguas abajo por el Parana, 
fallecio el jurisconsulto frente a 



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Gbya, poblacion eorrentina, a las 21 
horas del 23 de agosto de 1863. El 
barco varo en esos mismos momen- 
tos, por lo que sus acompanantes, 

'Federieo Giro y Melchor Belauste- 
guf, vieronse precisados a trasladar 
el cadaver a una goleta que llego a 

'la ciudad de Parana recien el 25 
por la noche, dandosele pronta se- 

" pultura al medio dia siguiente, en 

• presencia de las autoridades. r - ■ ; . . 

Sus restos, traidos a la patria. re- 
posan en el Cementerio Central de- 
Montevideo desde el 28 de setiem- . 
bre de 1865- 

En la misma capital, una plazuela 

- donde luce su busto y una de las 
calles que bordean la Facultad de 
Derecho, recuerdan el nombre de. 1 
ilustre jurisconsulto. 

ACEVEDO DIAZ, EDUARDO Ines 

Escritor, periodista y hombre po- 
litico. Sus padres fueron Norberto 
Acevedo y Fatima Diaz, hija del 
general Antonio Diaz, y nacio en la 
Villa de La Union el 20 de abril 
de 1851. . ; : ; "3v . . 

Habia concluido los cursos de ba- 
chillerato en Montevideo y se dis- 
ponla a seguir estudios de derecho, 
cuando sobrevino Ia revolucion del 
caudillo blanco coronel Timoteo 
Aparicio contra el gobierno del ge- 

- neral Lorenzo Batlle, principiada en 
marzo de 1870. Entonces, abando- 
nando todo, fu6 a reunirse con sus 
companeros politicos y a participar 

" dc las peripecias <3e la guerra en 
campana. Cuando se ajusto la Paz de 



Abril de -1872, ostentaba galones de 
teniente en el ejercito revolucio- 
nario. 

Reintegrado a la vida civil sac6 a 
Ia calle el diario "La Republica", 

' euya propaganda acusaba un parti- 
darismo que se tuvo por inoportu- 
no, a la hora en que un anhelo de 
reconciliacion patriotica parecia el 

"sentimiento general. Por este. mo- 
tivo, tal vez, desaparecio al poco 
tiempo, privado del favor piiblico. 
Entonces, junto con Agustin de Ve- 
dia, entro a ser uno de los redacto- 
res de "La Democracia", organo na- 
cionahsta, donde se mantuvo hasta 
1874, en que la direccion paso a ma- 
nos del Dr. Francisco Lavandeira. 

f " 1 - ;Actor en el choque sangriento del 
10 de enero de 1875, en las filas de 
los principistas, despues del golpe 
de fuerza del dia 15 utilizo las co- 
lumnas de "La Revista Uruguaya" 
que dirigia junto con Alberto Palo- 
meque, para atacar con acritud y 
rudo personalismo a los asaltadores 
del poder. Perseguido y amenazado 
abandono el pais, yendo a sumarse 
en la Argentina a Ics compatriotas- 
que organizaban un movimiento ar- 
mado con el proposito de restable- 
cer por las armas el imperio de la 

- ley, en un supremo esfuerzo de union 

- de la ciudadania consciente, sin 
bandera tradicional y con la divisa 
tricolor de los cruzados del afio 25. 
Iniciada la lucha, vadeo el Uruguay 
con una de las primeras expedicio- 
nes y bajo las ordenes del coronel 
Julio Arr ,o tuvo un puesto entre 
los bravos inf antes que derrotaron a 
las fuerzas del coronel gubernista 



— 15 — 



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Carlos Gaudencio, en Perseverano, 
el 7 de octubre de 1375. ' ' - 

Vencido el hermoso esfuerzo de la 
ciudadania por los batallones de li- . 
nea del gobierho usurpador y los 
contingentes blanccs que le aporta- 
roti el coronel Timoteo Aparicio y los 
ca idillos subalterncs que lo seguian, 
Acevedo Diaz no regreso hasta 1876, 
en plena dictadura del corpnel Lo- 
renza Latorre. 

El Dr. Juan Jose de Herrera lo 
habia apalabrado para confiarle la . 
direccion de su diario "La Democra- 
cia", pero el cargo que concluia de 
. abandonar el Dr. Jose Manuel Sienra 
y Carranza, no era precisamente el 
cargo aparente para un hombre del 
temperamento de Acevedo Diaz, ma- 
xime cuando el plan politico de He- 
rrera tendia a la posible conviven- 
cia con la dictadura, mirando al fu- 
turo. El 9 de agosto aparecio en 
el cabezal como director politico, 
Eduardo Acevedo Diaz; pero solo 
.alcanzo a estar muy breve plazo. 

Con motivo de haberse sublevado 
en San Jose el caudillo blanco Ma- 
ximo Ibarra, que perdio la vida en 
la aventura, "La Demccracia" acuso 
a Maximo Santos, jefe del 5? de 
Cazadores, de haberlo mandado ase- 
sinar por la custodia despues de en- 
tregarse de buena fe al comandante 
gubernista. Una afirmacion de esta 
naturaleza equivalia a declarar la 
guerra al dictador, pero asi tenia 
que ser. Tratandose de politica en 
el terreno abstracto — escribio el pe- 
riodista a Juan Jose de Herrera — 
podrian encararse las cosas ccnfor- 



me el deseaba que se encarasen. . 
pero ante la enormidrl del crimen 
sus pasiones nobles y generosas se 
sublevaban. . . Arrollar la bandera 
ahtes que seguir en esa tesitura. He- 
rrera, aceptando el consejo, cerr<5 el 
diario. (Ver, Mdximo Ibarra). 

Regreso a la Argentina para esta- 
blecerse en la Iocalidad de Dolores, 
provincia de Buenos Aires, donde 
sus conocimientos de derecho le 
permitieron trabajar de procurador. 

Sus vinculaciones en el pueblo y 
su autoridad sobre el vecindario en 
general, lo llevaron a mediar, conci- 
liandb, en un episodio de banderias 
locales que amenazaba ensangren- 
tar las calles el 7 de julio de 1880, 
' y por tal motivo, apaciguados los 
animos, le fue ofrecida una medalla 
de oro recordatoria. 

Fue-en estos anos, anos de silen- 
ciosa labor literaf ia y de plenitud 
intelectual, que se gestaron sus 
magmficos libros. : ■ ' 

Un poco mas ts - de quiso venir al 
pais, en una tentativa de estructufar 
un "partido nacibnal- blanco", con- 
forme a sus planes, y en tal sentido, 
vuelto a Montevideo, escribio en el 
diario constitucionalista "La Eazon" 
una serie de articulos propugnando 
por la idea politica con que sonaba. 
Corresponden a noviembre de 1880 
las famosas cartas polemicas con el 
Dr. Julio Herrera y Obes, empefiado 
'pof ese tiempo eh campana seme- 
jante dentro de las filas del Partido 
Colorado, desde las columnas del 
"Diario del Comercio". 

Pcco tiempo permaneceria en el 



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pais, si se tiene en cuenta el fracaso 
de su propaganda partidista y otra 
vez en la Argentina, luego de una 
corta residencia en La Plata, trasla* 
close a Ia localidad de Florencio Va- 
rela, en la provincia de Buenos Ai- 
res, donde fue Inspector de Escuelas. 

Una rapida presencia en el esta- 
dio de la prensa uruguaya en el 
gobierno de Tajes, escribiendo en 
"La Epoca", habia pasado casi des- 
apercibida. 

En 1895, sus correligionarios fue- 
ron a buscarlo en su retiro para 
ofrecerle la direccion de "El Na- 
cional", que acepto. Lo precedia una 
gran reputacion como hombre de le- 
tras, hija — sobre todo — de las nota- 
bles novelas historicas que habian 
seguido a "Brenda", su primer ensa- 
yo, y que tenian por titulos "Ismael" 
(1888) y "Nativa" (1889), aparecidas 
como folletin en diarios de Buenos 
Aires y luego llevadas al libro; "Gri- 
to de Gloria", publicada en 1893 en 
La Plata y el romance campesino 
"Soledad", "casi poema en prosa". 

Tornaba Acevedo Diaz a la Repu- 
blica en un momento especialmente 
preparado para que una propaganda 
de ardiente tono partidista, empa- 
pada de tradicionalismo historico y 
de oposicion sistematica y ruda, gal- 
vanizara el espiritu de las masas 
nacionalistas, convenciendolas de la 
fuerza que podian significar endere- 
zadas a la accion directa, en una 
diaria predica que fuese a la vez de 
permanente desprestigio — en todo 
sentido — para el gobierno y para el 
Partido Colorado, que Acevedo Diaz 



involucraba — mas o menos integro — 
en la denominacion infamante de 
gavilla. 

El hombre capaz de emprenderla 
era lo que faltaba, y ese hombre fue 
el director de "El Nacional", que al 
cabo de dos anos de campana f ranca 
y abiertamente revolucionaria, tole- 
rada por el gobierno de Idiarte Bor- 
da, estrictamente cenido a la ley, se 
tradujo al fin en el movimiento ar- 
mado de marzo de 1897, cuyos jefes 
fueron Aparicio Saravia y Diego La- 
mas y en el cual participo personal- 
mente el periodista. 

La revolucion — muerto violenta- 
mente el presidente Idiarte Borda 
el 25 de agosto — hallo termino con 
la paz de setiembre de 1897, que le 
aseguraba al Partido Nacionalista 
importantes posiciones polrticas y 
una participacion efectiva en el go- 
bierno de la Republica. Acevedo 
Dlaz, desde su tribuna periodlstica, 
perf ilo entonces una f igura de cau- 
dillo civil, con un arrastre popular 
que certificaban las reuniones parti- 
darias donde — lo misrno en la capi- 
tal que en los departamentos— ha- 
cia vibrar de entusiasmo a los co- 
rreligionarios con su elocuencia en- 
cendida y retumbante. 

Despues de hecha la paz surgio la 
lucha contra lo que se llamaba el 
regimen cclectivista y el gobierno 
"dictatorial de Juan L. Cuestas, que 
el Partido Nacionalista propicio y 
sostuvo de consuno con una fraccion 
del Partido Colorado y en cuyo go- 
bierno el director de "El Nacional" 
acepto un puesto en el Consejo d3 



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Estado, instituido para suplantar a 
ias camaras derrocadas por el golpe 
de fuerza del 10 de febrero. 

Restablecida la normalidad cons- 
titucional, en 1899 resulto senador 
por Maldonado. 

La posicion del nacionalismo ha- 
biase vuelto tan aventajada bajo el 
gobierno de Cuestas, que su triunfo 
defmitivo parecia proximo; pero las 
divisiones no demoraron en haceiio 
presa. Seiialaronse una tendencia 
conseryadora, deseosa de contempo- 
rizar con el ex-dictador en una poli- 
tica de sucesivos acuerdos electora- 
les, negacion de la verdad democra- 
tica, con proposito de sacar mayores 
ventajas a ese precio, y una tenden- 
cia radical, que enfrentaba quebrar 
aquella si era preciso y tomar ei ca- 
mino de los comicios hbres. Acevedo 
Diaz, desde esta ultima posicion, vino 
a hallarse en discrepancia con Apa- 
ricio Saravia, jefe militar a quien el 
partido rendia obediencia y al cual 
apoyaba la fraccion conservadora. 

Bajo otros aspectos, el encumbra- 
miento politico del periodista demo- 
ledor que habia gestado la revolu- 
cion del 97, levantaba desconfianzas 
entre muchos hombres de su misma 
parcialidad, habiles en aprovechar 
de las revoluciones aunque llegados 
algunas veces a la ultima hora. 

La sucesion presidencial de Cues- 
tas, cuyo mandato concluia el ultimo « 
dia de febrero de 1903, precipito el 
choque previsto. 

Cuestas, dispuesto a impcner su 
candidato, lanzo la candidatura de 
Eduardo Mac-Eachen, hombre ca-' 



rente de todo prestigio y simple he- 
chura suya, pero el cual, a merito 
ue su misma insignificancia politica 
y su falta de caracter, fue aceptado 
por el Directorio Nacionahsta, de 
acuerdo con el caudiilo Saravia, pues 
significaba la continuacion exacta 
de la politica que permitia la co- 
existencia de dos gobiernos recelo- 
sos el uno del otro y amenazandose 
con la guerra, causa de inquietud 
constante. 

Sin embargo, ese plan politico 
fracaso, pues Mac-Eachen no pudo 
reunir el niimero de votos oficiahs- 
tas colorados necesarios, que unidos 
a los directoriales nacionalistas, al- 
canzaran la mayoria constitucional. 

Al fracaso habian concurrido en 
gran parte Acevedo Diaz y un nu- 
mero de legisladores de su partido 
resistiendo tenaces el candidato im- 
puesto, y en la eleccion del l 9 de 
marzo obtuvo mayoria Jose Batlle y 
Ordonez. Contaban entre sus votan- 
tes ocho nacionahstas disidentes del 
grupo de Acevedo Diaz. 

El sector mayoritario del naciona- 
lismo quedo vencido y su respuesta 
fue expulsar del partido al director 
de "El Nacional" y a tres de sus 
mas adictos ccmpaneros, sancionan- 
do ademas con censuras y declara- 
ciones a todos los legisladores que 
no habian prestado su apoyo al plan 
Mac-Eachen. 

Ante los hechos, la masa partida- 
ria se puso del lado del caudillo mi- 
litar y del Directorio que era su 
portavcz y Acevedo Diaz debio con- 
templar asombrado como en un mo- 



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mento vino a encontrarse casi solo. 
culpable ante la masa partidaria de 
Ia perdida de una gran ocasidn po- 
Mtica, que hubiera podido ser apro- 
vechada aunque con mengua de la 
postura ciudadana. 
. En oeho afios de actuacion su ca- 
rrera de hombre publico estaba con- 
cluida a la misma hora que concluia 
su perfodo senaturial. 

XJn momento intento conglomerar 
en un haz los mermados correligio- 
narios que permanecian fieles, pero 
el empefio fue inutil. Renunciando a 
la lucha dejo "El Nacional" el 23 
de abril de 1903, con un articulo la- 
conico en que ratificaba su fe civi- 
lista y condenaba las revoluciones 
caudillescas. El movimiento revolu- 
eionario encabezado por Saravia el 
17 de marzo de ese mismo afio, ape- 
nas elegido presidente BatUe y Or- 
dofiez, confirmaba implicitamente-el 
fallo de excomunion de la conven- 
cion partidaria. 

El presidente Batlle y Ordofiez lo 
nombro Ministro en los Estados Uni- 
dos de Norte America el 14 de se- 
tiembre de 1903. 

Con su resolucion de alejarse del 
escehario politico principiaba una 
'carrera que iba a ser meramente 
administrativa, pues falto de voca- 
cion diplomatica, vio transcurrir sus 
largos : afios de ministro, trasladado 
a la Argentina en 1906, a Italia en 
1908 y finalmente al Brasil en octu- 
bre de 1911. 

En la expatriacion, que seria defi- 
nitiva, completo otra novela, "Lan- 
za y Sable'". Pretendio tal vez ser el 



complemento de la gran serie, pero 
resulto notoriamente inferior a cual- 
quiera de ellas, tal como nada afia- 
dio a su reputacion, "Mines", publi- 
cada posteriormente. 

Durante la estada en Roma reco- 
gio en un volumen varios trabajos 
de caracter historico relativos a los 
primeros tiempos de la nacionalidad, 
aparecido en 1911 y bajo el tltulo 
de "Epocas militares de los paises 
del Plata". Corregidos y depurados 
de errores consiguientes a la prime- 
ra publicacion, no consiguio quitar- 
les la parcialidad partidista de que 
se resienten. 

Juzgando el valor Iiterario de Ace- 
vedo Diaz, Alberto Zum Felde en- 
tiende que, en conjunto, su prosa es 
una de las mas fuertes y plasticas; 
que se han escrito en Hispano Am§- 
rica y que acaso Montalvo y Lugo- 
nes, tan solo, compiten con el en 
esas virtudes. ; 

"Prosa varonil, muscular mas que ■ 
nerviosa", toda potencia y severidad, 
es periectamente apta para el gene- 
ro de sus obras y adecuada a la ma- 
teria barbara que moldea, aunque el 
ejercicio diario del periodismo la 
rebajo de categoria en ocasiones, por 
"recargo de verbalismos efectistas y 
lugares comunes". • -Ji- 

Opina tambien que la aparicion de 
sus obras marca el ocaso definitivo. 
de la epoca romantica de nuestras 
letras, iniciando la evolucion inte-: 
lectual del Uruguay, con el nuevo 
ciclo donde preponderan las corrien-- 
tes positivistas y realistas. 

Jubilado ccmo ministro, vino a vi- 



ACO 



ACO 



vir en Buenos Aires donde fallecio 
el 18 de junio de 1921 "mirando de 
frente a la muerte, de frente a la 
eternidad, de frente al gran olvido 
de los hombres". 

Entre sus ultimas voluntades, fe- 
chadas el 23 de julio de 1919, incluyo 
la de que sus despojos no fuesen re- 
patriados — mismo a solicitud del 
gobierno — "ni removidos jamas de 
la tierra argentina que tanto habia 
amado, patria de su esposa y de to- 
dos sus hijos". 



ACOSTA, FRANCISCO Marfa 

Militar que llego a general del 
ejercito, nacido en la ciudad de San 
Fernando de Maldonado, el 4 de oc- 
tubre de 1812. Su padre, Antonio 
Acosta y Lara, marino espafiol nau- 
Jragado en la costa de Rocha, se uni6 
por matrimonio a Francisca Men- 
doza Estremera, siendo fundador de 
uha larga famiha en la cual Francis- 
co Maria fue el tinico que preseindio 
del Lara, segundo apellido paterno. 

Ingresado al Ejercito el 10 de ju- 
nio de 1832 con despachos de porta 
estandarte de caballeria de linea, 
eombatio en 1834 con los revoltosos 
de Manuel Lavalleja y tenia galo- 
hes de teniente 2? cuando estos lo 
tomaron prisionero en San Servan- 
dd', al ser atacado el pueblo que de- 
fendia Servando Gomez. 

Teniente 19 en julio de 1836, in- 
tegrando siempre el 2? Escuadron 
de Caballeria de linea, estuvo a ser- 
vicio del general Fructuoso Rivera, 



el dia que este se sublevo contra el 
gobierno constitucional de Oribe y su 
actuacion debio ser notable, cuando 
vencedores los revolucionarios, su 
jefe "en merito a su decidida adhe- 
sion" le expidio despachos de te- 
niente coronel graduado el 12 de 
marzo de 1839. 

Con funciones de Jefe Politico y 
Comandante Militar de San Jose 
desde el 4 de noviembre de 1840, 
se le halla mas tarde concentrandose 
sobre Montevideo con las fuerzas de 
su mando despues del desastre de 
Arroyo Grande, a comienzos de 1843, 
en momentos en que el pais, abierto 
a la invasion de los ejercitos de 
Rosas y Oribe, se aprestaba a la 
lucha. Una desavenencia personal 
con el coronel Melchor Pacheco y 
Obes, hizo que el comandante Acos- 
ta interrumpiese su carrera por en- 
tonces. 

Coronel graduado despues de la 
paz de octubre de 1851, el gobierno 
del Triunvirato utilizo sus servicios 
en San Jose y en la presidencia de 
Pereira emigro a la Republica Ar- 
gentina. 

Companero del general Venancio 
Flores en el movimiento armado de 
1863, su jefe lo reconocio desde el 
primer momento con categoria de 
coronel y tuvo funciones de Jefe del 
Estado Mayor del Ejercito que se 
llamaba "Libertador". 
•■ Vencedor el general Flores en fe- 
brero de 1865, le concedio las pal- 
mas de general el 19 'del propio 
mes, "y en seguida ocupo el cargo de 
Capitan del Puerto de Montevideo, 



ACO 

que retuvo hasta el 9 de mayo de 
1866. 

En ese destino hallo oportunidad 
de prestar muy sefialados servicios a 
las fuerzas militares y navales bra- 
silefias movilizadas con motivo de la 
guerra del Paraguay, que tenian es- 
tacion obligada en nuestro puerto y 
el gobierno imperial premio al ge- 
neral Aeosta y Lara con una enco- 
mienda de la Orden de la Rosa. 

Fallecio en Montevideo en situa- 
cion de retiro, el 5 de mayo de 1877. 



ACOSTA Y LARA, MANUEL 

Ministro, legislador y hombre po- 
litico. Natural de la ciudad de Mal- 
donado, donde nacio el 27 de setiem- 
bre de 1819, hijo de Antonio Acosta 
y Lara y de Franeisca Mendoza Es- 
tremera, en 1827 vino a vivir en 
Montevideo y aqui estudio con apro- 
vechamiento en la Academia del 
Cdnsulado que dirigia Miguel For- 
teza. 

Despues de servir los afios 1840-42 
un puesto en la Capitania de Puer- 
tos, embarcose para Europa con pro- 
posito de seguir carrera de medico, 
pero una vez en el viejo mundo 
abandono la idea, viajando larga- 
mente por Francia y Espana. De 
vuelta en America residio en Rio 
Grande y Buenos Aires, sin regresar 
al pai's hasta 1850, con fama de hom- 
bre de preparacion general. 

Diputado por Montevideo en 1854 
para f ormar parte de la Doble Asam- 
blea, el 30 de marzo del propio ano 



aco ; 

el presidente general Venancio Flo- 
res lo_ llamo al Ministerio de Ha- 
cienda, permaneciendo al frente de 
dicha Secretari'a de Estado hasta el 
14 de abril de 1855. Sus primeras 
resoluciones denuncian un nitido 
sentido de reorganizar la marcha 
administrativa, reajustando muchos 
resortes, con los decretos de cese del 
Directorio de la Aduana y de todos 
lcs empleados de la misma reparti- 
cion y del Resguardo. Se suspendio 
asimismo toda clase de pago que no 
fuese con destino al servicio de las 
listas de empleados de la riaci6n, 
activa y pasiva. 

Pese a tan buenos propositos, la 
gestion de Acosta y Laxa mejoro 
poco el desorden que parecfa inve- 
terado en el ramo rentistico y pre- 
supuestal y en la Camara de Dipu- 
tados se formularon graves cargos 
contra el ministro. El ex-secretario 
de Hacienda creyo del caso exigir a 
los diputados que le habian dirigi- 
do imputaciones calumniosas, a que 
lo acusaran ante el Senado, promo- 
viendole asi el juicio politico de que 
habla la Constitucion. 

Para esto, Acosta y Lara habia sido 
electo Senador por el Departamento 
de Salto. La Camara, aceptando el 
dictamen de una Comision Especial 
dispuso acusar al peticionario "por 
delito de malversacion de fondos pii- 
blicos". Elevado el asunto a la Ck- 
mara de Senadores, demorose alU 
por diferencias de procedimiento y 
finalmente vino en declarar que el 
ex-Ministro habia dado las expli- 
caciones pertinentes en cada caso y 



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se hallaba a cubierto de toda impu- 
■tacion que afectara su honor. 

Terminado su mandato senaturial, 
volvio a ser miembro de la propia 
Camara, elegido por San Jose en 
1868. 

. El resto de su larga vida fue ajeno 
a la politica y a toda actividad que 
no fuese meramente privada, vinien- 
do a fallecer en Montevideo el 14 de 
diciembre de 1889. 

ACTOrA, CANDIDO 

Militar, que ascendio hasta coro- 
nel del ejercito y al cual, sirviendo 
en la Campafia del Paraguay, le cu- 
po el honor de custodiar hasta Mon- 
tevideo — por disposicion del gene- 
ral Flores — los restos de Leon de 
Palleja, a cuyas ordenes sirviera 
en el Batallon Florida. 

Nacido en Solis Grande, departa- 
mento de Canelones, el 3 de octu- 
bre de 1845, hizo como voluntario la 
campana de 1863 - 65 en las fuerzas 
floristas revolucionarias y el 15 de 
abril del ultimo. ano obtuvo grado 
de subteniente en comision, para 
marchar en seguida con el cuerpo 
de infanterfa de que formaba parte, 
a la guerra contra el tirano Lopez. 
Concurrio a la batalla de Yatay e 
hizo toda la campana de Entre Bios. 
Mas tarde, ya en territorio enemigo, 
tocole hallarse en la serie de enco- 
nados y mortlferos combates refiidos 
todo a lo largo del litoral del rio 
Paraguay. 

Subteniente efectivo el 15 de ju- 
nio de 1S65, ascendio a teniente 2 9 



el 15 de agosto de 1866, pasando a 
prestar servicios en la policia de Ca- 
nelones desde julio a diciembre de 
1867. 

A ordenes del gobierno del gene- 
ral Batlle en la lucha contra los re- 
volucionarios blancos del coronel 
Timoteo Aparicio, desde 1870 - 72, 
donde gano los galones de teniente 
y de capitan, la carrera de Acufia se 
continud primero en la policia del 
departamento de Minas, de la cual 
pasa a la de Canelones", para de ahi 
ir a ocupar el cargo de Procurador 
Fiscal del departamento de Maldo- 
nado desde diciembre de 1879 a 
agosto de 1880. 

En 1883 volvio a la policia de Ca- 
nelones, donde, hasta el ano 1900, 
se acredito como un funcionario de 
partieulares aptitudes, garantia efi- 
ciente de un denso y laborioso ve- 
cindario. 

Mayor en 1886, tenicnte coronel 
en 1891. coronel graduado en 1894, 
hizo en esta categoria la campafia 
de 1897 contra la revolucion nacio- 
nalista que encabezaron Aparicio 
Saravia y Diego Lamas. 

Jefe de la Guardia Nacional de 
Canelones en la guerra civil que se 
encendio el aiio 1904, servia a Ias 
ordenes del general Meliton Mufioz 
cuando este fue sorprendido y derro- 
tado en el Paso de Fray Marcos del 
rio Santa Lucia, el 30 de enero. Pri- 
sionero conjuntamente con su ayu- 
dante de ordenes, el capitan Tomas 
Berreta y otros oficiales de su divi- 
sidn, un hijo y un sobrino habian 
quedado muertos en el campo. 

Devuelto a la libertad continuo la 



ACU 



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lucha y tuvo la efectividad del co- 
ronelato el 22 de agosto del mismo 
afio 1904. 

A la conclusion de la guerra con 
el vencimiento de los nacionalistas 
en el mes de setiembre, Acufia paso 
a revistar en situacion de cuartel, 
viviendo hasta el 9 de enero de 1914, 
en que murio en Montevideo, donde 
habia venido a asistirse. 



ACUnA de figueroa, fran- 

CISCO Esteban 

Primer poeta nacional, que iigu- 
ra, asimismo, en puesto de distin- 
cion entre los poetas de habla cas- 
tellana de su ipoca. 

Vi6 la primera luz en Montevi- 
deo el 3 de setiembre de 1791, hijo 
de Jacinto Acufia y Figueroa, espa- 
fiol que alcanzo elevados destinos en 
la administracion colonial, y de Ja- 
cinta Vianqui, portefia. 

Conforme al rango oficial y a los 
posibles de su familia, luego que hi- 
zo los primeros estudios en colegios 
de la ciudad natal, paso a perfeccio- 
narlos en Buenos Aires, donde tuvo 
por maestro al presbitero Juan Do- 
mingo Achega, que le enseno latin 
y' lo hizo penetrar en Za entrana de 
sus poetas. 

Reintegrado a Montevideo, obtu- 
vo en 1807 un cargo en la Oficina 
de Hacienda, de la cual era jefe su 
padre, y mientras tanto dedicabase 
al cultivo de las letras. Fruto de es- 
tos ensayos fue una oda en celebra- 
cion de la victoria obtenida en la 
guerra de la Peninsula por el ejer- 



cito combinado sobre las tropas del 
frances Massena, impresa con tipos 
de la Gaceta de Montevideo, el afio 
1811. "Obra detestable en octavas 

reales" a juicio de Gustavo Galli- 

nal — tiene el merito de ser el pri- 
mer opusculo de pluma uruguaya 
aparecido en el pais en letras de 
molde. 

En esta tranquila situacion buro- 
cratica encontro al aficionado poe- 
ta la revolucion de Mayo de 1810. Al 
afio siguiente vino el alzamiento de 
la provincia en armas por la patria, 
y las huestes libertadoras triunfan- 
tes no demoraron en presentarse a 
sitiar a los espanoles en Montevideo. 

La posicion de los suyos, sus prin- 
cipios y su calidad de funcionario, 
debian atarlo y retenerlo como lo 
retuvieron en la ciudad, pero Figue- 
roa, con encomiable sinceridad con- 
feso, tambien, muchos afios , mas 
tarde "no haber comprendido en su 
hora el impulso regenerador del 
movimiento americano, asustado por 
la conmocion que sufria el antiguo 
orden social". 

En esta tesitura, mientras la gue- 
rra iba arreciando para tocarle de 
tan cerca como el dia en que su 
hermano Claudio, oficial del Rey, 
sucumbio victima de las heridas re- 
cibidas en el combate del Cerrito, 
Acufia de Figueroa dedicose a rimar, 
en varios metros y a escondidas de 
los suyos, el relato diario de todos 
los sucesos belicos — grandes y chi- 
cos — que tenian por teatro la ciu- 
dad o venian a conocimiento suyo 
durante el curso del asedio, prin- 
cipiado el 1? de octubre de 1812 



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ACU 



ACU 



para terminar el 23 de junio de 1814, 
con la entrega de la plaza por el es- 
pafiol Vigodet. 

Consiguio, mediante engafios, a la 
caida de la ciudad, escapar de Mon- 
tevideo sin que lo incomodaran los 
patriotas, yendo a refugiarse en la 
Villa de Maldonado donde todavla 
ondeaban las banderas espafiolas, 
pero la villa no tardo mucho en ha- 
llarse en manos del artiguista Oli- 
vera el 18 de setiembre de 1814. 

Segun sus propios dichos, tuvo 
Figueroa vehemente tentacion de 
plegarse a los sbldados de la patria 
y pretende explicar las causas por 
que no lo hizo, pero lo cierto es que 
merced al dinero que le proporcio- 
no una amiga, pudo embarcar en se- 
creto, rumbo al Brasil, el 4 de octu- 
bre, arribando a Santa Catalina a 
los pocos dias, y a Rio Janeiro el 
23 de noviembre. 

En Rio busco naturalmente el 
apoyo de la gente oficial portugue- 
sa y, a titulo de que se trataba de 
un realista fugitivo, el Ministro de 
Espafia le proporciono modos de ga- 
narse la vida, hasta que puso proa 
a Montevideo en el afio 18, cuando 
la Banda Oriental habia sido con- 
quistada por los portugueses y go- 
bemaba en ella Carlos Federico Le- 
cor, Baron de la Laguna, a quien 
venia recomendado. Lecor, de en T 
trada no mas, le proporciono un des- 
tino administrativo para mejorar- 
lo pronto y mandarlo mas tarde a 
Maldonado en calidad de Ministro 
de Hacienda y Colector de Aduana. 
En esta ciudad, fatal ya otrora para 
Acufia, lo sorprendio el pronuncia- 



jmiento patriota del afio 25 y cuando 
los independientes se hicieron due- 
fios de la plaza vino a quedar en 
ealidad de prisionero, aunque sin 
que se le molestara para nada. 

Descubiertas, a poco, sus relacio- 
nes subrepticias con los imperiales 
de Montevideo, se le fijo domicilio 
en San Carlos, de donde consigui6 
fugarse llevando consigo el acta ori- 
ginal del juramento de la Constitu- 
cion brasilefia, que habia sustraido 
en Maldonado, y la cual se apresu- 
ro a poner en manos de Lecor in- 
mediatamente de arribar a Monte- 
video. 

Liberada la Provincia Cisplatina 
tras sangrientas alternativas, la na- 
cion libre y soberana de 1830, a pe- 
sar de los revueltos antecedentes de 
realista, aportuguesado e imperial 
de Acufia de Figueroa, no lo desco- 
noci6 como hijo cuando se acerc6 a 
las autoridades de la joven Repii- 
blica, llevando en sus manos la 
ofrenda de una cancion patriotica. 
Logrado este contacto lo demas ve- 
nia de por si, pues el poeta, sobre 
ser hombre de caracter maleable, 
poseia una reconocida competencia 
de bur6crata que lo recomendaba 
para el empleo que consiguio, pron- 
to, en la Aduana de la capital. 

Despues de este destino sirvi6 
siete afios en la ttireccion de la Bi- 
blioteca y Museo Publicos, cargo al 
que no se sentia atraido, no obstante 
su calidad de hombre de letras, y 
del cual paso a la Tesorerla de la 
Nacion en 1841, siendo Ministro de 
Kacienda Jose de Bejar. 

Censor de Teatros cuando la co- 

r 



— 24 — 



ACU 



nlisi6n de este nombre se cre6 el 
29 de agosto de 1837, teniendo por 
colegas a Bernardo P. Berro y a 
Florentino Castellanos, tuvo asimis- 
mo un sitio en el Instituto de Ins- 
truecion Publica. 

En la Defensa de Montevideo, 
fue miembro de la Asamblea de 
Notables de 1846 a 1851 y en el se- 
no de la corporacion presento el 24 
de setiembre de 1846, un proyecto 
otorgando al general Eivera el ti- 
tulo de Gran Mariscal. Votada fa- 
vorablemente la mocion, el conquis- 
tador de Misiones tuvo el suficiente 
tino para rehusarlo. Figuraba el vate 
en esos dias como admirador entu- 
siasta de Rivera, pero, en la hora de 
la declinacion del caudillo, no tomo 
su defensa con igual empefio. 

Hombre sin verdaderas conviccio- 
nes pollticas no tuvo tampoco con- 
vicciones religiosas. Su lira vibro en 
honor de todos los ciudadanos que 
se sucedieron en el mando superior 
de la Republica y con la misma plu- 
ma que escribio el "Dies Irae" y la 
"Salve multiforme", escribi<5 el elo- 
gio de la Masoneria y rimo anatemas 
contra los jesuitas. 

Acufia de Figueroa no fue un va- 
r<5n de Plutarco, y no hay para que 
ocultarlo. "Intentar — dice Gustavo 
Gallinal en un reciente estudio de 
rara valentia — la santificacion de 
todos los personajes de nuestra edad 
heroica, haciendo desfilar bajo ar- 
cos de papel pintado, figuras irre- 
prochables, austeras, deshumaniza- 
das, en vez de hombres de carne y 
hueso, es falsear inutil y transito- 
riamente la verdad historica." 



Pero los aspectos de su persona- 
lidad son accesorios cuando se le 
focaliza literariamente, pues Acufia 
de Figueroa fue sin duda alguna 
nuestro primer hombre de letras y 
sigue siendo una personalidad en el 
parnaso de indo - America. 

La parte publicada de sus versos 
comprende doce tomos y "la lectura 
de su obra copiosa y desigual evoca 
una personalidad inconfundible y de 
original perfil" en las letras uru- 
guayas. "Es — se ha dicho con ra- 
z6n — la figura central de la pri- 
mera epoca de nuestra vida litera- 
ria" y "sobrepasa a todos los que 
en torno suyo se entretuvieron ri- 
mando ocios robados a la politiea, a 
la administracion y a la iglesia". 

Procedente de un modo absoluto 
de la poesia espafiola del siglo XVII S 
realzada su natural calidad por un 
solido fondo de cultura clasica y 
"biien latinista, dominaba varias 
lenguas modernas y escribia en ellas 
con mucha soltura". 

Como escritor satirico dej6 un 
caudal de epigramas que no iguala en 
nuestra lengua ningun otro. Adelan- 
tandose a la observacion venidera de 
Menendez y Pelayo de que no todos 
son originales, el poeta habia hecho 
constar con lustros de anticipacion, 
que eran de plena propiedad suya 
^-d sea originales — la tercera parte 
de ellos. 

Cantor de la patria, aunque tar- 
dio, presento a las autoridades del 
pais el 8 de julio de 1833 el primer 
hirnno nacional y cuando este lleva- 
ba ya tiempo de vigencia, ofrecio al 
gobierno de la Republica una ver- 



— 25 — 



ACU 

sion reformada de su canto, version 
que se declaro letra oficial del Him- 
no Nacional y se oyo por primera 
vez en Montevideo el 18 de julio de 
1845 con musica de Fernando Qui- 
jano, instrumentada por el profesor 
Maestro Mayor de la Guardia Na- 
eional, Jose Debali. El poeta habia 
suprimido de la vieja cancion las 
destempladas y hasta crueles alu- 
siones a Espafia, Portugal y Brasil, 
que contem'a el primer himno. 

Asimismo, compuso la letra del 
Himno Patriotico destinado a la Ee- 
publica del Paraguay, que la esposa 
del general Bivera puso en manos 
de unos delegados especiales de 
aquella nacion, venidos a Montevi- 
deo, cancion que mas tarde fue ofi- 
Cializada como himno del pais her- 
mano. 

Estimado de todos por su senci- 
llez y su bonhomia, fue hombre de 
car&cter alegre, convidado infalible 
de todas las fiestas, entusiasta de 
las corridas de toros y frecuentador 
de los renideros de gallos, cuya vida 
transcurrid en un limite de posibles 
tan estrechos como podian corres- 
ponderle a un jubilado de la naci6n 
en tiempos en que el erario pasaba 
por las mas extremas penurias. "Di6 
el ejemplo, unico en su tiempo y en 
su medio, de vocacion literaria ab- 
sorbente; unico en esa vocacion en- 
tranable y exclusiva entre los hom- 
bres de su generacion, solo aspir6 
a ser poeta". Acerto Menendez y 
Pelayo cuando vio en la obra total 
de Figueroa una especie de cronica 
de las costumbres de Montevideo du- 
rante mas de medio siglo. 



ACU 

"Solo al morir solto su mano la 
pluma nunca ociosa." 

El 6 de octubre de 1862, de vuelta 
de la ViEa de la Union, en casa de 
una gente amiga de la calle Treinta 
y Tres, donde estaba de visita, su- 
frio un ataque repentino que lo vic- 
timo. 

Estudiada con merecido interes la 
obra poetica de Acuna de Figueroa 
por eminentes criticos de Espafia y 
de America y por los nuestros, des- 
de luego, con mas razon, y existien- 
do por lo tanto una copiosa biblio- 
grafia que facilita el pleno conoci- 
miento y la apreciacion de su labor 
enfocada desde todos los puntos de 
vista, la vida del hombre, menos 
contemplada, es la que tiene que 
eonstituir como constituye el fondo 
de esta ficha. 

Juzgando en sintesis la personali- 
dad literaria de Acufia de Figueroa, 
Alberto Zum Felde lo considera co- 
mo la figura mas importante de las 
letras clasicistas en el Plata; en 
America, una de las culminaciones 
literarias de esa escuela, junto con 
Heredia, Olmedo y Bello; y dentro 
del cuadro mas amplio de Iss le- 
tras castellanas, un poeta burlesco 
que puede altemar con los mejores 
clasicos. 

Sus versos estan a estas horas, 
por otro lado, a la mano de la ge- 
neralidad de los lectores, aunque el 
poeta no pudo alcanzar a ver im- 
presa sino una parte mfnima de sus 
composiciones, siendo la primera, 
despues de la que se cito al comien- 
zo, salida de las prensas de "La Ga- 
ceta", su "Saludo a la Jura de la 



— 26 — 



ACH 



ACH 



Constitucion", publicado en 1830, el 
"Dies Irae" y el "Sacris Solemnis", 
folleto de 1835 y el "Mosaico Poeti- 
co", seleccion de versos aparecido en 
1857. 

Despues vieron luz, separadamen- 
te, algunas composiciones cortas co- 
mo las Eeglas del Mus, y tal cual 
colecta de epigramas; pero la edi- 
cion lormal de su obra no apareci6 
hasta 1890. La iniciativa arrancaba 
sin embargo de agosto de 1885, lecha 
en que el presidente Santos nombro 
una comision formada por los Dres. 
Pedro Mascaro, Director de la Bi- 
blioteca Nacional, Alfredo Vazquez 
Acevedo y Joaquin Serralta, para 
que esracnasen los manuscritos exis- 
tentes en la Biblioteca y resolvie- 
ran acerca de su publicacion por el 
Estado. 



ACHA, FRANCISCO XAVIER del 
Carmen 

Periodista y hombre de letras. Do- 
tado de inteUgencia y lleno de con- 
diciones como literato, la versatili- 
dad de sus ideas y su claudicante 
fondo, oscurecieron la reputacion 
que su pluma pudo ganarle. 

Enlos libros de la Catedral, consta 
su nacimiento en Montevideo el 12 
de diciembre de 1822, hijo de Roman 
de Acha, espafiol, santanderino. 

Vinculado al general Oribe no 
obstante su condicion de extranjero, 
don Roman paso al campo del Ce- 
rrito abandonando el alto cargo de 
Contador de la Aduana en que lo 
habia mantenido el gobierno de la 



Defensa, cuando el ex-presidente vi- 
no a sitiar la capital en 1843. Pero su 
hijo, adicto al bando contrario, per- 
manecio en la plaza empleado como 
auxiliar en el Ministerio de la Gue- 
rra, mientras cultivaba su aficion a 
las letras y colaboraba en el perio- 
dico "El Tambor de la Linea". 

El 16 de diciembre de 1845 una 
compania de aficionados llevo.a las 
tablas su drama en tres actos, "Una 
victima de Rosas", pieza de propa- 
ganda politica que el gobierno de la 
Defensa hizo imprimir por su cuenta. 

Al ano* siguiente tento suerte con 
un diario, "El Montevideano", que 
no se pudo sostener, y a principios 
del 47, por permanente instigacion 
de su padre, dispuesto a separarlo 
de los colorados y con dineros de 
este, partio para Europa para no 
regresar hasta 1851. 

Poniendo de lado a sus antiguos 
amigos de la Defensa, adhiriose a 
la politica que entonces se Uamaba 
de fusion y encarnaba el presidente 
Giro. Apoyo a este gobernante des- 
de "El Pais" y lo acompafio en su 
gira por 'los departamentos . de la 
Republica en diciembre de 1852 y 
enero del 53, para dejarnos una 
amena y completa cronica del viaje 
en forma de cartas publicadas en 
la prensa. 

Esta posicion no fue obstaculo 
para que depuesto Juan Fco. Giro 
por los revolucionarios del 53, se 
aviniese con el nuevo orden de cosas, 
para declararse despues por el go- 
bierno del general Venancio Flores 
en "El Nacional", diario fundado en 
marzo de 1854, y para apoyar se- 



ACH 



ACH 



guidamente a Gabriel A. Pereira, 
electo Presidente en 1856 y desde 
las columnas de "La Republica", de- 
fenderlo en sus mas reprobables ac- 
titudes. 

En el gobierno de Bernardo Berro, 
al plantearse el llamado conflicto 
eclesiastico, fue Acha un paladin 
ardiente del Vicario Jacinto Vera, 
escribiendo en "La Republica" y en 
la "Revista Catolica" contra la au- 
toridad civil, pues evolucionando 
tambien en ideas filosoficas, F. X. 
de Acha, mason en 1854, habiase 
convertido en. catolico militante. 

Los papeles oficiales y los escritos 
de Acha en defensa del Vicario se 
reunieron despues bajo el titulo de 
Compilacion de documentos, etc, en 
un f olleto aparecido en 1861. 

Por esta epoca, invadiendo la es- 
fera internacional, el periodista se 
hizo defensor acerrimo del presi- 
dente paraguayo Lopez y de su po- 
litica, mediante el pago, — probado 
luego documentalmente — de setenta 
pesos mensuales, miseria que recibia 
en onzas de oro del representante 
del Paraguay, Juan Jose Brizuela. 

Tal el origen verdadero de sus edito- 
riales y de sus juicios y de los dis- 
cursos pronunciados en las manifes- 
taciones que el mismo Acha se en- 
cargaba de organizar; escritos y pa- 
labras que andando los anos, los 
panegiristas del tirano habrian de 
exhibir como honrados documentos 
de prueba en favor suyo. 

En 1862 - 63, dirigio un periodico 
satirico, "El Molinillo", y en el go- 
bierno blanco de Aguirre en 1864, 
atizo desde "El Pais" el divisionis- 



mo, entre sus correligionarios. Al 
caer Aguirre en 1865, emigro a Bue- 
nos Aires, aunque la ausencia no 
seria larga. 

Cuando los sucesos sangrientos de 
febrero de 1868 fue reducido a pri- 
sion, permaneciendo entre rejas va- 
rios dias. 'Vivia por entonces en la 
Union, pobre como habia vivido 
siempre, despues de haber vuelto a 
pubhcar "El Molinillo" en segunda 
epoca, que salio hasta setiembre de 
1870. 

Acompafio el movimiento del co- 
ronel revolucionario blanco Timoteo 
Aparicio como periodista volante y 
boletinero del ejercito y luego de 
ajustada la Paz de Abril, enrolose a 
favor de la candidatura del Dr. J. 
M. Mufioz en las elecciones presi- 
denciales de 1873, sin perjuicio de 
contarse a los dos afios entre el gru- 
p de los mas encarnizados enemi- 
gos del ilustre hombre publico, para 
recibir de ellos el nombramiento de 
secretario de la Legacion uruguaya 
en el Brasil en junio de 1875 y una 
banca de diputado por San Jose en 
las Camaras del 76, disueltas luego 
espontaneamente. 

El coronel Lorenzo Latorre, erigi- 
do en dictador, lo llamo a su lado 
en caracter de secretario, cargo que 
alternaba con la redaccion de "El 
Ferro-Carril", diario adicto incondi- 
cional del gobierno. 

A la caida y fuga del dictador en 
marzo de 1880, Acha se encontro 
frente a frente con el coronel Maxi- 
mo Santos — Ministro de la Guerra — 
que lo odiaba, y el Dr. Francisco A. 
Vidal que sucedio a Latorre en el 



— 28 — 



ACH 



AGU 



mando, le dio sustituto en la secre- 
taria. 

Otra vez se puso en marcha para 
Buenos Aires, de donde vino a 
domiciliarse de nuevo en La Union, 
y a ganarse trabajosamente la vida 
en tareas de pluma que le deparo la 
Asociacion Rural del Uruguay, hasta 
que fallecio el 10 de setiembre de 
1897. 

Poseia Acha gran capacidad de tra- 
bajo y asi lo comprobo en funeio- 
nes de secretario de la Comision Re- 
dactora del Codigo Rural, desempe- 
fiadas en 1873-75. 

Mediocre escritor — que solia ocul- 
tarse bajo el pseudonimo de Luculo — 
sus principales composiciones poeti- 
cas corren impresas en un tomo 
"Flores Silvestres" con prologo del 
Dr. Enrique de Arrascaeta, apare- 
cido en 1863 y en el cual se inclu- 
yen las piezas teatrales tituladas 
"Bromas caseras", "La Carcel y la 
Penitenciaria" y "Oh, que apuros". 



AGuERO, NEREO 

Oficial de infanteria del batallon 
"24 de Abril", muerto en Montevi- 
deo a consecuencia de las heridas 
que recibio en la campafia del Pa- 
raguay, el 19 de marzo de 1869. 

Era natural de Montevideo, don- 
de nacio en 1843. Enrolado en el 2° 
batallon de Guardia Nacional de la 
capital cuando el gobierno de Be- 
rro la convoco al pronunciarse la 
revolucion colorada del general Ve- 
nancio Flores, el joven Agiiero pre- 
firio desertar, incorporandose a me- 



diados de 1863 a sus correligiona-. 
rios/ antes de tener que enfrentar- 
los a servicio de sus adversarios de 
opinion. 

El dia del triunf o del movimiento 
florista, en 1865, era sargento l 9 y 
en tal clase marcho al teatro de la 
guerra del Paraguay con el bata- 
llon "24 de 'Abril". 

Despues de hacer toda la campa- 
fia del Uruguay, siendo de los ven- 
cedores de Yatay, continuo la mar- 
cha al norte para penetrar en terri- 
torio enemigo por el Paso de la Pa- 
tria. 

Ascendido a subteniente por me- 
ritos de guerra el 1? de agosto de 
1866, se le confirio el grado de te- 
niente 2? el 25 de agosto de 1868. 

Herido de bala frente a Humaita, 
en la accion de Angostura, hubo ne- 
cesidad de amputarle una pierna en 
el Hospital de Sangre, evacuandolo 
inmediatamente para Montevideo 
donde proseguiria en asistencia. In- 
ternado en el Hospital de Caridad, 
sobrevinieron complicaciones tan 
graves que los medicos desespera- 
ron de salvarlo, y en esas circuns- 
tancias el valeroso y sacrificado te- 
niente solicito ser ccnducido a su 
casa para morir en brazos de su ma- 
dre y de sus hermanas. 



AGUIAR, ANDRES 

Soldado uruguayo, que despues 
de combatir al mando de Garibaldi 
en la Guerra Grande, acompano al 
Heroe cuando marcho para Italia en 
1849 y era teniente de Estado Ma- 



— 29 — 



AGU 



AGU 



yor de la Republica Romana, en los 
di'as que la historica ciudad fue si- 
tiada por el ejercito de la coalieldn 
franco reaccionaria a ordenes del 
general Oudinot. 

Aguiar descendia de antiguos es- 
clavos negros manumitidos y el mis- 
mo era negro. 

Joven, alto, de formas esbeltas, 
modelado musculo a musculo en ru- 
das faenas de domador y endureci- 
do por las intemperies, consumado 
jinete, placia a Garibaldi, a cuyo la- 
do desempenaba funciones de ayu- 
dante, verlo manejar el caballo y 
le encantaba la ligereza, la precision 
y la gallardia ccn que Andres sal- 
taba y se afirmaba en los montados. 

Como individuo y como soldado, su 
jefe ha certificado en sus escritos 
que Aguiar "pertenecia al grupo de 
hombres que la naturaleSa forma 
para ser queridos. Tranquilo, bue- 
no, valeroso, frio en el peligro, se 
captaba enseguida la simpatia de 
todos". 

Encerrado con Garibaldi en la 
Ciudad Eterna, el negro uruguayo, 
con una blusa colorada y un som- 
brero gris con plumas blancas, per- 
manentemente junto a su jefe, se 
hizo pronto una de las figuras mas 
conccidas del barrio del Transtiber, 
popular sobre todo entre las muje- 
res por el exotismo de su piel y su 
elegancia de jinete. 

En la jomada de Velletri, el 19 
de mayo de 1849, Aguiar, a quien se 
le habian otorgado los despachos de 
teniente con fecha l 9 del propio mes, 



salvo con su actitud decidida y he. 
roica la existencia de Garibaldi, en 
momentos en que la caballeria del 
coronel Masina daba vuelta cara 
abandonando el campo en desorden. 

Correspondiole pelear en los si- 
tios de extremo peligro, con dos 
brechas abiertas en las murallas del 
sector extendido entre Fuerta Por- 
tese y Puerta de San Pancracio, pri- 
mera lfnea de defensa del Janiculo 
y varias veces corrio el destemido 
teniente Aguiar grave riesgo. 

El 30 de junio un casco de grana- 
da vino a herirlo de tal gravedad, 
que fueron inutiles para salvarlo to- 
dos los esfuerzos del doctor Bertani, 
"el medico de los heroes". Entonces 
delante del cuerpo inaminado de su 
bravo ayudante y companero, su fiel 
negro, fue cuando Rafael Tosi, tes- 
tigo de la escena, vio — por primera 
vez en su larga carrera de solda- 
do— llenarse de lagrimas los ojos 
de Garibaldi.- 

En el parte de la jornada firma- 
do en San Pedro de Mortoio, el ge- 
neral dice asi: "Ayer ha side un dia 
fecundo en hechos de armas: per- 
didas y ventajas. Ayer Italia con- 
to nuevos martires ... La America 
tambien dio ayer con la sangre de 
su valeroso hijo Andres Aguiar, 
prueba del amor de los libres de 
todas las regiones por nuestra be- 
lhsima y desdichada Italia". 

Ver: J. M. , Ferndndez Saldana. 
"Andres Aguiar. El moro de Gari- 
batdi". La Prensa. Buenos Aires. 
Enero 19 de .1936. 



AGU 



AGU 



AGUIAR. FELIX Eduardo 

Militar de la Independencia, en 
cuyas campafias tomo activa parti- 
cipacion, asi como en las guerras 
internas subsiguientes. Nacio Aguiar 
en Montevideo, hijo de familia an- 
tigua y acomodada, en 1806. 

Le toco de joven ser el adminis- 
trador de los bienes patrimoniales, 
hasta que en 1825, al producirse la 
invasion de los 33, abandono sus 
quehaceres para plegarse a las hues- 
tes libertadoras, con las que se reu- 
nio, presentandose el 7 de mayo 
frente a Mcntevideo. Alferez el 10 
de mayo del mismo afio 25, estuvo 
en la batalla de Sarandi. 

^ncorporado con el cuerpo de Dra- 
gones Libertadores al Ejercito Ee- 
publicano, peleo en Ituzaingo, don- 
de fue herido. Encontrose en la pe- 
lea de Camacua, ultima victoria de 
las armas republicanas el 23 de 
abril de 1827, mereciendo el grado 
de teniente 2 9 y pcr subsiguientes 
meritos llego a teniente 1° el 16 de 
mayo. 

Ayudante mayor el 28 de agosto 
de 1828, alcanzo el grado de capi- 
tan el 28 de marzo de 1831, sirvien- 
do siempre en el arma de caballeria. 

Adicto personalmente al presiden- 
te Rivera, acompafio a este cuando 
fue a combatir al general Lavalleja 
rebelado el ano 32, y concluida la 
campafia tuvo grado de sargento ma- 
ycr con fecha 10 de diciembre. 

En 1834, durante el nuevo alza- 



miento lavallejista, el mayor Aguiar 
se en.ecntro a las ordenes de Ser- 
vando Gomez, cuando fue sorpren- 
dido en San Servando, siendo el 2"? 
jefe del escuadron de linea que 
mandaba aquel jefe. La guarnicion 
del pueblo quedo prisionera pero 
todos fueron puestos en libertad casi 
en seguida. 

Se le 'promovio a sargento mayor 
efectivo el 11 de julio de 1835. 

Como debia ser, siguio las aguas 
de Rivera en el levantamiento re- 
volucionario que este encabezo en 
julio de 1836, con el curioso nombre 
de "revolucion constitucional" con- 
tra el gobierno de Oribe. 

En la esta lucha invadio dos veces 
el pais desde la frontera del Brasil 
y tuvo a su mando el 2° escuadron 
de caballeria de linea en la jornada 
de Carpinteria, donde los suyos fue- 
ron derrotados el 19 de setiembre, 
siendo Aguiar el unico que pudo 
sacar ventajas momentaneas. . 

En Yucutuja, jornada favorable a 
Rivera, tenia a sus ordenes el ala 
derecha, y en la adversa accion del 
Yi, el 21 de noviembre, mandaba la 
linea. 

Vino al fin la victoria decisiva de 
los revolucionarios en Palmar el 15 
de junio de 1838, en la cual como 
jefe del centro Aguiar contribuyo 
al triunfo, siendo recompensado con 
el ascenso a coronel mayor, equiva- 
lente a general en el escalafon mo- 
derno. 

Figuro como Jefe de Estado Ma- 
yor del presidente Rivera en la vic- 



_ 31 — 



AGU 



AGU 



toriosa jornada de Cagancha y al re- 
gresar este a la capital lo llamo para 
ocupar la cartera de Guerra y Mari- 
na, puesto en el que se mantuvo del 
5 de enero al 29 de octubre de 1840. 

De nuevo en campafia y Uevada 
la guerra a Entre Rios, tocole asistir 
a la fatal jornada de Arroyo Gran- 
de en la cual Rivera, acaso por pre- 
cipitarse, perdio lamentablemente un 
gran ejercito, el 6 de diciembre de 
1842, dejando la Republiea abierta 
a la invasion. 

El general Aguiar, asf que los res- 
tos del ejercito pasaron el Rio Uru- 
guay hizo reunion de gente en Pay- 
sandti y cuando tuvo unos 250 hom- 
bres los entrego al presidente y an- 
ticipandose a este vino a Montevideo, 
en el momento preciso en que alll re- 
querianse personas de mas entereza 
y condicion que el impopular y am- 
biguo ministro Vidal. Inmediatamen- 
te tomo el Gral. Aguilar la cartera de 
Guerra en el Ministerio el 4 de ene- 
ro del 43 y comportose como un 
verdadero militar, activo y firme, 
pese a lo quebrantado de su salud. 

Apenas el general Rivera llego a 
la capital, de donde tardo muy poco 
en salir de nuevo con proposito de 
organizar las fuerzas del interior 
del pais, el Ministerio quedo modifi- 
cado yendo a la secretaria de Gue- 
rra el coronel Melchor Pacheco y 
Obes y Aguiar paso a acompafiar al 
presidente en campafia. Aquella eta- 
pa durisima, iniciada en el invierno 
del 43, agoto al general, el cual no 
obstante alcanzo a desempefiarse co- 
md Jef e de Estado Mayor, mandar 
el: eentro en el combate de los Molles 



en enero de 1844 y en mayo operar 
cn larga escala en Cerro Largo. 

Despues de sufrir inauditas penu- 
rias y toda clase de privaciones con 
admirable entereza, murio en el 
campo — al afio y medio de servi- 
cios — cerca de Tacuarembo, victi- 
mado por una hemorragia pulmonar , 
el 26 de noviembre de 1844. a los 38 
anos de edad. 

El general Cesar Diaz consigna en 
sus Memorias la macabra referen- 
cia de que su cuerpo, sepultado cer- 
ca de un arroyo, fue desenterrado 
por los feroces enemigos, exponien- 
dolo a ser pasto de los animales. Hu- 
bo tiempo sin embargo de salvar el 
cadaver. 

EI 16 de diciembre de 1869, dofia 
Maxima Aguiar de Aguiar, su viuda, 
se presento al Ministro de Guerra 
y Marina, expresandole que exis- 
tiendo en el departamento de Tacua- 
rembo los restos del general, "don- 
de la amistad y el patriotismo del 
sargento mayor don Felipe Rodri- 
guez, le hizo tomar a su cargo el 
depositarlo en un nicho de /aquel 
destino", solicitaba que aquellos res- 
tos vinieran "a ingresar en el Pan- 
teon destinado a los buenos servido- 
res de la Patria". 

Pedia ademas, que los gastos que 
ocasionara la traslacion de esos res- 
tos, fueran costeados por la Nacion, 
"por no tener ella los recursos ne- 
cesarios para efectuarlo a su ccsta". 

El 17 del mismo mes y afio el Mi- 
nisterio de la Guerra dispuso se 
avisase al Ministerio de Gobierno 
para que ordenara al Jef e PoMtico 
del departamento de Tacuarembo 



— 32 — 



AG'U 



AGU 



"Uenara las formalidades necesarias 
para la exhumacion de los despojos 
mortales del general Aguiar, depo- 
sitandclos convenientemente para 
ser condueidos hasta la capital a 
cargo del sargento mayor Don Feli- 
pe Eodriguez Bas, a quien se habia 
comisionado al efecto". 

El 9 de marzo de 1870, las cenizas 
fueron depositadas en el Cementerio 
Central. 



AGUIAR, JUAN JOSE Benito 

Ciudadano distinguido en las pri- 
meras etapas de la revolucion ame- 
ricana, como soldado y como fun- 
cionario, ministro y miembro del 
Supremo Tribunal. 

Su nacimiento tuvo lugar en Mon- 
tevideo el 15 de noviembre de 1792, 
de padres originarios de la actual 
Republica Argentina. 

La revolucion de mayo lo encon- 
tro casualmente en Buenos Aires y 
se afilio a ella. Al producirse el al- 
zamiento de la provincia Oriental 
el ano 11, el joven Aguiar cruzo el 
Rio Uruguay para incorporarse a los 
patriotas encabezados por Artigas, 
en cuyas filas tuvo el honor de ha- 
llarse entre los vencedores de Las 
Piedras el 18 de mayo. 

Promovido a ayudante mayor 
destinado a un regimiento de Dra- 
gcnes, una herida recibida durante 
el asedio a la Fortaleza del Cerro, 
lo invalido de la mano izquierda, 
circunstancia fatal que vino a cor- 
tarle la carrera de armas. 

Inutilizado y todo, asistio al se- 



gundo sitio de la capital en el ejer- 
cito de Sarratea, con quien hubo de 
volver a Buenos Aires en febrero 
del ano 13. 

A la caida de Montevideo en po- 
der de los soldados de la patria, 
abandono el destino que habia con- 
seguido en Buenos Aires en el Mi- 
nisterio de Cuerra y reintegrose a 
su ciudad natal, donde el primer 
Cabildo Patrio y Gobierno Interino 
de la Provincia lo designo su primer 
secretario el 23 de febrero del 
afio 15. 

Secretario general del coronel 
Fernando Otorgues, afirma Aguiar 
en sus notas autobiograficas, que fue 
el quien tuvo el honor de concebir 
y con acuerdo superior, levantar por 
primera vez en el Cabildo el pabe- 
llon tricolor artiguista a la salida 
del sol del 26 de marzo de 1815. 

Desencadenada la invasion portu- 
guesa, continuo fiel a la causa na- 
cional conforme lo certifica el Dr. 
Andres Lamas en una carta al mi- 
nistro brasileno Limpo de Abreu. 

Preso en San Jose por orden de 
Lecor, gobemador de la provincia 
conquistada, en octubre de 1822, se 
le embarco para Rio Janeiro en el 
puerto de Colonia en calidad de de- 
portado politico. 

Larga debia ser su expatriacion, 
pues constituida la Republica conti- 
nuo viviendo en Rio de Janeiro 
donde — seguzi Lamas — hizo la vida 
mas retirada y modesta. 

Recien en el afio 1846 resolviose 
a volver a su ciudad, sitiada por 
Oribe desde hacia tres ancs. 

El Tribunal Superior de Justicia 



AGU 



AGU 



lo reconocio como graduado o inteli- 
gente, designacion que por ley del 
afio 37 habilitaba a los ciudadanos 
sin titulo para redactar sentencias 
(que luego los jueces pronunciaban), 
integrar el Tribunal y ejercer car- 
gos de jueces de lo civil. 

En 1853, al formarse el gobierno del 
Triunvirato, debido a la amistad 
que lo ligaba al Triunviro coronel 
Flores, Juan Jose Aguiar fue llama- 
do a ocupar la secretaria de Go- 
bierno y Relaciones Exteriores el 9 
de noviembre de 1853, permanecien- 
do en ella hasta el 8 de febrero 
del 54. 

El 11 de abril de 1855 se le nom- 
bro Juez Letrado de Apelacion y 
del Crimen con asiento en la Villa 
de Paysandu, y jurisdiccion sobre 
ese departamento y los de Salto y 
Tacuarembo, pero hizo renuncia del 
puesto en setiembre del mismo afio. 

La Asamblea General, en sesion 
del 14 de abril de 1856, voto a 
Aguiar para miembro del Superior 
Tribunal de Justicia, alto puesto del 
que fue despojado por el gobierno 
de Gabriel A. Pereyra, merced a un 
decreto de 4 de febrero de 1858, con 
moviles politicos, en el cual se de- 
claraban ilegales y viciados de nu- 
lidad todos los nombramientos ju- 
diciales posteriores al derrocamien- 
to del presidente Giro en 1853. 

Perseguido por su filiacidn oposi^ 
tora en la presidencia de Berro, 
Aguiar emigro a Buenos Aires, don- 
de hizo parte de la Comision cons- 
tituida para prestigiar la revolucion 
colorada del 63, aportandole elemen- 
tos de toda naturaleza. 



Triunfante el general Flores en 
1865, un decreto de 25 de setiembre 
concedio a Aguiar, por gracia espe- 
cial, la jubilacion que le correspon- 
dia como miembro del Tribunal del 
que habia sido arbitrariamente des- 
tituido, disfrutando de ella hasta el 
9 de abril de 1871 en que se produ- 
jo su fallecimiento. 



AGUIAR, MANUEL Maximo 

Militar que tuvo grado de coro- 
nel en el ejercito y cuyo nombre se 
vincula al periodo en que ejercio la 
Jefatura Politica y de Policia de 
Montevideo, perfilado como funcio- 
nario progresista, a quien se debe 
la elevacion de la columna de la Li- 
bertad en la Plaza Cagancha, pri- 
mer monumento de la indole que co- 
nociera la capital. 

Nacido en Montevideo . en 1823, 
hijo de Juan Jose Aguiar, inicio sus 
servicios militares en la Guerra 
Grande, y en julio de 1844 aparece 
como alferez ciudadano en la Di- 
vision Flores, ascendiendo a tenien- 
te 19 en enero del ano siguiente. 

El 11 de abril de 1846, siendo ayu- 
dante mayor, paso a la Capitania 
del Puerto, donde permanece hasta 
diciembre de 1852, fecha en que so- 
licita su cese y el pase a la Plana 
Mayor Pasiva. 

En noviembre de 1857, obtuvo a 
pedido propio su absoluta separa- 
cidn del servicio, con opcion a la 
reforma militar, dejando a benefi- 
cio del Estado todos los haberes de- 
vengados "sin perjuicio de presen- 



AGU 



AGU 



tarse a cualquier llamamiento que 
por el gobierno se le haga". 

Compafiero del general Flores en 
la revolucion que este encabezo en 
abril de 1863, el 11 de setiembre del 
mismo afio, su jefe, Jose Grego- 
rio Suarez lo hizo teniente coronel, 
a merito de su buena actuacion en 
ei combate de Pedernal. 

A la hora del triunfo Flores lo de- 
signo Jefe Politico del departamen- 
to de Montevideo por decreto de 3 
de marzo de 1865. El 24 de julio si- 
guiente ingreso al Ejercito en cla- 
se de coronel graduado y estuvo a 
cargo de la Jefatura hasta el 30 de 
abril de 1867, en que vino a ser sus- 
tituido por Jose Candido Busta- 
mante. 

Colaboro.'el coronel Aguiar, den- 
tro de la esfera entonces amplisima 
de sus facultades legales, a la obra de 
intensos adelantos y reformas edili- 
cias con que la Comision Extraordi- 
naria Administrativa — nombre que 
se daba a la Municipalidad de fac- 
to — quiso desde el primer momento 
hacer efectivo el programa progre- 
sista de la revolueion vencedora. 

Una numerosa y bien dirigida se- 
rie de reglamentos, decretos y dis- 
posiciones de la mas variada indole 
se promulgaron y entraron en vigen- 
cia bajo la firma del coronel Aguiar. 

La estatua de la Libertad, de que 
se hizo mencion al principio, se le- 
vanto conforme al prdyecto del es- 
cultor italiano Jose Livi, fundiendo- 
se la f igura en bronce en los talleres 
de Garragorri y fue descubierta el 
27 de febrero de 1867 en presencia 
del gobernador Flores. 



En el periodo jefaturial de Aguiar, 
se exhumaron de las Tres Cruces 
los cadaveres de los sesenta y dos 
soldados franceses y uruguayos, in- 
molados por las fuerzas sitiadoras 
de Montevideo en los afios 1843 - 44, 
para su traslado al cementerio pu- 
blico con los correspondientes hono- 
res militares, el 29 de abril de 1866. 

En recuerdo de esta piadosa re- 
cordacion y justo homenaje, los re- 
sidentes franceses obsequiaron al co- 
ronel Aguiar con una medalla de oro 
que puso en sus manos el Dr. Leo- 
nard, el 6 de agosto del mismo afio. 

El 16 de marzo de 1868, en la pre- 
sidencia de Batlle, designosele para 
Jefe Politico de Maldonado, extensa 
zona del Este que aun comprendia 
al actual departamento de Eocha, 
cesando en su destino el 20 de abril 
de 1869 "atento a consideraciones de 
orden interno". 

A raiz del motin militar del 15 de 
enero de 1875, adicto al nuevo or- 
den que implantaba la fuerza, Pe- 
dro Varela lo puso de nuevo al fren- 
te de la misma Jefatura el 25 de 
junio. Esta vez los revolucionarios 
de la Tricolor le hicieron sufrir ho- 
ras de rigor, privandolo no solo del 
control efectivo de su departamento, 
sino tambien obligandolo a evacuar 
la ciudad capital en algun momento. 

Puesto en situacion de retiro por 
la dictadura del coronel Lorenzo La- 
torre, solo obtuvo un cargo de miem- 
bro de la Comision de Revision del 
Escalafon Militar, conferido por de- 
creto de 14 de agosto de 1877 y su 
vida finalizo. en Montevideo el 12 de 
octubre de 1879. 



— 35 — 



AGU 



AGU 



AGUILAR, FAUSTO 

Militar, general del ejercito na- 
cional, que tuvo asimismo giado en 
la Republica Argentina, llegando a 
ser uno de los mas renombrados y 
populares jefes de su epoca. Sin 
aventajada estatura ni marcial pre- 
sencia, era antes bien de escasa ta- 
lla y del tipo mogoloide de los que 
Uamamos "nuestros indios", pero de 
miisculos apretados que parecian de 
acero a fuerza de resistentes y fle- 
xibles. 

Nacido en el departamento de 
Paysandu el 19 de marzo de 1808, 
hijo legitimo de Juan Jose Aguilar 
y Maria Fernandez, se hizo soldado 
en tiempos durcs, en que serlo era 
casi una imposicion de la vida, in- 
gresando como soldado en la Divi- 
sion Faysandii en 1832; llego a ca- 
bo en 1834 y a sargento en 1836. 

Despues de servir bajo banderas 
riveristas en la titulada revolucion 
"Constitucional" de 1836 - 3S, a cuyo 
termino era sargento mayor gradua- 
do del Regimiento de Milicias N° 9, 
fue dado de alta en el ejercito de 
linea como teniente coronel gradua- 
do el 22 de julio de 1839. Continuo 
a ordenes de Rivera convertido en 
Presidente de la Republica y en los 
dTas de la invasion del general ar- 
gentino Pascual Echagiie en 1839, 
formo parte d^ aquella Division Pay- 
sandii que haciendo verdaderas proe- 
zas, retardo cuanto fue posible la 
marcha hacia el sur del ejercito ene_ 
rnigo. 

Actor en la batalla de Cagancha 



— gran victoria nacional — el 29 de 
diciembre del 39, mando el 4 9 es- 
cuadron de caballeria en el ala iz- 
quierda, puesta a las ordenes del ge- 
neral Anacleto Medina, y en mayo 
de 1846, a ordenes de Garibaldi, es- 
tuvo en el combate de Dayman. 

Hecho prisionero cuando la toma 
del pueblo del Salto por las fuerzas 
del generai Servando Gomez el 9 de 
enero de 1847, se le condujo a Entre 
Rios y alli, despues de algun tiempo 
y como sucedia siempre, aparecio 
incorporado a los cuadros del gene- 
ral Justo Jose de Urquiza y a ser- 
vicio de la tricolor entrerriana, su 
lanza fue de las que en el potrero 
de Vences quebrantaron la heroica 
resistencia de los correntinos que 
defendian la libertad. Salio de esta 
peligrosa prueba sin particular sai- 
picadura de sangre, actor en una 
dura jornada, pero nada mas. 

Siguio las banderas de Urquiza 
cuando este se sublevo contra la ti- 
rania de Rosas, formando en la es- 
colta del capitan general entrerria- 
no. Refiere Sarmiento, redactor del 
Boletin del Ejercito Grande Aliado, 
a proposito de nuestro coronel (a 
quien Uama militar muy negado, te- 
rriblemente valiente) que el 1 ? de 
febrero de 1852, leyendo con Urquiza 
los manuscritos del numero en pre- 
paracion, este, al escuchar la frase 
"el renombrado Fausto" le interrum- 
pio diciendo maliciosamente: "Estos 
salvajes unitarios se alcahuetean 
uncs a otros, se recomiendan y se 
elogian." 

Una de las modalidades que ha- 
cen simpatica la persona de Fausto 



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AGU 



Aguilar es que se halla libre de 
tacha de cruel o de sanguinario ca- 
paz de empafiar su justa fama de 
excelente jefe de caballeria, jefe sin 
precio al frente de un regimiento o 
de una division. 

Nunca le cuadro dirigir personal- 
mente una batalla, pero hubiera sido 
capaz de hacerlo porque poseia ins- 
tinto militar que iba unido a la prac- 
tica de las guerras criollas. En ellas 
hizo su escuela, pues era rigurosa- 
mente analfabeto, a punto de que no 
sabia ni siquiera firmar. Suplia la 
falta utilizando un sellito chico de 
bronce con su nombre y apellido 
grabados en letras perfectas. 

Figuraba en los cuadros del ejer- 
cito desde el 29 de setiembre de 
1853 con el grado de coronel que 
tenia en la Argentina, y al produ- 
cirse la revolucion de los colorados 
conservadores encabezados por el ge- 
neral Cesar Diaz adhirio al movi- 
miento, y libre por suerte, de ha- 
berse hallado en Quinteros, emigro 
entonces a la Provincia de Entre 
Kics mientras el gobierno lo daba 
de baja el 15 de febrero de 1858. 

Concluida lo que se llamaria su 
etapa entrerriana y la subsiguiente 
argentina, cuando sirvio en las gue- 
rras civiles de este pais durante 
las luchas entre Buenos Aires y la 
Confederacion, para irse con Mitre 
despues de abandonar a Urquiza en 
1859, Fausto Aguilar reaparece en 
nuestro escenario militar como uno 
de los jefes mas nombrados entre 
los jefes revolucionarios de Flores 
en la campana que se llamo Cru- 
zada Libertadora, de 1863 a 1865. 



Multiple en su actuacion, no ha- 
bria forma de poderlo seguir en sus 
movimientos a traves de la campa- 
fia, integrando el grueso del ejer- 
cito, cortado solo con una columna 
volante, perseguidor o perseguido, 
alerta y en guardia o cruzando las 
armas con enemigos dignos de su 
valor y de su audacia. 

Y lo mismo aseguro el triunfo de 
Flores en Coquimbo con la rapida 
y oportuna intervencion de sus lan- 
zas, que arrollo por virtualidad de 
audaz empuje, una helada mahana 
invernal en la costa del arroyo San 
Francisco, en Paysandu, a una fuer- 
za enemiga a la cual llevo la carga 
despues de arengar a sus soldados 
con palabras famosas, que recuer- 
dan las del Griego de las Termopi- 
las: "Saquense los ponchos, mucha- 
chos, que en el otro mundo no hace 
frio!" 

Gravemente herido de bala en un 
hombro en el combate de Las Pie- 
dras el 16 de setiembre de 1863, hu- 
bo necesidad de conducirlo a Bue- 
nos Aires para que le prestaran 
asistencia facultativa. 

La curacion, largamente demora- 
da, no permitio a Aguilar reincorpo- 
rarse a filas sino en los ultimos me- 
ses de la guerra, en diciembre de 
1864, para recibir inmediatamente el 
cargo de comandante general de los 
departamentos de Salto y Paysandu. 

El 20 de febrero del afio siguiente 
los revolucionarios floristas entra- 
ban en Montevideo, habiendo con- 
tado en la etapa final con el apoyo 
de fuerzas brasilenas aliadas. 

Por decreto del Gobierno Provi- 



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AGU 



AGU 



eorio, de 11 de mayo, Aguilar fue 
promovido a brigadier general, pe- 
ro puede decirse que apenas sobre- 
vivio al ascenso. El 19 de julio de 
1865, el destemido Fausto dejaba 
de existir en la ciudad de Paysandu. 

Viejo enlermo del pecho, verosi- 
milmente la herida de Las Piedras 
o sus consecuencias mas o menos 
proximas aceleraron un proceso fa- 
tal. 

Sus restos, llegados a Montevideo 
el 31 de julio de 1866, recibieron 
sepultura en el Cementerio Central 
con grandes honores militares, al 
mismo tiempo que los del bravo 
Leon de Palleja, muerto en la cam- 
pafia del Paraguay. 

AGUILAR, FRANCISCO 

Hombre de negocios cuyas inicia- 
tivas y actividades progresistas lo 
consagran como uno de los mas des- 
tacados pioners del adelanto de la 
Nacion en la primera mitad del si- 
glo pasado. 

Nativo de Tenerife en las Islas 
Canarias, donde habfa visto luz en 
el ano 1776, embarcose para Sud 
Ameriea rumbo al Rio de la Plata 
en 1809, no como un emigrante 
mas, sino con el plan definido. de 
ensayar la colonizacion de tierras 
en la actual Republica Argentina, a 
cuyo fin traia consigo un grupo de 
connacionales agricultores. 

La circunstancia de haberse edu- 
cado en Inglaterra, donde asimilo 
mucho de bueno y comprobo los 



milagros que hacen la voluntad y 
el trabajo inteligente, explican por 
si solos el esplendido rol de Agui- 
lar entre nosotros. 

La revolucion de mayo vino a 
trastornar sus propositos y despues 
de un viaje de inspeccion por el sur 
uruguayo, decidio abandonar Bue- 
nos Aires para sentar reales en la 
Villa de Maldonado, donde llego en 
enero de 1812, estableciendose in- 
mediatamente con una casa de co- 
mercio al frente de la cual inicio 
su fortuna. 

Su calidad de espanol lo perjudi- 
c6 en los dias de la lucha por eman- 
cjpar la patria, a pesar de que era 
hijo de una isla que Espafia gober- 
r aba como una colonia oscura y ex- 
plotada; pero supo observar Ia con- 
ducta medida que correspondia y 
cuando estos paises se perdieron pa- 
ra la metropoli de modo definitivo el 
ano 14, pudo convivir ampliamente 
la vida de los criollos en toda su ex- 
tension y en todas las esferas, lle- 
gando a ser en la epoca de la Vieja 
Patria artiguista, Ministro interino 
de Hacienda de Maldonado. 

Sujeta la provincia al yugo luso - 
brasilefio, acepto al extranjero mien- 
tras no hubo otro remedio y fue 
cabildante de Montevideo en 1823. 
Pero fiel a la causa de la libertad, 
ayudo a Lavalleja con una buena 
suma de dinero cuando se trataba 
de financiar la empresa redentora 
que el denodado capitan artiguista 
principio con su desembarco del 19 
de abril de 1825. 
Vencedora la patria y reconocido 



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AGU 



AGU 



como ciudadano legal, ejercio fun- 
ciones de Alcalde Ordinario de 
Maldonado y ante el juro la ciuda- 
dania la Carta Constitucional de 
1830. 

En el afio 1826 lo habian hecho 
Vice Consul de los Estados Unidos 
en Maldonado y mas tarde tuvo 
identicas funciones que le confirie- 
ron el Reino de Portugal en 1838, 
y Suecia y Noruega en 1839. 

Era ya por esa epoca uno de lee 
hombres mas ricos de la zona Este. 
cuya influencia y afanes progresis- 
tas se manifestaban en las mas di- 
versas actividades. Ganadero, impor- 
to de Europa especies de animales 
finos que mestizaran los ganados 
criollos e introdujo los primeros ca- 
mellos que salvaran — como en Afn- 
ca — los arenales de la costa atlan- 
tica. Agricultor, ensayo cultivos de 
vifia en gran escala, convencido .de 
que seria una gran fuente de riqueza 
nacional y logro la aclimatacion de 
multiples especies utiles. Su quinta 
denominada "La Florida" fue cele- 
bre en Maldonado y sus contornos, 
por sus arboles y sus frutas elegidas. 

En otro genero de negocios, ex- 
ploto la faena de lobos marinos, 
arrendatario consecutivo por 22 afios 
de las islas del mismo nombre y en 
1837 planteo en la Villa una fabrica 
de ceramiea, donde se hicieron pro- 
misores ensayos y cuyos excelentes 
trabajos pueden juzgarse por - las 
escasas piezas que han llegado hasta 
nosotros. 

Intento de igual modo una indus- 
tria de salinas y el laboreo de las 



canteras de piedra, tan ricas y abun- 
dantes en la zona del Este. 

Electo senador por Colonia en 
183S, reingreso votado por Maldo- 
nado el ano 39, y en desempeno 
de esas funciones, siendo ademas 
miembro y Presidente de la Comi- 
sion Permanente, fallecio victima de 
un ataque subito, mientras se en- 
contraba en la sala de sesiones, el 
21 de julio de 1840. 

Corresponde notar el error difun- 
dido en "Hombres Notables de la Ee- 
publica Oriental del Uruguay", con- 
signando como fecha de muerte del 
progresista ciudadano, el dla 10 de 
setiembre. Carente del dato exacto, 
a lo que parece, el autor tomo como 
fecha la inmediata anterior a la nota 
de pesame que el Senado dirigio a la 
viuda de Aguilar. Pero esta nota 
estaba fechada con dos meses de 
atraso, ei dia en que el Senado vol- 
via a entrar en sesiones, concluido 
el receso constitucional. 



AGUIRRE, ATANASIO de la Cruz 

Presidente del Senado en ejercicio 
del Poder Ejecutivo, desde el 1° de 
marzo de 1864 al 15 de febrero de 
1865, legislador y hombre politico. 

Nacido en Montevideo el 2 de 
mayo de 1801, en las campanas de 
la Patria sirvio como oficial de la 
Comisaria General de Guerra en 
junio de 1825, oficial encargado en 
1826, comisario particular en 1828 y 
comisario general el 2 de noviembre 
de 1833. 



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AGU 



AGU 



Al dividirsa la opinion del pais 
en la guerra civil de 1836 - 38, Agui- 
rre que continuaba en funciones de 
Comisario de Guerra, defendio la 
causa del gobierno constitufdo del 
general Manuel Oribe y figuro en- 
tre los ciudadanos que, hecha renun- 
cia de sus destinos publicos y aban- 
donando Montevideo. estuvieron con 
el en el campo del Cerrito durante 
el Sitio Grande. 

Elegido diputado por Minas en 
1852, cuando ajustada la Paz de Oc- 
tubre se establecio la normalidad 
constitucional, su intervencion acti- 
va y directa a favor del presidente 
Giro, depuesto en 1353 por un mo- 
vimiento subversivo, dio lugar a que 
el gobierno del Triunvirato le en- 
viase, el 23 de abril, su pasaporte 
para abandonar el pais. 

Eh la presidencia de Pereira tuvo 
los nombramientos de miembro del 
Consejo Consultivo de Gobierno ins- 
tituido en marzo de 1856, pero cuyo 
funcionamiento fue aplazado sin 
dia, miembro de la Comision de In- 
migracion y Colonizacion y de la de 
repatrio y socorro de uruguayos. 

Diputado por Paysandu en la 5 ? 
legislatura de 1858f presento su can- 
didatura a senador por Maldonado, 
pero no obstante el calor oficial que 
la prestigiara, el coronel Bernardino 
Olid, caudillo militar de aquellos 
pagos, le gano la eleccion. 

Votado en el departamento de Sal- 
to, ingreso al Senado en 1861 y ocu- 
paba ese cargo cuando al plantearse 
el problema de la sucesion presiden- 
cial de Bernardo P. Berro en 1864, 
Berro logro que Aguirre fuese electo 



para presidir el alto cuerpo ei 15 
de febrero, correspondiendole de es- 
te modo ejercer el Poder Ejecutivo 
"ad interin" dada la imposibilidad 
de renovarse la legislatura estando 
el pais conmovido por la revolucion 
de Flores. 

Dificilisimos eran los momentos en 
que Aguirre entraba a actuar corao 
primer figura de la politica y mas 
dificiles todavia tratandose de un 
ciudadano hcnesto y con buenas in- 
tenciones, pero mediocre y de esca- 
sa fibra, encaprichado en concluir 
por la guerra una guerra que no te- 
m'a medios para concluir y ultima- 
mente bloqueado por camarillas po- 
iiticas sin norte, atentas a sus in- 
quinas y a sus ambiciones, conforme 
resulta del estudio imparcial y do- 
cumentado de uno de los periodos 
caoticos de nuestra historia. 

Los revolucionarios colorados au- 
mentaban dfa a di'a en numero y 
audacia, demostrando una movilidad 
increible, que contrastaba con la 
lentitud de los ejercitos gubernistas 
que se consumian en marchas y con- 
tramarchas inutiles. Para juntarse a 
a todo esto, vino luego el conflicto 
con el Imperio del Brasil, agudizado 
por elementales faltas de tacto del 
lado uruguayo. El Imperio, en apoyo 
de sus reclamaciones envio un co- 
misionado especial, el consejero Sa- 
raiva, que de entrada chocc con 
nuestra Cancilleria. Fracasada la 
mision Saraiva, el Brasil abrio hos- 
tilidades contra el gobierno de Mon- 
tevideo, uniendose a los revolucio- 
narios de Flores. 

Sitiada la plaza de Paysandii, el 



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general extranjero Saa fue incapaz 
de ir en auxilio de sus heroicos de- 
f ensores y la ciudad cayo gloriosa- 
mente, tomada por asalto el 2 de 
enero de 1864. Saa, contenido en sus 
planes por una simple cortina de 
revolucionarios habilmente emplaza- 
da en el camino, contramarcho has- 
ta recostar la espalda sobre Monte- 
video. 

Al mes de caer Paysandu, Flores 
presentose a sitiar la capital, mien- 
tras los buques de guerra brasile- 
fios dominaban el estuario. Gran 
confusion habia en la plaza donde 
primaban los elementos mas exalta- 
dos propugnando por suplantar la 
autoridad de Aguirre por un gobier- 
no militar. Aguirre, cuyo mandato 
legal terminaba el 15 de febrero del 
65, entregd el poder a Tomas Villal- 
ba, elegido presidente del Senado, 
el cual de inmediato abrio negocia- 
ciones de paz, concluyendo — sin 
medios de defenderse y para evitar 
la ruina de la capital tomada a viva 
fuerza — por aceptar las condicio- 
nes que el jefe enemigo impuso. 
Resigno el poder en este y Flores 
entro vencedor el 21 de febrero de 
1865. 

Aguirre busco asilo en la cano- 
nera espanola Vad - Ras y de alii 
se traslado dias mas tarde al vapor 
Tevere que lo condujo a Parana. 

El nuevo gobierno no habia toma- 
do ninguna medida en contra suya 
en ningun momento y si bien pudo 
regresar al pais inmediatamente de- 
firio»el regreso hasta fines de mayo 
del 67, para vivir en Montevideo en 
el retiro de su quinta del Reducto. 



Alli transcurrieron sus ultimos dias, 
bastante atrasado de salud, ocurrien- 
do su muerte el 28 de setiembre de 
1875. 



AGUIRRE, MANUEL 

Militar, a quien se conocio popu- 
larmente por el diminutivo de Ma- 
nuelillo, jefe del Cuerpo de Serenos 
durante el gobierno de Latorre, en 
cuyas funcicnes adquirio deplorable 
fama por su inconducta y sus arbi- 
trariedades. Desempefiaba la jefa^ 
tura dc este cuerpo desde el 17 de 
enero de 1875, pero ingreso en el 
ejercito de linea como capitan de 
caballeria recien el 21 de mayo de 
ese mismo ano, con antigiiedad de 
20 de Mayo de 1870 y teniendo ser- 
vicios anteriores en la Guardia Na- 
cional. 

En la revolucion que encabezo el 
general Flores en 1863, Aguirre se 
incorporo a las fuerzas de la llama- 
da Cruzada Libertadora con el gra- 
do de teniente 2 9 , sirviendo en el 
plantel de infanteria que organiza- 
ba Wenceslao Regules y que fue 
despues el batallon Florida. Ascen- 
dio a teniente 1° y con este grado 
paso a la Division Durazno a orde- 
nes de Simon Moyano, Uegando a 
ayudante mayor despues de la to- 
ma de la villa de Durazno el 12 de 
agosto de 1864. 

Protegido del dictador Latorre, 
que supo utilizarlo para distintas 
comisiones, llego a teniente coronel 
graduado el 10 de marzo de 1877 y 
estuvo al frente del Cuerpo de Se- 



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renos hasta mediados de 1881 o sea 
algunos meses mas que los que duro 
Latorre en el mando, pues el pre- 
sidente Francisco A. Vidal' no solo 
creyo del caso mantener en su car- 
go al que habia sido instrumento 
de multiples atentados y demasias 
dispuestos por el gobernador prdfu- 
go, sino que leconfirio la efectivi- 
dad del grado el 26 de abril de 1880 
y todavia lo hizo coronel graduado 
el 14 de setiembre del 81, fecha en 
que Aguirre no era mas Jefe de Se- 
renos. ^ 

La noche del 20 de marzo de 1881, 
efectivamente, recien se le intimo a 
Aguirre que entregase el cuerpo de 
su mando al comandante Maximo 
Tajes. Ese mismo dia, una turba de 
verdaderos facinerosos preparados 
por el comandante Aguirre, habia 
atacado las imprentas de los diarios 
opositores matando o apaleando a 
los que sefialaban como adversarios 
del gobierno. El 26 se le acepto la 
renuncia que tuvo que presentar 
por exigencia, dandole como susti- 
tuto al comandante Manuel Bena- 
vente, pero la noticia no se hizo pu- 
blica en seguida. 

Aguirre, que tenia colmada la pa- 
ciencia de la capital, no era posible 
que permaneciera en el puesto des- 
pues de las mazorcadas del 20. La 
satisfaccidn y el respiro generales 
con que fue recibido el decreto que 
lo removia, se demostro con la ma- 
nifestacion popular calculada en 
1800 personas, que desde la Plaza 
Independencia fue al Cabildo a fe- 
licitar al Jefe Politico Barreto por 
su radical medida, encaminandose 



luego al Hotel Central, donde exte- 
riorizo al Ministro de Gobierno, 
identicos sentimientos. Atronando 
con sus gritos hostiles al ex-coman- 
c'nnte, la columna paso despues por 
la imprenta del diario opositor "La 
Razon", uno de los asaltados, para 
disolverse al fin frente a la casa del 
comandante Benavente. 

Pero el pronunciamiento de la opi- 
nion no parece que influyo en la for- 
ma que era de esperarse ante los 
hombres que entonces gobernaban el 
pais, si pensamos que el presidente 
Maximo Santos hizo promover a Ma- 
nuelillo a coronel de caballeria de 
linea el 6 de febrero de 1886, jerar- 
quia en la que fallecio en Monte- 
video el 27 de octubre de 1899. 



AGUIRRE, MARTIN 

. Senador, diputado y hombre po- 
Iftico, nacido en Montevideo el 9 de 
julio de 1847. Auxiliar del Ministe- 
rio de Relaciones Exteriores el 17 de 
julio de 1863, la caida en 1865 del 
partido blanco en que militaba por 
tradicion de familia, corto por en- 
tonces su carrera burocratica. 

Revolucionario con Berro el 19 de 
febrero de 1868, Aguirre viose en el 
caso de escapar con toda premura 
ante el mal exito del movimiento, 
pasando luego a Buenos Aires don- 
de reanudo estudio de derecho doc- 
torandese el mismo afio 68, con una 
tesis cuyo titulo era "La prescrip- 
cion como medio de adquirir entre 
las naciones". 

Blanco principista en 1874, esta- 



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llado el motin del 15 de enero del 75, 
fue Martin Aguirre uno de los mas 
empefiados en que el coronel Timoteo 
Aparicio se pusiese al frente de la 
reaccion armada para restablecer 
en Montevideo el gobierno consti- 
tucional. 

No obstante su radical actitud en 
aquellos penosos dias y su partici- 
pacion en el movimiento civico lla- 
mado Revolucion Tricolor a fines 
del 75, aeepto mas tarde, en 1877, 
colaborar con el gobierno dicta- 
torial del coronel Lorenzo Latorre 
en el cargo de Juez de Fuero Mix- 
to. Pronto creyo del caso, sin em- 
bargo, abandonar el puesto, conven- 
cido de que con Latorre era im- 
posible marchar. Mantuvo no obs- 
tante buena relacion con el Gober- 
nador que le permitio ser votado 
representante por el departamento 
de Canelones, como uno de los inte- 
grantes de la camara que en 1879 
convertiria al Gobernador en Presi- 
dente constitucional, dandole sus vo- 
tos en la Asamblea. 

Caido Latorre no pudo hallar en- 
tendimiento con el nuevo presiden- 
te Francisco A. Vidal, pues se le sos- 
pechaba no ser ajeno a ciertos pla- 
nes del ex-dictador desterrado y 
Aguirre opto por emigrar a la Ar- 
gentina. Alli lo encontraron los 
aprestos revolucionarios de 1886 y 
cuando se realizo la invasion del ejer- 
cito ciudadano, paso el rio Uruguay 
en sus filas y asistio a la batalla de 
Quebracho donde fue herido en las 
ultimas horas de la adversa jor- 
nada. 

Despues de la Conciliacidn, mo- 



vimiento pohtico decisivo que elevo 
al general Tajes al gobierno, salio 
electo diputado por Cerro Largo en 
1888, el mismo departamento que 
lo llevo al senado en 1891. 

Martin Aguirre; politico de nota- 
ble condicion y politico realista, en- 
tro a personificar por esta epoca, 
dentro del partido nacionalista, una 
franca tendencia de colaboracionismo 
opuesta a la orientacion negativa 
que era norma de los hombres diri- 
gentes de la misma parcialidad, mu- 
chos de los cuales, haciendo gala de 
un tardio principismo, proclamaban 
la abstencion y la violencia en sub- 
sidio. 

Fue en respuesta precisamente a 
un documento emanado del Directo- 
rio que presidia J. J. de Herrera, 
que Aguirre redacto su manifiesto 
de setiembre de 1890, el cual, sea 
cual sea la opinion que pueda me- 
recer en su contenido politico, es 
una hermosa pieza en fondo y for- 
ma, llena de sensatez, inspirada en 
sano patriotismo y en verdadero 
sentimiento ciudadano. 

En la eleccion presidencial de los 
21 dias de marzo de 1894 propicio 
la candidatura del general Luis 
Eduardo Perez. 

Diputado por Cerro Largo, donde 
un jefe militar de prestigio en su 
partido, Justino Muniz, le respondia 
en absoluto, permanecio en las ca- 
maras electas en 1897, no obstante 
haberse levantado en guerra los na- 
cionalistas bajo el mando de Diego 
Lamas y Aparicio Saravia. En los su- 
cesos de 1897-98, Aguirre fue depor- 
tado por orden de Cuestas el l 9 de 



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diciembre bajo la acusacion de que 
conspiraba contra el gobierno, jun- 
tamente con los doctores Julio He- 
rrera y Obes y Angel Brian. Al dar- 
se el golpe de Estado del 10 de fe- 
brero, cayo con la mayoria legisla- 
tiva que no consintio en someterse 
a la imposicion de votar presidente 
a Cuestas para el periodo 1898-02. 

A despecho del cisma que dividia 
a esas horas al partido nacionalista 
y al predominio de una tendencia 
opuesta a la del Dr. Aguirre, este 
conservo prestigio suficiente para 
volver a la camara electo diputado 
por Rivera en 1902, y llegar a Pre- 
sidente del propio Directorio de su 
partido siendo reelecto diputado por 
Colonia en 1908. 

En esta legislatura 23 ? solo una 
vez concurrio a la camara, para de- 
positar en la mesa un proyecto de ley 
electoral sobre la base de sufragio 
calificado. Ese proyecto, que nunca 
llego a figurar en la orden del dia, 
se considero entonces como la sin- 
tesis del pensamiento politico de un 
hombre inteligente y sagaz, desilu- 
sionado en la hora final de muchas 
cosas que habfen contado entre los 
ideales de su larga vida de luchador. 

Fallecio el Dr. Martin Aguirre en 
el desempefio de su mandato legis- 
lativo el 23 de abril de 1909. 



AGUSTINI, DELMIRA 

Poetisa, cuyo excepcional valor 
Euben Dario fue uno de los primeros 
en proclamar en 1912, y cuyo pri- 



mer libro de versos publicado antes 
de cumplir 20 afios, Vaz Ferreira ca- 
lifico sencillamente como un mila- 
gro. Como habia llegado, sea a saber, 
sea a sentir lo que habia puesto en 
ciertas paginas, parecio al filosofo 
algo inexplicable por completo. 

Hija de Santiago Agustini y de 
Maria Martfeldt, nacio Delmira Agus- 
tini en Montevideo el 24 de octubre 
de 1886 y desde tempranisima edad 
dio muestras de talento y de preco- 
cidad asombrosas, escribiendo sus 
primeros versos a los diez afios y 
siendo duena, pronto, de una pro- 
funda cultura musical. 

Criada y educada en casa de sus 
padres, la breve existencia de Del- 
mira Agustini no ofrece elementos 
para redactar la ficha biografica en 
su recto sentido de historia o cuando 
menos de itinerario de una vida. 

Su obra esta comprendida en cua- 
tro unicos libros titulados: "El Li- 
bro Blanco" (1907), "Los 'cantos de 
la maiiana" (1910), "Los calices va- 
cios" y "Los astros del abismo" que 
dejo pronto y se publico como obra 
postuma. 

La critica contemporanea nacio- 
nal y extranjera, al emitir juicios 
unanimes acerca del valor sustantivo 
de sus versos, estudiados y contem- 
plados bajo todos los aspectos, con- 
sagro a la malograda poetisa monte- 
videana ccmo una personalidad de 
excepcion, "meteoro en llamas en el 
horizonte literario del siglo". "De to- 
das cuantas mujeres escriben en ver- 
so — dijo Dario en los dias de su vi- 
sita a Montevideo — ninguna ha im- 



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presionado mi animo como Delmira 
Agustini. Es la primera vez que en 
lengua castellana aparece un alma 
femenina en el orgullo de la verdad 
de su inccencia y de su amor, a no 
ser Santa Teresa en su exaltacion 
divina". 

Esta mujer hermosa y atrayente, 
de ojos verdes y cafaellera de luz, 
cuyos versos parecen traducir un 
temperamento de fuego "pero cuyo 
erotismo era nada mas que suefio" 
fue muerta a tiros por su propio 
marido — que se suicido sobre su 
cadaver — en un enloquecido arre- 
bato de celos, el 6 de julio de 1914. 
La poetisa, a los 28 afios, alcanzaba 
entonces el apice de su deslumbrante 
trayectoria lirica. 



ALBISTUR, JACINTO 

Periodista, director o redactor 
principal de "El Siglo" durante die- 
cisiete afios consecutivos. 

No era uruguayo ni inicio su ca- 
rrera — que fue la diplomatica — a 
servicio del pais. Cuarenta afios de 
vida y de labor intelectual en la Re- 
piiblica, le ganan, sin embargo, una 
real ciudadania uruguaya. 

Nacido en 1821, fue nombrado En- 
cargado de Negocios y Consul Ge- 
neral de Espafia en el afio 1851, en- 
trando a ejercer su cargo en 1854, 
y mas tarde, en 1856, la Duquesa 
Regente de Parma le dio una re- 
presentacion semejante. 

Estuvo al frente de la Legacion 
espafiola en Ivlontevideo hasta el 22 



de enero de 1869, fecha en que pre- 
sento su carta de retiro y fue susti- 
tuido por Carlos Creus y Cemps, 
antiguo encargado de Negocios y 
Consul, el primero que envio Es- 
pafia a nuestro pais. 

Ministro en el Peru en 1865, fue 
simpatica la actitud de Albistur an- 
te el presidente Pezet, tendiente a 
evitar la ruptura de relaciones que 
mas tarde debia traer el conflicto 
armado entre las repiiblicas del Pa- 
cifico y el gobierno de Isabel II, y 
ia victoria del 2 de mayo en el Ca- 
ilao para las primeras. 

Mas tarde, separado de las tareas 
diplomaticas, regreso a la Repiibli- 
ca, donde habia contraido enlace con 
una uruguaya. 

Kombre de arraigadas conviccio- 
nes principistas y liberales, confra- 
ternizo muy pronto con nuestros 
mas distinguidos elementos intelec- 
tuales, integrando — como un crio- 
llo — aquel circulo selecto que por 
paradoja se llamo de los conserva- 
dores. 

Pero el modo de juzgar los suce- 
sos posteriores y subsecuentes al gol- 
pe del 75, el mcdo de encarar suf 
consecuencias, mas bien dicho, Ib 
distancio de sus camaradas y, con- 
tra el "todo o nada" de aquella gen- 
te irreductible, ebria de teorias, Al- 
bistur levanto la bandera de un po 
sibilismo de circunstancias para tra- 
tar de salvar lo mas posible en los 
afios espantosos de naufragio insti- 
tucional. 

Penso, como Jose Pedro Varela y 
algunos otros, que habia convenien- 



ALB 



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cia en servir al pais, sirviendolo ho- 
nestamente, en lugar de hacer ls 
huelga a los puestos administrativos 
que al fin, como una consecuencia 
de aquella, terminaban por ser ocu- 
pados por los mas ineptcs o los mas 
pillos. 

Tal vez estaba equivocado pero 
en ese camino persevero sin desma- 
yo y sin macula. 

"Siempre sintio desprecio su alma 
honrada por el vicio impudente y 
nunca falto a su pluma un reproche 
tan culto como se quiera, pero se- 
vero en el fondo y en la forma". 

Fecundisimo e incansable, escri- 
bia un editorial pe-a cada roia de 
las dos ediciones de "El Siglo", y 
tratando de hacer la mejor obra 
prestigio con la eficacia de su dpc- 
trina y la autoridad de su diario, 
la reforma escolar y las leyes de re- 
gistro y matrimonio civil, preparan- 
do a la vez, con la exposicion de 
los errores de los viejos partidos 
tradicionales, el ca-iino del partido 
que luego se llamo "constitucional". 

En 1886, en los ultimos dias del 
gobierno de Santos, sufrio tambien 
los rigores del momento y hubo de 
ir a la carcel con unos cuantos de 
sus colegas de prensa. 

La conciliacion politica de 1886 
fue el triunfo de la propaganda de 
Albistur, la cristalizacion del "cada 
uno ceda un poco" predicado diez 
afios consecutivos. "Tuvo la satis- 
faecion — se ha dicho — de ver triun- 
far su doctrina por obra de los que 
mas lo fustigaron cuando la predi- 
caba en momentos serios y dificiles." 

Como todos sus contemporaneos, 



cortejo a las iHusas y reunio una se- 
leccion de versos en un tomito que 
lleva por titulo "Algunas poesias" 
— Imprer.ta de "El Siglo" - 1879. No 
creia Albistur en los frutos de su 
mspiracion, accedia antes al de- 
seo de sus amigos al compilar su li- 
bro, en cuyo prologo dijo ser solo 
"la voz de un hombre que pasa; de 
un hombre que ha sentido y ha pen- 
sado; es decir, de un hombre que 
ha vivido; nada mas". 

Una afeccion de la vista entriste- 
cio sus ultimos anos, dificultado para 
escribir, pero supo sobrellevar es- 
toicamente el contratiempo, llaman- 
do a si la consideracion respetuosa 
y el carino de todos. 

Fallecio el 5 de agostj de 1889, 
siendo su muerte profundamente 
lamentada. Solo discrepo en el con- 
cierto unanime de -oces justicieras, 
la voz de los catolicos. "El Bien", 
cuyos correligionari-s habian sido 
sosten poderoso y corifeos de la san- 
grienta dictadura de Latorre, no 
perdono el posibilismo del periodis- 
ta liberal "cuya vida" — a su jui- 
cic — estuvo dedicada toda entera a 
saciar su odio insano a las mas sa- 
gradas creencias, muriendo como ha- 
bia vivido y sin que Dios lo visita- 
ra en su ultima hora". 



ALDECOA, FELIPE 

Militar, formado en las filas de 
los defensores de Montevideo. Nacio 
en la propia ciudad y su nombre 
aparece en las filas del ejercito el 
24 -de junio de 1843, fecha en que 



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ALD 



tomo servicio como subteniente de 
bandera en el batallon de infante- 
ria N 9 4 y a los pocos meses de ini- 
ciado en la lucha, el 13 de setiem- 
bre del mismo afio, fue herido en 
una guerrilla con las fuerzas que si- 
tiaban la plaza. 

Ascendido a teniente 2 9 el 2 de 
julio de 1844, su nombre figura en 
las listas hasta el mes de marzo de 
1846, en que la revolucion riverista 
lo puso al margen momentanea- 
mente. 

El 15 de febrero de 1847 es dado 
de alta de nuevo en el ejercito como 
teniente l 9 y despues de prestar ser- 
vicios por breve tiempo en el Minis- 
terio de Guerra en clase de ayudan- 
te y en el Escuadron de Artilleria 
Ligera, paso al batallon 2 9 de Ca- 
zadores el 3 de octubre de 1847, uni- 
dad esta que mas tarde, el 20 de 
julio de 1849, tomo el nombre de 
"Resistencia". 

Capitan de la 3? compam'a el 5 
de setiembre de 1850, formo parte 
con ese grado y con su unidad, bajo 
las ordenes del teniente coronel Juan 
Antonio Lezica, en la Division 
Oriental vencedora en la jornada de 
Caseros a inmediaciones de Buenos 
Aires, el 3 de febrero de 1852. 

Vuelto a la patria y organizadas 
en dos batallones las fuerzas de in- 
fanteria que habian participado en 
aquella campafia, Aldecoa continuo 
sus servicios en el que tomo el 
N 9 1. 

Afiliado al grupo colorado conser- 
vador participo en los sucesos revo- 
lucionarios de 1854 y 1855, por cu- 
ya causa fue dado de baja del ejer- 



cito el primero de diciembre de este 
ultimo afio. 

En estas circunstancias Aldecoa 
emigro a la Argentina, donde los 
vinculos de camaraderia que lo li- 
gaban a Bartolome Mitre, conmili- 
ton suyo en Montevideo, determina- 
ron al expatriado oficial a poner su 
espada al servicio de la provincia 
de Buenos Aires, tomando parte en 
las campafias de Cepeda y de Pa- 
von —1859-60. 

Reincorporada la provincia a la 
Confederacion, paso Aldecoa a los 
cuadrcs del ejercito argentino y al 
estallar la guerra del Paraguay por 
la agresion al presidente Lopez, 
teniendo grado de coronel y el man- 
do del 3er. batallon de infanteria 
de linea marcho en la expedicion 
destinada a la reconquista de Co- 
rrientes, donde fue herido. 

Apenas mejorada su salud enca- 
minose de nuevo al frente, traslada- 
do a esas horas a territorio paragua- 
yo y alli continuo la lucha hasta que 
una bala lo alcanzo en el vientre 
en la sangrienta batalla de Tuyuty 
el 24 de mayo de 1866. Evacuado y 
conducido a la ciudad de Corrientes 
fallecio a las pocas horas de llegar, 
inhumandose su cuerpo en el cemen- 
terio local. 

En setiembre de 1872, nuestro con- 
sul en la capital argentina solicito 
la correspondiente autorizacion para 
que los restos del destemido compa- 
triota pudieran ser devueltos a la 
patria. 

Una calle de Avellaneda (Provin- 
cia de Buenos Aires), recuerda su 
nombre. 



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ALE 



ALEGRE, BUENAVENTURA Ea- 
mon Santos 

Coronel, soldado de la indepen- 
dencia de America y de las luchas 
por la emancipacion nacional. 

Considerado siempre como nativo 
de la Villa de San Fernando de Mal- 
donado — lugar de residencia de su 
padre el catalan Pedro Alegre Ca- 
mapana y de donde era oriunda la 
madre, — Polonia Gutierrez — la par. 
tida de la Iglesia Matriz de la capi- 
tal testifica que Alegre nacio en 
Montevideo el 1? de noviembre de 
1795. 

Despues de pasar sus dias de mu- 
chacho en Maldonado, apenas tenia 
15 aiios en 1811 cuando se alisto en 
las huestes patriotas que al mando 
de Manuel Francisco Artigas secun- 
daron en las primeras horas el le- 
vantamiento del pais contra los es- 
panoles. 

Unido con sus companeros al 
ejercito de Artigas la vispera pre- 
cisamente de la batalla victoriosa 
de Las Piedras, tomd parte en el ler. 
sitio de Montevideo y emigro al 
Ayui cuando el Exodo. 

Durante el 2? sitio concurrio a el 
como oficial de las milicias de su 
pago y cuando en 1814, sobre la ba- 
se de la division de Manuel Fran- 
cisco Artigas formose el batallon de 
infanteria N 9 9, Alegre ingresd en 
el nuevo cuerpo el 3 de marzo con 
grado de subteniente, ascendiendo a 
teniente 2? el 4 de agosto del mis- 
mo ano. 



A las ordenes del valiente com- 
patriota ccronel Manuel Vicente 
Pagola hizo la campafia del Alto 
Peni, donde el 9° hubo de salvar en 
Sipe-Sipe, el 29 de noviembre de 
1815, el honor de las armas de la 
revolucion. 

El 26 de abril de 1817, sirviendo 
todavia en el 9 9 , se le promovio a 
ayudante mayor con antigiiedad de 
I 9 de febrero de 1815 y formando 
parte del Ejercito Libertador de Chi- 
le, paso los Andes y le toco actuar 
en las batallas que rompieron las 
cadenas de la patria hermana. 

En 1820 fue de los expediciona- 
rios del Perii, participando en las 
operaciones y acciones de guerra 
hasta la jornada definitiva de Aya- 
cucho el 9 de diciembre de 1824. 

Hallabase en Chuquisaca el afio 
26 cuando solicito y obtuvo de la 
superioridad la licencia corrsspon- 
diente para regresar a su pais, 'que 
entonces luchaba por independizar- 
se del yugo brasileno. 

Alta en el ejercito de las Provin- 
cias Unidas como coronel graduado 
siendo teniente coronel efectivo en 
el escalafon del ejercito peruano, el 
7 de agosto de 1826, se le encuentra 
a Alegre en territorio nacional, en 
el campamento en el Yi, 2? jefe del 
Estado Mayor del Ejercito, en comi- 
sion, desde el 5 de setiembre. El 5 
de octubre, en el Paso de Quintercs, 
se le da posesion del mando del Ba- 
tallon N 9 2 de Cazadores. 

Al frente del 29 sigue en la cam- 
pana contra el Brasil, hallandose en 
la batalla de Ituzaingo y despues dei 



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triunfo el general Alvear le confi- 
rio la efectividad de su grado. 

Al retirarse el Ejercito Kepubli- 
cano a Cerro Largo donde se pen- 
saba pasar la estacion invernal, Ale- 
gre pidio licencia para venir a Mal- 
donado a fin de visitar a su madre 
anciana, de quien se habia separado 
el afio 11. 

En estas circunstancias, unos ma- 
rinos brasilefios que mantenian la 
posicion precaria de Punta del Este, 
amparados bajo los fuegos de sus 
barcos de guerra, realizarcn una 
sorpresiva incursion a la ciudad de 
Maldonado en la madrugada del 17 
de mayo de 1827; y el coronel Ale- 
gre, alcanzado de un balazo en el 
corazon mientras montaba a caballo 
para no ser tomado prisionero, que- 
do muerto en el acto. 

La vida de este militar de Ame- 
rica no esta escrita aiin en la parte 
mas importante que es aquella en 
que forma en los grandes ejercitos 
patriotas del continente. Su hoja de 
servicios como soldado de la Liber- 
tad de America hay que hacerla 
— tarea que no es extraordinaria por 
cierto — sobre papeles oficiales chi- 
lencs y peruanos, conforme se ha 
hechocon la de otros uruguayos sus 
companeros de glorias. 

Si nuestro esforzado y digno ccro- 
nel no tuvo ni deudo ni amigo que se 
preocupara de sus servicios ni de sus 
proezas para narrarlas o para exal- 
tarlas, es preciso y es de justicia que 
la imperdonable falta sea reparada 
y su nombre brille con gloria mar- 
cial. 



ALONSO CRIADO, MATIAS 

Publicista y abogado, espafiol de 
nacionalidad, pero con una vida de 
intensas actividades uruguayas des- 
arrollada en casi medio siglo de re- 
siclencia contmua. 

Nacido el 25 de febrero de 1852 
en Astorga, Provincia de Leon, vino 
a la Republica en 1874, un ano des- 
pues de haberse graduado en juris- 
prudencia en la Universidad de Sa- 
lamanea. Revalido el titulo en nues- 
tra Facultad y tras corta estada en 
Colonia, eslableciose en Mcntevideo, 
donde saco a luz en 1875 el Boletin 
Juridico Administrativo. Era la pri- 
mera revista de legislacion y juris- 
prudencia que hasta entonces exis- 
tiera en el pais, desde la cual Alonso 
Criado prestigio varias iniciativas de 
mejoramiento en el regimen de la 
administracion de justicia y algunas 
de ellas, dentro de sus k'neas esen- 
ciales, se concrefaron despues. 

A la revista siguio en 1876 la Co- 
leccion Legislativa de la Republica 
Oriental del Uruguay, registro anual 
de leyes que Uegaria a contar mas 
de treinta tomos, y fue luego como 
la base del Registro Nacional de Le- 
yes y Decretos oficializado, que lo 
vino a continuar mas tarde. 

Elemento activo y militante entre 
los miembros de la colonia espanola, 
a los que en aquella epoca dividian 
profundas diferencias ideologicas, 
intervino Alfonso Criado en miilti- 
ples conflictos y tercio en agrias po- 
lemicas con los compatriotas adver- 



— 49 



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sarios, que no perdieron oeasion de 
atacarlo con enconada viveza, impu- 
tandole relaciones depresivas con el 
gobierno dictatorial de Latorre. El, 
por su parte, repelio los ataques com 
acritud proporcionada y el escanda- 
lo de prensa consiguiente. 

En 1877 fundo y fue director de 
una hoja diaria titulada "La Colonia 
Espafiola", puesto del que hizo aban- 
dono con una "Despedida", especie 
de manifiesto autobiografico que co- 
rre impreso en folleto. 

Se le debe, asimismo, una compi- 
lacion de escritos del agronomo es- 
pafiol Juan de Cominges, tres to- 
mos de antologia titulada "20.000 
pensamientos", impresos en Buenos 
Aires, y varios opusculos, asi como 
un mapa del Paraguay. 

Hombre de negocios al que favo- 
recio la suerte, llevo sus actividades 
a aquella patria amiga en importan- 
tes explotaciones ganaderas e indus- 
triales, que ya habia iniciado en el 
pais como granjero y hacendado de 
tendencias modernas y progresistas. 

Por varios afios tuvo la represen- 
tacion consular de Chile y de Para- 
guay, y en tcda su larga existencia, 
concluida en Montevideo el 19 de no- 
viembre de 1922, fue un decidido 
animador de multiples iniciativas 
espafiolas culturales, filantr6picas o 
patrioticas. 



ALONSO Y TRELLES, JOSE Maria 

Poeta, destacadisimo cultor del ge- 
nero nativo. Espanol, gaEego, habia 
nacido en Santa Maria del Campo, 



Rivadeo, el 7 de mayo de 1857, hfjo 
de un maestro de escuela asturiano 
Francisco Alonso y Trelles y de Vi- 
centa Jaren. 

Sin ningun apego a tal clase de 
disciplinas, viose en la obligacion 
de aprender teneduria de libros y 
con esa preparacion vino al Rio de 
la Plata en 1875, radicando primero 
en Chivilcoy, provincia de Buenos 
Aires, de donde paso a nuestro pais 
para emplearse como dependiente en 
una casa de comercio del pueblo del 
Tala, en Canelones. 

Como ya entonces Alonso y Tre- 
lles ensayaba su pluma en lides M- 
terarias y dibujaba aunque bastan- 
te mal, el director de la escuela pii- 
blica, Joaquin Tejera, se intereso por 
el, consiguiendo emplearlo modesta- 
mente en la oficina del correo de 
que era jefe, mientras Trelles lo 
ayudaba en la confeccion de un pe- 
riodico que el redactaba. 

En el afio 1883 se" ausento para 
Rio Grande del Sur, casado ya en- 
tonces ccn una hija de su antiguo 
primer patron, viviendo por alla 
cerca de cuatro afios, en los cuales 
se familiarizo con el idioma portu- 
gues, llegando a hablarlo bien y a 
escribirlo pasablemente. 

De vuelta en Tala, fracasados los 
negocios brasilefios, dirigio sus ac- 
tividades al campo judicial y tra- 
bajando como procurador hizo a la 
vez estudios de notariado y aunque 
pudo aprobar poco a poco las asig- 
naturas correspondientes, no alcan- 
zo nunca a rendir el examen gene- 
ral. 

Viviendo de sus asuntos y del pe- 



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quefio sueldo de secretario de ls Co- 
mision Auxiliar, Alonso y Trelles se 
convirtio en uno de los pocos ele- 
mentos inteiectuales del Tala, ora- 
dor de las fiestas patrias, fundador 
del cuadro dramatico del pueblo, 
cuyas representaciones regia y cu- 
yas piezas escribia y ensayaba, pro- 
pietario y unico redactor de "El Ta- 
la Comico", periodiquito fundado en 
noviembre de 1894, y de "Momen- 
taneas", que le subsiguio. 

Mezclado en poMtica, como no po- 
dia menos de sueeder, se hizo ciuda- 
dano legal en el afio 1902 y en las 
elecciones para formar la 23 ? legisla- 
tura salio electo ler. suplente de di- 
putado por el departamento de Ca- 
nelones para el periodo 1908-11. Co- 
mo falleciera el titular antes de er*- 
trar en funciones la camara, Alonso 
y Trelles paso a reemplazarlo. Era un 
mal periodo en que la tirantez po- 
litica de los partidos haciase sentir 
no solo en el recinto de sesiones si- 
no en las propias antesalas de la 
camara. Conformandose con las 
consignas rigidas que impusiera el 
presidente del directorio nacionalis- 
ta Dr. Martin Aguirre, los legislado- 
res de esta parcialidad formaban 
tertulia aparte en un saloncito ex- 
clusivamente reservado para ellos. 

Exeepcion hecha del Dr. Aurelia- 
no Rodriguez Larreta, que siempre 
circuld libre por antesalas y gale- 
rias, pues no acato nunca la absur- 
da consigna, Alonso y Trelles era 
uno de los pocos diputados oposito- 
res que alguna vez se acercaba a 
cambiar ideas con sus colegas colo- 
rados. 



Por lo demas, mostrd siempre 
una actitud retraida y su voz — que 
sin tener acento gallego conservo 
siempre un marcado seseo espafiol — ■ 
se escucho raramente en el recinto. 

Su nombradia como hombre de le- 
tras todavia no rebasaba de un circu- 
lo muy reducido. "El Viejo Pancho" 
era ignorado por este tiempo, y es 
logico que pasara desapercibido co- 
mo pasd quien era tan modesto de 
natural. 

No fue reelecto al fin de su man- 
dato en la camara y entonces em- 
prendid un viaje a Europa para vi- 
sitar a su anciana madre y a sus dos 
hermanos. 

Los afios que siguieron al regre- 
so fueron los afios de la consagra- 
cion literaria y el 8 de enero da 
1922, la ciudad de San Jose, txibu- 
tandole justo y excepcional home- 
naje, lo eonsagro ante el pais como 
excelente cultivador de la poesfa 
criolla. 

Una larga enfermedad que lo fue' 
aniquilando despues de sufrir mu- 
cho, concluyo con su vida en Mon- 
tevidedo, el 28 de julio de 1924, pero 
sus restos mortales fueron a reposar 
en Tala, donde dormia su hijo pri- 
mogenito. 

Alonso y Trelles, — piensa uno de 
sus criticos — desarrollo su vida li- 
teraria como dramaturgo aldeano, 
versificador castizo, hombre de pren- 
sa y poeta criollo, pero solamente 
bajo este ultimo aspecto — aspecto 
superior reconocido sin distingos — 
es que lo han de contemplar las ge- 
neraciones vinientes. 

Conocido unicamente por sus co- 



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laboraciones en "El Fogon", perio- 
dico nativista donde firmaba con el 
nombre de "El Viejo Pancho", su 
primer libro "Paja Brava", apare- 
cido en 1915 — que tenia anticipa- 
dos elogios de periodistas de tierra 
adentro como Luis Hierro y Casia- 
no Monegal — desperto particular 
interes. 

Desde entonces, el nombre y la 
lama de Alonso y Trelles no han 
hecho sino acrecentarse y en la ac- 
tualidad tiene un puesto eminente 
y muy personal sobre todo, entre los 
cultores de la poesia criolla en el 
RIo de la Plata. 

"Paja Brava", coleecion de versos 
de la cual se han heeho seis u ocho 
ediciones es — puede decirse — el 
unico exponente bibliografico de 
Trelles, fuera del cual apenas conta- 
rian — como elemento de estudio 
critico — "Juan el Loco", poema de 
1897, y "Guacha", ensayo de drama 
nacional. 



ALVAREZ, JULIAN 

Constituyente de 1830, legislador y 
magistrado. 

• Nacido en Buenos Aires el 9 de 
enero de 1788, hijo de Saturnino Al- 
varez, espanol, y de madre portefia, 
la buena posicion de su familia le 
permitio tener los mejores maestrcs 
de la epoca y desde 1800 fue alumno 
del Colegio de San Carlos, pasando 
en 1804 a la Universidad de Cordo- 
ba. Aqui estuvo poco tiempo, pues 
se traslado a Chuquisaca, siguiendo 



cursos en la Universidad Mayor de 
San Francisco Javier, en la cual ob- 
tuvo el titulo de doctor en Canones 
y Leyes en 1808. 

De vuelta en Buenos Aires, sus 
padres, con el absolutismo de la epo- 
ca, r-esolvieron destinarlo a servi- 
cio de la Iglesia y ya con los habi- 
tos de reglamento aprontabase para 
disputar en concurso un cargo en 
la Catedral, cuando la Revolucion 
de Mayo trastorno todos los proyec- 
tos, pues Alvarez, en alas de sus in- 
timas inclinaciones que no lo diri- 
gian precisamente al sacerdocio, 
adhirio desde el primer momento a 
la causa de la patria, y en enero de 
1811 tuvo un destino en la Secre- 
taria de Gobierno de las nuevas 
autoridades. 

Ligado a la marcha de los sucesos 
politicos, fue diputado por San Juan 
en la Asamblea del ano 12, oficial 
l 9 del Ministerio de Obras Publi- 
cas y redactor de la Gaceta, sin per- 
juicio de que en las luchas de las 
facciones se hubiera visto destituido, 
procesado y perseguido. A la hora 
en que la anarquia hizo presa de las 
provincias, el ano 1820, el Dr. Alva- 
rez, que recobraba la libertad des- 
pues de haberse visto asegurado en 
la prision con una barra de grillos, 
abandono su ciucfad natal y con to- 
dos los suyos vino a vivir en Mon- 
tevideo. Aqui, excusando cualquier 
contacto con los dcminadores de la 
Cisplatina, contrajose a su profesion 
de abogado que ejercio con notorio 
prestigio. 

El levantamiento de la Provincia 



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el afio 25 lo volvio, sin embargo, a 
la vida politica y electo diputado 
por San Jose, vino a incorporarse a 
la Asamblea General Constituyente 
y Legislativa el l 9 de enero de 1829, 
pero sin renunciar a su patria de ori- 
gen y dispuesto a renunciar su cargo 
en caso de que se planteara la op- 
cion. 

Participo el Dr. Alvarez con gran 
empeno en las tareas de la Asam- 
blea y — segun su prolijo biografo — 
"aporto a aquel conclave de primi- 
tivos sus luces juridicas y contribu- 
yo con asiduidad y teson a la obra 
constitucional, siendo por su pon- 
deracion y su equilibrio uno de los 
artifices mas lucidos de nuestro pri- 
mer Codigo Politico". 

Organizados los poderes piiblicos 
de la joven Republica, dimitio la di- 
putacion al ser electo camarista del 
Superior Tribunal de Justicia el 12 
de agosto de 1829, cuya presidencia 
entro a ejercer en marzo de 1832, 
cargo que mantuvo 12 afios, hasta el 
dia en que hizo abandono de la ad- 
ministracion publica. 

Iniciado el infaltable periodo de 
luchas internas en el cual debia de 
moldearse el pais, lenta y dolorosa- 
mente, cuando alrededor de los cau- 
dilios los bandos politicos principia- 
ron a concretarse, el Dr. Alvarez, por 
inclinacion natural figuro entre los 
partidarios del general Fructuoso 
Rivera, el hombre de guerra "que 
— segun el maestro de Ariel — pro- 
pendio siempre a reconocer y con- 
sagrar el valor sccial y politico de 
la inteligencia y se roded de ele- 



mentos de civilizacion, de saber y 
de cultura". 

Electo diputado por Soriano en la 
primera legislatura, ejercio su man- 
dato, no obstante su investidura 
de juez, previa la declaracion oficial 
correspondiente, de que no eran 
incompatibles. 

Participe en las enconadas polemi- 
cas de prensa del termino guberna- 
mental de Rivera, en el del general 
Oribe, antes y despues de que se en- 
cendiera la guerra civil, su predica 
fu6 de cordura, de tolerancia y de 
concordia, tccandole formar entre los 
miembros de la Comision que nego- 
cio la paz del Miguelete n 1838. 

Restablecidas las normas de la 
Constitucion al cabo del intermato 
dictatorial de Rivera, fue electo di- 
putado por Montevideo. 

Presidente de la Camara en tres 
periodos, su politica de apacigua- 
miento se hizo cada vez mas acen- 
tuada, propugnando porque el pre- 
sidente Rivera — en aquel segundo 
periodo de mando — no reincidiera 
en los errores del primero, evitando 
a la vez los escollos en que habia 
concluido por estrellarse el presi- 
dente Oribe. 

Vivio los dias de la Guerra Gran- 
de y alcanzo todavia los primeros 
nueve meses, jubilado como cama- 
rista desde el 23 de setiembre de 
1841. 

Invitado a participar como Secre- 
tario de Estado en las funciones del 
Gobierno, negose a salir del retiro 
en que se habia refugiado, para en- 
tregarse pacificamente a estudios de 



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letras y en especial a las letras his- 
t6ricas, de su predileccion. 

Su fallecimiento tuvo lugar el 25 
de noviembre de 1843 y el Gobierno 
de la Defensa le decreto honores 
conformes a la categoria de briga- 
dier general. 



ALVAREZ, Miguel SATURNINO 

Ministro y magistrado judicial, 
nacido en Montevideo el 26 de ma- 
yo de 1826, hijo de Julian Alvarez 
y de Pascuala Obes. 

El 4 de abril de 1848 entr6 al Mi- 
nisterio de Relaciones Exteriores en 
calidad de olicial auxiliar, sirvien- 
do ese puesto hasta abril de 1852 en 
que pas6 a oficial de la Colecturia, 
donde iba a permanecer hasta no- 
viembre de 1856. En ese periodo ini- 
cia y concluye su carrera de dere- 
cho, graduandose de licenciado en 
jurisprudencia en 1854. 

Al triunfo de la revolucion del 
general Flores fue designado Juez 
de lo Civil de la 1? Seccion con fe- 
cha 3 de marzo de 1865, puesto que 
sirvi6 hasta junio de 1867. Poco 
duro la interrupcion de la carrera 
sin embargo y en marzo del 68 re- 
ingresaba a la magistratura con 
igual destino que el anterior, pero 
en funciones de Juez de la 2? Sec- 
cion. 

El 4 de marzo de 1873, recien elec- 
to Presidente de la Republica el Dr. 
Jose" Ellauri, llamo a su lado al Dr. 
Alvarez para integrar el gabinete 
en la cartera de Gobierno. No obs- 



tante las graves dificultades del pe- 
riodo en que hubo de actuar, des- 
empefiose cumplidamente en su ele- 
vado cargo y solo el 13 de enero de 
1875, por superiores razones de con- 
veniencia politica, hizo abandono de 
su cartera. Designado para sucederla 
Juan Ramon Gomez, este no tuvo 
tiempo de tomar posesion del Mi- 
nisterio pues al siguiente dia esta- 
116 el motin militar que dio en tie- 
rra con las autoridades constituidas. 

En tarea de reorganizarse el Po- 
der Judicial cuando el coronel La- 
torre, abandonando la dictadura se 
hizo votar Presidente constitucional, 
la Asamblea eligio al Dr. Saturnino 
Alvarez, junto con los doctores Lau- 
delino Vazquez y Martin Berindua- 
gue, como integrante de la primera 
Sala del Tribunal de Justicia, pero 
don Saturnino hizo renuncia del car- 
go fiel a la honradez de sus con'- 
vicciones principistas. La Asamblea 
acepto la dimision, designando para 
sustituto al Dr. Rosendo Otero. 

Luego de continuar alejado de la 
vida publica todo el deplorable pe- 
riodo gubernamental de Santos, fue 
electo senador por Minas en marzo 
de 1887 en la presidencia del gene- 
ral Tajes y del Senado paso a Mi- 
nistro del Supremo Tribunal de Jus- 
ticia el 16 de junio del mismo ano, 
llenando la vacante del camarista 
Dr. Rucker. Formaba parte de aquel 
cuerpo cuando se creo la Alta Cor- 
te de Justicia en el afio 1907. La 
avanzada edad y la salud escasa del 
Dr. Alvarez alejaban la posibilidad 
de que el dignisimo magistrado vie- 



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se coronada su carrera ingresando 
al supremo organismo judicial, y de- 
j6 el cargo el 25 de noviembre del 
citado afio. 

Acogiose entonces al retiro con 
casi 38 afios cumplidos de merito- 
rios servicios rendidos al pais y vi- 
no a fallecer en la capital, en medio 
de todos los respetos que merecia su 
austera vida, el 3 de diciembre de 
1911. 



ALVAREZ, RAMON Manuel 

Progresista y emprendedor ciuda- 
dano a quien se debe el proyecto y 
planteamiento de varias importantes 
poblaciones en el sur de la Repu- 
blica. 

Habia nacido en Montevideo, el 
31 de agosto de 1833, hijo de Jose 
Alvarez y de Felipa Medina, espa- 
fioles. 

Vinculado a los departamentos mas 
proximos a la capital por la indole 
de sus ocupaciones habituales, con- 
cibio la idea de implantar en sitios 
que ofrecieran adecuadas condicio- 
nes, los metodos de sub-division de 
tierras y creacion de barrios que — 
por los afios de la decada 1870 — ha- 
bian cobrado credito y desarrollo 
extraordinario, merced a la accion 
de compafiias particulares expresa- 
mente organizadas. 

Eran estas los llamados popular- 
mente "Fomentos" que propiciaban 
la venta a largos plazos de pequefias 
fracciones, que los adquirentes en- 
traban a poseer de inmediato a con- 



dicion de mejorar y poblar sus par- 
celas. 

En ese orden de ideas Alvarez pu- 
so en planta el pueblo de La Paz, en 
la margen derecha del arroyo Las 
Piedras, en Canelones, lindando eon 
el departamento de la Capital; el 
denominado 25 de Agosto, en Flo- 
rida, proximo al rio Santa Lucia, y 
el de 25 de Mayo, conocido luego 
por Isla Mala, tambien en Florida. 
Ubicaciones elegidas con tino, al- 
gunas como La Paz e Isla Mala 
en sitios abundantes en canteras de 
buena piedra y ligadas todas ellas a 
la capital por los rieles del ferroca- 
rril, los adelantos y la prosperidad 
correspondieron a la iniciativa de 
su fundador. 

Los propios terrenos — ademas — 
proveian a Alvarez de dinero para 
mejorar y embellecer las localida- 
des: los bancos de la plaza de La 
p az — por ejemplo — fueron paga- 
dos con solares. Las parcelas obte- 
nian, por otra parte, precios increi- 
bles y en la precitada localidad, mi- 
diendo 10 por 45 varas, se coti- 
zaban en 1872 a 100 pesos. 

El negocio de tierras sufrio con el 
tiempo una grave merma y el des- 
crddito de los "Fomentos" caidos en 
falencia, repercutio sobre todos. En 
1882, Alvarez, arruinado, se habia 
ido a vivir en Isla Mala. 

Francisco Piria — el gran especu- 
lador en solares — rindiendo home- 
naje a. Ramon Alvarez, dijo alguna 
vez, que era un "incansable obrero 
del progreso" y uno de esos hom- 
bres que como los dioses, nunca de- 



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bian envejecer, lamentando el des- 
amparo en que dejaba el pais a 
quien tanto habia contribuldo a su 
adelanto. 

B'allecio en Montevideo el 12 de 
marzo de 1897. 



ALVAREZ BENGOCHEA, FELIPE 

Ciudadano con servicios a la cau- 
sa patria, que remontaban a los dias 
del primer levantamiento del pais a 
la voz de Artigas, y Secretario de 
la Asamblea de la Florida. 

Natural de San Fernando de Mal- 
donado, sus primeras funciones pii- 
blicas las desempen.6 en su villa 
natal, como Secretario del Cabildo. 

Hombre civil, se hizo soldado pa- 
ra enfrentar a los portugueses en sus 
invasiones y fue de los gloriosos 
vencidos de India Muerta el 19 de 
noviembre de 1816. 

Sojuzgada la provincia por el ex- 
tranjero, en 1824 marcho a radicarse 
en Maldonado para ejercer la pro- 
fesion de escribano, conforme lo ha- 
bilitaba un titulo reciente, pero la 
expediccion de Lavalleja en abril del 
afio siguiente vino a interrumpir sus 
tranquilas tareas, pues desde el pri- 
mer momento diose por entero al 
movimiento emancipador. 

Recomendado por su entusiasmo y 
adhesion probados a la causa de la 
libertad, asi como por la indole de 
sus actividades profesionales, los 
asambleistas de la Florida lo distin- 
guieron con el cargo de Secretario, 
tocandole en esas funciones redactar 



las Actas historicas del 25 de Agos- 
to de 1825, cuando la provincia 
Oriental, reasumio la plenitud de la 
soberania. 

En momentos en que los diputados 
entraron en receso, en el mes de 
noviembre, Alvarez Bengochea pas6 
a ejercer funciones de Escribano del 
Gobierno provincial, cuyo protocolo 
estuvo a su cargo hasta fines del 
afio 26 y en el propio termino, a tl- 
tulo provisorio, desempeho tempo- 
ratmente la Secretaria del mismo 
gobierno. 

Constituida la Republica, se le en- 
cuentra en 1834 en la Villa de Rocha 
tiabajando como notario. Nombrado 
Receptor de la Aduana de Salto en 
febrero de 1836, la revolucion enca- 
bezada por su amigo el general Ri- 
vera lo determino a abandonar el 
cargo para unirse a sus compafieros 
de causa. 

Apenas la revolucion triunfo, el 
jefe vencedor en ejercicio del go- 
bierno, fue llamado a desempenar la 
receptoria de Maldonado el 15 de 
octubre de 1838. 

Siguio al caudillo amigo en las al- 
temativas de la Guerra Grande com- 
partiendo los altibajos |3e su fortu- 
na y en los dias en que Rivera ha- 
llabase en Rio Grande proscrito, 
Francisco Javier Brato testigo pca- 
sional, tuvo oportunidad de encon- 
trar por alla, emigrado a su turno, a 
Alvarez Bengochea. 

Probablemente fue en esta limf- 
trofe provincia del Imperio donde 
terminaron sus dias, en fecha que 
todavia nos falta precisar. 



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AMA 



AMA 



AMARILLO, JAVIER 



Jefe de milicias descendiente de 
aborigenes, de donde el general apo- 
do de Indio Amarillo con que se le 
conocia, aunque tal vez la grafia pu- 
diera ser Amarilla. 

Famoso en la zona noroeste de la 
Republica, su pago habitual era la 
campafia del antiguo departamento 
de Salto. Analfabeto y sin capaci- 
dad para discernir claramente, pe- 
leo en uno u otro bando, segun le 
vinieran las cosas y segun lo que 
creia sus conveniencias. 

Duefio de un temperamento gue- 
rrero a toda prueba, "pelear era su 
descanso" conforme al dicho clasi- 
co, al principio de la Guerra Gran- 
de mantuvose en armas contra lcs 
oribistas. Titulabase capitan y am- 
parado en los montes donde era ba- 
quiano, tuvo en alerta a las autori- 
dades de Salto y Paysandu, pero 
luego peleo al lado de Lamas contra 
los riograndenses depredadores de la 
frontera. En el alzamiento de lcs 
caudillos oribistas en 1853, para re- 
poner en el gobierno al presidente 
Giro, se le encuentra de nuevo en 
armas. 

El 21 de setiembre se presento 
frente a la Villa del Salto con un 
abigarrado escuadron de setenta 
hombres donde predominaba el ti- 
po mestizo o indio, pero hallando al 
pueblo en aptitud de defenderse, de- 
sistio del ataque e hizo rumbo a 
Dayman. 



El 24 tuvo un choque con las 
fuerzas del comandante Sandes y 
su gente se le disperso, pero a los 
pocos dias ya estaba de nuevo al 
frente de una buena hueste. 

En el parte en que se noticia la 
muerte del comandante Timoteo Do- 
irunguez, sorprendido en Soriano en 
noviembre de 1853, se mencionan 
como jefes de las fuerzas que lo de- 
rrotaron, a Francisco Laguna y a 
Amarillo. 

Con la movilidad que le distin- 
guia al capitan indio, en diciembre 
se le situa de nuevo en Paysandu, 
aunque con gente tan mermada que 
entro en tratativas con el comandan- 
te Jose Mundell, jefe de vanguardia 
de Sandes, para someterse. Mundell 
lo indulto pero lo retuvo a su lado 
con 7 de sus hombres. 

Parece, no obstante, que el some- 
timiento fue una treta y que Ama- 
rillo solo esperaba la ocasion de fu- 
gar y en preparativos del golpe en- 
vio uno de los suyos a tomar noti- 
cia de las fuerzas y caballos del ca- 
pitan Soria, desprendido de la gen- 
te de Mundell. Sospechando este de 
las intenciones del peligroso indio, 
opto por remitirlo a su jefe en la 
ciudad de Paysandu. 

Sandes, que peco siempre de ex- 
peditivo y duro, lo mando fusilar el 
19 de diciembre de 1853. La ejecu- 
cion del capitan Amarillo sin pre- 
vio juzgamiento legal, configura una 
demasia cruel e injustificable, sin 
que valga alegar que se trataba de 
practicas corfientes en aquellas agi- 
tadas epocas. 



AMI 



AMI 



AMILIVIA, GERONIMO de 

Militar, nacido en Espafia, que 
vino muy mozo a esta tierra y se 
vinculo a ella, formando en los cua- 
dros de nuestros ejercitos, afiliado 
siempre al Partido Blanco. 

Nacido en Zarauz — provincia de 
Guipuzcoa — el 11 de mayo de 1821 
y destinado a la carrera eclesiastica, 
f ugo ■ del colegio cuando tenia trece 
afios para sentar plaza voluntario, en 
las filas del pretendiente Carlos V, 
en la guerra de siete afios. 

Terminada la lucha civil en 1840 
con el Cor--!nio de Vergara, emigro 
primero a Francia y dos afios mas 
tarde embarcdse para America, rum- 
bo a Montevideo, donde tenia dos 
hermanos, uno de ellos cura. Llego 
aqui en noviembre del 42 y marcho 
al departamento de San Jose. 

En dias en que despues del desas- 
tre de Arroyo Grande, el coronel 
Antonio Diaz preparaba el levanta- 
miento de los elementos blancos de 
campana que facilitarfan la invasidn 
y las operaciones al sur del Rio Ne- 
gro, el comisionado para obrar en 
San Jose fue el teniente coronel 
Juan M. Caballero, al que se le con- 
firio el titulo de Comandante Gene- 
ral del departamento. 

Entonces Amilivia y su hermano 
Juan Jose tomaron las armas en las 
filas . blancas, porque entre "los 
blancos" y contra los "negros" ha- 
bian peleado en Espafia, donde se lla- 
maban blancos los carlistas y negros 
los liberales. 



Como sus paisanos y como los 
nuestros, "vivia de habitos, es de- 
cir, de tradiciones, y no de ideas" 
y sirvio a los blancos toda la guerra. 

Antiguo soldado, recien le dieron 
entrada en las fuerzas armadas con 
el grado de capitan de Guardias Na- 
cionales de San Jose en 1863. En 
julio del mismo afio el presidente 
Bernardo Berro lo ascendio a sargen- 
to mayor graduado y llego a tenien- 
te coronel de linea el 18 de febrero 
de 1865. 

Su carrera quedo detenida con la 
caida de los gobiernos de su parcia- 
iidad, y vivio en permanente rebe- 
lion interior, pronto a alzarse en ar- 
raas cuando cuadrara. No obstante, 
en la presidencia del doctor Herrera 
y Obes se le confirio el grado de 
coronel (1890) y la efectividad U&a- 
tro afios mas tarde. 

En el intervalo de estas fechas de 
su carrera oficial, fue revoluciona- 
rio las veces que el ^partido blanco 
levanto bandera de guerra. En la re- 
volucion de 1870-72, tuvo a sus 6r- 
denes un batallon, en el Sauce. 

Cuando el movimiento popular en 
1886, vino al pais con el ejercito qua 
vadeo el Uruguay por Guaviyu, en 
caracter de jefe del 3er. batallon de 
infanteria, encontrandose en la de- 
rrota del Quebracho el 31 de marzo. 

En las revoluciones de 1897 y 1904 
tambien salio a campafia, dando 
muestras de energia y de resisten- 
cia raras en hombres de tan avan- 
zada edad. 

Fue en sus ultimos dias un sim- 
bolo viviente del pasado a quien se 



— 58 — 



AMU 



AMU 



dispensaba justa consideracion. En 
1909, refiriendose a las tendencias 
que dividian al Partido Nacionalis- 
ta — que era el partido blanco y el 
suyc — dijo: "Nosotros, los viejos 
partidarios, no sabemos que es eso 
de radicales ni conservadores: nos- 
otros somos siempre blancos del Ce- 
rrito". 

Murio el veterano coronel Amili- 
via en Montevideo a los 89 afios, el 
6 de setiembre de 1910. 



AMUEDO, JOSE 

Militar, de carrera mas afortuna- 
da que intensa, que alcanzo a gene- 
rsl de la Republica. 

Nacido en Montevideo el 7 de mar- 
zo de 1852, hijo de Jose V. Amuedo 
y de Micaela Pimienta, se enrolo co- 
mo soldado distinguido en el bata- 
llon 2? de Cazadores en abril de 
1871, durante la revolucion encabe- 
zada por el coronel blanco Timoteo 
Aparicio. 

Al ajustarse la paz tuvo categoria 
de subteniente de bandera en junio 
de 1872, y de subteniente el 14 de 
febrero de 1873. Ascendido a te- 
niente 2? el 24 de abril de 1875 y 
a teniente l 9 el 29 de setiembre de 
1876, el 8 de enero de 1879 llego al 
grado de capitan. 

Vinculado al coronel y mas tar- 
de capitan general y todopoderoso 
Maximo Santos, este le dispenso su 
proteccion ascendiendolo a sargento 
mayor el 2 de mayo de 1881, pasan- 
do en este mismo mes a la Jefatura 



de Paysandu, como comisario de 6r- 
denes e inspector de policia, cargo 
que desempefio hasta febrero del 83, 
fecha en que, ascendido a teniente 
coronel graduado el 24 de febrero, 
fue nombrado edecan del gobierno. 
El 21 de abril de este mismo afio 
le eonfirio la 2 ? jefatura del bata- 
llon 5 9 de cazadores, puesto en el 
que no estuvo ni un mes, pasando 
el 7 de mayo a mandar la unidad 
como jefe. De tal destino se le tras- 
lado en calidad de 2? al 1 ? de ca- 
zadores el 22 de abril del 84, siendo 
designado para mandarlo en jefe el 
23 de diciembre. 

Al frente del l 9 en el ejercito del 
general Maximo Tajes, se hallo en 
la batalla del Quebracho el 31 de 
marzo de 1886 y a caballo, cubier- 
to con un poncho blanco que lo se- 
fialaba a las balas enemigas, siem- 
pre en los puntos de mayor peligro, 
el valor y la serenidad de Amuedo 
llamaron la atencion de amigos y 
enemigos. 

Teniente coronel desde el 9 de fe- 
brero de 1886, ascendio a coronel ei 
18 de noviembre del mismo afio. 

Cuando sobrevino la renuncia pre- 
sidencial de Santos y asi que prin- 
cipio a disenarse la reaccion politi- 
ca del nuevo presidente general Ta- 
jes, el coronel Amuedo manifestose 
dispuesto a acatar como militar las 
medidas que el primer magistrado 
pudiera tomar dentro de sus atribu- 
ciones legales, pero solicito se le 
dispensara de intervenir en forma 
activa y formal contra un regimen 
y un hombre a quienes habia ser- 



AMU 



ANA 



vido. El general Tajes, interpretan- 
do sus escrupulos lo llamo a su la- 
do como Edecan de la Presidencia, 
reemplazandolo en la jefatura del 1° 
por el coronel Pedro Callorda, con 
fecha 22 de diciembre de 1886. 

Persistiendo en su actitud perso- 
nal respecto al general Santos, lo 
visito en el destierro de Buenos 
Aires, durante su ultima enferme- 
dad, siendo uno de los antiguos je- 
fes que lo rodeaban en su lecho de 
muerte. 

Considerando estos detalles de ca- 
lidad moral, el Dr. Julio Herrera 
y Obes designo a Amuedo jefe del 
l 9 de Cazadores el 22 de agosto de 
1890, rnanteniendolo en el puesto 
hasta el fin de su gobierno y le dio 
el grado de general de brigada el 
17 de febrero de 1894. 

Llamado a servicio en 1897 por 
Idiarte Borda, como Comandante de 
Fronteras al sur del RIo Negro du- 
rante la revolucion nacionalista, re- 
nuncio su puesto por discrepancias 
con el Presidente. 

Derrocada la Asamblea Nacional 
en 1898 y proclamada la dictadura 
de Juan Lindolfo Cuestas, el general 
Jose Amuedo fue el hombre sefia- 
lado para polarizar las fuerzas opo- 
sitoras poniendose al fren',-2 de la 
reaccion contra el gobierno de he- 
cho. Pero su estado de salud era en 
extremo delicado y en espera de su 
mejoria fue necesario aplazar una y 
otra vez el proyectado movimiento. 
Inutil espera, por lo demas, pues el 
general fallecio el 17 de junio de 
1898, a la hora en que los aconteci- 
mientos poh'ticos parecian ofrecerle 



un papel de excepcional importancia. 

Temeroso el gobernante de facto 
de que el entierro de Amuedo diera 
motiyo a manifestaciones opositoras, 
ordeno apresurar el acto de la inhu- 
macion a la vez que dispuso cuida- 
dosas medieas militares, concentran- 
do fuerzas en ciertos cuarteles por 
cuyo frente debia desfilar el cortejo. 

Era Amuedo hombre de caracter 
reservado y de figura marcial en que 
se mezclaba la simpatia y el respe- 
to. Honrado y sereno por tempera- 
mento, paso por una epoca tremen- 
da de la historia nacional sin que se 
le -concrctara una accion capaz de 
significar tacha singularizada. 

El 26 de julio de 1894 habia con- 
traido enlace con dona Teresa Mas- 
caro. viuda del presidente Maximo 
Santos. 



ANAVITARTE, FEDERICO Segun- 
do Maria 

Periodista y mihtante politico 
uruguayo, ultimado en el Paraguay 
por orden del mariscal Francisco So- 
lano Lopez. 

Nacio en Montevideo el 9 de fe- 
brero de 1833 y desde joven senalo- 
se pcr su exaltacion, que al finali- 
zar la administracion de Berro y co- 
mienzo de la de Aguirre agudizose 
mas todavia, siendo una de las plu- 
mas bravas del diario "El Pais" de 
Montevideo, que no pecaba desde 
Iuego por su moderacion. 

Uniendo la accion a la palabra, 
prestaba servicios militares como 
teniente 1° de un batallon de Guar- 



— 60 — 



ANA 



ANA 



dias Nacionales en Montevideo. 

Triunfante la revolucion colorada 
del general Flores, que el tan encar- 
nizadamente habia combatido, paso 
a Entre Eios dispuesto a irse al 
Paraguay para volver con los auxi- 
lios que prometia a los blancos ven- 
cidos el presidente Francisco So- 
lano Lopez. 

Saliendo de Concepcion del Uru- 
guay el 22 de agosto de 1865 y fil- 
trandcse por entre las poblaciones y 
lineas argentinas, consiguio despues 
de una travesia de ciento cincuenta 
leguas llegar al campamento para- 
guayo de Las Cuevas. con un grupo 
de correligionarios donde f ormaban 
el Dr. A. de las Carreras, Telmo L6- 
pez, Antonio Tome y otros. Del cam- 
pamento un buque de guerra para- 
guayo los condujo a Humaita y de 
alli pasaron a Asuncion. 

En esta capital vivio unos cuantos 
meses y llevaba camino de unirse 
con la hermosa asuncena Barbara 
Jovellanos, cuando comenzaron los 
terrores del Mariscal Presidente. 

Envuelto en las sospechas y en los 
chismes de los espias del tirano fue 
preso, llevado al ejercito y ejecuta- 
do por fin despues de sufrir los 
barbaros tormentos de la "justicia" 
del Supremo, del mismo modo que 
casi todos los compatriotas uru- 
guayos que cegados por la ilusion 
lopista, cayeron bajo la garra del 
Mariscal guarani. 

Su nombre esta incluido eti las 
famosas "Tablas de Sangre" del ge- 
neral F. I. Resquin, correspondientes 
a los dias atroees de San Fernando, 
donde figuran tantos nombres ilustres. 



ANAYA, CARLOS 

Encargado varias veces del Poder 
Ejecutivo en su calidad de Presiden- 
te del Senado; soldado de la Patria y 
miembro de la Asamblea de la Flo- 
rida el afio 25. Nacido en la villa de 
San Pedro, en Buenos Aires, el 4 de 
noviembre de 1777, paso a los 20 
anos a residir en Montevideo en ocu- 
naeiones de comerciante y se incor- 
poro voluntario a los ejercitos de la 
revolucion, siendo teniente en la ba- 
talla de las Piedras. 

Reiniciada la lucha por la emanci- 
pacion el ano 25, cuando Lavalleja 
invadio con su punado de companeros 
el 19 de abril, Anaya busco el modo 
de sumarse al levantamiento del pais 
y tratandose de un ciudadano de ilus- 
tracion y condiciones poco generales 
en la epoca, tuvo prestamente im- 
portantes destinos en la provincia 
sublevada, siendo nombrado comi- 
sario general de guerra el 14 de ju- 
lio de 1825 y al ano siguiente juez 
de 1 ? instancia en el Depto. de Mal- 
donado. Electo representante de esta 
jurisdiccion para la Asamblea Ge- 
neral de la Florida, firmo las famo- 
sas declaraciones del 25 de agosto 
de 1825, en que la Provincia reasu- 
mia la plenitud de Ia soberania e 
independencia y declaraba incorpo- 
rarse a las Provincias Unidas. 

Siendo gobernador y capitan ge- 
neral de la provincia el brigadier 
general Juan Antonio Lavalleja, 
Anaya desempeno funciones de se- 
cretario de gobierno y hacienda. del 
7 de abril al 5 de julio de 1826. 



— 61 — 



ANA 



ANA 



Senador por el departamento de 
Soriano en la 1 ? legislatura y Presi- 
dente del Senado en febrero de 1834, 
por ausencia del titular de la Presi- 
dencia, general Fructuoso Rivera, 
que habia sido autorizado por el 
cuerpo legislativo para mandar en 
persona el ejereito nacional a fin de 
combatir la insurreccion lavallejia- 
ta, entro a ejercer el Poder Ejecuti- 
vo el 6 de marzo de 1834. Como el 
periodo presidencial de Rivera ter- 
minaba el 24 de octubre del 34, el 
conquistador de Misicnes, que en 
esos dias se encontraba en la fronte- 
ra del Brasil acampado en la costa 
del Yaguaron, se traslado a Monte- 
video para deponer su autoridad en 
manos de Anaya, que debia seguir 
ejerciendo el Poder Ejecutivo hasta 
que la nueva legislatura a reunirse 
en febrero del 35, procediese a elegir 
el segundo Presidente de la Repu- 
blica. 

En 1837, con motivo de salir a 
campafia el presidente Oribe, en 
operaciones contra el general Rive- 
ra que habia alzado bandera de re- 
belion, Anaya torno a interinar la 
presidencia desde el 24 de febrero 
del 37 hasta el 19 de febrero del 38 
en que el titular estuvo de nuevo en 
la capital. Resuelto que Anaya mar- 
chase como Ministro Plenipotencia- 
rio a Rio Janeiro, se solicito la co- 
rrespondiente venia, pero los suce- 
sos politicos no permitieron ni si- 
quiera la firma del respectivo de- 
creto. 

Pertenecen al gobierno de Anaya 
las leyes que crearon los departa- 
mentos de Salto y Tacuarembo, se- 



gregados del antiguo departamento 
de Paysandii, la fundacion de la 
Villa del Cerro, etc. 

Totalmente adicto al presidente 
Oribe, cuando este hizo renuncia de 
la raresidencia en octubre de 1838, 
ausentandose para Buenos Aires, 
Anaya se creyo en el caso de asu- 
mir igual actitud enviando su renun- 
cia al Senado alegando motivos de 
salud y abandonando el pais. 

Hallandose en Buenos Aires, cuan- 
do en 1841 se maquinaba el ataque y 
toma de Montevideo, conforme a un 
plan ideado por el coronel Antonio 
Diaz, entraba en el proyecto que 
Anaya asumiese la presidencia pro- 
visoria. El general Oribe, que daba 
su beneplacito a la candidatura, 
vendria a retomar las riendas del 
mando una vez que concluyera su 
cometido de general de Rosas en las 
provincias argentinas. 

El proyecto de apoderarse de 
Montevideo no paso de tal y Anaya 
regreso al pais unicamente cuando 
Oribe vino a sitiar Ia capital en fe- 
brero de 1843. 

Al resucitar este la representacion 
nacicnal reuniendo en su campo del 
Cerrito los miembros de la Asam- 
blea de 1838 que le eran adictos, 
Anaya — dando como no valida su 
anterior renuncia de senador — reasu- 
mio funciones de Presidente del Se- 
nado . y con retencion de ese cargo 
se le nombro miembro del Tribunal 
de Justicia en 1845. 

Determinado Oribe a salir a cam- 
pana en operaciones militares, dispu- 
so encargar y encargo del gobierno 
— como en epocas de normalidad — 



ANA 



AND 



a Anaya, que continuaba titulandose 
senador y presidente del alto cuerpo 
pese al mucho tiempo corrido de su 
termirio constitucional. Pero los le- 
gisladores del Cerrito, en un arran- 
que jnesperado de independencia 
observaron a su general y jefe que 
las facultades extraordinarias de que 
se hallaba investido no eran delega- 
bles. Planteado el conflicto, Oribe 
tomo la resolucion sensata de desistir 
de su ida al ejercito ehminando de 
este modo la causal de la divergencia. 

Despues de la paz de octubre de 
1851 no se le vuelve a encontrar en 
politica, viviendo en retiro de la ju- 
bilacion que se le habia concedido 
en 1833 como ex-comisario de Gue- 
rra. 

Su asignacion era muy escasa, sin 
embargo y sus ultimos afios los paso 
Anaya en tan gran estrechez econo- 
mica que alguna vez hubo de pen- 
sar — asi se lo dice al presidente 
Pereira en una carta que corre pu- 
blicada — que iba en trance de re- 
currir a la beneficiencia publica. 

Fallecio el 18 de junio de 1862 en 
epoca en que sus correligionarics 
politicos gobernaban la Republica, 
pero murio tan completamente ol- 
vidado, que un diario de su credo se 
considero en el caso de agradecer 
publicamente al coronel Basterrica 
y un grupo de oficiales del batallon 
de su mando, su presencia en el en- 
tierro del anciano patriota. 

"Hombre culto y espiritu inquieto 
y curioso", dedico largas horas a la 
literatura historica, habiendo llega- 
do hasta nosotros una Memoria Bio- 
grafiea, principiada en 1838; una 



"Biografia del Opresor de su Pa- 
tria D. Fructuoso Rivera"; Breves 
apuntaciones en extracto sobre la 
vida militar y politica del Sr. Br. 
Gral. ex-presidente Dn. Manuel Ori- 
be, y Apuntes para la. Historia de la 
Repiiblica Oriental del Uruguay, pu- 
blieados en 1864 en la revista mon- 
tevideana Iris. 

De su memoria postuma se han 
impreso algunos fragmentos y se tie- 
nen noticias de una autobiografla. 

De evidente interes y Uenos de no- 
ticias y de datos ilustrativos, los es- 
critos de Anaya se resienten sin em- 
bargo de mucho apasionamiento que 
en ocasiones, como cuando trata la 
personalidad del general Rivera, to- 
ca el limite de la diatriba. Odios 
que arrancaban de los primeros afios 
de la patria todavia persistfan exa- 
cerbados. 



ANDREONI, LUIS 

Ingeniero. italiano avecindado en 
la Republica desde el afio 1876 y 
que habia visto la luz en Vercelli, 
Piamonte, el 7 de octubre de 1853, 
descendiente de una familia de gra- 
duados universitarios. 

Formado Ingeniero Civil en- la 
Real Escuela de Aplicacion de Na- 
poles con las mas altas notas, tenia 
hechos estudios prehminares en Tu- 
rin, capital de su provincia. 

Llego en plena dictadura de Lato- 
rre y ejercio en el transcurso de una 
larga y litil existencia las mas va- 
riadas actividades, sea en orden tec- 
nico, atinentes directa o indirecta- 



AND 



AND 



mente a su profesion, sea en funcio- 
nes de empresario de obras o 
animador de vastas empresas de pro- 
greso como las explotaciones de ca- 
leras en Pando, la linea del Ferroca- 
rril del Nordeste, el plan de deseca- 
cion de los bafiados del departamen- 
to de Hocha, etc. 

Incorporado al claustro de la Fa- 
cultad de Matematicas, fue prcfesor 
de carreteras y en la administraeion 
nacional desempend entre otros des- 
tinos el de vocal de la Direccion Ge- 
neral de Obras Piiblicas y los de In- 
geniero y Director de la Oficina Tec- 
nica Administrativa de las obras del 
Puerto de Montevideo. 

A este importantisimo organismo 
dedico el ingeniero Andreoni el mas 
empefioso de sus trabajos, traducido 
en el proyecto de construccion del 
Mercado de Frutos, en el que ha- 
bia conseguido concretar todas sus 
ideas comerciales, industriales y de 
tecnica especial maduradas en mas 
de treinta afios de estudios tenaces 
para resolver el problema. Sin em- 
bargo, el proyecto, que contaba ccn 
el apoyo unanime de las corporacio- 
nes competentes y la aprobacion del 
Consejo Nacional de Administracion 
que habia felicitado expresamente a 
Andreoni, fue sustituido al fin por 
otro mas economico pero que des- 
virtuaba sus fines esenciales. Esta 
rara decision superior afecto de mo- 
do profundo el espiritu del tecnico, 
como debe suponerse. 

En ejercicio de la profesion de 
arquitecto, nuestra capital debe al 
ingeniero Andreoni porcidn de gran- 
des y sobresalientes edificios como el 



Hospital Italiano, el Club Uruguay, 
la Estacion del Ferrocarril Central, 
el palacio Buxareo — actualmente 
Legacion de Francia — , los destina- 
dos para sedes primitivas del Banco 
Ingles — 25 de Mayo y Zabala — y 
del Banco Italiano — calle Cerrito — , 
ademas de muchas suntuosas resi- 
dencias particulares. 

Caracteriza su obra arquitectoni- 
ca una nobleza de lineas clasicas di- 
ficil de confundir y una suntuosidad 
dominadora manifiesta en sus facha- 
das y en sus escaleras magnificas de 
vasta amplitud. 

Espiritu muy cultivado, erudito 
en cuestiones de arte y de arqueo- 
logia, los afios finales de su serena 
vejez transcurrieron entre sus libros 
y sus planos, puestas sus activida- 
des a servicio del Hospital Italiano 
construido por el y Presidente "ad 
vitam" de su Junta Directiva, hasta 
que murio el 20 de mayo de 1936, 
en Montevidec. 



ANDREU, FRANCISCO de Paula 

Militar, que empezo a servir en 
edad temprana e hizo pronta carrera 
en nuestro ejercito. 

Era nacido en Montevideo el 10 de 
junio de 1850, y pertenecio al grupo 
de jefes y oficiales que prosperaron 
en los batallones de linea en la epo- 
ca de Latorre y de Santos y por lo 
tanto tuvo su rol en los planes e 
intrigas de los que se disputaban en 
lucha sorda futuros predominios de 
cuartel. 

Andreu fue uno de los hombres de 



— 64 — 



AND 



ANT 



confianza de Maximo Tajes. Sus ser- 
vicios databan del ano 1868, cuando 
prineipio a servir como soldado en 
el 2 9 batallon de Guardias Naciona- 
les, obteniendo mientras combatia a 
los revolucionarios del coronel Ti- 
moteo Aparicio, los grados de subte- 
niente el 15 de noviembre de 1870 
y de teniente 29 el 17 de marzo de 
1871. 

Designado para prestar servicios 
en el Batallon 3 9 de Cazadores el 
15 de diciembre de 1874, ingreso al 
ejercito de linea recien despues del 
motin del 75, .con el mismo grado de 
milicias, el l 9 de febrero de este 
ano y se le promovio a teniente l 9 
el 15 de abril del 76. Sirviendo 
siempre en el 39 de Cazadores donde 
haria toda su carrera, llego ,a capi- 
tan.el 26 de junio del 77, a sargento 
mayor graduado el 27 de abril del 
80 y " a sargento mayor ef ectivo el 
25 de abril del ano siguiente. Segun- 
do jefe de la unidad mencionada — 
que mandaba Salvador Tajes — el 
8 de marzo de 1882, teniente coro- 
nel graduado el 24 de febrero de 
1883, permanecio en su cargo hasta 
el 21 de enero del 84 en que se le 
dio por sustituto al mayor Martin 
Souberan. 

El decreto alega motivos de mejor 
servicio, pero en verdad, por esos 
dias, algo extrafio iocurrio en los 
circulos militares que pusieron en 
sospecha al presidente Santos, de- 
terminandolo a cambiar o trasladar 
unos cuantos. jefes. 

El 4 de octubre de 1884 paso al 
Ministerio de Guerra y Marina co- 
mo ayudante y en ese caracter el 



general Maximo Tajes, Ministro de 
la Guerra, lo llevo consigo cuando 
fue al Paraguay presidiendo la co- 
mision encargada de devolver al 
pais amigo los trofeos de la campa- 
na de la Triple Alianza. 

Teniente coronel el 9 de febrero 
de 1886, era coronel desde noviem- 
bre del mismo afio al pronunciarse 
la reaccion contra el santismo, y el 
presidente Tajes coloco a Andreu al 
frente del 5° de Cazadores el 22 de 
diciembre. Disuelta esta unidad el 
dia 28, lo transfirio para la jefatura 
del 3 9 , a cuyo frente debia permane- 
cer hasta el 27 de febrero de 1894, 
en cuyo termino integro varias co- 
misiones facultativas especiales. Fa- 
llecio en Salto el 24 de abril de 
1895, despues de sufrir una inter- 
vencion quirurgica. 



ANTONINI Y DIEZ, PABLO San- 
tiago 

Diplomatico, primer representan- 
te del Uruguay en Italia, nacio eh 
Montevideo el 4 de enero de 1844. 
Hijo de un residente italiano enri- 
quecido en el pais, tuvo ocasion de 
preparar su entrada en la carrera 
mediante un viaje de propaganda 
que en favor de la Eepublica realizo 
por Europa, en 1868. Designado 
nuestro Consul General en Italia en 
1869, se le dio la categoria diploma- 
tica como Encargado de Negccios en 
junio de 1871. 

Sucesivamente ascendio a Minis- 
tro residente, en febrero de 1874 y 
luego a Enviado Extraordinario y 



65 — 



5 



■■■■■ . 



ANT 

Ministro Plenipotenciario en mayo 
de 1883, llegando a completar 17 
afios de servicios. 

Con muchas vinculaciones, que no 
excluian al mismo Humberto I, que 
le habia conferido dignidad de Ca- 
ballero de San Mauricio, vio faci- 
litadas sus varias y atinadas ges- 
tiones en el reino, afirmando los la- 
zos de comercio y amistad entre am- 
bos paises y su intervencion perso- 
nal y eficaz ante el monarca en un 
entredicho italo-colombiano dio al 
Ministro Antonini prestigio entre los 
colegas americanos. 

Viajando por motivos de salud, 
agravose repentinamente en el ferro- 
carril y fue hallado muerto en su 
compartimento cuando el convoy 
llego a Verona el 25 de julio de 1887. 

Nuestro gobierno, en el mensaje 
donde solicita una pension graciable 
para la viuda, califica a Antonini de 
laborioso, inteligente y leal servidor 
del Estado. 



ANTUnA, FRANCISCO SOLANO 

Constituyente, legislador y ma- 
gistrado. Vid la primera luz en Mon- 
tevideo el 24 de julio de 1792 y solo 
tem'a quince anos cuando en una es- 
caramuza trabada pocos dias antes 
del asalto y toma de la ciudad por 
los invasores ingleses, resulto con 
una pierna fracturada de bala. 

Incorporado a los ejercitos de la 
patria en seguida de pronunciada la 
Provincia Oriental, desempefio en 
los afios 1813 y 1814 el cargo de ofi- 
cial de cuenta y razdn del arma de 



ANT • 

artilleria. A ffnes del 14 entro a ser- 
vir el puesto de oficial de la Escri- 
bania Mayor de Gobierno y de 1815 
a 1817 fue oficial de secretaria del 
Cabildo Gobernador. Secretario del 
Ayuntamiento en 1818, sirvio en el 
destino hasta 1824, pues acepto la 
dominacion luso-brasilena. 

A raiz de la invasion libertadora 
del 19 de abril hizo abandono de 
su cargo para presentarse en el cam- 
po patriota y ser nombrado secreta- 
rio de la primera legislatura que, 
segiin sabemos, sesiono en distintas 
localfdades departamentales entre 
1825 y 1826. 

En 1827 paso a ser Jefe de la Me- 
sa de Hacienda y redacto con los 
doctores Ocampo y Ferrara el pe- 
riodico s "Eco Oriental" que se pu- 
blicaba en Canelones. 

Marcho a Rio Janeiro en 1829 co- 
mo Secretario del general Azcuena- 
ga, encargado del canje de los trata- 
dos de paz con el Imperio y de vuel- 
ta, los electores del departamento de 
Montevideo lo enviaron a la Asam- 
blea Constituyente en 1830. 

Independizado el pais, encargose 
a Antuna de la organizacion inter- 
na del Ministerio de Hacienda, cu- 
yo despacho tuvo a su cargo desde 
1831 en calidad de Oficial Mayor. 

En esta epoca trasladose por cier- 
to fermirio a Buenos Aires dispues- 
to a dar fin a sus estudios juridicos, 
graduandose de doctor en leyes en 
la capital portefia el 4 de agosto de 
1834, previa presentacion de una te- 
sis sobre "Confiscacion de los bienes 
en los crimenes de lesa patria". 

El presidente Manuel Oribe lo hi- 



— 66 — 



ANT 



ANT 



zo Fiscal General del Estado en 1834 
y retuvo el cargo hasta la caida del 
Gobierno en 1838, afio en que pre- 
sento renuncia del puesto y aban- 
dono Montevideo con los principales 
partidarios de Oribe. El dia que el ex- 
presidente vino a sitiar la capital en 
1843, el Dr. Antufia ofreciole sus ser- 
vicics y Oribe utilizo al juriscon- 
sulto destinandolo a la administra- 
cion de justicia, donde los elementos 
capacitados no abundaban, primero 
como Fiscal desde 1843 a 1845 y co- 
mo miembro y Presidente del Tribu- 
nal de Apelaciones desde 1846 a 1851. 

Despues de la paz de 8 de octu- 
bre de 1851 ingreso al Senado elec- 
to por el departamento de San Jose 
y desempefiaba esas funciones cuan- 
do la Asamblea General lo voto ca- 
marista del Tribunal Superior el 29 
de marzo del 52. 

En los disturbios politicos subsi- 
guientes a la caida del presidente 
Giro en 1853, apoyo a este a la par 
de los prohombres del partido blan- 
co, por cuyo motivo la policia de 
Montevideo dispuso su alejamiento 
del pais entregandole los pasaportes 
el 23 de noviembre. 

Luis Lamas, jefe del Gobierno 
Provisorio instituido a raiz del triun. 
fo de la revolucion del 55 que de- 
puso al presidente Flores, lo nom- 
bro Ministro Secretario de Estado 
en el Departamento de Gobierno el 
31 de agosto. Sirvio el alto cargo los 
doce dias del gobierno de Lamas, 
o sea hasta que asurnio el Poder 
Ejecutivo Manuel Basilio Busta- 
mante. 

Durante la Presidencia de Pereira 



formo parte del Consejo Consultivo 
de Gobierno creado el 10 de marzo 
de 1856, pero que no se constituy6 
nunca. 

Dos afios mas tarde el Dr. Antu- 
fia dejaba de existir en la capital el 
5 de octubre de 1858, despues de so- 
portar con gran espiritu una enfer- 
medad prolongada. 

En consenso general, habia des- 
aparecido con el un benemerito pa- 
tricio envejecido en el servicio de 
la Republica y un hombre de luces, 
que exento a sus afios de toda exal- 
tacion politica, merecia estimacion 
en los distintos bandos partidistas. 



ANTUnA, JOSE Maria 

I 

Militar de las primeras epocas de 
la patria, que alcanzo en el ejerci- 
to grado de coronel. 

Era nativo de la propia capital. 

Licenciadd del ejercito como sar- 
gento mayor, se reincorporo a filas 
en la misma clase y fue agregado al 
Estado Mayor General el 19 de ma- 
yo de 1832 "por sus particulares co. 
nccimientos y aptitudes" y siendo 
necesario "emplearlo de un modo 
util al pais". 

El 20 de diciembre tuvo destino 
en el 2° Escuadron de linea, donde 
presto servicios hasta el 11 de julio. 
de 1835. 

La revolucion encabezada por el 
general Rivera en julio de 1836 lo. 
conto en sus filas, Hegando a tenien- 
te coronel el 20 de octubre de 1838.. 
Prestaba servicios en el Ejercito de 
Operaciones en campafia cuando la 



ANT 



ANT 



invasion de Echagiie y el 25 de abrii 
de 1840 se le designo ayudante de 
la Capitania del Puerto. 

Hombre que gozaba de la personal 
simpatia de Rivera, el cual, bor- 
deando alguna ley, le hizo jefe po- 
Mtico de Montevideo el 8 de no- 
viembre de 1840, tuvo participa- 
cion amplia y constante en mo- 
mentos tan graves para la patria co- 
mo los que corrieron entre los afios 
de la guerra contra el tirano argen- t 
tino Rosas y sus lugartenientes. 

Conforme al decreto de 5 de ene- 
ro de 1841, se le encargd de todo lo 
relativo a la organizacicn de las cua- 
tro companias que venian de crear- 
se reclutadas entre los abastecedo- 
res y carretilleros de la ciudad y al 
cambiarse la estructura de tales cuer- 
pos, transformados algunos en la 
"Legi6n de Policia" — el 18 de mar- 
zo de 1842 — Antuna fue su jefe, 
promovido a coronel en la misma 
f echa, visto ser acreedor a la con- 
fianza del Gobierno y "a su capaci- 
dad y fidelidad". 

Sin embargo, siendo inminente el 
arribo a las puertas de Montevideo 
del ejercito de Oribe que venia a 
ponerle sitio, ceso el coronel Antu- 
na en el puesto de Jef e Politico 
sustituido por Andres Lamas, de- 
biendo salir a campana a hacerse 
cargo de una division que se orga- 
nizaba en Santa Lucia. Asi las 
cosas, una noche el coronel An- 
tufia, abandonando la ciudad, fue a 
buscar refugio en un buque de gue- 
rra sardo. Se habia descubierto — a 
lo que parece — su intervencion sos- 
pechosa en maniobras tendientes a 



favorecer al enemigo, fomentando y 
encubriendo la desercioh de los es- 
clavos manumisos por la ley de di- 
ciembre del 42, que se aplicaban al 
servicio de las armas de la Repii- 
blica. Ocultados en la misma ciu- 
dad, los negros se extraian luego 
clandestinamente o eran embarcados 
a ocultas en los barcos^de bandera 
brasilena surtos en el puerto. La 
irresolucion del Ministro de Gobier- 
no, Antonino Vidal, favorecia — a en- 
tender de Cesar Diaz — "la traicion 
entonces descubierta y despues ofi- 
eialmente calificada del Jefe de Po- 
licia a quien se habia encomendado 
el cumplimiento de la ley". Andres 
Lamas, por su parte, dice "que tenia 
inteligencias con el enemigo y pre- 
paraba una capitulacion". 

La "calificacion oficial" aludida 
es la que se hizo por medio del de- 
creto de 8 de febrero de 1843, sus- 
crito por Suarez y Melchor Pacheco 
y Obes, en que acusandolo de haber 
"desertado cobardemente de las fi- 
las del ejercito", se le da de baja 
en los cuadros, empleandose duros 
calificativos. Este decz-eto debia 
transcribirse en la Orden General 
por termino de ocho dias consecuti- 
vos y asi se hizo, mientras se repe- 
tia en "El Nacional". 

El suceso provoco animados co- 
mentarios que debemos imaginarnos. 
Un periodico, "El Patriota Frances", 
se felicitaba de que Antufia hubiese 
elegrdo para su refugio un buque 
que no era de bandera francesa, 
pues en uno de esta nacionalidad su 
presencia habria despertado des- 
agradables sentimientos. 



68 — 



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Amparado en el pacto de pacifi- 
cacion del 8 de octubre de 1851, a 
los nueve anos casi dla por dia del 
decreto que lo radiaba del ejercito, 
otro decreto expedido el 4 de febre- 
ro de 1852 y que por curiosa coin- 
cidencia lleva al pie la misma firma 
de Joaquin Suarez — refrendada 
ahora por Jose Brito del Pino — se 
declaro al coronel Antufia en pleno 
goce de su reputacion y buen nom- 
bre "adquirido en su dilatada y hon- 
rosa earrera", quedando derogado el 
de 1843. 

Siempre con grado de coronel, se 
le halla figurando como subteniente 
en la extravagante Guardia de Ho- 
nor de la Constitucion y del Go- 
bierno, ideada en noviembre de 1857 
para solaz de las fatuidades seniles 
del presidente Pereira. 

Fallecio en Montevideo el 8 de 
octubre de 1869. 



APARICIO, TIMOTEO 

Militar, general de la Republica 
que dio su nombre a una cruenta re- 
volucion de dos anos encabezada 
por el como jefe del partido blanco. 
Buen lancero criollo, era de tan pro- 
bado valor en la pelea como escaso 
de verdaderos conocimientos en cien- 
cia de guerra. 

Habia nacido en el Paso de Palo- 
meque, del Canelon Grande, el 22 de 
agosto de 1814, pero sus pagos de 
adopcion fueron los de Florida, cir- 
cunstancia que pudo haber inducido 
a error haciendolo aparecer como 
nativo floridense. 



Hombre de campo y lenatero de 
monte en sus afios de mozo, princi- 
pio a servir movilizado contra los 
revolucionarios riveristas llamados 
constitucionales en 1836, ganando sus 
primeros galones. 

Emigrado a la caida de Oribe, 
participo en las campanas de este 
como general de Rosas en las pro- 
vincias argentinas Uegando a ser te- 
niente l 9 ; mas tarde cuando aquel 
invadio la Republica — despues del 
desastre sufrido en Arroyo Grande 
por el ejercito nacional, — Aparicio 
era oficial de milicias con grado de 
capitan. En la Guerra Grande, la 
zona del Este fue el campo princi- 
pal de sus actividades a las ordenes 
de Juan Barrios y de Bernardino 
Olid. Y en este periodo se le acuso 
de haber intervenido en el epi- 
sodio un tanto turbio de la muer- 
te del ccronel Fortunato Silva, afir- 
macion que, repetida con frecuencia, 
no esta confirmada debidamente. 

En la reaccion oribista de 1854 en 
favor del depuesto presidente Giro 
fue derrotado y obligado a deponer 
las armas. Estuvo con las fuerzas 
gubernistas cuando la revolucion 
colorada de Cesar Diaz en 1857-58, 
tocandole ser uno de los jefes de ac- 
tuacion en los dias de la tragedia de 
Quintercs. A raiz de estos sucesos 
se le promovio al grado de coronel 
de Guardias Nacionales de caballe- 
ria el 9 de febrero del 58 y poco 
mas tarde esos despachos le fueron 
cambiados por los de caballeria de 
linea. 

En la presidencia de Berro, com- 
batiendo a los revolucionarios flo- 



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ristas de 1863 a 1865, su movilidad 
bien diferenciada de la pesadez que 
perdio a los generales del gobierno 
incapaces de obligar al caudillo re- 
belde a aceptar batalla, dio justo 
renombre al coronel Timoteo Apa- 
ricio. 

Incansable en las marchas, tampo- 
co esquivo el peligro ni sustrajo su 
persona a los azares de la lucha y 
se le vio en Pedernal cortarse de 
los suyos para pelear a lanzaso lim- 
pio en combate singular con el co- 
ronel Goyo Suarez, jefe de las fuer- 
zas enemigas y en la Horqueta de 
Don Esteban se enfrento con el bra- 
vo comandante florista Modesto Cas- 
tro, cuando este procuraba aimque 
inutilmente hacer volver al comba- 
te a sus huestes dobladas. Perdio 
Castro la vida en el entrevero, deci- 
diendo el lance un tiro de tercerola 
que lo volteo, precisamente cuando 
Aparicio tenia medio empantanado 
su caballo, 

En los ultimos meses del gobierno 
blanco, Aparicio, junto con el coro- 
nel Basilio Muiioz, llevo una peque- 
fia invasion al territorio brasilerio 
llegando a combatir en las mismas 
calles de la ciudad de Yaguaron. Al 
efecto habian cruzado la frontera 
por el departamento de Cerro Lar- 
go, pero la capitulacion del gobier- 
no de Montevideo en febrero de 1865, 
puso fin a la empresa cuyos resulta- 
dos por otra parte siempre se pre- 
sentaron dudosos. 

Desalojado del poder el partido 
blanco el coronel Aparicio emigro a 
Entre Eios. Alli lo fueron a buscar 
algunos hombres politicos correli- 



gionarios para traerlo al pais en son 
de guerra, levantando bandera con- 
tra el gobierno del general Lorenzo 
BatUe. 

No era Aparicio el caudillo natu- 
ral de una revolucion de esta indo- 
le, existiendo como existian otros 
jefes no solo de mayores anteceden- 
tes, sino hombres de una jerarquia 
militar y politica mucho mas alta que 
la de este coronel analfabeto. 

Al respecto, hacia tiempo que esta- 
ba juzgado por compafieros de causa 
y conmilitones de la autoridad y la 
honradez del general Diego Lamas, 
cuando en una carta al presidente 
Berro en 1864, en plena guerra civil 
dice del que mas tarde seria jefe 
de la revolucion del 70: "Como jefe 
no tiene otra cualidad que la mate- 
rial del baqueano y lanceador, in- 
capaz de imprimir direccion a la 
vanguardia del general Medina". 

Pero los politicos estaban empe- 
fiados en ganarse de mano los unos 
a los otros para luego agrandarse 
eada cual a la sombra del jefe que 
encabezara la revolueion, y el que 
diera primero daba dos veces. 

Aparicio, lisonjeado y acicateado 
por sus amigos se lanzo a sorprender 
la plaza del Salto, pero tuvo que re- 
pasar el Uruguay en derrota, en los 
primeros dias de febrero de 1868, y 
mantenerse a la espera de ocasion 
mas propicia. 

El 5 de marzo de 1870 volvio a in- 
vadir a la altura del pueblo de Be- 
len, junto con el comandante entre- 
rriano Inocencio Benitez, que lo ha- 
bla accmpanado en la intentona del 
68. 



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Inieiabase asi la nueva y larga 
guerra civil, que seria conocida po- 
pularmente por la Revolucion de 
Aparicio. 

Durante la misma, gracias al au- 
xilio de nuevos contingentes apor- 
tados por las invasiones de Medina, 
Basterrica, etc, y con los partida- 
rios levantados en todas partes del 
pais, Aparicio tuvo a sus ordenes 
un ejercito tanpoderoso que le per- 
mitio recorrer la Repiiblica, sitiar 
un momento a Montevideo y librar 
cinco batallas campales, dos de ellas, 
Sauce y Manantiales, de las mas 
grandes y sangrientas trabadas en- 
tre uruguayos. 

Sin embargo, la ineptitud del jefe 
revolucionario para dirigir un ejer- 
cito y su porfia en desoir tcdo con- 
sejo que pudiera rozar su suscepti- 
bilidad pretenciosa, valieron mas al 
gobierno de Montevideo que sus pro- 
pios generales y sus soldados. 

Convencido al fin de que nunca se 
llegaria al triunfo, pacto con el pre- 
sidente Gomensoro el convenio del 
9 de Abril de 1872, merced al cual 
aseguraba a su partido importantes 
posiciones politicas. 

A la hora del motin del 15 de ene- 
ro de 1875, el coronel Aparicio acon- 
sejado por los mismos amigos ambi- 
ciosos y sin escrupulos que fueron 
su mala sombra, puso su espada al 
servicio del gobierno usurpador de- 
feccionando la causa legal del pre- 
sidente Ellauri, gobernante modelo, 
de intachable honradez, que habia 
respetado los derechos de todos, ha- 
ciendo cumplir las leyes sin haber li- 
hrado una orden contra la Tesore- 



ria ni otorgado un solo ascenso 
militar. 

La actitud de Aparicio en esta 
emergencia fue objeto de controver- 
sias apasionadas y lo malquisto con 
muchos caracterizados elementos de 
su propio partido. 

Los papeles ineditos del presiden- 
te Ellauri que obran en el archivo 
Fernandez Saldafia y que deben ser 
publicados en oportunidad, prueban 
en forma terminante la inconducta 
del coronel Aparicio y de quienes lo 
llevaron a arriesgar semejante paso. 

En cambio de su reprochable clau- 
ddcacion, los malos consejeros del 
Coronel le consiguieron del gobierno 
usurpador el grado de general de la 
Republica, que le confirid Pedro Va- 
rela con fecha de 5 de febrero de 
1875. 

Estrenando aqueHas mal ganadas 
palmas al producirse el movimiento 
principista de la Reaccion Nacio- 
nal, tomo el mando de una divisi6n 
del sur del Rio Negro, aprestandose 
a combatir a la flor de los antiguos 
companeros del 70 - 72, que fieles al 
dictado del honor empufiaban armas 
por las instituciones. 

Angel Muniz, Julio Arrue, Juan 
Maria Puentes y otros tan prestigio- 
sos, se habian cenido la divisa tri- 
color. 

Sin embargo, el coronel Latorre, 
Ministro de la Guerra, tuvo esmero 
en no dar a su aliado ninguna oca- 
sion de destacarse, y antes de paci- 
ficado el pais, ya estaba en Florida 
como una simple figura decorativa. 

El general Aparicio, por su parte, 
carecia de toda autoridad moral des- 



ARA 



ARA 



pues de pactar con los motineros 
del 75. 

En el gobierno dictatorial del co- 
ronel Lorenzo Latorre, secuela inme- 
diata del golpe del 15 de enero, el 
gobernador, aparentando guardarle 
todos los respetos no solo manejo a 
su antojo al envejecido caudillo blan- 
co, sino que se permitio ponerlo en 
ridiculo haciendolo objeto de grose- 
rias que eran habituales al mandon. 

Avecindado en Montevideo, una 
afeccion que lo aquejaba desde ha- 
cia bastante tiempo puso fin a los 
dfas del vencedor de Pedernal, el 9 
de setiembre de 1882. 



ARAMBURU, DOMINGO Nicolas 

Periodista, hombre politico y ju- 
risconsulto. Nacido en El Cardal — 
campo del general Oribe, sitiador 
de Montevideo — el 22 de mayo de 
1843, era sobrino por Mnea materna 
del cura Domingo Ereno, famoso por 
su militancia politica. 

Su familia, vasca, emigro a Entre 
RIos para radicar en Concepcion del 
Uruguay, en cuyo renombrado cole- 
gio Aramburu hizo los estudios de 
bachillerato, viniendo luego a cursar 
derecho en la Universidad de Mon- 
tevideo para licenciarse en jurispru- 
dencia en 1866. Buen orador, pole- 
mista de fuste y de vasta cultura 
literaria — sobre base francesa — en 
el ejercicio de su carrera adquirio 
merecido renombre como abogado, 
habiendole tocado intervenir como 
defensor de Andres Montano, en la 



instancia en que fue absuelto, acu- 
sado de participacion en el asesina- 
to del general Flores. 

Juez del Crimen de la 2? Secci6n 
en 1874, hizo renuncia del puesto 
cuando las instituciones fueron aba- 
tidas por el golpe militar del 15 de 
enero de 1875. Emigrado en Buenos 
Aires, su alejamiento del pais no se 
prolongo mucho, pues volvio para 
ponerse al frente de su estudio. 

A fines de 1885 ausentose de nue- 
vo para la Republica Argentina to- 
mando parte en los preparativos del 
movimiento revolucionario contra el 
gobierno de Santos, que despues fue" 
aplastado en Quebracho el 31 de 
marzo de 1886. 

Efectuo luego un lafgo viaje a 
Europa y de nuevo en Montevideo, 
participo activamente en politica co- 
mo miembro del Fartidp Constitu- 
cionalista, de cuya junta directiva 
fue' presidente varias veces. 

Dentro de su misma agrupacion 
polftica que se proclamaba fuera de 
los partidos tradicionales, el Dr. 
Aramburu, criado en un ambiente de 
crudo partidarismo blanco oribista. 
por influencia directa del tio parro- 
co de San Agustin, y cuyo hermano 
Pedro habia sido elemento activo 
en las luchas partidistas entrerria- 
nas, se hizo ,h'der de una tendencia 
todavia mas radical o sea "fusionis- 
ta", convertido en apostol de la fra- 
ternidad uruguaya, pero "Evange- 
lista de ensuenos", como lo llamo al- 
guien, predico siempre con honrada 
conviccion desde la altura, sin des- 
cender al terreno de la realidad ni 



— 72 — 



ARA 



ARA 



tomar contacto con nuestras masas 
populares. 

La paz de setiembre de 1897, que 
significaba cuando menos en el pa- 
pel una tercera tentativa de reconci- 
liacion nacional, / le proporciono la 
ocasion de intensificar su propagan- 
da en una gran campana a favor del 
Acuerdo Electoral, campana altruis- 
ta y bien intencionada, pero negati- 
va y contraproducente, pues se diri- 
gia al aplazamiento sucesivo y sin 
dia del ejercicio practico de la ver- 
dad republicana. Consiguio ver rea- 
lizado el Acuerdo Electoral- de 1898, 
viniendo a fallecer en Montevideo el 
2 de enero de 1902. 

Popularizo en sus polemicas pe- 
riodisticas el seudonimo de Bizanty- 
nus, y en 1896 habia publicado un 
tomo de "Bosquejos Politicos". 



ARAUCHO, FRANCISCO Maria 
Rafael 

Secretario del Primer Gobierno 
Patria de 1825. Magistrado judicial, 
legislador y hombre de letras, con 
servicios en las luchas de la Inde- 
pendeneia. 

Nacio en Montevideo el 9 de se- 
tiembre de 1794, siendo hijo primo- 
genito de Pascual de Araucho y se 
educo en el Colegio de los Francis- 
canos, donde se le tuvo por un dis- 
tinguido alumno. 

Influenciado por el ambiente de la 
casa — tan propicio a la causa ame- 
ricana, como lo prueban las veja- 
ciones y atentados de que el arbi- 



trario gobernador espanol Vigodet 
hizo objeto a los religiosos de la or- 
den — cuando Araucho salio de alH, 
fue" para sumarse a las filas de los 
patriotas. 

Con documentos a la vista, Aza- 
rola Gil, desvirtuando inexactitudes, 
ha probado que Araucho, por ele- 
mentales razones de edad — tem'a a 
la fecha 16 anos — no pudo figurar en 
los prinwos dias de la revolucion 
como secretario de'Artigas, para ser 
redactor del r>arte de Las Piedras. 
Desempefio, en rambio, un cargo en 
el secretariado d<=»l Cabildo patrio, 
del cual se le despc.=eyo en los pri- 
meros momentos de la dominacion 
luso-brasilefia. En 1821. una vez 
afianzadas las cosas, y por corto 
tiempo, Araucho tuvo el cargo de 
oficial mayor de la oficina de Go- 
bierno. 

En el periodo de la Cisplatina es- 
tudio Derecho, graduandose como li- 
cenciado. 

El alzamiento del pais, luego de 
la invasion de Lavalleja en 1825, le 
proporciono la ocasion de darse de 
nuevo a la causa patria, a cuyos fi- 
nes, con riesgo de vida, escapo de 
Montevideo burlando la vigilancia 
de los sicarios del Baron de la La- 
guna. 

Hombre de vasta ilustraci6n y de 
sereno juicio, el jefe de los Treinta 
y Tres lo llamo a participar en los 
consejos y deliberaciones tendientes 
a planear — mientras se adelantaba 
en la guerra — la organizacidn de las 
nuevas autoridades de la provincia. 

Los miembros del Gobierno Pro- 



— 73 — 



ARA 



ARA 



visorio reunido en la Florida el 14 
de junio de 1825, encontrando en 
Araucho eficaz concurso para las ta- 
reas preliminares, lo honraron con 
la designacion de secretario y desde 
su puesto inclino los sufragios para 
hacer Presidente de la Sala a Ma- 
nuel Calleros, a merito del decana- 
to de edad que concurria en su per- 
sona. 

Oficial de Gobierno, cuando la 
Asamblea Constituyente del Estado, 
reuniendose en Florida en 1828, dis- 
puso tener. dos secretarios, designo 
a Araucho el 26 de noviembre para 
que compartiese las tareas con Car- 
los de San Vicente. Araucho hizo re- 
nuncia del cargo fundandola en la 
combinaeion de circunstancias insu- 
perables "que no debia expresar" y 
"en la eonciencia de su incapacidad". 

Si bien esa actitud privo a la 
Asamblea de un excelente secretario, 
merced a ella pudo seguir rindiendo 
grandes servicios en ramas adminis- 
trativas, pues conservo el puesto en 
la Secretaria de Estado hasta setiem- 
bre de 1829 en que hizo dimision. 

El ano anterior habia obtenido ti- 
tulo de escribano libre de examenes 
"en razon de sus notorias aptitudes 
y servicios prestados en funciones 
publicas". 

Perfiladas las diversas tendencias 
politicas, una vez que el regimen re- 
publicano entro en funciones, Arau- 
cho formo parte del grupo de hom- 
bres de eleccion que acompafiaron al 
presidente Rivera. Era Juez priva- 
tivo del Crimen cuando el 2 de mar- 
zo de 1838 la Asamblea General lo 



voto para llenar el puesto vacante 
del Tribunal de Justicia. 

Licenciado en derecho, conforme 
se dijo antes, e inscripto en la ma- 
trlcula respectiva para el ejercicio 
de la profesion, el titulo de doctor 
en leyes se le acordo solamente el 
17 de agosto de 1850. 

Electo diputado por Durazno en 
1841, Presidente del Tribunal, el 14 
de febrero de 1846, por tal investidu- 
ra, paso a integrar la Asamblea de 
Notables instituida por el gobierno de 
la Defensa de Montevideo. 

Despues de la paz del 8 de octubre 
de 1852, reorganizados los. poderes 
publicos, se le voto senador por So- 
riano, pero declino el cargo al afio 
siguiente, considerando incompati- 
bles las funciones legislativas y ju- 
diciales conforme a la doctrina de 
la constitucion. 

En 1854, despues de dieciocho anos 
de ser miembro del Tribunal, aco- 
giose a los beneficios de la jubila- 
cion. 

En la Doble Asamblea del 55 al 56, 
el electorado saltefio lo trajo de nue- 
vo a la camara de diputados, siendo 
este su ultimo destino publico. 

El 16 de junio de 1862, las cama- 
ras le votaron en cambio de su reti- 
ro legal, un premio en dinero, por 
los servicios prestados a la inde- 
pendencia durante la guerra con el 
Brasil. 

Hombre de los mas preparados de 
su tiempo, fue miembro fundador del 
Instituto Historico y Geografico, 
inaugurado el 25 de mayo de 1843, 
pertenecio al Instituto de Instruc- 



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cion Piiblica, y el Instituto de Afri- 
ca, fundacion abolicionista con asien- 
to en Paris, lo distinguio en 1853 con 
el nombramiento de Presidente Ho- 
norario. 

Cuando en 1854, los despojos mor- 
tales del general Hivera recibieron 
sepultura en la Iglesia Matriz, tuvo 
el honor de ser designado para ha- 
blar en nombre del Gobierno. 

Cultivador de las letras, varias 
composiciones poeticas de Araucho 
se hallan incluidas en el Parnaso 
Oriental, de Lira. 

La fe patriotica — segun un criti- 
co de nuestros dias — supera a la 
escasa maestria del versificador, y 
su retorica es hilacion de los lugares 
comunes del "falso pindarismo" es- 
pafiol de la epoca. El mismo opi- 
nante reconoce, sin embargo, que su 
"Oda a la Libertad de la Patria", 
"que tiene algo de proclama", es la 
mejor de las que se escribieron en 
el Plata con tal motivo, en aquellos 
primeros anos de la revolucidn. 

Su oda "Al sol de Mayo", fue can- 
tada por los alumnos de la Escuela 
de la Patria que dirigia Fray Jose 
Benito Lamas, en la Plaza de la 
Constitucion de Montevideo, el 25 
de mayo de 1816. 

Por otra parte, es digno de nota el 
comentario de otro historiografo, di- 
ciendo que "al mismo tiempo que su 
lira vibraba bajo el ritmo de un 
acendrado patriotismo, no rehuia las 
sugestiones del gracejo malicioso 
cuando las circunstancias que lo ro- 
deaban provocaban en su espiritu 
comentarios festivos". 



Vivio el doctor Araucho hasta el 
28 de febrero de 1863, fecha de su 
deceso en Montevideo. 



ARAUJO, BASILIO Antonio de 

Militar, soldado de la Independen- 
cia, cuyo nombre se suele incluir, 
aunque abusivamente, en la nomi- 
na de los Treinta y Tres componen- 
tes del valeroso grupo de patrio- 
tas que desembarco en la Agraciada 
el 19 de abril de 1825. 

Consta en la parroquia de San 
Carlos que nacio en esa Villa el 25 
de marzo de 1797, hijo de Manuel 
Araujo. Este ciudadano, que alcanzo 
grado de capitan y estuvo a 
servicio de Artigas desde principios 
de las campafias de la Emancipa- 
cion, llevo consigo al hijo, el cual a 
los diecinueve anos, en elase de sar- 
gento 19 vino a ser uno de los derro- 
tados en India Muerta el 19 de no- 
viembre de 1816. 

Emigrado en la Banda argentina 
durante las dominaciones luso-brasi- 
lenas, paso a la llamada Provincia 
Cisplatina en el desempeno de una 
mision muy reservada del general 
Lavalleja, a cuyas ordenes se 
puso Araujo apenas supo que se pre- 
paraba una expedicion libertadora. 
Esta circunstancia accidental, hija 
de aquel cometido, le impidio em- 
barcar en San Isidro con sus compa- 
neros, de modo que si no es posible 
incluirlo en el grupo de los cruzados 
del 19 de abril, existe consentimiento 
unanime en que "estaba en la mis- 



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ma combinacion" y la misma tesitu- 
ra ideologica de los Treinta y Tres. 

A pesar de esta clara situacion de 
hecho se encuentra a Araiijo en las 
nominas corrientes de los cruzados y 
Blanes lo pinto en su famoso cua- 
dro, donde le corresponde el sitio 26, 
principiando de la izquierda. Nada 
de extrano por lo demas, si se pien- 
sa que dentro del "convencionalismo 
del caso" Araujo revisto en las lis- 
tas del premio a los "33" desde 1830 
hasta su muerte. 

Incorporado a Lavalleja a poco de 
pisar tierra, se le dio el grado de ea- 
pitan el 8 de agosto y sirviendo en el 
Escuadron de Husares Orientales ha- 
llose en la jornada victoriosa de Sa- 
randi el 12 de Octubre, para ser pro- 
movido a teniente coronel en abril de 
1826 pasando al cuerpo de Dragones. 

Cuando el 2 de julio de ese mis- 
mo ano el Regimiento de Dragones 
se sublevo a pretexto de falta de 
paga y, segun algunos, a instigacio- 
nes del general Fructuoso Rivera, 
los amotinados, desconociendo la au- 
toridad clel jefe y los oficiales, eli- 
gieron al teniente coronel Araujo pa- 
ra que los comandara. 

Hizo la campafia del Brasil en el 
Ejereito Republicano y el 20 de fe- 
brero del 27 hallose en la jornada 
triunfal de Ituzaingo, cuyos cordo- 
nes y medalla ostentaba. 

Participante en el levantamiento 
anarquico que su antiguo jefe Lava- 
lleja encabezo en 1832, el gobierno 
lo dio de baja el 3 de julio. 

De nuevo en las listas a partir del 
afio 33, en la lucha de 1836-38 puso 
su espada a servicio de la autoridad 



legal del presidente Manuel Oribe, 
pero su aetuacion, o muy limitada o 
sin destaque, no le gano adelanto al- 
guno en su carrera. 

Antes de terminar la guerra, en 
marzo de 1837, fue a residir en la 
Villa de San Carlos y en febrero de 
1840, hizo acreditar expresamente 
por el Alcalde Ordinario don Jose 
Maria Pla, no haber tomado parte 
alguna "en perjuicio del gobierno". 
Invadida la Republica en diciembre 
de 1842 y establecido el asedio de 
Montevideo por el Ejercito Unido de 
Vanguardia de la Confederacion Ar- 
gentina, figuro en el Cuartel General 
del Cerrito como ayudante del ge- 
neral Manuel Oribe durante todo el 
tiempo del sitio y al hacerse la paz 
de octubre del 51 paso a revistar en 
la lista de agregadcs al Estado Ma- 
yor del Ejercito, como coronel gra- 
duado, para obtener la efectividad 
el 9 de noviembre de 1853. 

En esta situacion concluyeron sus 
dias en su villa natal el 20 de fe- 
brero de 1855. 



ARAUJO, ORESTES 

Historiador, pedagogo y publicis- 
ta. Menorqueno, natural de Mahon, 
islas Baleares, donde vio la prime- 
ra luz el 22 de octubre de 1853, era 
hijo de un oficial de Estado Mayor. 

Vino a la Republica en 1869, des- 
pues de cursar en Espafia estudios 
sin especializacion particular. 

En Montevideo gano sus primeros 
pesos de America como elemento se- 
cundario de imprenta y como maes- 



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tro de taquigrafia. Siendo corrector 
de "La Paz" hizo conocimiento — 
que luego le seria muy util — con 
Jose Pedro Varela, director del dia- 
rio. 

Poco despues, las exigencias de la 
vida como sucede muchas veces lo 
llevaron a escribir en "El Uruguay", 
que dirigia Isaac de Tezanos en la 
epoca de auge de este personaje, en 
"El Nacional" de Moncayo y en "El 
Ferrocarril", en los malos tiempos 
del 75 -76. En 1877 compilo "El In- 
dicador Oriental", libro util y nece- 
sario, especie de guia, con el cual se 
abre la larga lista de sus publicacio- 
nes. 

Iniciada el mismo afio la obra de 
la reforma escolar, Jcse Pedro Vare- 
la le proporciono un cargo de auxi- 
liar en las oficinas de la direccion 
en el que Araujo supo desempefiarse 
cumplidamente. 

Ascendido en jerarquia, llego en 
1880 a Inspector de Escuelas del de- 
partamento de San Jose, donde con- 
sagro diez afios de entusiasta y dia- 
ria labor a la causa de la instruccion 
primaria, y fundo una especie de fi- 
lial de la Liga Patriotica de Ense- 
fianza. Transferido en 1891 a la ca- 
pital ccmo profesor de Historia y 
Geografia en la Escuela Normal de 
Maestros que venia de ser creada, 
tuvo mas tarde iguales funciones 
en la Escuela Normal de Senoritas 
e interino por algun periodo la Ins- 
peccion Tecnica de Ensefianza, la de 
Escuelas Privadas y la sub-direccion 
del Instituto Normal de Varones, 
con igual celo y competencia. 

Preceptor y educacionista de pres- 



tancia, la verdadera vocacion de 
Orestes Araujo fue sin embargo la 
de historiador y puede ser, todavia, 
la de geografo. Por lo demas, y con- 
lorme lo demuestra la nomina de 
obras con que aumento la bibliogra- 
fia nacional, sus actividades de es- 
critor eran multiples. 

Juzgado como historiador, caracte- 
riza la variada y larga obra de 
Araujo una laboriosidad admirable, 
a la cual se une el merito de haber- 
se abocado, el primero, a nuestros 
temas de civilizacion, siquiera lo hi- 
ciese en forma incompleta y algunas 
veces — por falta de tiempo — sin 
contralor suficiente de la informa- 
cion. Empefiada e ingrata siempre, 
semejante tarea, su valor se acre- 
cienta al pensar que se realizo en 
un medio refractario y abrumado por 
tareas de obligacion absorbente y 
cotidiana. Sin mas medios de vida 
que los que derivasen del tiranizan- 
te trabajo, se vio acaso en la disyun- 
tiva de barajar materiales de sus 
propias paginas bajo titulos y es- 
tructuraciones distintas. 

Sus trabajos en materia geografi- 
ca tal vez podria reputarse de mas 
ley que los de historia, destacando 
entre ellos su Diccionario Geografi- 
co del Uruguay, obra de positivo 
merito y de amplia informacion, de 
la cual existen dos ediciones, la pri- 
mera de 1900 y la segunda de 1912, 
que unicamente la supera en el r>u- 
mero de nombres. 

En esta incesante brega llego don 
Orestes hasta el ultimo periodo de 
su existencia, y herido ya por la en- 
fermedad que debia llevarlo a la 



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tumba, no conocio descanso hasta su 
dia postrero, que fue el 31 de agos- 
to de 1915. 



ARECHAGA, Justo Fernando Euge- 
nio Maria (conocido por JUSTJNO) 

Militar, nacido en Montevideo el 
6 de setiembre de 1818. 

Altemo su carrera de las armas 
con actividades de paz, que se repar- 
tieron entre despachante de adua- 
na, negociante en ganado, etc. 

Empezo a figurar en la milicia co- 
mo guardia nacional de infanterla 
en el ejercito de Oribe en 1844 y en 
abril del mismo afio asciende a ca- 
pitan para recibir el mando de una 
de las 4 compani'as de Guardias Na- 
cionales formada por soldados de 
nacionalidad uruguaya. 

Finalizada la Guerra Grande en 
1851, entro en la administracion pu- 
blica, llegando a desempefiar un 
cargo importante -en la Aduana de la 
Capital. 

Con la revolucion de Flores en 
1863 volvio al servicio y el 28 de 
noviembre del 64 era nombrado co- 
mandante del batallon Guardia Na- 
cional de Marina, del cual formaba 
parte como capitan. 

En la misma fecha le fueron ex- 
tendidos los despachos de teniente 
coronel. 

Tomo parte en el movimiento re- 
volucionario blanco encabezado por 
el coronel Timoteo'Aparicio en abril 
de 1870 y cuando frente a Montevi- 
deo se crearon dos planteles de 
Guardia Nacional, Arechaga, 'con ti- 



tulo de coronel, recibio la jefatura 
de ambos el l 9 de noviembre del ex- 
presado afio. 

En el transcurso de la campana 
paso a servir en la artilleria y en 
la batalla de Manantiales, el 17 de 
julio de 1871, teniendo bajo su 
mando las seis piezas con que con- 
taban las fuerzas revolucionarias, 
fue muerto por una bala de cafion. 



ARECHAVALETA, JOSE 

Naturalista, sabio botanico de alta 
personalidad cientifica, director del 
Museo Nacional de Historia Natu- 
ral. Espafiol de nacimiento, habia 
visto la primera luz en Santurce, 
Bilbao, el 27 de setiembre de 1838. 

Sus cincuenta y seis afios de invn- 
terrumpida residencia entre nos- 
otros y una vida entera de labor y 
de investigacion dedicada al estudio 
de la naturaleza del pais, para le- 
garnos finalmente ese monumental 
trabajo que lleva por titulo "Flora 
Uruguaya", permiten decir con jus- 
tificado orgullo: "Arechavaleta es 
nuestro". 

Llego a Montevideo en 1856 para 
emplearse en la botica de un parien- 
te suyo donde hizo carrera de far- 
macia, recibiendo su titulo en 1862. 

Muy amigo del eminente natura- 
lista frances Ernesto Gibert, al lado 
de este se familiarizo con los estu- 
dios de entomologia hacia los cua- 
les demostraba franca aficion e hizo 
rapidos progresos en esa rama es- 
pecializada, pues reunia a un talento 
basico fuera de lo comiin, predica- 



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dos de concienzudo observador y 
trabajador a toda prueba. 

Por espacio de quince afios, la 
multitud de nuestros insectos y en- 
tre estos de preferencia los coleop- 
teros, constituyeron la pasion de 
Arechavaleta. Sus pacientes estudios 
vieronse coronados por el descubri- 
miento de varias especies nuevas, al 
mismo tiempo que era objeto de 
particulares menciones de honra por 
parte de muchos eminentes colegas 
europeos. 

El sabio naturalista, sin embargo, 
era atraido cada vez con mas fuerza 
por el estudio de las plantas, siendo 
a elias a donde convergian sus inti- 
mas predilecciones como a verdade- 
ro cauce. 

Vencido por la vocacion que se 
hizo avasallante, Arechavaleta tomo 
el nuevo camino que debia ser el 
camino de la inmortalidad. 

Recorrio con mirada perspicaz el 
territorio de la Republica en todos 
sentidos haciendo parentesis a sus 
otras tareas, en busca de especies 
vegetales, sin que se le olvidase de- 
partamento alguno, en una labor 
cientifica que el sabio Gibert tenia 
recomenzado entre nosotros. (Vease 
Ernesto Gibert). 

El herbario colectado a traves de 
un trabajo semejante alcanzo a cons- 
tituir un verdadero tesoro cientifico, 
sobre el eual se asentaron gran par- 
te de lcs descubrimientos del escla- 
recido profesor. 

Pudo Arechavaleta clasificar de 
este modo en sus libros mas de dds- 
cientas plantas de ia flora de la Re- 
publica. A numerosas especies apli- 



co designaciones nacionales y regio- 
nales, que hablan del pais, como 
charruana, saltense, tacuaremboen- 
se, etc. No olvido tampoco, desde 
luego, las delicadas atenciones cien- 
tificas que importa ligar a las es- 
pecies nuevas los nombres de bota- 
nicos, precursores y discipulos, afi- 
cionados y amigos que compartie- 
ron el encanto de las excursiones y 
la superior emocion de los hallazgos 
y bautizo sus piantas llamandolas 
Larrafiagai, Berroi, Canterai, etc, 
derivados en latin de apellidos que 
conocemos. 

Ni sus funciones de museista, ni 
sus trabajos botanicos, fueron obs- 
taculo para que Arechavaleta aten- 
diese con notoria competencia el 
cargo de quimico , del Municipio de 
Montevideo para el que se le desig- 
no en 1888 y en cuyo periodo se es- 
fablecio y tuvo comienzos de fun- 
cion el laboratorio donde preparose 
virus vacinico y se hicieron las pri- 
meras observaciones cientificas so- 
bre tuberculosis bovina, carbunclo, 
etcetera, en su relacion con los ser- 
vicios de abasto. 

En 1887 obtuvo un sonado triunfo 
cientifico en el Brasil donde, como 
asesor de la Comision Especial Uru- 
guaya, demostro la inocuidad del ta- 
sajo ccmo vehiculo de transporte del 
bacilo del cdlera. 

El interes por las investigaciones 
cientificas y bacteriologicas, que 
apunto desde los afios juveniles en 
que fundara la sociedad llamada 
"El Microscopio", fue siempre un 
gran interes, que se empefio en 
trasmitir especialmente a sus disci- 



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pulos de la Facultad de Medicina, 
donde da 1874 a 1906 regenteo la 
catedra de Historia Natural Medica. 

Verdadero maestro, Arechavaleta, 
"mas que ningun otro de sus con- 
temporaneos — dice el Dr. Ergasto 
Cordero — dejo impresos en sus 
oyentes y en sus alumnos, con el 
ejemplo, el entusiasmo y la probi- 
dad, hasta donde puede el hombre 
que ensefia comunicar a los que tie- 
ne a su alrededor su propio esfuer- 
zo perseverante y honrado." 

"El forjo la juventud que algun 
dia habia de suceder a lcs funda- 
dores de la casa." 

El 26 de abril de 1892, fue desig- 
nado para sustituir al profesor Car- 
los Berg en la Direccion del Museo 
de Historia Natural, cargo que' el 
10 de agosto del 93, se elevo al ran- 
go de Director General del Museo 
Nacional. 

Corresponde a su periodo direc- 
tivo la aparicion de los "Anales del 
Museo Nacional de Montevideo", 
que alcanzaron a formar siete tomos 
casi totalmente de su pluma y en 
los cuales se incluyen sus "Grami- 
neas del Uruguay" y su "Flora Uru- 
guaya". El merito de este trabajo, 
intefrumpido con la muerte del au- 
tor, traspaso las fronteras nacionales 
para ser altamente apreciado en los 
tirculos cientificos, sobre todo en los 
paises limitrofes, a los cuales se ha- 
lla ligado intimamente. 

Espiritu amplisimo, enamorado de 
Grecia — que visito Ueno de emo- 
cion postrandose ante el Acropolis— 



Arechavaleta tuvo un activo papel 
en las campafias culturales de la 
Scciedad Universitaria y del Ateneo, 
inserto en los "Anales" de este sus 
primeros escritos cientificos y fue de 
los liberales militantes del Club 
"Francisco Bilbao". 

Su actividad intelectual no dismi- 
nuyo con los anos y sus trabajos 
puede decirse que solo concluyeron 
el dia que termino su vida, el 16 de 
junio de 1912. 



- ARENA, DOMINGO 

Periodista, senador, diputado y 
hombre politico. Vio luz en Tropea, 
localidad de Catanzaro, Calabria, 
Italia, el 7 de abril de 1870, pero 
sus padres emigraron al Uruguay el 
afio 1877, de modo que su existencia 
vino a igualarse a la existencia dfe 
cualquier nativo. 

Establecidos los suyos en San 
Fructuoso, capital del departamento 
de Tacuarembo, frecuento las escue* 
Las de la Villa, pero sus naturales 
disposiciones y sus deseos de ade- 
lanto lo condujeron a Montevideo 
en 1888, donde tuvo oportunidacf de 
ballar mejores maestros, un poco 
avergonzado de verse casi un hom- 
bre entre condiscipulos todos meno- 
res. 

Al poco tiempo consiguio emplear- 
se en el estudio del Dr. Francisco A. 
Berra, pedagogo de fuste, a cuyos 
estimulos y consejos Arena se mos- 
tro siempre reconpcido. 



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Estudiante universitario, obtuvo 
titulo de farmaceutieo para tener co- 
mo ayudarse en la vida. Mientras 
tanto, completaba su bachillerato en 
ciencias y letras, pues habia obte- 
nido una plaza de auxiliar en la 
Fiscalia de lo Civil, a cargo enton- 
ces del Dr. Carlos Fein, y su pro- 
posito era graduarse en Derecho co- 
mo efectivamente se graduo, a eta- 
pas lentas, recibiendo el titulo de 
abogado en 1903. 

Para esto, desde tiempo atras, fi- 
guraba en el periodismo metropoli- 
tano como cronista de "El Dia", 6r- 
gano del que era Director Jose Bat- 
lle y Ordonez y dcnde entro llevado 
a la casa por Carlos Travieso. 

La amistad prestamente estrecha- 
da con Arturo Santana, unida a las 
brillantes condiciones intelectuales 
'del recien venido, le abrieron rapido 
camino en el papel publico del que 
mas tarde Uegaria a ser uno de los 
directores y al cual estuvo ligado 
hasta la hora de su muerte, confor- 
me se ligo a Batlle y Ordonez para 
ser el mas fiel de sus amigos, el mas 
entusiasta de sus admiradores y pa- 
negiristas y su verdadero confidente. 

El encumbramiento de aquel, ele- 
gido Presidente de la Republica en 
1903 y reelecto en 1911, Hevo a Do- 
mingo Arena a altas posiciones po- 
Mticas, principiadas cofi su ingreso 
a la Camara de Diputados, votado 
en el departamento de Tacuarembo 
el afio 1905. Reelecto en 1908 y en 
1911, no finalizo el termino pues el 
mismo afio paso a ocupar la sena- 



turia por Montevideo, para luego, al 
concluir el sexenio, entrar de nuevo 
a la Camara de Diputados represen- 
tando el departamento de Minas, cu- 
ya banca dejo en 1919, para ir a for- 
mar parte del Consejo Nacional de 
Administracion. 

Oradcr de palabra facil y persua- 
s : va, brillante sin necesidad de ar- 
tificios retoricos, fue en las camaras 
por mucho tiempo, si no precisamen- 
te el lider de la bancada batllista — 
casi siempre mayoritaria — el genui- 
no interprete del pensamiento de 
Batlle, sobre todo en las cuestiones 
de legislacion social. 

Ideologicamente en fronteras con 
el socialismo — sociahsta sentimen- 
tal antes que cientifico desde lue- 
go — , pudo a veces ultrapasar el 11- 
mite de los programas avancistas. 
Se hizo campeon de todas las leyes 
liberales, especialmente de aquellas 
que prestigiadas por su partido ten- 
dian a beneficiar a las clases obre- 
ras y a todos los necesitados de 
'proteccion y justicia en cualquier 
sentido, y llevo a la lucha un h.ondo 
fervor humano y comprensivo que 
se extendia a los animales y a las 
plantas, en una especie de panteismo 
sin estructura doctrinaria, pero de 
efusion rebosante y comunicativa. 

En cuanto a su labor periodistica 
— polifacetada y enorme — , que cuen- 
ta asi en editoriales politico-sociales 
y en sus excursiones por los campos 
cientifieos y medicos, como en livia- 
nos sueltos de gacetilla, las coleccio- 
nes de "El Dia" justificaran amplia- 



— 81 — 



ARG 



ARG 



mente — siempre — el prestigio que 
Domingo Arena gozo entre los com- 
paneros de prensa. 

Alejado de la politica y del dia- 
rismo. a. causa de su resentida sa- 
lud, fallecio repentinamente en Mon- 
tevideo el 3 de mayo de 1939. 



ARGENTO, FELIPE 

Antiguo residente espanol natu- 
ral de Catalufia, donde habia visto 
luz el 1? de mayo de 1808. Estable- 
cido con un saladero en el departa- 
mento de Paysandu, sirvio como ofi- 
cial de milicias afiliado a la parcia- 
lidad politica del general Manuel 
Oribe, con un entusiasmo difi'cil de 
igualar. 

Actuo como jefe de la plaza de 
Paysandu con titulo de comandan- 
te, cuando fue abandonada por el 
general Servando Gomez que tras- 
ladd su campamento al Hervidero 
ante el avance de las fuerzas del 
general Eivera. 

Apoyaban a este los buques de la 
escuadra francesa interventora en 
operaciones sobre el Rio Uruguay. 

Demostrando una intransigencia 
inexplicable, se nego siempre a per- 
mitir que las familias existentes en 
la plaza recibiesen auxilio profesio- 
nal en Ibs navios enemigos, confor- 
me a los genercsos ofrecimientos del 
comandante de la estacion naval. 

Atacada Paysandu el 25 de di- 
ciembre de 1847, Argento apercibio- 
se a la defensa expidiendo una Or- 
den General donde .expresaba que 



la resistencia seria a sangre y fuego 
y que seria pasado por las armas 
como traidor a la patria, quien ha- 
blara de rendirse o de capitular. 

La lucha, trabada con gran encar- 
nizamiento, hizo imposible el tra- 
mite de un arreglo Uevado el 25 por 
el ayudante de campo del general 
sitiador, Jose Maria Veracierto. Ri- 
vera, dispuesto a tomar la plaza de 
cualquier modo, aislo a la poblacion 
por el lado del rio y llevo el asalto 
que duro seis horas. 

La artilleria de los buques y la 
de tierra dirigida por el coronel Jose 
Maria Piran, jugo un papel princi- 
pal y mortifero. 

El 26 la plaza estaba rendida que- 
dando prisionercs mas de 600 de 
sus defensores, incluidos Argento y 
54 jefes y oficiales, con perdida de 
mas de 260 hombres. Los vencedo- 
res, por su lado, tuvieron sobre 500 
bajas y despues de la lucha los ba- 
tallones de Cazadores "Vascos, enco- 
nados pci- la muerte de tantos com- 
paneros, se entregaron a excesos la- 
mentables que Rivera pudo reprimir 
coh gran dificultad. 

Argento, conducido a bordo del 
barco "LAlsacienne" en el primer 
momento, fue bajado a tierra con 
otros prisioneros. 

En estas circunstancias, la ncche 
del 9 de junio del 48, aprovechan- 
dose de la**inconducta del capitan 
jefe de la guardia, fugo con este y 
vino a presentarse a Oribe en el Ce- 
rrito, -conforme lo anuncio alboro- 
zado "El Defensor". 

Melchor Pacheco y Obes asegura 



ARM 



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en cambio en uno de sus opusculcs 
de Paris, que el teniente coronel Ar- 
gento fue puesto en libertad. 

Diecisiete afios despues, cuando 
en 1864 la ciudad de Paysandu era 
nuevamente sitiada y atacada por 
el ejercito revolucionario del general 
Venancio Flores y sus aliados brasi- 
lenos y uno de sus hijos moria en la 
lucha, Argento solo tuvo lo que se 
podria Uamar un puesto de honor, 
— pues entonces su salud era muy 
precaria — entre los bravos defenso- 
res de la plaza. 

En Paysandu vino a fallecer el 10 
de enero de 1870 a causa de una 
nfeccion cardiaca. 



AHMAND-UGON, DANIEL 

Educador y Pastor Valdense, pro- 
fundamente vinculado a la cultura de 
una gran zona del departamento de 
Colonia. Habia visto luz en Torre- 
Pelice, Piamonte, Italia, el 18 de se- 
tiembre de 1851 y se graduo como 
pastor de una confesidn cristiana di- 
sidente Uamada Valdense, del nom- 
bre de Pedro de Vaux, reformador 
frances del siglo XII. 

En 1877 abandond sus valles nati- 
vos para encaminarse a nuestro pais, 
como misicnero y director espiritual 
de los correligionarios establecidos 
en las cercanias del arroyo Rosario, 
desde 1859, con una colonia agricola 
denominada Colonia Valdense. 

Era el tercer ministro de la comu- 
nidad, y estaba destinado a ser el 
gran propulsor y la figura central.de 



xm. conjunto de hombres pacificos y 
laboriosos que, en los dias de la lle- 
gada de Armand-Ugon, resentiase de 
falta de unidad, rebajado el espiritu 
por enojosas cuestiones de orden su- 
balterno, pero cuyos efectos eran evi 
dentes. 

Poseia Armand-Ugon especiales 
dotes de emprendedor, energico ,y 
perseverante, que en medio siglo de 
permanencia y de luchalo convir- 
tieron en una especie de patriarca. 

Su obra entre los valdenses puede 
considerarse trascendental, siendo la 
determinante del movimiento expan- 
. sioniste que origino la fundacion de 
nucleos similares en nuestro pais — 
donde cuentan seis grupos — y en la 
Republica Argentina. 

Paralelamente a su funcion confe- 
sional, rigiendo o estableciendo tem- 
plos o escribiendo periodicos, se 
dedico Armand-Ugon a las tareas de 
ensefianza con tesoneros afanes y en 
compania del Dr. Tomas B. Wood 
fundo el liceo de la Colonia Valden- 
se el 11 de junio de 1888. Como se 
estaba ya en el ultimo semestre del 
ano, las tareas escolares se encauza- 
ron a preparar el alumnado del 89, 
curso que, desde el punto de vista 
escolar es el primero en la vida del 
liceo, y se hizo bajo la unica e in- 
mediata direccion de Armand-Ugon, 
pues el Dr. Wood debio ausentar- 
se en el mes de marzo. 

En 1890 se obtuvo de la Univer- 
sidad el priyilegio 'de habilitacion 
para el colegio yaldense, gracias a 
lo cual los estudios de bachillerato 
que alli se cursaban vem'an a quedar 



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equiparados a los de la capital y 
eran validos en las facultades su- 
periores. 

En paulatino y gradual desarrollo, 
aquella casa de ensefianza adquirio 
fama por la preparacion de sus 
alumnos, demostrada con cifras de 
examenes, y por las ventajas dima- 
nadas de un regimen donde se di- 
luia alguna cosa de familiar, a la 
vez amable y severa — indudable- 
mente el espiritu del Director — muy 
dificil de hallar en otros estableci- 
mientos similares. 

Fallecio en Colonia Valdense el 21 
de Agosto de 1929. 
•)*• 

ARMENIO, ROBERTO 

Militar italiano que estuvo al ser- 
vicio de la Republica entre los afios 
1882 y 1888 con calidad de agregado 
al Estado Mayor, en caracter de in- 
geniero civil y militar. 

Napolitano de origen, nacido en 
1836, era un antiguo oficial borbo- 
nico que adhirio a la expedicion 
libertadora de Garibaldi desembar- 
cada en Marsala y despues estuvo a 
sus ordenes en la campafia de Fran- 
cia en 1870, siendo herido en Dijon 
de un balazo en una pierna que dejo 
rastro permanente. 

Incorporado al ejercito del reino 
de Italia, encontrabase fuera de ser- 
vicio cuando el Ministro uruguayo 
coronel Juan Jose Diaz lo contratd 
en Paris — en cumplimiento de ins- 
trucciones del presidente general Ma- 
ximo Santos — para venir a nuestra 
Republica. 



Adscripto al Ministerio de la Gue- 
rra, llego al Uruguay en una epoca 
en que el ejercito no estaba todavia 
preparado para la introduccion de 
reformas y proyectos tecnicos de la 
clase que Armenio pensaba implan- 
tar. No existia un Estado Mayor en 
el concepto verdadero de esta clase 
de institutos ni habia nianera de 
crear organismos tecnicos militares, 
por lo cual las tentativas de orden 
superior o cientifico estaban desti- 
nadas a quedar en proyecto o fra- 
casar sin remedio. 

Armenio domino pronto el campo 
que se extendia ante sus ojos, pero 
aun asi emprendio con empefio una 
serie de estudios militares atinentes 
a la defensa maritima de Montevi- 
deo por el sistema de cupulas blin- 
dadas giratorias, plan organico de 
dexensa de cada una de sus fronte- 
ras, planes de campana para preve- 
nir incursiones revolucionarias con 
tanta ffecuencia organizadas en los 
paises limitrofes, etc. 

Trabajo asimismo con particular 
interes en materia cartografica, eje- 
. cutando mapas y planos de la Re- 
publica y de las regiones fronterizas, 
acompafiandolas de largas memorias 
ilustrativas que certifican sus cono- 
cimientos y colaboro en la confec- 
cion del proyecto de edificio para 
el Hospital Militar de Montevideo. 

Atribuyese a Armenio el plan de 
operaciones de 1886 contra los revo- 
lucionarios que comandaban los ge- 
nerales Castro y Arredondo, venci- 
dos en Quebracho, el 31 de marzo, 
provenientes de la provincia ar- 
gentina de Entre Rios, sin descon- 



— 84 — 



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tar la participacion que pudo caberle 
al coronel de Estado Mayor del ejer- 
cito britanico, Gilfor Palgrave, Mi- 
nistro de Inglaterra por esa epoea y 
hombre muy allegado al general 
Santos. 

Al termino de su contrata Arme- 
nio siguio residiendo en el pais, 
orientando sus actividades a empre- 
sas particulares de gran vuelo, como 
la canalizacion del Rio Negro y sus 
principales afluentes, planteo de co- 
lonias agricolas, mejoramiento y 
transformacion de la zona Este lin- 
dera con el Atlantico y la Laguna 
Merim, etc, etc. 

No tuvo suerte en sus iniciativas, 
tal vez demasiado vastas para ser via- 
bles en nuestro ambiente y los ul- 
timos afios de su existencia fueron 
tristes para un hombre proclive a la 
vida cdmoda y dispendiosa. 

Dejo de existir en Montevideo el 
25 de diciembre de 1900. 



AROSTEGUY, ABDON 

Hombre politico, diputado y escri- 
tor, nacido en Pando el 30 de. julio 
de 1853, hijo de un vasco, antiguo 
cirujano del ejercito de Oribe. 

De igual filiacion politica que su 
padre, hizo la campana revoluciona- 
ria de 1870 - 72, contra el gobierno 
del general Lorenzo Batlle y tomo 
las armas nuevamente en 1875, para 
pelear en las filas del ejercito ciu- 
dadano por la restauracion de la le- 
galidad arrasada por los motineros 
del 15 de enero. 

Mas tarde, la vinculacion con su 



antiguo jefe del 70, el general Timo- 
teo Aparicio, lo Uevo a acercarse al 
gobierno del dictador Lorenzo Lato- 
rre, conforme a la actitud que asu- 
mieron sus correligionarios en ma- 
yoria. 

Caido el dictador, siguio la vincu- 
lacion con el gobierno del doctor 
Vidal y en 1831 - 82 Arosteguy esta- 
ba convertido en un entusiasta pro- 
pagandista de la candidatura del 
general Maximo Santos a la presi- 
dencia de la Republica. 

Santos le habia escrito, por enton- 
ces, una famosa carta politica con- 
testando a otra en que Arosteguy le 
preguntaba si podia honrarse dan- 
dole (a Santos) el titulo de amigo. 

Llevado a las Camaras en 1382, 
tuvo ocasion de dar su voto al gene- 
ral en la eleccion del 1 ? de marzo 
y ocho dias despues se le dirigio, 
desde Paso del Molino, expresandole 
en carta que publica "La Nacion", 
que su programa de gobierno no 
contaba ejemplo en nuestra historia 
y que los cintillos y los odios — si es 
que podian existir despues de su 
abnegado ejemplo — no debian tomar- 
se en consideracion. Concluia, ofre- 
ciendo a la causa del general Presi- 
dente la ultirna gota de su sangre y 
la de sus amigcs en defensa de su 
programa de Union, Paz, Trabajo y 
Garantias. Simultaneamente se pro- 
ponia, junto con algunos viejos po- 
Uticos como Narciso del Castillo, etc, 
organizar un partido "blanco tradi- 
cional". 

Desautorizado publicamente por 
sus correligionarios, que le negaron 
toda representacion dentro de filas, 



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presento renuncia de su banca de 
diputado, pero la Camara no se la 
quiso aceptar. 

En 1884. saco a luz un diario, "La 
Epoca", inspirado en el mismo or- 
den de ideas. La hoja no tuvo vida 
y poco despues — por causas no bien 
claras — las relaciones de Arosteguy 
con Santos comenzaron a entibiarse 
a tal punto que cuando llego la ho- 
ra de votar nuevas Camaras, el pre- 
sidente obsto sus trabajos a la re- 
eleccion. 

La ruptura se hizo entonces es- 
pectacular y Arosteguy, despues de 
refugiarse en una, legacion extranje- 
ra a titulo de que lo perseguian gen- 
tes sospechosas, se ausento para Bue- 
nos Aires. Ante semejante denuncia, 
la prensa santista le prodigo grose- 
ros epitetos mientras la Camara de 
Diputados lo eliminaba de su seno 
declarandolo cesante. 

Convertido en tan acerrimo oposi- 
tor de Santos como irreconciliable 
enemigo del partido colorado, cola- 
boro activamente en el movimiento 
revolucionario de 1886 pero sin for- 
mar en las filas invasoras. 

Siguio residiendo en la Argentina, 
donde tenia un destino administra- 
tivo, y volvio al pais solamente des- 
pues de la paz de 1897 a trabajsr 
en favor del golpe de Estado de 
Cuestas, su antiguo companero de 
los dias de santista. Pidio rehabilita- 
cion de la ciudadania que habia per- 
dido por haberse naturalizado en el 
extranjero y se puso al frente de un 
diario "organo de los intereses popu- 
lares" llamado La Reaccion, en ene- 
ro del 98. Derrocada la Asamblea 



Nacional, Cuestas hecho dictador ni 
siquiera se digno incluirlo entre los 
componentes del Consejo de Estado. 
Fue preciso volver a la emigracion 
donde los cargos publicos rentados 
no le faltaban y desde Buenos Aires 
coopero a la revolucion de 1904. 

Participe en la politica argentina 
a la vez que convertido en catolico 
militante, su vida tuvo fin en El 
Azul el 3 de agosto de 1926. 

Aficionado a las letras, debemos 
a Abdon Arosteguy, entre otras pro- 
ducciones, una Historia de la Revo- 
lucion Oriental de 1870 (en la que 
fue actor), escrita con tanto apasio- 
namiento como falta de metodo 
(1889); dos tomos de Conferencias 
Politicas y discursos; uno de ensayos 
dramaticos, donde incluye la pieza 
Julian Gimenez, que alcanzo exito 
en los escenarios rioplatenses; Suefio 
Dantesco, — fantasia literaria — y 
Viajes. 



ARRASCAETA, ENRIQUE Jose 
Gregorio de 

Hombre politico, escritor y poeta, 
nacido el 28 de noviembre de 1819 
en Montevideo. 

Fue empleado en el Ministerio de 
Relaciones Exteriores del gobiemo 
del Cerrito, como Oficial l 9 , de 1845 
a 1846, teniendo por jefe al doctor 
Villademoros. 

Cultivo las letras desde joven y 
se publicaron sus trabajos con el 
simple titulo de "Poesias", en la Im- 
prenta Oriental, del Miguelete, en 
el ano 1850. 



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Ajustada la paz de octubre reanu- 
do estudios de derecho, recibiendo 
titulo de doctor en jurisprudencia 
en el afLo 1853. 

Durante el gobierno de Pereira 
ejercio la magistratura siendo Juez 
de lo Civil, Hacienda e Intestados 
de la 2 ? Seccion, pasando a la Ca- 
mara de Diputados como represen- 
tante por Montevideo en 1858. Re- 
electo en la legislatura siguiente 
(1861), dejo su banca cuando el pre- 
sidente Berro lo Uamo el 20 de junio 
de 1861 para confiarle la cartera de 
Relaciones Exteriores, a raiz de ha- 
ber destituldo el Gran Ministerio. 

Mantuvo su puesto hasta el 18 de 
setiembre del afio siguiente y le to- 
co actuar en todo lo relativo al fa- 
moso conflicto eclesiastieo que se 
suscito entre el gobierno y el vica- 
rio apostolico Jacinto Vera. 

Elegido diputado por Soriano en 
1863, en ese cargo lo hallo la caida 
del poder del partido Blanco. El Dr. 
Arrascaeta cesa desde este momen- 
to en la actuacion politica y mas 
tarde, el que habia sido un exaltado 
partidario, llego hasta separarse de 
sus antiguos correligionarios cuando 
al organizarse el partido Constitu- 
cional, dio su nombre para ser in- 
cluido entre los fundadores de la na- 
ciente parcialidad, aceptando un 
puesto de miembro de la primera 
Junta Directiva (enero de 1881). 

Entro en el constitucionalismo con 
entusiasmos que no parecian de su 
edad, sin reproches y sin cdios pa- 
ra nadie. 

Ciudadano de alta probidad, ora- 
dor de palabra facil, solo fue un 



medioere literato. Poseia una vasta 
erudicion y el caracter bondadoso 
que se atribuye a los sabios, mani- 
fiesto en su amor a la gente joven. 

Ademas del tomo de versos men- 
cionado al principio, escribio y dio a 
las prensas una antologia de poetas 
de America Espafiola a la que puso 
como titulo "Coleccion de Poesias". 
Montevideo. 1881. 

Sus campanas periodisticas fueron 
a titulo de redactor o colaborador de 
los diarios metropolitanos "La Fu- 
sion", "La Patria" y "El Pais". 

Fallecio el 16 de junio de 1892 en 
la casa de la calle Reconquista don- 
de tenia su estudio, amueblado con 
viejos muebles y entre los libros que 
habian constituido la gran aficion 
de toda su vida. 



ARREDONDO, JOSE MIGUEL 

Militar uruguayo, aunque la parte 
principal de su carrera de armas la 
hizo bajo banderas argentinas. En 
nuestro pais sirvio en sus comitn- 
zos y en los ultimos tiempos, cuan- 
do lucia palmas de general. 

Nacido en Canelones el 8 de mayo 
de 1832, era hijo de Felipe Arre- 
clondo y de Maria Nicasia Moyano. 

Soldado en el ejercito sitiador 
de Montevideo, la primera anota- 
cion oficial que se registra es su as- 
censo a subteniente el 8 de julio de 
1846, siendo soldado distinguido en 
el batallon "Defensores de la Liber- 
tad Oriental" al mando del coronel 
Rincon, y despues el de teniente 2 9 
el 20 de julio de 1849. 



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Firmada la paz de octubre de 1851, 
al organizarse la Division Oriental 
que a las drdenes del coronel Cesar 
Diaz debia integrar el gran Ejercito 
Aliado Libertador, destinado a des- 
truir el poder de Hosas, las plazas 
de los antiguos batallones de Oribe 
refundidos y bajo nuevas denomina- 
ciones pasaron a formar en el cuer- 
po expedicionario. Arredondo conto 
entre esos oficiales, teniendo puesto 
en el batallon "Resistencia" al que 
fue destinado con fecha 20 de octu- 
bre de 1851. De este modo le cupo 
participar en la victoria de Caseros 
el 2 de febrero de 1852, recibiende 
la respectiva medalla de plata. 

Abatida la tirania y vuelto a la 
patria, aparece como agregado al Es- 
tado Mayor hasta el 29 de octubre 
de 1852, en que a propuesta del jefe 
de la Guardia Nacional de Canelo- 
nes, se le nombro ayudante de la 
misma, destino que debi'a servir por 
muy breve tiempo, pues el 16 de i o- 
viembre fue baja del ejercito, a su 
solicitud, trasladandose a la Repu- 
blica Argentina. 

Alli, reconocido en el grado de ma- 
yor tuvo activa participacion en las 
luchas entre Buenos Aires y la Con- 
federacion y durante la campafia del 
Paraguay sus servicios merecieron 
particular destaque. 

Su papel en las luchas internas 
fue en cambio muy discutido, sobre 
todo en lo que dice como jefe de 
expedicion a las provincias andinas 
y en el episodio de la muerte del ge- 
neral Ivanowsky. 

En el escalafon argentino sus ss- 
censos se hallan repartidos del si- 



guiente mcdo: sargento mayor gra- 
duado el 11 de junio de 1858; ma- 
yor efectivo el 22 de diciembre; te- 
niente coronel el 9 de mayo de 1860; 
coronel graduado el 19 de setiem- 
bre de 1863; coronel efectivo el 28 
de enero de 1864 y general el 18 de 
juUo de 1867. 

Ausente y desvinculado de su pa- 
tria desde hacia mas de treinta afios, 
pues cuando vivio en Montevideo en 
1880-81 fue en calidad de emigrado 
argentino, a Buenos Aires lo fueron 
a buscar nuestros politicos el afio 
1886, para hacerlo jefe juntamente 
con el gcneral Enrique Castro, del 
movimiento revolucionario que se 
preparaba — sin bandera partidista 
tradicional — para poner fin al inso- 
portable predominio del general Ma- 
ximo Santos en la Republica. El plan 
respbndia a que hubiese un general 
colorado y otro blanco, con mando 
alternativo o dual. 

Cometian los blancos nacicnalis- 
tas un lamentable error, pues si no 
tenian otro jefe de su parcialidad, 
Arredondo era el contra indicado. 
Extrafio a la Republica y a su vida, 
desconocido aqui, ni siquiera poseia 
la atraccion personal, dan inaprecia- 
ble que es un iman en los ejercitcs 
criollos. Cargado de espaldas, cetri- 
no, barbi-lampino con algo de inaio, 
un voluntario maltes, Juan Cha- 
brier, que hizo la fugaz campafia a 
ordenes suyas, dice refiriendose al 
jefe: "El general Arredondo es hom- 
bre como de 55 afios, estatura re- 
gular, un poco encorvado, bastante 
nervioso y tan parco en palabras que 
parece que f uese mudo ... No ha- 



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bla, por tanto, mas que lo indis- 
pensable". 

Acepto Arredondo el dificil co- 
metido de mandar en jefe confiando 
en que la campafia del sur conser- 
vaba elementos capaces de respon- 
derle, pero los hechos le demostra- 
ron que estaba equivocado. 

El gobierno uruguayo reclamo de 
la intervencion del alto jefe argen- 
tino en preparativos revolucionarios 
contra el pais y lo puso en el trance 
de solicitar la baja que obtuvo el 
25 de enero del 86. 

A la invasion siguio casi de in- 
mediato la derrota de Quebracho 
que puso fin, en breves dias, a lo que 
se creia un movimiento en seguro 
rumbo de triunfo, el 31 de marzo 
de 1886. 

Arredondo, a quien Santos odiaba 
particularmente, logro escapar a la 
persecucion muy activa de los ven- 
cedores, ganando el Brasil para de 
alli trasladarse a la Argentina. 

Su conducta en la revolucion del 
86 fue juzgada diversamente y con 
raro apasionamiento por sus compa- 
fieros de armas. En 1887, en un ban- 
quete politico en Montevideo, la sim- 
ple enunciaeion de su nombre levan- 
to una tempestad de protestas. 

Pero corresponde decir, en justi- 
cia, que no hubo nunca un cargo 
concreto y fundado que pudiera ha- 
cersele al general Arredondo en este 
ultimo capitulo sin fortuna de su 
larga vida militar. 

Reincorporado al ejercito argenti- 
no una vez de regreso en Buenos 
Aires, fallecio el 20 de setiembre de 
1904, en la capital portefia. 



ARREGUINE, VICTOR 

Hombre de letras, educador y pe- 
riodista, nacido en Montevideo el 8 
de octubre de 1863. Hijo de sus 
obras, peleo la vida desde abejo en 
porfiada y larga batalla de afios y 
no hizo nunca misterio de sus tiempos 
mozos, cuando era dependiente de 
almacen y guarda de tranvia. De 
inteligencia vivaz, su bondad y su 
sencillez — inalterada en los di'as de 
prosperidad — cautivaban a priori. 

Se estreno en letras haciendo pe- 
riodismo en "La Razon" y en "El 
Dia", cuyas colecciones guardan cro- 
nicas de fina observacion y marc'ido 
sabor nativista. Dividida su restan- 
te tarea de pluma entre la poesia y 
la historia nacional, el primer titulo 
de la bibliografia de Arreguine, que 
remonta al afio 1886, es una croni- 
ca de la revolucion vencida en Que- 
bracho en el mes de marzo del pro- 
pio afio y en la cual el mismo par- 
ticipo como soldado. 

La figura del general Fructucso 
Rivera, fundador del Partido Colo- 
rado, tuvo para Arreguine la atrac- 
cion p'articular que surge de sus "Na- 
rraciones Nacionales, Artigas y Ri- 
vera", publicadas en 1890. 

Ahondando en la vida y en las 
hazafias del caudillo, sus inclinacio- 
nes al estudio del pasado se pronun- 
ciaron a tal punto que en 1891 
solicito del cuerpo legislativo un 
subsidio para dedicarse a escribir la 
historia de la Republica. La falta 
de andamiento del pedido lo puso 
en el trance de dejar de lado tarea 



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tan grande, limitandose por enton- 
ces a dar publicidad en 1892, a su 
f'Compendio de Historia del Uru- 
guay", recomendable trabajo que 
abarca desde la epoca pre-colonial 
hasta el afio 1830. 

Sus producciones pceticas que me- 
recieron elogios de la critica autori- 
zada, pero que no bastarian por su 
correccion formal y su inspiracion 
delicada para consagrar al autor co- 
mo un poeta de alcurnia, estan re- 
unidas bajo los distintos titulos de: 
Versos; Poesias; Amorosas, y Rimas, 
que aparecieron en distintos afios. 

Cuentan ademas entre otros libros 
de Arreguine: Tiranos de America, 
Francia (1896); Estudios sociales y 
ley de amor (1899); Tardes de Estio 
(1906); y una antologia de poetas 
uruguayos. 

En 1892 paso a residir en Buenos 
Aires, donde tuvo mejor campo para 
desarrollar una fecunda labor do- 
cente como catedratico en varios 
Institutos oficiales, mientras aumen- 
taba la lista de sus obras. 

Finalizaron sus dias en Buenos 
Aires el 24 de agosto de 1924. 



ARRIBIO, Herminio SANTOS 

Militar que llego a general de bri- 
gada en nuestro ejercito. 

Vino al mundo en la ciudad vie- 
ja de Montevideo, el l 9 de noviem- 
bre de 1841, hijo de Felix Arribio 
y de Angela Rolon. Sus servicios, 
principiados como voluntario en las 
liuestes revolucionarias del general 
Flores. donde sento plaza el 24 de di- 



ciembre del 63, destinado en clase 
de soldado al Batallon Florida, no 
sobrepasan, por circunstancia nin- 
guna, el habitual limite. 

Su firma, en funciones de 2° 
jefe del l 9 de Cazadores, es una de 
las que figuran en el famoso docu- 
mento del 15 de enero de 1875, en 
que los jefes de la guarnicion de 
Montevideo declaran caducado en 
sus funciones al Presidente consti- 
tucional Dr. Jose E. Ellauri, nom- 
brando por auioridad propia a Pedro 
Varela como Gobernador. 

No obstante,.en descargo de Arri- 
bio se podra alegar siempre, que 
aquel sargento mayor, hecho en la 
guerra, oscuro soldado de filas, ca- 
rente de instruccion, sin claro dis- 
cernimiento en punto a conducta 
ciudadana, se vio mezclado en un 
asunto historico trascendental, como 
a ciegas, tal cual acontecio con al- 
giin otro de sus companeros de 
aventura. 

El estigma de factor de un aten- 
tado contra las leyes, que acompano a 
Santos Arribio lo mismo que a to- 
dos los firmantes de la deposicion 
de Ellauri, limitado a ellos solamen- 
te, configura una grave injusticia. 
La tacha alcanza con mayor motivo 
a lcs polfticos colorados y blancos 
que prepararon el cuartelazo atando 
voluntades y azuzando tal vez a los 
que aparecen como sus ejecutores 
materiales, como alcanza tambien a 
los jefes de superior graduacion que 
luego de consumado el motfn le pres- 
taron su apoyo y pusieron su espada 
a servicio del gobierno usurpa,dor, 
hijo de la infidencia y de la fuerza. 



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Santos Arribio, que habia ganado 
su primer galon en buena ley, as- 
cendio a subteniente el 8 de julio 
de 1866 mientras servia en el Ba- 
tallon Florida en la campafia del 
Paraguay. 

En enero de 1866 paso al Bata- 
llon "Constitucional" donde aleanzo 
a teniente 2do. el 26 de febrero de 
1868 y a teniente l 9 el 25 de agosto 
siguiente. 

En la propia unidad, que el 24 
de abril del 69 habia pasado a de- 
nominarse Batalion de Cazadores 
N? 1, fue promovido a capitan el 7 
de octubre de 1870 combatiendo 
la revolucion blanca de Timoteo 
Aparicio. 

Sargento Mayor el 9 de iebrero 
del 72, el Presidente Ellauri, dis- 
pensandole una confianza que de- 
fraudo, lo hizo 2do. jefe del l 9 de 
Cazadores y en ese mando salio a 
la calle sublevado la nefasta noche 
de enero. 

Su inmediato superior, el coronel 
Lorenzo Latorre' convertido en Mi- 
nistro de Guerra y Marina del dic- 
tador Varela, dejo vacante la jefa- 
tura del cuerpo y Arribio vino a 
sustituirlo el 1° de febrero del 75, 
ascendido a teniente coronel en la 
misma fecha. 

E131 de enero del 76 hizo renun- 
cia de su puesto pasando a la Plana 
Mayor Pasiva, pero inmediatamen- 
te de asumir el poder discrecional 
Latorre lo volvio al servicio y por 
un corto periodo — 27 de julio a 20 
de noviembre — fue jefe interino 
del Parque Nacional. Desde enton- 
ces, sin perseguirlo, el dictador no 



dispehso tampoco a Arribio f avor 
alguno. 

La influencia del coronel Maximo 
Santos ante el presidente Francisco 
A. Vidal en 1880, lo llevo a la je- 
fatura del Lazareto de la Isla de 
Flores. 

Coronel graduado el 18 de mayo 
del 81, con fecha 6 de agosto del 
mismo afio se le designo Jefe Po- 
litico del departamento de Rio Ne- 
gro, cuando recren entonces se hizo 
efectiva su segregacion del depar- 
tamento de Paysandu, que ya estaba 
decretada desde el 20 de marzo del 
80 y de su comportamiento hay muy 
buen recuerdo. 

Coronel efectivo desde el 24 de 
febrero de 1883, el presidente Ta- 
jes, que lo sabia amigo suyo y hom 
bre de estar donde le indicase, lo 
nombro Inspector General de Ar- 
mas el 27 de diciembre de 18i?6, 
mientras se tomaban ias mediilas 
conducentes para desorganizar la 
maquina politica santista. Logrado 
el proposito en bien del pais, lo 
mantuvo en ese cargo (que habia 
retomado su antiguo nombre de Je- 
fe de Estado Mayor) durante todo 
su gobierno, dandole las palmas de 
general de brigada el 26 de febrero 
de 1890. En la presidencia del Dr. 
Julio Herrera y Obes continuo en el 
desempefio del puesto de Jefe de Es- 
tado Mayor hasta el 1° de marzo 
de 1894. 

En 1897, cuando la revolucion 
nacionalista alteraba la paz publica, 
fue jefe del Ejercito dei Sur, pero 
no llego la ocasion de medirse con 
los enemigos. 



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Opositor a Cuestas en 1898, la 
reaccion militar del 4 de julio lo +u- 
vo entre los generales revoluciona- 
rios, por cuyo motivo el dictador lo 
extrano del pais al cual solo quiso 
volver cuando se restituyeron las 
normas constitucionales. 

Fallecio en Montevideo el 9 de 
julio de 1907. 



ARRIETA, JOSE Casimiro 

Diplomatico, con cincuenta anos 
de servicios consecutivos rendidos 
al pals y prestados siempre en la 
Republica de Chile, donde llego 
siendo nirio. 

Nacido en San Jose de Mayo el 
4 de marzo de 1833, cuando aiin no 
tenia 12 arios, sus padres, espanta- 
dos de la suerte que podia correr 
en Montevideo sitiado a la fecha por 
las tropas de Oribe, decidieron ale- 
jarlo del pais y fue enviado a San- 
tiago de Chile. 

Sin mas ayuda que' tmas cartas 
de recomendacion, Arrieta, que lle- 
vaba el triunfo dentro de si, a me- 
rito de las superiores condiciones 
que lo distinguieron, alcanzo por 
propia virtud la mas envidiable si- 
tuacion social y financiera en una 
tierra que alguna vez no fue muy 
propicia a los extranjeros. 

Despues de hacer aprendizaje de 
numeros en la Contaduria Mayor del 
Estado, se bachillero en leyes y cien- 
cias politicas en 1855, mientras pros- 
peraba en actividades comerciales y 
como organizador de importantes so- 



ciedades de seguros, bancarias, mi- 
neras. etc, que le reportaron una 
gran fortuna, haciendo de el todo 
un personaje en el mundo de ne- 
gocios. 

En 1859, con fecha 3 de marzo, el 
gobierno de Gabriel Pereira nombro 
a Arrieta Consul General del Uru- 
guay y el^.,30 de junio de 1871 fue 
promovido por el presidente Batlle a 
la categoria de Encargado de Ne- 
gocios. 

El 24 de marzo del 74, en la ad- 
ministracion de Ellauri, se le hizo 
Ministro residente y el l p de junio 
de 1883 el general Santos le dio ca- 
tegoria superior de Enviado Extra- 
ordinario y Ministro Plenipoten- 
ciario. 

Con tan larga actuacion en la ca- 
rrera, Arrieta mantuvo el decanato 
del cuerpo diplomatico en Chile 
desde 1892 hasta 1903, en que si- 
guiendo la costumbre establecida 
cedio la preeminencia al represen- 
tante del Vaticano. , 

Riquisimo y un verdadero gran 
senor, nuestro Ministro mantuvo la 
Legacion nacional en Santiago en 
superior rango, aunque jamas quiso 
aceptar ninguna remuneracion tiel 
Estado, desempefiando todos sus 
cargos honorariamente. Sus relacio- 
nes en Chile y su gran tacto diplo- 
matico le permitieron rendir verda- 
deros servicios a la patria, dandole 
intervencion en momentos dificiies 
cuando hizo mediar al Uruguay en 
los peligrosos cpnflictcs surgidos 
entre Chile y la Republica Argen- 
tina, etc. Asimismo, y en caracter 



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de Ministro, se le vio actuar con 
especial acierto en las terribles y 
dolorosas circunstancias que subsi- 
guieron al suicidio del ex-presidente 
Jose Manuel Balmaceda, el cual en 
su liltimo memorandum le dejo reco- 
mendada a su familia y en su carta 
final al ministro argentino Uribu- 
ru le decia: "Pida a Arrieta que es 
bueno y esta cerca de los mios que 
cumpla con las obras de misericor- 
dia sin ceremonia ni acompana- 
miento alguno". 

Fiel al encargo postumo, nuestro 
Ministro saco ocultamente de la Le- 
gacion Argentina el cuerpo de su 
esclarecido amigo, llevandolo a se- 
pultar — ocultamente tambien — en 
el panteon suyo, para resguardarlo, 
si llegaha el caso, de la safia que 
azuzaban innobles los odios de la 
hora. 

Sus prestigios de autoridad en ma- 
teria hacendistica, asesor como ha- 
bia sido del progresista Intendente 
Vicufia Mackenna y consultor pri- 
vado del presidente Pinto, hicieron 
que Santcs en 1882 lo consultara 
sobre las finanzas nacionales pi- 
diendole estudiase nuestros prbble- 
mas del momento. Casi a correo 
vuelto, Arrieta le envio un memo- 
ramdum de clarividencia extraordi- 
naria, verdadero evangelio de buen 
gobierno y buena administracion 
todavia a estas horas. 

Yendo mas alla en su prestigio, 
en 1898, despues de lcs sucesos del 
4 de julio, el general Benigno Ca- 
lambula, invocando el nombre de un 
grupo de militares y ciudadanos so- 



licito su asentimiento para levan- 
tar su candidatura a la Presidencia 
de la Repiiblica en el cuadrienio 1899- 
1903. El Ministro se excuso fundado 
en .que su desvinculacion politica y 
su prolongado alejamiento del pais 
lo inhabilitaban en absoluto para 
desempenar a conciencia tan alto 
cargo. 

En 1909, nuestra cancilleria que 
necesitaba la Legacion de Chile pa- 
ra dar ubicacion a uno de tantos 
diplomaticos ambulantes, otorgo a 
Arrieta la categoria de Ministro Pie- 
nipotenciario ad-honorem por de- 
creto del 17 de abril. 

Hcmbre de gustos refinados hizo 
edificar para su residencia y sede 
de la Legacion en Santiago un her- 
moso, palacete y su Quinta de Pe- 
nalolen, proxima a la capital, es to- 
davia una finca magnifica en me- 
dio de un extenso parque. 

Aficionado a cuestio'nes de arte, 
protegio a Blanes haciendole varios 
encargues de pintura, entre los cuales 
un sobresaliente cuadro de famili-i. 

Distinguido en la mejor sociedad 
santiaguena y en su alto cargo ho- 
norifico vino a fallecer en su casa 
de verano en Vifia del Mar, casi 
octogenario el 11 de agosto de 1911. 



ARROYO, FELIPE Dionisio 

Coronel del ejercito, con presti- 
gio partidario en el departameuto 
de Colonia, cuya Jefatura politica 
desempeno con beneplacito general. 
Hijo de Felipe Arroyo y Benita Le- 



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guisamo, era nacido en la Colonia 
ctel Sacramento el 6 de octubre de 
1824. 

Empezo sus servicios militares en 
la Guerra Grande, figurando como 
porta en el Estado Mayor de la 3 ? 
brigada de caballeria a mediados de 
1844 y como alferez en la Division 
Flores en el afio 1845; en julio del 
ano siguiente asciende a teniente l 9 
en el Escuadron Escolta, formando 
parte del ejercito que al mando del 
general Rivera operaba en el lito- 
ral de la Republica. 

En junio de 1853 se le destino a 
la Guardia Nacional del departa- 
mento de Cclonia, habiendo llegado 
en ese mismo mes a ayudante ma- 
yor. A poco mas de un ano, el 11 
de julio de 1854 fue promovido a 
capitan y nombrado jefe politico 
de Colouia, cargo que desempeno 
hasta el 19 de octubre del ano si- 
guiente, en que interinando el P. E. 
Manuel B. Bustamante, vino a sus- 
tituirlo Jose M. Palacios. 

A servicio de sus convicciones 
partidistas, embarco en la goleta 
Maipu con la expedieion de revo- 
lucionarios del general Cesar Diaz, 
con el grado de sargento mayor. 
Hizo toda la breve campana y tuvo 
la suerte de no hallarse incluico 
— tal vez para luego ser muerto — 
entre los capitulados de Quinteros 
fdiciembre de 1857 - enero de 1858,'. 

Pronunciado el general Venancio 
Flores en 1863 contra el gobiemo 
de Berro, sucesor -de Pereira, busco 
Arroyo un puesto en el ejercito re- 
volucionario, .ganando mucho ascen- 
diente sobre su jefe, no como mili- 



tar valiente — cualidad ^comun — si- 
no como jefe de orden, cosa muy 
distinta. 

Teniente coronel en la guerra, 
el general Venancio Flores le con- 
firio el ascenso a coronel con fecha 
19 de mayo de 1865. 

Jefe Politico y Comandante mi- 
litar de la Colonia, al triunfo de la 
Cruzada, ocupo dicho empleo hasta 
el 22 de abril de 1867, en que se le 
acepta la renuncia que presenta 
obligado por su mala salud; aqueja- 
balo de largo tiempo atras una afec- 
cion cardiaca, que hizo crisis fatal 
el 24 de junio del 67. 

El gobcrnador provisorio decreto 
en su honor la ereccion de un pe- 
quefio monumento funerario que 
recordara "al buen ciudadano y al 
valiente servidor de la patria". No 
bastaria desde luego, una dispcsi- 
cion oficial semejante para calificar 
al coronel Arroyo o a otro militar 
o funcionario; pero junto con el 
decreto y con menos riesgo de sos- 
pecha hay que atenerse a las una- 
nimes manifestaciones de duelo con 
que el departamento recibio la no- 
ticia de la muerte del ex-jefe poli- 
tico. 

Formaron en el sepelio no soJa- 
mente todos los ccches de la ciu- 
dad, sino una gran cantidad que pro- 
cedentes de las estancias conducian 
gran numero. de extranjeros cuyos 
vice-consules participaron colectiva- 
mc-nte en el duelo. Se improviso "una 
banda de musica de aficionados para 
el acto y como no existia carro fune- 
bre confeccionaron uno ad-hoc para 
conducirlo a la ultima morada". 



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ARROYO LINO Abelino (Garcia) 

Militar y funcionario publico dis- 
tinguido por sus virtudes civicas. 
Ningun vinculo de familia lo unia 
con el anterior coronel y en reali- 
dad el apellido era el doble apelli- 
do de Garcia Arroyo, cuya primnra 
parte su padre, un modesto comer- 
ciante espafiol, ya habia reducido a 
una letra. 

Nacio en Montevideo el 23 de se- 
tiembre de 1836, y quedo huerfano 
a los 14 afics. Sin medios de viJa, 
en setiembre de 1851 fue a presen- 
tarse como soldado voluntario al 
ler. batallon de Guardias Naciona- 
les Defensores de la Capital man- 
dado por el coronel Tajes, donde un 
amigo de la familia, Pedro Zas, 
desempenaba funciones de capitan. 

Goncluida poco despues la Guerra 
Grande interrumpio la carrera de 
armas dedicandose al comercio, pe- 
ro al principiar la revolucion co- 
lorada del general Flores, en 1863, 
busco el modo de incorporarse a sus 
amigos politicos, hizo toda la cam- 
pafia y el dia del triunfo, en 1865, 
ostentaba galones de capitan. 

A servicio del gobierno cuando el 
coronel blanco Timoteo Aparicio al- 
zo bandera de revuelta, le cupo a 
Lino Arroyo batirse junto al coro- 
nel Fidelis Paes Da Silva en la ac- 
cion de Batovi Dorado, una de las 
mas encarnizadas de la campafia, el 
15 de agosto de 1871. Derrotados los 
suyos, vanos fueron los esfuerzos de 
Arroyo para rescatar el cadaver de 
su jefe caido en el combate. 



En el transcurso de la campaiia 
obtuvo grado de sargento mayor el 
27 de agosto de 1870, a ordenes del 
general Jose Gregorio Suarez; la 
efectividad el mismo mes del afio 
siguiente y el grado -de teniente co- 
ronel el 15 de enero del 72. 

Concertada la paz de abril de 1872, 
ocupo el puesto de oficial l 9 de la 
jefatura de Tacuarembo y electo 
presidente de la Republica el Dr. 
Ellauri, se le confio, en marzo de 
1873, la jefatura politica del propio 
departamento donde, activo, culto, 
honrado y tolerante, hizo una admi- 
nistracion ejemplar. 

Alli lo enccntraron los funestos 
sucesos del 15 de enero de 1875. No- 
tificado por el nuevo Ministro de 
Gobierno Isaac de Tezanos, del cam- 
bio polftico efectuado en la capital, 
el comandante Arroyo respondio di- 
ciendcle que no reconocia otra au- 
toridad que la del presidente legal 
Dr. Ellauri. 

A la notificacion se acompanaba 
el decreto nombrando jefe politico 
al teniente coronel Jose Gregorio 
Escobar, pero Arroyo se nego a en- 
tregarle el puesto, y — visto care- 
cer de fuerzas para resistir — dio 
pcsesion de la jefatura al presiden- 
te de la Junta, Miguel Yofre. 

Preso Arroyo casi en seguida, se 
dio el caso extraordinario, descono- 
cido en nuestros anales historicos, 
de que lo mas prestigioso del vecin- 
dario de Tacuarembo, sin haber dis- 
tincion de nacionales o extranjeros, 
sclicitara la libertad provisional del 
ex jefe, pidiendo que se le.diera el 
pueblo por carcel, bajo la fianza de: 



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todos y cada uno de los firmantes 
del petitorio. 

Amnistiado en 1876 y sin rol sub- 
siguiente, fue baja una vez mas en 
febrero de 1886, por no haberse pre- 
sentado al llamado del gobierno. Pe- 
ro cuando el clima politico despues 
de la Conciliacion de Noviembre hu- 
bo cambiado de modo total, ocupo 
Arroyo sucesivamente las jefaturas 
politicas de los departamentos de 
Treinta y Tres y de Rocha en el pe- 
riodo del 86 al 90, para ser el mis- 
mo excelente funcionario que habia 
sido doce anos antes. 

Ascendido a coronel el 26 de fe- 
brero de 1890, Lino G. Arrcyo fa- 
llecio en Montevideo el 27 de agosto 
de 1897, sin dejar a los deudos nada 
mas que un honrado apellido. 



ARRUE, JULIO Bartolome 

Militar afiliado al partido blanco, 
con larga y brillante foja, pero que 
no figuro sino fugazmente en ios 
escalafones del ejercito de linea, 
siendo de la Guardia Nacional sus 
grados, hasta el de coronel. 

Era natural de Montevideo, nacido 
el 12 de octubre de 1829, hijo del 
coronel de la Independencia Juan 
Bernardino Arrue, y de Natividad 
Laguna, hija del procer de la In- 
dependencia del mismo apellido. 
Iniciado en los estudios, demostro 
poseer las condiciones suficientes 
para que el gobierno de Oribe en el 
Cerrito le otorgara una beca a fin de 
continuar estudiando en Francia. La 
beca se le prorrogo al afio siguien- 



te, pero Arrue no llego a graduar- 
se con titulo alguno. 

En abril de 1860 se le encuencra 
como teniente 2? del Batallon N? 2 
de Guardias Nacionales de Monte- 
video; teniente l 9 en marzo de 1863, 
el 2 de enero del siguiente ano ob- 
tiene despachos de capitan de in- 
fanteria sirviendo entonces en el l 9 
de Guardias Nacionales; y el 15 de 
diciembre de 1864 asciende a tenien- 
te coronel. 

Durante el gobierno de Berro ha- 
bia combatido a los revolucionarios 
coloradcs d'e Flores, al mando de 
una compahia de negros y mulatos 
agregada a um batallon de linea. 

En la tentativa de reaccion blan- 
ca que Berro capitaneo contra Flo- 
res el 19 de febrero de 1868, fue 
Arrue uno de los atacantes del Fuer- 
te de Gobierno. Desempehose >..on 
audaz resolucion y tienese por cier- 
to que el, personalmente, fue qiiien 
puso fuera de ccmbate al centinela. 
Fracasado el golpe, Arrue, con mas 
suerte que su jefe el ex-presidente 
Berro, escapo en un bote que por 
precaucion tenia preparado en el f;x- 
tremo sur de la calle Misiones. 

En el movimiento armado del co- 
ronel Timoteo Aparicio formo en las 
filas de la revolucion en la que tu- 
vo senalado. desempeno, siendo' he- 
rido de un balazo en la cabeza en 
la sangrienta jornada del Sauce el 
25 de diciembre de 1870. 

Ajustada la paz de abril de 1872, 
es en este momento que Arrue en- 
tra a figurar aunque sea por corto 
termino en el escalafon del ejer- 
cito de la Republica, dado de alta 



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en el Estado Mayor Pasivo como te- 
niente coronel de infanteria de M- 
nea con fecha 2 de mayo del pre- 
citado afio. Compelido a justifi;-ar 
su calidad de jefe de milicias en un 
plazo perentorio de quince dias, la 
superioridad puso obstaculos arbi- 
trarios a sus probanzas y luego con 
manifiesta ligereza e injusticia re- 
voco el decreto de incorporacion. 

Cuando el Partido Blanco, que ha- 
bia cambiado su nombre por Par- 
do Nacional, se dividio en neto y 
principista durante la administra- 
cion del Dr. Ellauri, Arrue afiliose 
a esta ultima fraccion, tocandole es- 
tar por la causa legalista en los su- 
cesos de enero del 75. 

Derrocado el presidente Ellauri 
para entronizar una nueva situacion 
que avergonzaba al pais y que sos- 
tenian mancomunadas las fraccio- 
nes netas de los partidos colorado 
y blanco, los elementos politicos 
contrarios organizaron el movimien- 
to armado de la "Reaccion Nacio- 
nal" con proposito de establecer por 
la fuerza el imperio institucional. 

El coronel Arrue, emigrado en la 
Argentina, fue uno de los jefes c'e 
la reaccion e invadio el pais pcr el 
departamento de Soriano al mando 
de un plantel de infantes. Despues 
de tomar la ciudad de Mercedes, 
batio al jefe gubernista Carlos Gnu- 
dencio en la jorriada de Persevera- 
no el 7 de octubre del 75. Las fuer- 
zas de Arriie, muy inferiores a ias 
de su adversario, pelearon con sin- 
gular denuedo pese a tratarse de 
soldados imprcvisados, y el triun- 
fo de la revolucion fue brillante. Sin 



embargo, causas multiples no solo 
neutralizaron los efectos de la vic- 
toria sino que actuaron hasta ma- 
lograr aquel hermoso movimiento 
civico que se conocio por "la Re ,_ o- 
lucion Trieolor'. Arrue, vencido, tu- 
vo que pasar la frontera del Brasil 
y volver a Buenos Aires. 

Principiaba asi una expatriacibn 
que solo concluiria con su vida, y 
se dedico a negocios bursatiles en 
los cuales pudo formarse una des- 
ahogada situacion pecuniaria. 

Un dia llego a Buenos Aires, des- 
terrado, el dictador Latorre y cua- 
dro la oportunidad de que se inteu- 
tara hacerlo conversar con su anti- 
guo enemigo, a fin de cambiar ideas 
acerca de la situacion de la Repu- 
blica, pero Arriie rechazo en abso- 
luto hasta la idea de una entrevista 
con el sombrio personaje. 

No tuvo participacion en el mo- 
vimiento de 1886 contra la domina- 
cion santista y en 1887, gobernan- 
do el general Tajes, vino a -Monte- 
video donde fue presentado al nue- 
vo Presidente. 

Se dijo en algun momento rue 
iba a reincorporarse a la vida poii- 
tica del pais, pero era una noticia 
infundada y casi en seguida esta- 
ba de regreso en Buenos Aires. 

Gravemente enfermo en los di'as 
de la revolucion nacionalista de 
1897, fallecio en su voluntario reti- 
ro el 4 de noviembre del mismo 
aiio. Sin mayores dotes para un 
mando superior, fue el coronel 
Arrue un excelente jefe y un solda- 
do de sereno valor, a la vez que un 
austero ciudadano. 



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ARTAGAVEITIA, RAMON de 

Conocido jefe de uno de los bata- 
llones oribistas durante el sitio de 
Montevideo de 1843 - 51, no fue su 
carrera la carrera de las armas sino 
el comercio, no obstante haber ser- 
vido. en su juventud a la causa del 
rey en la lucha con los patriotas, a 
fuer de espanol como era. 

Natural de Espana, nacido en 
Santurce en 1796, llego al Rio de la 
Plata en edad muy temprana. Crea- 
da la Republica por la Convencion 
de 1828, Artagaveitia se connatura- 
lizo ccn el nuevo orden de cosas, 
afecto a la causa provincial antes 
que a las dominaciones extrafias, 
desde la epoca en que estos paises 
se habian perdido para Espana. 

Formo como teniente de la com- 
pania de Granaderos del batallon.de 
milicia activa de infanteria desde 
que se organizaron las guardias na- 
cionales, ascendio a capitan el 19 de 
julio de 1833 y combatid la revolu- 
cion lavallejista de 1834. Adicto al 
general Oribe, cuyo partido siguio 
por toda la vida, fue electo repre- 
sentante por Colonia en 1835. 

En noviembre del mismo aho pidio 
su separacion del batallon de guardia 
nacional en que servia "por ser ciu- 
dadano legal y reprocharselo los pa- 
peles publicos". Pero la superioridad 
no hizo lugar al pedido teniendo en 
cuenta sus servicios "que lo honran 
y distinguen". 

Por ese tiempo era dueno de una 
importante organizacion lanchonera 
a la cual las complicaciones de la 



guerra contra Rosas en la 2da. pre- 
sidencia de Rivera perturbaron con- 
siderablemente. 

Depuesto Oribe por la revolucion 
riverista, Artagaveitia permanecio 
en Montevideo pronto a coadyuvar 
a la revancha, verdadero quintaco- 
lumnista de la epoca. Persona adi- 
nerada y de prestigio en ciertas es- 
feras de pueblo, con el se contaba y 
a el se pedia consejo por el coronel 
Antonio Diaz, ex-ministro de Oribe, 
cuando planeaba en Buenos Aires 
— con apoyo de Rosas desde luego — . 
un ataque sorpresivo a la capital 
por via maritima en 1841. 

Despues que el general Oribe, en 
febrero de 1343, establecio el sitio 
de Montevideo como jefe del'ejer- 
cito unido de vanguardia de la Con- 
federacion Argentina, Artagaveitia 
traslado todas sus actividades al 
puerto del Buceo, habilitado como 
puerto oficial del titulado gobierno 
legal. El jefe sitiador le ccnfio la 
tarea de organizar un cuerpo de 
voluntarios vascongados. Vasco el 
mismo y en permanente contacto 
eon paisancs suyos embarcadizos, 
peones de salazon o graseria y con 
un viejo rescoldo militar, Artagavei- 
tia — carlista ademas — estaba en 
condiciones de satisfacer los deseos 
de su general. 

La guerra civil de Espana que ve- 
m'a de concluir por esa epoca t:on 
la derrota de los absolutistas, aporto 
a la cbra numerosos y excelenles 
elementos. Los emigrados y fugiti- 
vos carlistas — blancos en Espana — 
que venian enardecidos de la pelea 
contra los liberales, pasaban a en- 



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grosar el batallon del paisano vasco 
blanco de Montevideo, para de este 
modo seguir peleando contra los li- 
berales que aqui se llamaban colo- 
rados pero eran, lo mismo que alla 
"enemigos de Dios y la religion." 

El batallon de Artagaveitia llama- 
do "Voluntarios de Oribe", llego a 
ser uno de los cuerpos veteranos 
mas numerosos, y de mas prestigio 
militar entre los batallones del Ce- 
rrito. 

En ese servicio y con grado de 
teniente coronel, vino la conclusion 
de la guerra por el tratado de paz 
de 8 de octubre de 1851. Mariano 
B. Berro acredita que el 5 del mis- 
mo mes, el batallon que tenia 4.00 
hombres, fue desarmado y disuelto 
por el propio comandante, presen- 
ciando el acto el jefe de la nave es- 
paflola Mazarredc, fondeada en el 
puerto del Buceo. Poco sobrevivio al 
fin de la guerra el jefe de los Volun- 
tarios, pues su deceso tuvo lugar en 
Montevideo el 11 de julio de 1852. 



ARTEAGA, Tomas CLODOMIRO 

Hombre politico, varias veces 
miembro del cuerpo legislativo. Hijo 
de Juan Antonio Arteaga, nacio en 
Montevideo el 18 de noviembre de 
1836. 

Sus primeros ensayos de vida pu- 
blica y de periodismo los hizo en 
Paysandii, cuando el coronel Cara- 
ballo, sublevado en 1868 con su her- 
mano el general Francisco contra el 
presidente general Lorenzp Batlle, 
nombro a Arteaga — por autoridad 



propia — Jefe Politico del departa- 
mento. Al aproximarse una fuerza 
gubernista poco demoraron en po- 
nerse todos en fuga. Por esta misma 
epoca habia adquirido alli una im- 
prenta por la cual se tiraba "La Tri- 
buna Oriental", hoja de gran for- 
mato y excelente presentacion. 

Suplente por Tacuarembo, convo- 
cado a la ir* legislatura para llenar 
la vacante de los diputados oposito- 
res expulsados por la mayoria soli- 
darizada con el motin del 15 de ere- 
ro, fue votado en Paysandu para la 
legislatura siguiente en 1876; pero 
estas camaras no llegaron a funcio- 
nar pues sobrevino la dictadura de 
Latorre y se disolvieron sin necesi- 
dad de decreto. 

Se establecio entonces en Monte- 
video como hombre de negocios, 
planteando el establecimiento tipo- 
grafico por donde saco a luz el dia- 
rio "La Nacion", que luego pondifa 
a disposicion de todos los gobernan- 
tes, sea como organo francamente 
oficial, sea como portavoz de las e1- 
turas, sea como simple hoja "bien 
informada" en sus noticias poh'ticas. 

Pocas veces perdio Arteaga el 
norte gubernista, pero en las ocasio- 
nes en que vacilo — y eso fue en 
periodos cruciales como a la caida de 
Latorre y a raiz de la muerte de 
Idiarte Borda — pronto supo encon- 
trar la pista y seguir por ella hasta 
que despues de la eleccion presiden- 
cial de Batlle y Ordofiez en 1903, 
el diario, privado de todo vinculo 
oficial u oficioso, dejo de aparecer. 

Respaldada desde arriba, "La Fa- 
cion", en sus largos anos de ex. ; s- 



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tencia, estampo en sus columnas, de 
mandato superior, todo lo que ie *-e- 
m'a con aquel sello y ajusto su len- 
guaje, temperado o procaz conforme 
al diapason que se le indicara. Pero, 
hay que decirlo honradamente, "La 
Nacion" y los diarios opositores, em- 
parejadcs en el insulto y la diatri- 
ba, se sacaban chispas en ciertos 
tiempos tremendos. 

Una redaccion ad-hoc — Clodomi- 
ro Arteaga era practicamente inca- 
paz de pergefiar medio editorial — 
daba iorma periodistica a los desaho- 
gos e imperativos recibidos de lo 
alto, pues unicamente durante el 
gobierno de Cuestas se dio el caso 
inaudito, repetido casi todos los dias, 
de que el Presidente enviase para 
publicar en "La Nacion" los sueltos 
que el mismo escribi'a con torpe plu- 
ma e insolencia inverosimil, elucu- 
braciones que, por si solas, servi- 
rian a la posteridad como pintura 
de una epoca. 

Cobrose Arteaga de estos singu- 
lares cometidos, ocupando puestos 
en el cuerpo legislativo durante 
veinticinco afios — diputado por 
Minas cinco veces, senador por el 
mismo departamento en 1900 y por 
el de San Jcse en 1897 y Consejero 
de Estado en 1898. 

Fue, contemplado de otros puntos 
de vista, hombre progresista, bue- 
no y servicial, con gran don de 
gentes, que unido a su alta y 
elegante figura, le ganaron proba- 
blemente la representacion de la 
Camara de Diputados en Ia mision 



que fue al Paraguay ea 1885 a de- 
volver los trofeos de la guerra. 

Rico y con veleidades de gran se- 
nor, adquirio en Europa, durante un 
viaje, el titulo de Conde de Marco- 
sena, uno de esos titulos — in parti- 
bus — vendidos sin compromiso por 
ciertos gobiernos, pero que permiten 
lucir en el coche una corona con 
puntas sobremontadas de perlas. 

Dejo de existir en la capital el 8 
de marzo de 1902. 



ARTIGAS, JOAQUIN 

Soldado de la independencia, uno 
de los treinta y tres patriotas que a 
las ordenes del general Juan A. La- 
valleja desembarcaron en la Agra- 
ciada el 19 de abril de 1825, para 
tentar el levantamiento de la pro- 
vincia Oriental contra los brasilenos 
que la tem'an conquistada. 

Era criado del alferez Pantaleon 
Artigas a quien pertenecia como es- 
clavo y vino como asistente suyo, re- 
vistando en la nomina de los cru- 
zados del afio 25 como simple 
soldado. 

Se le tiene a Joaquin Artigas co- 
mo hombre de color, aunque no exis- 
ta fundamento capital para decir 
que fuera nativo de Africa. 

En mayo de 1825 aparece desti- 
nado al Regimiento de Dragones Li- 
bertadores. 

El 15 de diciembre de 1828, sir- 
viendo en el Regimiento de Inf ante- 
ria de la Guardia del Gobierno de 



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la Erovincia, asciende a cabo l 9 , 
siendo cabo 2°. 

El primero de enero de 1829 paso 
al Batall6n 3"? de Cazadores, en Ca- 
nelones. En noviembre esta desta- 
cado en la Isla de Eatas y en enero 
de 1830 de guardia en el Fuerte. 

Tuvo la suerte de pasar sin con- 
tratiempo por todas las peripecias in- 
herentes a una lucha prolongada trea 
afios, pero no sigui6 carrera de 
armas. Apenas si en setiembre de 
1839, cuando el ejercito argentino 
rosista del general Echagiie invadio 
la Republica, Artigas, con un grupo 
de voluntarios, todos hombres de co- 
lor, libres, se; ofrecio al gobierno pa- 
ra formar una compania de artille- 
ros, en defensa de la independencia 
y de la libertad. 

Reconocido e incluldo en la lista 
de los Treinta y Tres, tuvo opci6n al 
premio que el Primer Congreso 
Constituyente de las Provincias UnL- 
das reunido en Buenos Aires habla 
conferido a Lavalleja y a sus auda- 
ces compafieros el 23 de mayo da 
1826, premio reconocido luego por la 
Asamblea Constituyente de la Re- 
publica, el 14 de julio de 1830, el 
cual consistia en una asignaci6n de 
dinero, vitalicia, de quinientos pesos 
anuales en la parte correspondienta 
a sargentos, cabos y soldados. 

Joaquln Artigas figura en la lista 
del premio a los Treinta y Tres has- 
ta el mes de octubre de 1842. Desde 
esta fecha no hay listas hasta 1852, 
pero a esta fecha ya no figura, igno- 
randose el dia de su fallecimiento. 



ABTIGAS, JOSB Gervasio 

Figura procer, por excelencia, de la 
historia nacional, primer jefe de los 
orientales y primer estadista de la re- 
volucion del Rio de la Plata, segiin 
acertadamente se le ha llamado. 

Nacido el 19 de junio de 1764, hijo 
de Martin Jose Artigas y Francisca 
Antonia Arnal, , segiin la partida 
que luce al folio 209 vuelto del libro 
primero de Bautismos de la Cate- 
dral, su abuelo, Juan Antonio Arti- 
gas, habia sido uno de los primeros 
pobladores de la ciudad. 

No dice el asiento parroquial que 
haya visto luz en Montevideo, lo 
cual plantea discusion sobre el sitio 
de su cuna, pero nada permite creer 
que haya nacido en la Villa del Sau- 
ce, localidad del departamento de 
Canelones. La considerable distancia 
de esta poblacion, los pesimos cami- 
nos y la estacion invernal, parecen 
excluir la posibilidad de un viaje, 
sin objeto, con una criatura de tres 
dias, puesto que se le impuso "Oleo 
y Chrisma" el 21 de junio. 

Concurrente cuando niiio al Cole- 
gio Franciscano, recibio la mediocre 
ensenanza de la epoca, y hecho mo- 
cito, paso a ocuparse en faenas rura- 
les en la campana despoblada, don- 
de las autoridades, poco mas de no- 
minales, eran incapaces de tener a 
raya al gauchaje levantisco, y de 
contener los avances y tropelias de 
los grupos de indios charruas y mi- 
nuanos, mas numerosos, pero no 



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peores, que los contrabandistas por- 
tugueses que infectaban la zona. 

La que podria llamarse carrera de 
armas de Jose Artigas, principia el 
dla 10 de marzo de 1897, cuando 
ingreso como oficial al cuerpo de 
Blandengues, unidad militar cuyas 
funciones eran, en lo principal, fun- 
ciones de policia y vigilancia. De en- 
trada tuvo a su cargo una partida 
recorredora de los campos, y ascen- 
dio sucesivamente a ayudante mayor 
cie milicias de caballeria y luego a 
cspitan, hasta que el 3 de setiembre 
de 1810 recibio el mando de una 
compania veterana de Blandengues 
de la Frontera. 

Su actividad continua en el ser- 
vicio era prenda de orden para los 
estancieros y pobladores de la cam- 
pana, y garantia cierta de vidas y 
haciendas. En esa carrera. donde 
comprendi6 la esencia de la reali- 
dad popular que debia imponer las 
directivas a su obra de hombre pu- 
blico, tuvo ocasion de convivir, ca- 
si un ano, en Intimo contacto con 
Felix de Azara, sabio naturalista 
espafiol y hombre de profundos y 
variados conocimientos, cuyas ideas 
en materia eeonomico - social Arti- 
gas asimilo indudablemente, pues 
aparecen mas tar.de en varias de sus 
concepciones de hombre de go- 
bierno. 

Azara, en los afios 1801 - 1802, 
desempefiaba funciones oficiales co- 
mo encargado de limites en la fron- 
tera con Portugal. 

Las autoridades superiores de la 
colonia, por su lado, compartiari el 



buen concepto general sobre Arti- 
gas y existen multiples e inequivo- 
cas pruebas de la confianza y con- 
sideracion que, de Gobernador aba- 
30, merecio de los funcionarios es- 
panoles. 

Querido yrespetado por la gente 
de campo, su valor y sus condicio- 
nes de soldado se hacian presentes, 
de modo natural, sobre el elemento 
criollo, que penetraba bien el sen- 
tido de justicia equitativa y tole- 
rante, caracteristica, del capitan de 
Blandengues. 

A la hora de las invasiones in- 
glesas marcho a combatir contra ios 
extranjeros "herejes", y el dia en 
que Montevideo fue tomada por 
ellos — 3 de febrero de 1807 — diri- 
giose al campo con el proposito de 
organizar fuerzas que resistieran en 
el interior. 

Sobre un primer plantel de tres- 
cientos hombres, reclutado con la 
cooperacion del saladerista Secco, 
agrupando los peones de las estan- 
cias y los paisanos que acudian a 
ponerse a sus 6rdenes, prestamente 
tuvo Artigas elementos de fuerza y, 
sobre todo, posibilidad de movili- 
zarlos y ponerlos en accion por la 
buena calidad .y abundancia de 
montados. 

Pero no fu6 preciso llegar a la 
lucha, pues los ingleses evacuaron 
el Rio de la Plata, en derrota, y el 
sefiorio colonial de Espafia pudo 
reanudar su marcha con la misma 
lamentable torpeza y cortas miras 
de un regimen anquilosado, en di- 
solucion espontanea. 



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De este modo, la revolucion del 
25 de Mayo en Buenos Aires hallo 
a Artigas reintegrado a sus funcio- 
nes de policia en la campafia, pero 
no ajeno a las ideas nuevas que 
fermentaban, y una vez que, ade- 
lantados los sucesos, aquellas ideas 
y propositos tuvieron una mas cla- 
ra definicion, el capitan, que venia 
sirviendo a las ordenes del briga- 
dier Jose Muesas, en la Colonia 
del Sacramento, abandono las filas 
espanolas cruzando el rio Uruguay, 
rumbo a Buenos Aires, la noche del 
2 de febrero de 1811, en compania 
de Eafael Ortiguera, teniente de su 
misma compania, para ofrecer su 
espada a la patria. 

Su concurso, que Mariano More- 
no ya habia sefialado como valioso, 
se acepto por la Junta Revoluciona- 
ria a la cual acudio a presentarse, 
y Artigas tuvo encargo de prepa- 
rar, desde la fronteriza provincia 
de Entre Rios, el levantamiento de 
la Banda Oriental, utilizando al 
efecto sus relaciones y su prestigio 
en la tierra nativa, y los hilos que 
virtualmente estaban tendidos. 

Los primeros pronunciamientos 
tuvieron por teatro el pueblo de 
Belen, en el Alto Uruguay, y el 
campo de la costa del arroyo Ascen- 
cio, en Soriano, y a su preparacion 
no eran ajenos Artigas o los agen- 
tes suyos. 

La hora esperada parecia haber 
sonado y con los auxilios que pro- 
porciono la Junta, la cual lo habia 
piomovido a teniente coronel efec- 
tivo por decreto de 9 de marzo, arri- 



bo a su provincia al mes justa- 
mente de tener mando — 9 de abril 
— a fin de tomar intervencion per- 
sonal en la guerra, trayendo a sus 
inmediatas ordenes ciento cincuenta 
pia7as del Batallon de Patricios. 

Aceptado generalmente como ver- 
dad que el desembarco se haya pro- 
ducido por el actual departamento 
de Colonia, en la Calera de las 
Huerfanas, hay pareceres muy res- 
petables que consideran que la ruta 
de Artigas debio ser, saliendo de 
Entre Rios, el camino que lo llevo 
al campamento de Capilla de Mer- 
cedes de Soriano, lugar donde asen- 
taban las fuerzas patriotas, cuya je- 
fatura habian confiado las autorida- 
des de Mayo al general Manuel 
Belgrano, a su regreso, vencido, del 
Paraguay. 

Llamado este a Buenos Aires a 
responder del fracaso de dicha ex- 
pedicion, Jose Rondeau fue el jefe 
que vendria a sustituirlo. 

Artigas tomo la jefatura de la 
vanguardia patriota iniciando mar- 
cha hacia el Sur. 

Su presencia determino una rapi- 
da agudizacion del sentimiento in- 
surreccional, puesto de manifiesto en 
innumerables incorporaciones de 
gente en armas por la patria, acu- 
sadas en toda la extension de la 
provincia que, Uamada entonces 
Banda Oriental, presto hallose bajo 
el control de los patriotas. 

Solamente los pueblos de cierta 
importancia, con Montevideo como 
baluarte prfncipal, quedaron hajo 
la obediencia de las autoridades es- 



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panolas y las primeras hostilidades 
no tardaron en producirse, regis- 
trandose triunfos para la patria en 
Paso del Hey, sobre el rio San Jose 
— 21 de abril — y en el ataque y to- 
ma de la villa • del mismo nombre el 
25, mientras oficiales suyos vencian 
a los espafioies en Maldonado y en 
San Carlos. 

Artigas iniciaba entonces, a la vez 
de su marcha, una carrera de poli- 
tico y de soldado que solo debia 
durar nueve afios, que no son nada, 
si bien se mira, en una vida qus 
totalizo ochenta y seis, pero que fue- 
ron bastantes para que, por su obra 
y su gravitacion futura, pueda con- 
siderarsele como una de las perso- 
nalidades mas vigorosas y comple- 
tas de la historia continental. 

Trasladado su cuartel general a 
San Jose, Artigas reunio sus fuerzas 
con las de su pariente Manuel Fran- 
cisco Artigas, y avanzando con unos 
mil hombres sobre los realistas que 
operaban en Canelones, obtuvo so- 
bre ellos, al mando del capitan de 
marina Jose Posadas, el 18 de ma- 
yo de 1311, la victoria de Las Pie- 
dras, batalla campal en que el jefe 
espafiol rindio su espada al solda- 
do montevideano y donde este — al 
decir del Dean Punes — "manifesto 
un gran valor y un reposo en la 
misma accion, con que supo encen- 
der y mitigar a un mismo tiempo, 
las pasiones fuertes y vehementes 
de su tropa". 

Las dianas de la Provincia Orien- 
tal resonaron, asi, como los prime- 
ros acentos triunfales de la Revo- 



lucion de Mayo; otras, que las es- 
trofas del himno nacional argentino 
recuerdan: San Lorenzo, en las altas 
barrancas del Parana, y Suipacha, 
en los lejanos confines del Virrey- 
nato, harian eco a las dianas de 
Sen Jose y de Las Piedras. 

Continuando su marcha rumbo al 
Sur, el 21 del propio mes de mayo 
Artigas aparecio con sus huestes en 
el Cerrito, altura de donde se divi- 
Fa de cerca a Montevideo, e intimo 
rendicion al gobernador Francisco 
X. EHo, que mandaba la mas po- 
derosa plaza fuerte de Espafia en 
las costas del Atlantico. El espanol, 
como es natural, rechazo de plano 
al emisario artiguista y fue preci- 
so pensar en la formalizacion del si- 
tio. El nuevo jefe enviado por la ^ 
Junta Revolucionaria, general Jose 
Rondeau, llego recien el 19 de junio 
al campo del Cerrito, tomando en 
seguida la direccion de las fuerzas 
patriotas. 

La invasion de un ejercito por- 
tugues a Ias ordenes del general 
Diego de Sousa, que en julio del 
afio 11 penetro hasta Melo y Mal- 
donado, y cuyo auxilio habia con- 
seguido el jefe espafiol encerrado 
en Montevideo, a titulo de favorecer 
comunes intereses dinasticos de los 
Borbones de la Fenmsula, unien- 
dose a los reveses militares experi- 
mentados por la causa independien- 
te, cuyos soldados al mando de Bal- 
carce habian sido deshechos en 
Huaqui, en el Alto Peru, dieron 
motivo a que la Junta de Buenos 
inxes negociara con Javier de Elio. 



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De los tratos, resulto el armisti- 
cio de 20 de octubre de 1811, por 
el que se estipulaba el levanta- 
niiento del sitio de Montevideo, 
mantenido desde hacia casi un se- 
inestre por las armas patriotas, de- 
biendo retirarse de la Banda los 
ejercitos de Buenos Aires y los del 
portugues, y reconocida en ella la 
autoridad espafiola. A consecuencia 
de ese convenio la Provincia Orien- 
tal venla a hallarse subyugada y 
sin defensa, segregada de hecho de 
las que se denominaban unidas. 

La Junta designo a Artigas go- 
bernador de Yapeyii, pareciendo 
que no le quedaba a nuestro des- 
temido capitan otra solucion que 
convertirse en un jefe subalterno 
mas dentro de las filas del ejer- 
cito independiente. Pero Artigas, 
aceptando el cargo que se le con- 
fiaba, resolvio con la firmeza se- 
lena de los que Uevan mision, sus- 
fc-aer a las gentes coterraneas quo 
bien podia llamar suyas, al yugo 
de los espanoles, y convertido en 
jefe de todo un pueblo, superan- 
do lo tremendo del momento, em- 
prendio marcha a su jurisdiccion, 
iiimbo al Norte, costeando casi el 
rio Uruguay, Uevando tras de si los 
tres mil hombres escasos del ejer- 
cito a sus inmediatas ordenes, 
pero seguido de una caravana de 
quince mil personas, de toda edad y 
de toda clase social, que configuro el 
fcistorico cuanto extraordinario epi- 
sodio del Exodo. 

Tres meses duro la nunca vista 
marcha — de octubre a diciembre de 



1811— y al llegar al Salto del Uru- 
guay, y puesto por medio el obstacu- 
lo del gran rio como defensa natu- 
ral de los portugueses, Artigas 
acampo con su gente en el Ayui, 
en la margen derecha, en tierras 
de la jurisdiccion misionera sobre 
las cuales era gobernador. 

El convenio de 20 de octubre en- 
tre espaholes y portenos, no po- 
dia, razonablemente, tener anda- 
miento, pues en la mala fe de las 
partes contratantes estaba el secre- 
to de su debilidad, y los portugue- 
ses invasores de la Provincia Orien- 
tal tomaron a poco andar tal em- 
puje, que la autoridad de Buenos 
Aires vio el peligro real que ello 
signifieaba en el mapa politico. En- 
tonces se propuso reforzar a Arti- 
gas acampado en el Ayui, y hacer 
frente, en la provincia, a los inva- 
sores. Gaspar Vigodet, sustituto de 
Elfo en el gobierno de Montevideo, 
alego el convenio de octubre y ame- 
nazo con oponerse a aquel proposito 
con las arma-s en la mano. Un go- 
bierno triunviral, que habia susti- 
tuido en Buenos Aires a la Junta, 
procediendo con mas energias que 
esta, denuncio el armisticio el 6 de 
enero de 1812. 

La presencia de los portugueses 
significaba en esos momentos una 
grave complicacion y el gobierno 
del Triunvirato, contando con los 
buenos oficios del representante de 
Inglaterra en la corte de Rio Janei- 
ro, pudo negociar el tratado que 
ajustaron los respectivos plenipo- 
tenciarios, Juan Rademaker y Ni- 



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colas Herrera, firmandolo en Bue- 
nos Aires el 4 de mayo de. 1812. 

La evacuacion' de la provincia por 
las tropas del general Sousa, aun- 
que demorada por este cuanto le 
fue posible, era un hecho al fina- 
lizar agosto. 

El campo quedaba libre para di- 
lucidarse la cuestion de vida o muer- 
te entre espanoles y patriotas, y en 
esas circunstancias, el general Sa- 
rratea con un cuerpo de ejercito pa- 
so al Ayui a entrevistarse con Arti- 
gas, para cqnvenir la manera de 
traer la guerra, inmediatamente, a 
la Banda Oriental, reanudandose la 
lucha. 

Acto impolitico — a todas luces — 
la designacion de Sarratea, en cuan- 
to significaba posponer al jefe na- 
tural y reconocido de la Banda, el 
nuevo general agravo la situacion 
provocando la defeecion de algunos 
jefes que habian seguido a Artigas 
en el Ayuz, como Ventura Vazquez, 
Valdenegro, su jefe de Estado Ma- 
yor, a la par que fomentaba las de- 
serciones entre la tropa. 

No obstante esa inconducta, y las 
desinteligencias que fatalmente pro- 
voco, Artigas se puso a ordenes de 
Sarratea y repasando el Uruguay vi- 
no de nuevo a su tierra, con sus 
soldados y su pueblo. Rondeau, jefe 
de la vanguardia del ejercito de las 
Provincias, fue el primero en llegar 
frente a Montevideo, fijando reales 
en el Cerrito el 20 de octubre, y 
dando vigor al segundo sitio que las 
partidas patriotas de Jose E. Culta 
tehian principiado en cierto mo- 



do y las cuales se le unieron de in- 
mediato para remontar el ejercito 
independiente hasta el numero de 
dos mil hombres. El 31 de diciem- 
bre del afio 12, rechazando una sa- 
lida de Vigodet, Rondeau logro la 
victoria del Cerrito. El 20 de enero 
del ano 1813, Artigas llego al Paso 
de la Arena de Santa Lucia, con sus 
tropas calculadas en unas cinco mil 
plazas. 

Sarratea arribo al campo sitiador 
con poca diferencia, acentuando con 
ello la prevencion con que se le mi- 
raba en el ejercito. Artigas, por su 
lado, declaro que se mantendria al 
margen de las operaciones, si aquel 
continuaba en su cargo, y como uno 
de sus jefes, el comandante Fructuo- 
so Rivera, materiahzando la hosti- 
lidad, se apoderara de las caballadas 
del ejercito, Rondeau, con plena vi- 
sion de lo que acontecia, se dispuso a 
cortar por lo sano, y provocando en 
el mes de febrero una reunion de 
los jefes subalternos — extra orde- 
nanza y sediciosa si se quiere — sig- 
nifico a Sarratea la necesidad de 
tesignar ei mando y alejarse del si- 
tio. 

Rondeau asumio entonces funcio- 
nes de general en jefe y Artigas, 
de inmediato, el 26 de febrero de 
1813, vino al campamento del Cerrf- 
to a ponerse a sus ordenes. 

En este instante el espanol Vigo- 
det, encerrado en Montevideo, con- 
siderando posible sustraer a Arti- 
gas de la causa de la patria, efectuo 
en tal sentido un habil sondeo, con 
promesas de confiarle un alto pues- 



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to de mando, pero el caudillo lo 
rechazo segun correspondia. 

La posesion de la Provincia 
Oriental por-sus nativos era un he- 
cho, y estando, a la fecha, en fun- 
ciones la Asamblea General Consti- 
tuyente reunida en Buenos Aires, 
considero Artigas que habia llegado 
el momento de hacerse representar 
en el conclave que legislaba para 
todos. En esa inteligencia, los pue- 
blos de la Banda, previamente in- 
vitados a hacerlo, enviaron sus dipu- 
tados al Congreso de Pefiarol, cu- 
yas sesiones Artigas abrio personal- 
mente, el 4 de abril. 

Fue entonces que dirigio a los di- 
putados el celebre discurso en que 
abdicaba de los poderes ommmodos 
que habia investido hasta ese dia, 
principiando con estos parrafos:"Mi 
Eutoridad emana de vosotros y ella 
cesa ante vuestra presencia soberana. 
Vosotros estais en el pleno goce de 
vuestros derechos: ved ahi el fruto 
de mis ansias y desvelos, y ved ahi 
tambien todo el premio de mi afan". 

Despties de exigir a Buenos Aires 
satisfacciones por agravios anterio- 
res y garantias de futuro, el Con- 
greso resolvid la designacion de cin- 
co diputados a la Asamblea Cons- 
tituyente de Buenos Aires, corres- 
pondiendo uno a cada uno de los 
cinco cabildos existentes en la Pro- 
vincia, de los cuales cuatro eran 
sacerdotes, y el quinto un antiguo 
oficial da Blandengues. Los diputa- 
dos orientales marcharon a su desti- 
no provistos de un programa concre- 
tc, al que debian ajustar su conduc- 



ta, el cual ha pasado a la historia con 
ia denominacion de Instrucciones del 
Aiio XIII. Se trataba de una pieza 
politico - juridica de alcance y sig- 
nificacion incomparables, por los 
fundamentos democratico - republi- 
canos que contenia, verdadero canon 
de una "Carta Magna" para las Pro- 
vincias Unidas. 

Las clausulas fundamentales de 
las Instrucciones de Artigas eran 
las siguientes: independencia abso- 
luta de las colonias; sistema de con- 
federacion de las provincias confor- 
me a un pacto de reciprocidad; li- 
bertad civil y religiosa en toda su 
extension; la libertad, la igualdad 
y la seguridad de los individuos de 
cada provincia debia constituir la 
base de los gobiernos locales y del 
gobierno central; independencia de 
los tres poderes del Estado; autono- 
mia provincial en su manejo inter- 
no: soberam'a, libertad e indepen- 
dencia de la Provincia Oriental; 
aniquilacion del despotismo militar 
merced a trabas constitucionales; 
exelusion de Buenos Aires como ca- 
pital federal; garantias de comer- 
cio para ciertos puertos orientales. 

Los congresales de Buenos Aires, 
de tendencias manifiestamente cen- 
tralistas y oligarquicas, se espanta- 
ron ante la posibilidad de que se pu- 
dieran traer al debate postulados de 
semejante audacia, llenos de inmen- 
sa importancia historica y doctrinal, 
y que planteaban problemas que a 
ellos no les interesaba resolver. 

Ante una perspectiva semejante y 
pretextando defectos de forma en !a 



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eleccion, el Congreso no acepto los 
diputados de la provincia Oriental: 
rechazando los hombres esperaba 
rechazar las ideas. 

"En el ambiente agreste, donde el 
sentir comun de los hombres de la 
ciudad solo veia barbarie, disolu- 
cion social, energia rebelde a cual- 
quier proposito constructivo, — di- 
ce Rodo — vio el gran caudillo, y 
solo el, la virtualidad de una de- 
mocracia en formacion, cuyos ins- 
tintos y propensiones nativas, po- 
ciian encauzarse como fuerzas or- 
sanicas, dentro de la obra de fun- 
dacion social y politica que habia 
de cumplirse para el porvenir de 
estos pueblos". 

Frustradas todas las tentativas de 
avenimiento en lo relativo a la no 
admision de los diputados, Artigas 
contemporizo todavia, manteniendo- 
se en posicion razonable, pronto a 
entrar en el terreno conciliatorio, 
a que se le Uamara. 

De aqui nacio la idea de convo- 
car un nuevo congreso provincial y 
el acuerdo de reunirlo, conforme 
se reunio en la Capilla de la chacra 
de Maciel, en el Miguelete, el 8 de 
octubre de 1813. 

La obra de estos asambleistas, di- 
rigidos por politicos habiles que ac- 
tuaban detras del general Rondeau, 
vino a dar por tierra con todo lo 
resuelto en el Congreso de Abril, 
Uegando hasta deponer a Artigas 
del gobierno. Pero tan lejos fueron 
en la maniobra, que la Asamblea 
Constituyente de Buenos Aires no se 



atrevio a admitir en su seno a los 
diputados de Capilla Maciel. 

Ante semejante actitud de los po- 
liticos de Buenos Aires, Artigas — 
una segunda vez — el 20 de enero 
de 1814, se retiro del sitio de Mon- 
tevideo llevando eonsigo mas de tres 
mil hombres. Iba a extender el ra- 
eiio de su influencia, cada dia ma- 
yor, sobre las provincias litorales, 
donde lo reconocian como jefe, y 
sus pasos se encaminaron al Norte, 
deteniendose en el pueblo de Belen. 

Gervasio A. Posadas, Director de 
Buenos Aires, respondio con el de- 
creto de 11 de febrero, declaran- 
dolo traidor y enemigo de la patria, 
ofreciendo un premio de 5.000 pesos 
al que lo entregara vivo o muerto. 
Artigas, por su parte, declaro la 
guerra al Directorio, aprestandose a 
combatirlo. 

En esos dias, mas o menos, el Vi- 
rrey de Lima, general Pezuela, le en« 
viffba por un propio una carta, su- 
giriendole la posibilidad de un con- 
venio que lo favoreciera, impuesto 
de que Artigas, "fiel a su monarca", 
sestenia sus derechos. Pero Artigas 
le respondio: "Han engafiado a V. S. 
y ofendido mi caracter, cuando le 
han. informado que yo defiendo a su 
i ey . . . Esta cuestion la decidiran las 
a) mas ... Yo no soy vendible, ni 
quiero mas premio por mi empefio 
que ver libre mi nacion del pode- 
rio espafiol ..." 

La caida de Montevideo en ma- 
nos de los portenos el 20 de ju- 
nio de 1814 parecio en un momen- 



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to que iba a solucionar el conflic- 
to. Otorgues, al frente de sus mili- 
cias, reclamaba la plaza en nombre 
de Artigas, y la respuesta de Alvear 
fue el envio de fuerzas que lo sor- 
prendieron en las proximidades de 
Las Piedras. 

Organizaron los vencedores nue- 
vas autoridades en la ciudad, y el 16 
de junio vino de Buenos Aires Ni- 
colas Rodriguez Pefia, nombrado de- 
legado del Directorio Supremo y 
Gobernador Intendente. 

Posadas y sus amigos politicos, si 
bien no estaban dispuestos a entre- 
gar Montevideo al Jefe de los Orien- 
tales, tampoco excluian la posibili- 
dad de hallar cuando menos un 
modus-vivendi, y en ese orden de 
ideas, el decreto que ponia a Ar- 
tigas fuera de la ley quedo revo- 
cado el 17 de agosto. 

Pero la situacion de guerra exis- 
tia de hecho, y el regreso a Mon- 
tevideo del general Alvear, momen- 
taneamente alejado de la plaza, 
exacerbo los animos del elemento 
provincial. 

Artigas tenia su cuartel general 
en los potreros de Arerungua, en 
el actual departamento del Salto, 
mientras Otorgues y Rivera opera- 
ban en el sur con excelentes medios 
de movilidad, y al cabo de varios 
encuentros parciales donde la suer- 
te no favorecio del todo a los di- 
rectoriales, Alvear se avino a entrar 
en arreglos, dispuesto a tratar con 
los emisarios que mandara Artigas 
a Canelones. Pero no procedia de 



buena fe, y su proposito era ganar 
tiempo, simulando que retiraba sus 
tropas. Estas fuerzas, mandadas por 
Soler, se hicieron sentir prestamen- 
te en la zona de Colonia y luego 
en San Jose. El coronel Manuel Do- 
rrego, al frente de una fuerte co- 
lumna, recibio orden de marchar ha- 
cia el interior, y en el curso de sus 
operaciones logr6 sorprender a 
Otorgues en Marmaraja' el 6 de oc- 
tubre, obteniendo un triunfo facil 
pero engafioso. Saco de el una idea 
plenamente falsa respecto al pode- 
rio y la fuerza de resistencia de las 
huestes artiguistas. 

En esa conviccion decidiose a batir 
a Fructuoso Rivera y despues de va- 
rias alternativas, reforzados ambos 
ejercitos, aquel joven capitan de Ar- 
tigas le infligio en Guayabos — el 10 
de enero de 1815 — tan tremenda 
cierrota, que Dorrego apenas pudo 
escapar con una cincuentena de 
hombres, vadeando en seguida el 
Uruguay. 

El Directorio, comprendiendo que 
la partida estaba perdida, propu- 
sose transar sobre la base del re- 
conocimiento de los derechos de la 
Provincia Oriental a gobernarse a 
si misma. El delegado Nicolas He- 
rrera abarco pronto la realidad de 
las cosas, y se convino que la plaza 
seria evacuada por las tropas por- 
tefias, conforme se efectuo el 25 de 
febrero de 1815. Al dia siguiente 
Otorgues entraba en Montevideo con 
titulo de Gobernador Militar. 

En este primer gobierno patrio, el 



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poder fue ejercido sucesivamente 
por Otorgues 'y por Miguel Barrei- 
ro, conforme a delegacion de Arti- 
gas, y en su termino se instituye- 
ron la primer bandera y el primer 
escudo de armas de la libre'- Pro- 
vincia Oriental. 

Al mismo corto periodo correspon- 
den tambien varias generosas ini- 
ciativas de progreso y de orden, 
como la creacion de la Biblioteca 
Nacional, los servicios de rentas y 
policia reorganizados, etc. 

El caudillo, entretanto, permane- 
cia en su campamento del Hervide- 
ro. como activo factor de los suce- 
sos que iban a desarrollarse en el 
vastb escenario de las provincias. 
Estos culrrdnaron en la sublevacion 
del ejSrcito directorial en Fontezue- 
las, aparejando la caida de Alvear y 
la disolucion de la Asamblea Cons- 
tituyente que sesionaba en Buenos 
Aires, el 16 de abril de 1815. 

El coronel Alvarez Thomas, eri- 
gido en nuevo Director, trato de 
acordar su.polltica con la de Arti- 
gas a quien la Provincia Oriental 
reconocla como su jefe natural, 
mientras las de Entre Rios, Corrien- 
tes, Santa Fe y Cordoba eran go- 
bernadas por elementos que respon- 
dian a sus propositos. Una Liga Fe- 
deral estaba virtuaimente constitui- 
da, y Artigas trazaba sus rumbos 
con el titulo de Protector de los 
Pueblos Libres, buscando la organi- 
zacion bajo el gobierno federativo 
democratico, derivado de la voluntad 
popular, base de toda soberania. Es 
en tal ocasion que Alvarez Thomas 



envio al gran caudillo, para que dis- 
pusiera su castigo, a varios jefes de 
la fraccion vencida, prisioneros y 
rehenes, los mismos que el Protec- 
tor no quiso admitir, diciendo con 
altiva nobleza que el no era el ver- 
dugo de Buenos Aires. 

Cgmo debe notarse muy bien, en 
este trascendental momento histori- 
co Artigas adquiere perfiles de es- 
tadista que no encuadran en el ti- 
tulo de jefe de una simple provin- 
cia. Sus firines rumbos democraticos, 
t-us ideas de gobierno con formulas o 
concepcicnes enteramente nuevas, o 
adivinadas apenas todavia, uniendose 
a la enorme vastedad del escenario, 
lo convierten en una figura conti- 
r.ental. 

Los dos principios antagonicos que 
se disputan la primacia en el anti- 
guo virreynato platense se hallan 
frente a frente y de modo claro. El 
federalismo con el Protector, que 
sienta sus bases en el Congreso de 
Concepcion del Uruguay — julio del 
afio 15 — , y el unitarismo de Bue- 
nos Aires con su Directorio, que 
proclama la independencia de las 
Provincias Unidas por boca del Con- 
greso de Tucuman, el 9 de Julio de 
1816, elabora una constitucion in- 
aplicable y busca como formula de 
sclucion el implantamiento de una 
monarquia absurda. 

Np era facil prever hasta que ex- 
tremos podria Hegarse en la lucha, 
y poco seguros de su fuerza, los 
hombres de Buenos Aires maniobra- 
ron en el sentido de traer al te- 
rreno a los portugueses, que eran 



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duefios del Brasil, enderezandolos 
contra Artigas bajo la acusacion de 
que su existencia e influencia sig- 
nificaban un poderoso foco de anar- 
quia, cuyo fuego podia comunicarse 
a las provincias meridionales del 
Reino. 

La ocasion tan esperada de pose- 
sionarse de la margen izquierda del 
Uruguay, redondeando geografiea- 
mente por el sur la inmensa co- 
lonia americana, suefio dorado de 
la monarquia portuguesa, se iba a 
convertir en una realidad, y la Pro- 
vincia Oriental fue invadida por 
cuatro cuerpos de ejercito en otras 
tantas direcciones, mas de diez mil 
hombres, al mando del general Car- 
los Federico Lecor, militar experi- 
mentado y politico de dudosa moral. 
En agosto de 1816, los primeros sol- 
dados portugueses hollaron nuestro 
territorio. 

El unitarismo monarquista vio ve- 
nir la invasion que lo libraria del 
caudillo federalista, con la tranqui- 
lidad y satisfaccion de un complice. 

Artigas se aprestd a la resistencia, 
solo y ajustado al plan que sus mis- 
mos enemigos iban a reconocer ex- 
celente y el unico posible. Pero la 
vietoria dio la espalda a los patrio- 
tas: Artigas personalmente fue de- 
rrotado en Carumbe el 27 de octu- 
bre; Rivera, su mejor lugarteniente, 
tuvo igual destino en India Muerta 
el 19 de noviembre. 

Mientras tanto, los invasores pro- 
gresaban por el sur internandose cau- 
telosamente hacia Montevideo, cuyo 
Cabildo, sin espiritu suficiente, des- 



orientado por promesas de Buenos 
Aires, negocio el 8 de diciembre del 
ano 16 la anexion de la Banda a 
ias Provincias Unidas a cambio del 
auxilio armado de estas, acuerdo 
que Artigas reehazo, y que Buenos 
Aires no iba a cumplir tampoco. 

El ano 17 se inicio mas prodigo 
en reveses todavia, escalonando en 
enero las jornadas infaustas de Ca- 
talan, el 4; Aguapey, el 19; y la 
perdida de Montevideo, donde Lecor 
entro vencedor el 20, enarbolando 
en la Ciudadela las banderas de 
Portugal. Los cabildantes, escasos de I 
dignidad, se mostraron obsecuentes 
y sumisos al extranjero. 

Mientras tanto, Artigas, que exi- 
gia al Directorio se definiera ante 
la lucha contra el enemigo portu- 
gues, no obtuvo respuesta, y enton- 
ces, responsabilizandolo ante las 
aras de la patria de su inaccion y 
de su traicion a los intereses comu- 
nes, le declaro la guerra el 13 de 
noviembre de 1817. 

A esa hora, la Provincia Oriental 
estaba perdida militarmente: jefes 
de prestigio como Bauza y los her- 
manos Oribe habian defeccionado las 
filas artiguistas en octubre, y Lava- 
lleja y Otorgues fueron tomados pri- 
sioneros en febrero del afio si- 
guiente. 

En 1819, la situacion ante los pro- 
gresos de los portugueses solo alcan- 
zo a empeorarse al cabo de dos 
anos de guerra tan despareja como 
enconada y sangrlenta, y aunque el 
4 de diciembre el sol de una promi- 
sora victoria brillo para los nues- 



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tros en el combate de Santa Ma- 
ria, el 22 de enero del afio 20, An- 
dres Latorre perdio la batalla de 
Tacuarembo, reves que configuro un 
verdadero desastre. 

Recuperar la patria en el litoral 
ganando la guerra a Buenos Aires, 
era la unica concepcion genial que 
podia imaginarse, y Artigas iba a 
tentarla empleando en ella su ulti- 
mo empuje y su postrer esfuerzo. 

Con un corto-numero de hombres 
a caballo — tal vez no sumarian 
300 — vadeo el Uruguay por ultima 
vez, a solicitar el auxilio de los cau- 
dillos federales de Entre Rios, Co- 
rrientes y Misiones, que se habian 
formado a su lado, y a los cuales 
el habia ensefiado a vencer. Pero 
sus antiguos tenientes habian creci- 
do sobremanera y entonces tenian 
ya no solo intereses propios, sino 
alarmantes ambiciones de mando, 
y no podian acudir con animo ente- 
ro al llamado del antiguo Protec- 
tor. Las intrigas, las promesas y el 
dinero de Buenos Aires, trabajaban 
por un lado y obtenian resultados 
maravillosos. De este modo Artigas 
solo encontraria indiferentes o ene- 
migos declarados como Francisco 
Ramfrez, el Goberhador de Entre 
Rios, que lo desacato en forma abier- 
ta e insolente. 

Artigas, que no era hombre capaz 
de aguantar actitudes semejantes sin 
primero jugarse integro, llevo sus 
armas contra el Gobernador y lo 
batio completamente en Las Gua- 
chas el 13 de junio de 1820, pero 
Ramirez, cuya inconducta le habia 



ganado el apodo de "El Traidor" — 
que debia acompaiiarlo para siempre 
en la historia — logro rehacerse 
gracias a las tropas y las armas que 
el gobierno de Sarratea le propor- 
ciono desde Buenos Aires y Artigas 
fue derrotado sucesivamente en Ba- 
jada del Parana, las Tunas y^Abalos, 
er> el termino del invierno. 

Toda esperanza estaba perdida; 
"el plan genial" no pudo ser reali- 
dad, y de este lado del rio, el co- 
ronel Fructuoso Rivera se habia 
visto en la precision-de rendirse — 
ultimo jefe de la resistencia nacio- 
nal — al extranjero odiado. 

Entonces Artigas, atravesando la 
Provincia de Corrientes hizo rumbo 
al Paraguay, donde gobernaba el 
Dr. Rodriguez Francia. Embarcan- 
dose en el puerto de Candelaria, an- 
tigua capital de las Misiones, cruzo 
el- anchuroso Parana el 23 de se- 
tiembre de 1820, despues de sepa- 
rarse de la casi totalidad de sus 
companeros, que restaron en la mar- 
gen izquierda, y fue a presentarse a 
las autoridades paraguayas. Noticia- 
do Francia de su arribo, lo consi- 
dero desde el primer momento como 
prisionero suyo, y en ese concepto 
lo retuvo siempre, primeramente 
eh Asuncion donde se le alojo por 
un corto tiempo y despues en Cu- 
ruguaty, remoto pueblo de negros 
que le fue sefialado como termino 
de destierro, asignandole por varios 
afios — gobierno curioso el del ti- 
rano — el pago de un sueldo equi- 
valente al de capitan que Artigas 
habia alcanzado en los ejercitos ds 



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Espafia. Sin embargo, cuando supo 
que invertia en limosnas el dinero 
que podia sobrarle, el Supremo le 
suspendio el estipendio. 

Vivio en aquel rincon miserable 
casi diecinueve afios o sea hasta que 
Francia desaparecio del mundo en 
1840, y entonces, mas libre pero 
siempre teniendolo en vigilancia, el 
gobierno sustituto del tirano le per- 
mitio trasladarse a residir en Ibiray, 
distrito proximo a la Asuncidn, el 
oue poco despues, cuando Carlos 
Antonio Lopez vino a ejercer las 
lunciones de presidente de una re- 
publica mas o menos nominal, fue 
incluido entre los limites de la ju- 
risdiccion de Santisima Trinidad. 

En aquella morada que le habia 
cedido el Presidente dentro de los 
Ifmites de un latifundio suyo, fue- 
ron transcurriendo los dias del Pro- 
tector, iguales y monotonos, absor- 
bido por el ambiente, en una vida 
de hombre del pueblo modestisima. 
AUi, el viajero frances Alfredo De- 
mersay le hizo del natural, a fines 
de 1846 o principios del 47, el re- 
trato unico del Procer que haya lle- 
gado hasta nosotros. 

La familia de Lopez — parece pro- 
bado — dispensaba al Protector cier- 
tas atenciones, y las gentes senci- 
Uas y pobres de los contornos, habi- 
tuadas al trato diario lo estimaban 
de veras, llamandolo "Carai Maran- 
gati'i", predicado consagratorio, que 
se ha traducido en imperfecta ver- 
sion como "Padre de los Fobres", 
cuando, segiin lo dijo el delegado 
paraguayo Dr. Boggino en una re- 



union rotariana en el Salto, en 1939, 
la traduccion exacta de las pala- 
bras guaranies, con sentido mas 
hondo y no menos consagratorio, 
quieren decir "Bondadoso Senor". 

Las noticias que, concreta y fiel- 
mente, poseemos de los anos del 
Paraguay son pocas, y en cambio 
las leyendas y las amables mentiras 
abundan y proliferan, pero este no 
es el sitio donde haya que exami- 
narlas a la luz de la sana critica. 

Lo mas importante de todo, o sea 
lo que toca a las gestiones que se 
tentaron para que Artigas se reinte- 
grase al pais, es asunto poco claro, 
pues las administraciones paragua- 
yas de la epoca pudieron haber rea- 
lizado y realizaron acaso, recondi- 
tas maniobras tortuosas que confi- 
guraran una exterioridad no ajus- 
tada a la realidad de los hechos. Tal 
vez Artigas, en el fondo de su cau- 
tiverio, ignoro la llegada de los de- 
legados uruguayos y sus mismas 
gestiones. Harian falta papeles di- 
tectos, que no han aparecido hasta 
boy, para disipar estas dudas, en vez 
de las referencias de segunda mano 
emanadas de las mismas autorida- 
des que lo tenian bajo custodia y 
con arreglo a las cuales hay que 
conjeturar y deducir. 

Dejo de existir Artigas en la mis- 
ma propiedad que el presidente L6- 
pez le habia cedido, el 23 de se- 
tiembre de 1850, probablemente de 
senilidad y sin dolencia definida, 
pues no hay ninguna version cierta 
y concreta de las circunstancias que 
rodearon el deceso. 



— 113 — 



8 



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Sus restos, seguidos de tres o cua- 
tro vecinos, recibieron silenciosa se- 
pultura en el Cementerio de la 
Kecoleta, situado a corta distancia 
de la quinta, y alli quedaron en la 
fosa 26 del sector denominado "Cam- 
po Santo de los Insolventes", pues 
nadie oblo los dos pesos del dere- 
cho que cobraban los curas. 

En aquellas tierras coloradas repo- 
saron hasta el dia en que el Dr. Esta- 
nislao Vega, nuestro agente diplo- 
matico enviado por el gobierno del 
presidente Flores, los reclamo y 
se recibio de ellos cinco afios des - 
pues, el 20 de agosto de 1855, para 
volverlos a la patria, y ser deposi- 
tados en el Panteon Naeional, don- 
de los esplendores de la gloria y de 
la justicia historica vendrian a res- 
piandecer sobre la urna que los en- 
cierra. 

i 

Aquellas mentiras a gritos, aque- 
llas insolentes calumnias de gaucho, 
ignorante, malevo y traidor estam- 
padas hasta en los libros de escuela, 
avergonzarian hoy a los mismos que 
las escribieron. 

Para su rehabilitacion no se ne- 
cesitaba sino una cosa: estudiarlo 
con espiritu imparcial y juzgar de 
acuerdo con lo que surgia de los 
documentos. 

Focalizado y estudiado asi, pode- 
mos comprender sin violencia que 
Artigas — conforme a lo dicho por 
un escritor argentino — tuvo que ser 
acreedor a la gracia de un alto fa- 
vor especial que pudo permitirle 
"haber sido tan impetuoso en sus 
ideas, tan prudente en sus juicios, 



tan humilde en su conducta, tan 
austero en su vida, tan fuerte en 
la adversidad, tan pobre en la muer- 
te y tan 'grande en todo momento". 

Gran calumniado de nuestra his- 
toria, la era polemica primitiva en 
lo que se refiere a la personalidad 
del Protector de los Pueblos Li- 
bres — ha escrito el Dr. Gustavo 
Gallinal— puede considerarse clau- 
surada para nosotros y su figura se 
jergue sobre las fronteras, seno- 
reando cada dia un escenario histo- 
rico mas vasto. Pero ni han termi- 
nado ni tendran termino la agita- 
cion, el choque, la remocion de 
ideas en torno a su figura, como no 
se cierran en torno a ninguna per- 
sonalidad creadora, cuyos actos y 
cuyos pensamientos se proyectan 
hacia el porvenir. 

Mientras tanto — para decir con. 
palabras de Hector Miranda — "sus 
hechos estan ahi, solemnes y elo- 
cuentes, resonando para siempre en. 
la Historia. Ellos demuestran la su- 
perioridad intelectual del patricio, 
su potencia de espiritu, su inmensi- 
dad de pensamiento". 



ARTIGAS, MANUEL ANTONIO 

Guerrero de la Independencia,: 
protomartir, juntamente con Felipe 
Pereyra de Lucena, de la causa de 
la libertad de las Provincias del RIo 
de la Plata, conforme el decreto de 
la Junta Gubernativa de Buenos 
Aires fechado el 31 de juiio de 1811. 
Segun este acuerdo, los nombres y 



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apellidos de ambos oficiales debian 
grabarse a la mayor brevedad en la 
Columna del 25 de Mayo, a fin "de 
hacer inmortal su fama y alentar el 
eorazon de los americanos". 

El Cabildo bonaerense, comisiona- 
do a tales efectos, no cumplio el 
mandato por entonces y, conf orme ha 
de verse, la disposicion de la Junta 
fue una palabra vana hasta 1891. 

Manuel Artigas pertenecia a la fa- 
milia del "Protector de los Pueblos 
Libres" y asi era admitido por sus 
biografos, pero solamente en 1922 
un investigador de verdadera iey, 
el Dr. Ramon Llambias de Olivar, 
publico la fecha y el sitio de su na- 
cimiento, el 28 de marzo de 1774, 
en Montevideo, a la vez que el gra- 
do de parentesco que lo unia con el 
procer. Descendiente de la rama se- 
gundogenita de los Artigas o sea de 
Esteban Artigas, era primo hermano 
de Jose. 

Se encontraba en Buenos Alres 
al comenzar la revoluci6n de Mayo 
y adhirio al movimiento con en- 
tusiasmo. Fue de lo's mozos patriotas 
con que Domingo French pudo con- 
tar para oficiales del nuevo Hegi- 
miento America que organizaba por 
orden de la Junta. Aceptado como 
eapitan de la 6* compafila el 27 de 
junio de 1810, el general Belgrano, 
conocedor de la excelente calidad 
del joven montevideano, lo solicftd' 
a la superioridad a fin de llevarlo 
consigo a la expedicidn al Paraguay 
en calidad de su ayudante de cam- 
do, y la autoridad competente acce- 
dio a ello el 20 de setiembre. 



En toda la campafia — dice su pri- 
mer biografo argentino M. F. Man- 
tilla — sirvio en comisiones y em- 
pleos de importancia, en cuyo des- 
empefio demostro valor sobresaliente 
y condiciones de militar inteligente 
que le merecieron elogios reiterados 
"de un parco y estricto superior". 
Y segiin Belgrano consigna en su 
Memoria sobre la infeliz campafia 
al pais guaram', corresponde al ca- 
pitan Manuel Artigas todo el me- 
rito de la accion de Campichuelo. 
Mandando la vanguardia explorado- 
ra se hallo en el paso del Tebicuary, 
y al sobrevenir las derrotas de Para- 
guary y Tacuary, y luego la reti- 
rada de las fuerzas patriotas, se con- 
dujo al nivel de los mas esforzados, 
siendo en los graves momentos el, ofi- 
cial de mayor confianza del gene- 
lal en jefe. 

Pasando mas tarde a servir en su 
provincia natal, donde su primo her- 
mano mandaba las poblaciones su- 
blevadas contra el dominio hispano, 
pronto tuvo a sus ordenes una dis- 
puesta fuerza cuyo 2"? jefe era Barto- 
lome Quinteros, la cual, luego de ope- 
rar en las Minas se hizo sentir en 
San Jose, ocupando el pueblo de ese 
nombre, despues de la victoria de 
Benavidez en el Colla. Recuperada 
la plaza por fuerzas espafiolas supe- 
riores, Artigas no se resigno a esa 
suerte y de acuerdo con Benavidez, 
desmontando las milicias, con ellas 
Uevo el ataque al enemigo atrinche- 
rado en posiciones foseadas y con 
dos piezas de canon, al amaneeer 
del 25 de abril de 1811. 



— 115 — 



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Despues de una pelea de cuatro 
horas el pueblo fue tomado a rigor 
de las armas y todos sus defensores 
quedaron muertos o prisioneros. Ar- 
tigas a su vez quedo herido de un 
balazo en el pie "bastante malo aun- 
que no estaba en peligro" segun el 
parte de Benavidez a la Junta de 
Buenos Aires. Se atendia en una casa 
situada frente mismo a aquella don- 
de habia caido, cuando una compli- 
cacion sobreviniente le produjo la 
muerte el 24 de mayo, y recibio se- 
pultura al dia siguiente, al cumplirse 
el primer afio de la Revolucion. 

El acuerdo de la Junta ordenando 
se inscribiera~el nombre de Manuel 
Artigas junto con el de Pereyra de 
liucena, caido en el Desaguadero en 
el Alto Peru, reclamado en marzo 
de 1812 ante el gobierno del Triun- 
virato, obtuvo un decreto de este 
organismo ordenando se colocara a 
la brevedad la lamina de bronce con 
aquellos nombres "siempre gratos", 
pero el Cabildo no tenia fondos para 
hacerlo. 

En 1856, los sobrinos de Lucena 
volvieron sobre el asunto represen- 
tando ante la Municipalidad de Bue- 
nos Aires. 

En 1891, una Comision Ejecutiva 
Especial, ccnsiguio que se hiciera 
justicia a los dos valerosos capi- 
tanes. 

Cinco hijos, un varon y cuatro 
mujeres dejo Manuel Artigas al mo- 
rir, habidos de dofia Mariana Fer- 
nandez, cuya existencia, prolongada 
80 afios, alcanzo al 21 de junio de 
1854, pensionada por el Estado. La 



menor de las hijas, de nombre Eo- 
salia, fue espcsa del Dr. Fermin 
Ferreira. 



ARTIGAS, MANUEL FRANCISCO 

Soldado de la independencia, her- 
mano del gran caudillo, que alcanzo 
grado de coronel en el ejercito na- 
cional, nacido en Montevideo el 21 
de julio de 1769. 

Oficial y jefe de milicias en Mi- 
nas cuando el levantamiento del pais 
el afio 11, participo en la batalla 
victoriosa de Las Piedras. 

Prisionero de los portugueses en 
la jurisdiccion de San Jose a prin- 
cipios del afio 1817, Lecor lo hizo 
conducir de inmediato a Montevideo 
por razones de seguridad y sobre 
todo con miras de servirse de el para 
abrir algun entendimiento con Ar- 
tigas, segiin le escribe al propio Rey. 
Nada pudo conseguir del prisionero, 
sin embargo, y quedo convencido, 
por el conirario, de que su presencia 
era perjudicial a la Plaza. Juzgo 
acertado entonces enviarlo a Rio de 
Janeiro en identica calidacl de preso. 
Don Manuel, segun el general por- 
tugues, mantenia disimuladamente 
el partido de su hermano Jose y 
era "el centro de relacion con sus 
secuaces". 

Por razones de alta politica futura 
recomendaba al soberano se le tra- 
tara de la mejor manera posible, 
abonandole sus sueldos y favorecien- 
dolo con sus reales mercedes. Por 
estas, acaso, logro Artigas salir de 



— 116 — 



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las prisiones de Santa Cruz en 1820 
para ser trasladado a las de la isla 
das Cobras y por ultimo, en marzo 
de 1821, tuvo por carcel la ciudad 
de Rio. 

Las influencias de Fructuoso Ri- 
vera ante Lecor en Montevideo, lo- 
graron que se permitiera al coronel 
Manuel Francisco volver a la tierra 
al mismo tiempo que Bernabe Ri- 
vera. Venia muy enfermo y morti- 
ficado por una paralisis agitante. 

Poco le fue dado disfrutar de la 
libertad y de la patria, pues desgra- 
ciadamente fallecio en el Cordon de 
Montevideo el 12 de mayo de 1822. 



ARTIGAS, FANTALEON 

Oficial de la independencia, inte- 
grante con galones de alferez del 
grupo de destemidos Treinta y Tres 
patriotas que invadieron la Provin- 
cia Cisplatina el 19 de abril de 1825, 
con el proposito de sublevarla con- 
tra sus conquistadores. 

Hijo de Manuel Francisco Artigas, 
habia visto luz en Minas, probable- 
mente en 1801, ano en que fue bau- 
tizado el 14 de agosto, sin que en el 
asiento respectivo se especifique ei 
dia en que nacio. 

Residente en el partido de Casupa 
en 1823, viose procesado junto con 
otros individuos por su interven- 
cion en un hecho de sangre del 
que resultaron muertos unos portu- 
gueses, hecho ocurrido en un paso 
del arroyo Malo, y que las autorida- 
des extranjeras que dominaban e] 



pais encararon como un crimen vul- 
gar, aunque de la parte conocida de 
las actuaciones se puede deducir que 
se trato de un conato de sublevacion 
contra el gobierno intruso. Este su- 
puesto delito le aparejo la pena or- 
dinaria de muerte, pronunciada en 
rebeldia, pues a la hora de la sen- 
tencia habiase ausentado del pais. 

Es curioso notar que en este pro- 
cedimiento judicial estuvieron impli- 
cados y recayo sentencia condenato- 
ria sobre varios ciudadanos que lue- 
go vienen a hallarse entre los des- 
embarcados del 19 de abril. 

En la lucha subsiguiente a la inva- 
sion gano el ascenso a teniente 1' 
en diciembre de 1825, habiendose 
encontrado en Sarandf, formando 
parte del Regimiento de Dragonea 
Libertadores. 

Sirvienda con este grado en el Re- 
gimiento de CabaUeria N° 9, nueva 
denominacion de los Dragones, su 
vida tuvo fin en comision del ser- 
vicio. 

Enviado por su jefe el coronel 
Manuel Oribe a dar una batida por 
los pagos de Casupa y Santa Lucia, 
que le eran habituales y donde se 
abrigaban desertores y vagos come- 
tiendo toda clase de violencias e in- 
sultos en perjuicio de los pacificos 
habitantes, un soldado de su propia 
compania nombrado Pedro Alvarez, 
lo mato el 27 de enero de 1828. 

Cuando en 1830 instituyose el 
premio a los Treinta y Tres, el que 
habria de corresponderle al tenien- 
te Artigas fue asignado a la madre 
dofia Estefarua Maestre. 



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ARTIGAS GUACARARI, ANDRES 

Sobresaliente figura de los ejerci- 
tos que defendieron el solar nativo 
contra las invasiones portuguesas, 
heroico y adicto soldado de Artigas, 
que lo tuvo en predileccion tan alta 
'como para permitirle que usara su 
propio apellido, de raiz hispana y fa- 
moso ya, junto al suyo netamente 
autoctono y desconocido. 

El lugar de su nacimiento fue pro- 
bablemente el pueblo de San Borja 
en la Banda Oriental y se conto en- 
tre los elementos criollcs que a la 
presencia y dominacion de los por- 
tugueses en las antiguas Misiones, 
prefirieron emigrar hacia el sur dis- 
puesto a reconquistar con las armas 
los perdidos bienes — materiales y 
•espirituales — antes que someterse al 
extranjero. 

Integrante de las huestes artiguis- 
tas, Artigas conto desde ese dia con 
un hombre no solo de reconocido va- 
lor que luego demostraria en las 
operaciones de guerra, sino con un 
oficial de cultura muy superior a 
la que corrientemente se le suele 
atribuir, conforme estarian para pro- 
barlo el texto de su correspondencia 
escrita con letra clara y firme, habi- 
litado por ello para investir repre- 
sentacion de los pueblos en un con- 
greso provincial. 

Combatiente en la breve resisten- 
cia del afio XII, siempre a drdenes 
del Caudillo, alcanzo el grado de 
capitan y fue encargado del gobier- 
no de Misiones, donde habia enor- 
mes intereses politicos que defender 



y los cuales nadie mejor que Andres 
Artigas podia tomar a su cargo por 
sus vinculaciones en la region y por 
sus propias condiciones personales. 

Gobernador de Ia provineia de 
Corrientes por designacidn del Pro- 
tcctor, con sede provisional en la 
Candelaria hasta setiembre de 1315, 
paso al ejercito que ese mismo afio 
iba a emprender la primera campa- 
na por la reconquista de las Misio- 
nes. Inicio las hostilidades por Ita- 
qui despu6s de lanzar a los pueblos 
una proclama donde usaba los titu- 
los de Ciudadano Capitan de Blan- 
dengues y Comandante General de 
la Provincia de Misiones, por nom- 
bramiento del Supremo Gobierno de 
la Libertad Cel gobiemo de Artigas). 

Despues de dos anos de campana 
en Misiones contra el brigadier ene- 
migo Chagas, valeroso pero duro y 
brutal como un antiguo conquista- 
cior, cuyas "lamentables hazafias" re- 
cuerda apenada Ia honradez del his- 
toriador brasilefio Tasso Fragoso, el 
coronel Guacarari fue necesario en 
otro teatro belico. 

Era este el de la campafia de Co- 
rrientes, con objeto de restablecer 
la autoridad de la Liga Federal. Ob- 
tuvo el triunfo de Saladas y despues 
de el, a la cabeza de sus guaranies, 
entro vencedor en la ciudad de Co- 
rrientes, donde el Cabildo y el clero 
lo recibieron bajo palio el 21 de 
agcsto de 1818. 

Permanecid alli poco mas de un 
semestre, mientras Campbell con sus 
buques artiguistas dominaba la cos- 
ta del rio Parana. Fue su periodo 
de gobierno un periodo de mando 



— 118 — 



ART 



ARU 



pacifico y humano, pero tuvo que 
dejar las tierras correntinas pasando 
el rio Uruguay y entrar de nuevo a 
las Misiones — sus tierras — en abril 
de 1819, para intentar un desespe- 
rado auxilio a los orientales, redu- 
cidos al ultimo extremo en su Banda. 

Le toco enfrentarse una nueva 
vez con el feroz coronel Chagas, a 
quien tuvo la fortuna de inferir una 
grave derrota en San Nicclas. Sor- 
prendido a su turno en Itacumbu el 
9 de junio del ano 19, al norte de 
San Borja, sus hombres, ante la su- 
perioridad de los portugueses, reci- 
bieron orden de dispersarse confor- 
me a la tactica de los patriotas, sa- 
bedor cada cual del sitio donde ten- 
dria que ir para rehacer el nucleo, 
restafiar las heridas y recomponer 
las lanzas. 

La relacion de un prisionero re- 
velo a los enemigos que el coronel 
Artigas, habiase metido en el mon- 
te, luego de perder el caballo, las 
pistolas y la vaina de la espada. 
Eodeado y batido el lugar por los 
portugueses, salieron de la espesura 
hasta ochenta hombres que fueron 
convenientemente asegurados. La 
matanza, por lo demas, habia sido 
infame. "Todo el monte — dice el 
parte oficial del Conde de Figueira — 
quedo sembrado de muertcs." "Ha- 
biendose buscado con toda prolijidad 
a Andresito — afiade— no fue posi- 
ble dar con el." 

Dieciocho dias mas tarde, el 24 de 
junio, el bravo soldado fue tomado 
prisionero en el paso de San Isidro, 
costa del Uruguay, mientras con 
siete de los suyos preparaba una 



jangada para atravesar el caudaloso 
rto. 

Conducido a Paso de Rosario, de 
aqui se le traslado a Rio Pardo y 
luego a Porto Alegre y a Ri'o Gran- 
de, donde lo embarcaron rumbo a 
Rio Janeiro. Una vez en la corte fue 
encerrado primero en un ponton y 
despues en la "dura carcel" de la 
Isla das Cobras. 

Creyose por mucho tiempo que su 
destino final habfa sido la fortaleza 
de Santa Cruz y en uno u otro sen- 
tido, ante la huella perdida de An- 
dresito, habianse realizado infruc- 
tucsas pesnuisas para saber algo 
respecto a su ulterior vida y a su 
muerte, privado de libertad y en 
tierra extrana. 

Mas tarde ha podido constatarse 
que el coronel Andres Artigas fue 
uno de los que componian el grupo 
de patriotas que en 1821, por gene- 
rosas gestiones de Francisco de Bor- 
ja Magarinos, residente en Rio Janei- 
ro, el Conde de Casa Flores, Ministro 
de Espana ante el monarca portu- 
gues, a titulo de que se trataba de 
subditos de Fernando VII, obtuvo la 
liberacion. Embarcados en un ber- 
gantin frances en union de Jose A. 
Berdun y catorce o quince compa- 
triotas, llego el coronel Andresito a 
Montevideo el 3 de junio de 1824. 

Y aqui por triste destino, vino a 
suceder lo que no sucedio en Rio 
Janeiro: aqui hemos perdido la hue- 
lla del celebre y valeroso coronel 
misionero, ignorandose en absoluto 
hasta la fecha, sus posteriores des- 
tinos. El misterio de Rio Janeiro, que 
duro mas de un siglo pero se develo, 



ARU 



AUL 



nos da esperanza de que en este 
segundo capitulo pueda suceder algo 
semejante. 



ARUFE, ANDRES Matias 

Militar de las guerras de la inde- 
pendencia, que afiadid a su condi- 
cion de soldado ciertos titulos de 
hombre de letras que lo distinguie- 
ron en el ambiente intelectual, ga- 
nandole una modesta meneidn de 
la historia. 

Pertenecia Aruie a una familia de 
arraigo y de conocida filiacion pa- 
tridtica del departamento de Flori- 
da, de donde era nativo y sus ser- 
vicios militares arrancan del 26 de 
junio de 1825, en calidad de subte- 
niente del Regimiento de Granaderos 
del comandante Felipe Duarte. 

Hizo la campana del Brasil en el 
Ejercito Republicano recibiendo los 
premios militares de Ituzaingd, y en 
las fuerzas armadas de la nueva pa- 
tria le fue reconocido el grado de te- 
niente de caballeria de linea el 8 de 
marzo de 1829. 

Ascendido a capitan el 27 de julio 
del mismo ano, el 19 de enero de 
1837 el presidente Oribe le expidid 
despachos de sargento mayor gra- 
duado en atencion a sus servicios. 
Su carrera militar ofre.ce solo aque- 
llas alternativas que impusieron los 
sucesos politicos y las revoluciones 
en la epoca de la formacion nacio- 
nal, pero desde luego, ni Arufe des- 
taco personalidad en la Guerra Gran- 
de ni se hizo caudillo entre sus co- 
ireligionarios blancos. 



De baja por los fines del ano 1854, 
fue precisamente el general Venan- 
cio Flores, despues de vencer por 
las armas al paztido politico a que 
Arufe pertenecia, quien por resolu- 
cidn del 3 de abril de 1865, reincor- 
poro al ejercito al viejo soldado de 
la patria, enfermo y pobre, en la ca- 
tegoria de sargento mayor, con que 
vino a morir el 1? de marzo de 1867. 

Las producciones literarias de 
Arufe — que han llegado hasta nos- 
otros — corresponden solo a los afios 
de joven y en el Parnaso Oriental, 
colectado por Lira, hay muestras de 
su cbra poetica tales como la Oda a 
la Constitucion de la Republica. 

Hallanse tambien discretos versos 
suyos en la prensa contemporanea y, 
aunque parece cierto que en tiempo 
alguno abandono los tratos con las 
Musas, su produccion de posterior- 
fecha esta perdida para siempre en 
los originales manuscritos. 



AULBOURG, AIME 

Frances, profesional de srquitec- 
tura, que vino a la Republica con 
las fuerzas expedicionarias del te- 
niente coronel A. Bertin du Chateau 
durante el sitio de Montevideo, 

Re\^istaba como teniente habilita- 
do del 2 9 Regimiento de Infanterw 
y al retirarse los soldados interven- 
tores solicito su baja para incorpo- 
rarse definitivamente a nuestro pais 
en labores civiles de ingeniero y 
maestro de obras. 

Hizo en 1852 los planos y memo- 
ria para un primer proyecto parcial 



— 120 — 



AYL 



AZA 



de canos colectores en la capital. 

Proyecto y dirigio el edificio de 
la Aduana Nueva, contratado en 
1852 entre el gobierno y su compa- 
triota Hipolito Doinnel. Fabriea mo- 
numental para su epoca, cubria con 
tres pisos la superficie de un cua- 
drado de setenta y cinco varas de 
lado y su costo era de seiscientos 
mil pesos fuertes. 

Fue nombrado vocal de la Comi- 
sion Topografica el 8 de abril de 
1856. Al quedar vacante por muer- 
te del titular — el viejo tecnico Jo- 
se Toribio — el cargo de Maestro 
Mayor de Obras Publicas, se con- 
fio el puesto a Aulbourg, con las 
funciones anexas — interinas — de la 
Inspeccion General, el 14 de octu- 
bre de 1858. 

Debemos a Aulbourg un intere- 
santisimo plano de la capital titu- 
lado "Montevideo y sus Monumen- 
tos" hecho en 1858 con la impor- 
tante colaboracion de su colega Vic- 
tor Rabii, a quienes algunos llegan 
a atribuirle la paternidad. 

Historiado con vistas acuareladas 
de los principales edificios publicos, 
unos tal cual eran entonces y otros 
con modificaciones posibles o en 
proyecto, dedico el bello trabajo al 
Presidente de la Republica Gabriel 
Pereira, cuyos hijos lo donaron mas 
tarde a la Junta Economico - Admi- 
nistrativa montevideana de donde 
paso al Museo Municipal que lo con- 
serva actualmente entre las mas 
preciadas piezas de su coleccion. 

Desempenaba todavia funcion.es 
en la Junta Municipal cuando dejo 
de existir el 14 de setiembre de 1859. 



AYLLON, JOSE ROSENDO (Ver 
Valentin Ayllon) 



AYLLON, VALENTIN 

Chuquisaquenos, que montaron 
un establecimiento tipografico en 
Montevideo por la decada de 1820, 
durante la dominacion poituguesa. 
En 1823 la casa giraba bajo el titulo 
de Imprenta de los Ayllones y Cia. 

De los dos hermanos, Jose Rosen- 
do era un verdadero especialista eu 
su oficio, entendido en prensa, fun- 
dir letras, trabajar vifietas y ador- 
nos, como lo prueban los trabajos 
hechos para la imprenta de la Cari- 
dad, tipos y escudos debidametite 
identificados. 

Valentin, cuyo oficio era el de ie- 
lojero, desempenaba funciones dr 
xiliares pero importantes dentro >iel 
establecimiento, donde se imprimie- 
ron porcion de papeles rarisimos >a- 
si todos en la actualidad. 



AZAMBUYA, TRISTAN 

Militar de origen brasilefio, muer- 
to en 1865 en la defensa de Paysan- 
dii. En Brasil, donde habia nacido, 
inicio su carrera de armas en las fi- 
las de los republicanos riogranden- 
ses del ano 35 y vino a residir al pais 
despues de la ruina de la Republica 
de Piratiny, estableciendose en Ta- 
cuarembo. Alimentaba un odio pro- 
fundo a sus enemigos los imperialis- 
tas, y con dificultad llegaba a acep- 
tarlos como compatriotas. 



— 121 — 



AZA 



AZA 



Poeo sabemos de su vida y su ac- 
tuacion en RJo Grande, y en lo que 
concierne a nuestra republica, siguio 
las banderas de Oribe en la Guerra 
Grande, prestando servicios en la 
Guardia Nacional de caballeria de 
Tacuarembo primero y luego a 6r- 
denes del coronel Quinteros, apare- 
ciendo en las listas de setiembre de 
1843 con grado de teniente l'. Se le 
halla a principios de 1850 encarga- 
do de la sub-receptoria de Yaguari, 
ascendio a capitan de la Guardia 
Nacional de Tacuarembo el 8 de 
marzo de 1851 y a sargento mayor 
el 26 de setiembre del mismo afio, 
con despachos firmados en Canada 
de Cardozo por Oribe y Antonio 
Diaz. 

Durante la administracion de Pe- 
reira se le encuentra participando 
en una especie de asonada popular 
contra el jefe polftico del departa- 
mento Pedro Chucarro, en calidad 
de jefe de una fuerza que indebida- 
mente le habia confiado la Junta 
Economico Administrativa. Esta ex- 
piosion en que culminaba una larga 
serie de rencillas y choques locales, 
trajo como consecuencia que Azam- 
buya fuera reducido a prision junto 
con otros jefes y ciudadanos de en- 
tidad en el pueblo, tales como Ja- 
cinto Barbat, Modesto Polanco, Fe- 
lix Castellanos y un hermano suyo 
Sisifredo Azambuya. El 7 de octubre 
de 1856 el Superior Tribunal de Jus- 
ticia, a peticion del Poder Ejecutivo, 
sobreseyo en la causa ordenando la 
libertad de los presos. 

Al inaugurar su gobierno en mar- 



zo de 1860, Bernardo P. Berro le 
eonfio la jefatura de la Guardia 
Nacional de Tacuarembo, siendo te- 
niente coronel graduado y el 11 de 
setiembre del mismo afio lo nombro 
jefe politico del departamento. 

Bueno como soldado, pero sin pas- 
ta de funcionario, refiido con el co- 
mandante Barbat, estas peleas y su 
inhabil gestion en la jefatura a don- 
de llevo como oficial l 9 al despues 
famoso Isaac de Tezanos, tuvieron 
resonancia en la prensa y en el par- 
lamento. Su posieion antipatica res- 
pecto a la colonia brasilena muy nu- 
merosa en Tacuarembo, influyo a la 
vez para que el gobierno imperial, 
con insistentes reclamaciones diplo- 
maticas provocara la remocion de 
Azambuya. Berro tuvo que sustituir-* 
lo por Eduardo Castellanos, el 12 de 
junio de 1862 a pretexto de que de- 
bia asumir el mando de la Guardia 
Nacional. 

Al principiar en 1863 la invasion 
revolucionaria del general Flores, 
se le dio el mando de la division de 
caballeria de Tacuarembo, e incor- 
porado a las fuerzas del coronel Die- 
go Iiamas que el 25 de julio de 1863 
chocaron en Las Canas ccn los flo- 
ristas, una parte de sus hombres, 
desmontados, pelearon muy bien, 
evitando que Lamas experimentase 
una derrota completa. 

A merito de este comportamiento 
el gobierno lo ascendio a teniente 
coronel efectivo de linea el 19 de 
agosto y en seguida paso a servir al 
Salto, llevando consigo un nucleo de 
oficiales de Tacuarembo, entre ellos 



AZA 



AZA 



el ex-alcalde ordinario Cornelio Can- 
tera e Ildefonso Fernandez Garcia, 
subtenientes ambos. 

Enviado a reforzar la guarnicion 
de Paysandu en el mes de diciembre, 
estaba alli cuando el general Flores 
y los aliados brasilenos vinieron a 
ponerle sitio. Leandro Gomez, jefe 
de la plaza le dio el mando de tres 
cantones de la parte sur de la ciu- 
dad y en ocasion de caer herido Lu- 
cas Piriz, Azambuya lo sustituyo en 
su puesto. 

En los asaltos finales, prodigando- 
se en los lugares de mayor peligro, 
el comandante Azambuya dio repe- 
tidas pruebas de su heroicidad y de 
la exaltacion de sus pasiones. 

Alfredo Varela, el notable histo- 
riador riograndense, su paisano, di- 
ce al respecto en el libro "Dos gran- 
des intrigas": 



"Cuando el tronar de las carabi- 
nas y los cafiones estremecia el sue- 
lo y el espacio infinito, llenando los 
ecos de ensordecedores bramidos, la 
poderosa voz de un hombre domino 
la voz de los elementos desencade- 
nados de la impia guerra, repercu- 
tiendo estentorea en las filas ata- 
cantes. Entrevisto por sobre una azo- 
tea, en medio de los remolinos de 
humo y de las olas de metralla ignea, 
erguiase altanero Azambuya blan- 
diendo su espada, para lanzar a sus 
compatriotas, en las imprecaciones 
del supremo desespero, este anatema 
tremendo: "Esclavos del Brasil, ven- 
gan a conocer la libertad entre nos- 
otros". 

Una bala llego a alcanzarlo y mu- 
rio pocas horas despues el l 9 de ene- 
ro de 1865, ultimo dia de la gloriosa 
defensa. 




BACHINI, ANTONIO 

Feriodista, ministro, legislador y 
hombre de Estado. Hijo de padre 
italiano y de madre uruguaya em- 
parentada con la familia de los Ruiz, 
gente antigua de Soriano, nacio en 
el pueblo de Dolores en 1860. Como 
los suyos trasladasen la residencia 
a Fray Bentos, fue a los colegios de 
esta Villa donde concurrio, y donde, 
por su gran despejo en unos exame- 
nes, llamo la ateneion de Juan Jose 
Mendoza, duefio de "El Indepen- 
diente", el unico periddico de la lo- 
calidad, quien le dio un destino en 
la imprenta donde el muchacho se 
hizo tipografo y se inicid en lides de 
pluma, cuando, a falta del director 
emigrado, tuvieron que arreglarselas 
entre el y un sobrino del ausente. 

Deseoso de ampliar los horizontes 
y provisto por su protector de va- 



rias cartas de recomendacion, vino 
a Montevideo en 1882, donde tuvo 
una plaza en "La Espafia", cuyas 
oficinas abandcno a mitad del 84 
para incorporarse a "La Tribuna 
Popular", hoja publica que entonces 
se cotizaba. Alli cultivo un genero de 
narraciones truculentas bajo el co- 
mun denominador de Episodios His- 
tdricos, aunque la historia muy fu- 
gazmente aparecia en ellos. De la 
"Historia de El Clinudo", criminal 
famoso en campana, se hizo despues 
un volumen de 315 paginas con igual 
titulo, que lleva fecha 1884 y el au- 
tor se oculta bajo el extrano pseudo- 
nimo de Jose Ido del Sagrario. 

A la par de su labor de folletines 
y tareas de cronista,- atendia Bachi- 
ni la corresponsalia de "El Diario" 
bonaerense y por unos telegramas 
pasados en 1884, el coronel Salvador 
Tajes lo cito ante la justicia por di- 
famacidn e injurias. Al mismo tiem- 
po, en el organo oficialista "La Na- 



— 125 — 



BAC 



BAC 



cion", se acogian remitidos donde se 
insultaba al periodista de un modo 
soez. En octubre fue preso en la Vi- 
ila de Minas y conducido a la capi- 
tal acusado de ser el autor de cier- 
tos despachcs alarmistas — anuncia- 
dores de una proxima revolucion — 
pasados a Buenos Aires. En estas 
condieiones creyo prudente dejar el 
pais yendose a la capital portefia 
donde obtuvo un puesto en la redac- 
cion de "El Diario". 

En marzo de 1887, de regreso en 
Montevideo, formo parte de la re- 
daccion de "El Dia", diario colora- 
do, pasando mas tarde a ser redac- 
tor y director de "El Heraldo", pa- 
pel publico vinculado a la politica 
del Dr. Julio Herrera y Obes, cuya 
candidatura presidencial triunfo en 
1890. Al afio siguiente Bachini fue 
electo diputado por Colonia para el 
periodo 1891 - 93 Q7 ? Legislatura), y 
en 1894 volvio a la camara por los 
votos de Rio Negro. 

Distanciado del gobierno de Idiar- 
£e Borda, abandono la capital yen- 
dose a reanudar tareas de prensa 
en Buenos Aires, donde se valoriza- 
ban a pleno sus excepcionales con- 
diciones de periodista. La hora del 
retorno a Montevideo sono reeien en 
1903, y vino para dirigir "Diario 
Nuevo", en apoyo del presidente 
Batlle y Ordofiez, en cuyo periodo 
la polrtica de eo-participacion par- 
tidaria derivada del pacto de paz 
de 1897 y desnaturalizada a los ul- 
timos extremos. llevaba al pais ca- 
mino de la guerra civil que iba a 
estallar finalmente en enero de 1904. 



En esta lucha proiongada y san- 
grienta Bachini, comandante del ba- 
tallon 3 9 de Guardias Nacionales de 
Montevideo, participo en acciones 
de guerra en Salto y Rivera. 

Restablecida la paz con el venci- 
miento de los nacionalistas, fue 
nombrado Consul General en la Re- 
publica Argentina desarrollando en 
cl cargo actividades y reajustes de 
servicio que duplicaron los proven- 
tos de la oficina. 

Con fecha 7 de diciembre de 1907, 
el presidente "Williman le confio la 
cartera de Relaciones Exteriores y 
en sus manos estuvo hasta el 29 de 
octubre de 1910, con una solucion 
de continuidad de seis meses — mar- 
zo a setiembre — empleados en una 
mision especial en varios paises de 
Europa. 

Notable y eficaz fue el paso de 
Bachini por el Ministerio de Relacio- 
nes Exteriores, pero hay dos gestio- 
nes que merecen muy espeeial des- 
taque. 

Una es la magnrfica terminacioh 
del pleito casi secular de los limites 
con el Brasil, conforme al tratado 
de 30 de octubre de 1909, por el que 
se perfeccionaban los derechos del 
pafs al mismo tiempo que se exten- 
dian los limites territoriales de; la 
Republica en las aguas y las zonas 
fronterizas Merim - Yaguaron. 

NI uno ni otro de los paises, como 
sucede cuando las cosas se hacen a 
la luz y honradamente, dejaron &e 
celebrar la solucion lograda: ni Bra- 
sil ni Uruguay sintieron vulnerados 
sus derechos, desmembrados sus 



BAC 



BAC 



territorics ni afectadas sus sobera- 
nias. Tal vez hubo solo un poco de 
asombro pensando en el cumulo de 
supuestos obstaculos que por tantos 
afios venia demorando el fraternal 
arreglo. 

La otra gestion esta configurada 
por el protocclo firmado con el 
embajador Roque Saenz Pena el 5 
de enero de 1910 para solucionar 
— luego de tomarse la opinion de 
una asamblea juridica nacional con- 
vocada ad-hoc — el viejo conflicto 
de la jurisdiccion fluvial con la Ar- 
gentina, basado en los unicos recur- 
sos de la razon que asistia al Uru- 
guay, y a los sentimientos de soli- 
daridad entre ambos paises, muy 
habilmente puestos en juego. 

Antes de abandonar el gabinete, 
pudo el canciller Bachini dar prue- 
ba clara de su accion energica y de- 
cisiva, con motivo de ciertos extra- 
ordinarios sucesos desarrollados < i 
el pueblo entrerriano de Concepcion 
del Uruguay a fines de 1910. Por 
sugestiones suyas, el presidente Wi- 
lliman, pasando por toda considera- 
cion protocolaria, se dirigio perso- 
nalmente al presidente argentino 
Dr. Jose Figueroa Alcorta, para de- 
nunciarle la indebida "intervencion 
de varios funcionarios argentinos, 
civiles y militares, en un plan revo- 
lucionario, en que el ex-ministro de 
Relaciones Exteriores de aquel pais, 
el Dr. Estanislao Zeballos, respalda- 
ba las maniobras de un grupo de 
politicos nacionalistas uruguayos ex- 
traviados. 

Inhabilitado entonces el presiden- 



te Figueroa Alcorta para alegar ig- 
norancia oficial, las autoridades de 
Concepcion del Uruguay recibieron 
las instrucciones indispensables pa- 
ra que el gclpe de mano fallara. 

Cierta caballeresca actitud del 
canciller hacia un adversario politi- 
co prisionero en momentos de alte- 
racion del orden publico, actitud que 
el presidente Williman no pudo in- 
terpretar, aparejo como consecuencia 
no solo la dimision del Ministro si- 
no un incidente personal culminado 
en un desafio al presidente. 

Su brillante y trascendental ac- 
tuacion cn la cancilleria y el saberlo 
capaz de orientarse hacia la politica 
que reclamaban en la hora grandes 
sectores de opinion, parecian sena- 
lar a Eachini como un candidato pa- 
ra el periodo presidencial de 1911-14; 
pero el no se mostro dispuesto a in- 
terferir la candidatura de Batlle y 
Ordonez, solucion gestada dentro de 
su propio partido. 

Reelecto presidente Batlle y Ordo- 
fiez, Bachini asumio — el 5 de mar- 
zo de 1912 — la direccion de un gran 
cotidiano moderno, "Diario del Pla- 
ta", buscando para que lo acom- 
pafiasen en la tarea un elegido nu- 
mero de colaboradores, entre los 
cuales y en primer termino contaba 
Jose Enrique Rodo. 

Tres afios estuvo al frente del dia- 
rio. tocandole importante papel en 
la campana que dio por resuttado el 
rechazo de la forma colegiada del 
Pcder Ejecutivo, en los historieos 
comicios del 30 de julio de 1916. 

Un poco cansado y un' poco des- 



BAC 



BAE 



ilusionado tambien, abandono el es- 
tadio de la prensa alejandose algo 
de la politica activa. 

Por los sufragios de la Unidn Co- 
lorada, ingreso por tercera vez a la 
Camara de Diputados en represen- 
tacion del departamento de Paysan- 
dii, en-el periodo 1920 - 23. 

Ministro en Portugal en la presi- 
dencia de Serrato — 11 de julio de 
1924 — se le traslado a Alemania el 
22 de mayo de 1925, y el 1? de julio 
de 1927, el gobierno de Campisteguy 
lo hizo Embajador en Inglaterra, 
que debia ser el ultimo cargo que 
desempenara a servicio de la Re- 
publica. 

El 11 de setiembre de 1932, una 
larga enfermedad puso fin en Mon- 
tevideo a la vida de este ciudadano 
que despues de haber actuado en 
las posiciones mas elevadas y m£s 
peligrosas para la fama de un hom- 
bre publico y en los puestos de ma- 
xima responsabilidad y expectativa, 
jamas se llego a poner en duda, por 
gente de buena fe, ni su honradez 
fundamental ni la austeridad de sus 
intenciones. 

Su bondad y lo afable de sus ma- 
neras, exentas de falsas exteriorida- 
des, conquistaban a priori. De agu- 
do ingenio y admirable conversa- 
cion, sentia profundamente la mu- 
sica* siendo, el mismo, un buen eje- 
cutante de guitarra. 

Sobresaliente y sin falla como pe- 
riodista, maestro de periodistas en 
el Rio de la Plata, carecio como 
hombre politico de "los medios vi- 
cios y las medias virtudes" que sue- 



len llevar consigo el secreto del 
triunfo y — vicio grave en nuestra 
politica criolla — pertenecio al gru- 
po selecto, asimismo, de los hom- 
bres que son incapaces de experi- 
mentar odios. 

BAENA, LUIS 

Rico y acreditado comerciante 
montevideano, cuyo lamentable fin 
delante de un peloton de tiradores, 
configura por varias circunstancias 
uno de los mas tragicos episodios del 
sitio de la capital en la Guerra 
Grande. Era hijo de un espanol, Joa- 
qufn Baena y de Cipriana Anglada, 
de Maldonado, y poseia una impor- 
tante casa de ramos generales en la 
esquina de 25 de Mayo y Perez 
Castellano. 

Preso y sometido a juicio de un 
tribunal militar bajo la acusacion de 
mantener relaciones con los sitiado- 
res oribistas, a merito de varios pa- 
peles de su letra hallados, con otros 
mas, en un lanchon intervenido por 
Garibaldi en momentos en que se 
hacia a la vela para el Buceo, puerto 
de Oribe, la comision militar lo con- 
deno a muerte. 

Componian el Consejo de Guerra 
el general Ignacio Alvarez y los co- 
roneles Anselmo Dupont y Javier 
Gomensoro, actuando en caracter de 
Fiscal el capitan Francisco Pico y 
en la defensa el Dr. Andres Some- 
llera; y aunque Baena nego los car- 
gos y nego la autenticidad de cier- 
tas cartas, el dictamen de los peritos 



— 128 — 



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caligrafos Juan Manuel Besnes e 
Irigoyen y Jose Barboza, sin ser 
afirmativo en absoluto, fue decisivo 
en contra del acusado. 

Las diligencias — multiples y ac- 
tivas — hechas para salvar la vida 
del que era estimado y conocido 
comerciante de la plaza, se estrella- 
ron ante la negativa de-1 Ministro de 
la Guerra, coronel Pacheco y Obes, 
apoyado por el Jefe Politico Andres 
Lamas. 

El 16 de octubre de 1843, a las 
siete de la manana, la sentencia tuvo 
eumplimiento delante de la bateria 
"25 de Mayo". 

La justicia del fallo a la par de 
la legitimidad del procedimiento, dio 
motivo a polemicas y apasionadcs 
comentarios, donde las pasiones par- 
tidistas jugaban en primeir termino, 
no faltando quienes lo calificaran 
con exageracion inaceptable, de 
asesinato juridico. 

A principios del siglo se comento 
por la prensa la proxima aparicion 
de un trabajo historico llevado a 
cabo por el Dr. E. M. Cavazutti, de 
La Plata, Republica Argentina, en 
el cual se llegaria "a la conclusion de 
que las resultancias del sumario que 
culmino por el pronunciamiento de 
la pena capital, fueron originadas 
por la concurrencia de un numero 
de circunstancias desfavorables que, 
en la anunciada obra, se analizaba 
"con ejemplar buen sentido y clari- 
dad de expcsicion". 

El estudio critico no parece que 
:se haya publicado hasta ahora, sin 
•embargo. . - • 



BAEZ, BERNARDINO 

Militar, paraguayo de nacionaU- 
dad, con servicios en la guerra de la 
independencia nacional y actuaeion 
posterior, activa y brillante, en las 
luchas que agitaron a la nueva Re- 
publica. 

La afirmacion, registrada en al- 
gun reciente libro extranjero de bio- 
grafias, de que Baez fuera oriundo 
de Montevideo, solo puede atribuirse 
a error originado por el hallazgo en 
los libros de bautismos de la Cate- 
dral, de un homonimo suyo, asiento 
que, por varias circunstancias par- 
ticulares, debio descartarse de ante- 
mano. El hecho de aparecer citado 
como paraguayo y compatriota, rei- 
teradas veces, en "El Paraguayo In- 
dependiente" en 1845, en la epoca 
de Carlos A. Lopez, magistrado tan 
celoso de estos detalles, y la publica 
notoriedad de su origen, bastarian 
por si solos para desvirtuar aquella 
informacion de ultima hora, aunque 
no se posea aun el dato exacto del 
lugar y fecha de su venida al mundo. 

Su carrera militar principio en las 
Provincias Unidas; pasando en 1826 
con el Ejercito Republicano en auxi- 
lio de la provincia Oriental subleva- 
da contra el Imperio del Brasil en 
1825, y en las filas patriotas, en el 
Regimiento de Caballeria N 9 3, hizo 
la campana de Rio Grande y fue uno 
de los vencedores de Ituzaingo, cuyo 
escudo y cordones ostentaba. 

Al constituirse el Uruguay en na- 
cion independiente tomo servicio ba- 



— 129 — 



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jo banderas de la joven patria y 
cuando las diferencias internas hi- 
cieron su lamentable pero obligada 
aparicion, Baez torno partido por ei 
bando de Fructuoso Rivera y distin- 
guiose de 1336 a 1838 en la llamada 
revolucion Constitucional. "Desde el 
ano 36 se ha recomendado a la gra- 
titud de la patria por sus excelen- 
tes servicios . . . ", escribio un contem- 
poraneo. 

Comandante del 4? Escuadron de 
Milicias en setiembre de 1839, en la 
memorable y decisiva batalla de Ca- 
gancha el 29 de diciembre — dia de 
gloria para el ejercito nacional — for- 
mo parte en el ala izquierda a 6r- 
denes inmediatas de Angel Niinez y 
por su comportamiento merecio que 
se le promoviera a teniente coronel. 

Marcho despues ' destacado a la 
frontera norte-oeste, — coronel desde 
el 30 de diciembre de 1840 — y alli 
en poco tiempo se hallaba al frente 
de una fuerza denominada 2 ? Divi- 
sion del Ejercito, perfectamente dis- 
ciplinada, numerosa y de positiva 
eficiencia militar, la misma que mas 
tarde fue derrotada en la batalla de 
Arroyo Grande, el 6 de diciembre de 
1842, por el ejercito aliado de Rosas 
y Oribe. 

Columna fuerte del gobierno de 
Montevideo en la prolongada y san- 
grienta lucha de la Guerra Grande, 
fue tambien uno de los jefes ilus- 
tradcs de la epoca, con actuacion pe- 
riodistica y dotado de facil y anima- 
da palabra. 

El 8 de febrero de 1846 enfrento 
en San Antonio las fuerzas muy su- 
periores del general Servando G6- 



mez. Sus soldados de caballeria es- 
tuvieron distantes de mostrar el es- 
piritu magnifico de la Legion Italia- 
na y del puiiado de infantes crioilos 
que peleo hombro a hombro con es- 
ta, pues abandonaron el campo en 
medio del combate. 

Acompano a Rivera en la campana 
del litoral de 1846, asistiendo a la to- 
ma de Mercedes y desde este punto 
fue destinado por el general del ejer- 
cito de operaciones para ccnducir el 
parte y explicar a la superioridad to- 
do lo realizado hasta esa fecha. Des- 
empeno asimismo la jefatura del Es- 
tado Mayor Divisionario por ausen- 
cia del coronel Venancio Flores, des- 
de el 24 de julio hasta cctubre de 
1846. 

En 1847 se le envio a hacerse car- 
go de la division de ejercito del ge- 
neral Rivera en Maldonado, cuando 
el ex-presidente tenia que salir dei 
pais extrafiado por un decreto del 
gobierno de la Defensa, pero una 
vez en la localidad Baez rehuyo des- 
empenar el mandato y en cambio- 
embarcose para el Brasil junto con 
Rivera. 

Radico en Rio Janeiro y despues 
de una oscura sucesion de . iriciden- 
cias politicas en las que aparecen 
mezclados la cancilleria del Impe- 
rio y los diplomaticos rioplatenses 
Lamas, Gelly y Guido, el coronel 
Bernardino Baez emprendio viaje de- 
vuelta a la Republica, pero no para 
reincorporarse a las filas de los su- 
yos sino para engrosar las de aque- 
Uos contra quienes habia luchado 
doce afios consecutivos. El jefe del 
ejercito sitiador general Manuel Oribe- 



— 130 — 



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lo recibio prodigandole finos elogios 
en su diario, pero ni en ese mo- 
mento ni despues le confirio mando 
militar de clase alguna. 

El gobierno de Montevideo, por su 
parte, respondio a tan extrafio cam- 
bio de frente con el decreto fulmi- 
natorio de 27 de octubre de 1849 
que lo separa ignominiosamente de 
los cuadros del ejercito. 

Desde entonces se puede afirmar 
que el coronel Baez se sobrevive a 
sf mismo, rechazado por sus anti- 
guos companeros colorados como un 
transfuga y un desconocido en las 
filas oribistas donde se veia aho- 
ra sin alcanzar a explicarse bien el 
por que . . . 

Aff debio reconocerlo el propio 
coronel despechado y apenado cuan- 
do en 1851 quiso vanamente levan- 
tar fuerzas para oponerlas a Urqui- 
za, que despues de abrazar la causa 
de la libertad cruzaba el Uruguay a 
destruir el ejercito de Oribe. 

Mas tarde, en 1853, cuando la reac- 
cion oribista contra el gobierno del 
Triunvirato, apenas pudo reunir un 
punado de hombres. Perseguido por 
las fuerzas del comandante Domingo 
Gara'a, que lo acuchillaron literal- 
mente rumbo hacia el Paso de Pa- 
redes en el rio San Salvador, el 24 
de diciembre fue muerto a lanza en 
los brazos del oficial enemigo Juan 
Pio Suarez, que habia expuesto ge- 
nerosamente su vida por salvarlo. 

Puede verse: J. M. Fernandez Sal- 
O.afia. "Un paraguayo al servicio del 
Uruguay, coronel Bernardino Baez". 
"La Prensa", Buenos Aires. Suple- 
mento, n de marzo de 1940. 



BAEZ, JACINTO 

Ccnocido por Pintos Baez. Jefe de 
Milicias, nacido en Colonia en 1833 
y afiliado al Partido Blanco, que al- 
canzo prestigio entre sus correligio- 
narios politicos de los departamentos 
del sudoeste de Ia Republica y que 
en la revolucion del coronel Timoteo 
Aparicic, despues de la batalla de 
Manantiales, tuvo el mando de una 
division de caballeria compuesta por 
gente de San Jose, Soriano y Colonia. 

Era Uamado generalmente Pintos 
Baez y hasta la guerra civil de 1871) - 
72 permanecio poco menos que des- 
conocido como hcmbre de armas, 
aunque gozaba reputacion de levan- 
tisco y, en 1868, habia dado que ha- 
cer a la justicia con motivo de un 
suceso de sangre ocurrido en los pa- 
gos de Cagancha. 

Su bizarra vestimenta de colores 
vivos, grueso, antes bajo que alto, su 
melena larga, sus modales acriolla- 
dos y su destreza en el manejo de 
la lanza, popularizaron al coman- 
dante Pintos Baez en las filas del 
ejercito revolucionario y el por su 
parte procuro responder y respondia 
a la confianza de Aparicio en el ul- 
timo periodo de la lucha que fue et 
de su maxlma y activa actuacion. 

Pacificado el pais merced al con- 
venio de abril da 1872, Pintos Baez: 
comenzo a posar en caudillo de paz,. 
pero obstaba a los excelentes planes;. 
su reputacion de paisano difi'cil de« 
Uevar, receloso y en pique con "lai 
autoridad". 

En esta disposicion de animo, em 



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enero de 1874 tuvo un choque con 
las policias de Rosario, del cual sa- 
lio con dos heridas de bala. Encau- 
sado en Montevideo, hallabase en la 
ciudad de San Jose en libertad bajo 
fianza, cuando una inesperada com- 
plicacipn del balazo recibido en el 
pecho le produjo la muerte el 8 de 
setiembre del mismo afio 1874. 



BARBAT, JACINTO 

Militar, coronel del ejercito for- 
mado a servicio del general Manuel 
Oribe, en cuya parcialidad politica 
hizo las campafias de la Guerra 
Grande en la Division Tacuarembo, 
alcanzando jerarquia de capitan. 

En 1855, la revolucion de los ccn- 
servadores en Montevideo contra el 
presidente general Venancio Flores 
tuvo a Barbat a favor suyo, pues se 
alzo en la Villa de San Fructuoso y 
asumio el mando de las fuerzas ar- 
madas del departamento a nombre 
del gobierno proviscrio de Luis La- 
mas. Se lanzo a la lucha cuando la 
reaccion de su partido en 1853 con- 
tra el gobierno del Triunvirato y fue 
uno de los catorce jefes de esa filia- 
cion exclm'dqs del decreto de am- 
nistia del 10 de enero. 

Sus antecedentes militares unidos 
a una preparacion general no co- 
rriente por aquella epoca en los de- 
partamentos de campafla, le permi- 
tieron hacerse de prestigio y contar 
con opinion en Tacuarembo. 

Pero exisxian compafieros que le 
disputaban la preponderancia y asi 



fue ccmo las rivalidades entre Bar- 
bat y el tambien comandante Pedro 
Chucarro, no obstante tratarse de 
correligionarios politicos, agitaron el 
pacifico ambiente de aquella region 
mediterranea y en ocasiones, pasan- 
do los Mmites departamentales, vi- 
nieron a repercutir en Montevideo. 

En la administracion de Pereira, 
epcca en que las querellas se agu- 
dizaron sobremanera, hubo una es- 
pecie de asonada que encabezaban 
Tristan Azambuya y Barbat en el 
mes de mayo de 1856, 

Reducido a prision por desacato 
a la autoridad del Jef e Politico Chu- 
carro, juntamente con algunos com- 
pafieros, el gobierno solicito del Tri- 
bunal que sobreseyera en la causa 
y el comandante recobro la libertad 
el 7 de octubre. 

El 8 de abril de 1858 ascendio a 
coronel graduado de caballeria de 
lfnea siendo jefe del 2? Regimiento 
de Guardias Nacionales de Tacua- 
rembo y el 30 de julio del 59 se le 
nombro Jefe Politico del departa- 
mento "por exigirse alli un jefe mi- 
litar". 

De viaje por Montevideo, el coro- 
nel Barbat perecio ahogado en la 
bahia mientras se bafiaba, en febre- 
ro de 1862. 



BARREIRO, MIGUEL Manuel 
Francisco 

Patriota de las primeras epocas, 
secretario de Artigas, congresal dei 
Ano XIII y constituyente de- 1830. 



BAR 



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Habia visto ia primera luz en Mon- 
tevideo el 5 de julio de 1789, hijo 
de Manuel Jose Barreiro y de Bac- 
bara Bermudez y pertenecia a una 
familia de buena posicion social. 

Se educo en el colegio de. los Fran- 
ciscanos, pero no tuvo estudios uni- 
versitarios. 

Al servicio de la causa patriota 
desde el afio 1811, hallose en el pri- 
mer sitio de Montevideo y, muy 
adicto a Artigas, a cuyo lado desem- 
pefiaba funciones de secretario, lo 
acornpano cuando el Exodo y en los 
dias del Ayui, gozando, a justo ti- 
tulo, de su entera confianza. 

Hombre joven, de educacion mas 
que mediana, poseedor de una inte- 
ligencia despierta pero discreta, su 
nombre se individualiza, por prime- 
ra vez, como secretario del gobierno 
provincial de 1813, y luego como 
miembro del Congreso de Penarol, 
donde Artigas depuso el mando ccn 
memorable palabra el 4 de abril, y 
en el cual se resolvio el envio da 
diputados de los cinco cabildos pro- 
vinciales, q u e presentarian a la 
Asamblea Constituyente de las Pro- 
vincias Unidas que sesionaba en 
Buenos Aires, las famosas Instruc- 
ciones del Afio XIII. 

Las circunstancias derivadas del 
caracter de secretario particular de 
Artigas, y el cargo analogo que tuvo 
en ei Congreso, fundaron mas tarde 
la creencia de que Barreiro pudiera 
haber sido el redactor de aquel pro- 
grama de gobierno republicano, tan 
profundamente meditado y tan bien 
estructurado. 



Nada hay sin embargo que justi- 
fique ese supuesto en forma mas o 
menos fehaciente, y razonando sobre 
el punto, Hector Miranda niega con 
argumentacion 'irrefutable la paterni- 
dad que pretende atriburrsele a Ba- 
rreiro, cuya juventud en esos dias 
— contaba apenas 24 anos — no po- 
dia suplir un talento excepcional 
que no poseia. 

Tampoco hay nada que autorice 
a creer que poseyera mayor ilustra- 
cion que su jefe, capaz de habilitar- 
lo como mentor en asuntos de ma- 
xitei4 trascendencia. 

Llevo la palabra del Libertador 
en'varias negociaciones con los hom- 
bres politicos de Buenos Aires o con 
sus hombres de armas en la provin- 
cia en los afios 1814-15, sin sepa- 
rarse del lado de su jefe, y en los 
dias de la Primera Patria fue la 
persona elegida para trasladarse del 
Campamento General a Montevideo, 
ya en posesion de los nuestros, con 
el fin de sustituir a Otorgues, contra 
quien habia muchas quejas, en la je- 
fatura de la plaza (julio de 1815). 

Iba a la capital recien libertada 
con plenos poderes y con el titulo 
de Gobernador Delegado, pero lejos 
de ser un nuevo funcionario cual- 
quiera, sin mas propositos que re- 
empiazar a ptro, Barreiro, conocedor 
de los antecedentes del caso, y habi- 
litado para abarcar la situacion y 
las necesidades que comportaba, 
traia esbozado el plan de disposicio- 
nes y reformas que, de inmediato, 
se proponia desarrollar. De aqui que 
su gestion de gobierno, apenas hubo 



— 133 — 



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tomado el lugar de Otorgues, me- 
reciera generales placemes; pero no 
hay que creer tampoco que todo es- 
tuviera mal hecho hasta entonces, 
pues tal supuesto y una parte de los 
excesos de Otorgues no pasan de una 
invencion enherbolada del nucleo es- 
pafiol, realista impenitente, a quien 
la derrota le amargaba la sangre, 
reducido a la impotencia cuando los 
patriotas ocuparon Montevideo. 

Segun expresas instrucciones de 
Artigas, dio participacion en el ma- 
nejo de los asuntos comunes al Ca- 
bildo y principalmente en lo econo- 
mico. Enfrenci los malos elementos 
imperantes, expulsandose a varios y 
llegandose hasta ejecutar algun no- 
torio foragido, puso limite a los gas- 
tos y orden al regimen tributario. 
Secundo la tarea de Larrafiaga em- 
penado en organizar la Biblioteca 
Nacional, dio tono civil al gobierno, 
ensayo mejores tacticas con los es- 
pafloles y realistas, y una aurora de 
paz y de concordia parecia anun- 
ciarse para la capital. 

Las primeras fiestas mayas del 
afio 16 y la inauguracion de la Bi- 
blioteca proclaman el buen gobier- 
no de la era artiguista, y todo lc. 
que tuvo de criminal la campana 
para destruir la obra de aquel hom- 
bre superior. 

La invasion portuguesa, en agos- 
to del mismo afio, vino a interfe- 
rir todo prestamente y fue preciso 
abandonar cualquier atencion que 
no dijera directamente con la de- 
fensa nacional. 

Habilitado para mandar asi en la 



paz como en la guerra, asumio fun- 
ciones de jefe militar y civil. Ex- 
peditivo y energico, visto que el 
enemigo sacaba ventajas diarias por 
su penetracion e.n el pais, dispuso 
Bai-reiro que el Cuerpo de Civicos 
de la ciudad marchara a campana a 
reforzar el ejercito de operaciones. 
Ante esta perspectiva, el batallon, 
formado en su mayoria por mozos 
de famihas espafiolas o ajenas a la 
causa patria, derrotistas o neutra- 
les, inicio un movimiento sedicio- 
so negandose a obedecer a sus jefes, 
el 2 de setiembre. Fehzmente, el pe- 
ligro vino a quedar conjurado al 
otro dia, sofocada la sublevacion. 

Los sucesivos reveses de nuestras 
armas en el curso del ano, obligaron 
sin embargo a Barreiro a abando- 
nar Montevideo, carente en absoluto 
de medios de defensa, y asi lo hizp 
la noche del 18 de enero de 1817, 
retirandose junto con el cabildante 
Joaquin Suarez y todos los hombres 
de armas que pudieron llevar consi- 
go. Al dia siguiente Lecor entraba 
triunfalmente en Montevideo, donde 
el humillado Cabildo le rindio indig- 
nos homenajes a cambio de garantias 
y ventajas de futuro. 

Desinteligencias que la adversidad, 
como siempre, exacerbo, crearon po- 
co despues entre f el Protector de los 
Pueblos Libres y su antiguo secre- 
tario, una situacion tirante. En esos 
momentos cayo Barreiro prisionero 
de los portugueses en Queguay chi- 
co, en julio de 1818. 

Conducido de inmediato a Monte- 
video en compania de su esposa, pri- 



— 134 — 



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sionera al mismo tiempo, lo ence- 
rraron en la carcel del Cabildo y de 
abi paso a un buque de guerra an- 
clado en la bahia. 

Sometida la provincia, los conquis- 
tadores lo volvieron a la libertad y 
todo el termino de las dominaciones 
extranjeras vivio en absoluto retiro, 
buscando mejorar sus intereses com- 
prometidos por largos afios de aban- 
dono. 

La invasion del afio 25 y los fe- 
lices sucesos que trajo como secuela 
lo reintegraron a la vida publica y 
el electorado de Colonia lo llevo a la 
Asamblea Nacional Constituyente y 
Legislativa, a cuyos trabajos incor- 
porose el 29 de noviembre de 1828, 
continuando hasta el dia en que ter- 
mino sus tareas. 

Senador por Cerro Largo en la 
primera legislatura patria de 1830- 
36, fue uno de los hombres civiies 
que acompafiaron al general Lava- 
lleja en su desatentada actitud re- 
belde del afio 32, por cuya razon 
fue exonerado provisoriamente de su 
investitudra senaturial, junto con los 
diputados Silvestre y Jose Benito 
Blanco, por decreto que firmo Luis 
Eduardo Perez en ejercicio del po- 
der ejecutivo. 

Con el andar de los afios, modifi- 
cada ya su orientacion politica, fue 
nuevamente electo senador, en 1840, 
pero esta vez por Soriano. 

Figurd entre los hombres de la 
Defensa de Montevideo y dentro del 
recinto de la plaza formo entre el 
grupo colorado que aeompanaba al 
coronel Venancio Flores. 



Miembro de la Asamblea de No- 
tables en febrero de 1846, el 5 de 
julio de 1847, el vicepresidente Joa- 
quin Suarez lo hizo Ministro de Ha- 
cienda y Relaeiones Exteriores, pe- 
ro su presencia en el gabinete no 
llego a durar dos meses. 

Ciudadano de reconocida hones- 
tidad y con rasgos de hombre de 
gobierno, no tuvo sin embargo el 
relieve vigoroso que caracteriza a 
los verdaderos estadistas. 

Alcanzo a vivir hasta el 12 de ma- 
yo de 1848, dia en que su vida tuvo 
fin en Montevideo. 



BARRETO, FRANCISCO L. (Ver 
Leon Barreto) 



BARRIAL POSADA, CLEMENTE 

Geologo y mineralogista espafiol 
que llego al Uruguay el afio 1862. Era 
nacido en Brez, lugar de la provincia 
de Oviedo, en 1842. Hizo estudios en 
Sevilla donde obtuvo titulo de In- 
geniero de Minas, pasando luego a 
Francia a perfeccionar sus conoci- 
mientos. 

Agregado con un cargo subalterno 
a la no menos subalterna Comision 
Cientifica Espafiola, especie de an- 
ticipo de la aventura militar del Pa- 
cifico de 1862, la guerra que sobre- 
vino entre las republicas agredidas 
y Espafia lo puso en la obligacion 
de regresar a su patria, 

Al poco tiempo, aproando de nue- 
vo hacia America, desembarco en 



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Pernambuco. De alli, segun sus re- 
ferencias, hizo la travesia por tie- 
rra hasta Montevideo, con un reco- 
rrido aproximado de cuatro mil tres- 
cientos kildmetros. 

Mas tarde, en constante observa- 
cion de los terrenos, realizo largas 
giras por el norte argentino, el alti- 
plano de Bolivia y la region andina 
austral. Aunque es preciso acautelar- 
se respecto a estos itinerarios tratan- 
dose de un hombre imaginativo, las 
colecciones y muestrarics reunidos 
certifican cuando menos, largas an- 
danzas y paciente labor. 

Arraigo en nuestro pais, pues 
Montevideo fue siempre su centro 
de partida. Incorporado totalmente a 
la vida uruguaya, los terrenos auri- 
feros de Cufiapiru y Corrales en Ta- 
euarembo, a la par que los cuprife- 
ros de Yucutuja en el Salto, consti- 
tuyeron el norte de sus mayores afa- 
nes," sin perjuicio de que le interesa- 
ra cualquier veta o rastro mineral 
donde quiera que existiese o se sos- 
pechase. 

Fruto de esta dedicacion constan- 
te es su extensa "Monografia Geolo- 
gica Industrial y Agricola del Uru- 
guay", publicada en el Album que 
se envio a la Exposicion Continen- 
tal de Buenos Aires de 1882 y un 
pormenorizado estudio que Ueva por 
titulo "Naturaleza Geologica y Con- 
textura Orografica de la R. O. del 
Uruguay con aplicacion a la Mine- 
ria". Este trabajo por muchos con- 
ceptos estimable, fue declarado ofi- 
cialmente texio de consulta en 1883. 

Sus repetidas tentativas de lograr 
capitales bastantes para la explota- 



cion en vasta escala de las riquezas 
mineras de la Republica no resulta- 
ron felices, pues en unos cascs el 
valor aurifero, como en el del mine- 
ral de Tacuarembo, hallabase neu- 
tralizado por la excesiva dureza del 
cuarzo y en otros, las vetas que aflo- 
raban promisoras se perdian al 
ahondar en Ia tierra. 

Sin embargo, Barrial Posada en- 
vejecio en la esperanza de las minas, 
muriendo el 2 de mayo de 1903, en 
Mcntevideo. 

Fue acaso un hombre iluso, que 
murio sin ver la realizacion de sus 
suenos, pero tambien hombre acree- 
dor al sitio que tienen reservado con 
igual derecho que los triunfadores 
materiales, todos los porfiados van- 
guardias del progreso de la Republi- 
ca "tan rica en bienes reales como 
en esperanzas de ventura" segiin pa- 
labras del propio estudioso minera- 
logista. 



BARRIOS, IGNACIO Gregorio 

Militar de la independencia y 
miembro de la Asamblea de la Flo- 
rida. 

Consta su nacimiento en 31 de ju- 
lio de 1785 en los libros de la parro- 
quia del hoy desaparecido pueblo de 
Las Viboras, en el departamento de 
Colonia. 

Enviado a estudiar a Buenos Ai- 
res, lucho como voluntario contra 
los invasores ingleses de 1806-07. 

La revolucion de la independencia 
encontro a Barrios trabajando en el 
pueblo de Pcrongos, pero decidido 



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por la causa de la patria apresurose 
a prestar apoyo a los sublevados de 
Ascencio, avanzando sobre el propio 
pueblo con un grupo de paisanos que 
habia reclutado, y logrando ocupar- 
lo sin dificultad. 

Hombre expeditivo, se hizo cargo 
de la autoridad como Alcalde y con 
titulo de teniente 1 ? asumio funcio- 
nes de comandante de las milicias 
que luego servirian de base al regi- 
miento de caballeria patriota de Po- 
rongos, y una vez incorporado al 
ejercito artiguista hallose en los pri- 
meros combates, mereciendo ser ci- 
tado en el parte de la victoria de 
San Jose el 25 de abril de 1811. 

Paso en 1813 a servir en Buenos 
Aires como teniente de la compafiia 
de Granaderos N 9 7, ascendiendo 
luego a capitan y marchando a Tu- 
cuman donde el E^ercito del Norte 
abria operaciones contra los espano- 
les. Estaba a servieio del general 
Rondeau con grado de sargento ma- 
yor, cuando pidio su separacion ab- 
soluta del ejercito, a fines del afio 
15, para regresar a la Republica. Ne- 
cesitaba atender sus interes^j aban- 
donados y en faenas de paz transcu- 
rrieron los dias negros de la domi- 
nacion extranjera. 

Pero la aurora del afio 25 lucio al 
fin y Barrios, en seguida de inicia- 
das las operaciones por los genera- 
les libertadores, tenia a sus ordenes 
en Colonia un batallon de extramu- 
ros. 

Convocada la soberania para cr- 
ganizar un congreso patrio en la "Vi- 
lla de Florida, don Ignacio resulto 
electo diputado por el distrito de Las 



Viboras, que era el de su domicilio 
y al termino de las funciones de la 
Asamblea, despues de ser uno de los 
signatarios del Acta del 25 de Agos- 
to, volvio al ejercito figurando en- 
tre los gloriosos vencedores de Sa- 
randi. . 

Acompano mas tarde al general 
Fructuoso Rivera en la trascendental 
campafia de Misiones al frente del 
Regimiento de Lanceros del Ejercito 
del Norte, luego de atravesar el Ibi- 
cuy el 21 de abril de 1828. 

Despues de esta operacion de gue- 
rra que cambio la faz de la lucha, 
al reconocerse por el gobierno pro- 
visorio al Ejercito del Norte como 
integrante del ejercito de la patria, 
Barrios tuvo regularizada su situa- 
cion militar en la Repiiblica en gra- 
do de teniente coronel con fecha 2 
de enero de 1829, y entro a revistar 
a la Plana Mayor Pasiva. 

Jefe Politico de Colonia en 1833, 
fue reformado cesando de pertene- 
cer al ejercito en julio de 1835, pero 
volvio a el para servir al gobierno 
constitucional del general Oribe 
contra la revolucion riverista, que 
concluiria por derrocarlo. Jefe de la 
Guardia Nacional de caballerfa de 
Colonia, hallose en la batalla de Car- 
pinteria en 1836 y llego a coronel 
graduado el 26 de marzo de 1837. 

Su actuacion en la Guerra Grande 
fue nula, con permanencia en el so- 
lar nativo, pues nunca demostro ser 
apasionado por divisas y aunque mi- 
litante en el bando oribista, lo liga- 
ban fuertes lazos de parentesco con 
el caudillo colorado Venancio Flores, 
su sobrino carnal. 



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Unicamente en marzo de 1854 tie- 
ne figuracion publica, al ingresar 
como suplente convocado a la ca- 
mara de diputados, en epoca que go- 
bernaba la republica el general Flo- 
res. Fallecio de 82 afios, el 19 de ju- 
lio de 1867, rodeado de toda la con- 
sideraeion que merecia una anciani- 
dad venerable. Una placa de bronce, 
con un busto, recuerda en Carmelo, 
la casa donde vivio y murio. 

BARRIOS, JUAN 

Militar cuya carrera termino en 
categoria de general, despues de ac- 
tuar largamente en las luchas que 
subsiguieron a la constitucion de la 
Republica, a la cual prestara ser- 
vicios en la liltima guerra por la 
independencia. 

Adicto a la fraccion politica que 
reconocio por jefe al brigadier ge- 
neral Manuel Oribe, lo sirvio con 
exacta lealtad y bravo empeno en 
los pagos levantinos — Maldonado, 
Rocha y Minas — donde contaba co- 
mo uno de los militares de arrastre. 

Capitan de la Guardia Nacional 
de Maldonado en setiembre de 1836, 
destacado en Santa Teresa, fue de- 
signado comandante accidental de 
la misma el 18 de mayo de 1837, 
siendo Jefe Politico. 

Al servicio del Gobierno del Cerri- 
to, el dia 19 de noviembre de 1843, 
alcanzo en las inmediaciones del 
Chuy a las fuerzas del coronel gu- 
bernista Fortunato Silva, obteniendo 
sobre el algunas ventajas. 



En enero de 1846 acudio en so- 
'corro de la Villa de San Carlos, 
donde el coronel Antonio Acuna es- 
taba sitiado por el coronel Venan- 
cio Flores, quien viose en la obliga- 
cion de abandonar la partida. El 
batallon 3 9 de Guardias Nacionales 
que comandaba el coronel Panta- 
leon Perez, resistio, pero lo rindie- 
ron, quedando prisionero su jefe. 

El 23 del mismo mes ocupo Pun- 
ta del Este desguarnecida recien por 
los marinos de la intervencion y 
habiendo hecho otro tanto las fuer- 
zas del coronel Manuel Freire que 
desde el 12 de enero ocupaban Mal- 
donado, el coronel Barrios pudo po- 
sesionarse de la ciudad el 30 del 
propio mes. 

Peleo con el general Rivera en 
la sierra de las Animas el 26 de 
enero de 1847. 

En la reaccion armada de los 
caudillos blancos contra el gobier- 
no del Triunvirato a fines del afio 
1853, Barrios salio al campo. pero 
fue prestamente aplastado como to- 
dos sus companeros, en distintos 
puntos de la Republica por las fuer- 
zas del coronel Flores, uno de los 
triunviros. Por esta razon fue baja 
del ejercito con fecha 23 de noviem- 
bre del propio afio. 

La amnistia decretada por los ven- 
cedores el 10 de enero de 1854, ex- 
cluyo expresamente a Barrios, in- 
cluido en una nomina de catorce 
de los jefes blancos de mas pres- 
tigio. 

Permanecio alejado del ejercito 
hasta que en el gobierno de Perei- 



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ra fue reincorporado con fecha 13 de 
enero de 1857. 

Movilizada en setiembre del afio 
siguiente la Guardia Nacional de 
Maldonado, Barrios tuvo a su cargo 
la jefatura del Batallon 3 9 , y desde 
enero de 1859 hasta noviembre de 
1860, fue Comandante Militar de 
Maldonado. 

En el curso de la revolueion co- 
lorada que en abril de 1863 encabe- 
zo el general Venancio Flores, el 
presidente Berro lo hizo Jefe Poli- 
tico de Canelones y comandante 
de la Guardia Nacional en octubre 
de 1863, cargos en que ceso en mar- 
zo de 1864 "teniendo precision el 
Gobierno de utiUzar en otro desti- 
no sus importantes servicios", que 
se le agradecian en nombre de la 
Nacion. 

Seis dias mas tarde, el 5 de abril, 
se nombraba al coronel Barrios jefe 
superior de los departamentos de 
Maldonado y Minas. 

Promovido a general con fecha 
13 de enero del 65, los sucesos super- 
vinientes impidieron obtener la ve- 
nia legislativa indispensable. 

El triunfo de la revolucion de Flo- 
res, que ehminaba del gobierno al 
Partido Blanco, trastorno la carre- 
ra militar de Barrios. 

De alta nuevamente el l 9 de se- 
tiembre de 1865, al producirse la 
tentativa revolucionaria del ex - 
presidente Berro el 19 de febrero 
de 1868, el coronel Barrios fue ra- 
diado del ejercito en la misma fe- 
cha, para volver a figurar en los 
cuadros en virtud de la amnistia 



decretada el 25 de agosto del mis- 
mo aiio 68. 

Participo en el movimiento revo- 
lucionario de Timoteo Aparicio y por 
ello fue baja el 16 de setiembre 
de 1870. 

Habiendo aceptado el gobierno 
extra - constitucional de Pedro Va- 
rela, engendro del motin militar del 
15 de enero de 1875, sus amigos 
politicos obtuvieron para Barrios el 
ascenso a coronel mayor, que se le 
confirio con fecha 13 de julio del 
mismo afio, regularizandose de este 
modo, luego de tantas alternativas, 
su grado en suspenso hacia diez 
anos. 

Con residencia habitual en la Vi- 
lla de Rocha, donde tenia intereses, 
fallecio el general Barrios el 18 de 
junio de 1877. 

BASTERRICA, LESMES de 

Militar uruguayo de crigen vasco, 
nacido en San Sebastian el ano 1807. 
Soldado en las. filas absolutistas en 
la primera guerra civil de Espana, 
tenia en el ejercito del pretendiente 
Carlos V el grado de 2° comandante 
del segundo batallon de la Division 
de Guipuzcoa, siendo de los que 
aceptaron el Convenio de Vergara 
en agosto de 1839. Paso despues a 
Francia y resuelto a emigrar para 
America, eligio el Rio de la Plata, 
donde tenia parientes cercanos, uno 
de los cuales, Vicente Basterrica, 
llego a ser jefe de un batallon de 
voluntarios en los primeros meses 



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de la Guerra Grande, a servicio del 
gobierno del general Rivera, el mis- 
mo que luego, conquistado por su 
paisano el ex-ministro coronel An- 
tonio Diaz, deserto con sus hombres 
al comienzo del sitio de la capital. 

En las filas del gobierno del Ce- 
rrito, fue, a partir de abril del 43, 
2? jefe del batallon "Voluntarios de 
Oribe", unidad que comandaba otro 
vasco, Ramon de Artagaveytia. Poco 
tiempo despues, el 25 de marzo de 
1844, el titulado presidente lo llevo 
a su lado en caracter de ayudante, 
dandole grado de teniente ccronel 
y en este nuevo destino continud 
hasta el fin de la guerra. 

Pacificado el pais en el ano 1852, 
ingreso al ejercito de la Republiea 
con el mismo rango que tenia entre 
los sitiadores. 

Hombre de Oribe, como mas ade- 
lante iba a ser hombre de Berro, lo 
sirvio fielmente, estuvo a su lado en 
los mcvimientos que siguieron a la 
Paz de Octubre, adhirio al Pacto de 
La Union entre iGs generales Oribe 
y Flores y vino a ser uno de los 
sostenes del gobierno de Pereira. 

Al estallar la revolucion de los co- 
lorados conservadores encabezados 
por Cesar Diaz, tuvo el comando del 
2 9 batallon de Guardias Nacionales 
de la Union — villa de su residen- 
cia — , a cuyo frente se encontro en 
las sangrientas jornadas de febrero 
del 58. Despues de estos dias Pe- 
reira lo ascendio a coronel gradua- 
do el 9 de febrero del mismo ano, 
continuando al frente del 2? de 



Guardias Nacionales; y pcco mas 
tarde, al crearse el batallon de li- 
nea denominado "Cazadores de la 
Union" sobre la base de aquella uni- 
dad, el 21 de mayo de 1858, siguio 
al frente del nuevo cuerpo y obtuvo 
la efectividad de coronsl el l 9 de 
setiembre del ano siguiente. 

Electo Presidente de la Republi- 
ca Bernardo Berro, lo hizo Edecan 
de Gobierno el 3 de abril de 1860, 
y el 4 de junio de 1861 pasaba a ser 
jefe del batallon de Guardia De- 
partamental con retencion de su 
puesto junto al primer magistrado. 

Jefe del 2° de Cazadores el 4 de 
febrero de 1863, poco le toco actuar 
contra los revolucionarios flcristas, 
pues se le retuvo casi siempre en 
la capital por lo mismo que era la 
confianza de Berro. 

El gobierno. de Aguirre en sus 
postreros dias lo hizo coronel ma- 
yor (general de brigada) el 15 de 
febrero de 1865, pero el ascenso re- 
queria la venia legislativa consfitu- 
cional, y cayo el mandatario y la 
situacion blanca antes de poder cum- 
plirse el requisito. Basterrica recla- 
mo mas tarde su grado, pero las 
Camaras del 73 — no obstante el nu- 
mero de sus correligionarios — re- 
chazaron el pedido por no estar lle- 
nados los extremos legales. 

Despues del triunfo de la revolu- 
cion florista y del advenimiento del 
partido colorado, Basterrica fue de 
los militares elegidos por Berro para 
la revolucion del 19 de febrero de 
1868. en que perecieron el general 



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Flores y el mismo Berro. Competiale, 
en la fecha, hallarse en las proximi- 
dades del Cabildo a la hora del gol- 
pe, pero no consiguio salir de su 
casa donde lo encerro, como quien 
dice, la vigilancia policial. 

Fracasado el movimiento se le dio 
de baja del ejercitd inmediatamente 
y entonces se fue a la Argentina es- 
capando de la persecueion de los 
vencedores. 

A mediados del mismo afio 68 el 
gobierno de Batlle lo buscaba afa- 
nosamente en Mcntevideo donde se 
decia que estaba oculto y pronto para 
figurar en un proximo movimiento 
subversivo. Si estuvo realmente en 
la capital, la policia no logro darle 
caza cuando menos. 

Pero el momento de tomar las ar- 
mas en favor de su partido, vino al 
fin, el dia en que el coronel Timo- 
teo Aparicio desplego banderas, en 
1870, contra el mismo gobierno de 
Lorenzo Batlle. Despues de invadir 
por el Uruguay junto con el gene- 
ral Medina en el mes de agosto, 
Basterrica hizo la dura campana de 
dos afios y durante el sitio de Mon- 
tevideo y combate de "La Union", 
le acertaron un balazo en pleno ros- 
tro que lo obligo a pasar a Buenos 
Aires a asistirse, pues tenia fractu- 
rados los huesos de la nariz. Volvio 
al pais y cuando la Paz de AbrU 
era comandante de Ia frontera Este 
y jefe de la guarnicion de la Villa 
de Artigas. 

Alta nuevamente en el ejereito el 
18 de mayo de 1872, adhirio junto 



con la gran mayoria de su partido 
al gobierno dictatorial de Latorre, 
despues de haber dejado hacer el 
motin del 75. Varela, el presidente 
usurpador, en recompensa de su co- 
operacion, le habia dado las tan dis- 
cutidas palmas de general el 11 de 
agosto de 1875. 

Probadamente valiente y acostum- 
brado a disciplinar y organizar fuer- 
zas, pecaba el general vasco de duro 
en el trato de sus subalternos; esca- 
samente instruido, como militar ca- 
recia de toda facultad superior y en 
poh'tica su caracteristica fue la leal- 
tad a los hombres que lo tuvieron a 
su servicio. 

Fallecio a los 74 afios en su casa 
de la villa de la Union, el 11 de 
mayo de 1881 a las 11 de la ma- 
fiana. 



BASUALDO, BLAS 

Jefe patriota de la epoca artiguis- 
ta, cuya figura es todavia algo im- 
precisa, pcr ser escasos los elemen- 
tos de estudio disponibles hasta aho- 
ra para rehacer el itinerario de su 
vida. Hay discrepancias acerca de 
su nacionalidad, pues mientras el 
general Rivera dejo escrito que era 
santiagueno — argentino — , papeles 
posteriores permiten emitir la hipo- 
tesis de que hubiera nacido en las 
tierras ehanaes de Soriano. 

En 1811 aparece Basualdo actuan- 
do en la region central norte del te- 
rritorio en calidad de capitan de mi- 



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licias de Artigas, al mando de unos 
doscientos hombres, cuyo cometido 
principal era tomar cuenta de los 
movimientos de los portugueses en 
la dilatada zona que se extiende en- 
tre los rlos Cuareim e Ibicuy. 

Acompafio a Artigas en la retirada 
al Ayui en calidad de jefe divisio- 
nario y fue uno de los capitanes que 
le guardarcn fidelidad negandose a 
oir las »proposiciones de Sarratea, 
delegado porteno, ido al campamen- 
to con proposito de anarquizar las 
huestes del jefe oriental, provocan- 
do — como desgraciadamente suce- 
dio — la desercion de excelentes je- 
fes y oficiales. 

De regreso a la tierra nativa asis- 
ti6 al sitio de Montevideo, donde se 
hizo famoso como excelente soldado 
de caballeria, hasta que Artigas se 
retiro del campo de operaciones. En 
la lucha que poco mas tarde desen- 
cadenose entre las autoridades cen- 
tralistas de Buenos Aires y el cam- 
peon del federalismo provinciano, 
Basualdo tuvo la mision de batir a 
Perez y Planes, jefe de la columna 
portena que operaba desde Ias Mi- 
sicnes. Nuestro comandante logro 
vencerlo y tomarlo prisionero en La 
Cruz, proximo al rio Aguapey en 
Corrientes, en marzo del afio 14. 
Despues de estos exitos se le en- 
cuentra luchando en la provincia de 
Entre Rios, donde en vano procuro 
contener la penetracion del corcnel 
Eusebio Montenegro, compatriota a 
servicio de Buenos Aires, el cual lo 
puso en trance de pasa'r a Corrien- 
tes con mermadas fuerzas en derro- 
ta. Rehecho, logro vencer en Colo- 



drero, el 24 de diciembre de 1814, al 
mayor ccrrentino Genaro Perugo- 
rria, jefe que habia desertado las 
filas de Artigas, el cual, hecho pri- 
sionero fue enviado al campamento 
de Purificacion, donde el Protector 
lo hizo fusilar el 17 de enero de 1815 
"por haber vuelto las armas contra 
sus hermanos orientales, reo de lesa 
patria, enemigo de su Provincia y 
traidor a la libertad de los pueblos." 

Encargado del mando en Corrien- 
tes, cuya capital ocupo, fue Basual- 
do un jefe correcto a la par de ener- 
gico, y paso mas tarde a desempe- 
fiar funciones de jefe del litoral en- 
trerriano con asiento en el arroyo 
de La China, actualmente Concep- 
ci6n del Uruguay, hasta que falle- 
ci6 en el mes de marzo de 1815, 
despues de soportar una enferme- 
dad dilatada. 

Artigas, en oficio dirigido al Ca- 
bild-o de Montevideo trasmitiendole 
la triste noticia, califica a Basualdo 
de virtuoso ciudadano, c-uya carrera 
estaba sefialada con servicios bri- 
llantes que reclamaban el reconoci- 
miento de la patria y el reconoci- 
miento de los hombres de bien. "Yo 
he regado su sepulcro con mis la- 
grimas — sigue diciendo el gran 
caudillo — y he tributado a su me- 
moria todas las honras dehidas a su 
merito admirable". Sus trabajos y 
sus glorias — la Provincia le adeuda- 
ba fatigas de cinco afios y la victoria 
habia coronado tres veces sus es- 
fuerzos — pedian una demostracion, 
anade, para concluir solicitando a 
la noble corporacion que honrara 
su memoria al pie de los altares de- 



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dicando un dia de piedad religiosa 
en su obsequio. 

Las ceremonias funebres realiza- 
das en la iglesia Matriz constituye- 
ron, por la introduccion de ciertos 
ritos simbolicos antiguos, un espec- 
taculo que Montevideo no habia 
presenciado nunca. 

Calumniado primero por el libelis- 
ta Cavia, el detractor insolente de 
Artigas, a Basualdo se le juzgo des- 
pues por cierto grupo de escritores 
extranjeros y nuestros con una acri- 
tud y un lujo de adjetivos depri- 
mentes que no pudo merecer nunca 
y los cargos acumulados contra el 
valeroso capitan republicano no re- 
sisten el mas leve analisis. 



BATLLE, LORENZO Cristobal Ma- 
nuel 

Presidente de la Republica, tenien- 
te general del ejercito y ministro de 
Estado. Hijo de un acaudalado co- 
merciante eatalan, nacio en Monte- 
video el 10 de agosto de 1810. 

Las guerras de la independencia 
y la finai perdida de las colonias 
por parte de Espana, arruinaron a 
Jose Batlle y Carreo. Sus propieda- 
des situadas dentro de la linea de 
fuego de las tropas sitiadoras de 
Mcntevideo quedaron en escombros. 
Sus creditos como asentista de la 
plaza quedaron impagos cuando el 
gobernador Vigodet la entrego a los 
patriotas. 

Habiendo pasado su padre a ges- 
tionar en Espafia las cuantiosas su- 
mas que le adeudaba por estos con- 



ceptos, llevo ccnsigo a la familia a 
fines de 1820. 

El joven Lorenzo, despues de 
principiar estudios en Barcelona, fue 
a continuaiios en el celebre Colegio 
de los Dominicanos de Soreze, en 
Tarn, Francia, para luego, tornando 
a la peninsula ingresar en el de 
Nobles y Militares de Madrid, don- 
de tuvo varios condiscipulos que 
con el tiempo serian espadones de 
la monarquia borbonica o caudillos 
de guerra civil los unos-y nombra- 
dos hombres de letras los otros. 

Fcrmando entre los alumnos del 
colegio le toco presenciar en 1823 
como los verdugos de Fernando VII, 
uno de los mas grandes bandoleros 
de la historia, ejecutaban en Ma- 
drid al general Rafael Riego. El re- 
cuerdo de aquellas escenas espanto- 
sas lo conservo BatUe por toda la 
vida. 

En 1831 estaba de nuevo en Mon- 
tevideo para dedicar sus activida- 
des al comercio al frente de un mo- 
lino harinero establecido en el ba- 
rrio de La Aguada, donde habia na- 
cido. 

Convocada la Guardia Nacional en 
1833, ingreso a la milicia activa 
de infanteria en calidad de teniente 
2° el 7 de diciembre. Refractario 
por temperamento a toda violencia 
y ccn una ilustracidn mas alta que 
la corriente, sus simpatias debieron 
ir de inmediato, al plantearse los 
primeros problemas y conflietos. 
subsiguientes de la organizacion na- 
cional, hacia el bando del general 
Rivera, a quien acompanaban los 
mas destacados hombres de pensa- 



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miento y los mas caracterizados de 
la epoca. 

En la guerra ccntra Eosas en 
1839 volvio a ser movilizado como 
capitan de guardias nacionales. 

Producida en 1842 la invasion de 
la Repiiblica por el ejercito de 
Vanguardia de la Confederacion Ar- 
gentina al mando del general Ma- 
nuel Oribe, vencedor en Arroyo 
Grande, Lorenzo Batlle conto entre 
los ciudadanos mas decididos a or- 
ganizar la resistencia nacional apres- 
tandose a la defensa de la capital, 
hacia la cual como principal y unico 
objetivo convergia el enemigo. 

El 4 de febrero de 1843, vacante 
la jefatura de la Guardia Nacional 
de infanteria de Montevideo, un 
decreto que firman Suarez y Mel- 
chor .Pacheco y Obes, designd para 
s.u jefe al ciudadano Lorenzo Batlle, 
en caracter de teniente coronel. Di- 
vidida mas tarde la Guardia Nacio- 
nal, recibio la jefatura del batalldn 
N 9 1 de Infanteria. En constante 
servicio en la llnea, tuvo participa- 
cion en varias importantes acciones 
en el Cerro y por el Pantanoso. 

En agosto de 1845 marcho con su 
batallon en una expedicidn militar 
a la Colonia y la plaza fue tcmada 
por asalto el dia 31, siendo el l 9 de 
Guardias Nacionales con su jefe a 
la cabeza el primero que salto a 
tierra, junto con la Legidn Italiana 
que mandaba Garibaldi. 

Coronel graduado el 4 de febrero 
del 46, contaba dentro de las frac- 
ciones que diyidian a los defenso- 
res de Mcntevideo, en la llamada 
legalista o principista opuesta a la 



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tendencia personalista de los adic- 
tos al general Fructuoso Rivera y 
en este caracter entro a formar par- 
te del gabinete de Joaquin Suarez 
el 12 de agosto de 1847 como minis- 
tro de Guerra y Marina. 

El general Rivera hallabase en- 
tonces en Maldonado al mando de 
una regular fuerza. El nuevo Minis- 
tro, resuelto a restablecer una ri- 
gida disciplina entre los defenscres 
de la capital, efectuo varios cambios 
de jefes; y en el momento en que 
el gobierno tuvo la conviccion de 
que Rivera, con prescindencia de la 
superioridad y llevado por sus ha- 
bitos de caudillo estaba a punto de 
entrar en inteligencias directas con 
el enemigo, el coronel Batlle se en- 
cargo de ir a Maldonado con una 
pequefia fuerza a ordenes del coro- 
nel Francisco Tajes a fin de apode- 
rarse del osado general. Aprehen- 
dido Rivera consintio en embarcarse 
en un buque frances que lo ccndujo 
al Brasil, iniciandose de este modo 
su segundo destierro en el Imperio. 

Coronel efectivo de infanteria de 
linea el 16 de setiembre del 51, 
conservo el ministerio hasta el 23 
de diciembre del mismo afio. 

La paz concertada con Oribe el 8 
de octubre encuadraba dentro de las. 
ideas del corcnel Batlle, el cual en 
pleno sitio de Montevideo no ex- 
cluyo una solucion semejante y es 
fiel a ese pensamiento que aparece 
en 1852 como uno de los fundadores 
de la Sociedad de los Amigos del 
Pais, y tres afios mas tarde entre 
los .adherentes a la Union Liberal. 

Volvio a la secretaria de Guerra 



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y Marina llamado por el gobierno 
del Triunvirato el 26 de setiembre 
de 1853, manteniendo el cargo hasta 
el 9 de noviembre, en que entro a 
sustituirlo el general Enrique Mar- 
tinez. 

Opositor a la dominacion personal 
del general Venancio Flores confor- 
me habia sido opuesto a la misma 
tendencia tratandose del general Ri- 
vera, procuro aquel vinculaiio a la 
marcha de su gcbierno llamandolo 
al Ministerio de la Guerra el 20 de 
noviembre de 1854, pero fue impo- 
sible que se entendieran. 

El grupo conservador en el cual 
se contaba Batlle, creyendo que era 
del caso tomar medidas extremas, 
promovio una revoluciori en la mis- 
ma capital el 28 de agosto de 1855, 
instituyendo un gobierno proviso- 
rio presidido por Luis Lamas. Batlle, 
que juntamente con el coronel Jose 
M 9 «Solsona actuaba en primera fila 
a ordenes del Dr. Jose M* Munoz, 
entro a formar parte del gabinete 
como Ministro de Guerra hasta el 
21 de setiembre, en que por renun- 
cia del presidente Flores paso a go- 
bernar el presidente del Senado, 
Manuel Basilio Bustamante. 

Fusionista sincero y posibilista un 
poco iluso, en la presidencia de Pe- 
reira acepto integrar el gabinete ha- 
ciendose cargo de la Cartera de Ha- 
cienda, o sea la menos codiciable de 
todas, el 14 de agosto de 1856. So- 
breponiendcse a sus propio's escru- 
pulos solo miraba la situacion deso- 
ladora de las finanzas, bajo la fe que 
debia merecerle la palabra del pri- 
mer magistrado de que iniciaria una 



politica liberal y de verdadera con- 
cordia. Al posesionarse del puesto, 
convencido del papel que le tocaba 
desempenar y dudando ya de la efi- 
cacia de sus esfuerzos, declaro: "Na- 
da esperen; lo unico que prometo 
es no empeorar las cosas." Su in- 
fluencia en pro de una reaccion fa- 
vorable para la marcha del pais, 
notoria al principio, se vio neutra- 
lizada muy luego por un cumulo de 
factores adversos que lo pusieron en 
el caso de dimitir el Ministerio el 
27 de noviembre del ano 57. 

Desde ese momento, hecho el fir- 
me proposito de renunciar a la vida 
publica, se consagro solo a sus nego- 
cios y a su molino. Prescindente 
cuando la revolucion de Flores, vic- 
torioso este en febrero de 1865 y eri- 
gido en Gcbemador Provisorio de 
la Republica, ofrecio a su advers'a* 
rio del 55 un puesto en su prirrier 
Ministerio y Batlle entro a hacerse 
cargo de la cartera de Guerra el 2 de 
marzo, para acompafiar a Flores 
hasta el ultimo dia de su mando, es 
decir, hasta el 15 de febrero de 1868, 
habiendo sido promovido a coronel 
maycr (general ahora) el 25 de agos- 
to de 1867. En el termino de su ac- 
tuacion ministerial desempeno las al- 
tas funciones de Gobernador Provi- 
sorio de la Republica, conforme al 
decreto de 2 de marzo de 1867, por 
-el cual el dictador Flores, durarite su 
ausencia, hizo delegacion en su se- 
cretario de Guerra y Marina de la 
suma del poder publico que retenia. 

La muerte violenta del ex-dicta- 
dbr el 19 de febrero de 1868, virto 
a plantear un problema politico de 



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la mas extraordinaria gravedad, con 
la exigencia de encontrar el ciuda- 
dano queen tales momentos ocupase 
la Presidencia de la Republica el 1? 
de marzo, fecha senalada por la 
Constitucion. 

Dos candidatos estaban en juego 
ccn probabilidades de exifo en los 
ultimos dias de la lucha: el general 
Jose Gregorio Suarez y Jose Can- 
dido Bustamante, aunque ninguno 
de ellos hubiese logrado la mayoria 
de votos necesarios. En esas circuns- 
tancias, la necesidad de dar solu- 
cion al problema llevo a los grupos 
a convergir en un candidato de 
transaccion en la persona del gene- 
ral Lorenzo Batlle, que fue electo 
8? Presidente constitucional para el 
cuatrienio 1868 - 72 por 41 votos, que 
representaban la unanimidad de 
electores presentes. 

Su gcbierno fue hondamente per- 
turbado por factores economicos de 
indole gravisima y el trastorno inhe- 
rente a tres movimientos revolucio- 
narios, uno de los cuales, trafdo por 
el Partido Blanco teniendo por jefe 
al coronel Timoteo Aparicio, princi- 
piado el 5 de marzo de 1870, pronto 
llego a asumir caracteres formida- 
bles. Los embates de una oposicion 
incomprensiva dentro del propio 
Partido Colorado interfirieron y obs- 
taron de gran manera la gestion 
valida de aquel hombre bien inten— 
cionado, tan lleno de ponderacion y 
de tan fundamental honradez, que 
al dejar el poder vio su fortuna 
particular muy mermada por el 
abandono de sus propios intereses. 

Su bondad, que puede ser debili- 



dad criticable en los hombres de Es- 
tado y lo fue en el general Batlle, 
perjudico en ocasiones el nombre de 
su administracidn, pues ni todos sus 
colaboradores ni todos los que alar- 
deaban de ser sus mas adictos ami- 
gos, estaban fundidos en el molde 
en que se habia fundido el Presi- 
dente. 

En 1877 el dictador Latorre lo hi- 
zo miembro del Consejo Consultivo 
que venla de crear a fin de que re- 
dactara un proyecto de ley de elec- 
ciones. 

En la presidencia de F. A. Vidal 
se le hizo brigadier general el 25 de 
febrero de 1882, grado que se trans- 
formo en el de teniente general en 
diciembre de 1884, con la vigencia 
del Codigo Militar. Opositor al go^ 
bierno del general Maximo Santos, 
se ausento para Buenos Aires en 
enero del 86, por cuyo motivo fue 
emplazado y al no concurir al "41a- 
mamiento, radiado de los cuadros 
del ejercito el 28 de enero. 

Confraternizo en Buenos Aires con 
los emigrados, aceptando de la Junta 
de Guerra el nombramiento de 
miembro del gobierno provisorio que 
se formaria junto ccn los generales 
Enrique Castro y Jose Miguel Arre- 
dondo. Pero el movimiento revolu- 
cionario quedo vencido en Quebra- 
cho el 31 de marzo del 86 y sola- 
mente la evolucion politica de di- 
ciembre de ese mismo afio le permi- 
tio regresar al pais para ser reinte- 
grado en lcs cuadros y vivir en 
estricta situacion economica hasta el 
8 de mayo de 1887. 

A juicio del Dr. Julio Herrera y 



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Obes, Ministro del general Tajes 
que llevo la palabra oficial al acto 
del sepelio, la existencia del gerie- 
ral Batlle podia sintetizarse asi: 
Soldado improvisad6, se distinguio 
por su valcr entre los valientes de- 
fensores de Montevideo. Gobernan- 
te, una sola palabra lo personifica: 
la honradez. Pertenecia a la raza 
escogida de los hombres sencillos y 
probos que tuvieron su tipo ideal 
en la figura venerable de Joaqufn 
Suarez. Ciudadano, la patria no lo 
vio desertar nunca su culto austero 
de justicia y libertad. 



BATLLE Y ORDONEZ, JOSE Pablo 
Torcuato 

Presidente constitucional de la Re- 
publica en los periodos 1903 - 07 y 
1911 - 15, periodista y hombre poli- 
tico, estadista de singular calidad, 
sin cuya influencia no se explica- 
rian treinta afios de la historia na- 
cional. 

Hijo del general y presidente de 
la Republiea Lorenzo Batlle y de 
Amalia Ordofiez, nacio en Montevi- 
deo el 21 de mayo de 1856, en el ba- 
rrio de la Aguada, donde su padre 
poseia un molino harinero. 

Sus estudios primarios los hizo en 
escuelas particulares, ingresando a 
la Universidad a los 17 afios, donde 
curso sus materias en forma poco 
disciplinada aunque con aprovecha- 
miento, de modo que no cbstante ha- 
ber adelantado en las disciplinas de 
derecho, no se llego a graduar. 

El afio 1880 realizo un viaje a Eu- 



ropa y despues de una gira por Espa- 
iia marcho a Paris, dedicando parti- 
cular atencion al movimiento de fi- 
losofia Comptista. 

Los sentimientcs de catolicismo 
familiar que tuvo en sus afios juve- 
niles, aflojados en los claustros de 
la Universidad, se disiparon por 
completo ante las luces de la propa- 
ganda positivista y de vuelta a la 
patria al cabo de una ausencia de 
afio y medio, entro en la falange li- 
beral del Ateneo y la Sociedad Uni- 
versitaria, y formo entre los redac- 
tores del cotidiano "La Razon", pa- 
ra librar batalla ideologica a los ca- 
tolieos, que venian de fundar su 
diario "El Bien Publico". 

Despues que se llevaron a cabo, 
en el gobierno del Dr. Francisco A. 
Vidal, los asaltos mazorqueros a las 
imprentas de los diarios indepen- 
dientes el 20 de mayo de 1881, Bat- 
lle y Ordofiez entro a formar parte 
de la redaccion de la misma hoja de 
ccmbate en que colaborara, perma- 
neciendo en el puesto hasta marzo 
del afio siguiente. 

Oposicionista al gobierno del ge- 
neral Maximo Santos que habia sus- 
tituido al Dr. Vidal, saco a la calle 
"La Lucha", hoja efimera cuyo mo- 
desto aspecto periodistico contrade- 
cia ccn lo duro de sus ataques. 

Determinadas las fuerzas oposito- 
ras a recurrir a las armas, como uni- 
co ^medio de poner fin al regimen 
militar de violencias y atentados que 
venia soportando la Republica de 
diez afios atras, Batlle marcho para 
Buenos Aires junto con su hermano 
Luis, a buscar un sitio de soldado. 



BAT 

Capitan ayudante del batallon 
*que mandaba el teniente coronel 
Rufino Dommguez mientras se or- 
ganizaban las huestes en Entre Rios, 
a la hora de pisar tierra nacional 
por Guaviyii, su rectitud de princi- 
pios le habia traido por consecuencia 
el alejamiento. de la unidad. 

Envuelto en la derrota de Que- 
bracho, cuando el 31 de marzo de 
1886 el ejercito gubernista del ge- 
neral Maximo Tajes vencio comple- 
tamente a los revolucionarios man- 
dados por los generales Enrique Cas- 
tro y Jose Miguel Arredondo, fue 
hecho prisionero y se le condujo a 
Montevideo con cantidad de otros 
ciudadanos. 

Devuelto inmediatamente a la li- 
bertad como todos lcs demas venci- 
dos de la corta campana, no quiso 
permanecer en la capital, yendo a 
reunirse en la frontera con el co- 
ronel Nicasio Galeano, antiguo pro- 
consul latorrista, que parecia dis- 
puesto a tcmar posturas de liberta- 
dor. 

Como el proposito tardara, Batlle 
volvio a Montevideo y el 16 de ju- 
nio del mismo afio 86 saco a ia ca- 
Ue "El Di'a", hoja que — con alguna 
solucion de cbntinuidad — sigue pu- 
blicandose hasta ahora. 

El semestre de campafia periodis- 
tica que subsiguio a la aparicion de 
"El Di'a", fue el mas violento y peli- 
groso de las campanas periodistieas 
de Batlle y Ordonez el cual, como 
otros colegas, viose reducido a pri- 
sion y tal vez en peligro de vida. 

El atentado de Ortiz seguido de la 
Conciliacidn de Noviembre, transfor- 



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maron pacifica y felizmente la mar- 
cha del pais. 

Adicto a la evolucion que el go- 
bierno del general Tajes iniciaba, 
Batlle, colorado por antecedentes de 
familia pero con real desvinculacion 
de ese partido mientras servia de 
bandera al regimen santista, se hi- 
zo participe de las ideas que venia 
sustentando el Dr. Julio Herrera y 
Obes, tendientes a llevar a la prac- 
tica la reorganizacidn de la vieja 
pareialidad historica, procurando 
que fuese evolutivamente un parti- 
do con directivas fijas dentro de sus 
tradiciones liberales. 

Como funcionario colorado se le 
nombro Jefe Politico y de Policia 
del departamento de Minas el 13 de 
mayo de 1887 y la designacion fue 
recibida con general simpatia. Du- 
rante seis meses estuvo en el desem- 
pefio del cargo y puso particular 
empefio en hacer practicas las ideas 
de libertad, respeto y honradez por 
que habia propugnado desde las co- 
lumnas de la prensa. 

Desavenido con el presidente Ta- 
jes dimitio el cargo, reintegrandose 
a Montevideo. "El Dia" habia cesa- 
do de aparecer a poco de su ida a 
Minas, por lo cual hallose sin tribu- 
na periodistica hasta el 19 de di- 
ciembre del 89, en que "El Dia" re- 
aparecio como organo del Partido 
Colorado y sustentador de la candi- 
datura del Dr. Julio Herrera y Obes. 

Electo Herrera y Obes el l 9 de 
marzo de 1890, en las primeras elec- 
ciones^ generales Jose Batlle y Or- 
dofiez fue votado representante por 
el Salto y en el termino de sus tres 



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anos de mandato se distancio del 
Presidente, por causas que enraiza- 
ban precisamente en la forma de or- 
ganizar el partido. 

Hombre de pasiones avasalladoras, 
teorico y abstracto, Batlle termino 
convertido en opositor del Dr. He- 
rrera y Obes, aunque tendria sin 
embargo, en su largo periodo de go- 
bierno, muchas ocasiones de asumir 
actitudes identicas y posiciones si- 
milares a las de este. 

En la renovacion presidencial de 
1894 prestigio la candidatura del ge- 
neral Tajes, pero en la Asamblea 
General obtuvo el triunfo, despues 
de una larga serie de escrutinios, 
Juan Idiarte Borda, politico de ca- 
tegcria subalterna, con antecedentes 
santistas y persona con quien Batlle 
no habia simpatizado nunca. Su ges- 
tidn de gobernante no fue por lo de- 
mas como para que el director de 
"El Dia", que iba acentuando pres- 
tigios, lo acompafiara desde su dia- 
rio. Por el contrario, su actitud de 
iucha acrecio nctablemente y asumio 
la direccion de los trabajos de unifi- 
cacion de las fracciones coloradas 
opositoras, mientras entreveia en la 
propaganda nacionalista, que estaba 
preparando la revolucion, un exce- 
lente concurs'o contra el Presidente 
y su circulo de gobierno. 

La revolucion nacionalista se pro- 
dujo en marzo de 1897, para asumir 
pronto alarmantes proporciones. Bat- 
lle, enfocando el panorama con vis- 
tas mas amplias, percibio que la re- 
volucion que encabezaban Saravia y 
Lamas, con divisa blanca, no era 
solo contra el gobierno de Idiarte 



Bcrda. sino en el f ondo contra el pre- 
dominio del Partido Colorado en el 
poder. El dilema se plantaaba, asi, 
entre Idiarte Borda y los blancos 
nacionalistas. 

La muerte violenta del presidente 
el 25 de agosto del 97 facilito la so- 
lucion y el presidente del senado en 
ejercicio del poder ejecutivo, Juan 
Lindclfo Cuestas, concerto con los 
revolucionarios en el pacto del 18 de 
setiembre, una pa^ precaria y de 
perdedor, porque habia que hacer- 
la pronto y de cualquier modo. Era 
una exigencia de la opinion y sabria 
aprovecharla. 

Conjurado asi el peligro naciona- 
Msta, era el caso de dirigir los fue- 
gos contra la fraccion colorada go- 
bernante, valiendose para ese plan 
de la alianza de aquellos y de las 
ambiciones de mando de Cuestas, 
que lo Uevaron al golpe de Estado 
del 10 de febrero de 1898, cuando 
se convencio de que la Asamblea no 
consentiria en elegirlo Presidente. 

Pero las fracciones pcliticas que 
habia creado la situacion eran fun- 
damentalmente antagonicas, a la par 
que demasiado poderosas para en- 
frentarse en una lucha abierta y en- 
tonces Cuestas recurrio a un regimen 
de acuerdos electorales, en el cual 
Batlle ocupd la banca de senador por 
Montevideo en 1899. 

Esto permitio ir manteniendo un 
equilibrio politico cada vez mas di- 
ficil, hasta que en 1901 el acuerdo 
se rompio, planteandose al Partido 
Colorado una situacion dificilisima, 
pues el presidente Cuestas unica- 
mente miraba el modo de concluir 



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sin sobresaltos su termino de man- 
do y se desentendio, egoista, del fu- 
turo proximo. 

Batlle, que en esos momentos con- 
taba con la mayor opinion partida- 
ria, se decidio a tomar en sus ma- 
nos la bandera del partido, afrontan- 
do la lucha en el terreno a que to- 
dos la habian traido, y bajo ese as- 
pecto su nombre para suceder a 
Cuestas aparecio en el cartel, mien- 
tras el nacionalismo lo declaraba 
"candidato de guerra" y en combina- 
cion secreta con Cuestas se empefia- 
ba en cerrarle el camino a la pre- 
sidencia. 

Resulto electo a pesar de todo pre- 
sidente constitucional para el cua- 
drienio 1903-07, logrando unir a la 
mayoria colorada necesaria los votos 
de un grupo de legisladores nacio- 
nalistas que sufragaron por el, des- 
entendiendose de las resoluciones del 
Directorio de su partido, pues reco- 
nocian en Batlle y Ordofiez un ciu- 
dadano poseedor de las cualidades y 
los meritos suficientes para gober- 
nar el pais. 

Al otro dia de electo, el Partido 
Nacionalista, con Aparicio Saravia, 
su jefe rnilitar a la cabeza, se alzaba 
en armas en toda la Republka. Por 
gran fortuna para el nuevo Presi- 
dente, pudo evitarse la conflagracion 
merced a un acuerdo que aumenta- 
ba la situacion precaria a que la 
Paz de Setiembre tenia reducidas 
las facultades de gobierno del po- 
der ejecutivo. La paz de Nico Perez 
— segun se denomino la paz de 22 
de marzo de 1903— era en realidad 



la ultima tregua, que no pudo esti- 
rarse ni a un afio, puesto que el l 9 
de enero de 1904, la guerra civil es- 
tallo por pretextos futiles pero como 
algo fatal, inevitable, considerando 
el rumbo que habian tomado las co- 
sas desde la pacificacion del 97. 

El presidente Batlle hizo cara a la 
lueha — hondamente herido por la 
injusticia del ataque — pero dispues- 
to a llevarla hasta el ultimo extremo, 
poniendo fin al regimen de dualis- 
mo gubernamental que el mismo ha- 
bia contribuido a establecer y que 
ahora venia a hacerle imposible el 
gobierno. 

La guerra civil prolongose hasta 
el segundo semestre del afio, y es 
dificil adelantar palabra acerca del 
tiernpo que habria durado, despues 
de refiirse las jornadas sangrientas 
de Illescas, Mansevillagra, Fray Mar- 
cos, Tupambae, Guayabos, etc, a no 
mediar una nircunstancia fortuita. El 
l 9 de setiembre, librose en los cam- 
pos de Masoller, sobre la frontera 
del Brasil, una gran batalla entre el 
ejercito del Norte y el del caudillo 
nacionalista Aparicio Saravia, y es- 
te, mortalmente herido, fallecio poco 
despues en Rio Grande. 

Falto de su prestigioso jefe, el mo- 
vimiento revolucionario entro en ra- 
pida declinacion y veinticuatro dias 
mas tarde se pudo firmar en Acegua 
el acuerdo que restablecia la paz. 

Presidente en la integridad de sus 
funciones constitucionales desde en- 
tonees, Batlle y Ordonez dirigio sus 
esfuerzcs a convertir'el partido co- 
lorado en una gran fuerza, eficaz 



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instrumento de gobiemo que le per- 
mitiria Uevar a cabo el amplio pro- 
grama de reformas politicas, admi- 
nisirativas y sociales que tenia en 
proyecto. 

Una administracion estricta de los 
dineros publieos a la sombra de una 
paz bien asegurada, hizo milagros 
en la restauracion material de la Re- 
publica, la cual entro de lleno en una 
era de progreso y mejoras publi- 
cas de toda indole. Despues de con- 
cluida su presidencia, Batlle y Or- 
dofiez embarco para Europa per- 
maneciendo en el extranjero los 
cuatro afios del gobierno del Dr. 
Claudio Williman, nombrado para 
sucederle, y al final del periodo de 
este la Asamblea lo reeligio Presi- 
dente por el termino 1911-15. 

Fue en este segundo gobierno que 
el esplritu innovador de Batlle y 
Ordonez, con amplia comprension 
humana y liberal de los hondos pro- 
blemas sociales que preocupaban a 
los gobernantes y que el habia obser- 
vado y estudiado de cerca en Europa, 
pudo plasmar en la obra de reformas, 
eficaz a la par de extraordinaria, que 
vino a elevarlo a la altura de los 
mas grandes estadistas continentales. 

En el transcurso de cuatro afios, 
efectivamente, se adelanto en ramo 
de instruccion publica, con la crea- 
cion de la Universidad de Mujeres, 
los L'ceos de ensefianza secundaria 
en todos los departamentos de la 
Republica, y los Museos de Bellas 
Artes y de Historia; se decreto la 
gratuidad de la ensenanza en sus 
varias ramas, incluyendo las de Fa- 



cultad y se establecieron los cursos 
nocturnos para menores y obreros. 

Ampliose la legislacion con leyes 
profundamente humanas, encamina- 
das a mejorar la condicion y el am- 
biente sociales, destacando entre 
ellas, adcmas de la jornada de ocho 
horas, proyectada en la primera 
presidencia, las pensiones a la ve- 
jez indigente y a los desvalidos, el 
seguro sobre accidentes de trabajo, 
la reglamentacion del trabajo de las 
mujeres y los menores, haciendolo 
soportable, supresion absoluta de los 
espectaculos crueles como las co- 
rridas de toros y las rihas de ga- 
llos, etc. Estas reformas, que se 
sumaban a las conquistas de su an- 
terior periodo, como el total laicis- 
mo de la enseiianza oficial, la crea- 
cion de una escuela de sordo-mu- 
dos, la implantacion del divorcio, el 
establecimiento cVe las Facultades 
de Agricultura y Veterinaria, la 
abolicion de la pena de muerte, co- 
locaban al Uruguay a nivel de los 
paises mas adelantados de Europa 
en materia social y legal, y a la 
vanguardia de todos los paises la- 
tino americanos, vencida la oposi- 
cion conservadora que incapacitada 
para exponer razones, argumentaba 
diciendo "que no habia por que 
asombrar al mundo con el radicalis- 
mo de nuestras ideas". 

En lo exclusivamente politico se 
propuso cambiar la estructura del 
poder ejecutivo, implantando el sis- 
tema colegiado mediante una refor- 
ma de la constitucion, pero no logro 
la mayoria de . votos necesaria. 



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BAT 

Finalizado el mando legal, su in- 
flueneia, con todos sus predicados y 
sus defectos, pues fue hombre de do- 
minantes pasiones y aferrado a sus 
ideas, gravito permanente — a tra- 
ves del partido — en la orientacion 
politico-social de la Nacion, hasta 
el dla de su faUecimiento, en forma 
inesperada, ocurrido el 20 de cctu- 
bre de 1929. 

Sus restos fueron velados en el 
Salon de Pasos Perdidos del Palacio 
Legislativo y su conduccion al Ce- 
menterio Central dio motivo a un 
acto de eonsagracion popular sin 
precedentes a la muerte de un hom- 
bre publico. 

En otra esfera de actuacion, co- 
rresponde decir que Batlle y Ordo- 
fiez, durante su permanencia en Eu- 
ropa, represento a la Republica en 
la Conferencia Internacional de La 
Haya, donde hizo una ponencia so- 
bre la institucion del arbitraje obli- 
gatorio, iniciativa que, segun el in- 
ternacionalista argentino Drago, fue 
el primer paso para la creacion de 
la Sociedad de las Naciones. auspi- 
ciada y llevada a cima por Wilson 
afios mas tarde. 

El proyecto de Batlle, — delegado 
de un pequeno pais sudamericano — 
que estableciendo la sancion mate- 
rial al Estado que transgrediera los 
dictados del codigo a cre^rse, supe- 
raba, desde ciertos puntos de vista, 
la concepcion del Presidente de los 
Estados Unidos de Norte America, 
fue recibido no sin asombro por los 
congresales de La Haya en aque- 
llos dias. 



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BAUZA, FRANCISCO 

Ministro, legislador, historiador y 
hombre de letras. Hijo del general 
de la independencia Rufino Bauza, 
vio la primera luz en Montevideo 
el 7 de octubre de 1851. 

Temprano puso de manifiesto 
marcadas aficiones literarias y sien- 
do muy joven principio a colaborar 
en la prensa. Tuvo un empleo de 
oficial 2 9 en el Ministerio de la 
Guerra, renunciado en octubre de 
1868 y ese mismo afio entro a figu- 
rar en la redaccion de "La Sobera- 
nia Nacional" que dirigia el Dr. Bo- 
nifacio Martinez. 

Afiliado al partido colorado sin 
perjuicio de haber sido toda su vida 
catolico militante, en el gobierno 
del general Lorenzo Batlle saco a 
luz en union de su hermano Pedro 
la hoja publica titulada "Los Deba- 
tes" y desde sus columnas, a la vez 
que propugno por la victoria mili- 
tar de su partido combatido con las 
armas en la mano por los revolucio- 
narios de Timoteo Aparicio, enfren- 
to al gobiemo cuando lo creyo ne- 
cesario y con tan ruda franqueza, 
que el general Jose Gregorio Sua- 
rez aconsejo al Presidente que des- 
terrase al pericdista o que junto c.on 
otros colegas se los mandase para 
enrolarlos en una brigada que esta- 
ba formando en el ejercito. 

Hasta entonces no habia tenido 
iniciacion en politica y quiso su ma- 
la suerte que entrase a figurar en 
ella en un periodo extra legal y fu- 



— 152 — 



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nesto como el de Pedro Varela, 
aceptando de este la mision diplo- 
matica que le fue confiada ante el 
gobierno de la Republica Argentina 
el 13 de octubre de 1875. Este cargo 
■ — haya dicho lo que haya dicho en 
contrario — fue un torcedor de su 
corazon por tcda la vida. Su come- 
tido era procurar que no transpa- 
rentasen ante los argentinos los ex- 
cesos de uno de los peores regime- 
nes politicos que haya .soportado 
nuestro pais, a la vez que neutrali- 
zar u obstar, pcr la traicion o por 
el soborno, los propositos del comi- 
t6 revolucionario que preparaba la 
restauracion de las instituciones con- 
culcadas, lanzandose a la lucha bajo 
el titulo de Reaccion Nacional y con 
una divisa historica — tricolor — en 
vez de las divisas tradicionales co- 
lorada y blanca. 

La revolucion ciudadana fue ven- 
cida y el Ministro debio verse en 
grandes apuros para explicar actos 
como la matanza de Guayabos, co- 
metida por los militares del gobier- 
no que representaba. El 14 de enero 
de 1876 le fue aceptada la renuncia 
del cargo en terminos de la mas ca- 
lurcsa aprobacion. 

Venia a Montevideo para ocupar 
una banca de diputado por la ca- 
pital en la 12? legislatura, pero es- 
tas camaras, nacidas de un simula- 
cro de elecciones se disolvieron sin 
necesidad de decreto, de modo auto- 
matico, cuando el Ministro de Gue- 
rra de Varela, coronel Lorenzo Lato- 
rre, se prcclamo dictador. 

Al restaurarse el sistema consti- 



tucional en 1879, salio electo dipu- 
tado por Soriano y en la sesiou del 
26 de abril pronuncio un largo y 
abonado alegato para fundamentar 
el voto favcrable del proyecto — que 
resulto aprobado — que legalizaba 
los actos de la dictadura del coro- 
nel Latorre. 

Volvio a la diplomacia durante el 
gobierno del Dr. Vidal, nombrado 
Ministro Plenipotenciario ante el 
Imperio del Brasil el 9 de agcsto de 
1881 y su mision prolongose hasta 
abril del afio siguiente, en que en- 
tro a sustituirlo el Dr. Jose Vasquez 
Sagastume. 

Votado como diputado por Monte- 
video a la 16 ? legislatura (1885-88), 
los debates a que dio lugar el ex- 
trafiamiento del general Maximo 
Santos decretado por el gobierno, 
decreto que Bauza impugno "en 
nombre de la Constitucion y de las 
leyes violadas", le dieron motivo pa- 
ra 'pronunciar uno de sus mejores 
y mas elocuentes discursos en la se- 
sion del 27 de enero de 1887. En ese 
periodo parlamentario presento cier- 
tas modificaciones reaccionarias a las 
leyes de Registro Civil, que fueron 
rechazadas por la Camara. 

Reelecto por el mismo departa- 
mento durante el gobierno del gene- 
ral Tajes en 1889, el presidente He- 
rrera y Obes lo designo para ir a 
ocupar una nueva vez la legacion 
en Rio Janeiro el 12 de junio de 
1890, cargo que renuncio para venir 
a ocupar el Ministerio de Gobierno 
el 22 de febrero de 1892. 

Contraido laboriosamente al des- 



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-pacho ministerial, amplio las facul- 
tades de los municipios departamen- 
tales e introdujo reformas de pro- 
vecho en ei ramo de correos y en 
la administracion policial. 

Un momento parecio perfilarse 
como candidato a la sucesion presi- 
dencial y hasta se iniciaron trabajos 
publicos en tal sentido, pero su cle- 
ricalismo era su principal enemigo. 

Senador por Rio Negro en 189'4, 
a la muerte violenta del presidente 
Idiarte Borda el 25 de agosto de 
1897 y abierto el periodo guberna- 
mental de Juan Lindolfo Cuestas, 
Bauza formo parte del grupo mino- 
ritario de la Asamblea General que 
ofrecio a este sus votos para elegirlo 
presidente el 1' de marzo de 1898. 
No pudiendo lograr numero y cuan- 
do se iba a entrar en el camino de 
la violencia, la minoria dio un ma- 
nifiesto declinando toda responsabi- 
lidad de futuro. 

Cuestas, imposibilitado de Uegar 
a la presidencia por vias legales, di- 
solvio las eamaras el 10 de febrero 
de 1898, sustituyendolas por un Con- 
sejo de Estado donde Bauza figuraba 
primero en la lista. Pero este rehuso 
la aceptacion del cargo, pues "con- 
vencido — decia la renuncia — de la 
ineficacia de sus esfuerzos en favor 
del bien general y de la estabilidad 
de su partido politico, habia resuelto 
retirarse a la vida privada despues 
Se veinticinco afios de actividad per- 
severante." Cuestas, presintiendo 
que el retiro era un'pretexto para 
no seguir acompanandolo, se burlo 
de sus escrupulos principistas desde 



las columnas de "La Nacion", recor- 
dandole su iniciacion politica en el 
gobierno del 75. 

Las sospechas de Cuestas parece 
que no carecian de fundamento, pues 
al poco tiempo Bauza volvjp sin di- 
ficultad a reintegrarse a la-politica, 
aceptando ia banca de senador que 
le ofrecieron los electores oficiaiis- 
tas de Soriano. Desempenaba el car- 
go cuando una afeccion a la gargan- 
ta concluyo con su vida el 4 de di- 
ciembre de 1899. 

Tribuno de altas condiciones, Bau- 
za fue reconocido justamente como 
ima de las mas brillantes figuras 
que hayan pasado por nuestro par- 
lamento. Como historiador, se le de- 
be una obra en tres tomos "Historia 
de la Dominacion Espahola en el 
Uruguay", de la cual hasta la fecha 
han salido tres ediciones, un tomo 
titulado "Estudios Constitucionales" 
y otro "Estudios Literarios" (1885). 

Su historia, el mas serio y bien 
escrito de los libros de su genero 
que hasta entonces habian aparecido 
entre nosotrcs, conserva todavia una 
recomendable autoridad, no obstante 
la revision que necesariamente tie- 
ne que operarse en obras de carac- 
ter primordial — como la suya— pa- 
sibles de ser rectificadas a la nueva 
luz proyectada por nuevos elemen- 
tos de ' juicio, producto de subsi- 
guientes investigaciones. 

En letras, sacado del campo his- 
torico nacional, donde no llego al fon- 
do, Bauza aparece disminuido por el 
sectarismo estrecho, que fue obs- 
taculo insalvable para enfocar con 



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exactitud y altura la obra literaria 
de algunos escritores nuestros elegi- 
dos para sus estudios criticcs. 

Por lo que dice a temas de filoso- 
fia y cuestiones literarias o cientifi- 
cas extranjeras, contendores de la 
prestancia de Luis D. Desteffanis, 
se encargaron de probar que el ex- 
positor brillante, de castiza elegan- 
cia, "defensor de la iglesia frente a 
la recia y nutrida campafia liberal 
de los ateneistas", cubria con her- 
mosos ropajes la carencia de una 
fundamental versacion indispensa- 
ble. 



BAUZA, RUFINO Jose 

Distinguido soldado de la inde- 
pendencia que alcanzo el grado de 
general de la Republica, duefio de 
una nutrida foja de servicios. 

Nacido en Montevideo el 16 de 
noviembre de 1791, era hijo de Do- 
mingo Bauza — descendiente de los 
primeros pobladores de la ciudad — 
y de Ana Alvarez. Quedo huerfano 
de padre cuando tenia pocos afios 
y estaba haciendo los estudios en 
el colegio franciscano, cuando en 
mayo de 1811, sin preocuparse de 
lo adelantado de aquellos. abando- 
no la escuela para ir, junto con su 
hermano Pedro Celestino, a parti- 
cipar en el alzamiento del pais. Su 
familia poseia campos en Canelo- 
nes y sobre la base de la peona- 
da agrupo un nucleo de vecinos for- 
mando con ellos la Compafiia de 
Voluntarios con que vino a incor- 



porarse al ejercito de Artigas, don- 
de tuvo grado de alferez con fecha 
17 de mayo, tocandole actuar en la 
batalla de Las Piedras. 

En premio de este auxilio la Jun- 
ta de Buenos Aires otorgole despa- 
chos de teniente del Regimiento de 
Caballeria de Canelones con fecha 
19 de julio. Transferido al Regi- 
miento N? 4, conocido igualmente 
por Regimiento de Blandengues, el 
19 de febrcro de 1812, obtuvo el 
ascenso a capitan el 5 de diciembre 
del mismo afio y se distinguio co- 
mo valiente oficial en la victoria del 
Cerrito, el 31 del propio mes,- resul- 
tando gravemente herido. 

Acompafio a Artigas cuando se 
distancio de los jefes de Buenos Ai- 
res y el gran caudillo le confio la 
jefatura del Regimiento de Blan- 
dengues. 

En el curso de las divergencias 
— rnuy agudizadas — entre el Jefe 
de los Orientales y los hombres de 
Buenos Aires, tuvo Bauza un im- 
portante papel en las operaciones 
de guerra contra los jcfes centra- 
listas portenos que estaban en po- 
sesion de Montevideo. Estos habian 
sido conminados por el Director 
Posadas a someter nuestra campa- 
fia en tres meses, teniendo barba- 
ras instrucciones, segun las cuales 
los orientales debfan ser tratados 
como asesinos e incendiarios, fusi- 
landose a todos los oficiales, clases 
y jefes de partida que se captura- 
sen, deportandose los individuos de 
tropa al otro lado del Parana. 

La guerra en estas condiciones se 



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anunciaba rapida y sangrienta, pe- 
ro culmino con el fracaso de los 
jefes que obedecian al Director. 

Factor de especial importancia en 
la feliz campafia que trajo como 
conseeuencia la derrota completa 
del coronel Manuel Dorrego en 
Guayabos el 10 de enero de 1815, 
su hijo, el historiador Francisco 
Bauza, ha sostenido que al general 
Don Rufino antes que a Rivera, le 
corresponde la gloria de la decisiva 
jornada, mientras que sobre el tes- 
timonio de un documento anonimo 
se le disputa la mejor de sus vir- 
tudes rnilitares. Su tesis no . resiste 
sin embargo el analisis critico. 

En el archivo del Estado Mayor 
del Ejercito, existe un documento 
firmado por Rivera. en 1335, donde, 
a solicitud del propio Bauza, el ge- 
neral certifica que este, en la accion 
de Guayabos, se comporto "con to- 
da subordinacion". 

Bauza, consciente de su actuacion 
y papel preponderante como factor 
de la victoria, parece que no habria 
aceptado jamas el rol disminuido 
que le asignaba el testimonio. 

Instalado el primer gobierno pa- 
trio despues de la evacuacion de 
Montevideo por los argentinos, y 
ascendido a teniente coronel, formd 
parte de la guarnicion al mando del 
"Batallon de Libertos" — organiza- 
do por el — compuesto de unos 600 
negros manumitidos, que se cono- 
cian popularmente por "los negros 
de Bauza". 

En estas circunstancias sobrevi- 
no la sagunda invasion portuguesa, 



desencadenada por los centrahstas 
portenos el aiio 1816, y los Liber- 
tos salieron a campana con su je- 
fe para demostrar su excelente ca- 
lidad guerrera en la jornada adver- 
sa de India Muerta, donde el co- 
ronel Fructuoso Rivera fue derro- 
tado por el general Pinto de Araujo 
el 19 de noviembre, en campos del 
actual departamento de Kocha. 

Asistio Bauza y tuvo actuacion 
distinguida en las enconadas luchas 
de Paso de Cuello, retirandose des- 
pues a acampar en la villa de Ca- 
nelon Chico, proximo a la barra. 

Poseedor de estos saneados ante- 
cedentes de soldado, y elemento de 
primera linea en la resistencia de 
la provincia, segun queda expues- 
to, la desorganizacion reinante en- 
tre las tropas patriotas bajo el in- 
mediato mando de Otorgues y las 
intrigas y las astutas maquinaciones 
del gobierno de Pueyrredon en Bue- 
nos Aires, encaminadas a minar el 
espiritu de las fuerzas provinciales 
lograron desgraciadamente arras- 
trar al coronel Bauza, Jefe del Ba- 
tallon de Libertos, quien del mis- 
mo modo que sus compafieros los 
capitanes Manuel e Ignacio Oribe, 
de la artilleria, hizo defeccion a la 
causa. Equivocada apreciacion de los 
hechos, uniendose a muchas y po- 
derosas razones, mafiosamente dis- 
frazadas, pudieron influenciar sin 
duda el animo de estos jefes; y 
esta probado, ademas, que el espi- 
ritu de la tropa estaba quebrado 
por las privaciones' y las fallas de 
la disciplina. Las deserciones, si se 



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quiere, ya habian tenido principio 
y en los ultimos meses del afio 17 va- 
rios nombres militares figuraban en 
una lamentable lista, pero el hecho 
en si no tiene justificacion posible, 
aunque puedan hallarsele atenuan- 
tes que la limpia vida de Bauza res- 
paldaria siempre. 

Anudados los primeros hilos por 
un comisionado especial que paso a 
Buenos Aires, en octubre de 1817 
Bauza y los Oribe se hicieron pre- 
sentes en el campo portugues con 
las respectivas unidades de su man- 
do, donde el taimado brigadier Le- 
cor les dispenso un trato distingui- 
do. El engano estaba disimulado: 61 
se encargaria, de acuerdo con los 
hombres de Buenos Aires, del tras- 
lado a la capital portena de Bauza, 
los demas jefe's y sus hombres, pa- 
ra que fueran a pelear por la in- 
dependencia de America contra los 
espafioles. El portugues no desper- 
dicio la ocasion para ver si podia 
atraerlos o sobornaiios a fin de que 
sirvieran al Rey conquistador, pero 
sus ofertas fueron rechazadas. 

Una vez en Buenos Aires se les 
reconocio en su grado en el ejercito 
de las Provincias Unidas y algunos 
compafieros tomaron servicio en las 
campanas de America. 

Bauza, con residencia en Santa 
Fe, prestd su cooperacion en 1823, 
a un plan tendiente a emancipar la 
provincia Oriental, que estuvo pro- 
ximo a tener vias de hecho en horas 
en que luchaban entre si los domi- 
nadores lusitanos e imperialistas. 

La invasion de Lavalleja el afio 



25 y el subsiguiente levantamiento 
del pais, lo hallaron en Buenos Ai- 
res y desde el primer momento 
penso en ofrecer sus servicios a la 
causa de su provincia, aunque su 
condueta del ano 1817 le creaba an- 
te los nuevos sucesos una situacion 
especial. Bien se explican, enton- 
ces, las palabras del general Juan 
Ramon Balcarse cuando le escribe 
a Lavalleja desde Buenos Aires el 
(: de setiembre de 1827: "El Coro- 
nel D. Rufino Bauza ha manifesta- 
do al Gobierno deseos de prestar 
servicios en la presente guerra pe- 
ro no se ha resuelto en su solicitud 
por ignorarse si sus servicios podran 
o no ser utiles en el ejercito: sobre 
Ssto se servira Vd. hacer indicacion 
para determinar en consecuencia de 
eUa". 

Finalmente vino a la patria y, con 
fecha 1? de julio de 1829, se le dio 
de alta en el ejercito como coro- 
nel graduado teniendo cargo de ayu- 
dante en el Estado Mayor General 
hasta el mes de febrero de 1830. 

El general Lavalleja, goberna- 
dor interino, lo incluyo entre los 
Edecanes de Gobierno el 9 de no- 
vieiiibre de 1830, cargo que retuvo 
hasta el mes de diciembre de 1831. 
En este tiempo y por enfermedad 
del titular coronel Pedro Lenguas, 
desempeno interinamente la Jefatu- 
ra del Estado Mayor del Ejercito 
desde el 19 de febrero al 30 de mar- 
zo de 1831. 

El 18 de agosto de 1832 se le 
nombro comandante interino del 
batallon de Infanteria de linea, y 



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el 14 de marzo de 1833 diosele la 
propiedad del grado de coronel en 
vista de los importantes y utiles 
servicios prestados a la causa del 
restablecimiento de las autoridades 
constituidas, cuando el alzamiento 
revolucionario de Lavalleja. 

Fiscal militar en agosto de 1835, 
figura en calidad de agregado al 
Estado Mayor General en noviembre 
del ano siguiente y fue dado de baja 
del ejercito el l 9 de noviembre de 
1837, "por ausentarse sin autoriza- 
cion desobedeciendo ordenes del go- 
bierno". 

Acompano al general Rivera en la 
Revolucion Constitucional, y rein- 
corporado a los cuadros el 5 de 
agosto de 1839, el coronel mayor 
Rufino Bauza viose designado co- 
mandante en Jefe de la Guarnicion 
y del distrito de la capital, en dias 
de excepcional gravedad para la 
Republica, en guerra con el tirano 
de Buenos Aires. 

Disuelta la Comandancia General 
de Armas por decreto de 28 de 
marzo de 1840, para restablecer 
el Estado Mayor activo y pasivo 
conforme a la antigua organizacion, 
con identica fecha se nombro a Bau- 
za para presidir ese departamento, 
pero hizo renuncia del cargo el 19 
de julio del mismo afio. 

El 7 de setiembre del 43 pas6 a 
incorporarse al Ejercito de Reser- 
va como Jefe de la Legion de Guar- 
dia Nacional de Infanteria, y antes 
de corrido un afio, merecio la pro- 
mocion a brigadier general el 11 de 
octubre de 1844. 



Dimitente el general Pacheco y 
Obes del Ministerio de la Guerra, 
Joaquin Suarez eligio para reempla- 
zarle al general Bauza el 8 de no- 
viembre de 1844, y estuvo al frente 
de esa secretaria de Estado hasta 
el 27 de nsviembre de 1845. 

En este intervalo desempeno in- 
terinamente la Comandancia Gene- 
ral de Armas con retencion de su 
cargo de Ministro, desde el 7 de 
enero de 1845 hasta el 27 de setiem- 
bre del mismo ano, fecha en que 
estro a reemplazarlo el coronel Flo- 
res. 

A poco de disponerse, conforma 
al decreto de 17 de julio de 1847 
que tendia a acrecentar las fuerzas 
de la capital sitiada, la creacion de 
un nuevo cuerpo de linea denomi- 
nado Constitucion, eh el que se 
agruparian los jefes y oficiales sin 
destino existentes en la plaza, el 
general Bauza, teniendo como 2 1 ? al 
coronel Cesar Diaz, se hizo cargo de 
dicha unidad. 

Era en esta epoca Presidente del 
Consejo de Estado y tenia calidad 
de miembro de la Asamblea de No- 
tables. 

Su devocion por la causa nacio- 
nal, evidenciada en la hora de lu- 
char con las armas en la mano, que- 
do todavia mas de manifiesto, si era 
preciso, con la entrega que el vete- 
rano soldado hizo al gobierno de 
Suarez, de los titulos de sus unicas 
propiedades — una casa y una quin- 
ta — para que dispusiera de ellas y 
se hiciera de fondos. 

Con la Paz de octubre del 52 se 



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BAZ. 



BAZ 



cierra el ciclo militar de este esfor- 
zado soldado veterano a quien la 
muerte alcanzo, no mucho despues, 
en Montevideo, el l 9 de noviembre 
de 1854. 



BAZAN, PEDRO 

Militar de la epoca de la indepen- 
dencia, muerto a manos de los indios 
charruas en el ultimo alzamiento de 
estos salvajes, coincidente o relacio- 
nado con la revolucion lavallejista 
del afio 1832. 

Espanol de nacionalidad, /ino al 
Rio de la Plata huyendo de los 
horrores de la reaccion absolutista 
de Fernando VII, despues de haber 
servido en su patria en las guerras 
contra Napoleon y luego en las filas 
constitucionales. 

Era pficial de muchos conocimien- 
tos facultativos, pcseedor de vasta 
preparacion general y fue uno de los 
redactores de "El Caduceo", perio- 
dico aparecido en 1830 -31. 

Entro a formar en el ejercito como 
sargento mayor el 1° de setiembre 
de 1829, siendo licenciado del ejer- 
cito de las Provincias Unidas y el 14 
del mismo mes se le nombro "adic- 
to" a la representacion del Uruguay 
en el Brasil, siendo el quien ccndujo 
a Montevideo el acta aprobatoria de 
la Constitucion del afio 30 por el Im- 
perio, documento con el que estuvo 
en nuestra capital en los ultimos 
dias de junio a bordo de la corbeta 
brasilena "Veintinueve de Agosto". 

Edecan del Gobierno el 9 de se- 



tiembre de 1830, fue ascendido a te- 
niente coronel graduado el 18 de ju- 
lio de 1831, en las promociones au- 
torizadas por la Comision Perma- 
nente, a titulo de honor a aquellos 
militares cuya vida estaba especial 
y unicamente consagrada a la patria 
y a consolidar el orden publico. 

En operaciones al lado del coro- 
nel Bernabe Rivera, cuando este sa- 
lio a someter a los charruas suble- 
vados, cayo junto con su jefe en la 
jcrnada de Yacar6 Cururu, sitio pro- 
ximo al rio Arapey, en el actual de- 
partamento de Artigas, el 15 de junio. 
de 1832. En las listas de revista de 
Edecanes del Gobierno, constantes 
en el Estado Mayor, se dice en cam- 
bio que murio el 20 "a mano de los 
anarquistas". 

De los relatos, contradictorios casi 
siempre, de los pocos hombres que 
escaparon de la sorpresa, pareceria 
deducirse que, desmontado, el co- 
mandante Bazan vendia cara su vida, 
pero el numero de enemigos lo abru- 
mo. La desaparicion a destiempo y 
en estas crueles circunstancias de 
un jefe que gozaba de real estima, 
causo, a Ja par de la perdida de su 
jefe, general pesar. 

Muy adicto a Rivera, habia estado 
a sus ordenes en las provincias ar- 
gentinas en el ano 28 cuando se in- 
cubaba la expedicion de Misiones. 

Segiin el Dr. Alberto Palomeque, 
adornaban al comandante Bazan 
cualidades sobresalientes de cultura 
social, inteligencia y valor. Estaba 
en Montevideo en proyectos de ca- 
sarse y dejar la carrera, cuando el 



BEH 



BEH 



general Eivera, de quien era ayu- 
dante, le pidio que acompafiara a su 
sobrino Bernabe, del cual era intimo 
amigo. Asi lo hizo, por tal solicitud 
y como su ultima campana, que vino 
a resultar tragicamente cierta. 

Segiin tradicion que recogio Acu- 
fia de Figueroa en su Epicedio, Ba- 
zan recibio el primer golpe fatal 
mientras cubria a su coronel de las 
lanzas de los indios. 

En el afio 1835 se trasladaron sus 
restos y los de Bernabe Rivera y Ro- 
que Viera al Cementerio Central de 
Montevideo, donde una modesta pla- 
ca recuerda su memoria. 



BEHETY, MATIAS 

Poeta, cuya muerte ocurrio en 
Buenos Aires, en edad temprana y 
"cuya vida — segun palabras de Juan 
de Cruz Ocampo — fue breve y ar- 
diente como una aurora de estio". 

Los primeros afios de su existen- 
cia los paso en Montevideo donde 
sus padres, franceses ambos, se ha- 
bian casado el 10 de noviembre de 
1844. 

Matias vino al mundo en" nuestra 
capital el 18 de mayo de 1849, hijo 
de Felix Behety y Maria Chapital. 
Las respectivas partidas obran en 
los registros de la Catedral, libro 9 9 
de Matrimonios fs. 11 vta. y libro 
26 de Bautismos fs. 170 vta., y si 
contra lo corriente se consigna aqui 
esta cantidad de datos, ello se debe 
a que habiendose ccntrovertido al- 
guna vez la nacionalidad del dulce y 
desdichado Behety, conviene dejar di- 



lucidado el punto de modo definitivo. 

Paso a vivir en Concepcion del 
Uruguay, siendo alumno de su his- 
torico colegio y luego fue a Buenos 
Aires, donde curso estudios de dere- 
cho y estuvo adscripto al estudio del 
Dr. Manuel Quintana. Su talento y 
sus versos le ganaron alh' una pre- 
coz nombradia literaria que disena- 
ba el mas bello futuro. 

Un episodio de amor — el eterno 
y doloroso episodio mejor dicho — 
quebro sin embargo el eje de su vi- 
da. Enamorado de Maria Lamberti, 
hermana del rencmbrado poeta An- 
tonino, intimo amigo suyo, la joven 
fue arrebatada por una rapida en- 
fermedad y Matias Behety, "desva- 
necidos sus suehcs de amor y de es- 
peranza", presa de amargo escepti- 
cismo, pidio consuelo al alcohol, que 
debia concluir aprisionandolo igual 
que a Poe. 

Miembro de la Comision Popular 
formada en Buenos Aires durante 
la pavorosa epidemia de fiebre ama- 
rilla del afio 71,'los sentimientos de 
deber y de solidaridad humana lo 
volvieron un tanto al carril de la 
vida y llego a reanudar tareas de 
pluma en la redaccion de "El Nacio- 
nal" y "El Plata". 

El trabajo coiidiano obrando a 
modo de tonico y el carinoso empe- 
fio de sus amigos iban en camino 
de rescatarlo de la triste bohemia 
de sus dias sm sol, cuando el cuerpo 
— el debilitado cuerpo de un hom- 
bre endeble de natural por afeccion 
a las vertebras — no resistio mas. 

Hospitalizado en La Plata, falle- 
cio el ano 1885. 



— • 160 — 



BEJ 



BEJ 



Al buscarse los restos de Behety, 
extraviados un momento por falta 
de seiial cuando se traslado el ce- 
menterio de Tolosa, fue que su ami- 
go • Lamberti escribio la conocida y 
dolorida estrofa: 

"Hasta las cruces que levanta el 

[pobre 

"Son las primeras que se Ueva el 

[viento . . .. 

BEJAR, JOSE de 

Ministro de Estado, legislador y 
hombre politico. Espanol de naci- 
miento, pero casado en Montevideo 
y naturalizado uruguayo. Era Bejar 
persona de fortuna, ganada en el 
comercio y de reconocida honorabi- 
lidad, cuando ingreso a la camara 
de diputados representando el de- 
partamento de la capital en el afio 
1840. 

En 1841, el presidente de la Repii- 
blica general Rivera, que desde hacia 
un semestre se hallaba en campana 
al frente del ejercito, vino a la ca- 
pital y asumio el mando el 26 de 
julio y al dia siguiente, luego de 
poner la cartera de Hacienda en 
manos de Jose de Bejar — que sus- 
tituia a Chucarro— se ausento de 
nuevo delegando el mando en Joa- 
quin Suarez, presidente del Senado. 

Hasta el 14 de mayo del 42 estu- 
Vo en el gabinete el nuevo secretario 
y ei 8 de julio del 43, sitiada ya la 
capital por el ejercito de-Oribe, vol- 
vio a ocupar el mismo ministerio 
hrsta el 24 de mayo del ano si- 
guiente. 



Siempre bajo la presidencia inte- 
rina de Suarez, torno al gabinete 
sirviendo la propia secretaria el 20 
de octubre de 1845 y el 5 de diciem- 
bre ahadio a su cartera, a titulo pro- 
visional, la cartera de Gobierno. Con- 
forme al decreto de 14 de febrero de 
1846, que instituyo la Asamblea de 
Notables, entro a formar parte de 
ella en su doble investidura. 

El 29 de diciembre de 1846 fue 
reemplazado por Lorenzo Justiniano 
Perez, pero no iba transcurrido un 
mes cuando de Bejar estaba de nue- 
vo en el gabinete en calidad de ti- 
tular de Hacienda e interino de Go- 
bierno, permaneciendo hasta el 14 
de julio en que se produjo una cri- 
sis total en el gabinete. 

La atencion de los negocios pu- 
blicos a los cuales dedicaba el cui- 
dado' permanente de un hombre he- 
cho a los negocios, influyo en la 
constitucion de Bejar a punto de 
resolverlo a realizar un viaje a Eu- 
ropa por via de descanso, embar- 
cando en mayo de 1848 para tomar 
tierra en Londres en agosto y de alli 
trasladarse a Paris. Apenas Uegado 
a esta capital de Bejar fue acome- 
tido por un ataque cardiaco y aun- 
que se trataba de un mal ignorado 
en el hasta entonces, k>s facultativcs 
constataron que era una enfermedad 
avanzada y grave. Las previsiones 
de los medicos — oscuras desde el 
primer momento — se cumplieron el 
26 de abril de 1849, dia en que el 
ex - ministro fallecio en casa de su. 
yerno Ramon Baradere, antiguo con- 
sui fraaces en Monteyideo. 



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11 



BEL BEL 



BELEN, FRANCISCO 

Militar, que alcanzo el alto gra- 
do de general de brigada, que el 
presidente Maximo Santos no tuvo 
escrupulo en discernirle, cuando la 
justicia y la gratitud nacional exigian 
a gritos ese honor para dignisimos 
soldados de la patria. 

Conocido por el apellido Belen, 
que fue su apellido usual, el verda- 
dero, segun probanzas judiciales, 
era Barrionuevo y popularmente se 
le conocia por el Indio Belen. No 
era sin embargo indio, pues tenia 
poblada barba y el color de la tez 
no iba mas alla del aindiado. 

No era tampoco antipatico u hos- 
co, sino por el contrario campechano 
y dado, y la cara, de pronunciados 
p6mulos, se dulcificaba naturalmen- 
te al asomar la risa. 

La historia, en cambio, no lo pre- 
senta bajo una faz atenuada como 
la que puede arrojar su fisico. 

Pocas cosas buenas podrian de- ■ 
cirse de Francisco Belen desde los 
dias de la toma de Paysandu, — ene- 
ro de 1865 — donde tiene directa in- 
terveneion en las reprobables eje- 
cuciones que os'curecieron el triunfo, 
hasta los del gobierno de Tajes, en 
que a la par de un hijo suyo, daba 
que hacer a la policia de Montevideo. 

Aunque no estemos en presencia 
de un relato exacto y no contestado, 
Belen aparece como el jefe que tuvo 
a su cargo la ejecucion del general 
Leandro Gomez, el comandante 
Braga y el capitan Fernandez, des- 



pues de haberse recibido de ellos 
como prisioneros de guerra. 

El general Belen era nacido en los 
comienzos de la decada 1830 y pro- 
bablemente en el departamento de 
Florida. Principio a servir de sol- 
dado en las milicias departamenta- 
les y en febrero de 1856 recien apa- 
rece en el ejercito como teniente l 9 
de caballeria. 

Emigrado despues de los sucesos 
de Quinteros, se le encuentra sir- 
viendo en el ejercito de Buenos Ai- 
res con grado de • alferez de caba- 
lleria y ascendido a teniente 2° so- 
bre el campo de batalla de Pavon 
(30 de octubre de 1859). 

Cuando el general Venancio Flo- 
res, su jefe inmediato en la Divisidn 
Oriental, invadio la Republica en 
scn de guerra en 1863, Belen' siguio 
las banderas revolucionarias y en 
esa campana, por autoridad del jefe, 
tuvo sucesivamente ascensos de ca- 
pitan y sargento mayor. En 1865, 
con calidad de teniente coronel gra- 
duado, formo parte del ejercito de 
operaciones contra el tirano para- 
guayo e hizo la campana del Alto 
LTruguay. 

De vuelta a la patria, alboroto de 
tal modo con sus acusaciones eontra 
el coronel Simon Moyano, jefe po- 
litico de Durazno, que el dictador 
Flores lo hizo reducir a prision. Asi 
que hubo recuperado la hbertad, 
Belen ausentose para Buenos Aires 
y se le dio de baja en el ejercito. 

Amnistiado por el gobierno del 
general Batlle, se puso del lado del 
general Francisco Caraballo en su 



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absurda sublevacion de los meses de 
junio y julio del 69, dirigida a im- 
poner a las camaras el voto de una 
ley dando curso forzcso al papel 
moneda de los bancos en falencia. 

En el mismo afio, sorprendido en 
trabajos subversivos, se le obligo a 
abandonar el pais. 

Al comienzo de la revolucion 
blanca del coronel Timcteo Apari- 
cio en 1870, parecia que Belen esta- 
ba dispuesto a rehabilitarse y hacer 
olvidar su turbulento pasado cuan- 
do, al frente de la Comandancia Mi- 
litar de Colonia, se desempeno a 
satisfaccion general y tuvo las ma- 
yores consideraciones y cuidados 
para con los prisionercs y los heri- 
dos enemigos de Manantiales. 

No persevero en los propositos y 
en los momentos en que el acre- 
cimiento del poderio de los revolu- 
cionarios rehechos, hacia mas que 
nunca necesaria entre las filas gu- 
bernistas coloradas la disciplina y el 
sentimiento de cohesion partidaria 
en el ejercito del gobierno, sublevose 
en Paysandu contra la autoridad de 
su antiguo jefe y companero Cara- 
ballo, y secundo los planes sin con- 
trol de Fortunato Flores y del ita- 
liano aventurero Marconsini. 

Despues de la paz de abril de 1872, 
en el enconado pleito entre los colo- 
rados divididos en neios y conser- 
vadores (como lcs blancos se habian 
dividido en netos y principistas). Be- 
len, por afinidades naturales, se en- 
rolo en primera linea entre los netos 
o "candomberos", apareciendo como 
agente provocador en el acto elec- 



cicnario frustrado del 1? de enero 
de 1875 y siendo uno de los que se 
adelantaron a sacar armas, precipi- 
tando el sangriento choque del' dia 
10 en la plaza Constitucion. 

Instituido por los militares amo- 
tinados el poder usurpador de Pe- 
dro Varela, Belen encontro en aquel 
espantoso afio de desgobiemo su 
clima propicio: obtuvo repetidos 
destinos y durante la campafia con- 
tra Ia revolucion tricolor fue desig- 
nado comandante de extramuros de 
la capital, con residencia en la villa 
de La Union. 

Pero al desorden de la adminis- 
tracion de Varela siguio la dictadu- 
ra de Latorre y las ccsas cambiaron. 

Tuvo que morigerarse y recogerse 
sin que el gobernador le perdiera 
pisada y al fin opto por escapar para 
Buenos Aires sin licencia, por lo 
cual la autoridad lo radio de los 
cuadros militares en mayo de 1879. 

En tal situacion y estado de espi- 
ritu lo encontro el golpe antilato- 
rrista del 13 de marzo de 1880, lle- 
vado a cabo merced a la astucia y 
a la determinacion del coronel Ma- 
ximo Santos, jefe del 5° de Cazado- 
res, que logro imponer sus directi- 
vas a los demas militares de la 
guarnicion de Montevideo. 

Belen se puso entonces a servicio 
del que habia concluido con un ene- 
migo tan peligroso como Latorre y 
convirtiose en una especie de guar- 
da-espaldas de Santos. 

Coronel graduado desde 1872, al- 
canzo la efectividad, fue nombrado 
Edecan de la Presidencia en 1882 y 



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el 9 de febrero de 1886 su decidido 
protector le confirio las palmas de 
general, atento a que, segiin calculo 
de la prensa oficialista, tenia 45 
afios de servicios en el ejercito. Se 
daba al olvido en cambio, una turbia 
vida y hasta el disgusto que le habia 
ocasionado a Santos en su incidente 
con Fernando Flamand, comandante 
peligroso y de antecedentes pareci- 
dos a los suyos, a quien habia muerto 
en pelea en el propio domicilio presi- 
dencial, en la calle 18 de Julio casi 
esquina Paraguay. — (Ver Fernando 
Flamand). 

Concluida la era santista, conclu- 
yo automaticamente la suya, para 
sobrevivir nada mas que 5 afios a su 
poderoso amigo el capitan general, 
falleciendo en Montevideo el 26 de 
setiembre de 1894. 

Al adjudicarse la pension militar 
de que era causante, se suscito ante 
la cficina respectiva el escandaloso 
asunto del triple matrimonio del 
desaprensivo militar. El general ha- 
bia sido reo de poligamia, pues com- 
probose judicialmente — lo que era 
de publica notoriedad, por lo de- 
mas — caie habia contraido sucesivosj 
matrimonios en la Argentina y en el 
pais, con Irene Pizarro, con Francis- 
ca Oliver y con Geralda Silva. sin 
tener en cuenta el impedimento legal. 

BELINZON, JUAN Tomas 

Militar,. cuya gestion en la Es- 
cuela de Artes y Oficios — al frente 
de la cual estuvo casi siete afios — le 
pennitio poner de manifiesto nota- 



bles condiciones de organizador y 
de funcicnario. 

Hijo de padres genoveses, nacido 
en Montevideo el 24 de junio de 
1849, apelo al recurso de muchacho 
pobre, sentando plaza de soldado en 
un batallon que formaba el coronel 
Tomas Balifias a raiz de los san- 
grientos sucesos de febrero de 1868 
y al afio siguiente, cuando el bata- 
llon Nueva Creacion convirtiose en 
2do. de Cazadores, paso a servir en 
la flamante unidad a ordenes del 
mismo jefe y con jinetas de sargen- 
to 2do. distinguido. 

Hizo la campafia contra el coro- 
nel revolucionario blanco Timoteo 
Aparicio, ascendiendo en ella a sub- 
teniente el 18 de marzo de 1870 y a 
teniente 2do. el 23 de noviembre 
del afio siguiente y permanecio en 
su batallon hasta diciembre de 1875, 
en que paso a prestar servicios en la 
policia de la capital. 

Dispuesta la formacion de una 
quinta unidad de infanteria al dia 
siguiente del motin del 15 de enero 
de 1875, su comandante, el mayor 
Maximo Santos, facultado para for- 
mar la oficialidad del nuevo cuerpo, 
llevo a su lado a Belinzon, que fue 
promovido a teniente l 9 el 28 de 
abril. 

Desde ese momento su carrera sa 
hizo a la sombra de Santos: a sus 
ordenes marcho a combatir la revo- 
lucion principista conocida popular- 
mente pcr Eevolucion Tricolor, a 
fines del 75, "y a sus ordenes obtuvo 
el grado de capitan ei 4 de agosto 
dei ano siguiente y ei de sargento 
mayor el 26 de Sbrii de 1830. sienv 



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pre en el Quinto de Cazadores, 
exceptuado un afio que presto servi- 
cios en el segundo. 

Santos — coronel y Ministro de 
Guerra del presidente Vidal — que 
vem'a preocupandcse de poner en 
planta el establecimiento que se co- 
nocio con el nombre de Escuela Na- 
cional de Artes y Oficios y a cuyos 
adelantos consagraria una atenci6n 
semejante a la que tuvo para el 
ejercito y las clases armadas, ereyo 
hallar en el mayor Belinzon el hom- 
bfe necesario para llevar adelante 
eus propositos. 

Desde 1879, en los taileres de 
maestranza del Parque de Artilleria, 
y por iniciativa del coronel Ventura 
Torrens, Jefe de Estado Mayor, al- 
gunos muchachos desamparados o 
vagos. recogidos por la policia reci- 
bi'an asilo y ensenanza de oficios 
manuales, formando una especie de 
plantel de internos, que al ano con- 
taba alrededor de un centenar de 
alumnos. Ese fue el nucleo que San- 
-tos vino a utilizar para sus planes y 
formar la Escuela Nacional de Artes 
y Oficios, destinada a ser durante un 
largo periodo de afios un estableci- 
miento modelo en su genero. Su fa- 
ma y sus prestigios franquearon 
pronto las fronteras del pais y un 
dia fueron la admiracion de Sar- 
miento, que por varias veces vino de 
Buenos Aires a visitar el instituto y 
presidir la mesa de examenes. 

Belinzon, Uevado a la direccion 
de la Escuela por decreto de 6 de 
abril de 1880, no llevo a la casa ni 
una inteligencia ni una ilustraeion, 
pero Uevo en cambio el criterio ex- 



celente de un hombre observador, 
rapido de comprension, de gran ca- 
pacidad de trabajo y que posela la 
rara euanto inapreciable virtud de 
escuchar a los que sablan mas que 
61, sin obstaculizar a ninguno por 
celos o por pretendida suficiencia. 

Rigido, porque se habia hecho 
en la dura vida del cuartel, implan- 
to un regimen de tipo militar en un 
establecimiento que tenia a la vez 
de colegio, de reformatorio y de pe- 
nal. La tacha de dureza que se le 
puso en la epoca, prcbablemente 
no le alcanza en cabal justicia y 
mas bien es exacto el juicio del que 
dijo que "ni toleraba abusos ni cas- 
tigaba por placer". 

Casi siete afios duro la permanen- 
cia de Belinzon en la direccion de 
la Escuela de Artes y Oficics y en 
ese periodo tuvo los ascensos de te- 
niente coronel graduado el 18 de 
mayo del 81, la efectividad el 2-1 de 
febrero del 83 y el coronelato el 8 
de febrero de 1886. 

Las antipatias, contra el gobierno 
de Santos reflejaban naturalmente 
en el jefe de la Escuela y cuando 
la reaccion de noviembre de 1886, 
el coronel Belinzon — aunque per- 
manecio casi dos meses en su pues- 
to — pudo considerarse "ipso factc" 
fuera del cargo. El 28 de diciembre 
se le acepto la doble renuncia de 
Director del Establecimiento y de 
Jefe del Parque Nacional, que tenia 
presentada. 

Diosele por reemplazante al coro- 
nel Gabino Monegal y pcr decreto 
de 31 de diciembre se designo un 
consejo consultivo, cuya primera 



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BEL 



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mision era reglamentar y fiscalizar 
la marcha de la Escuela. Figuraba 
entre lcs capitulos de su incumben- 
cia, considerar la concesion otorgada 
al director por el gobierno de Santos 
para construir el nuevo gran edifi- 
cio de dos plantas en las inmedia- 
ciones de la playa Ramirez, asunto 
que ya habia suscitado severas crx- 
ticas. La comision fue de parecer 
que existian obstaculos de orden le- 
gal para que las obras se continua- 
sen en la forma que habian mar- 
chado hasta entonces y que debia 
cambiarse de regimen. 

El coronel Belinzon, por su par- 
te, introdujo una instancia recla- 
mando al Estado por danos y per- 
juicios que se le habian ocasiona- 
do por la anulacion del contrato de 
obras. 

El fiscal contrario su demanda 
fundandose en que faltaba el re- 
quisito de la licitacion, sin el cual 
no podian contratarse legalmente 
trabajos de tanta importancia y 
costo, y el pleito fue fallado en con- 
tra del ex-director. 

A esas horas, Belinzon, alejado 
del servicio activo y de su fecunda 
labor al frente de la Escuela de Ar- 
tes y Oficios, tenia cambiados los 
rumbos de sus actividades, dedicado 
a tareas de "enlevage" y hallabase 
inspeccionando los planteles de ca- 
ballos de raza en su cabana cuando 
el 5 de mayo de 1889 fallecio repen- 
tinamente victima de un ataque al 
corazon, dejando en su haber la 
obra educacional, que hoy culmina 
con la Universidad del Trabajo. 



BENAVENTE, MANUEL 

Militar que alcanzo el grado de 
general de division, nacido en Do- 
lores (Republica Argentina) el 8 de 
diciembre de 1845. 

Huerfano de padre, que habia 
muerto — sargento de caballeria — '■ 
en pelea con los indios Pampas, vino 
al Uruguay siendo joven y aqui to- 
mo servicio, enrolandose en el ba- 
tallon "Libertad" como soldado dis- 
tinguido en febrero de 1866. Sar- 
gento 2 9 el 14 de mayo, marcho en 
seguida al ejercito de operaciones 
en el Paraguay — transferido al ba- 
tallon "24 de Abril" el 14 de agos- 
to — , ascendio a sargento l 9 el 24 
de setiembre, tuvo parte en los re- 
fiidos encuentros de Humaita, Lo- 
mas Valentinas, etc, y fue promo- 
vido a subteniente el 25 de agosto 
del 68. 

De regreso al pais con los ultimos 
restos de nuesrra gloriosa Division 
el 29 de diciembre de 1869, se le 
mantuvo en actividad y ascendio a 
teniente 2 9 el 8 de enero de 1870, 
a teniente 1? el 4 de agosto del mis- 
mo afio combatiendo a los revolu- 
cionarios blancos del coronel Timo- 
teo Aparicio, para Uegar a capitan 
el 27 de julio del 71, siempre en el 
batallon "24 de Abril", unidad que 
el 23 de mayo de 1872 cambio su 
denominacion por la de 3 9 de Ca- 
zadores, 

En los sucesos politicos de 1875, 
la actitud de Benavente ha sido in- 
terpretada alguna vez en forma que 



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BEN 



no se ajusta del todo a la realidad 
de los hechos. La circunstancia de 
aparecer transferido a la Plana Ma- 
yor Pasiva el 11 de marzo, llevo a 
pensar que el capitan Benavente 
no habia adherido al motin del 15 
de enero. Sin embargo, a la una de 
la madrugada de ese dia, en la re- 
union que los oficiales celebrarcn 
en la mayoria del batallon 3 9 , Be- 
navente no conto en el pequefio 
grupo de oficiales — Juan Lazies, 
Carlos Castelar, Pedemonte y Leon- 
tes Videla — que se mostraron dis- 
puestos a seguir el ejemplo de su 
jefe el comandante Lallemand, que 
rechazo el plan del cuartelazo. Pu- 
do haber sido, sin embargo, un fuer- 
te elemento de reaccion, pues Bena- 
vente era estimado y respetado por 
sus compafiergs de armas. 

Su ascenso a sargento mayor el 
1° de febrero — o sea a los quince 
dias del motin — y su nombramien- 
to para segundo jefe del batallon el 
dia 11, prueban acabadamente que 
estuvo con el gobierno de Varela y 
que el gobierno lo utilizo y lo pre- 
mio. El pase a la Plana Pasiva dis- 
puesto un mes mas tarde, el 11 de 
marzo, se debio a circunstanciae 
supervivientes, una intriga o un 
chisme de los que se estilaban en 
aquellos nefastos dias, porque si 
mismo a esas horas la posicion del 
capitan hubiera sido principista o 
legalista, su puesto no estaba en 
Montevideo sino en la emigracidn, 
primero, y en las filas de la Revo- 
lucion Tricolor cuando se produjo 
la reaccion ciudadana, conforme a 



la actitud del capitan Lazies, su 
compafiero en el batallon la noche 
del 15. Sea como sea, el incidente 
que lo separaba de los cuadros ac- 
tivos aparejo para Benavente el ti- 
tulo de no haber servido a la dic- 
tadura de Latorre. 

Recien en el gobierno de Vidal 
se le halla de nuevo en actividad 
como ayudante" del Ministerio de 
Guerra y Marina el 1 ? de setiem- 
bre de 1880, destino en el que se 
le hizo teniente coronel el 5 de ene- 
ro del ano siguiente, para ser nom- 
brado jefe del Cuerpo de Serenos 
en reemplazo del famoso Manueli- 
llo Aguirre el 22 de marzo. 

El presidente Santos lo favore- 
cio ampliamente en su carrera, nom- 
brandolo jefe del 2? de Cazadores 
el 14 de marzo del 82 r promoviendolo 
a coronel graduado el 24 de febrero 
del 83 y el 12 de marzo le dio el 
mando del Regimiento de Caballeria 
N 9 3 que concluia de formarse. 

Coronel con fecha 9 de febrero 
de 1886, salio a campafia al frente 
de su unidad para guarnecer la pla- 
za de Treinta y Tres, donde obser- 
vo una conducta poco respetuosa 
con algunos ciudadanos opositores. 
Mantuvose en el cargo hasta el mes 
de setiembre de 1890, y el 22 de fe- 
brero de 1892, le fue confiada la 
jefatura del Batallon de Artilleria. 

General de brigada el 17 de fe- 
brero de 1894, el 31 de octubre se 
le nombro jefe del Estado Mayor 
General del Ejercito y en ejercicio 
de estas funciones paso "en comi- 
sion" al comando del Ejercito del 



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BEN 



BEN 



Sur en cperaciones contra los revo- 
lucionarios nacionalistas acaudilla- 
dcs por Saravia y Lamas, el 16 de 
junio de 1897. 

Reintegrado a su cargo despues 
de la paz de setiembre, tuvo ese 
puesto hasta el 25 de octubre, en 
que Cuestas, presidente del Senado 
en ejercicio del poder ejecutivo, le 
dio sucesor. 

Acepto la situacion de hecho crea- 
da por aquel gobernante con el gol- 
pe de Estado del 10 de febrero de 
1898, fue Comandante Militar de 
Minas, Rocha y Maldonado en 1903 
y en la guerra civil de 1904 mando 
el Ejercito del Norte en operaciones, 
del l 9 de gnero al 15 de abril, fe- 
cha en que fue ascendido a general 
de division. En disponibilidad desde 
ese momento, vivio en retiro hasta 
que atacado por un incurable mal 
anticipo el fin de sus dias, el 11 de 
julio de 1918. 

El curso de las operaciones mili- 
tares en la campaiia de 1904, no 
ofrecio ocasion al general Benaven- 
te para demostrar sus condiciones 
militares en una batalla campal, pe- 
ro en las distintas acciones secun- 
darias en que participo y en la mul- 
tiple serie de sus movimientos de- 
mostro hallarse plei.amente capaci- 
tado para el desempefio de un pues- 
to de tanta responsabilidad. 

El orden que implanto en el ejer- 
cito y la organizacion que supo dar- 
le se tradujeron, por lo demas, en la 
eficacia belica del mismo en la jor- 
nada decisiva de Masoller, aunque 
bajd otro mando. 



Sus medidas moralizadoras de or- 
den interno y las severas disposi- 
ciones encaminadas a que las exi- 
gencias y los estragos de la guerra 
se redujesen al minimo en cuanto 
pudieran afectar a los intereses par- 
ticulares y generales del pais, ha- 
blan de igual modo muy en favor 
del general que las dicto y sobre 
todo, las hizo efectivas. 



BENAVIDES, VENANCIO 

Hombre de campo, capataz de 
estanc'ia en el departamento de So- 
riano, a quien se tiene por natural 
de Buenos Aires,- y el cual, junta- 
mente con Pedro Viera, bajo la su- 
gestion del comandante Ramon 
Fernandez, capitaneo el grupo de 
patriotas que, de los primeros, hicie- 
ron publica adhesion al grito de 
Mayo de 1810, en las margenes del 
arroyo Ascencio, el 28 de febrero 
de 1811. Logro reunir como cien 
hombres que llegaron a apoderarse 
de la poblacion de Mercedes y se- 
guidamente de la Villa de Soriano, 
para operar despues en Colonia. 

Figura que no se mantiene dos 
afios en el escenario nuestro, y fi- 
gura sin mas predicados que el va- 
lor, prestamente alejada de su cam- 
po original, la literatura lo ha ido 
vistiendo a su modo Uegando a 
transformarla en una entidad ca- 
prichosa con un tanto de leyenda. 

De Benavidez, en buena verdad, 
solo puede decirse que, aspirante a 
una posicion de jefe en la Banda 



BEN 



BEN 



Oriental soliviantada contra los es- 
paiioles, la presencia de Artigas in- 
vestido de mando, que trastornaba 
sus planes, lo perturbo aunque sin 
motivo. 

Sus exitos de armas no fueron 
mas alla en la zona sudoeste, y sus 
iimitados alcances lo descartaban, 
precisamente, ante los ojos de la 
Junta Revolucionaria de Buenos 
Aires. 

Descontento por la postergacion, 
atraveso el Uruguay para soiicitar 
de las autoridades portefias otro 
destino, y este se le concedio una 
vez que pudieron darse cuenta que 
no e.xistia en Benavidez, "hombre" 
como para contraponerlo, en caso 
necesario, a la influencia cada dia 
creciente de Artigas en la Banda, y 
cada dia perfilado con mayor per- 
sonalidad de gran caudillo. 

Destinado a formar en el ejercito 
del general Manuel Belgrano, que 
iba a abrir operaciones sobre el Al- 
to Peru, con grado de coronel que 
se le reconocia, deserto las filas pa- 
triotas cuando su jefe principio a 
retirarse hacia el Sur bajo la pre- 
sion de las fuerzas del general es- 
pafiol Pio Tristan. 

Agravando su conducta, siempre 
dentro de lo convencional de las 
noticias poseidas, Benavidez habria 
suministrado al jefe espafiol impor- 
tantes datos acerca de la fuerza y 
elementos con que contaba el ejer- 
cito patriota. 

Continuando a servicio del Rey, 
fue de los vencidos en Tucuman el 
23 de setiembre del afio 12, y vino 



a morir bajo las mismas banderas 
en la derrota de Salta, de un ba- 
lazo en la cabeza, el 20 de febrero 
de 1813. 



BENITEZ, INOCENCIO 

Militar, natural de la provincia 
argentina de Entre Ri'os, probable- 
mente de Federacion, antiguo Man- 
disovi, en la costa del Uruguay. 
Llego a sargento mayor de nuestro 
ejercito despues de haber hecho ca- 
si toda su carrera en filas de Guar- 
dia Nacional, a las que habia in- 
gresado como capitan de cabaileria 
el 4 de setiembre de 1862, siendo 
simple particular hasta entonces- 

Avecindado en el departamento 
del Salto, fue Benitez uno de los 
primeros pobladores del pueblo de 
Constitucion, cuando se repartie- 
ron los sclares iniciales en 1852. 

Capitan de la guarnicion del Sal- 
to, una fuerza a sus ordenes sor- 
prendio el 20 de marzo de 1864 al 
coronel revolucionario florista Ata- 
nasildo Saldafia, en momentos en 
que se hallaba enfermo en su es- 
tancia d; Palomas y con el a su pa- 
dre el sargento mayor Francisco 
Saldafia y a su secretario A. Toribio. 

El gobierno de Aguirre, magnifi- 
cando las proporciones militares de 
un episodio que en el fondo era con- 
secuencia de la delacion de un ve- 
cino de los jefes sorprendidos, pro- 
movio a Benitez a teniente coronel 
de guardias nacionales con fecha 
31 de marzo, al mismo tiempo que 



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BEN 



B'EN 



le decretaba una espada de honor. 

Figuro entre los defensores de 
Paysandu, donde fue hecho prisio- 
nero el 2 de enero de 1865, pero 
en seguida lo pusieron en libertad 
y emigro a Entre Rios. Alll tuvo no- 
ticia de que el claudicante gobier- 
no de Montevideo le habia conferi- 
do el nombramiento — puramente 
nominal desde luego — de Coman- 
dante Militar del Salto con fecha 
25 del propio mes. 

En procura de revancha y con- 
juntamente con el coronel Timoteo 
Aparicio, cruzo Benitez el Rio Uru- 
guay el 10 de febrero de 1868 con 
miras de tomar por sorpresa la ciu- 
dad del Salto, pero la tentativa fra- 
casd y se vieron obligados a regre- 
sar a la costa entrerriana de donde 
habian partido. 

El 5 de marzo de 1870, siempre 
como segundo"'"de Aparicio, volvio 
a la Republica en son de guerra, 
iniciando por las cercanias del pue- 
blo de Belen, en el departamento 
salteno, la revolucion blanca que 
solo tendria fin con la Paz de Abril 
de 1872. 

Mando la izquierda en el comba- 
te de Severino el 12 de setiembre 
de 1870 y tuvo gran participacion 
en las operaciones desarrolladas al 
norte del Rio Negro que eraa sus 
pagos y en los cuales, en especial 
hacia el Oeste, gozaba de prestigio 
personal. Su correligionario y com- 
pafiero de armas, el coronel J. P. 
Salvafiac, le disputaba sin embargo 
la supremacia a punto de que, re- 
volucionarios ambos y ante el ene- 
migo comun, Ilego a desposeerlo del 



mando arrebatandole las fuerzas 
que acaudillaba y obligando a Be- 
nitez a emigrar al Brasil, en octu- 
bre de 1871. 

En los afios 1873-74 presto servi- 
cios a ordenes de Ricardo Lopez 
Jordan en las revoluciones de su 
provincia natal donde le daban ti- 
tulo de general, pero el gobierno 
triunfo y fue obligado a refugiarse 
en nuestro pais. 

Adhirio al motin del 15 de enero 
de 1875, haciendo saber en un ma- 
nifiesto dado en el Salto, que era 
"leal sostenedor del gobierno a 6r- 
denes del general Timoteo Apari- 
cio". Las autoridades usurpadoras 
de Montevideo no lo utilizaron pa- 
ra cosa alguna, pero gracias a esa 
actitud, el gobierno lo dio de alta 
en el ejercito como sargento mayor. 
El 29 de enero del 76 fue baja por 
haberse ausentado de la Republica. 
Tres afios despues, el 26 de mayo 
de 1879, dejaba de existir en Monte 
Caseros, Corrientes. 



BENITEZ, LEON 

Militar nacido en la provincia de 
Entre Rios, que tuvo larga actua- 
cion en nuestras luchas civiles. Em- 
parentado con el coronel mayor An- 
gel Nufiez, siguio a este en su tra- 
yectoria politica. 

A servicio del general Fructuoso 
Rivera en 1838 como alferez del Es- 
cuadron l 9 de Milicias, fue uno de 
los vencedores de Cagancha el 29 de 
diciembre de 1839 y continuo a sus 
ordenes hasta el dia en que Nufiez, 



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BEN 



BEN 



defeccionando banderas, puso su va- 
lerosa espada a servicio del gene- 
ral Manuel Oribe, el enemigo de 
la vispera. 

Benitez aparece desde entonces en 
las lineas sitiadoras de Montevideo 
como oficial de la escolta de Nu- 
fiez y, despues que este fue mortal- 
mente herido en el combate de la 
falda del Cerro en marzo de 1844, 
paso en abril del mismo afio al Es- 
cuadron Escolta Restauradora a 6r- 
denes del comandante Pedro Pifiey- 
rua. Transferido mas tarde al de- 
partamento de la Colonia con la 
misma unidad, alli tuvo por jefe al 
coronel Lucas Moreno en el ultimo 
periodo de la Guerra Grande, al- 
canzando al grado de sargento ma- 
yor, en 1851. 

Cuando Urquiza, pronunciado con- 
tra el tirano de Buenos Aires, in- 
vadio la Republica para destruir el 
poder militar del general Oribe alia- 
do de Rosas, Bem'tez se excuso de 
servir a ordenes de su comprovin- 
ciano, alegando que sus heridas le 
impedian montar a caballo. Urqui- 
za, ardiendo en colera, le habria 
respondido: "Bueno, retirese no 
mas . . . pero tenga entendido que 
en Entre Rios yo hacia curar esas 
heridas con cuatro tiros". 

En 'esa situacion de interdicto, Be- 
nitez apresurose a escapar a Bue- 
nos Aires en la primera oportuni- 
dad, para sumarse a Ias filas rosis- 
tas. Alli se le reconocio como te- 
niente coronel argentino y tuvo 
mando de fuerzas en la batalla de 
Caseros, donde la tirania encontro 
la tumba el 3 de febrero de 18*2. 



Intervino luego en las contien- 
das civiles 'de su pais, pero encon- 
trabase de nuevo en el nuestro, 
cuando a fines de 1853, el levanta- 
miento del Partido Blanco en defen- 
sa de la autoridad legal del presi- 
dente Giro, le proporeiono ocasion 
de tomar las armas junto a sus com- 
pafieros del Cerrito. 

Operando en el departamento de 
Colonia, el Triunviro coronel Ve- 
nancio Flores lo alcanzo en el Sau- 
ce, el 9 de diciembre, haciendole 
porcion de bajas y tomandole pri- 
sioneros. 

En 1356, proscrito en Argentina y 
hallandose emigrado en Montevideo, 
organizo en compafiia de varios an- 
tiguos militares una expedicion re- 
volucionaria contra el gobierno de 
Buenos Aires, la cual, zarpando 
secretamente de Punta Carretas 
el 13 de enero, pudo tomar tie- 
rra en los alrededores de Zarate, 
en la costa bonaerense, el dia 27, 
luego de una recalada en la boca de 
San Juan, departamento de Colonia, 
del 14 al 17, para recibir mas hom- 
bres y mas armas. Formaban entre 
los invasores ademas de Benitez, los 
coroneles Geronimo Costa y Ramon 
Bustos. Una vez desembarcados se 
separaron, internandose en peque- 
fios grupos por distintos rumbos y 
logrando algunas incorporaciones. 

Las fuerzas gubernistas consiguie- 
ron darles alcance, sin embargo, pues 
no solo el plan de los revoluciona- 
rios estaba descubierto, sino que el 
gobierno de Buenos Aires habia da- 
do contra ellos ordenes de un rigor 
inaudito, las que se cumplieron al 



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pie de la letra renovando escenas que 
parecian desaparecidas para siempre. 
Bustos fue batido y muerto en Villa- 
mayor en el mes de febrero, y Cos- 
ta, prisionero casi al mismo tiem- 
po, fue pasado por las armas r,e- 
gun ordenes directas del goberna- 
dor de Buenos Aires, Dr. Pastor 
Obligado. 

Benitez hallabase a cuatro leguas 
de Lujan el 17 de febrero, cuando 
cayo en manos de una partida suel- 
ta cuyo jefe tem'a instrucciones de 
no dar cuartel y lo hizo ejecutar in- 
mediatamente. 



BERDUN, JOSE ANTONIO 

Jefe de las luchas de la indepen- 
dencia, en las cuales sirvio desde los 
primeros momentos como uno de loa 
buenos oficiales de Artigas, ganan- 
do justa nombradia. Sus antepasados 
espaiioles habian sido terratenientes 
en la region de las Minas, derivando 
de su apellido — segun parece — la 
denominacion de un cerro proximo a 
la actual capital del departamento 
de Lavalleja. 

Se le da como natural de Monte- 
video, nacido el afio 1778, deducien- 
do de las constancias del certificado 
de obito, y sus servicios, segun testi- 
ficaciones de antiguos companeros 
de armas, principiaron el afio 1801, 
como soldado a ordenes del capi- 
tan Manuel Callercs en el Regimien- 
to de Milicias Orientales, que opero 
contra los portugueses en la fronte- 
ra del Cerro Largo y Yaguaron. 

Revolucionada la Provincia Orien- 



tal el afio 11- para emanciparse del 
poder de los espanoles, Berdun adhi- 
ri6 a la causa de la patria prestando 
servicios en la 2? Division Oriental 
reunida por el coronel Manuel Fran- 
cisco Artigas en las zonas del sudeste. 

Fue participe en multiples en- 
cuentrcs con los realistas y una vez 
abiertas las hostilidades entre los 
Directores portefios y nuestro grafl 
caudillo, acompano a este en las cam- 
panas que tuvieron por teatro las 
provincias que reconocian a Artigas 
como Protector. En 1815 alcanzo a 
ser comandante de las fuerzas reu- 
nidas en el Arroyo de la China, En- 
tre Rios, puesto en el que desplego 
mucha actividad y dando pruebas de 
su espiritu organizador, pudo trans- 
formar en ef ectivos elementos de lu- 
eha las milicias heterogeneas que se 
le habian confiado. La figura de 
Berdun adquiere entonces relieves 
fuera de la jurisdiccion nativa, al 
frente de importantes contingentes 
entrerrianos y correntinos. 

Desencadenada la segunda inva- 
sion portuguesa el afio 16, pasaba 
por ser uno de los jefes mas repu- 
tados del ejercito de Artigas y en 
ese concepto, el brigadier imperia- 
lista Mena Barreto, fue destacado 
expresamente por el general Curado 
para batirlo. 

Puestos en contacto ambos rivales, 
Berdun experimento un sangriento 
reves sobre 'la costa del Ibiracoy, 
afluente del Ibicuy, el 19 de octubre 
del mismo ano. Conforme a las cifraa 
de Rfo Branco, el cual asigna al jefe 
artiguista una fuerza de 800 hom- 
bres, de los cuales 300 infantes y 



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500 jinetes, estimando sus perdidas 
en 262 hombres entre muertos, heri- 
dos y prisioneros, la resistencia de 
los patriotas estuvo por encima de 
toda ponderacion. Escapado perso- 
nalmente del desastre, Berdun pudo 
reunir todavia, en corto plazo, nu- 
merosos hombres de armas, al frente 
de los cuales vino hacia el sur para 
incorporarse al coronel Andres La- 
torre. Este jefe, tan valeroso como 
infortunado, experimento una terri- 
ble derrota el 4 de enero de 1317 en 
campos de Catalan, en tierras del 
actual departamento de Artigas, y 
el Marques de Alegrete, Capitan Ge- 
neral de la Provincia de Rio Grande 
accidentalmente en el ejereito del 
general' Curado, fue testigo de la he- 
roica lucha en que por parte nuesrra 
se perdieron 1.200 hombres inclu- 
yendo 27 oficiales, una bandera, las 
dos linicas piezas de cafion y mas de 
6.000 caballos. El desastre de Cata- 
lan constituyd, con razon, un dia 
negro para la causa nacional. 

Herido de bala en el entrevero, 
no es exacta, sin embargo, la aseve- 
racion de que los portugueses toma- 
ran prisionero a Berdun despues de 
una lucha cuerpo a cuerpo, pues el 
coronel recien cayo en manos de sus 
enemigos el 15 de setiembre, sor- 
prendido por Bentcs Manuel Ribei- 
ro en el pueblo de Belen. El vence- 
dor, careciendo de fuerzas para es- 
coltar a todos los prisioneros, limi- 
tose ,a remitir al campo de Curado 
al coronel Berdun y al teniente co- 
ronel Pedro Mosquera, ccn siete ofi- 
ciales y ochenta hombres mas entre 
clases y soldados. 



Berdiin fue conducido hasta Porto 
Alegre a donde llego • el dia 19 de 
octubre, para luego embarcarlo rum- 
bo a Rfo Janeiro. Su cautividad en 
el Imperio, en uno u btro recinto for 
tificado, prolongose por cuatro afios, 
y recien en junio de 1821 se sabe de 
su arribo' a Buenos Aires, con animo 
de fijar residencia en Entre Rios, a 
donde efectivamente paso, para tras- 
ladarse despues a Paysandu, y vivii 
allf sin ser incomodado, como vivian 
en la provincia anexada, porcion de 
antigucs jefes de la epoca artiguista 

El gobernador Lecor, que vigilaba 
atento a los que entre estos eran te- 
nidos por mas dificiles y sospecho- 
sos, concluyo por extranarlo tempo- 
ralmente de la Cisplatina. A la hora 
en que se produjo el levantamientc 
general contra el extranjero, si bfen 
no presto servicio militar en las 
huestes armadas, colaboro eficaz- 
mente desde la banda argentina, 
donde su amistad con el Gobernador 
de Santa Fe, Estanislao Lopez, fue 
utilizada a favor de la expedicion 
del general Rivera a las Misiones. 

Hecha la patria, la Repiiblica fue 
ingrata con este probado servidor de 
los primeros dias que, a su desampa- 
rada vejez, hallose excluido de ks 
premios de que disfrutaban los gue- 
rreros de la independencia, por una 
restriccion inexplicable de la ley que 
los instituia. 

Atacado de una dolencia cronica 
el ri^or de la dura necesidad lo lle- 
vo a refugiarse en una casa benefi- 
ciante, falleciendo en el Hospital da 
Caridad de Montevideo, el 30 ds 
enero de 1838. 



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Como si la incomprension y la in- 
justicia de lcs contemporaneos se 
hubiese prolongado a lo largo de] 
tiempo, tan solo en los ultimos anos 
ha sido objeto de merecida atencion 
su recia figura de hombre de gue- 
rra, y Placido Abad llevaba publi- 
cado cierto acopio de noticias, algu- 
nas de las cuales — por estar docu- 
mentadas — sirvieron para la redac- 
cion de esta biografia. 



BERGARA, GREGORIO 

Militar, nacido en 1801, el cual ha- 
bla comenzado su carrera como sar- 
gento en la Guardia Nacional de ca- 
balleria de extramuros de la capital 
el l 9 de agcsto de 1834, siendo ascen- 
dido a alf£rez el 21 de octubre de 
1836, despues de hallarse en la ac- 
cion de Carpinteria librada contra 
las fuerzas revolucicnari-as del gene- 
ral Rivera — que f ueron derrotadas — 
el 19 de setiembre de 1836. 

El 17 de noviembre de este mis- 
mo ano fue transferido al 3er. es- 
cuadron de caballeria de linea con 
grado de teniente 2 9 , ascendiendo a 
teniente 1? el 31 de octubre de 1837 
y a capitan de la ccmpania de Ti- 
radores el 25 de agosto de 1838. 

Cuando el presidente Oribe re~- 
nuncio el gobierno embarcandose 
para Buenos Aires, Bergara figuro 
entre los oficiales. que prefirieron 
acompanarlo en su emigracion, sien- 
do de los componentes de la "Le- 
gion Fidelidad" crganizada por Ser- 
vando Gomez. 

Despues de haber hecho las te- 



rribles y famosas campafias de las 
provincias argentinas en el ejerci- 
to que el tirano Rosas puso en ma- 
nos del ex-presidente uruguayo, y 
de hallarse entre los yencedores de 
Arroyo ' Grande, volvio a la Repu- 
blica cuando la invasion de diciem- 
bre de 1842, para seguir largo tiem- 
po en operaciones en la zona norte 
del pais, donde tendria nuevamente 
oportunidad de granjearse el aprecio 
de su jefe. 

Era uno de los jefes de gran con- 
fianza del general Servando Gomez, 
y mandaba la vanguardia de este 
el dfa del ataque y toma del pueblo 
del Salto el 9 de enero de 1847, que 
vino a ser la ultima de sus acciones 
miMtares, pues al poco tiempo su vi- 
da termiho cuando ostentaba galo- 
nes de comandante, victima de una 
rapida y violenta enfermedad en ju- 
nio de 1847, siendo jefe de la Di- 
vision Paysandu. 

Su perdida fue deplorada en el 
diario oficial del Cerrito "El Defen- 
sor de la Independencia America- 
na" en terminos altamente expresi- 
vos, pues se le llama uno de los bi- 
zarros y valientes soldados del ejer- 
cito, subrayandose el detalle de que 
el general Oribe habia manifestado 
profundo pesar en terminos que hon- 
raban la memoria del comandante. 

Segun testimonio de la prensa de 
Montevideo sitiado — insospechable 
por eso mismo — Gregorio Bergara 
era realmente uno de los militares 
de mas valor entre los que ccnta- 
ba el ejercito enemigo y sobre el cual 
no se anoto acusaciones de ninguna 
indole. 



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BERGARA, LUCAS Severo 

Oficial del ejercito uruguayo, 
cuya muerte violenta en Montevi- 
deo durante la dictadura del coronel 
Latorre, todavia constituye un mis- 
terio. 

Descendia de una iamilia de vas- 
cos espanoles emigrada a Francia, 
y nacio durante el viaje de sus pa- 
dres al Rio de la Plata. 

Paso sus primeros anos de juven- 
tud en Entre Rios siendo empleado 
de comercio en Gualeguay. 

Criollo por adaptacion, mezclose 
pronto en politica provincial, opo- 
sitor del general Urquiza. 

Incomodado por estas razones, vi- 
no a establecerse en la Villa del 
Salto. 

Recien empezaba su nueva vida, 
cuando con motivo de una real o su- 
puesta intervencion suya en un mo- 
vimiento proyectado contra Urqui- 
za, el coronel Diego Lamas, jefe po- 
litico del Salto, lo entrego a las au- 
toridades de Entre Rios, en abril 
de 1858. 

Ni la unica ni la ultima de estas 
extradiciones oficiosas, hijas de 
complicidad partidista uruguayo - 
argentina, habituales entonces, nacio 
de ella un odio profundo de Ber- 
gara hacia Lamas. 

Scmetido a la justicia fue conde- 
nado a muerte, en ultima instancia, 
como reo de conspiracion contra la 
vida del Jefe de Estado, por senten- 
cia de 15 de Junio de 1859. La pena 
se le conmuto por la de diez anos 
de destierro, pero a lo que resulta, 



destinosele al servicio de la armada 
de la Confederacion. 

Hombre capaz y desenvuelto co- 
mo era Bergara, desempenose tan 
cumplidamente, que en el ano 1861 
obtuvo el grado de subteniente de 
marina, con despachos que le otor- 
go en Parana el vice-presidente 
Juan E. Pedernera. A fines del mis- 
mo ano le fue permitido dejar el 
cargo y el almirante Bartolome L. 
Cordero le expidio, refrendada por 
el jefe de estado mayor S. Fonrou- 
ge, un honroso certificado haciendo 
constar su celo, actividad e inteli- 
gencia y su conducta honrada e in- 
tachable "que lo hacian un recc- 
mendable oficial". 

Iniciada poco despues la revolu- 
cion del general Venancio Flores 
contra el gobierno del presidente 
Berro, se incorporo Bergara a los 
soldados de la Cruzada, llegando a 
ser ayudante de ordenes del gene- 
ral en jefe, y mas tarde secretario 
del coronel Jose Gregorio Suarez. 

En la toma de Porongos en agos- 
to de 1864, fue herido de dos bala- 
zos en la pierna derecha, mientras 
procuraba salvar la vida de su com- 
pafiero Manuel Freire, caido en la 
lucha. 

Sus gravisimas lesiones le obliga- 
ron a hacer el resto de ia campana 
conducido en un carrito y quedo 
rengo para toda la vida. 

Mientras servia en la cruzada flo- 
rista escribio a los diarios de Bue- 
nos Aires numerosas corresponden- 
cias y cartas que revelaban sus fa- 
vorables condiciones intelectuales. 

De alta en el ejercito de la Re- 



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publica despues del triunfo, fue de- 
signado — atenta su calidad de in- 
valido — jefe de la mesa pagador'a 
el 19 de mayo de 1865 y ccnservo 
su puesto hasta 1867. 

Muy vineulado siempre al gene- 
ral Suarez, cuando se descubrio la 
famosa conspiraci6n de la mina (30 
junio - 1° julio de 1867), fue en- 
carcelado conjuntamente con aquel 
militar el 2 de julio. 

Sometido a varios interrogatorics, 
de los cuales no resulto el menor 
indicio de culpabilidad, la primera 
providencia del juez competente en 
cuanto se le did ingerencia legal, 
fue excarcelarlo. 

Si nada tenian que ver ni Berga- 
ra ni Suarez con el plan de vcla- 
dura del Fuerte de Gobiemo, la sos- 
pecha de que andaban en trabajos 
subversivos contra el jefe de la 
Cruzada tenia su fundamento, pues 
el general Suarez prestd conformi- 
dad; bajo su firma, a un programa de 
accidn revolucionaria, segun consta 
en documento original en el archi- 
vo Fernandez Saldana. 

En el gobierno del general Loren- 
zo Batlle permanecio alejado de la 
actividad militar, pero sin abando- 
nar la politica, escribiendo frecuen- 
temente en los diarios, y como direc- 
tor de "El Clamor Publico". 

En junio de 1871 estuvo preso en 
el fuerte de San Jose, bajo la in- 
culpacidn de delitos de imprenta y 
sustraido durante un mes a sus jue- 
ces naturales. 

Sin desvincularse nunca totai- 
mente de las cosas de Entre Rios, 
y muy compafiero del coronel Ei- 



cardo Lopez Jordan, se le halla fi- 
gurando en la aventura revolucio- 
naria del vapor "Portena" en lcs 
primeros dias de octubre de 1873. 

Bergara, con el capitan Adolfo 
Olivera y un grupo de compafieros, 
embarcaron en Montevideo ccmo 
pasajeros en el mencionado vapor 
y, una vez en aguas del estuario, 
se apoderaron violentamente de la 
nave para utilizarla en una revolu- 
eion jordanista. 

Los pasajeros fueron desembarca- 
dos en la ccsta de San Jose, perdien- 
dose en la operacion un tiempo pre- 
cioso para ios asaltantes. 

Declarado pirata el vapor "Por- 
tena", perseguido por los barcos 
uruguayos y argentinos, puso proa 
al este acercandose audazmente a 
las costas bravas de Maldonado y 
Rocha, ccnsiguio burlar la perse- 
cucion y llegar al puerto de Coro- 
nilla. donde Bergara y los suyos to- 
maron tierra, embarrancando el 
hermoso vapor que se perdid total- 
mente. 

Por decreto del 6 de cctubre, el 
gobierno del Dr. Ellauri "sin per- 
juicio de la jurisdiccion que cupie- 
ra a los tribunales" dio de baja al 
teniente coronel Bergara y a su 2 9 
el capitan Olivera, mieptras las au- 
toridades nacionales los perseguian 
obligandolos a pasar al Brasil, don- 
de un coronel Lima los desarmo y 
retuvo bajo vigilancia. 

Nuestro ministro en el Brasil, Dr. 
Carlos Maria Ramirez, reclamo del 
gobierno imperial la extradicion de 
los refugiados. en calidad de pira- 
tas, pero el Imperio ss nego s en- 



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tregarlos, arguyendo con justicia, 
que se trataba de un delito politico, 
excluldo pcr los tratados vigentes. 

Internado en la ciudad de San 
Francisco de Pelotas, consiguio Ber- 
gara burlar sus vigilantes, fugando 
en una embarcacion y llegando a 
la Republica, cuyo territorio atra- 
veso clandestinamente hasta Pay- 
sandu, donde tuvo una conferencia 
con Francisco Caraballo. 

A principics de 1874 estaba otra 
vez en la frontera del Brasil, co- 
rriendo voces de que maquinaba uria 
invasion a nuestro territorio, la cual, 
encabezada por el oficial Palmer, 
uno de sus hombres, llego a tener 
principios de ejecucion, a que puso 
fin la policia de Cerro Largo. El mi- 
nistro Ramirez torno a reclamar al 
Imperio que se le internara y se le 
vigilara. 

En el pais al ser derrocado el go- 
blerno del Dr. Ellauri, no hay ma- 
nera de seguirlo en ninguna activi- 
dad politica notoria, y vivla aparen- 
temente dedicado a mejorar su ha- 
cienda como empresario de cons- 
trucciones. 

Sin embargo, no faltaba el nom- 
bre suyo en cada rumor de trastcr- 
nos politicos y el ojo suspicaz de La- 
torre dictador, no lo perdia de vista. 

Acentuadas las sospechas del ti- 
rano, por verdad o pcr mentira, lo 
senalo para ser inmolado a sus te- 
mores. 

El 22 de marzo de 1877 concurrio 
al Fuerte de Gobierno, en compam'a 
de dos personas mas, gente de tra- 
bajo, Uamado a pretexto de la repa- 
racion de algunos edificioi publicos. 



Bergara paso al despacho del go- 
bernador, y cuando se hizo tarde y 
demorara en salir, un empleado in- 
ferior, portero o sargento, dijo a 
los albafiiles que podi'an retirarse 
porque el comandante ya se Labia 
ido pcr otra puerta. 

Es lo ultimo que se sabe de Ber- 
gara, cuya desaparicion era publica, 
el sabado 24 de marzo. 

El lunes recogia la noticia ''El 
Ferro Carril", agregando constarle 
que desde la antevispera las policias 
de todas las secciones estaban em- 
penadas en dar con su paradero, y 
que el gobierno habia telegrafiado 
a los departamentos, inquiriendo so- 
bre to mismo. Decia tambien que 
entre las hipotesis corrientes para 
explicar la desap'aricion, dos eran 
las mas aceptables: una fuga por 
deudas o una intervencion en los 
asuntos politicos entrerrianos, bas- 
tante revueltcs a la fecha. 

"La Tribuna" registraba como 
version corriente que desde el vier- 
nes 23 o el sabado 24, no se en- 
contraba en Montevideo el coman- 
dante Bergara y como causas facti- 
bles de explicar la desaparicion, las 
mismas que su colega de prensa y 
oficialismo. Insistia tambien en el 
interes — cficial y gubernamental — 
de dar con el hombre. 

La esposa del comandante, Marti- 
na M. de Bergara, nego en una car- 
ta que su marido pudiera haber fu- 
gado por deudas, pues la vista de 
sus libros y documentos garantian 
su perfecta solvencia. 

Quedo de pie unicamente, la sos- 
pecha y luego la seguridad de que 



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el gcbernador Latorre lo habia he- 
cho matar. 

Parece, efectivamente, que lo ul- 
timaron en el cuartel de Dragones 
— extremo sud de la calle Saran- 
di — y que envuelto en una alfom- 
bra le dieron sepultura en la expla- 
nada que da al' mar. 

Otros dijeron que lo habian arro- 
jado al mar, lastrado con una ba- 
rra de hierro, version que parece 
la verdadera por ser la forma de 
estilo! 

El gobierno fingio ignorancia com- 
pleta y como faltaba la constancia 
legal del fallecimiento, la cedula de 
viuda de dofia Martina le fue ex- 
pedida con caracter de provisoria. 

La verdad definitiva y detallada 
de esta tragedia posiblemente no 
llegue a saberse nunca, del mismo 
modo que otras de aquella funesta 
epoca. 

BERINDUAGUE. MARTIN 

Ministro, legislador y magistrado 
judicial. Aunque habia visto la pri- 
mera luz en Paysandu el 8 de enero 
de 1840, fue llevado al Salto en 
edad muy temprana y alli concurrio 
a la escuela primaria, demostrando 
condiciones tan sobresalientes que, 
en 1853, la Junta Economico Admi- 
nistrativa resolvio tomar a su cargo 
las expensas necesarias para que el 
aplicado joven pudiera hacer carre- 
ra superior en la capital, becado en 
el Colegio de la Union, conocido en 
la epoca por Universidad Menor. 



Bachiller al tiempo que se creo 
la plaza de Bedel de la Universidad 
el 26 de agosto de 1859, se le confio 
el nuevo cargo y en el se mantuvo 
hasta graduarse en jurisprudencia el 
25 de agosto de 1860. Secretario in- 
terino de la Universidad en 1863, 
fue confirmado en dicho puesto. 

Con afiliacion en el Partido Blan- 
co, habia formado parte del grupo 
de jovenes exaltados que agitaban 
el ambiente politico durante el go- 
bierno de Pereira, pero sosegado el 
animo con los anos, el Dr. Berin- 
duague se convirtio en hombre de 
ideas morigeradas y de tendencias 
oportunistas, que le permitieron 
acompanar a los politicos del cuar- 
telazo del 75, aceptando el 26 de 
abril de 1876 el puesto de Juez Le- 
trado de lo Civil e Intestados de la 
1* Seccion de la Capital, destino en 
que probo ser un magistrado estu- 
dioso, de muchos conocimientos y 
ajustado criterio. 

Cuando la Republica torno al re- 
gimen legal, convertido el dictador 
Latorre — siquiera de nombre — en 
Presidente constitucional, y hubo 
que proceder a la eleccion de nue- 
vos miembrcs del Tribunal Superior 
de Justicia, el Dr. Berinduague ob- 
tuvo mayoria de sufragios para in- 
tegrar la primera Sala, el 14 de 
marzo de 1879. En tal destino vino 
a hallarlo el conflicto de octubre de 
1882, de cuyas resultancias dimitio 
su cargo junto con los camaristas 
en mayoria, Vazquez, Castro, Galli- 
nal y Otero, los cuales fuercn sus- 
tituidos el 'dia 7 del citado mes. 



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Contraido a la atencion de su es- 
tudio pero sin desligarse de la poli- 
tica, fue elegido representante por 
el departamento de Flores en 1888, 
aunque no concluyo su periodo, pues 
en junio del propio afio, el Presi- 
dente de la Republica, general Ma- 
ximo Tajes, lo designaba secretario 
de Estado en la cartera de Justicia, 
Culto e Instruccion Publica, en re- 
emplazo de su correligionario nacio- 
nalista dimitente, el Dr. Duvimioso 
Terra. Berinduague permanecio en 
el gabinete por todo el resto de go- 
bierno del vencedor de Quebracho, 
o sea hasta el 28 de febrero de 1890. 

Los acontecimientos politicos de 
1897 - 98 contaron con su adhesion y 
despues del golpe de Estado del 10 
de febrero de este ultimo ano, di- 
sueltas las camaras, el dictador Juan 
Lindolfo Cuestas incluyo a Berin- 
duague en la lista de los miembros 
nacionalistas del Consejo de Estado, 
asignandole el numero 4. 

Restablecida la normalidad cons- 
titucional, el acuerdo de los partidos 
le permitio ingresar a la camara co- 
mo diputado por el departamento de 
Flores en la legislatura 1899 - 02 y 
en la renovacion parcial del Senado 
en 1904, fue votado para ocupar la 
banca del departamento de Rocha. 

Su mandato era sexenal, pero el 
2 de octubre de 1908 hizo dimision 
del cargo para ir a ocupar en la ma- 
gistratura el de Fiscal de lo Civil. 

Su competencia profesional y su 
vasto dcminio de las ciencias juri- 
dicas le hablan dado justo renombre 
en el foro. Habia sido, ademas, ca- 



tedratico de la Facultad de Derecho 
y miembro de varias comisiones re- 
visoras y redactoras de nuestros co- 
digos. 

Desempenando las funciones de 
Fiscal vino a encontrarlo el tiempo 
legal de retiro y fallecio jubilado en 
Montevideo el 26 de enero de 1915. 



BERMUDEZ, PEDRO PABLO 

Militar y funcionario piiblico, su 
condicion de hombre de letras con 
largos servicios, es la que le con- 
quisto un sitio en los anales de la 
literatura nacicnal, con su drama 
historico "El Charrua". 

Habia nacido en .Montevideo, hijo 
de Juan Maximo Bermudez, oficial 
de Artigas y de las guerras de la 
independencia, el l 9 de agosto de 
1816. 

A los 16 anos, el 25 de octubre 
de 1832, Uevado por sus inclinacio- 
nes, sento plaza como soldado dis- 
tinguido en el batallon de infan- 
teria de linea creado en 1831 y en 
esa unidad alcanzo el grado de sub- 
teniente el 10 de noviembre del mis- 
mo afio. 

El 20 de setiembre de 1833 turo 
un puesto en la Fiscalia Militar, que 
sirvio hasta el 4 de dicietr.bre de 
1834, fecha en que, cambiando de 
arma paso a la caballeria, ingresan- 
do en el Regimiento N 9 4, donde f ue 
promovido a teniente 2 9 el l 9 de ju- 
lio de 1835 y de aqui se le transfi- 
rio el l 9 de agosto siguiente al Re- 
gimiento N 9 1, antiguo 9° a orde^ 



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nes del teniente coronel Manuel 
Britos. 

En el servia cuando el afio 1836, 
en el mes de julio, el general Rive- 
ra alzado en armas contra el gobier- 
no, fracaso en la tentativa de atraer- 
se al regimiento de guarnicion en 
Tacuarembo. Por esta actitud el pre- 
sidente Oribe confirio a los compo- 
nentes de la unidad la primera me- 
dalla de premio militar decretada 
en la Republica. Bermudez, confcr- 
me a su grado, obtuvo medalla de 
plata. 

El 19 de setiembre de 1836 asis- 
tio a la batalla de Carpinteria, per- 
dida por Rivera, y se le promovio 
a teniente l 9 graduado el 26 de oc- 
tubre, incluido en el decreto que 
acordaba un ascenso a los jefes y 
oficiales que participarcn en la ac- 
cion, mas un diploma que los d:s- 
tinguia como "benemeritos de la 
patria". 

Teniente 1' efectivo el 13 de ma- 
yo de 1837, siempre en el 1° de ca- 
balleria, el 14 de enero del afio si- 
guiente paso al Escuadron de Ti- 
radores ascendido en la primera ie- 
cha a ayudante mayor, para llegar 
a capitan el 23 de abril y a sargen- 
to mayor el 18 de setiembre. 

Cuando en 1838 Oribe dimitio la 
primera magistratura para ausen- 
tarse del pai's, triunfante la revolu- 
cion riverista, Bermudez, ayudante 
de la Capitania del Puerto, fue dado 
de baja del ejercito el 16 de no- 
viembre y emigro seguidamente a 
la Republica Argentina. 

En el irrtervalo de esta ausencia 
de la patria, compuso en Buenos Ai- 



res, en 1842, su drama historico en 
5 actos y en verso "El Charrur.", 
cuyo manuscrito original tuvo la po- 
ca suerte de perder mas tarde, te- 
niendo necesidad de recurrir a la 
memoria y a algunos borradores 
casi indescifrables, cuando diez afios 
despues, ajustada la paz de octubre 
y viviendo en el Paso del Mclino, se 
dispuso a rehacerlo. 

De nuevo en el pais con la inva- 
sion de 1842, formando en el Ejer- 
cito Unido de Vanguardia de la Con- 
federacion Argentina mandado por 
Oribe, paso en el Cerrito todo el pe- 
riodo de la Guerra Grande y termi- 
nada esta fue incorporado al ejercito 
y con destino a la Comandancia Ge- 
neral de la 2 ? Seccion, en su clase 
de sargento maycr. 

En enero de 1853 presto servicios 
en la Guardia Nacional de la capi- 
tal y a fines de este mismo ario, en 
diciembre, en la Comandancia Mi- 
litar. 

En 1855, en el interinato guber- 
nativo de Manuel Basilio Bustaman- 
te, le fue encomendado — el 16 de 
noviembre — organizar la Guardia 
Nacioml de la Union, y en agosto 
del 56 el gcbierno de Pereira lo de- 
signo integrante de la Comisidn Cla- 
sificadora de la Guardia Nacional. 

Movilizada la Milicia de la capi- 
tal, se le hizo mayor de la misma 
el 21 de noviembre de 1856, destino 
que mantuvo hasta su renuncia del 
cargo en diciembre de 1857. 

Con gran predicamento ante el 
anciano presidente Pereira a quien 
servia como edecan, se le encargo 
ad-interin de la jefatura del Esta- 



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do Mayor del Ejercito el l 9 de ene- 
ro del 58, siendo promovido a te- 
niente coronel el 9 de febrero. 

El 21 de mayo siguiente fue se- 
cretario de la comision dictami- 
nante sobre proyectos de Ordenan- 
zas Militares, y tuvo la 2f jefatura 
del Regimiento de Caballeria de Ex- 
tramuros. , 

En 1859, vacante la Jefatura Po- 
litica de Montevideo por renuncia 
de Luis de Herrera, Pedro P. Ber- 
mudez lo sustituyo conforme a de- 
creto de 29 de julio. 

La administracion jefaturial de 
un ciudadano a la par ilustrado 
y honesto, sefialose por las varias 
reformas y mejoras de que informa 
la Memoria que corre impresa en 
1860. Ascendido a coronel gradua- 
do el 28 de febrero, muy poco 
tiempo sobrevivio el coronel Ber- 
mudez a esta ultima promocion, 
pues vino a fallecer el 2 de junio 
del mismo afio 1860. 

Su drama "El Charrua", despues 
de merecer varias opiniones favo- 
rables y la aprobacion y el aplauso 
que Acufia de Figueroa le expreso 
en verso, fue estrenado en 1853 por 
la compafiia de Matilde Duclos. 

Fuera de esta produccidn no exen- 
ta de meritos artisticos y literarios, 
siempre que, como debe ser, se la 
juzgue dentro de su epcea, el co- 
ronel Bermudez dejo ineditos un 
drama concluido y otro en comienzo 
— historico religioso — , que se titu- 
laria "El Obispo de Chiapas", cuyos 
manuscritos se perdieron. 

Colaborador en distintas revistas 
y periodicos, el album de poesias 



uruguayas colectadas por A. Maga- 
rifios Cervantes en 1878, contiene 
varias de sus composiciones, todas 
ellas de valor escaso, mismo en un 
conjunto dispuesto con criterio no 
precisamente severo. 

BERMUDEZ, WASHINGTON Jose 
Pedro 

Filologo erudito, periodista y hom- 
bre de letras, nacido el 7 de mayo 
de 1847 en el cuartel general del Ce- 
rrito de la Victoria. 

Hijo dcl coronel Pedro Pablo Ber- 
mudez y Josefa Estavillo Rojas, de 
conocida familia de Paso del Moli- 
no, su padre, oficial de las guerras 
por la independencia y cultor de 
las letras, debio influir en la ini- 
ciacion literaria del joven '.Vashirig- 
ton, no obstante mediar la circuns- 
tancia de que en su juventud tuvo 
veleidades de militar, sentando pla- 
za de guardia marina en un vapor 
armado a guerra, del cual paso co- 
mo artillero al regimiento del co- 
mandante Senen Freire, y comba- 
tio contra la revolucion traida al 
pais en 1863 por el general colora- 
do "Venancio Flores. 

Al vencimiento de su parcialidad 
pok'tica en 1865, Washington Bermu- 
dez quedo fuera de servicio, y en 
busca de la revancha fue de los 
oficiales que el 19 de febrero del 
68, al mando de su antiguo jefe el 
coronel Freire, asaltaron el Cuar- 
tel de Dragones situado en el ex- 
tremo sur de la calle Sarandi. Re- 
chazados con perdida del jefe, del 



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teniente Rulino Lujan y otros com- 
pafieros, Bermudez consiguio huir y 
ponerse a salvo. 

La revolucion blanca del coronel 
Timoteo Aparicio contra el gobier- 
no del general Batlle lo oonto en 
sus filas, sirviendo primero a las 
ordenes de Julio Arrue, y despues 
del desastre de Manantiales con 
Juan Maria Puentes, en los depar- 
tamentos del Norte. 

Sin embargo, la aficion a las le- 
tras a que se mostraba inclinado, 
heredada seguramente del padre, 
concluyo por imponerse en sus des- 
tinos, favorecido por naturales dis- 
posiciones, y tuvo franca expreslon, 
cuando, en la dictadura del coronel 
Lorenzo Latorre, Washington Ber- 
miidez fundo en Montevideo, en el 
afio 1876, un periodico satirico opo- 
sitor que llevaba por titulo "El Ne- 
gro Timoteo", cuyo primer numero 
corresponde al 20 de febrero. Fue 
este papel publico el linico que en 
la »epoca de la dictadura latorrista 
hizo oposicion. Encuadraba un tan- 
to el espiritu de "El Negro Timo- 
teo", con sus chistes abundantes de 
sal gruesa, en el modo de ser gua- 
rango y chocarrero de Latorre, y 
convencido este por otra jarte, de 
que no era con chascarrillos y ver- 
sitos como se soliviantaria la opi- 
nion publica ni se retemplanan las 
resistencias ciudadanas, toiero sin 
inconveniente la salida del Negro 
Timoteo, con lo cual se daba al mis- 
mo tiempo la sensacion — exterior — 
de que en el pais existia libertad de 
imprenta. 

En tiempo de Santos redacto Ber- 



mudez "La Epoca" y "El Pueblo", 
eflmeros diarios opositores de pole- 
mica e informacion, y en la epoca 
de Reus se le halla como organi- 
zador da cierto Banco Cooperativo 
del Uruguay, que nunca lle^o a te- 
ner existencia. 

Hecho en la oposicion, donde se 
suele ver unicamente lo malc de Ils 
cosas del gobierno, llego un dia en 
que al periodista opositor le toco 
mandar. En marzo de 1890, Bermu- 
dez fue nombrado Jefe Poiitico y 
de Policia del departamento de 
Treinta y Tres, recien electo Presi- 
dente de la Repiiblica el doctor Ju- 
lio Herrera y Obes. Pocas designa- 
ciones mas celebradas se habian co- 
nocido en el pais y los amigos y 
correligionarios del novel funciona- 
rio le ofrecieron un gran banquete 
de despedida. 

El depart&mento que iba a admi- 
nistrar lo recibi-6 ccn beneplacito, 
descontando una gestion ejemplar, 
tratandose de quien habia sido el 
censor despierto y encarnizado de 
tanto Jefe Politico. Bermudez, que 
principio enajenandose simpatias 
por cierto rigorismo hijo de un na- 
tural medio arbitrario y por sus 
frecuentes ausencias del cargo, ce- 
rro su etapa jefaturial preparando 
unas elecciones que no fueron pre- 
cisamente modelo. De este modo, el 
delegado del Poder Ejecutivo y el 
periodista vinieron a quedar en con- 
traposicion. 

Renuncio la Jefatura en noviem- 
bre de 1890, para estar en condi- 
ciones de ingresar a la Camara de 
Diputados, pues habia sido electo 



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representante por el depaitamento 
de Montevideo. Su periodo parla- 
mentario transcurrio y conciuyo sin 
destaque y Bermudez, que no fue 
reelegido, vio terminar alli su capi- 
tulo de vida parlamentaria y poli- 
tica. 

Volvio entonces al periodismo di- 
rigiendo "El Pobrecito Hablador", 
que aparecido el 1° de julio de 1894, 
ceso para dar sitio a una segunda 
epoca de "El Negro Timoteo", que 
— esta vez ilustrado con caricatu- 
ras — aparecio en marzo dei 95. 

La evolucion operada en la pren- 
sa y en el gusto literario, no per- 
mitio que el periodico encontrase el 
ambiente de antano y presto fue ne- 
cesario suspenderlo. 

Luego de colaborar en la revista 
"La Alborada", Bermudez tomo 
puesto en la redaccion del cotidia- 
no donde cumpliria la condena de 
escribir sin tregua hasta que, pos- 
trado por una terrible dolencia, vino 
a fallecer el 16 de noviembre de 
1913. 

Juzgado por lo general bajo el £.s- 
pecto de escritor satirico, ao es "El 
Baturrillo Uruguayo" — libro apa- 
recido en 1885 — , ni tampoco la co- 
leccion de "El Negro Timoteo", los 
que consagraran el nombre literario 
de Washington Bermiidez, como tam- 
poco han de ser sus versos ni su co- 
media "Una broma de Cesar" (1881), 
ni su ensayo dramatico "Artigas". 

El verdadero fondo excepcional y 
notable que se encubria en la capa 
de periodista, lo constituyeron sus 
conocimientos y estudios lingulsti- 
cos y de folklore, con que formo, al 



cabo de una prolija labor de muchos 
anos, un magnifico "Diccionario de 
voces, modismos y refranes del Rio 
de la Plata", del cual solo llegaron a 
publicarse algunas entregas, falto de 
editor y de medios para hac:rlo por 
cuenta propia. 

El dia que esta obra salga a luz, 
— mision de que podria nacerse car- 
go alguno de nuestros institatos fa- 
cultativos oficiales — Washington 
Bermiidez tendra un puesto de ho- 
nor entre los filologos americanos y 
la categoria de prestancia que le co- 
rresponde entre nuestros hombres 
de estudio. 

BERNARDEZ, MANUEL 

Periodista, escritor y funcionario 
cuya carrera termino en el puesto 
de Ministro diplomatico de la Repii- 
blica. 

Habia nacido en Cadiz el 13 de 
agosto de 1867. Sus primeros anos 
los paso Bernardez empleado en una 
pulperia de campana, en Arapey, 
departamento de Salto, pues sus pa- 
dres lo habian traido de Espana 
siendo un nifio de meses, y aquel 
medio rural arraigo esa raiz honda 
que se percibe tantas veces en sus 
narraciones y en sus cuentos. 

Destinado por hermosas disposi- 
ciones naturales de su intelecto para 
algo muy diferente a ser "depen- 
diente de lo de Urrutia", presto 
apuntaron imperiosamente las afi- 
ciones literarias del mozo, manifies- 
tas en ensayos y colaboraciones des- 
tinadas a la prensa saltena. 



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Relacionado con Serapio Borges, 
capitan que se movia alrededor de 
ciertos caudillos subalternos del de- 
partamento, fue a solicitud y por in- 
termedio de Borges que se traslado 
al Salto en 1885 para hacerse cargo 
de la direccion, vacante de impro- 
viso, de "El Salteno", organo presti- 
gioso, portavoz de uno de los clubes 
electorales. 

La poca edad y lamagra presen- 
cia fisiea del nuevo director, hicie- 
rcn dudar, en el primer momento al 
coronel Feliciano Viera, a sus co- 
mandantes y a los secuaces del gru- 
po; pero presto vino el convenci- 
miento general de que el fisieo 
no hacia a la capacidad eviden- 
te del novel redactor - jefe del 
periodico. Inicio entonces la carre- 
ra de toda su vida: periodista. Por- 
que Bernardez, en su larga trayec- 
toria de hombre de letras y mis- 
mo de funcionario, nunca dejo de 
serlo. 

Descriptor y colorista ameno, co- 
mentador ligero, sin perjuicio de ser 
observador hondo y de buena ley, 
poseyo un don atractivo, de entrada, 
y hasta el ultimo. El tema de sus 
libros, el fondo serio que se dijera, 
da la impresion de figurar en las 
paginas, porque se necesita que este, 
naturalmente, y debe estar en el de- 
curso de los articulos que se hilva- 
nan, 

De la redaccion donde se habia 
iniciado, siempre en el Salto, paso a 
escribir en "El Ejercito Uruguayo", 
publicacion de 1888, cuyas directivas 
las daba el coronel Juan Bernassa y 



Jerez. Usaba entonces el seudonimo 
de Pilatos, tratando cuestiones lite- 
rarias, pero mas tarde, en Montevi- 
deo, lo cambio por los de Selvatico 
y Paul Sabia. 

Establecido en Montevideo, ingre- 
so en el cuerpo de redactores de "El 
Heraldo", que Eugenio Garzon y An- 
tonio Bachini dirigian. 

Entonces habia publicado — -1887 — 
su libro "25 dias de Campo", afir- 
mativo de su garra y meritos de na- 
rrador. 

Vocal de la Direccion General de 
Instruccion Piiblica en febrero de 
1894, luego no mas diose de lleno 
a las actividades politicas y saco 
a luz "La Cruzada", periodico de 
politica, administracion, milicia y 
letras. Aparecido el 2 de mayo del 
96. debia cesar el 2 de f ebrero de 

1897, cuando Bernardez ingreso a la 
Camara de Diputados, votado por el 
departamento de Artigas para el trie- 
nio 1897 - 900. 

Solidario con la mayoria de la 
Asamblea en los sucesos politicos de 

1898, fue exonerado de su banca el 
dia 10 de febrero, en que el presi- 
dente del Senado, Juan L. Cuestas, 
se proclamo dictador, convencido de 
que no conseguia la mayoria de vo- 
tos para ser electo conforme a la 
ley. Emigro entonces para radicar 
en Buenos Aires, donde en seguida 
tuvo un puesto en la redaccion de 
"El Diario". 

Al cabo de dcce anos de vida en 
la Argentina, a cuyo periodo perte- 
necen sus libros "Viaje de Buenos 
Aires a Iguazu" (1901); "La Nacion 



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en marcha" (1904); "Hacia las Cum- 
bres" (1905), y otros varios titulos, 
casi todos en temas de viajes y cues- 
tiones agropecuarias, el l 9 de octubre 
de 1910 fue nombrado Consul Gene- 
ral del Uruguay en Brasil. El car- 
go, por resolucion de 18 de octu- 
bre de 1916, se convirti6 en diploma- 
tico, designandosele Ministro Pleni- 
potenciario de la Republiea. Para 
entonces tenia escritos: "El Brasil. 
Un Continente de Paz"; "El Brasil. 
Su vida, su Trabajo, su Futuro", 
editados en Rio Janeiro, y varias 
obras de semejantes orientaciones. 

Transferido a Italia el 30 de junio 
de 1920, paso a Belgica el 13 de 
febrero de 1925, y en este destino se 
jubil6. 

Reanudando actividades que habia 
abandonado virtualmente, dio a la 
prensa "La marcha secular', "El 
Uruguay entre dos siglos" y dos to- 
mos de poesias. 

Residiendo en la capital fluminen- 
se en calidad de consejero honora- 
rio de la Legacion uruguaya en el 
Brasil, finalizaron sus dias en no- 
viembre de 1942. 



BERNASSA Y JEREZ, JUAN 

Militar, general de division y mi- 
nistro de Guerra y Marina. Vio la 
primera luz en Montevideo el 2 de 
agosto de 1856, hijo'de un militar 
espafiol carlista, emigrado, Rafael 
Jerez. 

Despues de iniciarse en la vida 
como empleado de comercio mien- 



tras aprovechaba los ratos de ocio 
para estudiar, a lcs 18 afios se resol- 
vio a sentar plaza de voluntario en 
el Regimiento de Artilleria, cuyo je- 
fe, el comandante Placido Casariego, 
simpatizo pronto con su nuevo sol- 
dado. 

Alferez el 28 de setiembre de 1875, 
teniente 2 9 el 3 de octubre de 1876, 
estuvo alejado del Regimiento alre- 
dedor de un afio, durante el cual 
revisto en la Plana Mayor Pasiva y 
en el Taller Nacicnal, pero volvio a 
la unidad el 22 de enero de 1879 y 
el 26 de abril de 1880 fue promo- 
vido a teniente l 9 . 

En abril de 1881 entro a prestar 
servicios en la policia de la capital 
en funciones de comisario, obtenien- 
do galones de capitan el 2 de mayb 
del mismo afio. ^ 

En enero de 1883 estaba otra vez 
en el Regimiento de Artilleria, pero 
ya en calidad de tercer jefe, elevado 
a mayor el 20 de febrero de 1885. 

Cuando por ley de la Nacion creosa 
en la presidencia de Santos el Cole- 
gio Militar, solemnemente abierto el 
25 de agosto de 1885, el sargento 
mayor Bernassa y Jerez fue a diri- 
girlo conforme al decreto de 20 del 
mismo mes, teniendo como segundo 
inmediato al agrimensor Pablo Rou- 
re y Perera, el cual llevo cieria- 
mente mucha participacion en la 
buena marcha del nuevo organismo. 

Ascendido a teniente coronel el 9 
de febrero del afio 86, en visperas 
de la revolucion del Quebracho, a 
esas horas rodeaba el 'nombre de 
Bernassa y Jerez una aureola de 



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ilustracion, un poco inexplicable, si 
se fuera a buscar el fondo de las 
cosas. 

En esa tesitura y contando con 
buenos colaboradores, habia sacado a 
luz el periodico "El Ejercito Urugua- 
yo", el cual lucia en el cabezal un 
pensamiento solicitado ad - hoc al 
presidente, teniente general Maximo 
Santos, para que sirviera de divisa o 
lema. 

Encarifiado con el periddieo, que 
resulto interesante, Bernassa siguid 
publicandolo en la ciudad de Salto 
cuando el batallon 4? de Cazadores, 
del que se le habia nombrado jefe 
ef 8 de enero de 1887 y al cual logrd 
colocar en excelente pie, fue a guar- 
necer aquella capital litoral. 

Coronel el 26 de febrero de 1890 
y jefe del Regimiento de Artilleria 
Ligera el 26 de abril del propio afio, 
volvio a la direccion del Colegio Mi- 
litar el 19 de agosto de 1890, para 
estar al frente de dicho Instituto 
hasta que por decreto del 17 de 
marzo de 1894, el presidente Borda 
lo relevd del cargo dandole como 
reemplazante al general Juan Jose 
Diaz. 

Sin destino en la presidencia de 
Idiarte Borda, Cuestas lo designo 
Jefe Politico del departamento de 
Colcnia el 20 de setiembre de 1897, 
y de alli con igual cargo vino al 
departamento de Montevideo el 22 
de diciembre de 1898, durando sus 
funciones hasta el 13 de mayo de 
1899, fecha en que ' distanciado del 
Presidente, volvio a Colonia a tomar 



la direccidn de un periddico que ha- 
bia fundado. 

De alli, el 12 de marzo de 1903, 
el presidente Batlle y Ordonez lo 
trajo una nueva vez a la Jefatura 
de la capital y ascendido a coronel 
efectivo el 11 de julio del mismo 
ano, permanecio en su puesto hasta 
marzo de 1907, en que termino una 
gestion jefaturial circunspecta y ho- 
nesta. Miembro del Supremo Tribu- 
nal Militar, en calidad de ministro, 
en los dias del breve movimiento 
revolucionario nacicnalista de 1910, 
marcho a Paysandii nombrado Co- 
mandante Militar interino, con re- 
tencion de cargo. 

En el gobierno de Williman hizo 
un largo viaje por Europa, acompa- 
nando a Batlle y Ordonez en sus 
giras y con el regreso a principios de 
1911. Reelecto Batlle presidente en 
este mismo aiio, Uevo a Bernassa y 
Jerez — que desde el 11 de febrero 
de 1911 era general de brigada — 
como integrante de su primer gabi- » 
nete en calidad de ministro de Gue- 
rra y Marina. Desempefio el ministe- 
rio los cuatro afios de la presidencia 
y retorno al Supremo Tribunal Mili- 
tar al finalizar Batlle y Ordonez su 
gobierno. General de Division desde 
el 24 de febrero de 1915, alcanzd 
la edad de retiro el 10 de febrero de 
1919, viniendo a fallecer en esa situa- 
cion el 19 de febrero de 1924. 

Militar sin alta calidad que alcan- 
zara a destaearlo precisamente en- 
tre lcs militares de su epoca, debio 
tal vez a su civilidad, a sus aficiones 



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periodisticas, y a sus exterioridades 
simpaticas unidas a un buen fondo, 
cierto prestigio particular de que dis- 
fruto ante la opinion piibliea. 



BERRA, FRANCISCO A. 

Pedagogo de vastos conocimien- 
tos, cooperador eficiente en la obra 
de Jose Pedro Varela. Un precursor 
y un anticipado como teorico de la 
educacion en America Latina, pue- 
de figurar entre los grandes educa- 
dores. 

La circunstancia de haber nacido 
en Buenos Aires el 3 de diciembre 
de 1844, nada importa para que Ia 
obra educacional de Berra este v;n- 
culada de modo absoluto a la vida' 
pedagogica uruguaya, pues aqui es- 
cribio sus librfos fundamentales y 
en las escuelas del Uruguaj- tuvie- 
ron ensayo y aplicacion praotica sus 
ideas y sus metodos. 

Contaba ocho afios nada iris 
cuando su padre, un carpimero ss- 
pafiol, paso en 1852 a la Villa del 
Salto, donde vieron luz sus herma- 
nos. 

Desde temprana edad, su inteli- 
gencia y dedicacion lo distinguieron 
entre los mejores escolares salte- 
fios. Cuando en 1865 vino a Mcn- 
tevideo a proseguir estudios mas 
adelantados que lcs que podi'an pro- 
porcionarsele en el pueblo. no solo 
confirmo su calidad sino que pudo 
exhibirse como un discreto aficio- 
nado dibujante y pintor, realizando 



una muestra de trabajos entre !os 
que figuraba una vista general clel 
Salto. 

Licenciado en jurisprudencia en 
1872, una vocacion decidida lo in- 
clinaba sin embargo hacia las cues- 
tiones educacionales y se dedico a 
estudiarlas con el teson y la proliji- 
dad que constituyen el fondo de to- 
das sus labores. 

Ejercio la abogacia y fue perio- 
dista politico con afiliacion naciona- 
lista. Al abandcnar en 1877 "La De- 
mocracia", que venia redactando, Al- 
bistur lo llamo escritor de extrema- 
da conciencia, de intachable recti- 
tud y de erudicion notable, aunque 
sus articulos, sin suficiente forma 
periodistica, tuvieran algo de disqui- 
siciones doctrinarias de catedra. 

Pedagogo, hizo obra desurovisia 
de alma, segun alguien ha notado, 
esclavo del metodo "absciuto de 
ideas, su estilo fue sobrio y casi 
arido". 

Su labor docente se vincula a fon-- 
do con las campafias culturales de 
los Amigos de la Educacidn Popu- 
lar, la Sociedad Universitaria y el 
Ateneo del Uruguay, cuycs cursos 
universitarios se iniciaron en 1877, 
confcrme a un proyecto organco 
redactado por Berra. 

Su obra fundamental, de valor 
reconocido en todos los circulos fa- 
cultativos y titulada "Apuntes para 
un curso de Pedagogia", aparecio en 
Montevideo en 1878. A ella se afia- 
den "La doctrina de los metodos" 
(1882), y toda la serie de estudios 



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que integran la larga bibliografia 
pedagogica del distinguido profesor, 
cuya influencia alcanzo a ser deci- 
siva en las reformas educaciohales 
argentinas, cuando paso a residir en 
su pais natal. 

Interesado ipor la historia, fue au- 
tor del Bosquejo Historico de la Re- 
publica O. del Uruguay, opiisculo 
que aumentado despues en sucesivas 
ediciones, llego a ser en la 4 ? edi- 
cion de 1895, un volumen de mas de 
700 paginas que, por su plan y por 
las materias que abarca diferia con- 
siderablemente de las anteriores. 

El libro, que Uega desde los des- 
cubrimientos hasta 1830, fue uno de 
los mas discutidos en nuestro am- 
biente. Animado por el espiritu an- 
tiartiguista del ultrario en la prime- 
ra edicion, el autor persevero en su 
tesis, ahondando en ella sin repa- 
rar el curso de las nuevas investi- 
gaciones, de modo que cuando llego 
l'a hora de la revision del proceso, 
para que la justicia hablara donde 
hasta entonces solo habia hablado la 
pasion, el Compendio cayo envuelto 
en el fallo condenatorio. 

Su historia, proscripta de la ense- 
fianza en la reaccion artiguista del 
tiempo de Santos, llego a ser lite- 
rahnente perseguida, y en 1382 fue 
objeto de una brillante impugnacion 
por parte de Carlos Maria Ramirez, 
en su "Juicio Critico del Bosquejo", 
publicado en Buenos Aires. Berra 
respondio el mismo afio con una De- 
fensa Documentada en que intenta- 
ba defender su verdad "en aras de 
la verdad misma, sin sentimientos 
patrioteros ni vanas idolatrias his- 



toricas". Inutil empeno, pues existe 
cosa juzgada al respecto. 

El Bosquejo, que a estas horas es 
nada mas que una curiosidad biblio- 
grafica, constituyo, no obstante su 
equivocado criterio en el caso Arti- 
gas, el primer ensayo de un texto 
escolar de historia uruguaya seria- 
mente planeado y desarrollado con 
metodo cientifico. 

En el ano 1894 Berra se ausento 
de Montevideo para radicarse en la 
capital porteiia, su tierra de cuna y 
aunque su salud hallabase resentida 
por una dolencia al estomago que 
le obligaba a observar regfmenes se- 
vercs, pudo vivir todavia doce anos 
sirviendo a la causa de la educacion 
popular. 

En tal servicio lo alcanzo la muer- 
te el 13 de marzo de 1906. 



BERRO, ADOLFO Tiburcio 

Poeta, muerto muy joven, cuya 
desaparicion significo tal duelo pa- 
ra sus contemporaneos — considera- 
do como una de las grandes espe- 
ranzas de su generacion — que una 
Asamblea de la Juventud Oriental 
le decreto un sepulcro a su memo- 
ria. 

Nacido en Montevideo el 9 de 
agosto de 1819, fue el ultimo vas- 
tago de la pareja Pedro Francisco 
Berro y Juana Larranaga, circuns- 
tancia que pudo influir tal vez en 
su constitucion fisica siempre ende- 
ble. 

Cuando llego el momento de em- 
pezar los estudios superiores des- 



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pues de haberse preparado en los 
buenos colegios de entonces, fre- 
cuento el aula de Derecho del Dr. 
Pedro Somellera, para ser uno de los 
mejores disclpulos. 

Al mismo tiempo practicaba en el 
estudio del Dr. Florencio Varela, su 
orientador en disciplinas y lecturas. 

Interesado desde los comienzcs de 
su carrera por cuestiones soeiologi- 
cas y educacionales, la condicion 
desdichada de Ios esclavos, resto de 
barbarie colonial que deshonraba a 
la Republica, y la educacion popu- 
lar, polarizaron sus humanitarios 
afanes. 

El problema servil sobre todo, con 
sus miiltiples aspectos, le merecia 
tan particular predileccion, que el 
Tribunal de Justicia, por un acuerdo 
especial de 1839 lo designo asesor 
del Defensor de Esclavos, funciona- 
rio legalmente incumbido de la tu- 
tela legal de aquellos infelices. 

Considerando factible y practica 
la emancipacion y mejora de la gen- 
te de color, mediante el sistema de 
asociaciones, redacto, procurando 
armonizar el problema humano con 
el problema economico - politico, un 
plan de liberacion paulatina. 

Notorias estas actividades y estos 
benemeritos esfuerzos, sus tratos 
con las musas permanecian ocultos 
entre tanto y solo se supo de sus 
delicados versos por una feliz infi- 
dencia, de su hermana Maria. 

Llevaba escritas a esas horas mu- 
chas poesias y pudo anadir nuevas 
composiciones subsiguientes a la re T 
velacion. , - ■ 

Pero no muchas tampoco, porque 



enfermo prematuramente de un mal 
sin remedio y fue arrebatado a la 
vida a los 22 afios, el 29 de setiem- 
bre de 1841. 

Sus versos fueron publicados en 
1842 en un volumen titulado sim- 
plemente "Poesias", que Andres La- 
mas prologo con pluma de compa- 
nero y de amigo, pero inteligente y 
serena, analizandolos a la luz de la 
estetica de aquellos dias. 

No desmerecen en nada de la la- 
bor poetica de sus coetaneos los ver- 
sos de Berro y los superan dentro 
del ciclo de su breve vida. Justifi- 
can en la esperanza perdida, desde 
cualquier punto de vista, el duelo 
de Montevideo por la temprana 
desaparicion del joven poeta. 



BERRO, AURELIO Guzman 

Ministro de Estado, legislador y 
hombre de letras. Hijo de Miguel 
Antonio Berro, vio la luz en Mon- 
tevideo el 3 de agosto de 1834. 

Dedicado al comercio y a la vida 
de negocios como otrcs de sus pa- 
rientes que tuvieron elevados pues- 
tos bancarios, pudo labrarse en po- 
cos anos la respetable fortuna — que 
luego perderia con semejante faci- 
lidad — pero que le permitio edifi- 
car la residencia de estilo gotico, la 
mas suntucsa del Paso del Molino, 
que luego adquirio la Legacion Ar- 
gentina. 

Senador nacionalista por Cerro 
Largo en la 11 ? legislatura, la ma- 
yoria adicta al motin del 15 de ene- 
ro de 1875 lo declaro cesante en el 



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cargo dada la actitud opositora que 
habia adoptado, negandose a concu- 
rrir a las sesiones. 

Prcclamada la dictadura del coro- 
nel Latorre, Aurelio Berro, como gran 
parte de sus correligionarios, acep- 
taron el acercamiento al gobierno 
de facto y el dictador los fue utili- 
zando conforme a las necesidades 
o ccnvenieneias de la situacion. 

Fue en esas circunstancias que 
Latorre lo incluyo entre los miem- 
bros del Consejo Consultivo creado 
por decreto de 1877, para redactar 
un proyecto de ley de elecciones. 

Votado nuevamente senador por 
Cerro Largo en las camaras que se 
eligieron para investir a Latorre del 
mando constitucional el l 9 de marzo 
de 1879, este, sabiendo la competen- 
cia de Berro en materia financiera, 
lo llamo a formar parte del Minis- 
terio confiandole la secretaria de 
Hacienda el 11 de marzo. Cinco me- 
ses nada mas estuvo en ese cargo, 
porque sus proyectos de mejora y 
reorganizacion de las finanzas en 
bancarrota chocaron en seguida con 
un plan de propia miciativa del jefe 
del gobierno. Ignorante y simplista, 
Latorre se prcmetia salvar la ha- 
cienda nacional abriendo las puer- 
tas de la aduana por reduccion de 
los derechos; encargando de las fun- 
ciones policiales al ejercito; decre- 
tando el hambre a las clases pasivas 
y poniendo en la calle al cincuenta 
por ciento de los empleados piibli- 
cos. Sabese como fracasarcn — se- 
giin es regla — esas absurdas con- 
cepciones y como las malas finan- 



zas arrastraron al dictador al abis- 
mo obligandole a dejar el poder. 

Berro dimitio su cargo el 24 de 
agosto, pero la renuncia no fue con- 
siderada por el Pcder Ejecutivo 
hasta cuatro meses mas tarde, cuan- 
do el 27 de diciembre se resolvio 
ko hacer lugar a ella, debiendo el 
ministro retomar su puesto en la 
misma fecha. 

Tuvo Berro que reintegrarse de 
cualquier modo al gabinete cuando 
la situacion. espontanea y automa- 
ticamente, tocaba a su fin y con- 
cluiria con la renuncia y fuga del 
coronel Lalorre, antes de correr un 
trimestre, el 13 de marzo de 1880. 

En el gobierno de Santos, el ex- 
ministro inicio tareas de periodista 
como redactor de "El Telegrafo Ma- 
ritimo", pero hizo abandono de sus 
tareas a mediados del 86, requerido 
insistentemente en Buenos Aires por 
intereses de familia. 

A partir de esa epoca las activi- 
dades de Aurelio Berro radican en 
la Republica Argentina, vinculado a 
su hermano pchtico Eduardo Made- 
ro en la gran empresa de construir 
el puerto artificial de la capital por- 
tena. 

Su fama de hombre de negocios 
confirmada en el extranjero, hizo 
que el presidente Idiarte Borda le 
mandara ofrecer por intermedio de 
nuestro plenipotenciario Ernesto 
Frias el Ministerio de Hacienda, 
pero Berro no lo acepto, excusan- 
dose por los compromisos que lo li- 
gaban a intereses ajenos, de que era 
principal factor. 



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Circunscripto a sus nuevas activi- 
dades, olvidado el politico y el ha- 
cendista, solo scbrevive el nombre 
de Aurelio Berro en nuestros ana- 
les, como el vate laureado en la Flo- 
rida al inaugurarse el Monumento 
de la Independencia en 1879, y que 
luego triunfo en el extranjero con 
accesit en los Juegos Florales del 
Centro Gallego de Buenos Aires en 
1882, con su canto a la Industria, y 
obtuvo dos nuevos premios en cir- 
cunstancias analogas en 1884, con 
sendos cantos a Rivadavia y a Quin- 
tana. Asiduo cortejante de las mu- 
sas, sus poesias de correcta factura 
pero sin verdadera inspiracion, que 
corren insertas en distintas antolo- 
gias, no llegaron a coleccionarse nun- 
ca en libro. 

Fallecio Aurelio Berro en Buenos 
Aires el 5 de diciembre de 1911. 



BERRO, BERNARDO Gervasio 

Hijo del presidente Berro, que si- 
guio la carrera militar, llegando a 
sargento mayor en el ejercito, aun- 
que en las filas de sus correligiona- 
rios, donde fue caudillo, se le otorga- 
ra el titulo de general. Nacido en 
Montevideo el 19 de junio de 1840, 
comenzo sus servicios de armas cuan- 
do la revolucion del general Cesar 
Diaz en 1857, en calidad de alferez 
del batallon que mandaba el coro- 
nel Pedro Lenguas, pero sin alcan- 
zar a hallarse en la jornada de Quin- 
teros. 

Ascendido a teniente en el go- 



bierno de Pereira, en 1858, cuando 
el general Venancio Flores se alzo 
en armas contra el gobTerno de sw 
padre, en 1863, tuvo destino en el 
ejercito del general Juan Saa, jefe 
extraho a nuestro ambiente, que 
en muchas ocasiones supo asesorar- 
se de su capitan, ciudadano repo- 
sado y de consejo, conocedor por su 
propia situacion f amiliar de los hom- 
bres y de las cosas. A esta influen- 
cia atribuyese, por ejemplo, que el 
despues coronel Pampillon a quien 
iban a pasar por las armas por de- 
htos militares, salvase la vida. 

Triunfante a principios de 1865 la 
revolucion colorada que alejo del go- 
biemo del pais a su partido politico, 
Berro abandono el ejereito, redu- 
ciendose a la condicion de agricultor 
en la chacra famihar del Manga y, 
cuando el 19 de febrero de 1868 fra- 
caso la tentativa revolucionaria en^ 
cabezada por el ex - presidente Be^ 
rro y este fue muerto simultanea- 
mente con el ex - dictador Flores, 
huyo a Buenos Aires junto con su 
hermano Mariano, depositario de 
muchos detaUes secretos de la cons- 
piracion tan tragicamente abortada 
aquel aciago dia en las calles de 
Montevideo. 

Extranjero dedicado a tareas rura- 
les, no pudo, sin embargo, por im- 
posiciones 'del ambiente y a merito 
de los vinculos de amistad que lo 
unieron a ciertos hombres pollticos 
argentinos, sustraerse a las luchas 
que agitaban entonces la provincia 
argentina y hasta llego a cargar es- 
pada a favor de algun bando. 



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De regreso en el pais el ario 1877, 
en la dictadura de Latorre, periodo 
de gobierno sin partidismo bien de- 
finido y en el que algunos de los 
suyos tuvieron importantes desti- 
nos, marcho a la campafia del ac- 
tual departamento de Treinta y 
Tres como administrador de una 
gran estancia de la Compania Pas- 
toril, y liquidada esta tuvo un des- 
tino policial como sub - delegado de 
Pando, departamento de Canelones, 
del que era Jefe Politico Mariano 
Berro. 

Mezclado con el coronel Nicasio 
Galeano en trabajos revoluciona- 
rios, -se le exonero del puesto en 
1886, viendose en el caso de emi- 
grar, hasta que despues del fracaso 
de la invasion en Quebracho, aco- 
giose a indulto para volver a ha- 
cerse estanciero en sus campos de 
Binc6n de Ramirez y figurar como 
uno de los caudillos nacionalistas 
prestigiosos en la zona. Asi tuvo 
oportunidad de probarlo en el mo- 
vimiento revolucionario de 1897 en 
la cual, Jefe de la Division Treinta 
y Tres, aguerrida y numerosa, hizo 
toda la campafia y vio caer a su 
lado en el combate de Acegua, a 
su hijo Teodoro. 

Ajustada la paz de setiembre de 
1897, el gobierno de Cuestas le con- 
fio la Jefatura Politica y de Policia 
de Treinta y Tres, cargo en que, a 
fuer de hombre culto, supo desem- 
penarse como un correcto y honra- 
do funcionario, y del que hizo aban- 
dono en 1903 por motivos politicos. 

Yolvio, a las armas en la revolu- 



cion de 1904, mostrando en las prin- 
cipales batallas el valor y la calidad 
de soldado que lo caracterizaban. 

Anciano y mortificado por sus 
achaques, no falto a la cita de los 
companeros en los sucesos de 1910 
y en esa ocasion fue hecho prisio- 
nero por las fuerzas gubernistas. 

Su salud le exigio, poco despues, 
retirarse a Montevideo y en la ca- 
pital tuvo fin su existencia el 28 
de mayo de 1913. 



BERRO, BERNARDO Prudencio 

Presidente constitucional de la 
Reptiblica, ministro, senador y hom- 
bre politico de perfiles propios. 

Nacido en Montevideo el 28 de 
abril de 1803, era hijo de Pedro 
Francisco Berro, ciudadano con ser- 
vicios a la causa patria y de Juana 
Larrahaga. 

Su educacion fue vigilada por el 
presbitero Damaso Larranaga, tio 
suyo, y tal vez por eso mismo estu- 
vo por encima de la corriente de la 
epcca. 

Establecido con una casa de co- 
mercio en los alrededores de Mon- 
tevideo, hizo abandono de ella para 
presentarse como voluntario en las 
fuerzas que sitiaban a Montevideo, 
en la lucha reiniciada en 1825 por 
la liberacion de la Prdvincia. Ejer- 
cio funciones de ccmisario pagador 
del ejercito patriota hasta el 15 de 
noviembre de 1826 y cuando nuestro 
primer Gobierno se instalo en Ca- 
nelones, tuvo el cargo de oficial 



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l 9 de la policia provincial, des- 
de el 24 de noviembre del mismo 
afio hasta la conelusion de la gue- 
rra. Entonces alejose de todo cargo 
o funcion publica, resuelto a consa- 
grarse a tareas rurales en la estan- 
cia que su padre poseia en Casupa, 
departamento actual de Minas. Alli 
estuvo hasta 1832, fecha en que viene 
a Montevideo para figurar dirigien- 
do o redactando periodicos como 'La 
Diablada", opositores al gobierno del 
general Rivera y a sus principales 
colaboradores, escritos en estilo des- 
comedido y con ataques personali- 
simos, hojas efimeras, algunas de las 
cuales solo alcanzaron a tirar cinco 
o seis numeros. 

Presto .apoyo a la sublevacion 
anarquica de Lavalleja del 5 de ju- 
lio, por odio a Rivera. Cuando este 
general enarbolo bandera revolucio- 
naria contra el presidente general 
Manuel Oribe en 1836, se puso a 6r- 
denes del Gobierno. El 30 de enero 
de 1836 se le habia nombrado te- 
niente 1° de la l 9 compania del 3er. 
Escuadron de Guardias Nacionales 
de San Jose, tocandole hallarse en 
la batalla de Carpinteria, librada el 
19 de setiembre. 

Diputado pcr el departamento de 
Maldonado para la 3 ? legislatura 
elegida en noviembre de 1836, sin- 
dicose Berro como apasionado par- 
tidista, siendo el quien sostuvo la 
formula, radicalisima, por la cual 
las camaras declaraban que el trai- 
dor Rivera y su inicuo bando que- 
daban sujetos, para siempre, al ana- 
tema de muerte que la patria ultra- 



jada pronunciaba contra sus perso- 
nas, y que se prcclamaria beneme- 
rito de la patria a todo el que con- 
tribuyese al exterminio de tales 
malvados. 

Era por esa epoca un destacado 
elemento intelectual, que integraba 
la Comision Censora de Teatros y la 
de E-iblioteca y Museo. 

Cultor de las letras, se citan en- 
tre sus producciones poeticas una 
Oda a la Providencia y — en escala 
superior — algunos trozos de su 
"Epistola a Dionicio", pequefio poe- 
ma de genero bucolico, que puede 
leerse en el album de versos colec- 
tado por Alejandro Magarinos Cer- 
vantes en 1878. 

Disueltas las camaras a la hora 
del triunfo de la revolucion fiveris- 
ta en octubre de 1838, retorno a 
sus haciendas de Casupa, para alter- 
nar la vigilancia de las faenas cam- 
peras con el cultivo de las letras y 
las aficiones de naturalista adquiri- 
das al lado de Larrahaga. 

Los afios 42 y 43 los paso en Rio 
Janeiro accmpafiando a una herma- 
na enferma que iniitilmente buscaba 
alivio en un cambio de clima, vol- 
viendo a la patria cuando Oribe ya 
habia puesto sitio a Montevideo. 

Presente en el campo del Cerrito, 
colaboro en "El Defensor de la In- 
dependencia Americana" y por de- 
creto de 11 de noviembre de 1844 
fue nombrado Juez de lo Civil y 
Criminal en primera instancia, pa- 
sando luego a ser miembro del Tri- 
bunal cuando este hallose organiza- 
do el 12 de msrzo de 1845. 



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En. la ocasion que el general Ori- 
be dispuso resucitar como entidad 
legal en ese mismo afio 45, las ca- 
maras disueltas en 1838 y cuyo ter- 
mino hallabase concluido hacia un 
lustro, Berro asistio a las sesiones 
de aquel seudo - parlamento con su 
mandato de representante electo pa- 
ra el trienio 37 - 40. 

Ministro de Gobierno el 27 de no- 
viembre de 1845, reteniendo su cargo 
en el Tribunal, se mantuvo en el 
puesto hasta la conclusion de la 
Guerra Grande en octubre de 1851. 

Su preparacion y sus aptitudes 
para la funcion publica habian que- 
dado de manifiesto en los casi seis 
afies de actuacion en el Cerrito en 
una secretaria tan compleja y tan 
recargada de problemas y trabajo. 
De este punto de vista, segurarnente, 
debio ser un gran factor en la 
marcha administrativa del gobierno 
de Oribe, pero es indudable tambien 
que su influencia politica fue nula 
y que se estrello siempre contra la 
voluntad del titulado presidente, in- 
accesible, en su obsecacion extra- 
viada, a ia solueion nacional que por 
tantas partes se anhelaba. 

Un cargo fcrmulado como el mas 
grave contra Berro en funciones de 
Ministro del gobierno del Cerrito, ha 
sido, seguramente, la parte que le 
cabe en la aplicacion y vigencia de 
la inicua ley que confiscaba los bie- 
nes del enemigo para adjudicarselos 
a sus partidarios, conforme a la vo- 
luntad del general Oribe. A este res- 
pecto conviene subrayar las anterio- 
res palabras de aplicacion y vigen- 



cia, pues esa es la intervencion que 
cupo al ministro Berro. La ley, obra 
del enconado doctor Villademoros, 
tiene fecha 28 de julio de 1845 y. 
aquel no integro el gabinete hasta 
el 25 de noviembre del mismo afio. 

Tuvo participacion en las negocia- 
ciones de la paz de 8 de octubre, 
pero a pretexto de que no deseaba 
aparecer como adulador de Urquiza, 
se nego a saludarlo siquiera y si sa- 
ludo al general Garzon, lo hizo con 
la salvedad expresa de que saludaba 
al viejo amigo de la epoca de la 
independencia y de las luchas anti- 
riveristas. Pareceria deducirse de 
estas actitudes, mas bien la acritud 
de un oribista vencido y despechado, 
que el franco regocijo de un ciuda- 
dano que se decia campeon de la 
fraternidad nacional. 

Senador por Minas al ccnstituirse 
la legislatura en 1852, resulto electo 
para presidir el Senado, por resig- 
nacion legal de Joaquin Suarez, has- 
ta el l 9 de marzo. En ese interinato 
fue entregada a las autoridades ar- 
gentinas la isla de Martin Garcia, 
parte integrante del territorio nacio- 
nal, que se habia reivindicado por 
las armas en la guerra contra Bosas. 
Acto largamente discutido, parece 
que Berro entendio que con su apre- 
suramiento ganaria para el futuro 
presidente Juan F. Giro, las simpa- 
tias de Urquiza, el poderoso general 
entrerriano. 

Con motivo del viaje que el nuevo 
gobernante emprendio por los de- 
partamentos de la Republica, tuvo a 
cargo suyo el Poder Ejecutivo desde 



— - 194 — 



BER 

el 28 de octubre de 1852 al 12 de 
enero de 1853, fecha del regreso de 
Giro. 

El 4 de julio de 1853 fue Uamado 
por este para desempefiar funciones 
de ministro de Gobierno y Relacio- 
nes Exteriores, puesto que mantuvo 
hasta que el movimiento revolucio- 
nario del 18 de julio coloco al go- 
bernante en la necesidad de hacer 
abandcno del mando para refugiarse 
en la Legacion de Francia, donde 
Berro fue a reunirsele. 

Desde este asilo, despues de pro- 
testar en un manifiesto, que ambos 
continuaban con su investidura legal, 
creyeron posible ejercerla tambien 
en los hechos y — en esa inteligen- 
cia — en la Legacion fueron exten- 
didos nombramientos militares y 
redactadas circulares polrticas, y se 
coloco la Aduana bajo la proteccion 
de los agentes de Francia: pero como 
estas medidas no hallasen el eco 
que los asilados esperaban, dejaron 
la Legacion el 29 de setiembre. 

La actitud indecisa de Giro, an- 
ciano apocado de animo, convirtio a 
Berro en la cabeza visible del mo- 
vimiento de reaccion contra el 
Triunvirato constituido en Montevi- 
deo. El gobierno, provisoriamente 
a cargo del general Cesar Diaz, 
expidio el decreto de 12 de diciem- 
bre por el cual — con lamentable 
extravio injustificable — cualquier 
autoridad podia proceder a la 
aprehension de Bernardo P. Berro y 
pasarlo por las armas sin mas *re- 
quisito que justificar su identidad, 
pero Berro no pudo ser habido y 



BER 

permanecio oculto hasta la deroga- 
cion del brutal acuerdo. 

Un movimiento del Partido Blanco 
en fa\ r or del gobierno caido, cuya 
jefatura militar correspondio al co- 
ronel Dionisio Coronel, fue vencido 
y despues de los sucesos Berro se 
dio activamente a la politica, mani- 
festando ideas fusionistas en un fo- 
lleto publicado en 1855, e intervi- 
niendo en la Union Liberal, agrupa- 
cion accidental fracasada a poco 'e 
constituirse. 

Sa'lio senador por Maldonado en 
1856 — en la presidencia de Gabriel 
A. Pereira, donde sin haber contado 
con la voluntad de este mal gober- 
nante, la influencia de su amigo el 
coronel Bernardino Olid proporcio- 
nole el triunfo. 

Al termino del mandato constitu- 
cional de Pereira, Berro fue elegido 
Presidente de la Republica, merced 
a ia presion que en la definiti'va lu- 
cha de grupos para consagrar un 
candidato, hicieron sentir a favor 
suyo jefes tan influyentes como 
Bernardino Olid, Gervasio Burguefio 
y Servando Gomez. 

•'Era — ha escrito Alberto Palo- 
meque — una personalidad curiosa. 
Siempre en el hecho, actuo en un 
circulo extremo, por mas que tuvie- 
ra en los labios y en la pluma frases 
de concordia y de union . . . Politico 
surgido de una escuela tumultuosa 
y autoritaria, cuyo sentimiento ata- 
vico se reflejaba en sus relaciones 
con los jefes militares del Cerrito, 
sabia de la fuerza del caudiliaje y 
no ignoraba que ese elemento de 



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accion era el que decidiria en ultima 
instancia la eleccion presidencial 
del l 9 de marzo de 1860." 

No encuadra en un diccionario 
biografieo el estudio pormenorizado 
del cuadrienio gubernamental de 
Berro, correspondiendo decir unica- 
mente que fue un recto magistrado 
que administrd honradamente los 
dineros publicos, pero tambien un 
politico absolutista y de limitadas 
vistas, a quien tal vez perturbaba la 
conviccion de una superioridad in- 
discutible. De este modo, inauguro 
su gobierno declarando que no to- 
leraria que se levantasen banderas 
de los viejos partidos con motivo ni 
pretexto alguno, lo cual equivalia a 
un ataque al sesgo contra la li- 
bertad politica. El despido del gran 
ministerio, las crisis de gabinete, 
sucesivas, y su actitud en el con- 
flicto con el vicario apostolico Mon, 
Vera ccnfirman, por lo demas. el 
absolutismo esencial de que se le 
•acusa a Berro. 

Combatido pcr una revolucion 
traida al pais en abril de 1863 por 
un caudillo del Partido Colorado, el 
general Venancio Flores, el gobierno 
contaba con todos los medios nece- 
sarios para combatirla y scfocarla. 
Pero las tendencias divergentes que 
actuaban en las altas esferas politi- 
cas, y la falta de compenetracion 
entre el Presidente y sus generales, 
antes que el poder o la superioridad 
de los rebeldes, permitio a estcTs 
agrandarse hasta recorrer el pais en 
todas direcciones sin arriesgar nun- 
ca una verdadera batalla, ni verse 



obligados a librarla tampoco, por los 
militares del gobiernc. 

Las soluciones paeificas, tentadas 
a poco de encendida la guerra civil, 
fracasaron por intransigencias que 
hallaban fuerte asidero en el modo 
intimo del Presidente de la Repu- 
blica, celosisimo de su autoridad v 
de su preeminencia. 

En los ultimos meses de mando, 
la ruptura de Berro con un respeta- 
ble niicleo del Partido Blanco, se 
tradujo en la sublevacion del coro- 
nel Bernardino Olid, apoyando a los 
miembros opositores del Senado. La 
muerte del caudillo en armas evito 
la prosecucion de este brote anar- 
quico en presencia del enemigo co- 
mun, pero a la ccnciusi6n de su e- 
riodo constitucional el l 9 de marzo 
de 1864, la situacion politica era de 
una gravedad extrema. 

Desalojado del poder el Partido 
Blanco en febrero de 1865, el ex- 
presidente, que continuaba siendo la 
personalidad de mas volumen y mas 
prestigiosa dentro de las filas par- 
tidistas, se mantuvo en una actitud 
reservada mientras llegaba el mc- 
mento de tomar la revancha contra 
los colorados vencedores. 

Los trabajos desarrollados con 
absoluto sigilo, sospechados apenas, 
y no de que pudieran provenir del 
lado de Berro precisamente, se tra- 
dujeron en hechos el 19 de febrero 
de 1868, cuando el general Flores 
concluia de resignar la dictadura y 
la Republica habia entrado de nuevo 
al regimen constitucional. 

Personal en modo absoluto el gol- 



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pe en proyecto, pues no participaban 
en el plan sino jefes militares fieles 
y adictos al ex-presidente, la tenta- 
tiva fracaso no obstante ciertas ven- 
tajas logradas en el primer momen- 
to. Aparte la victimacjon del general 
Flores, los demas numeros del plan 
resultaron fallidos y el propio Berro, 
aprehendido en la calle, perecio de 
muerte violenta en la carcel del Ca- 
bildo donde lo encerraron, en aquel 
dia de excepcional y tremenda me- 
mcria. 



BERRO, CARLOS Balbin Antonio 

Ministro, legislador y hombre po- 
litico, nacido en Montevideo el 17 de 
enero de 1853, hijo del despues Pre- 
sidente de la Republica, Bernardo - 
P. Berro. 

En 1870 paso a Chile, hizo la ca- 
rrera de doctor en jurisprudencia en 
la Facultad de Santiago, graduando- 
se de abogado. 

A poco de su vuelta a la patria, 
despues de un corto ejercicio de la 
carrera, se le nombro en 1878 Juez 
Letrado del departamento de Co- 
lonia, cargo que recien se creaba, 
y de alli fue trasladado con destino 
identico al departamento de Salto el 
26 de julio del mismo afio. No prosi- 
guio en la magistratura sin embargo, 
pues renunciando al Juzgado, abrio 
en la capital saltena su estudio de 
abogado, libre entonces para empren- 
der trabajos politicos. 

Su actuacion opositora y su pro- 
pio apellido hicieron que fuese vi- 



gilado de cerca por el gobiemo de 
Santos, por lo cual paso a la Repii- 
blica Argentina. De alli, poco des- 
pues, estaba de nuevo en el pais, 
pero entonces ccmo revolucionario 
y jefe civil, en compafiia del Dr. 
Luis Maria Gil, del movimiento ini- 
ciado por el mayor nacionalista 
Maximo Layera, vadeando el Uru- 
guay por el Hervidero el 4 de mar- 
zo de 1885. Las tropas gubernistas 
sofocaron la tentativa apenas produ- 
cida, tomando prisioneros a Layera 
y a Gil. Berro, lo mismo que Juan 
Francisco Mena y Ramon Martire- 
na, consiguieron, tras grandes difi- 
cultades, refugiarse en el Brasil. 

Participo en la campana de 1886 
contra la dominacion personal del 
general Santos, pero la evolucion po- 
litica iniciada el 4 de noviembre con 
el Ministerio de la Conciliacion, vi- 
no a ofrecer a los partidos enfrenta- 
dos hasta entonces en cruda lucha, 
un campo nuevo para dirimir sus 
contiendas, y el Dr. Carlos A. Berro 
resulto electo diputado por Minas en 
la 18 ? legislatura, que inauguro sus 
sesiones en 1888. 

Designado por el presidente He- 
rrera y Obes para ocupar el Minis- 
terio de Justicia, Culto e Instruccidn 
Publica en su primer gabinete el 11 
de marzo de 1890, abandono la banca 
de la camara y tuvo a su cargo esa 
secretaria de Estado hasta el 17 de 
diciembre del propio afio. Senador 
por Treinta y Tres en 1891, cargo 
del que paso a diputado por Artigas 
en 1897, en el lo hallo la revolu- 
eion nacionalista de ese afio. Enton- 



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ces, pareciendole que su permanen- 
cia en la rnisma asamblea cuya lega- 
lidad sus correligionarios combatiai 
con las armas en la mano, era algo 
incompatible, dejo de asistir a las se- 
siones, por lo cual fue emplazado y 
luego exonerado de su investidura 
por la mayoria parlamentaria. En 
poco tiempo, el Dr. Caiios Berro ha- 
bia pasado de la camara bordista al 
campo de la revolucion, que traia 
como bandera derrocar al presidente 
Idiarte Borda. 

Representante de la tendencia ne- 
tamente conservadora dentro del 
nacicnalismo, clerical ultramontano, 
sirvio de valioso nexo entre el ele- 
mento catolico y su partido en 
nuestras cuestiones internas. En ac- 
tividad continua, su gestion en el 
comite revolucionario que funciona- 
ba en Buenos Aires fue importanti- 
sima y, politico realista a la vez que 
inteligente y astuto, intervino a, su 
hora como uno de los negociadores 
de la paz de setiembre de 1897 y fue 
uno de los firmsutes del convenio. 

Siguio la politica de su partido 
colaborando en el golpe de Estado 
de Cuestas el 10 de febrero de 1898 
y erigido aquel en gobernante de 
facto, acepto un asiento en el Con- 
sejo de Estado que se creaba para 
sustituir las camaras derrocadas. 

Diputado por Rivera en 1899 al 
'retornarse a las normas constitucio- 
nales, al termino de su mandato fue 
electo nuevamente por Cerro Largo 
para,el trienio 1902-04 y figuro como 
uno de los gestores de la precaria 



paz de Nico Perez en marzo de 1903. 

Al ano siguiente, en enero, esta- 
116 una formidable revolucion na- 
cionalista y Berro, como sus demas 
correligionarios de la camara, fue 
desaforado del parlamento. Vencido 
el movimiento ingreso al Senado por 
el voto de Cerro Largo para el sexe- 
nio 1905-11 y luego reintegrose a la 
camara de diputados, representante 
por Montevideo en los periodos 
1914 - 17 y 1917 - 19. Antes de fina- 
lizar este mandato, vigente la Cons- 
iitucion de 1917, en cuyas delibera- 
ciones habia terciado en caracter de 
miembro de la Asamblea, fue elegi- 
do para integrar el Consejo Nacional 
de Administracion. 

Cuatro afios, del l 9 de marzo de 
1919 al 28 de febrero de 1923, des- 
empefio tan alto cargo y fenecido su 
termino de ley, acogiose a la jubi- 
lacion, falleciendo en tal categoria 
el 15 de octubre de 1930. 



BERRO, MARIANO Balbino 

Naturalista, historiografo y funcio- 
nario. Hijo del despues Presidente 
de la Republica, Bemardo P. Berro 
y de Praxedes Bustamante, vino al 
mundo en la Villa de Minas el 8 
de diciembre de 1833. durante una 
residencia accidental de los suyos, 
que poseian estancia en Casupa. 

Se educo en los mejores colegios 
de la capital y a los 25 anos, en el 
gobierno de Pereira, fue designado 
oficial 2 9 del Ministerio de Hacien- 



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da el 24 de abril de 1858, cuando 
desempefiaba la cartera Federico Nin 
Eeyes. De este empleo paso el 30 
de octubre de 1861 a oficial 1? de 
la Jefatura Politica de Montevideo, 
tocandole interinar la Jefatura en 
octubre-diciembre del 63. 

En 1865, desalojado del poder por 
la fuerza de . las armas el Partido 
Blanco, en el que siempre militara, 
Berro ausentose para al Republica 
Argentina, dcnde se mantuvo en ac- 
titud francamente hostil a la situa- 
cion imperante en el pais. 

Kevolucicnario bajo las banderas 
del coronel Timoteo Aparicio en la 
revolucion nacionalista de 1870 - 72, 
fue herido de gravedad en la batalla 
del Sauce el 25 de diciembre de 1370. 

Adherente al golpe militar del 15 
de enero de 1875 y al gobierno extra- 
constitucional que le subsiguio, tuvo 
una banca de diputado por Canelo- 
nes en las Camaras de 1876, concci- 
das por Camaras Negras por la pro- 
bada obsecuencia de sus miembros, 
pero que apenas si llegaron a sesio- 
nar, pues el dia en que el coronel 
.Lorenzo Latorre, ministro de Gue- 
rra de Varela, se proclamo dictador, 
el Parlamento se disolvio por si solo, 
sin necesidad de decreto, convenci- 
dos sus miembros de que en verdad 
ni tenian ni habian tenido nunca 
mandato de la soberania. 

El 17 de enero de 1877, el dicta- 
dor, a quien apoyaba la gran mayo- 
ria del Partido Blanco y especial- 
mente sus elementos conservadores, 
hizo a Mariano Berro Jefe Politico 



de Canelones, y Berro lo acompano 
fielmente por todo el tiempo de su 
dominacion irresponsable, desempe- 
nandose como un funcionario traba- 
jador y administrador excelente, 
mientras apcyaba al gobierno de 
fuerza reclutandole firmas y votos 
para petitorios y maniobras de su 
politica, junto con los jefes milita- 
res blancos que habian seguido al 
dictador. 

Para la fecha en que abandond 
su cargo, en marzo de 1880, el de- 
partamento podia lisonjearse de con- 
tar con multiples adelantos utiles 
debidos al celo del delegado del eje- 
cutivo, y la villa de Guadalupe, su 
capital, con un comodo edificio para 
asiento general de las oficinas pu- 
blicas principales. 

A partir de esta fecha no vuelve 
a figurar Berro en la administra- 
cion nacional, por mas que nunca 
hizo abandono de su actividad de 
partidario. En cambio, la nueva faz 
de su vida es la que le va a ganar 
un sitio en nuestrcs anales histori- 
cos, convertido en hombre de cam- 
po en su estancia de Vera en el de- 
partamento de Soriano, y siendo en 
todo sentido un eficientisimo factor 
de progreso rural, ejemplo vivo por 
el cuarto de un siglo, de los mila- 
gros que puede llevar a cabo la per- 
severancia y el afan inteligente de 
un hombre. 

Alternando con sus tareas de ca- 
'banero, fue periodista redactor de 
"El Telegrafo", diario aparecido en 
Mercedes en 1893, desde cuyas co- 



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BER 



lumnas enseno el amor a los arbo- 
les y a los animales, condenando la 
crueldad campesina y propugnando 
por el mejoramiento de las clases 
desheredadas. 

Con orientaciones filosoficas dis- 
tintas a las del resto de su familia, 
fue hombre de ideas emancipadas, 
que participo en la fundacion y en 
las actividades de la Union Liberal. 

Fruto de su afieion a las ciencias 
naturales — heredada de Larrafiaga a 
quien tuvo por maestro — , es el her- 
moso estudio sobre las Gramfneas de 
Vera, aparecido en 1906. 

Con anterioridad habia publicado 
en 1900, y bajo el titulo de Ciudad 
y Campo, una seleccion de sus ar- 
ticulos periodisticos. 

Asimismo fue autor de dos tomos 
de "Notas para escribir la historia 
civil y colonial" dadas a la imprenta 
en 1895, donde se registran noticias 
curiosas y, en 1912, publico tambien 
"La Escuela antigua en Soriano", 
contribueicn muy apreciable a la 
historia de nuestra cultura. 



BERTONET, Antonio ADOLFO 

Maestro armero y mecanico fran- 
ces, a quien se debe la introduccion 
del telegrafo electrico en la Repu- 
blica. 

El general Melchor Pacheco y 
Obes, agente diplomatico del gobier- 
no de la Defensa, contrato sus ser- 
vicios en Paris en 1849, para uiili- 
zarlos en el Parque de Artilleria de 
Montevideo. 



Asimilado a sargento mayor, gra- 
do superior al que tenia en su pais, 
desempefib sus funciones hasta la 
paz de octubre de 1851, despues de 
la cual estableciose en la capital con 
ramo de armeria y afines, habieudo 
sido el contratista de la acufiacion 
de la medalla militar otorgada a ios 
vencedores de Caseros. 

En el curso de un viaje a Frtn- 
cia efectuado en 1854-55, estudio con 
particular interes el invento mara- 
villoso del telegrafo electrico, que 
venia de ensayarse a traves del ca- 
nal de la Mancha y de regreso a 
Montevideo trajo consigo un equi- 
po completo del mas perfeccionado 
sistema telegrafico en uso. 

Hombre de imaginacion, prociive 
a colocarse al margen de la reali- 
dad, su plan consistia en establecer 
de inmediato la linea telegrafica que 
uniera Montevideo y Buenos Aires. 

Para dar una dempstracion publi- 
ca y acabada del portento cientifi- 
co, instalo una red aerea proviso- 
ria en un trayecto aproximado de 
mil metros y el domingo ?3 de ju- 
lio de 1855, Montevideo asistio a la 
primer prueba de comunicaeion por 
telegrafo electrico realizada en eJ 
Rio de la Plata, con la presencia 
del primer magistrado 6" la Repu- 
blica general Venancio' Flores, del 
ministro frances M. Maillefer y de 
altos funcionarios publicos. 

El exito completo que norono el' 
ensayo hacia prever que la micia- 
tiva de utilizar el nuevo sistema a 
traves del Plata, conforme al pen- 
samiento de Bertonet, era una co- 



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sa de realizacion segura, pero a pe- 
sar de la buena propaganda de la 
prensa y del concurso que se le ofire- 
cio al "magister artium" por alp.u- 
nos particulares, la empresa no se 
pudo financiar. 

Bertonet, por otro lado, no se 
distinguia por su perseverancia y 
pronto nuevas actividades eomer- 
ciales aqui y en la capital porte- 
fia, lo llevaron por otros caminos. 

Embarcado en un importante ne- 
gocio de armas, pues tambien esta- 
blecio casa de este ramo en Buenos 
Aires, emprendio un nuevo viaje a 
Europa y fallecio en su pals nativo 
a poco de llegar. 



BERTRAN, Fermin EDUARDO 

Militar, diputado y politico, cuya 
vida desconcertante y agitada, tan- 
to como su fin tragico, lo eterniza- 
ron en los fastos de nuestro pa- 
sado. 

Hijo del comerciante catalan Cris- 
tobal Bertran y de Felicia Pefia, na- 
tiva de Soriano, vi6 la primera luz 
en el Cordon de Montevideo el 11 
de octubre de 1821. 

Frecuento los buenos colegios de 
su epoca, donde se hizo de la pre- 
paracion solida que su padre desea- 
ba utilizar para que lo sucediera en 
el giro de sus negocios, pero el hijo, 
de caracter vivo y voluntarioso, to- 
mo otros rumbos. 

Soldado de la Defensa de Monte- 
video, junto con Fernando Torres, 
a quien debia ligarlo despues estre- 



cha amistad y parentesco, fue par- 
ticipe de las disidencias internas del 
Partido Colorado y, enrolado como 
elemento de accion en el grupo que 
se denominaba conservador, que era 
la fraccion principista, los votos del 
departamento de Canelones lo lle- 
varon a la camara de diputados en 
1855. Desde alli, con sus correligio- 
narios el Dr. Jose Mufioz y To- 
rres, hizo cerrada oposicion al go- 
biemo del general Venancio Flores, 
combatiendolo despues con las ar- 
mas en la mano, en los alzamien- 
tos civicos del 28 de agosto y del 
25 de noviembre de 1855. Con tal 
motivo, el gobierno de Manuel Ba- 
silio Bustamante declaro a los tres 
diputados responsables de las conse- 
cuencias que pudiera ocasionar la 
perturbacion de la tranquilidad pu- 
blica. Dominada la tentativa revo- 
lucionaria, abandono el pais y, en 
esta situacion, un decreto de 11 de 
enero de 1856, le prohibi6 — a la 
par de sus colegas — regresar al pals 
mientras las camaras no resolvieran 
sobre el caso, considerandolo como 
peligroso para la paz. Pero el 29 de 
febrero, ultimo dia del interinato de 
Jose M? Pla, este derogo el decreto 
de destierro y los diputados pudie- 
ron reintegrarse a la camara con 
acuerdo de esta. 

No estaba Bertran en la Republica 
— en viaje por California — a la ho- 
ra que se alzo en armas el general 
C<§sar Diaz en 1857, pero cuando el 
general Venancio Flores revolucio- 
no el pais seis anos mas tarde, ol- 
vidando viejas rivalidades, incorpo- 



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r6se a Ias filas de la Cruzada Li- 
bertadora, siendo de los que va- 
dearon el Uruguay, a las ordenes 
del coronel Enrique Castro, el 30 de 
setiembre de 1863, como infante y 
con grado de capitan. 

Vencedora la revolucion, Flores, 
erigido en dictador, prolongando ex- 
cesivamente su gobierno de facto, se 
enajeno, por esta razon. muchas sim- 
patias de los que habian sido sus 
partidarios. 

Algunos hasta llegaron a conspi- 
rar contra su antiguo caudillo, y 
Bertran estuvo entre ellos. Exaltado, 
■como si toda la vieja fobia florista 
hubiera reverdecido, convirtiose en 
enemigo del Gobernador Provisorio 
■y en ese estado de espiritu — hombre 
■sin suficiente control como era — 
■planeo y puso en ejecucion, valien- 
dose de dos austriacos de apellido 
Neumayer, que actuaron como "tec- 
nicos", la excavacion de una mina 
con carga de polvora, que debia ex- 
plotar debajo del despacho de Flo- 
res, en el Fuerte de Gobierno. 

La trama, por gran suerte, se des- 
cubrio a tiempo el 30 de junio de 
1867. Bertran pudo ganar el Brasil, 
permaneciendo en la emigracion 
hasta que en el gobierno de Ellauri, 
en 1873, regreso al pais, amparado 
por todas las garantias que le ase- 
guraba un magistrado respetuoso de 
las leyes. 

En retribucion de estas- garantias, 
Bertran tomo partido contra Ellauri 
y la parcialidad politica que lo apo- 
yaba, fue un factor coadyuvante del 



motin de 1875, y a fines del ano se 
le halla en Buenos Aires, encargado 
por el gobierno de Varela de es- 
piar a los emigrados uruguayos y 
dar cuenta de sus actividades re- 
volucionarias. 

El regimen dictatorial del coronel 
Latorre, regimen ferreo subsiguiente 
al desquiciado periodo de Varela, 
frustro quien sabe que esperanzas 
de nuestro agitado conciudadano, 
pronto siempre a la protesta y a la 
amenaza y poco cuidadoso de ocul- 
tarlo. 

Pero el Gobernador Provisorio era 
persona muy distinta del presidente 
Ellauri, y, con proposito de hacer 
un escarmiento que a la vez demos- 
trase sus rumbos de futuro, deter- 
mino la eliminacion de Bertran por 
estilo tremendo. 

El 10 de abril de 1876, a pleno 
sol y en una calle centrica de Mon- 
tevideo, el agitado ex - comandante 
fue mortalmente herido a punaladas 
y tiros por el ayudante mayor Va- 
lcntin Martinez, oficial del 59 de 
Cazadores y por un soldado del mis- 
mo cuerpo, de cuyas consecuencias 
fallecio tres dias despues sin haber 
recobrado el conocimiento. (Ver Va- 
lentin Martmez). 

Con la muerte de Eduardo Ber- 
tran, dispuesta por Latorre y lleva- 
da a cabo sin misterio y a corta 
distancia de la Casa de Gobie-rno, se 
inauguro la funesta serie de ejecu- 
ciones extra-legales de la dictadura 
del famoso Coronel que habia de 
ensombrecer su memoria. 



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BESNES E IRIGOYEN, JUAN 
MANUEL 

Caligrafo, en lo que Uamariamos 
su titulo oficial, fue — en subsidio — 
litografo, topografo, dibujante, acua- 
relista y maestro de escuela. 

Temperamentalmente, sin embar- 
go, era un dibujante que rayo casi 
en grafomano. De haber tenido pre- 
paracion suficiente, a empuje de su 
tenaz voluntad de trabajador, qu;en 
sabe a donde habria llegado en li- 
des de dibujo y pintura. Asi y to- 
do, ha sido el mejor documentador 
grafico de nuestro pasado. 

Vasco espanol nacido en San Se- 
bastian, el 12 de julio de 1788, lle- 
go a Montevideo en mayo de 1809. 
Maestro en caligrafia, las autorida- 
.des espafiolas le dieron quehacer en 
las oficinas del gobierno de la ciu- 
dad y concluidas las dominaciones 
hispana y luso-brasilefias, quedo Bes- 
nes e Irigoyen incorporado a nues- 
tra sociabilidad en forma definitiva. 

Alterno sus actividades entre la di- 
reccion de varias escuelas, princi- 
piando por la de la Sociedad Lancas- 
teriana, en 1823 y las tareas de deii- 
neador de la Comision Topografica. 

El 14 de enero de 1839, el gene- 
ral Rivera lo hizo vocal de dicho 
instituto, al que con el tiempo He- 
garia a presidir y en el cual obtuvo 
su jubilacion en julio de 1857. 

Iniciado por el belga Jose Gielis 
«n el arte litografico en el afio 1838, 
fue dueno de un establecimiento de 



esta clase y se le designo litografo 
del Estado en 1843, recien comen- 
zado el sitio de Montevideo. 

Permanecio durante los duros 
afios del asedio dentro de los mu-' 
ros de la capital, en contacto con lo 
mas distinguido de nuestros hom- 
bres y con los esclarecidos extran- 
jeros que la barbarie rosista habia 
dispersado y vivian refugiados en 
nuestra ciudad. 

Fue miembro de Ia Honorable 
Asamblea de Notables en 1850, del 
Instituto de Instruccion Piiblica al 
crearse en el afio 1857 y del Consejo 
Universitario. 

Tocole, dada su gran competencia 
en la materia, el ingrato cometido 
de actuar en el peritaje de los pa- 
peles que llevaron al comerciante 
montevideano Luis Baena ante el 
Consejo de Guerra, acusado de en- 
tendimiento ccn el enemigo y, por 
el fallo sin discrepancia de los dos 
expertos, los cuales manifestaron 
que la letra era semejante a la del 
inculpado, Baena fue fusilado al 
otro dia, en octubre de 1843. Bes- 
nes e Irigoyen, incapaz de matar 
una mosca, cayo enfermo de resul- 
tas del fatal informe. 

Cultivo sus aficiones caligraficas 
hasta 'avanzada edad, existiendo tra- 
bajos suycs ejecutados a los 74 y 
75 anos, cuyos trazos son una ma- 
ravilla de limpieza. 

Verdadero ilustrador de ios pri- 
meros cincuenta anos de la vida 
uruguaya, el aporte de Besnes e Iri- 
goyen a la iconografia historica r.a- 



BES 



BET 



cional no tiene precio, aun dentro 
de la imperfeccion que campea en 
sus dibujos y de la deficiencia ccn 
que se desempefiaba en el retrato. 

Sus croquis, sus esbozos apenas, 
sus perfiles, sus notas a medias, 
junto con sus litografias retocadas 
seguramente por mano ajena, sus 
series de acuarelas y sus trabajos a 
pluma, constituyen el archivo mag- 
nifico donde con la ingenuidad y la 
verdad de un primitivo hay que ir 
a documentarse respecto a figuras, 
aspectos y cosas del pasado nuestro. 

Por mano suya sabemos desde el 
aspecto de la Plaza Matriz cuando 
se juro la Constitucion el 18 de 
julio de 1830, hasta los pequefios 
sucesos capitalincs, pasando por lo 
que pueda interesar en las dos pri- 
meras presidencias, el Sitio de Mon- 
tevideo — ampliamente ilustrado en 
todos sus aspectos — y los periodos 
subsiguientes. Ademas, es autor de 
un notable diario de viaje al Du- 
razno en el ano 1839 y otros de me- 
ncr cuantia, en que anota sus visi- 
tas a Buenos Aires y a San Fer- 
nando (R. A.), en 1852, al deparla- 
mento de Florida en 1855 y a San 
Jose el ano siguiente. 

Asimismo se conservan gracias al 
lapiz de Besnes, los rasgos fisono- 
micos de cierto niimero de proce- 
res y de personas destacadas de las 
primeras epocas patrias. 

Como nada debia escapar a sus 
actividades plasticas, ni siquiera fal- 
ta en la obra de Besnes e Irigoyen 
labor de escultor, conforme lo cer- 
tifican los marmoles tumbales exis- 
tentes en el Cementerio Central. 



Atacado de una violenta pleuie- 
sia en el invierno de 1865, fallecio 
el 21 de agosto en una casa de su 
propiedad, que todavia, con un piso 
alto afiadido, se conserva mas o me- 
nos como era entonces en la calle 
Reconquista casi esquina Ituzaingo 
y senalada en su epoca con el nu- 
mero 176. 

Puede verse para ampliacion de 
r.oticias: J. M. Ferndndez Saldana. 
"El dibujante J. M. Besnes e Irigo- 
yen". 54 pdginas. Montevideo, 1919, 
inserto tambien &n la revista del 
Instituto Historico y Geogrdiico del 
Uruguay, y en la misma, un estudio 
de Horacio Arredondo con muchas 
ilustraciones. 

BETANCUR, NORBERTO 

Sacerdote, de los primeros uru- 
guayos formados en Roma. 

Nacido en Canelones el 6 de ju- 
nio de 1841, hizo parte del grupo 
de seis seminaristas compatriotas 
que por su contraccion y lo aventa- 
jados en el estudio, el Provisor Ecle- 
siastico Vera envio en el afio 1863 a 
formarse en el Colegio de Santa Fe, 
en la Republica Argentina. 

En octubre de 1869 partio para 
Europa conjuntamente con Monse- 
nor Vera a completar sus conoci- 
mientos en el Colegio PIo Latino- 
Americano de Roma. Interno en el 
establecimiento, Betancur hizo tres 
anos de carrera, dejando buen re- 
cuerdo de su paso. 

De regreso en el pais, logro un 
puesto espectable entre el clero de 



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la epoca, figurando ccmo uno de los 
tres sacerdotes catolicos que el dieta- 
dor Lorenzo Latorre — de quien era 
adicto partidario — hizo elegir co- 
mo diputados en las camaras de 
1879, siendo sus colegas Pedro Ira- 
susta y Mariano Soler, este ultimo 
compafiero de carrera. 

Concluido su periodo parlamen- 
tario — representante por Florida — 
sin particular destaque en sentido 
alguno, no volvio mas a la eamara. 

Cura parroco del Cordon de Mcn- 
tevideo, fue elemento de militan- 
cia contra las leyes de estado civil 
y la orientacion liberal del gobier- 
no del general Santos. 

Conservo Norberto Betancur hvs- 
ta el fin de su vida un exterior ti- 
pico de criollo antiguo, del cual ha- 
cia gala, subrayandola con modali- 
dades y aspectos que le valieron el 
sobrenombre, a la vez carinoso y 
popular de "el cura gaucho". 

Parroco de la iglesia de San Jose, 
falleeio en ese cargo el 15 de no- 
viembre de 1919 y una placa de bron- 
ce con su busto recuerda en la iglesia 
principal de la ciudad, el celo y la 
dedicacion de Betancur al servicio 
de su causa. 



BLANCO, JUAN BENITO 

Ciudadano cuyo nombre se vin- 
cula al nacimiento y primeras epo- 
cas de la patria, constituyente de 
1830, ministro, legislador y alto fun- 
cicnario. 

Natural de Montevideo, donde na- 
cio el 30 de abril de 1789, prema- 



turamente huerfano de padre, hii- 
ciose en la vida como soldado cuan- 
do a los diecisiete anos, alistado en 
un cuerpo de Voluntarios marcho en 
el ejercito expedicionario que iba a 
reconquistar Buencs Aires tomada 
por los ingleses, en 1806. 

De regreso a su ciudad, la expe- 
dicion invasora del ano 1807 lo pu- 
so en el trance. de empunar nueva- 
mente las armas y fue herido de 
consideracion en el asalto y toma 
de la plaza el 3 de febrero. 

Tenido por revolucionario, las au- 
toridades espanolas lo redujeron a 
prision en el ano 10, apenas pro- 
nunciados los primeros sintomas del 
alzamiento nacional, pero recobro la 
libertad un tiempo despues y en 
1811 pudo abandonar Montevideo 
para unirse a los patriotas, prestan- 
do servicios militares y siendo actor 
en la batalla del Cerrito y en ios 
dos sitios de la capital. 

Instituido el primer gobierno pa- 
trio fue electo regidor del Cabildo 
de Montevideo y Otorgues le con- 
fio la tarea compleja de reorgani?.ar 
las principales oficinas publicas, ha- 
ciendolo reconocer al mismo tiempo 
como jefe del Cuerpo Civico (1814- 
1815). 

Sojuzgada la provincia por los in- 
vasores portugueses, acepto el nue- 
vo estado de cosas que impom'a la 
brutalidad de los hechos imperan- 
tes, procurando, mientras no llega- 
se la hora de la revancha, hacer lo 
mas llevadera posible aquella negra 
noche. 

Fiel ejecutor del Cabildo de la 
Cisplatina, Blanco propugno por la 



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reorganizacion del Hospital de Ca- 
ridad y la Casa de Expositos, im- 
pulsando mejcras urbanas de im- 
portancia como el pavimento de las 
calles, etc. 

Su afanoso cuidado por los intere- 
ses comunales y la discrecion con 
que ocultaba sus sentimientos, pro- 
bablemente, lo llevaron al lamenta- 
ble exceso de ser uno de los firman- 
tes de la oprobiosa acta secreta 
de 30 de enero de 1819, por la cual 
el Cabildo entregaba un pedazo con- 
siderable del territorio patrio, al Nor- 
te del Arapey, a cambio del faro que 
Lecor iba a hacer construir en la 
isla de Flores. Pero, asimismo, na- 
da fue suficiente para darle pa- 
tente limpia ante las autoridaties 
imperiales, de tal modo que no bien 
se tuvo noticia de la expedicion li- 
bertadora de Lavalleja en 1825, lo 
prendieron el 30 de abril, retenien- 
dolo en la carcel hasta el momento 
en que por descontarse como segu- 
ro el triunfo fue puesto en libertad 
y se ausento con los suyos pc-ra 
Buenos Aires. 

Electo diputado por Paysandu en 
1826 y representante de Colonia en 
la Asamblea Constituyente, firma 
entre los que aprobaron la Carta 
de 1830. 

Diputado por Montevideo en la 
primera legislatura de la republica 
independiente, estuvo mezclado en 
los primeros movimientos lavallejis- 
tas, por cuya causa el Poder Ejecu- 
tivo io declaro suspendido en sus 
ftmciones, aunque legalmente signi- 
ficara una demasia. El 14 de enero 
de 1834, en la presidencia del ge- 



neral Rivera, ocupo el puesto de Al- 
calde Ordinario de la capital, y el 1" 
de abril de 1835, apenas tpmado po- 
sesion del segundo gobierno consti- 
tucional el general Oribe, lo desig- 
no Jefe Politico del departamento de 
Montevideo. Una serie de medidas 
progresistas y acertadas que recuer- 
dan al cabildante de la Cisplatina, 
entre las que destacan el cambio de 
destino de la vieja Ciudadela espa- 
nola convertida en mercado y la 
ubicacion del nuevo cementerio, co- 
rresponden al periodo jefaturial de 
Juan Benito Blanco. 

Contador General del Estado por 
decreto del 10 de cctubre de 1836, 
Oribe le confio el ministerio de Re- 
laciones Exteriores el 6 de agosto 
de 1837, puesto que retuvo a su 
cargo hasta el 1° de setiembre de 
1838, fecha que entro a sustituirlo 
el doctor Carlos Villademoros. 

El gobierno estaba conmovido en 
esa epoca por una seria ' revolucion 
que sostenia en campafia el geneial 
Fructuoso Rivera, lo cual estenli- 
zaba de antemano, virtualmente, las 
gestiones que solo prosperan al am- 
paro de la paz. 

Cuando Oribe hizo renuncia del 
mando y sc alejo del pais en oc- 
tubre de 1838, su ex-ministro cre- 
yose en el caso de coparticipar de 
la suerte del Presidente y abandono 
a su turno la Republica. 

La nueva vida en el extranjero y 
los profundos disgustos que le b.a- 
bian ocasionado los recientes suce- 
sos politicos, repercutieron casi en 
seguida en la salud de Blanco anu- 
blandole la razdn. 



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Ante esa triste eventualidad, el 
vencedcr general Rivera, que desde 
luego no lo habia hecho objeto de 
la minima persecucion, fue ei pri- 
mero que se empefio para que el do- 
liente patricio se reintegrara a su 
ciudad natal. 

Una vez en Montevideo, retirado 
en su casa, sin obtener nada mas 
que alguna mejoria pasajera, su 
existencia se prolongo hasta el 3 de 
mayo de 1843. 



BLANCO, JUAN CARLOS 

Ministro de Estado, legislador y 
hombre politico. Prestigiosa figura 
nacional, este eminente ciudadano 
fue hijo de sus obras. Contaba na- 
da mas que doce afios — nacido en 
Montevideo el 15 de setiembre de 
1847 — cuando 2u madre Rita Fer- 
nandez, emparentada con la fami- 
lia del vicario apostolico de este 
apellido, quedo viuda con un hijo 
y una hija. El padre, Pablo Blan- 
co, comerciante espafiol, no habia 
dejado bienes y fue preciso comen- 
zar la lucha por la vida en con- 
diciones estrictas, para valerse a si 
mismo y a los suyos. 

Alumno de los Escolapios, ingre- 
so a la Facultad de Derecho en 1865, 
afio en que, a raiz de la victoria 
del general Flores, fue nombrado 
adjunto al Ministerio de Relacio- 
nes Exteriores y luego auxiliar en 
propiedad el 26 de mayo. Oficial l 9 
el 13 de febrero de 1868, acompa- 
fio, con retencion de su empleo, al 
doctor Adolfo R.odriguez, como se- 



cretario de su mision diplomatica a 
la Argentina. 

Paralelamente a la carrera ofici- 
nesca iba adelantando con notorio 
exito en los estudios de dere- 
cho hasta licenciarse en jurispru- 
dencia en 1870. Ese mismo afio, 
cuando los ejercitos revolucionarios 
de Timoteo Aparicio aparecieron 
frente a Montevideo, Juan Ciarlos 
Blanco tuvo su hermosa hora de 
soldado. Ayudante del ministro de 
Gobierno Fernando Torres, en el ata- 
^ que del ejercito gubernista a la Vi- 
lla de la Union el dia 29 de no- 
viembrc, recorrio varias veces la 11- 
nea de pelea bajo el fuego enemi-. 
go, trasmitiendo ordenes a los je- 
fes de distintas unidades, con la 
serenidad de un veterano. 

Juez de Comercio despues de la 
Paz de abril de 1872, dejo la ma- 
gistratura para ingresar en 1873 co- 
mo diputado por Montevideo en la 
11 ? legislatura, la mas brillante que> 
hasta esa fecha se hubiera visto en 
la Republica. 

En la lucha presidencial del l 9 
de marzo de 1873, luego de haber 
lanzado en un discurso la candi- 
datura del doctcr Juan Carlos G6- 
mez, formo parte del grupo que pro- 
pugnaba por la del doctor Jose M ? 
Munoz. 

Despues de un ano de ejercicio 
renuncio su banca "por no poderle 
pi-estar la dedicacion necesaria", 
aunque en verdad era por no que- 
rer seguir actuando en una asam- 
blea anarquizada e inutil para la ac- 
cion constructiva. . 

Vencida la Revolucion Tricclor a 



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fines de 1875 e iniciado ya el go- 
bierno dictatorial del coronel Lato- 
rre, el Tribunal nombro al doctor 
Blanco, Juez de Comercio en mar- 
zo de 1876, pero este hizo saber a 
la autoridad judicial la imposibili- 
dad en que se hallaba de aceptar 
el cargo, pronto a esas horas para 
ausentarse del pais. 

La ausencia duro poco y en el 
sombrio periodo de la dictadura en- 
tro de lleno en el movimiento a la 
vez intelectual y cfvico que se or- 
ganizo, teniendo por centro primo 
el Ateneo, donde dicto la catedra 
de filosofia y del que luego fue 
presidente. Por esa epoca, desafi- 
liado del coloradismo para formar 
en el nuevo partido denominado 
Constitucional, las grandes condi- 
ciones oratorias de Blanco lo fue- 
ron sefialando con realce singular y 
su prestigio se acrecento mucho en 
las campafias opositoras de la • pre- 
sidencia de Vidal. Su sobresaliente 
discurso del 7 de mayo de 1881 en 
la asamblea constitucionalista del 
Skating-Ring, dcnde dirigio la pa- 
labra a la concurrencia desde el 
palco balcon donde se hallaba, es 
acaso el mejor de cuantos haya pro- 
nunciado. Digno de cita es tambien 
el que dijo en el cementerio cuan- 
do iba a darse sepultura al tipo- 
grafo Fontan, asesinado por las tur- 
bas la ncche en que fueron asal- 
tados los diarios opositores. Al fi- 
nal, la oracion funebre vino a con- 
vertirse en un formidable alegato 
condenatorio para los hombres que 
gobernaban el pais. 

Emigrado en Buenos Aires, fue 



cclaborador en los trabajos del mo- 
vimiento revolucionario que conclu- 
yo en la jornada de Quebracho el 
31 de marzo de 1886. A raiz de la de- 
rrota, volvio al pais sin atinar como 
se lograria salir del paso despues 
de aquel supremo y esteril esfuer- 
zo, pero convencido de que era in- 
util tentar fortuna por las armas. 
La solucion pacifica era precisa- 
mente la que tenia que venir y fue 
la que trajo el avenimiento politico 
de noviembre con el denomlnado 
Ministerio de la Conciliacion, cuan- 
do el presidente, general Maximo 
Santos, llamo a sus enemigos de la 
vispera a cclaborar en el gobierno en 
un espontaneo cuanto historico y 
feliz arranque de concordia nacio- 
nal. 

Juan Carlos Blanco consintio en 
formar parte del gabinete toman- 
do a su cargo la cartera de Relacio- 
nes Exteriores. Ministerio cortisimo 
por su duracion de cincuenta y dos 
dias, duro lo bastante para cambiar 
los destincs de la republica, colo- 
candola en el camino de la reaccion 
civilista. 

Votado en 1888 para integrar la 
16 ? legislatura, hizo renuncia de la 
diputacion sin incorporarse a la Ca- 
mara. Tampoco acepto una mision 
diplomatica a los Estados Unidos, 
contentandose con tomar a su car- 
go la catedra de Derecho Civil en 
la Universidad, mientras se contraia 
a las tareas de su abandonado es- 
tudio. 

Incorporado a la politica militan- 
te como opositor en la administra- 
cion de Idiarte Borda en 1897, se 



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reintegro al Partido Colorado en cu- 
yas filas habia servido en su ju- 
ventud, para convertirse en una de 
las primeras figuras del movimien- 
to que enfrentaba el regimen poM- 
tico de la hora y su calida palabra 
volvio a oirse en medio de clamo- 
rosos aplausos en las reuniones del 
Teatro Cibils. 

La tragica muerte del presidente 
Borda ocurrida el 25 de agosto de 
1897, basculando repentinamente la 
situacion politica, coloco al doctor 
Blanco y a sus companeros de cam- 
pana en el campo gubernista, en 
apoyo de la fraccion del 'partido que 
acompafiaba a Juan Lindolfo Cues- 
tas, presidente del Senado en ejer- 
cicio del Poder Ejecutivo. Los su- 
cesos llegaron a desembocar en el 
golpe de Estado del 10 de febrero 
de 1898 y disueltas las Camaras 
que negaban sus votos a Cuestas, 
para ser sustituidas por un Consejo 
de Estado, Cuestas dictador nombro 
al doctor Blanco para presidirlo. Di- 
ficilisima fue la situacion en que el 
ilustre hcmbre piiblico llego a en- 
contrarse despues de los sucesos mi- 
litares del 4 de julio, en que in- 
tervino como mediador y creycee 
obligado a renunciar su cargo el 
dia 6, cuando el gobernante de fac- 
to violo las condiciones ajustadas 
por su mediacion y en vista de las 
cuales los militares en armas acep- 
taron deponerlas, finalizando el 
combate que ensangrentaba las ca- 
lles de la capital. Veinte dias des- 
pues el doctor Blanco retird su re- 
nuncia, volviendo a presidir el Con- 
sejo de Estado. 



Actitud de manifiesta debilidad, 
fue causa de general asombro y vi- 
no a redundar en grave perjuicio 
para su prestigio. Ese dia, puede de- 
cirse, principio la declinacion de su 
estrella politica. Sin embargo, la 
consigna en el momento para hom- 
bres y ■ partidos era contemporizar 
con un gobernante autoritario e im- 
pulsivo que disponia a su antojo de 
las fuerzas armadas, habilmente 
puestas en manos de elementos su- 
balternos, sin mas prestigio militar 
que el que pudiera venirles del 
mando que el gobernante les daba 
o les quitaba. 

Al restablecerse la normalidad 
constitucional, en marzo de 1899, el 
doctor Blanco, electo por el depar- 
tamento del Salto, ocupo una ban- 
ca en el Senado, fue su presidente 
en tres periodos y cuando la suce- 
sion de Cuestas hubo de plantear- 
se, se vio en el uno de los candi- 
datos viables para presidir la Re- 
publica en el cuatrienio 1903-1907. 
Su nombre se identificaba con la 
tendencia que buscaba salir de la 
terrible y peligrosa situacion a que 
habia conducido al pais la politica 
de contemporizar a todo trance, pa- 
ra lo cual la candidatura asequible 
requeria tener base en los dcs par- 
tidos tradicionales donde se repar- 
tian los sufragios. No pudo conse- 
guirla entre los colorados donde so- 
lo reunio siete electores al firme y 
en el sector nacionalista, la mayo- 
ria, en ocultos entendimientos con 
Cuestas, pretendia elegir sorpresiva- 
mente a Eduardo Mae-Eachen, hom- 
bre anodino, candidato de Cuestas 



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y de Aparicio Saravia, caudillo mi- 
litar del Partido Nacionalista. F.l 
cisma provocado en este partido por 
esa politica tortuosa e inhabil, per- 
mitio o mas bien dicho decidio el 
triunfo de Jose Batlle y Ordonez 
en la votacion del l 9 de marzo de 
1903, electo por el sector colorado 
y un grupo de legisladores naciona- 
listas disidentes. 

Blanco, cuyo mandato senaturial 
habia terminado quince dias antes 
de esta fecha, entro a formar par- 
te del Directorio del Banco de la 
Republica en el mes de mayo y en 
enero de 1907 vino a presidirlo. 

Reelecto para el cuatrienio 1908- 
1912, no pudo llegar al termino de 
su periodo. Victima de una prolon- 
gada enfermedad, su existencia con- 
cluyo el 13 de enero de 1910 en me- 
dio del respeto de la ciudadania y 
en la honrada pobreza en que ha- 
bia vivido siempre. 



BLANCO, JUAN ILDEFONSO 

Ministro de Estado. legislador y 
funcionario, nacido en las cercanias 
de Montevideo el 31 de diciembre de 
1812. Hijo del Constituyente Juan 
Benito Blanco, hallabase este en el 
campo sitiador de Montevideo, vi- 
viendo con los suyos proximo al Ce- 
rrito, en unos carretones del Parque, 
y la venida al mundo del heredero 
coincidio con la victoria patriota. 

La vida publica de este ciudadano 
se inicia despues de la paz del 8 de 
octubre, cuando al reintegrarse el 



pais a la norma constitucional, in- 
greso a la eamara de diputados el 
afio 1852, electo como representante 
blanco por el departamento de Co- 
lonia. En el trienio de su mandato 
demostro particular versacion en 
cuestiones hacendisticas y financie- 
ras, circunstancia que tuvo en cuen- 
ta el presidente Pereira para desig- 
narlo Tesorero General de la Nacion 
por decreto del 19 de febrero de 
1858, reemplazando a Pedro Carve. 
Mas tarde, el 12 de agosto de 1859, 
por renuncia de Tomas Villalba, des- 
empeho funciones de comisario inte- 
rino del Banco Comercial. Convoca- 
da ia Guardia Nacional, sirvio como 
capitan en el 29 Batallon de Infan- 
teria de Fernandez Echenique. 

Bernardo P. Berro, Presidente de 
2a Republica, lo Uamo a formar par- 
te del Ministerio el 18 de setiembre 
de 1862, confiandole la secretaria de 
Hacienda, y con mas-fortuna politi- 
ca que la mayoria de sus colegas, 
alejados sucesivamente de sus res- 
pectivas carteras, Blanco pudo con- 
servar su alto puesto hasta el fin del 
gobierno de Berro, el 15 de febrero 
de 1864. 

Cambiada a fondo la situacion del 
pais a la victorfa de la revolucion 
colorada del general Flores, Blanco 
no figuro mas en cuestiones publi- 
cas, dedicando sus actividades a la 
implantacion y desarrollo de un sis- 
tema de marcas y senales de ganado r 
de su invencion, privilegio indus- 
trial de gran importancia en nuestro 
medio rural, que habia obtenido de 
las camaras el ano 1859. 



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Era por lo demas hombre de pre- 
paracion general superior a la co- 
rriente, que se ensayo en la pintura 
de retratos y miniaturas, de las cua- 
les han llegado hasta nosotros mues- 
tras que certifican las condiciones de 
un distinguido aficionado. 

Cuando lo convocaron para ocupar 
la senaturia de Florida en 1875, no 
ingreso a la camara, y vino a fallecer 
en Montevideo el 13 de agosto de 
1889. 



BLANCO, LUCIANO 

Militar de la independencia, mue> 
to con grado de coronel en la de- 
fensa del pueblo de Salto, atacado 
por las fuerzas oribistas del general 
Servando Gomez en la G u e r r a 
Grande. 

En el mes de mayo de 1825 apa- 
rece sirviendo a la Patria ccmo sar- 
gento en el regimiento de Milicias de 
entre rios Yi y Negro — denomi- 
nacion primitiva de Durazno — que 
mandaba Julian Laguna. Hallose en 
la victoria de Rincon el 24 de setiem- 
bre, a ordenes de Jose M. Rana. 

Su primer ascenso al grado de 
alferez lo obtuvo el 20 de octubre 
del mismo afio. 

Durante la guerra contra el Im- 
perio, sirvio en la linea del Yagua- 
ron con las milicias de Paysandu, 
promovido a teniente 2° y al inde- 
pendizarse la Republica ostentaba 
galones de teniente primero para lle- 
gar a capitan el ano 32. En junio 
del 33 paso a servir en el Escuadron 



de Escolta del presidente Rivera, 
como sargento mayor, combatiendo 
a los revolucionarios lavallejistas. 

Elemento de probadisima adhesion 
al general Rivera, fue uno de los 
buenos jefes que tuvo a sus ordenes 
en la revolucion llamada "Constitu- 
cional" que encabezo en 1836-38 con- 
tra el' gobierno del general Manuel 
Oribe. Derrotado el jefe rebelde en 
Carpinteria y obligado a dejar el 
pais, Blanco logro mantenerse en ar- 
mas en la region noroeste en ince- 
santes hostihdades contra las fuer- 
zas del general Britos. 

Asimismo, facilito el regreso de 
Rivera desde el Brasil, protegiendo 
el nucleo de hombres con que reini- 
ci6 la lucha, en octubre del 37, va- 
deando el rio Cuareim. A la hora del 
triunfo de Rivera, en octubre de 
1838, se le halla como coronel. jefe. 
del Escuadron N? 2', que funcionaba 
de Escolta. 

Agregado al Estado Mayor del 
Ejercito de operaciones en la cam- 
pana de 1839 contra el ejercito in- 
vasor argentino que vino al pais a 
las ordenes de Pascual Echagiie, tuvo 
luego bajo su mando el 8 9 Escua- 
dron de Milicias, a cuyo frente par- 
ticipo de los laureles de Cagancha, 
jornada en que el general entrerria- 
no fue totalmente vencido el 29 de 
diciembre. 

En el curso de la Guerra Grande, 
en operaciones en el litoral del Uru- 
guay en 1846, tuvo el mando de las 
fuerzas de Salto y Paysandu. Con 
esos hombres, una vez que la Legion 
Italiana regreso a Montevideo des- 



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pues de la victoria de San Antonio, 
hizo un plantel de ejereito homoge- 
neo y disciplinado, aiin a precio de 
pasar por las armas a un capitan, 
y reforzo las fortificaciones del de- 
partamento de Salto, de cuya plaza 
se habia hecho cargo el 5 de no- 
viembre de 1846. 

La superioridad, "en virtud de tra- 
tarse de una fuerza respetable", dis- 
puso que las fuerzas de Blanco pasa- 
ran a denominarse a contar del 14 
de diciembre de 1846, "2 9 Cuerpo de 
Ejercito'', y en la misma Orden Ge- 
neral se rinde homenaje a las virtu- 
des y esfuerzos del jefe. 

Servando Gomez, urgido por ofi- 
cio del general Manuel Oribe, en 
que, a 13 de diciembre, le ordenaba 
que se contrajese a aniquilar las 
fuerzas del Salto, llevo sus armas 
contra la plaza fortificada por Ga- 
ribaldi, el 6 de enero de 1847, 
con gran numero de infantes y cua- 
tro piezas de artilleria, en un consi- 
derable esfuerzo. 

Blanco, resuelto a la resistencia a 
todo trance, recibio a tiros a los 
parlamentarics y dando el ejemplo a 
los suyos con su presencia en los 
puestos de mayor peligro, expuso su 
vida de tal forma que fue muerto 
de un balazo al pie de un cahon, a 
las 8 de la manana. 

Su segundo, el mayor Mariano He- 
roina, tuvo identica adversa suerte a 
mitad de la tarde. 

Al dia siguiente, el pueblo, perdi- 
dos sus dos jefes, estaba en manos 
del general Gomez y sufrio los rigo- 
res del saqueo. 



BL ANCO, SILVESTRE Eulogio Ra- 
mon 

Varon de la epoca de la indepen- 
dencia, presidente de la Asamblea 
Constituyente de 1830. Hijo de Juan 
Blanco y de Maria del Pilar Perez 
Valdez, portena, habia nacido en 
Montevideo el 20 de diciembre de 
1783 y era hermano por linea mater- 
na de Francisco Lecoq. 

Adicto a la causa patriota desde 
los primeros momentos de la revo- 
lucion, presto servicios en la epoca 
artiguista en las distintas faces de 
la lucha contra los espanoles, porte- 
fics y portugueses. 

Aceptando los hechos consumados 
permanecio en Montevideo despues 
que la provincia estuvo sometida al 
yugo luso - brasilefio y en 1823 fue 
electo miembro del Cabildo en fun- 
ciones de defensor de menores. 

Su cargo no le impidio seguir — a 
la par de otros companeros colegas 
municipes — empenado en la eman- 
cipacion eventual del solar nativo y 
en ese sentido existen documentos 
en que luce la firma de Silvestre 
Blanco, de los cuales resulta que se 
emitio un emprestito voliintario 
"para suplir los gastos que exigiera 
la empresa de libertar la provincia 
de la opresion de las armas del Bra- 
sil". 

Sublevado el pais a raiz de la cru- 
zada de los Treinta y Tres, el 19 de 
abril de 1825, e incorpcrada la Pro- 
vincia Oriental a la comunidad re- 
publicana de ultra Uruguay, confor- 



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me a la declaracion hecha por la 
Sala de Representantes de la Flo- 
rida el 25 de agosto de 1825, inme- 
diatamente del pronunciamiento so- 
berano en que reasumid la plenitud 
de sus derechos, Blanco fue electo 
diputado al Congreso General Cons- 
tituyente de las Provincias Unidas 
del Rio de la Plata en Sud Ameriea, 
pasando a Buenos Aires conjunta- 
mente con Mateo Vidal y Manuel 
Moreno en clase de colegas. 

La convencion preliminar de paz, 
al cambiar totalmente el panorama 
politico, una vez que transformaba 
la Banda Oriental en republica in- 
dependiente y soberana, significo f! 
automatico cese de nuestros diputa- 
dos en una corporacion que se con- 
vertia en extranjera. 

Blanco, votado por la jurisdiccion 
de Montevideo en las elecciones pa- 
ra miembros de la Asamblea Gene- 
ral Constituyente y Legislativa del 
nuevo Estado, ingreso a la Sala el 
22 de noviembre de 1828, correspon- 
diendole luego el honor de ser elec- 
to presidente del benemerito cuer- 
po cuando se procedio el dia 24 a 
nombrar la mesa definitiva. Lo lle- 
vaban al puesto, antes que su distin- 
cion intelectual o calidad de hombre 
de leyes, sus saneados antecedentes 
de patriota y su serena equidistan- 
cia de los grupos, prefiriendosele a 
otros colegas que destacaban pre- 
paracion juridica y calidad oratoria 
muy superiores a las suyas. Su fir- 
ma es la primera al pie de la Cons- 
titucion del ano treinta y en el Ma- 
nifiesto a los pueblos. 



El departamento de la capital lo 
invistio con su representacion para 
la primera legislatura ordinaria de 
la Republica en 1830. 

Sefialado como elemento revolu- 
cionario cuando la sublevacion del 
general Lavalleja, decreto el Poder 
Ejecutivo que le suspendia en sus 
funciones legislativas, al mismo 
tiempo que a su colega Juan B. Blan- 
co y al senador Miguel Barreiro, pe- 
ro la cuestion no paso de ahi. 

Dividida la opinion en parcialida- 
des politicas, como tenia que suce- 
der, apenas comenzado el aprendi- 
zaje de la vida republicana, Blanco, 
que no fue reelecto diputado, conto 
entre los elementos no adictos al 
general Rivera, y aunque no tuvo 
intervencion muy activa en filas 
opositoras, no se vio libre tampoco 
de los ataques periodlsticos en las 
personalisimas polemicas entre "La 
Matraca" y "La Diablada", en las 
cuales el tambien vino a sacar su 
apodo. 

Fallecio en Montevideo el 25 de 
mayo de 1840, un tanto olvidado, pero 
en la hora final, prescindiendo de 
toda consideracion politica subalter- 
na, se reconocio, en forma "nanime, 
la honradez intachable de su vida. 



BLANCO ACEVEDO, PABLO 

Historiador, ministro y diputado. 
Era hijo del Dr. Juan Carlos Blan- 
co y de Luisa Acevedo, nacido en 
Montevideo el 23 de agosto de 1880. 

Despues de seguir estudios secun- 



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darios ingreso en la Facultad de De- 
recho donde obtuvo tftulo de aboga- 
do. Curso los arios preparatorios y 
los superiores sin ningun apresura- 
miento, dedicando el tiempo que 
quiso a materias de su particular 
predileccion y todavla no estaba 
bacbillerado cuando dio a la im- 
prenta un compendio escolar de his- 
toria uruguaya, del que debian ha- 
cerse varias ediciones. 

Doctor en leyes, casi no ejercio 
la carrera, pues los dias de su corta 
vida se repartieron entre las tareas 
y solicitaciones de la politica y sus 
trabajos de investigacion historica 
que absorbian sus horas de estudio- 
so, reposado y asiduo. 

Suplente de diputado por el de- 
partamento de Treinta y Tres, se 
incorpor6 a la camara en 1913, y 
al concluir su periodo volvio a ella 
en la lista de Montevideo en 1914 
y en la de Paysandii en 1917. 

Ministro de Instruccion Publica 
el 11 de diciembre de 1922, retuvo 
el cargo hasta marzo de 1925, ha- 
ciendo una ponderada gestion. 

Los sucesos politicos de 1933, que 
sacaron al pais del carril constitu- 
cional vinieron a alejarlo de la vi- 
da publica, a la vez que le da- 
ban entera libertad para entregarse 
— en plenitud de sus facultades — a 
los trabajos historicos, como los que 
tratan sobre el Federalismo de Ar- 
tigas y la Independencia Naciona^ 
el Gaucho y su formacion social, 
etc. Una de sus obras merece par- 
ticular mencion y es la que ver- 
sa sobre "El Gobierno Colonial 
en el Uruguay y los origenes de la 



nacionalidad", estudio en que el 
autor demuestra amplia posesion del 
tema, abordado en su fondo y con 
criterio sereno, sin extraviarse en 
el terreno de las garrulerias subal- 
ternas de los cabildantes ni darse a 
la exaltacion de funcionarios menos 
que mediocres, guiado por tenden- 
cias sectarias inferiorizantes. 

Una doleneia cuya naturaleza no 
hacia sospechar gravedad inminen- 
te, abati6 al conceptuado investiga- 
dor, de un modo tan brusco como 
prematuro, el 30 de noviembre de 
1935. 

En el aiio 1939, la senora Eosina 
Perez Butler, su viuda, instituyo 
con el nombre de su esposo y dota- 
do con verdadera largueza, el pri- 
mer premio permanente que se ha- 
ya constituido en el pais para esti- 
mulo de los estudios de historia pa- 
tria. La adjudicacion es bienal y de- 
be ser discernida en el aniversario 
de la muerte del historiador. 



BLANES, JUAN LUIS 

Hijo primogenito del pintor de 
este apellido y el primero de nues- 
tros escultores en orden de tiempo, 
sin que ello signifique que solo ten- 
ga clasificacion cronologica, pues 
fue un verdadero artista poseedor 
de recomendables y promisoras cua- 
lidades, al que una temprana muer- 
te tragica impidio recorrer el bello 
ci'clo que parecia reservarle el des- 
tino. 

Habia visto la primera luz el 21 
de mayo de 1855, en Montevideo. 



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aunque su bautismo tuvo lugar en 
la Villa del Salto. 

A bien decir, fueron pocos afios 
los que dedico firmemente a su ca- 
rrera de escultor, despues de "di- 
letantear" mucho en modelado y en 
pintura en ambas capitales platen- 
ses, conforme a los conocimientos 
adquiridos en Europa. 

Empezaba a ser figura de relieve 
cuando'" la fatalidad se interpuso de- 
cisiva. Recien habia fcrmalizado el 
contrato para la estatua de Artigas 
en la ciudad de San Jose y estaba 
pronto para embarcarse rumbo a 
Italia a vigilar la fundicion, al ocu- 
rrir su muerte. 

Otro encargo — pero este oficial 
y de mayor significacion — el mo- 
numento a Joaqufn Suarez, halla- 
base todavia en bcceto reducido a 
tres cuartos del natural y fue ne- 
cesario que el resto de la ejecu- 
cion corriese de cuenta de su pa- 
dre y verdadero maestro. 

El "Artigas" de Juan Luis Bla- 
nes alzado en una plaza de San Jo- 
se y reproducido en estos ultimos 
afios en copias que se distribuyen 
por las principales ciudades del pais, 
es una hermosa interpretacion de la 
figura del caudillo en los tiempos 
de lucha, correcto de lineas y con 
pleno y limpio caracter de estatua 
popular exenta de interpretaciones 
y de achaques de escuela. 

La estatua de Joaquin Suarez, co- 
rrecta y bien plantada, posee algo 
de la serena gravedad del ilustre 
procer. 

Pequefio bagaje artistico — si bien 
se mira — dos estatuas alrededor de 



las cuales solo se pueden agrupar 
"La cebadora de raate". 'Abayuba", 
"El baquiano de los Treinta y Tres" 
y otras cosas menores, para repre- 
sentar un escultor. pero ellas, asi 
en su parvedad, son elementos de 
juicio bastantes para formar crite- 
rio y fundar juicio. 

Debese al pincel de Juan Luis 
Blanes, pues tiene cierta limitada 
produccion pictorica, un cuadro de 
aventajadas dimensiones, represen- 
tativo de la rendicion del jefe es- 
pafiol Posadas en la batalla de Las 
Piedras, existente en el Museo de 
Bellas Artes de Montevideo, pero es 
una obra muy secundaria desde 
cualquier punto de vista, que nun- 
ca llego a terminar. 

En pleno tren de trabajo, conven- 
cido de que tenia que emplearse 
a fondo por recuperar los afios en 
que, indeciso y falto de voluntad, tal 
vez penso en buscar otras rutas 
ajenas al arte, Juan Luis Blanes vi- 
no a morir en Montevideo, la ma- 
fiana del 18 de marzo de 1895, vic- 
tima de un fatal accidente del tran- 
sito. 



BLANES, JUAN MANUEL Victo- 
rino 

Pintor de calidad superior, uno de 
los completos y firmes valores artis- 
ticos americanos. 

Nacido en Montevideo el l 9 de ju- 
nio de 1830, sus padres, gente de 
condicion modesta, pensaron desti- 
narlo al comercio, pero el muchacho, 
sunque demostro desde temprano 



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aficiones artlsticas, tuvo que apren- 
der un oficio y se hizo tipografo 
para ganarse la vida, trabajando en 
la imprenta de "El Defensor de la 
Independencia Americana", hoja que 
se publicaba en el campo oribista 
del Cerrito durante el sitio de Mon- 
tevideo. 

Solamente despues de reintegrarse 
a la capital cuando se firm6 la paz 
de octubre de 1851, es que la voca- 
cion dominadora de Blanes se impu- 
so, Uevandolo a poner mano en Iog 
primeros retratos, donde ya se adi- 
vinaba algo. 

En 1855 se ausento para la Villa 
del Salto, pintando siempre y en 
1857 trasladose a Concepcion del 
Uruguay donde el Gobernador de la 
Provincia, general Justo Jose de Ur- 
quiza, le encomendo varios trabajos 
entre lbs que figuraban los ocho 
oleos Uamados de las batallas en el 
Palacio de San Jose, algunos retra- 
tos y finalmente la decoracion del 
Oratorio. 

De vuelta a Montevideo obtuvo en 
1860 una pension del Estado para 
seguir estudios en Europa y march6 
a Florencia, hombre hecho, con su 
mujer y sus dos hijos. 

Contraido a su carrera y con ver- 
dadera avidez de saber, hizo rapi- 
dfsimos progresos, tratando de olvi- 
dar tcdo lo que llevaba mal apren- 
dido sin principios basicos. Curfe6 
asi la Academia desde el primer 
paso y cuando retorno a fines de 
1864, la pintura no tenia secretos 
para Blanes. 

Los envios de pensionado, como 



un Santo Juan Bautista y La Casta 
Susana, habian certificado sus pro- 
gresos. 

Se estren6 con un retrato ecues- 
tre del presidente paraguayo gene- 
ral Francisco Solano Lopez hecho el 
mismo afio y con la tela historica 
"Bombardeo de Paysandu", pintada 
en 1865. 

En el genero historico — su predi- 
leccion — obtuvo en 1871 un clamo- 
roso triunfo con el cuadro Episodio 
de la fiebre amarilla en Buenos Ai- 
res y sucesivamente pinto, con pa- 
recido exito, la Muerte del general 
Flores, La Revista de Rancagua, El 
asesinato de Florencio Varela, y Los 
ultimos momentos del general Jos§ 
Miguel Carrera, que el maestro con- 
sideraba su "capo-laboro" y Uevo a 
exponer con gran exito en Santiago 
de Chile, en 1873. El Juramento de 
los Treinta y Tres, consagro su nom- 
bre el afio 75, quedando reconocido 
como el pintor de la Patria. 

Volvio a Italia en 1879 a vigilar la 
educacion artistica de sus hijos y al 
cabo de 4 afios de ausencia que fue- 
ron tambien cuatro afios de trabajo, 
restablecio su taller en Montevideo, 
dedicado principalmente al retrato. 

Luego de haber decorado la ro- 
tonda del Cementerio Central, pint6 
La Revista de 1885, sobresaliente de 
colorido y de dibujo, que los mili- 
tares obsequiaban al presidente ge- 
neral Santos, y dos telas de muy 
aventajadas dimensiones y de rele- 
vado valor artistico e historico: El 
general Roca ante el Congreso Ar- 
gentino y La Revista de Rio Ne- 



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gro. por encargos recibidos de la 
vecina republica. 

La primera contiene una serie de 
figuras contemporaneas que rivali- 
zan entre si por la maestria con que 
Blanes supo agruparlas y tratarlas. 

La segunda fue la tela de mas 
grandes dimensiones en que puso 
mano y en ella la composicion difi- 
cil salva los defectos cromaticos. 

Una larga serie de retratos de ex- 
traordinaria calidad, bien fcalifica- 
dos de cosa superior, capaces de re- 
sistir paralelo con los de los grandes 
maestros — como el de la madre, el 
de la senora Carlota Ferreira, el de 
Besnes e Irigoyen, etc. — , constitu- 
yen aetualmente las joyas y el de- 
coro de nuestros museos. 

En las recientes muestras de su 
pintura, en Montevideo y Buenos 
Aires, el Maestro montevideano que- 
d6 consagrado, incuestionablemente, 
en ese genero. 

Fue Blanes, ademas, el primer pin- 
tor que en nuestro pais o en el Bio 
de la Plata cultivo los temas nati- 
vistas, y el que antes que nadie, con 
un sentimiento y un verismo asom- 
broso, tradujo en una larga serie de 
pequefios cuadros, los gauchos, las 
escenas de campo y los aspectos mas 
salientes y pintorescos de la vida 
criolla, creando un nuevo geuero de 
pintura nacicnal. 

La muerte tragica de su hijo Juan 
Luis y la misteriosa desaparicion de 
Nicanor, el unieo que sobrevivia, 
atormentaron la ultima etapa de la 
existencia de Blanes, a quien la 
muerte vino a sorprender en Pisa 



el 15 de abril de 1901, cuando pro- 
yectaba dar termino a su ultimo 
gran lienzo "La Batalla de Saran- 
di", en el que venia trabajando des- 
de hacia anos, 

(Pitede consultarse "Juan Manuel 
Blanes. Su vida y sus cuadros", por 
Jose M? Ferndndez Saldaiia. Monte- 
video, 1931). 



BLANES, NICANOR 

Pintor, hijo del gran artista del 
mismo apellido. Nacio en Montevi- 
deo y fue bautizado en la iglesia 
del Cordon, aunque las respectivas 
constancias no pudieron obtenerse 
nunca, por cuyo motivo, para com- 
probantes de su estado civil, utilizo 
los papeles de un hermano mayor 
nacido en Concepcion del Uruguay, 
el 10 de enero de 1857, llamado 
igualmente Nicanor y muerto siendo 
nifio en la provincia de Entre Rios. 
Tal es al menos lo que parece de- 
ducirse del examen de nuevos do- 
cumentos blanisticos ultimamente 
estudiados. 

Sin que Nicanor rhostrase decidi- 
da vocacion para el arte, Blanes, 
dispuesto a tener hijos artistas pre- 
sumibles herederos de su gloria, im- 
puso a aquel lo mismo que a Juan 
Luis, su primogenito, reglas de in- 
flexible trabajo, haciendolos estu- 
diar dibujo, pintura y modelado to- 
do el tiempo que duro la estada en 
la ciudad de Florencia durante el se- 
gundo viaje, o sea desde 1879 a 
1883. 



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Los conocimientos adquiridos en 
la Academia a base de mucho di- 
bujo sobre todo, habilitaron a Nica- 
nor Blanes para ensayar lo mismo 
la pintura que la escultura, pero 
despues de varios tanteos en los dos 
generos se decidio por los pinceles. 

Una tela de respetable tamafio que 
se ccnserva en el Museo Histori- 
co de Buenos Aires, titulada "Con- 
duccion de los restos del general La- 
valle por la Quebrada de Humahua- 
ca", es la mejcr y mas acabada 
muestra de la capacidad artistica de 
Nicanor Blanes, que pudo superar 
con felicidad las grandes dificulta- 
des del tema, pintando un cuadro de 
hermoso colorido, con bien estudia- 
das figuras y pleno dcminio de los 
arduos problemas de perspectiva 
que planteaba el episodio desarro- 
llado en la majestad del paisaje an- 
dino. 

Certificadas asi las condiciones 
del artista, es preciso inferir que 
esa esterilidad en que se consumid 
su vida, ese su desgano permanente, 
atormentado por complejos proble- 
mas interiores que absorbian sus 
largas horas de mutismo, eran sm- 
tomas de malestares psiquicos, obs- 
taculo pai'a toda labor donde se 
necesitase confianza en si mismo y 
mantenido esplritu de lucha. 

"El fusilamiento del coronel Do- 
rrego", cuadro de historia argenti- 
na que se proponia pintar, quedo en 
un boceto bien documentado y muy 
concluido, y aparte de esa tentati- 
va de aliento, solo puso manos en 
algiin retrato o en labor pequena 
que en ocasiones pecaba de trivial, 



paisajes, tipcs criollos, escenas fa- 
miliares, que firmaba con la pala- 
bra Yo. 

Cuenta entre sus obras, tambien, 
un ensayo de escultura represen- 
tativa del cacique charrua Zapi- 
can, trabajado en Florencia, que lil- 
timamente se paso a bronce y luce 
en un paseo publico de la capital. 

Agudizada la neurastenia por dis- 
gustos de orden mtimo, cuyos pri- 
meros sintomas se presentaron en 
Italia en epoca que todavia estudia- 
ba, y sin que le valiesen los via- 
jes emprendidos a manera de tera- 
peutica, concluyo Nicanor Blanes 
por atenlar contra su vida a princi- 
pios de 1895, segiin todo permite 
suponerlo. Despues de una carta es- 
crita a su padre desde Italia noti- 
ciandole su proximo regreso a Mon- 
tevideo, desaparecio antes de em- 
barcarse y nunca se pudo saber cual 
fue su fin. 

El anciano Maestro, en el lilti- 
mo extremo de la vejez, paso anos 
en Europa dedicado a su biisqueda 
en pesquisas desesperadas e imiti- 
les, muriendo con el desconsuelo del 
misterio. 



BLANES VIALE, PEDRO 

En la ciudad de Mercedes, capi- 
tal del departamento de Soriano, 
hijo de un medico espanol y 
de madre uruguaya, nacio Pedro 
Blanes Viale, el 19 de mayo de 1879. 

Siendo nifio escolar, en Montevi- 
deo, habia demostrado notable fa- 
cilidad para el dibujo, por cuya ra- 



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zon una vez que sus padres pasa- 
ron a radicar en Espafia, procuraron 
encauzarlo en la que ya aparecia 
como su ruta vccacional. Concurrio 
a una escuela facultativa en Barce- 
lona y luego recibio lecciones en la 
famosa Academia de San Fernan- 
do, en Madrid. 

Adelantado ya, fue alumno de 
Joaquin Sorolla y de Santiago Ru- 
sinol y habia hecho un viaje de es- 
tudio a Paris y expuesto en alguna 
exposicion barcelonesa, cuando re- 
greso a la patria en 1899. 

Ganador de una beca oficial de 
pintura sacada a concurso en 1912, 
viose en condiciones de estudiar en 
Europa tres anos mas y los apro- 
vecho amphamente. En Montevideo 
otra vez, fue director de la Escuela 
Industrial de Artes Aplicadas y pro- 
fesor del Circulo de Bellas Artes 
mientras se dedicaba afanosamente 
a su carrera. 

Faisajista por antonomasia — no 
obstante sus telas historicas o de ge- 
nero y sus retratos, dice un auto- 
rizado critico extranjero — tenia 
frente a la naturaleza la esencial 
honradez de su propia y exclusiva 
emocion. 

De este modo, sin preocuparle mu- 
cho las tendencias esteticas ni los 
procedimientos tecnicos — aunque 
nunca totahnente libre de las in- 
fluencias de Rusinol — y dotado de 
una capacidad de labor conforme a 
su fuerte constitucion fisica, alcan- 
zo a fijar con pleno acierto y do- 
nosa maestria, los mas contradicto- 
rics panoramas y-las mas opuestas 
armonias cromaticas: aguas profun- 



das del Mediterraneo y selvas del 
corazon de America, jardines flori- 
dos de la Costa Azul y pelados ce- 
rros minuanos. 

No toco alturas semejantes en el 
retrato, cultivado, es cierto, por ex- 
cepcion, y en la pintura de histo- 
ria abordada en los afios de pleni- 
tud artistica y donde cuentan, Ar- 
tigas en el Hervidero, El Congreso 
del afio XIII y la Jura de la Cons- 
titucion de 1830, se echa de menos 
el escrupulo esencial que resiste a 
sacrificar la verdad a consideracio- 
nes de estetica o de efectismo. 

Por lo demas, Blanes Viale, que 
en todas las latitudes sentia la na- 
turaleza con una especie de fervor 
panteista, no sintio de igual mcdo 
"a su animalculo ;racional", como 
no sintio tampoco la honda emo- 
cion de nuestro pasado historico y 
de sus gentes con su mundo de tra- 
bajos a cuestas. 

La desvinculacion del solar crio- 
llo, habia sido mucha y no corrian 
por sus venas aquellas gotas de san- 
gre que, a despecho de las "mancs 
de marques", Ruben Darlo sospecha- 
ba que circulaban por las suyas. 

Murio de muerte temprana. cuan- 
do podia creersele en el apice de sus 
facultades, victimado por una do- 
lencia que habia impuesto varias in- 
tervenciones y cuyos embates supa 
resistir ccn la serenidad de un es- 
toico, el 22 de julio de 1926. 

En una avenida de Carrasco que 
lleva su nombre, un busto en bron- 
ce perpetua su recuerdo, como uno 
de los gi-andes valores de la pintura 
nacional y americana. 



— 219 — 



BLI 



BLI 



BLIXEN, SAMUEL Jose Andres 

Periodista, critico y autor teatral. 
Nacido en Montevideo el 29 de agos- 
to de 1867, era hijo de Samuel Bli- 
xen, sueco y de Maria Claret, ar- 
gentina. 

Su talento manifestose pronto, 
con notable inclinacion a las letras, 
revelandose al publico en el teatro 
San Felipe, el afio 1884, con "Los 
dos primores", produccion que aso- 
ci6 el nombre de un muchacho a 
prestigiosos nombres consagrados. 

Cursaba aun estudios de abogacia, 
cuando en 1886 aparecieron en "La 
Razon", firmados con el nombre de 
Charles Blanc, sus primeros articu- 
los de critica, escritos dentro de una 
tendencia realista que le proporcio- 
narian — sobre todo en materia tea- 
tral — prestigio y autoridad que no 
se concedia anteriormente a otras 
plumas. \ 

Reunidos en un libro con el titulo 
"Desde mi butaca", en 1892, repre- 
sentan estas criticas, sobre todo, un 
rico aporte de noticias para escribir 
la historia de la vida teatral y ar- 
tistica de una epoca. En estas pri- 
meras apreciaciones se entreveia ya 
— dice F. A. Schinca — el critico 
amable pero justo, que habia de im- 
poner afios despues el seudonimo 
de Suplente. Para entonces corrian 
impresas bajo el nombre de "Cobre 
Viejo", una seleccion de articulos 
de prensa de variado tema, donde 
aparece en su verdadera cuerda, 



pues la vocacion periodistica que lo 
llamaba imperiosamente, era la ver- 
dadera vocacion de Blixen. 

Catedratico de literatura por con- 
curso en la Seccion de Estudios 
Preparatorios de la Universidad, 
publico dos textos de estudio, uno 
sobre literatura oriental en 1892, j 
otro — en dos tomos — sobre litera- 
tura contemporanea, en 1894. 

Como autor teatral poco agrega- 
ron sus obras a su reputacion de 
hombre de letras, pues no fueron 
mas alld de ensayos mas o menos 
felices: "El cuento del tio Marcelo", 
1892; "Jauja", 1895; "Ajena", 1893, 
y sus cuatro estaciones: "Primave- 
ra", "Verano", "Otofio" e "Invier- 
no", estrenadas todas ellas en Mon- 
tevideo. 

En el campo del periodismo fundd 
en 1890 y dirigio durante meses la 
revista ilustrada hebdomadaria 
"Rojo y Blanco", al tipo de su casi 
homonima "Blanco y Negro", publi- 
cada en Madrid, y un poco mas tar- 
de asumio la direccion de "La Ra- 
z6n", hoja diaria de prestigiosos an- 
tecedentes, que vegetaba entonces en 
una especie de limbo y a la cual 
Blixen y su animada pluma, trans- 
formaron en un diario agil e intere- 
sante que conquisto de golpe las 
simpatias populares. 

Admirable para una direccion de 
esta indole, fue Blixen hombre op- 
timista, tolerante y bueno, que en 
el campo de las letras puso mucha 
gente en el riel, descubrio a alguno 
y animo a todos. 



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BOG 



BOG 



En funciones de secretario de la 
Camara de Diputados, puesto que 
desempenaba desde el Gobierno de 
Cuestas, una enfermedad rapida 
quebranto en pocos dias una natu- 
raleza al parecer tan vigorosa, arre- 
batandolo a la vida el 22 de mayo 
de 1909. 

Un busto en bronce del escultor 
uruguayo Carlos Oliva Navarro, cos- 
teado por el concurso popular y los 
poderes publicos, recuerda al bri- 
llante cronista en los jardines del 
P^rque Rodo. 



BOGORJA DE SKOTNIKI, ERAS- 
MO 

Educacionista distinguido, uno de 
los Inspectores de la Reforma. 

Polaco, nacido en Varsovia el 2 
de junio de 1848, pertenecia a una 
familia noble del pais, y era toda- 
via un muchacho cuando por su 
participacion en un alzamiento pa- 
triotico, fue hecho prisionero de los 
rusos. Marchaba cautivo a Siberia 
pero consiguio escapar, cruzando 
las % iTonteras, y entonces, como mu- 
chos de sus compatriotas, fue a en- 
rolarse como voluntario en el ejer- 
cito de Victor Manuel II, para pe- 
lear contra el Austria. 

La paz de Praga en 1866 puso fin 
ai conflicto belico, y entonces se tras- 
lado a Paris, donde siguio cursos de 
ingeniero militar, los que luego in- 
terrumpio emigrando a Sud Ame- 
lica. 



De Buenos Aires, donde pensaba 
encontrar ambiente propicio a sus 
inclinaeiones de tecnico de la gue- 
rra pero en la que no hallo posibi- 
lidades, trasladose a Montevideo, 
y aqui sus conocimientos y la po- 
sesion de varios idiomas, hubieron 
de recomendarlo como un excelente 
educacionista. 

De nuestra capital paso luego a la 
Villa de Rocha y alli fundo el "Cole- 
gio Oriental", que se hizo de mere- 
cida 'fama, al mismo tiempo que ac- 
tuaba con regular exito, en el pe- 
riodismo local. 

Jose Pedro Varela, en la selec- 
cion de maestros para ocupar las 
primeras inspecciones departamen- 
tales de la reforma escolar, que 
transformaria a fondo los metodos 
de ensenanza, eligio para la Ins- 
peccion de Cerro Largo a Bogorja 
de Skotniki. 

En Melo, al margen de sus ta- 
reas oficiales desempenadas a ple- 
na satisfaccion, reabrio su Colegio 
Oriental, y lo mismo que en Rocha, 
fue periodista. 

Transferido a Paysandu en 1883, 
de este destino paso a Montevideo 
c-n calidad de Inspector Departamen- 
tal Adjunto y luego a Inspector 
Tecnico de la Direccion General. Su 
salud en falla no Uego a permitirie 
la obra intensa a que parecia estar 
destinado y tenia dispuesto afrontar. 
Virtualmente invalido en sus ulti- 
mos tiempos, pero sin abandonar el 
trabajo, faliecio en Montevideo el 27 
de diciembre de 1897. 



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BOI 



BON 



BOISO LANZA, Eduardo JUAN 
Manuel 

Oficial aviador, que despues de 
una promisora cuanto breve y bri- 
llante carrera, perdio la vida en 
Francia, donde perfeccionaba sus 
conocimientos tecnicos. 

Nacido en Montevideo el 28 de 
octubre de 1887, egreso de la Aca- 
demia Militar como alferez gradua- 
do el 24 de diciembre de 1907, des- 
pues de haber combatido la revo- 
lucion nacionalista de 1904 como 
oficial de un regimiento de caba- 
lleria de Guardias Nacionales de Co- 
lonia, iocandole actuar en la bata- 
lla de 'Masoller. 

Alferez efectivo de artilleria en 
diciembre de 1908, paso como agre- 
gado militar a la Legacion en BeL- 
gica en. 1909 y alli, por tres afios, 
siguio los eursos de la Escuela de 
Aplicacion de Artilleria. En ese 
termino tuvo la promocion a te- 
niente 2? el 19 de febrero de 1911. 

Profesor de la misma arma en la 
Escuela Militar y Naval, en junio 
del ano 15 — ascendido ya a teniente 
l°__'f U e a Chile a cursar estudios 
de aviacion y el 28 de diciembre 
reeibiaMitulo de piloto aviador mi- 
litar chileno. A su regreso, en 1916, 
tuvo funciones de Director de nues- 
tra Escuela Militar de Aviacion, de 
donde paso a Francia, en mision de 
estudiar los adelantos de la nueva 
arma, ingresando a la Escuela de 
Avorn, donde hizo todos los cursos 
preparatorios, promovido a capitan 
el 7 de febrero de 1917. 



Desde el primer momento Boiso 
Lanza se sindico por un extraordi- 
nario coraje, al que se hermanaba 
una pericia suma. En la manana del 
10 de agosto de 1918, al regresar a 
la Escuela de Pau, donde habia pa- 
sado a cursar estudios superiores, el 
aparato que tripulaba junto eon ua 
oficial frances cayo a tierra, frente 
al hangar, pereciendo en el acto am- 
bos aviadores. 

En el momcnto de su entierro, el 
Director de la Escuela de Pau, lue- 
go de expresarse en terminos alta- 
mente elogiosos para nuestro com- 
patriota, hizo notar que Boiso Lan- 
za habia sido el mejor oficial ex- 
tranjero de los que habian cursado 
estudios en aquella casa. 

Al cumplirse un afio del falleci- 
miento, la Direccion de la Escuela 
de Pau envio una placa recordato- 
ria para ser colocada en la tumba 
del infortunado piloto. 



BONIFAZ, JUAN MANUEL 

Preceptor, espafiol de nacionali- 
dad, que poseyo por largo tiempo 
el decanato entre los maestros de 
escuela de la Republica. 

En sus ultimos anos, con <Ǥedio 
siglo pasado de docente, calculaba 
el anciano y meritorio maestro ha- 
ber ensefiado a leer y a escribir a 
no mencs de diez mil alumnos, de 
los cuales la maxima proporcion co- 
rrespondia a nuestra ciudad, aun- 
que tuvo colegios en Buenos Aires 
y en la poblacion argentina de Co- 
rrientes. 



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BON 



BON 



Habia visto la luz en Fuenma- 
yor, Logrono, el 9 de junio de 1805, 
en familia de buena posicion, que 
le proporciono esmerada escuela. 

A los 21 afios fue a Paris, junto 
a un tio sacerdote y poco tiempo des- 
pues, en 1830, arribaba al Rio de la 
Plata, en viaje a Mejico, donde se 
propom'a Uegar por la via del Pa- 
cifico para reunirse con unos pa- 
rientes ricos. 

Torciose aqui su destino, sin em- 
bargo, anclando definitivamente en 
estas tierras platenses donde tomo 
la senda pedagogica a la cual — es 
notorio — estaba llamado vocacional- 
mente. 

Despues de ejercer el magisterio 
en Argentina durante varios anos, 
habiendo ensenado en el Liceo y en 
el Gimnasio argentinos y en el Co- 
legio bonaerense, vino a establecer- 
se en Montevideo en 1837, fundando 
el Colegio Oriental y desde enton- 
ces, en una u otra escuela o en tal 
o cual funcion docente, no abando- 
no nunca mas la capital como no 
fuese en la epcca de residencia en 
la Villa de la Union, que por otro 
lado era una especie de barrio mon- 
tevideano. De este modo, lo mismo 
aparece como director de un gran 
colegio pago particular, como pre- 
ceptcr de la Escuela Normal o co- 
mo director en 1853 de la Escuela 
del Carmen para negros y mulaios. 

Lejos de eircunscribir sus activi- 
dades de educador a la diaria ta- 
rea de las clases, dedico Bonifaz 
cuidado preferentisimo a la crea- 
cion y a la innovacion de metodos 
pedagogicos propios, siendo autor de 



varios textos elementales, donde 
busco desarrollar una equivocada 
ensenanza a base de memoria, ejer- 
citada y facilitada merced a la ver- 
sificacion de las reglas y las nocio- 
nes elementales. 

En tal orden de ideas dio forma 
rimada y cantada a la gramatica y 
a las descripciones del cuerpo hu- 
mano, lo mismo que a conceptos de 
creencias catolicas y a reglas de hi- 
giene o de buenas maneras. 

Intentos meramente personales, los 
nuevos metodos didacticos que Bo- 
nifaz consideraba superiores e in- 
falibles, no lograron hacer adeptos 
entrt los maestros y en cambio, pe- 
se a las protestas y defensas del in- 
ventor, fueron objeto de informes 
desfavorables emitidos por comisio- 
nes facultativas encarg&das de su 
examen por las autoridades esco- 
lares correspondientes. 

No es pcsible negar, sin embar- 
go, que analizada la copiosa biblio- 
grafia del maestro Bonifaz, que di- 
fundio sus libros y textos en va- 
rias ediciones hechas en una im- 
prenta propia, se encuentran en ella 
ideas, nociones y atisbos adelanta- 
dos a su tiempo, sobre todo en ma- 
teria de fonetica. "fs» 

Derecho, corpulento, de larga me- 
lena y campanuda voz, tenia el 
maestro algo de arquitectural y so- 
lemne que llevaba a pensar en un 
actor de teatro, con su gran levita 
cruzada y su sombrero blanco de 
copa alta. 

Popular y muy estimado llego "el 
buen viejo al ocaso de su vida sin 
ver a su alrededor mas que caras 



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BOR 



BOR 



que le sonreian y brazos abiertos", 
viniendo a fallecer el 21 de julio 
de 1886 en la casa que ocupaba el 
Colegio del Salvador, que por enton- 
ces dirigia. 

Sus antiguos discipulos le erigie- 
ron por cuestacion un sencillo cuan- 
to adecuado sepulcro en el Cemen- 
terio Central, al que se transfirie- 
ron sus cenizas en diciembre de 
1889. 

Integran la bibliografia del pre- 
ceptor Bonifaz, entre otros titulos: 
Ortografia Castellana Explicada 
(1841) y cuatro ediciones sucesivas; 
Aritmetica para nifios y adultos 
(1854); Alocucion de Paz y Frater- 
nidad (1858); Compendio de Gran 
Mgtodo de Lectura; Grandeza del 
Hombre; La Lectura Practica; Ma- 
ximas en versc- (1865), etc, etc. 



BORGES, FRANCISCO Isidro 

Militar, cuyos servicios se prolon- 
garon en la Republica Argentina, 
donde murio bajo banderas mitris- 
tas, despues de haber ejemplariza- 
do como soldado y como ciudadano. 

Nacido en Montevideo, el 16 de 
noviembre de 1832, hijo de Francis- 
co Borges, portugues y Maria del 
Carmen Lafinur, cordobesa, sento 
plaza de artillero voluntario en el 
ejercito que defendia la Nueva Tro- 
ya, el 23 de marzo de 1851, ascen- 
diendo a distinguido el 3 de mayo 
del mismo afio y a alferez 2° el 28 
de noviembre siguiente. 

Con esta clase, en el Escuadron 
de Artilleria que mandaba el te- 



niente coronel Mariano Vedia, for- 
mo parte del contingente uruguayo 
del Ejercito Grande Aliado en Sud 
America y se hallo en la batalla 
triunfal de Caseros, el 3 de febrero 
de 1852. Recibio la medalla de pla- 
ta que le correspondia, pasando a 
revistar en calidad de agregado al 
Estado Mayor, una vez reintegrado 
al pais. 

El 30 de noviembre de 1853 tuvo 
destino en su antiguo Escuadron de 
Artilleria, ascendiendo a subtenien- 
te el 3 de diciembre del mismo afio. 

Adepto del bando colorado ccn- 
servador, intervino en los movimien- 
tos revolucionarios que se desarro- 
llaron en la capital dirigidos por 
Jose Maria Mufioz, en los meses de 
agcsto y noviembre de 1855. Ven- 
cidos los conservadores por la alian- 
za pactada en la Villa de la Union 
entre los generales Oribe y Flores, 
opto Borges por alejarse del pais, 
privando al ejercito de un soldado 
de porvenir, pues se distinguia en- 
tre los compafieros por estudicso y 
contraido a su carrera y a su arma. 

En Buenos Aires, donde radico, 
sus vinculaciones con los unitarios 
creadas durante la Defensa, lo de- 
cidieron a tomar servicio en la Ar- 
gentina. Incorporado al batallon 2 9 
de linea, se hallo en Canada de lts 
Leones, 1857, Expedicion al desier- 
to, 1858, Arroyo del Medio, Cepeda 
y sitio de Buenos Aires en 1859 y 
en la batalla de Pavon, 1861. 

Destinado mas tarde al ejereito 
que fue al Paraguay, dejo bien pues- 
to el nombre uruguayo entre las 
fuerzas aliadas y resulto herido en 



BOR 



BOR 



los combates de Tuyuty y Boque- 
ron del Sauce, el 24 de mayo y el 
18 de julio de 1866, respectiva- 
mente. 

Acompafio al general Mitre con- 
tra el gobierno de Sarmiento. 

La conducta militar de nuestro 
valeroso compatriota en esta emer- 
gencia fue digna de un soldado de 
calidad muy superior a la corrien- 
te y corresponde que se la consigne 
en la historia. 

Simpatizante del movimiento re- 
volucionario preparado p,or sus ami- 
gos politicos, siendo teniente ccronel 
y jefe de una unidad del ejercito que 
el gcbierno habia confiado a su leal- 
tad, no se sublevo con las fuerzas a 
su mando para ir a sumaiias a las 
columnas mitristas; desprendiose de 
sus soldados y se presento solo, como 
un ciudadano mas en las filas revo- 
lucionarias. 

Esta gallarda actitud fue aprecia- 
da con distingos por los compane- 
ros que esperaban veiio llegar a 
la cabeza de un fuerte contingente 
de tropas. De aqui nacio probable- 
mente la version de que buscase la 
muerte en el primer combate, tra- 
bado en La Verde, el 26 de no- 
viembre del 74, al frente de la in- 
fanteria mitrista. 

Herido de un balazo en el costa- 
do derecho del vientre, tuvo que 
ser retirado del campo de batalla. 
Esta circunstancia y asi se ha di- 
cho, tal vez cambio la faz de la ac- 
cion, permitiendo la victoria del je- 
fe gubernista Jose L. Arias, segui- 
•da de la rendicion del general Mitre, 
un poco mas iarde. 



Borges Lafinur murio el mismo 
dia de la batalla, satisfecho, segun 
sus ultimas palabras, de "haber 
cumplido con su deber como mili- 
tar y como ciudadano". 



BORGES, NICASIO 

Militar de nutrida foja de servi- 
cios, que llego a ser general del 
ejercito, participante en las luchas 
internas de nuestro pais y de la Re- 
publica Argentina, en el periodo de 
la organizacion nacional. 

Canario, nacido en Santa Cruz de 
Tenerife, el 10 de octubre de 1820, 
a los cinco anos lo trajeron al Uru- 
guay, sus padres labradores, que 
venian a pcblar los campos de Ca- 
nelones. 

Sus servicios militarcs se inicia- 
ron en plena Guerra Grande en el 
Regimiento Sosa, donde se le en- 
cuentra en calidad de soldado en el 
mes de julio de 1842. Alferez el 23 
de marzo del 44, teniente 2do. el 
30 de abril del mismo ano y capi- 
tan el 20 de noviembre de 1845, en 
los afios 1848 y 1849 presto servi- 
cios sucesivamente en la policia y 
en la linea exterior de defensa de 
la capital sitiada. 

El 5 de setiembre de 1850 paso 
en calidad de capitan agregado al 
ler. Regimiento de Guardas Nacio- 
nales de Caballeria del coronel 
Francisco Tajes. Habia demostrado 
ya entonces su valor, su audacia y 
su cautela oportunas, su resistencia 
a las penurias y la calidad de na- 
dador sobresaliente enire su: con- 



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15 



BOR 



BOR 



militones. Por lo demas, era hom- 
bre de caracter duro y ccn una pas- 
ta de interesado y negociante simi- 
lar a la del general entrerriano Jus- 
to Jose de Urquiza, su compadre y 
su gran amigo. 

Nombrado comisario de Pando en 
agosto de 1853, se mantuvo en el 
cargo con breves solucicnes de con- 
tinuidad hasta que, por haberse ple- 
gado al movimiento revolucionario 
del general Cesar Diaz, fue dado de 
baja del ejercito el 15 de febrero 
de 1858, como sargento mayor gra- 
duado, jerarquia obtenida el 29 de 
febrero de 1856. 

En Entre Rios, donde busco re- 
fugio, se puso a servicio de la Con- 
federacion en las luchas contra Bue- 
nos Aires y por su distinguida con- 
ducta en la batalla de Cepeda, Ur- 
cuiza la obsequio un sable ciue ha- 
bia pertenecido al general Fructuo- 
so Rivera. 

Aunque militante contra el gene- 
rai Venancio Flores en la Argenti- 
na, Borges lo acempaiio en la re- 
volucion que este trajo al pais en 
abril de 1883, con una cincuentena 
de oficiales y soldados reunidos en 
Corrientes, que vadearon el Uru- 
guay por la barra de Itacumbu, de- 
partamento de Salto, el 4 de ma- 
yo. Al triunfo de la revolucion en 
1865, Flores lo hizo coronel el 19 
de mayo y coronel mayor el 15 de 
iunio, y aunque marcho a incor- 
porarse y se incorporo al ejercito 
de operaciones contra el Paraguay, 
no fue mas alla de Uruguayana. 

En la lucha presidencial por la 
sucesion del general Flores propi- 



cio la candidatura de Jcse Candido 
Bustamante, con entusiasmo sufi- 
ciente para instigar una pueblada 
en la capital. 

Comandante militar de Paysandu, 
nombrado el 7 de junio de 1869. en 
el gobiemo del general Lorenzo Bat- 
lle, en tiempo en que el general 
Francisco Caraballo se alzo en ar- 
mas, hubo de revocarse el nombra- 
miento una semana despues ante la 
actitud de Borges favorable al jefe 
rebelde. Bcrges por su parte inten- 
to reunir gente, pero convencido de 
que habi'an fracasado los planes sub- 
versivos paso a Entre Rios donde 
el compadre Urquiza le dispenso cor- 
dial acogida a su viejo amigo. 

En la guerra civil de 1870-72, du- 
rante la cual el gobierno de Batlle 
viose enfrentado a una poderosa re- 
volucion blanca del coronel Timc- 
teo Aparicio, el general Borges tu- 
vo el mando de las fuerzas movili- 
zadas en Paysandu. Rindio servi- 
cios de buen militar en el com- 
bate de Severino, el 12 de setiem- 
bre del 70 y tuvo a sus orde- 
nes la izquierda, en la victoria del 
Sauce, el 25 de diciembre del mis- 
mo afio. Aparte de esto mostrose 
calculador, tertuoso y discolo, por 
lo cual tanto el como Francisco Ca- 
raballo, estan involucrados, y en- 
tre los primeros, en el amargo re- 
proche de un contemporaneo refe- 
rido a los generales del gobierno 
"que comprometieron el exito de 
una lucha de vida o muerte para 
el pais, a sus caprichos, a sus ren- 
cillas personales, a sus ambiciones 
y a sus miserias". 



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BOR 



BOS 



En el gobierno de Gomensoro se 
le promovio a brigadier general, el 
10 de setiembre de 1872. 

Ccn afiliacion en el grupo colo- 
rado que se llamaba neto, opuesto 
al gobierno de Ellauri, acepto los 
sucesos derivados del motin militar 
del 15 de enero de 1875, prestando 
su apoyo a un magistrado extra-le- 
gal como Pedro Varela. Apoyo'de 
dudosa buena fe, si bien se mira, 
pues existe la prueba de que estu- 
vo en contacto con los "principis- 
tas" y que el gobierno conocia y 
vigilaba "las reuniones del general 
Borges". Sus antecedentes politicos, 
no obstante la certeza de que Bor- 
ges sumarla a la revolucion el apor- 
te de un buen jefe con arrastre en 
campafia, decidieron finalmente q 
los dirigentes de la revolucion en 
ciernes a prescindir de 61. Enton- 
ces Borges, reiterando su concurso 
al gobierno de Montevideo, obtu- 
vo mando de fuerzas en Paysandu; 
y cuanao ios revomcionanos con ia 
divisa tricoi >r alzaron la bandera 
de la Reaccion Nacional, fue su 
vanguardia, mandada por el coronel 
Dionisio Irigoyen, la que ccnsumo 
el 5 de cctubre del 75, el indigno 
exterminio de la infanteria enemi- 
ga en la derrota de Guayabos. 

Desde el dia en que el corone' 
Latorre se hizo dictador de la Re- 
publica en 1876, Borges no tuvo mas 
rol, participando del trato que el 
gobernador dio a todos los viejos 
mUitares. Tampoco Santos preocu- 
pose mucho de el por mas que lo 
ascendio a teniente general el 22 
de julio de 1884, y solamente a la 



hora de su muerte, empefiado como 
estaba en explotar las divisas his- 
toricas titulandose jefe del Partido 
Colorado, solo entonces, sirviendo a 
sus intereses propios, envio un va- 
por de guerra para que trajese los 
restos del anciano soldado, cuya vi- 
da habiase extinguido 'en la ,ciu- 
dad de Paysandu, el l 9 de octubre 
de 1884. Velado con suntuosa capi- 
lla ardiente en el cuartel del 5° de 
Cazadores, recibio sepultura en el 
Cemente2-io Central, con los maxi- 
mos honores de la ordenanza. 



BOSSI.. BARTOLOME 

Italiano, nacido en Puerto Mauri- 
cio, Liguria, en 1817. Capitan de ma- 
rina mercante, su nombre perdu- 
ra ligado a la fatalidad en la tre- 
menda catastrofe del vapor "Ame- 
rica", cuando debia recordarse mas 
bien como el del primer marino que 
paseo por las costas del Pacifico 
hasta Guayaquil la bandera urugua- 
ya, desplegada en la popa del "Cha- 
rrua", buque de su prcpiedad y pri- 
mer barco nacional de' vapor que 
surcaba el Gran Oceano. Antes, pro- 
bablemente, alguna embarcacion de 
vela debio remontar acaso hasta Ca- 
lifornia el mismo pabellon, en los 
anos de la "fiebre del oro", pero 
la prioridad no se discute. 

El "Charriia", construido en 1866, 
abandcno el dique Maua rumbo a 
Chile en enero de 1875, recorrio va- 
rias veces el litoral del Pacifico y 
fue en 1880 que largo anclas en la 
rada guayaquilena. 



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BOS 



BOS 



En el curso de los precitados anos 
el capitan Bossi realizo, tambien ba- 
jo bandera uruguaya, un interesan- 
te viaje de exploracion por los ca- 
nales e islas magallanicas, del li- 
toral chileno especialmente. Indi- 
vidualizo, puntualizandolos y bau- 
tizandclos con nombres de su elec- 
cion tales como Montevideo, coro- 
nel Sciurano, Charrua, etc, diver- 
sos accidentes geograficos, islas, ca- 
letas y puertos que no figuraban en 
las cartas. Denominaciones que no 
perduraron, tampoco, en la toponimia 
geografica. 'carentes de una difusion 
y de un prestigio que solo puede 
alcanzarse merced a los mapas del 
almirantazgo ingles. lanzados al mun- 
do con el pasavante formidable de 
su sello. 

Bossi, que usaba titulo de ex-co- 
ronel de la Confederacion Argenti- 
na y era hombre dado a cuestiones 
de exploracion y estudio, llevaba 
realizados ya algunos viajes al in- 
tericr de America meridional, por 
comarcas desiertas de Matto Gros- 
so y habi'a llegado en 1S62 a las ri- 
beras del Arinos, de la vertiente 
amazonica. 

Venido muy joven a los paises 
platenses, el capitan habia sido ami- 
go de Garibaldi en la epoca del si- 
tio de Montevideo y ocupado siem- 
pre en cuestiones de su oficio trajo 
de Estados Unidos en 1868 el lu- 
joso vapor "America", construido 
expresamente para la travesia del 
estuario. La nave se incendio en 
viaje de Buenos Aires a Montevi- 
deo la noche del 24 de dicK-mbre 
de 1871, dando lugar a una espan- 



tosa catastrofe en que se perdie- 
ron muchas vidas. 

Responsabilizado Bossi del sinies- 
tro, procesado y finalmente absuelto 
en 1872 el capitan sufrio verdaderos 
martirios con el terrible suceso, no 
ajeno a su posterior alejamiento y 
permanencia en Chile y Peru. 

Vendido el "Charrua" cuando 
la - guerra del Pacif ico, el capitan 
Bossi, de retorno en Montevideo, des- 
empehaba funciones 'de consul del 
Ecuador en la Republica — como ya 
habia sido antes en Valparaiso — 
cuando en julio de 1880 tuvo la ex- 
traha ocurrencia de entrevistarse 
con el coronel Maximo Santos, mi- 
nistro de Guerra y Marina del Pre- 
sidente Francisco A. Vidai, para 
plantearle, "mctu propio" un golpe 
de Estado >que depusiera a este y 
formara u.n gobierno provisorio pre- 
sidido por Tomas Gomensoro, con el 
doctor Jose Pedro Ramirez como 
jefe del gabinete. La propuesta dio 
por resultado la inmediata ida de 
Bossi para Buenos Aires con la con- 
siguiente cancelacion de su exequa- 
tur consular, nctificado al gobierno 
ecuatoriano. 

Reanudandj tareas periodisticas, 
que habia ejercitado dirigiendo "La 
Unidad Italiana", aparece de nuevo 
entre nosotros como redactor co- 
mercial de "La Nacion" en 1885, 
ano en que dio a luz un estudio 
titulado "Las manchas solares". 

En viaje por Europa el ano 1890. 
el capitan Bossi fallecio en Niza, el 
31 de diciembre, victima de un ata- 
que cerebral. 

El viaje pintoresco a Matto Gros- 



— 228 — - 



.B R A 



BRA 



so fue impreso en Paris en 1863 y 
esta dedicado al Vizconde de Maua. 

Publicd ademas en 1872, por la 
Imprenta Italiana de su propiedad, 
en Montevideo, una "Relacion ex- 
plicativa y justificativa de la eatas- 
trofe del vapor "America". 

El "Viaje descriptivo de Montevi- 
deo a Valparaiso", se edito en San- 
tiago de Chile en 1874, y la "Ex- 
ploracion de la Tierra del Fuego" 
con el "Charrua", en Montevideo, en 
1882. 



BRAGA, JUAN MARIA 

Militar, cuyo nombre ha pasado 
a la historia por las condenables y 
tragicas condiciones en que perdio 
la vida, fusilado sin forma de pro- 
ceso legal despues de la toma de 
Paysandu, junto con el bravo gene- 
ral Leandro Gomez, su jefe. 

Habia visto la primera luz en 
Montevideo, el 22 de agosto de 1825, 
yendo mas tarde a Buenos Aires 
donde recibio regular instruccion. 
Vuelto a la Republica fue a estable- 
cerse en el pueblo de Porongos, en 
1847, con casa de comercio, estuvo 
enrolado en la Guardia Nacional y 
de alli se traslado en 1851 con iden- 
ticas actividades a Mercedes, donde 
fue elegido Alcalde Ordinario en 
1857. 

En el gobierno de Berro se le de- 
signo Jefe Politico del departamen- 
to de Soriano e hizo una buena ad- 
ministracion promulgando varias or- 
denanzas sobre regimen y vigilancia 
de los intereses de la campafia. 



Alterado el orden por la inva- 
sion revolucionaria de Flores paso 
a ser ccmandante militar y jefe de 
la Guardia Nacional, obteniendo des- 
pachos de teniente coronel de mili- 
cias, el 8 de abril de 1864. 

El poderio creciente del movi- 
miento florista obligo al gobierno a 
evacuar la plaza de Mercedes, cuya 
guarnicion, al mando del coronel Je- 
remias Olivera, se dividio en dos 
partes, una que marcho a Paysandu 
a ordenes de Braga y la otra, que 
atravesando el Uruguay, buscd asilo 
en la provincia de Entre Rios. 

Braga, que durante su mando mi- 
litar en Mercedes se habia malquis- 
tado con la mayor parte de los ofi- 
ciales, repitiendose asi el caso tan 
corriente entre nosotros de que los 
jefes de Guardia Nacional scn los 
menos aptos para hacerse querer de 
los subalternos, pues no estando 
acostumbrados a obedecer no saben 
naturalmente mandar, poca ayuda 
podia aportar a Leandro Gomez. 

Por tal razon, el comandante ge- 
neral del Litoral, coronel Dionisio 
Trillo, oficio al comandante Tomas 
Perez, que estaba en Gualeguay con 
el remanente de la Division Soria- 
no, a fin de que repasando el ria 
fuese a reunirse en Paysandu con 
sus compaheros. Pero los oficiales 
emigrados le declararon a Perez del 
mcdo mas formal, que estaban dis- 
puestos a mendigar en el extranje- 
ro antes que consentir en ponerse de 
nuevo a las ordenes de Braga. (Pa- 
peles del Ministerio de Guerra. — 
Setiembre de 1864. — Archivo Ge- 
neral de la Nacion). 



— 229 — 



RA 



BRA 



Sitiado Paysandu por primera vez 
fue levemente herido y en el segun- 
do sitio, cuando el coronel Hafia tu- 
vo que ser retirado del mando de 
lcs cantones del Este, paso a susti- 
tuiiio. 

Hecho prisionero al caer la plaza, 
fue inhumanamente ejecutado junto 
con Gomez y el capitan Federico 
Femandez, el 2 de enero de 1865. 

BRAYER, Caiios Augusto LUCIA- 
NO de 

Prusiano, naturalizado frances, hi- 
jo mayor del conde Miguel de Bra- 
yer, soldado de Napoleon Bonaparte, 
nacido en 1801 y traido por su padre 
al Rio de la Plata cuando, proscripto 
y condenado a muerte por los borbo- 
nes, vino a poner su espada al servi- 
cio de la independencia de America 
en 1817. 

No obstante su juventud, junto il 
padre y bajo las ordenes de San 
Martin hizo la campafia de Chile, 
ganando en Chacabuco el grado de 
teniente a los 17 afios y en Maipu 
las condecoraciones decretadas por 
la patria a los vencedores. 

Distanciado de San Martin, el 
conde Miguel abandono el ejercito 
de las Provincias Unidas y con ei 
su hijo, viniendo ambos a radicarse 
en Montevideo y aqui permanecieron 
hasta su vuelta a Francia a princi- 
pios del afio 21. 

Impedido Luciano de Brayer por 
las leyes militares de su nacion de 
continuar alli una carrera princi- 
piada en el extranjero sin los co- 



rrespondientes permisos, regreso al 
Rio de la Plata cuando la guerra 
con Espafia aun no estaba conclui- 
da, pues los realistas dominaban to- 
davia en el Peru. Reincorporado al 
servicio en Buenos Aires tuvo des- 
tino en el ejercito del general Mar- 
tin Rodriguez. 

La victoria de Ayacucho selfaba 
poco despues la gesta de la eman- 
cipacion americana, pero otra gue- 
rra en favor de la Provincia Orien- 
tal, alzada en armas contra la do- 
minacion brasilefia, empefio al ejer- 
cito de las Provincias Unidas en hos- 
tilidades contra el Imperio del Bra- 
sil. 

El capitan Brayer hizo toda la 
campana del Ejercito Republicano 
sirviendo en la 1 ? compafiia del Es- 
cuadron de Coraceros de Anacleto 
Medina' y en la batalla de Ituzain- 
go se condujo con tanta distincion 
que fue ascendido a sargento ma- 
yor graduado sobre el campo y ci- 
tado en el parte. El 30 de marzo 
de 1827 era transferido al regi- 
miento 1° de caballeria. 

Mas tarde volvio a distinguirse 
en el asalto a las fortificaciones de 
Punta del Este y desde setiembre 
de 1827 scstenia el bloqueo de la 
Colonia, con las fuerzas de su 
mando. 

Ascendido a teniente cdronel gra- 
duado en mayo de 1828, desempe- 
fiaba la Comandancia Militar de Co- 
lonia cuando en enero de 1830 vio- 
se trasladado al Escuadron 2 9 de 
Caballeria, nuevo destino que rehu- 
so por cuanto perjudicaba sus in- 
tereses, pidiendo en cambio su pa- 



BRA 



BRI 



se a la Plana Mayor Pasiva. En- 
tonces, unido en matrimonio con 
una sefiorita coloniense, se contrajo 
a atender las estancias adquiridas 
en el departamento cuya area regu- 
laba tres leguas cuadradas. 

Teniente corcnel efectivo el 29 'de 
julio de 1835, la ley de Reforma Mi- 
litar dictada dos dias despues, lo 
alejo del ejercito. 

Cuando la revolucion riverista de 
julio de 1836 fue llamado nueva- 
mente al servicio — a la par de to- 
dos los que estaban en su misma 
situacicn — y en el propio mes se le 
designo jefe del Estado Mayor de la 
Division del comandante Celedonio 
Escalada, formada por las milicias 
de Soriano y Colonia y tuvo ascen- 
so a coronel graduado el 29 de oc- 
tubre. 

Pero es unieamente en este pri- 
mer periodo de la guerra civil que 
Brayer tiene una actuacion activa, 
pues luego prefirio adoptar una ac- 
titud neutral, manteniendose en 
Montevideo, donde se encontraba 
presente en 1843 al organizarse la 
Legion Francesa. En esas circuns- 
tancias se opuso al sentir de la ma- 
yoria de sus compatriotas, solidari- 
zandose en cambio con el consul 
Pichon y el almirante Laine, con- 
trarios a que se formasen los cuer- 
pos voluntarios. 

La correcta posicion de extranje- 
ro que se emperio en conservar no 
obstante el grado militar que tenia 
en nuestro ejercito, no fue desmen- 
tida en todo el largo tiempo de la 
guerra, permaneciendo ajeno a la 
ccntienda. 



Vivio la mayor parte de la Gue- 
rra Grande en sus haciendas de la 
Colonia y es posible que alguna vez 
sirviese de intermediario entre di- 
plomaticos y marinos de su pais y 
el general Oribe, con quien mantenia 
las excelentes relaciones de siempre. 

El gobierno de Montevideo y los 
ejercitos, por otra parte, respetaron 
su actitud y sus intereses rurales 
no sufrieion desmedro superior a 
los corrientes en esas epocas. 

Con motivo de su viaje a Fran- 
cia, cuando fue designado consul de 
su pais en Bahia, Brayer recibio en- 
cargo de nuestro gobierno, el 2 de 
agosto de 1353, a titulo de agente 
confidencial y con una asignacion 
de cuatro mil patacones, para tra- 
tar con el gobierno de Napoleon III 
el desagradable asunto que deriva- 
ba de la falta de pago puntual de 
las cuotas convenidas para amorti- 
zar los subsidios recibidos durante 
la Defensa. Esperabase que las bue- 
nas relaciones del coronel podrian 
serle valiosas para la avenencia en- 
tre ambos paises. 

Mas tarde volvio a la Republica, 
falleciendo en la ciudad de Merce- 
des, victima de una apoplejia ful- 
minante, el 15 de febrero de 1861. 



BRIAN, ANGEL 

Legislador y hombre politico. Su 
padre era un accmodado vecino de 
Paysandu, pero Angel Brian nacio 
accidentalmente en el pueblo argen- 
tino de Gualeguaychii, en el afio 
1850. 



— 231 — 



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Hizo estudios uriiversitarios en 
Montevideo, recibiendose de medi- 
co en 1883. Su aventajada prepara- 
cion le aseguraba el porvenir de la 
carrera y pronto obtuvo un puesto 
de cirujano del ejercito, con grado 
de teniente corcnel, el 9 de febre- 
ro de 1885. 

Director de Salubridad de la Jun- 
ta E. Administrativa, su nombre 
principio a conocerse a merito de la 
accion energica, inteligente y efi- 
caz desarrollada durante la epide- 
mia colerica de 1886-37, en lucha 
con la ignorancia y las preocupacio- 
nes vulgares, gestiones de las que 
da cuenta un folleto suyo impreso 
en la epoca. 

En el mismo cargo acornpano al 
presidente de la corporacion edili- 
cia doctor Alberto Nin, en lo rela- 
tivo a la puesta en vigencia de las 
disposiciones legales sobre higiene 
y vigilancia recien sancionadas pa- 
ra su aplicacion a los conventcs y 
casas religiosas. 

Jefe Pclitico de Montevideo, nom- 
brado el 4 de julio de 1884, en susti- 
tucion de Apolinario Gayoso, perma- 
necio en el cargo hasta el 20 de se- 
tiembre de 1886 y en ese periodo le 
toco dar cumplimiento al decreto de 
julio de 1886 que disponia el arres- 
to de los periodistas opositores. El 
17 de agosto del mismo afio, con 
motivo del atentado de Ortiz con- 
tra la vida del presidente Santos, 
compartio con el ministro de la 
Guerra general Maximo Tajes, las 
responsabilidades de una hora lle- 
na de peligros e incertidumbres. 

Modificada de modo fundamental 



la marcha politica del pais despues 
de la conciliacion de noviembre y 
alejado de la Republica el general 
Santos, el doctor Brian paso a di- 
rigir "La Nacion", diario oficialis- 
ta propiedad de su padre politico 
el senador Clodomiro Arteaga, car- 
go que ocupo cierto tiempo. 

Electo Presidente de la Republi- 
ca el doctor Julio Herrera y Obes 
en marzo de 1890, el nombramien- 
to de Brian para ocupar la secre- 
taria de la presidencia causo ge- 
neral desagradc, sin que nadie al- 
canzara a explicarse el porque de 
aquclla designacion. Brian, efecti- 
vamente, merced a una coalicion de 
los odios del antisantismo y de los 
odios de los elementos clericales por 
su rol en los dias en que se puso 
en vigencia la ley de conventos, fi- 
guraba en 1890 en la "lista negra" 
no solo de la oposicion sino de dis- 
tintos sectores de la opinion pii- 
blica. 

El presidente Herrera, convenci- 
do del origen de la mayor parte de 
los cargos y de la apasionada injus- 
ticia de sus enemigos, afronto las 
criticas de la opinion, Uamando a 
su lado un hombre que parecia he- 
cho para lcs juegos complejos y su- 
balternos de la politica, mantenien- 
dolo cuatro anos en la secretaria. 

Elegido Brian para representar el 
departamento de Minas en la legis- 
latura 1894-97, recien habia aban- 
donado su cargo junto a Herrera y 
Obes cuando el nuevo presidente 
Idiarte Borda le volvio a confiar 
aquel puesto de confianza. 

Una notoria y torpe intervencion 



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en !a lucha electoral del 96 aumen- 
to el descredito del secretario, que 
votado en los mismos comicios re- 
sulto presidente de la Junta Econo- 
mico-Administrativa de la capital. 

Opositor decidido de Juan L. 
Cuestas, que ejerciendo el Poder 
Ejecutivo en 1897 a raiz de la muer- 
te de Idiarte Borda, estaba empe- 
fiado en ser electo para la Presi- 
dencia de la Republica, se le des- 
terro juntamente con los senadores 
Julio Herrera y Obes y Martin 
Aguirre, el 30 de noviembre, ale- 
gandose pretextos "ad-hoc". 

Derogado el decreto de extrana- 
miento y normalizada luego la si- 
tuacion, el doctor Brian no quiso 
regresar a la Republiea y optando 
por quedarse en su pais, se hizo due- 
fio de un instituto medico en Bue- 
nos Aires. Mas tarde fue a domici- 
liarse en Bahia Blanca, donde no 
solo reanudo sus tareas profesiona- 
les ccn mucho exito, sino que, par- 
ticipante en la politica provincial, 
supo hacerse de prestigio electoral 
en el distrito de Ingeniero White. 

De este modo, a partir de fines 
de 1898, el doctor Angel Brian des- 
aparece de la vida uruguaya. 

Sin absolverlo de todos sus pe- 
cados, el juicio sereno de la pcste- 
ridad tiene que diferir bastante, fa- 
Uando' acerca de este complejo per- 
sonaje, con el juicio apasionado de 
sus contemporaneos, que hicieron 
del doctor Angel Brian una sinte- 
sis de malas cualidades. Inteligente 
pero sin escrupulos politicos, insi- 
nuante y lleno de vueltas como era, 
paso en su epoca, efectivamente, co- 



mo una mezcla de Maquiavelo y de 
Eminencia Gris, cuya funesta in- 
fluencia queria verse en todo. 

De esta manera se le ataco en 
forma despiadada sin admitirsele ni 
alegatos ni atenuantes, por los mis- 
mos a quienes les comprendian las 
generales de la ley. 

Sin embargo, los cargcs que se 
formulaban respecto a su actuacion 
en los dias del atentado de Ortiz 
fueron desvirtuados por testimonio 
escrito del propio general Tajes, y 
en cuanto a otros, como la prision 
de los pericdistas, parece injusto ha- 
cer que caiga sobre un mero fun- 
cionario ejecutor la responsabilidad 
de atentados que, en cambio, nun- 
ca se le enrostraron, por ejemplo, 
al Ministro de Gobierno que refren- 
do la firma de Santos. 

El doctor Brian fallecio en Bahla 
Blanca, el 27 de mayo de 1923 y 
si bien a la hora de su muerte se 
dijo que habia dejado escrito un li- 
bro sobre sucesos y politica uru- 
guaya, cuyo gran interes se descon- 
taba logicamente, hasta ahora se 
llego a saber el fondo de verdad de 
semejantes asertos. 

BRID, JUAN JOSE Gregorio 

Sacerdote con larga actuacion en 
el clero nacional y en la politica, 
como figura militante del Partido 
Blanco. 

Nacido en Montevideo el 11 de 
marzo de 1821, era hijo de Migue-I 
Brid y Manuela Marin. Criado ea 
la Villa de Minas, donde su padre 



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tuvo casa de comercio, hizo los es- 
tudios de carrera en Buenos Aires, 
y vivia alli, sin esperanzas de or- 
denarse de sub-diacono por faita de 
capellania, cuando renuncio la suya 
en su favor el presbitero compatrio- 
ta Hipolito Soler. En esas circuns- 
tancias surgio el inconveniente de la 
falta de edad del candidato. pero el 
Vicario Larranaga le dispenso el 
afio cuestionado por decreto expedi- 
do en el Cerrito de la Victoria el 
afio 1841, y asi pudo ordenarse con- 
forme a sus deseos. 

Electo senador por el departa- 
mento de Minas para el sexenio 
1359-65, tuvo el canonigo Brid se- 
fialado papel en dos ruidosas cues- 
tiones que ocuparon la opinion pu- 
blica durante la presidencia de Be- 
rro. La primera en abril de 1861, 
cuando el Vicariato negose a auto- 
rizar el entierro en el cementerio 
publico, del Dr. Enrique Jacobsen, 
medico aleman afiliado a la maso- 
neria. Parroco de la Iglesia Matriz, 
en cierto momento en que una mu- 
chedumbre protestaba tumultuosa- 
mente contra el.proceder de las au- 
toridades eclesiasticas, la actitud y 
la palabra de Brid estuvo al nivel 
de la violencia de los manifestan- 
tes, y concluyo por cerrar las puer- 
tas de la iglesia y poner el cemen- 
terio en interdicto. 

Las posiciones estuvieron cambia- 
das, cuando en setiembre del mis- 
mo ano el Vicario Apostolico Mon- 
sefior Jacinto Vera, ''por un deber 
imprescindible de conciencia", exo- 
nero a Brid de su cargo de la 



Bectoria de la Parroquia Matriz, 
ejerciendo facultades que el pre- 
sidente Berro, celoso del regalis- 
mo gubernativo considero excesi- 
\ as y tuvo por nulas. 

Derivo de la discrepancia el lla- 
mado conflicto eclesiastico, cuyo fin 
iue el destierro del Vicario. Brid, 
amigo del presidente, mantuvose de 
t'cuerdo con la autoridad temporal, 
y en un manifiesto impreso al es- 
tiio de los que se usaban entonces, 
dtclaro bajo su firma que solo con 
anuencia del P. E. podia ser des- 
tituido y consecuente con sus opi- 
niones. no podia entregar al cura Ye- 
regui las llaves de la Matriz. 

Las autoridades eclesiasticas, por 
su parte, lo sancionaban segun los 
canones, a la vez que ponian en in- 
terdicto el templo, que fue claiisu- 
rndo. 

Negociada en Buenos Aires, a fi- 
nes de 1862, una solucion de ave- 
nimiento entre las partes, Brid, de 
acuerdo con lo resuelto, hizo "re- 
nuncia del rectorado, que el Vica- 
rio debia proveer con un sacerdote 
neutral". El gobierno, reconocido a 
su actitud, le acepto el sacrificio 
tgradeciendole el fiel y honorable 
desempeno de sus funciones. 

Con fecha 4 de mayo de 1866, lo 
nombraron Cura Vicario Foraneo 
de Durazno, tocandole interinar al- 
gun tiempo el curato de Trinidad de 
los Porongos. 

Conforme a su natural, en Duraz- 
no hizo politica activa a favor del 
Partido Blanco y tuvo arrastre de 
votos como para que se le contem- 



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plara por los cqroneles y caudillos 
electorales del departamento. 

Vino a fallecer en Montevideo el 
18 de mayo de 1886 — figura un po- 
co olvidada, como se puso de ma- 
nifiesto con motivo de su entierro — 
uniendo a su dignidad en el clero 
nacional, el titulo, poseido de largo 
tiempo, de Canonigo Magistral de 
la Catedral de Parana. 



BRIE. JUAN Baustista 

Medico de origen frances, conver- 
tido en militar por imposicion de 
lcs sucesos en dias de la Defensa 
de Montevideo. 

Vasco, nacido en San Juan de 
Port, Bajos Pirineos, en 1797, hizo 
estudios de medicina en la Univer- 
sidad de Montpellier, y llego al Rio 
de la Plata juntamente con un her- 
mano de nombre Hipolito. 

Avecindado en Montevideo, reva- 
lido su titulo ante la Junta de Hi- 
giene Publica, y en la lista de fa- 
cultativos nacionales publicada el 
19 de marzo de 1839, aparece figu- 
rando como doctor en medicina. 

El ejercicio de la carrera no fe 
impidio dedicarse a las actividades 
mas productivas del comercio y lle- 
gar a ser socio principal de la firma 
Ribas y Brie. 

No desinteresado por las graves 
dificultades suscitadas en la capital 
en el periodo de organizacidn de las 
legiones, tampoco habiase mezclado 
el doctor Brie en tan delicado asun- 
to. cuando el coronel Thiebaut vino 



a pedirle que se incorporase a la 
Legion Francesa, para formar en el 
Batallon de Vascos que iba a crear- 
se, pues lo consideraba el unico hom- 
bre capaz de unir a su alrededor la 
voluntad de todos los paisanos. 

Elegido capitan de la 1 ? compafiia 
de Cazadores Vascos, paso luego a 
ser comandante del Batallon de Vas- 
cos N 9 3. 

Poseia Brie sin duda alguna na- 
tural espiritu de soldado, pues prcn- 
to pudo tener a sus ordenes un her- 
moso plantel de voluntarios, cuya 
manutencion y sosten muchas ve- 
ces estuvo a cargo de su bolsillo, 
pues la miseria del gobierno era de- 
soladora. 

En la expedicion del general Ri- 
vera al litoral del Uruguay en 1846 
marcho Brie al frente de sus Caza- 
dores, y ccn ellos hallose en el ata- 
que a Paysandu en diciembre del 
mismo afio. 

La resistencia firme de la guar- 
nicion oribista comandada por el ca- 
talan comandante Felipe Argento 
hizo que los expedicionarios tuvie- 
sen que emplearse a fondo y en ta- 
les circunstancias los Vascos sintie- 
rcn bien el peso de la lucha. 

Con una pierna quebrada por un 
balazo que le acertaron al principio 
d.el combate, se mantuvo no obs- 
tante junto a los suyos hasta la ren- 
dicion del pueblo, y vio morir a su 
hermano Hipolito, capitan de la com- 
pafiia de Granaderos, al que una 
bala de cafion le deshizo la cabeza. 

Despues de ccncluida la Guerra 
Grande por el tratado de paz de 8 



— 235 — 



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BRI 



de octubre de 1851, se retiro a vi- 
vir en Peiiarol con su familia y allf, 
dice C. M. Braconnay, fue siempre 
el padre de los pobres, que cuida- 
ba como medico, haciendo practico 
el juramento prestado en Montpe- 
llier al doctorarse: 'Dare mis cui- 
dados gratuitcs a los menesterosos 
y nunca cobrare un salario injusto". 

La situacion economica era, sin 
embargo, muy distinta a la de los 
tiempos iniciales del sitio, pues su 
fortuna habia desaparecido en la 
guerra. 

Fiel adicto al Partido Colorado, en 
la revolucion contra el gobierno de 
Pereira, en diciembre de 1857, mar- 
chaba a incorporarse a sus amigos 
en armas, cuando a consecuencia de 
una caida del caballo se abrio ma- 
lamente la vieja herida de la pier- 
na fracturada, viendose obligado a 
pasar a una de las carretas del par- 
que de la columna revolucionaria 
del general Cesar Diaz. En esas 
condiciones, casi invalido, el 15 de 
enero de 1858, en la accion de Ca- 
gancha, fue lanceado por una fuer- 
za de caballeria del general Lucas 
Moreno, al mismo tiempo que Bo- 
nifacio Vidal, Benito Larraya y va- 
rios otros jefes y compafieros. 



BRITO DEL PINO, EDUARDO Ma- 
nuel Miguel Antonio 

Jurisconsulto, legislador y cate- 
dratico. Hijo del general Jose Brito 
del Pino, nacio en Montevideo el 17 
de junio de 1839. Curso estudios 
universitarios, recibiendose de doc- 



tor en jurisprudencia en el ano 1865. 

Fiscal de Gobierno y Hacienda en 
el gobierno de Ellauri, hizo renun- 
cia de este importante cargo en 
marzo de 1874. 

Rector de la Universidad en el 
mismo afio, dimitio el cargo en el 
gobierno de Varela. 

Ajeno a la polftica militante, 
mientras algunos de sus hermanos 
desempenaban un activo rol en las 
filas blanco - nacionalistas, su nom- 
bre fue incluido entre los suplentes 
de senador por Cerro Largo en las 
elecciones de 1879, cuyo objeto era 
dar forma legal al gobierno dicta- 
torial del corcnel Latorre, pero con- 
vocado para ingresar al parlamento, 
reehazo la banca. 

Figura distinguida de la genera- 
cion principista, y avanzada, cuya 
obra cristalizo en la Sociedad de 
Amigos de la Educacion Popular, la 
Sociedad Universitaria y el Ateneo, 
hombre de ideas liberales en materia 
de religion, su propaganda contra el 
clericalismo fue activa y elocuente. 

Decano de la Facultad de Dere- 
cho y Ciencias Sociales, volvio inte- 
rinamente al puesto de Rector por 
designacion del gobierno de Idiarte 
Borda el 28 de agosto de 1895, y al 
votarse en ese afio la terna para 
proveer el cargo en propiedad, ob- 
tuvo hasta 85 votos de la sala de 
doctores. 

En los acontecimientos pelfticos 
del afio 1898, que tuvieron la virtud 
de galvanizar al Partido Constitu- 
cional, cuando este sumo el apoyo 
de un prestigio historico al gobier- 
no de facto de Juan L. Cuestas, el 



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Dr. Brito del Pino entro a formar 
entre los miembrcs del Consejo de 
Estado, instituido como parte del 
andamiaje dictatorial por el mismo 
decreto de 10 de febrero en que se 
derrocaba la Asamblea Nacional. 

El regimen de acuerdo electoral 
bajo el cual se constituyeron las ca- 
maras de la XX legislatura, le per- 
mitio ingresar a la camara de dipu- 
tados como representante pcr Mon- 
tevideo para el periodo 1902 - 03. 
Pero una vez que ese falso sistema 
eleccionario fue abandonado, para 
reiniciar la lucha franca ante las 
urnas, el Dr. Brito del Pino, que 
como todos los legisladores ccnsti- 
tucionalistas carecia de electorado, 
ceso de ffgurar en las camaras. 

Circunscripto a las catedras y a 
las -actividades de profesional, sus 
conocimientos y su acrisolada honra- 
dez le habian dado justa reputacion 
en el foro y contaba en su haber, to- 
davia, una larga y eficiente labor en 
las multiples comisiones redactoras y 
revisoras de los codigos nacionales 
de que formara parte. 

Distinguido en funciones docentes 
como profescr de la Facultad de 
Derecho, era Decano de dicha casa 
de estudios cuando vacante el Rec- 
torado de la Universidad el 15 de 
febrero de 1911, vino a ocupar por 
tercera vez el elevado cargo que 
habia desempefiado, en plena juven- 
tud, hacia 37 anos. 

Fue este su ultimo destino oficial, 
pues en el se jubilo en el mes de 
diciembre del prcpio afio 11 y el 21 
de noviembre de 1928 su vida tuvo 
fin en la capital. 



BRITO DEL PINO, JOSE Esteban 
de los Reyes 

Militar de la independencia que 
alcanzo grado de generpl y cuya 
preparacion y cultura le dieron 
puesto senalado entre sus compafie- 
ros de armas. Nacio en Montevideo, 
el 6 de enero de 1797, siendo hijo 
del brigadier de ingenieros espanol 
Jose Perez Brito y de Maria'Josefa 
del Pino, hija del Mariscal Joaquin 
del Pino, gobernador de Montevi- 
deo y virrey del Rio de la Plata. 

Principiada la guerra ccntra los 
brasilenos en abril de 1825, Brito 
del Pino salio de Buenos Aires en 
el mes de agosto junto con Jose 
Conti, portadores de equipos para 
los ejercitos patriotas, y burlada la 
vigilancia de los barcos enemigos, 
el dia 19 desembarcarcn en la Agra- 
ciada y el 23 se incorporaron al 
ejercito en Barra del Pintado, ccn- 
duciendo 400 monturas completas 
li a excepcion de cinchas y cien pa- 
res de estribos". El 13 de setiem- 
bre se le hizo reconocer como te- 
niente l 9 del Regimiento de Drago- 
nes Orientales reorganizado en esos 
dias. 

Ayudante del Estado Mayor Ge- 
neral, una vez formado el Eiercito 
Republicano se le designo adjunto 
al Departamento de Caballeria, des- 
empenando despues cargos de ayu- 
dante de campo y de ler. oficial de 
secretaria. 

Participe en la guerra contra el 
lmperio en 1826-28, asistio a las 
principales acciones de armas y le 



— 237 — 



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cupo la gloria de ser uno de los 
vencedores de Ituzaingo el 20 de fe- 
brero de 1827, recibiendo el escu- 
do de honor y los cordones con que 
se prernio a los soldados patriotas. 

Con fecha 2 de abril de 1828 as- 
cendio a capitan de caballeria de 
las tropas de la Provincia Oriental. 

En el interinato de gobierno de 
Lavalleja en 1830, siendo sargento 
mayor, tuvo destino en el Ministe- 
rio de la Guerra en calidad de Ofi- 
cial Mayor con desempeno de fun- 
ciones de Ministro, y al otorgarse 
por el presidente Rivera el 28 de 
julio de 1831 los primeros ascens:s 
conferidos en la republica constitui- 
da, se le promovio a teniente coro- 
nel graduado de caballeria. Obtuvo 
la efectividad el 28 de junio del 32, 
llego a coronel graduado el l 9 de 
diciembre de 1834 y a efectivo en 
la misma fecha de 1836. 

En los dias de la revolucion del 
general Rivera, cuando el presiden- 
te general Manuel Oribe fue a po- 
nerse al frente del ejercito en fe- 
brero de 1837, el coronel Brito del 
Pino marcho con el primer magis- 
trado desempenando funciones de 
secretario hasta el 5 de julio, fe- 
cha en que volvio a Montevideo pa- 
ra reiniegrarse al cargo de Oficial 
Mayor del Ministerio de Guerra y 
Marina. Actuo en funciones de titu- 
lar, del 30 de julio al 16 de agosto 
del 38 y cuando Oribe dimitio la 
presidencia, hizo renuncia del puesto. 

No obstante su afiliacion en el 
Partido Blanco cuyo jefe era el mis- 
mo general Oribe, Brito del Pino 
no se ausento de Montevideo en mc- 



mentos en que Rivera triunfaba con 
el Partido Colorado y solo el 24 de 
diciembre obtuvo a su solicitud la 
baja del ejercito. 

Desde enero de 1844 hasta julio 
de 1850, se le encuentra en servi- 
cio en el ejercito sitiador de Mcn- 
tevideo y su permanente calidad de 
agregado a la Plaza Mayor, indica 
que antes de mando de fuerzas tu- 
vo funciones de oficina en las de- 
pendencias del gobierno que Oribe 
organizo en el Cardal y en la Res- 
tauracion. 

Con la paz de 8 de octubre del 
51 vino a Montevideo, para ser 
nombrai'o el 23 de diciembre por 
el presidente Joaquin Suarez, mi- 
nistro de la Guerra, en cuyo pues- 
to permanecio hasta el 15 de febre- 
ro del 52, al cesar el mando de aquel 
procer, despues de haber ascendido 
a coronel mayor (general) el dia 11 
del propio mes y ano. 

El 2 de setiembre del 52 se le 
nombro Encargado de Negccios y 
Consul General ante el gobierno ar- 
gentino, siendo presidente Juan 
Francisco Giro y el 16 de marzo 
de 1853 volvio a ser ministro de la 
Guerra. En ese desempeno ocurrie- 
ron los sucesos tumultuarios del 18 
de julio, y en consecuencia, la sus- 
titucion de Brito pcr el coronel Ve- 
nr.ncio Flores. 

Manusl Basilio. Bustamante, en 
su interinato gubemamental, puso 
en sus manos la misma cartera, que 
conservo desde el 21 de setiembre 
al 13 de noviembre del 55. 

Amigo de toda intimidad del pre- 
sidente Gabriel Antonio Pereira, fue 



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el general Brito del Pino uno de 
sus consejeros y un verdadero se- 
cretario general, aunque las unicas 
funciones ostensibles se limitaran a 
la de jefe superior del Resguardc 
de Aduanas de toda la republica, 
que le confiaron el 23 de setiem- 
bre de 1858, a fin de dar una or- 
ganizacion . nueva a esas reparticio- 
nes, y al mando, con grado de ca- 
pitan, de la extravagante Guardia 
de Honor de la Constitucion y de 
las Leyes, en noviembre de 1857. 

Bernardo P. Berro lo nombro Ca- 
pitan General del Puerto el 25 de 
abril de 1860 y en su periodo, que 
tuvo fin el 15 de febrero del 64, 
se anexaron a tal cargo las atribu- 
ciones de la Direccion General de 
Marina por disposicion de 8 de se- 
tiembre del 63. 

Formaba parte desde el 21 de 
agosto, del Consejo de Guerra Per- 
manente establecido ' para castigar 
severamente a los que secundaran 
los p]anes del caudillo revoluciona- 
rio colorado general Venancio Flo- 
res. 

Tuvo funciones de Fiscal del Con- 
sejo de Guerra formado al general 
Lucas Moreno en agosto del 64 y 
en setiembre paso a integrar el Tri- 
bunal Militar. La caida de su parti- 
do politico al triunfo de la revoJu- 
cion de Flores en febrero del 65, 1d 
elimino de actividad. 

De baja por la atentatoria reso- 
lucion general de 19 de febrero de 
1868, el 25 de agosto del mismo ano 
ss le reincorporaba al ejercito, y 
dejo de existir el 27 de abril de 
1877, a los 80 afics de edad. 



La literatura historica nacional 
debe a la pluma del general Jose 
Brito del Pino un precioso diario 
de campana que lleva por titulo 
"Diario de la Guerra del Brasil", 
publicado por primera vez en nu- 
meros sucesivos de la Revista His- 
tdrica, y el cual se inicia el 12 de 
agosto de 1825 para finalizar el 10 
de noviembre del ano 28. 



BRITOS, MANUEL 

Militar de las guerras de la inde- 
pendencia, que alcanzo al grado de 
coronel mayor del ejercito, equiva- 
lente en su epoca a general de bri- 
gada, teniendo lucida actuacion pos- 
terior en las luchas en que se forjaba 
la patria. 

Nacido en el departamento de Co- 
lonia, era hijo de Felix Britos, de 
nacionalidad portugues y de Antonia 
Ana Esquivel. 

Confundiendolo con un casi homo- 
nimo, aparece sin embargo en un 
libro argentino, como natural de 
Montevideo. 

Teniente coronel del Regimiento 
l 9 de Caballeria del Ejercito Repu- 
blicano en 1826, participo en toda la 
campana contra el Imperio del Bra- 
sil y el 18 de julio de 1828 se le pro- 
movio a coronel graduado. Servia 
aun en el Regimiento N<? 1, cuando 
el 2 de agosto del mismo ano 28 se 
le otorgo pase al Ejercto del Norte, 
que a ordenes de Rivera venia de 
realizar la conquista de las Misiones. 
En ese ejercito, a la fecha reconoci- 
do como Ejercito del Estado, Britos 



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desempefiaria funciones de Jefe de 
Estado Mayor. 

Designado Comandante Militar de 
Paysandu el 8 de enero de 1830, so- 
licito la baja absoluta del ejercito 
siendo coronel, obteniendola con fe- 
cha 27 de agosto de 1831. 

Vuelto al servicio al producirse 
los levantamientos lavallejistas de 

1832, 33 y 34, fue Jefe de Estado Ma- 
yor del Ejercito de Operaciones en 

1833, teniendo bajo sus ordenes di-« 
rectas las fuerzas movilizadas en Ta- 
euarembo y al ano siguiente mando 
un Escuadron de Milicias formado 
en este ultimo departamento. 

El 13 de noviembre de 1834, du- 
rante el interinato presidencial de 
Anaya, tuvo el mando del l.er Es- 
cuadron de Caballeria de linea, en 
cuyo cargo permanecio hasta el mes 
de agcsto de 1836. 

Amigo del general Rivera, a quien 
habia servido lealmente y a entera 
satisfaccion, cuando sono la hora en 
que este se alzara en armas contra 
el gobierno constituido del presiden- 
te Oribe, preocupose el caudillo de 
atraer a Britos a sus filas y verosi- 
milmente debia creer que iba a 
acompanarlo en la empresa, apor- 
tando acaso ia disciplinada uni- 
dad militar que tem'a a su mando y 
estaba de guarnicion en Tacuarem- 
bo. Padecia error el general Rivera 
sin embargo, pues a su aviso escrito 
noticiandole que habia estallado una 
revolucion a cuyo frente se hallaba, 
para luego solicitarle una entrevista, 
Britos le contesto con una carta dig- 
nisima, merecedora, como dice An- 



tonio Diaz al insertarla en el tomo 
III de su Historia, de salvarse de la 
oscuridad del tiempo. La carta. que 
principiaba diciendole "No son ami- 
gos de Vd., y muchos menos de la 
patria, los que lo han ccmprometi- 
do a dar un paso que va a manchar 
para siempre una reputacion adqui- 
rida a costa de tantos sacrificios", fi- 
naliza conjurandolo a dejar las ar- 
mas que prepara contra las autori- 
dades constituidas. "Proclame — le 
dice — a sus conciudadanos para evi- 
tar la efusion de sangre y venga a 
nuestros brazos. Ni los triunfos ad- 
quiridcs en Misiones ni ninguno de 
sus ilustres hechos, le daran mayor 
gloria que un paso semejante". 

Pero las cosas no tenian arreglo 
posible y el 17 de julio, atacado Bri- 
tos por los revolucionarios en Tacua- 
rembo, los puso en derrota persi- 
guiendclos rumbo a la frontera con 
su fiel escuadron. 

Por decreto de 26 de julio, el go- 
bierno premio a Britos ascendiendo- 
lo a coronel mayor con retencion del 
mando del l 9 , unidad a cuyo titulo 
numerico se le agregaria el de "De- 
fensor de la Constitucion", decretan- 
dole asimismo una medalla de hc- 
nor, la primera que se instituia en 
la Republica. A Britos, como Jefe, 
le correspondio la unica medalla en 
oro. siendo las otras de plata para 
los oficiales y de bronce para la 
tropa. 

Destinado luego a integrar el ejer- 
cito que mandaba Ignacio Oribe, Cc- 
mandante General de Campaha, tuvo 
brillante actuacion en la batalla de 



— 240 — 



B R ] i 



Carpinteria, librada el 19 de se- 
tiembre de 1836, con desfavora- 
bles resultados para los revoluciona- 
rios, que se vieron en el caso de 
trasponer la frontera del Brasil. S61o 
algunos jefes riveristas como Jose 
M. Luna y Lueiano Blanco queda- 
ron en armas en nuestro territorio y 
Britos tomo a su cargo la tarea de 
perseguirlos y batirlos donde pudie- 
ra. EI 11 de noviembre, por enfer- 
medad del general Ignacio Oribe, 
recibi6 la designacion de Comandan- 
te General de Campana, cargo que 
ya habia desempenado interinamen- 
te en el mismo mes del ano anterior. 

Los revclucionarios volvieron al 
territorio, repasando el limite del 
Imperio y el 28 de junio Rivera se 
vio obligado a librar batalla a las 
fuerzas reunidas de los generales 
Oribe y Lavalleja que constituian el 
unico ejercito gubernista y las cua- 
les se hallaban bajo el mando del 
primero, reintegrado a la jefatura 
del ejercito desde el 19 de febrero. 

En esta ocasion la suerte favcrecio 
al caudillo revolucionario, que obtu- 
vo en los campos de Palmar, Paysan- 
du, el 15 de junio de 1838, una vic- 
toria decisiva. 

Ignacio Oribe perdid la batalla 
cuando parecia estar ganada y fue- 
ron inutiles los esfuerzos heroicos de 
Britos para bascular la victoria ha- 
cia su bando; pero deseoso de ate- 
nuar la responsabilidad propia, el 
general en jefe le culp6 del desas- 
tre, con evidente injusticia. 

Despues de la derrota, Oribe se re- 
tiro rumbo a Paysandu con alguna 



fuerza, acbmpanado de su general. 
Cuando estuvieron en aquella po- 
blaci6n surgio una grave disidencia 
entre ambos militares y Britos, em- 
barcado en la goleta nacional "Mi- . ' 
nerva", mandada por el capitan gra- 
duado Leonardo Donati, emprendi ' ' 
viaje, gravcmenle enfermo, rurodcf a 
Montevideo. 

Parece que temeroso de que el ge- 
neral simulase una gravedad que no 
tenia, con proposito de car'/oiar tri* 
ruta por el camino, Ignacio Oribe or-L^ 
deno que lo trajeran engrillado. 

El 1? de julio de 1838, Britos dejo 
de existir y por lcs terminos de la 
nota en que se da cuenta dcl deceso, 
puede afirmarse que murio en el 
puerto de Montevideo o muy cerca 
de el. 

Este fallecimiento inesperado y las 
especies derivadas de la derrota de 
Palmar, dieron asidero a tal canti- 
dad de rumores, que el goi^^'""- se 
apresuro a esclai'ecer la Verdad, d^*^^ 
t^rminando que el cadavev del gene- 
ral fuese autopsiado por una junta de 
facullativos, los c.i:^- a raiz del 
examen, dec lararo »- < - ,omo causa mor. 
tis el recK^ re ^" m ^'' lt0 ^ e l,na anligua 
afeccTKr vesical - 

Las ac* saciones n <-'chas al general 
Britos sobr^ su conducta en l a bata- 
lla de PalmaVlte.i^^ebatidas en6r- 
gicamente una veT^ie^S^l^Vdo, por 
su hermano politico, el co/onc., 1; ' ^ — 
mon de Caceres, que a su turno im- 
put6 el desastre a la incapacidad mi- 
litar del general Ignacio Oribe, en 
prosa desabrida y de marcado per- 
sonalismo. 



— 241 — 



BHUNEL. Audres ADOLFO 

Meclico frances nacido en Hyeres, 
cc.-co de Tolotl, el afio 1810 y docto- 
»do en la Universidad de Muntpc- 
Alier. 

Dc'tpues de una estada en Mon- 
tevideo, en 1838, como cirujano de 
2* clase de u.n buque de guerra de 
su pais, volvio en 1840, pero esta vez 
cy caircbd de cirujano mayor de la 
gragata ' Perla", y resuelto a quedar- 
se en nuestro pais, revalido su tltu- 
lo ante la Junta ce Higiene a fi- 
nes de 1842. 

Ligado por casamiento a la fami- 
lia dcl coronel Jos£ Maria Soisona, 
los treinta anos restantes de su vi- 
da son uruguayos. 

Amigo dcl doclor Vilardeb6, ade- 

mas del ejercicio de la carrera — 

kdonde tuvo renomhre ccmo facul- 

tativo — hizo ciencias puras, llegan- 

dt^/^sunir gran caudal de' obser- 

~~~~„ "^fgB' debia emplear 

en sus infVe-mn. ,. 
Di •» ^jr^ntcs monografias. 

P i «„!? , e JX io de Montevideo por 
el general Manu.i n u * ■ ■ 

, YUU, "«-1 Onbe, fue ciru- 
lano ayudante v t, j- j , , 
♦„i r y "'"d'co del hospi- 

taJ rrances y despues 

Hospital de Caridad 
CU.dndos 3in dlstincidn 
os pacientes y bondad 
u _ Ini ^ erias humam 

"*on5i<5 al Dr. Brunel 
^^^lor insigne dc practicur el 2 de 
mayo de 1847, la primera operacidn 
quirurgica con anestesin — vaporca 
de eter — quo se practicaba en nues- 
ti.i capital y la primera en toda la 
America latlna. 



niei"Uco del 
repr.rtiendo 
pa<ra todos 
<)ara todas 
En nucstro 



grnfia ©s abundante. Vincuiado al 
naturalista frances Airn^ Bonpland," 
escribii la primera y muy nprecis- 
ble biografia del naturalista, apa- 
recida en Paris en 1856 y alli re- 
tmpjesa en 1860 con nuraerosos acre- 
cimientos. El mismo ario se impri- 
mi6 en MonteviUeo el opusculo 
"Electricidad Localizada", con pro- 
logo del doctor F. A. Vidal, nl mis- 
mo tiempo que en Paris se publi- 
caba ur.a "Memoria" drigida a la 
Academia Imperial de Medicina so- 
brc la fiebre amarilla que diezmo 
nucstrn capitnl en 18S7. y durante 
la cual le toco prestar inapreciables 
servicios. 

En 1862 aparecieron "Consideracio- 
nes sobre Higiene y observneiones 
relativas a Montevideo", donde se 
proyecta un hospicio para dementes, 
y en 1865, bajo los auspicios de 
las autoridades municipales, un 
"Opuseulo sobre Iligiene de los ni- 
fios", recopilacion de articulos in- 
sertos en el diario "Ln Tribuna". 
Primer tratado de puericultura es- 
crito y publicado en el Rio de la 
Plata, tendia a divulgar verdades 
practicas y reglas de higiene entre 
las madrcs, alejandc las curanderas 
y facilitando el estudio diucil de las 
enfermedades de esos dolicodos se- 
res. 

El 15 de setiembre de 1870 em- 
barco en Montevideo deseoso. de 
visitar la patria, cuyo gobierno ha- 
bialo dlstinguido con la Legion de 
Honor. 

Antes do irso donc su iuslrumen- 
tal cientifico al Hospital de Cari- 



— 242 — 



BRU 



BRU 



dad y sus libros a la Biblioteca Na- 
cional, pues su animo de retirarse 
de la carrera era definitivo. 

La Comision del Hospital, a su 
vez, le hizo entrega de una honro- 
sa medalla de oro. 

Fallecio de un ataque cerebral 
en 1871. 



BRUM, BALTASAE 

Presidente constitucional de la 
Republica, ministro, internacionalis- 
ta y figura de la mas alta notoriedad 
en nuestra historia contemporanea. 

Hijo de Jose de Brum y de Auris- 
tela Rodriguez, habia nacido en Cua- 
ro, actual departamento de Artigas, 
pero en esa epoca jurisdiccion del 
Salto, el 18 de junio de 1883. Su pa- 
dre era hacendado en la localidad y 
alli transcurrieron sus primeros afios 
familiarizado con faenas del campo a 
las cuales conservo siempre amable 
recuerdo. Alumno del Instituto Poli- 
tecnico del Salto, aprobo en este 
acreditado colegio todas las materias 
del bachillerato, para luego pasar a 
Montevideo y matricularse en la Fa- 
cultad de Derecho, donde se docto- 
ro en leyes el afio 1909. 

Despues de una jira "por Europa 
radico en la capital saltena, para ser 
profesor de filosofia en el mismo ins- 
tituto transformado ya entonces en 
liceo oficial. Destacaba a esa fecha 
calidad y dinamismo anunciadores 
de un futuro inequivoco. La juven- 
tud a la que adoctrinaba desde la ca- 
tedra y servia de ejemplo con activi- 
dad intelectual util, creyo que seria 



el candidato ideal para ocupar el 
cargo de Intendente Municipal que 
una ley venia de crear, y movida la 
opinion en ese sentido constit'uyose 
un comite para prestigiar su nom- 
bre, el cual si pudo obtener multiples 
y valiosas adhesiones, hallabase con- 
denado de antemano al fracaso, pues 
dentro del cerrado sistema presiden- 
cialista del gobierno de Williman, la 
opinion de este era la unica valida 
tratandose de cuestiones administra- 
tivas. 

No influyo el caso en la carrera 
politica del Dr. Brum, el cual, electo 
miembro de la Junta Municipal, de 
la que fue vice - presidente, se revelo 
como periodista con especial aptitud 
polemica en el diarismo local. En cir- 
cunstancias en que era clificil sortear 
una combinacion ministerial, su co- 
rreligionario y amigo el Dr. Felicia- 
no Viera, uno de los ases de la frac- 
cion colorada mayoritaria, presento 
al Dr. Baltasar Brum como solucion 
del impasse, y aceptada su candida- 
tura por el presidente Batlle y Ordo- 
fiez, solo fue preciso esperar a que 
cumpliera la edad legal de treinta 
afios para lo cual le faltaba poco 
tiempo y el 30 de junio de 1913 en- 
tro en posesion de la eartera de 
Instruccion Publica. 

Encargado ad - interin del Minis- 
terio de Relaciones Exteriores el 13 
de febrero de 1914, al asumir la pre- 
sidencia el Dr. Feliciano Viera lo hi- 
zo ministro del Interior el l 9 de mar- 
zo de 1915 y en tal cargo se mantuvo> 
hasta el 4 de setiembre de 1916, fe- 
cha en que paso a actuar al frente de 
la cancilleria, donde iba a realizar 



_ 243 — 



BRU 



obra de intensa labor y de transcen- 
dentales proyecciones para la vida y 
el prestigio internacional de la Repu- 
blica. Un clima de excepcion, origi- 
nado por la primera guerra mundial 
favorecio circunstancialmente la ges- 
tion del ministro que, poseedor de la 
calidad de estadista, supo aprove- 
charlo. 

Elemento activo en la politica in- 
terna, donde el sector mayoritario 
del Partido Colorado propiciaba una 
reforma constitucional modificativa 
de la estructuracion del Poder Eje- 
cutivo, sustituyendo la presidencia 
unipersonal por un Cuerpo Colegiado, 
y obtenido. aunque en forma incom- 
pleta aquel postulado en la Carta de 
1917, al termino de la presidencia 
de Viera era el Dr. Brum el candi- 
dato indicado para sucedeiie. 

A fines de 1918, el canciller reali- 
zo una jira politica por ambas Ame- 
ricas, mereciendo especiales distin- 
ciones del presidente Wilson y cor- 
dial acogida en todas las patrias 
donde llevo su saludo fraterno. 

El l? de marzo de 1919, el voto de 
la asamblea general lo consagro 
presidente de la Republica para el 
cuadrienio 1919 - 23. 

El presidente no desmintio las es- 
peranzas que se cifraban en su ges- 
tion de gobierno: poseedor de una 
admirable capacidad de trabajo, 
abarcaba rapidamente las cuestio- 
nes. Dueno de un sentido cabal 
de los sucesos y una vision igual- 
mente cabal de las personas, tenia 
inclinacion notoria a encarar las 
cpsas con criterio amplio, endere- 
zando siempre hacia las soluciones 



BRU 

humanas, las mas difrciles y las mas 
faciles, segiin el espiritu del que las 
busque. 

Firme en sus convicciones, porfia- 
do o arrebatado a veces, "la propen- 
sion bondadosa" era sin embargo su 
normal. Su modo de ser quedo refle- 
jado en su obra; a traves de su ges- 
tion de mandatario y de sus leyes, 
podria reconstruirse la estructura in- 
telectual y moral del ciudadano que 
las emitio y llevo a la practica. 

Terminado el 28 de febrero de 
1923 su periodo de gobierno, se res- 
tituyo a su estudio de abogado y en 
categoria de simple ciudadano, pero 
sin que pudiera desprenderse del 
prestigio politico que se habia gana- 
do en el poder. Y este prestigio que 
conservo y supo acrecentar, lo lle- 
vo el l 9 de marzo de 1931 al Conse- 
jo Nacional de Administracion, ins- 
tituido por la reforma constitucio- 
nal de 1917, cargo que debia ocupar 
por el termino de un sexenio, y pre- 
sidirlo los dos primeros afios en su 
calidad de primer titular. 

Trascendentales sucesos, demasia- 
do recientes, lo vinieron a encontrar 
en su alto cargo en el mismo tren de 
firmeza que habia elegido para un 
caso eventual, pues nunca desmayo 
en lo que oreia una actitud patrioti- 
camente indeclinable. 

Vio como el conflicto entre el eje- 
cutivo unipersonal por un lado, ypor 
otro la rama colegiada y el parla- 
mento, se acercaba de modo paula- 
tino: y cuando sono la hora de afron- 
tar la lucha en el terreno, ya habia 
dispuesto con admirable serenidad su 
composicion de lugar. No descarto 



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detalle alguno, ni siquiera los exce- 
sos de vandalismo retrospectivo de 
los cuales habia fresco ejemplo en 
la Argentina, pero que felizmente se 
ahorraron a nuestro pais — pues con 
antelacion suficiente tenia retirado 
de su casa papeles y documentos per- 
sonales o de familia. 

Depuesto el Consejo Nacional de 
Administracion que presidia, apre- 
hendidos la mayoria de sus miem- 
bros y dispersadas las camaras por el 
golpe de Estado del 31 de marzo de 
1933, la policia del ex-presidente Ga- 
briel Terra, convertido en dictador, 
vino a sitiarlo en su domicilio par- 
ticular, pero el no consintio en darse 
preso ni acepto la posibilidad de 
abandonarlo al amparo de un diplo- 
matico amigo y se suicido de un ti- 
ro en el medio del pecho, a la puer- 
ta de su casa, sefialada con el riu- 
mero 1394, en la calle Rio Branco. 

Poseia Brum, en el fondo de su 
alrna, un paralelismo basico con 
Marti, el Ultimo Libertador, caido 
en Dos Rios, en cuanto ambos abri- 
gaban el comun convencimiento de 
la virtualidad del sacrificio, fuente 
de imposicion y de milagros. Marti 
habia escrito: "la sangre de los bue- 
nos no se vierte nunca en vano, la 
vida humana no es toda la vida, la 
tumba es via y no termino". 

BUELA, JUAN G. 

Periodista y gerente de la llama- 
da Sala de Comercio Montevidea- 
na, institucion de gran importancia 
en su epoca. 



Espanol de nacimiento, habia vis- 
to luz en 1827 y llego a Montevideo 
siendo muy jcven para emplearse 
como dependiente de almacen ma- 
yorista. 

Emprendedor y despierto, en 1846 
adquirio de su paisano Julian Ros- 
quellas, la "Sala de Comercio", es- 
pecie de centro de reunion de hom- 
bres de mar y gentes de negocios, 
donde se leian diarios extranjeros, 
que aquel habia fundado el ano 
1840, y con una actividad incansa- 
ble hizo de un organismo en em- 
brion un establecimiento de suma 
utilidad, acreditado por los valiosos 
servicios que prestaba a la plazia 
montevideana. 

En 1849 Buela anadio un nuevo 
adelanto a su agencia con la publi- 
cacion de una hoja manuscrita, sin 
titulo ni dia fijo, dcnde se noticia- 
ba el movimiento de buques. Inte- 
resados los suscritores, aumento el 
tiraje iisando dos prensas de co- 
piar cartas, pero no siendo suficien- 
tes, adquirio cuatro cajas de tipos 
viejos y una pequefia prensa de ma- 
no, que habia servido como pren- 
sa del ejercito de Echagiie, vencido 
en Cagancha y con esos parvos 
elementos pudo sacar a la calle a 
principios de 1850, el primer mi- 
mero de "El Telegrafo Maritimo", 
hoja vespertina virtualmente - apoli'- 
tica, independiente, con profusa in- 
formacion tocante a comercio, na- 
vegacion y movimiento portuario, de 
sumo interes para los comerciantes 
pacatos y rutineros, para los cua- 
les la suscripcion a la unica hoja 
esencialmente dedicada al gremio, 



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vino a convertirse en algo como un 
deber para con el gremio mismo, que 
venia a marcar un jalon en las ac- 
tividades comerciales de Montevi- 
deo, impulsando la vida comercial. 

Desde 1870 el diario tuvo local 
propio e independiente de la Sala, 
cuya sede era la esquina Piedras 
y Solis, y "EI Telegrafo Maritimo" 
Uego a ser el decano de los diarics 
en el Bio de la Plata, pues su pu- 
blicacion ceso unicamente cuando el 
cable y el noticierismo trajeron con- 
sigo el periodismo de gran empre- 
sa representativo de ingentes capi- 
tales, con los cuales era imposible 
competir. 

Cuarenta afios estuvo don Juan al 
'frente de "El Telegrafo", pues fue 
hombre que en la vida solo conocio 
el trabajo. Una unica solucion de 
continuidad entre 1885 y 1888 pue- 
de anotarse en la diaria brega, tres 
afios que el llamo "pocos para su 
descanso y demasiado largos para 
su impaciencia". 

Presa de una afeccion asmatica 
que ensombrecio sus ultimos afios, 
vino a fallecer en Montevideo el 
1? de octubre de 1890. 

Honrado a carta cabal, dedicando 
a las actividades de su vida una 
constancia extraordinaria, sus sen- 
timientos altruistas quedaron de ma- 
nifiesto en los servicios prestados 
a los pestiferos de Buenos Aires en 
1870, premiados con una medalla, 
que ante sus ojos tuvo siempre ma- 
yor valor que las encomiendas de 
Brasil y de Espafia con que estaba 
condecorado. 



BUHGOS, CIEIACO Jose 

Militar, que ascendio hasta general 
del ejercito, nacido en Montevideo 
el 7 de abril de 1819, hijo de Juan 
Jose Burgos, argentino. 

Sus servicios en la milicia se ini- 
cian como soldado en las fuerzas 
revolucionarias del general Fruc- 
tuoso Rivera, al termino del movi- 
miento que este encabezo en los 
afios 1836-38. 

Sn 1841 paso a un destacamento 
policial y en 1842 a la 4 ? compafiia 
del batallon de Guardias Naciona- 
les. 

El 4 de abril de 1843, afio en que 
principia el sitio de Montevideo, fi- 
gura como alferez del ler. Escua- 
dron de Caballeria de Extramuros 
y en esta unidad asciende sucesiva- 
mente a subteniente 1° el 17 de ju- 
lio de 1844, a teniente 2? el 31 de 
marzo de 1845 y a teniente l 9 el 
11 de enero de 1846. 

Transferido en 1847 al batallon 
l 9 de Guardias Nacionales, el 15 de 
rnarzo de 1850 vino a formar inarte 
de la oficialidad del batallon "Guar- 
dia Oriental", en donde estuvo has- 
ta el fin de la guerra, en octubre 
del 51. En el mes de febrero de 
este mismo afio habfa sido tomado 
prisionero por los sitiadores junto 
con el capitan Andres Pacheco, pe- 
ro consiguio escapar volviendo en 
seguida a la lucha. 

En el gobierno del Triunvirato se 
le destino al batallon 1° de Caza- 
dores en noviembre de 1853 y el 31 



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de diciembre del afio siguiente paso 
a la Brigada de Policia. 

Comisario de Policia en el de- 
partamento de Colonia en julio de 
1855, en el de Maldonado en octu- 
bre y en Rccha desde el 20 del 
mismo mes de 1856, ceso en este 
ultimo destino el 14 de agosto de 
1857. 

Participd en el movimiento revo- 
lucionario del general Cesar Diaz, 
vencido en el Paso de Quinteros en 
febrero de 1B58, y prisionero otra 
vez, salvd la vida por intervencidn 
del comandante Burguefio. Conducido 
a la capital, el gobierno de Pereira 
lo puso en libertad, lo mismo que a 
todos los companeros de derrota, 
"estando asegurada la paz en toda 
la Republica con el triunfo de las 
armas nacionales y el castigo de la 
rebelidn", conforme a los terminos 
del decreto del 11 de febrero. 

Alejado desde entonces del ejer- 
cito, se acogid al indulto de 29 de 
setiembre de 1862 y fue reincorpo- 
rado el 10 de noviembre del propio 
afio. 

En la revolucidn del general Flo- 
res se puso a las drdenes de este 
caudiilo, dejando de lado antiguos 
resentimientos que se le guardaban 
dentro de la fraccidn conservadora 
del propio Partido Colorado. Sargen- 
to mayor en 1864 por ascenso re- 
volucionario, al triunfo de los su- 
yos fue alta en el ejercito como sar- 
gento mayor el 1? de mayo de 1865, 
recibiendo promocidn a teniente 
coronel graduado el 14 de julio si- 
guiente con antigiiedad del 19 de 



mayo y destino en el batalldn 2? de 
Guardias Nacionales de la Unidn. 
En este mismo afio prestd servicios 
en el batalldn 3 9 de Guardias Na- 
cionales _de Extramuros, donde es- 
tuvo hasta que recibid la 2 ? jefatu- 
ra del batalldn "Libertad" — recien 
creado — el 7 de febrero de 1866. 
De julio de 1866 al 29 de enero de 
1867, agregd a su cargo el de jefe 
del Cuerpo de Serenos y se le 
mantuvo en el puesto de 2° jefe 
del "Libertad" hasta mayo de este 
ultimo afio. 

El 28 de mayo de 1868, a pro- 
puesta del Jefe Politico de Canelo- 
nes, fue nombrado Comisario de 
Ordenes de dicho departamento, 
cargo que ocupd hasta el 15 de fe- 
brero de 1870. 

Combatiendo a los revolucionarios 
del corcnel Timoteo Aparicio tuvo 
la efectividad de teniente coronel 
el 28 de febrero de 1872. 

En el interinato de Tomas Gomen- 
soro fue comandante de la Fortale- 
za del Cerro, el 19 de agosto de 
1872, y alli debia mantenerse du- 
rante siete afios casi clia por dia, 
pues ceso recien el 29 de agosto de 
1879. 

Corcnel graduado el 27 de enero 
de 1882, en las postrimerias del go- 
bierno de Vidal, el presidente ge- 
neral Maximo Santos le did la efec- 
tividad el 5 de marzo de 1886. 

Jefe Politico de Canelones, del 
8 de enero de 1887 al 11 de abril 
de 1890, el presidente Herrera y 
Obes lo promovid a general de bri- 
gada el 23 de agosto de 1890. 



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El veterano general Burgos vivio 
generalmente apreciado hasta que 
su existencia tuvo lin en Montevi- 
deo el 5 de junio de 1894. 

Era un militar y un jefe a la an- 
tigua, hombre de cultura* elemen- 
tal, cuyos errores o faltas pudieron 
enraizar en ello antes que en ins- 
tintos aviesos, conforme acontecio a 
menudo entre nuestros hombres de 
espada para bien de su nombre. 



BURGUE80, GERVASIO Miguel 

Militar, que alcanzo el grado de 
general y tuvo saliente actuacion en 
las filas del Partido Blanco. Era hi- 
jo de un oficial de la independen- 
cia, Tomas Burguefio, y habia na- 
cido en Montevideo, el 19 de junio 
de 1814. 

Principio a servir en la Guardia 
Nacional, donde revista como tenien- 
te 1* en 1836 y en las filas del 
gobierno constitucional hizo la cam- 
pafia de 1836-38 contra la revolu- 
cion riverista. 

Al servicio del general Manuel 
Oribe en la Guerra Grande, ejer- 
ciendo mando militar en Canelones, 
merece destacarse su actitud huma- 
nitaria que no era precisamente la 
que regia en las filas de otros je- 
fes, con motivo de unos enemigos 
naufragos recogidos de un bergan- 
tin norteamericano perdido en Pun- 
ta Negra. Esta conducta valio a Bur- 
guefio elogios que no se prodigaban 
a los adversarios, segun consta en la 
prensa de la capital sitiada. 

Su campo de accion y de presti- 



gio fue la zona sudeste de Canelo- 
nes extendida hasta parte de Maldo- 
nado donde sirvio a ordenes de Ber- 
nardino Olid, quien cita al capitan 
Burguefio en el parte de las opera- 
ciones de setiembre de 1846, donde 
el dia 28 fue muerto el coronel For- 
tunato Silva, en las proximidades 
de San Carlos. 

Todavia jefe de Guardia Nacional, 
era coronel graduado cuando la re- 
volucion conservadora de Cesar 
Diaz, que termino en el Paso de 
Quinteros en febrero de 1858. Su 
intervencion personal en los terri- 
bles dias subsiguientes a la capitu- 
iacion, salvo varios compatriotas y 
uno entre ellcs y de los mas cono- 
cidos — Jose Candido Bustamante 
— rindiole tributo publico de gra- 
titud. 

El gobierno de Pereira premian- 
do los servicios de Burguefio, lo in- 
corporo al ejercito de linea como 
coronel graduado de caballeria en 
febrero de 1858 y unos meses mas 
tarde se le nombraba jefe del ler. 
Regimiento de Guardias Nacionales 
de Maldonado. 

Al frente de la jefatura politica 
del mismo departamento, siempre 
en la administracion de Pereira, 
desempefiose como un funcionario 
correcto y honesto al cual el vecin- 
dario se lo testifico ofreciendole un 
album (1860). 

En la presidencia de Berro tuvo 
el "ascenso a coronel efectivo, des- 
pues de vencer la oposicion parla- 
mentaria que al fin le otorgo la ve- 
nia legal. con manifiesta mala vo- 
luntad, en setiembre de 1863. 



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Participo activamente en las ope- 
raciones contra lcs revolucionarios 
colorados floristas de 1863 a 1865, 
hasta que su parcialidad politica fue 
desalojada del gobierno. 

En el levantamiento blanco del 
coronel Timoteo Aparicio en 1870, 
vino acompanando al general Me- 
dina, cuando este vadeo el Uru- 
guay en el mes de ,agosto y en la 
batalla del Sauce mando la van- 
guardia de las fuerzas del coronel 
Angel Muniz, para desempefiar mas 
tarde la jefatura del Estado Mayor 
del ejercito revolucionario. 

Siguiendo a su jefe el coronel Ti- 
moteo Aparicio, estuvo con el go- 
bierno dictatorial de 1875 y su firma 
se halla estampada en el arreglo 
concertado en Florida, el 19 de ene- 
ro, por el cual su partido reconocia 
a Pedro Varela como primer magis- 
trado de la Republica. 

Premiando ese apoyo, el usurpa- 
'dor le confio la jefatura politica de 
Canelones, el 30 de enero y la Co- 
mandancia Militar de los departa- 
mentos de San Jose y Canelones, 
el 15 de julio, dia en que las 
jefaturas politicas fueron reempla- 
zadas por las comandancias milita- 
res. 

Por razones circunstanciales y de 
ambiente — el atentado en aquellos 
dias era la norma — o por suges- 
tion de gente que pudo tener a su 
lado, el coronel Burgueno se sindi- 
co en ese nuevo cargo por la co- 
mision de verdaderas demasias y 
por un irrespeto notorio al derecho 
ajeno, que sus antecedentes no ha- 
cian esperar de ninguna manera. 



Asi, ordeno a sus subalternos cas- 
tigar a los adversarios politicos en 
sus bienes y extorsionar a los pa- 
dres y deudos de los ciudadanos 
que hubieran abrazado la causa de 
la Revolucion Tricolor, segiin cons- 
ta documentado. De igual mcdo diri- 
gio una circular a sus oficiales, para 
que no reconocieran las papeletas o 
certificados de los -extranjeros, exi- 
giendoles a todos, ademas, la fe de 
bautismo, que debian entregar en un 
plazo de 4 a 6 dias o en su defec- 
to ir a prestar servicio de armas. 
Esta ultima disposicion motivo el 
reclamo del Encargado de Negocios 
de Espana, a raiz de la cual el mi- 
nistro de la Guerra coronel Latorre 
hizo saber a Burgueno en una nota 
conminatoria, que debia poner fin 
a esas practicas excesivas (Papeles 
del Ministerio de Guerra, setiembre 
de 1875. — Archivo General de la 
Nacion). 

Mantuvo su adhesion al regimen 
de fuerza de Latorre y reclutaba gen- 
te de sus pagos para agrandar las 
manifestaciones dictatoriales de Mon- 
tevideo. 

No tuvo actividad politica en la 
epoca de Santos, aunque conservan- 
do siempre buena armonia con el 
gobierno; y en la presideneia del 
general Tajes recibio las palmas de 
general de brigada, el 26 de febre- 
ro de 1890. 

Creado en la administracion del 
doctor Herrera y Obes el Tribunal 
Militar, fue a integrarlo el 10 de 
febrero de 1892. Desempenaba ese 
cargo cuando fallecio el 24 de se- 
tiembre de 1900 en la modesta ca- 



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sa de la calle Paraguay (ahora Cu- 
ruguaty), donde vivia. No dejaba 
bienes de fortuna, despues de ha- 
ber sido rico y de haber dispuesto 
de mucho de lo suyo en auxiliar, 
dadivoso, a gente humilde de los 
pagos en que era caudillo, habili- 
tandolas con animales, semillas o 
implementos de trabajo. 



BUSCHENTAL. JOSE 

Finaneista y hombre de ernpresa 
cuyo nombre, conocido en el Rio de 
la Plata y en Europa, esta ligado a 
nuestro pais, porque en el Uruguay 
tuvo el principal asiento de sus ne- 
gocios, casa en la calle Sarandi y 
la quinta seiiorial del Buen Retiro 
en el Paso del Molino. 

Frances, nacido en Strasburgo, el 
afio 1802, de familia luterana pero 
que tenia sangre israelita, Jose Bus- 
chental no uso nunca la particula 
de antepuesta al apellido, aunque la 
hubiera usado su padre. 

Siendo muy joven vino al Brasil, 
donde en 1828 obtuvo carta de na- 
turalizaeion y luego se caso con 
Maria de la Gloria de Castro Delfim 
Pereira, segunda hija del baron de 
Sorocaba, el 19 cle agosto de 1830, 
la cual aportaba a la union una 
considerable fortuna. 

Siguio a este matrimonio un ca- 
pitulo financiero finalizado en una 
ruidosa quiebra que perjudico gran- 
demente a la plaza de Rio Janeiro 
y entonces Buschental se fue a Lon- 
dres en abril de 1832, y de Ingla- 
terra paso a Madrid, para vincularse 



con el famoso banquero y especu- 
lador Jose de Salamanca. 

En Espafia se naturalizo conforme 
lo habia hecho en Brasil, convirtien- 
dose en personaje de influencia en 
el alto mundo de negocios y fue 
agraciado con la real y distinguida 
orden americana de -Isabel la Cato- 
lica. 

Envuelto en una nueva bancarro- 
ta, llego el dia en que hubo nece- 
sidad de alejarse de Espaiia para 
sentar sus reales en Paris, donde 
hizo conocimiento con nuestro mi- 
nistro Jose Ellauri. En gestiones de 
contratacion de un emprestito para 
Montevideo sitiado, comprometio 
Buschental algunas influencias a fa- 
vor de la causa nacional y vino a la 
Republica a comienzos de 1849. Fra- 
casada la combinacion del prestamo, 
intervino en otras especulaciones que 
se extendian al Rio de la Plata, con- 
vertido en banquero de la Confede- 
racion. 

Hombre de mundo, sonriente, de 
palabra facil y ojos sutiles y pe- 
netrantes, se dice que Mariano Fra- 
gueiro, ministro de Hacienda de Ur- 
quiza, no lo recibfa sin antes ca- 
larse unas gafas negras, porque era 
incapaz de resistir sus miradas . . . 

Sus vinculos con el gobernador de 
Entre Rios le valieron a Buschental 
duros calificativos de los papeles ro- 
sistas, que en sus desbordes no tu- 
vieron empacho en Uamarlo hasta 
"caballero de industria". Sin que 
puedan aceptarse tales excesos en el 
juicio, las cartas del visconde de 
Maua al famoso hombre de negocios 
— ultimamente publicadas en Rio 



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Janeiro — confirman que era persona 
de gran entereza en materia de 
asuntos comerciales y un tanto es- 
curridizo en los tratos. 

Despues de realizar esplendidos 
negccios eligio para su residencia la 
capital uruguaya. Fundo sobre el rio 
Santa Lucia un gran establecimien- 
to de elaboracion de carnes conser- 
vadas, l: La Trinidad", proveedor del 
ejercito frances por varios anos mer- 
ced a importantes contratos. Para 
servicio de su establecimiento — un 
modelo sin duda alguna — trajo un 
barco de vapor, el primero que na- 
vego por el Santa Lucia. 

Planteo una gran estancia en "Saii 
Javier", Paysandu, donde ultima- 
meiite asento la Colonia Rusa, y un 
molino instalado segun los ultimos 
adelantos ffrente al actual camino 
Castro en el Paso del Molino, a los 
fondos de la quinta. 

Intervino en 1862 en la construc- 
cion — sobre planos encargados a 
Europa — del Hotel Oriental, en la 
calle Solis esquina Piedras, conside- 
rado como uno de los monumentales 
edificios de Montevideo en esa epo- 
ca. Asimismo tuvo que ver con la 
construccion del importantisimo ho- 
tel de Santa Lucia, estacion vera- 
niega entonces en pleno auge. Vivio 
nuestra vida y en el gobierno del 
general Batlle lo nombraron miem- 
bro del Consejo Consultivo de Ha- 
cienda que se creaba por decreto de 
3 de enero de 1870. 

Fue duefio de la extensa y mag- 
nifica "Quinta del Buen Retiro", 
casa habitacion, jardin, parque y 
cabana, que andando el tiempo vi- 



no a constituir el casco central del 
hermosisimo paseo del Prado, don- 
de actualmente lo recuerda un bus- 
to en bronce. 

En esta hermosa posesion vivio 
Buschental sus largas permanencias 
en nuestra capital, sin que su seno- 
ra las compartiese con el, pues Ma- 
ria Pereira no conocio Montevideo 
en vida de su esposo. 

Pese a todo lo que se tiene afir- 
mado. la presencia atribuida aqui de 
la prestigiosa dama riograndense es 
fruto de error, que el autor aun com- 
partia cuando envio esta ficha al 
concurso de 1943. 

Dofia Maria permanecio siempre 
en Europa, en una especie de tacita 
y amigable separacion. 

Estos y otros detalles de la exis- 
tencia de Buschental que sencilla- 
mente lo humanizan, han sido pues- 
tos de lado u ocultados por la ge- 
neralidad de biografos y cronistas. 
Por esta causa, Buschental suele 
configurar para algunos algo asi co- 
mo la encarnacion viva de un aris- 
tocrata sefior, siempre impecable- 
mente trajeado, vagando entre plan- 
tas y flores exoticas o presidien- 
do fiestas sociales exquisitas. Hom- 
bre cc-mo todos, en cambio, repartia 
su existencia como la de otro cual- 
quiera y las reuniones del Buen Re- 
tiro muchas veces tenian lugar en 
torno de una animada mesa de jue- 
go. 

Buschental, que solia ir a Europa 
por sus negocios o porque su salud 
requisiese cura de aguas, emprendio 
viaje a su patria, en 1870 y enfermo 
repentinamente en Londres, dejo de 



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existir en el Hotel Clarendon, el 25 
de noviembre, a los sesenta y oeho 
afios de edad. 

En el testamento cerrado, insti- 
tufa a su esposa como heredera uni- 
versal de una considerable masa su- 
cesoria representada por bienes si- 
tuados en nuestro pais, aunque exis- 
tian fuertes deudas. 

La sefiora viuda vino a la Repu- 
blica acompanada de un secretario 
particular a realizar los inmuebles y 
retorno despues a Madrid donde te- 
m'a su casa puesta, para seguir in- 
terviniendo activamente en la poli- 
tica espanola bajo el simple nom- 
bre de Maria Buschental, republi- 
cana, amiga de Ruiz Zorrilla, que to- 
davia en 1887 fue elemento de ac- 
cion en la tentativa revolucionaria 
del general Villacampa y alcanzd a 
vivir hasta el 20 de junio de 1891, 
dza en que su vida extinguiose en 
Madrid, tras prolongada y penosa 
dolencia. 



BUSTAMANTE, JOSE CANDIDO 
Gregorio 

Ministro, legislador, periodista y 
politico. 

Era nacido en Montevideo, el 28 
de noviembre de 1834 y a la par 
de su hermano Pedro recibio una 
educacion bastante esmerada, aun- 
que no hizo carrera universitaria 
ni poseyo nunca conocimientos real- 
mente solidos. 

Por su caracter fogoso y su fa- 
cilidad de palabra gano prestigio en 
el Partido Colorado, al cual, con- 



tando solo 23 anos, fue a ofrecerle 
el contingente de su brazo cuan- 
do la revolucion del general Cesar 
Diaz en 1857. Cayo prisionero en 
Quinteros, pero el comandante Ger- 
vasio Burgueno le salvo la vida. 

En la presidencia de Berro, de 
vuelta de un viaje a Europa, sien- 
do redactor de "El Comercio de'I 
Plata" en una nueva epoca, fue lle- 
vado ante el tribunal de imprenta 
por el Ministro de Gobierno doctor 
Antonio de las Carreras, para res- 
ponder de la verdad de sus dichos 
en cuanto a que en Quinteros habia 
existido una capitulacion violada. El 
jurado condeno a Bustamante, el 
cual ausentose al poco tiempo para 
la Republica Argentina, para conver- 
tirse en uno de los mas activos agen- 
tes de la revolucion que alli prepa- 
raba el general Venancio Flores, ha- 
ciendo despues al lado suyo la cara- 
pafia de 1863 - 65. 

El dia que el movimiento triunfo 
en 1865, apoyado en su etapa ultima 
por la alianza brasilefia, Bustaman- 
te tuvo funciones de Secretario Ge- 
neral del Gobierno Rrovisorio des- 
de el 21 hasta el 23 de febrero, en 
que el primer gabinete de la dicta- 
dura de Flores quedo constituido. 

El 2 de mayo saco a la calle "La 
Tribuna", diario de gran formato, 
portavoz de la revolucion triun- 
fante. 

Teniente coronel de 'Milicias en 
la guerra civil, se puso ,al frente 
de un batallon denominado "Volun- 
tarios de la Libertad", marchando 
para la campana del Paraguay co- 
mo integrante de nuestras divisio- 



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nes y a la cabeza de sus hombres 
avanzo delante de tcdos en la ba- 
talla de Yatay, el 17 de agosto de 
1865. 

De regreso en Montevideo inter- 
vino activamente en las luchas in- 
ternas que pronto dividieron al Par- 
tido Colorado, correspondiendo a es- 
ta epoca su fatal duelo con Servan- 
do Martinez. (Ver este nombre). 

Jefe Politico de la capital, del 30 
de abril de 1867 hasta el 4 de fe- 
brero de 1868, correspondiole in- 
tervenir en el descubrimiento de la 
famosa "Conspiracion de la Mina". 
Su gestion, del punto de vista ad- 
ministrativo, fue progresista y abun- 
do en medidas y en reformas que pu- 
so en practica de un mcdo expediti- 
vo y eficaz. Amparado alguna vez en 
"el margen de arbitrariedad necesa- 
ria", logro cosas que de otra manera 
no habria sido posible realizar por 
las resistencias del conservadorismo 
ambiente y la fuerza de los intere- 
ses creados. 

"Ministro de Gobierno de Pedro 
Varela, del 21 al 29 de febrero de 
1868, en los dias subsiguientes al 
asesinato de Flores, habia ingresa- 
do a la 10 9 legislatura el propio mes 
como senador.por Salto y en la lu- 
cha por la Presidencia de la Repii- 
blica para el cuatrienio 1868-72, pu- 
do reunir en torno de su nombre 
un respetable niimero de votcs. Vis- 
to que ni el ni el general Suarez, 
su adversario, alcanzarian el quo- 
rum legal, la mayoria se hizo a lil- 
tima hora alrededor del general Lo- 
renzo Batlle. 

Ministro de Gobierno del 14 de 



enero de 1869 al 18 de agosto de 
1870,'cuando las fuerzas del caudi- 
Uo revclucionario blanco Timoteo 
Aparicio vinieron a presentarse fren- 
te a Montevideo, se le designo el 7 
de setiembre del 70, jefe militar de 
las fuerzas existentes en la capital, 
para la custodia y conservacion del 
orden interno. 

Diputado por Monteyideo en las 
Camaras de 1873, desde su banca 
y desde las columnas de "La Tri- 
buna", cuya direccion habia conser- 
vado siempre virtualmente, inicio el 
periodo capital de su carrera politi- 
ca como opositor al gobierno del 
doctor Jose Ellauri y como uno de 
Ios hombres enceguecidos que, con 
sus extremismos y sus intransigen- 
cias — Bustamante soporto siemprs 
un deficit de ponderacion y de me- 
sura — contribuyeron a arrastrar al 
pais al abismo de la bancarrota y 
de la dictadura, planeando y lle- 
vando a cabo el golpe militar del 
15 de enero de 1875. 

Pedro Varela, Gobernador Provi- 
scrio por mandato de los jefes de 
la guarnicion de Montevideo, hizo 
a Bustamante — una de las cabezas 
visibles del movimiento operado — 
Ministro de Relaciones Exteriores el 
mismo dia 15 de enero en que le 
dieron el gobierno. 

Antes de un semestre de ocupar 
esa secretaria de Estado, el gabi- 
nete del motin habia hecho crisis 
y Bustamante dejaba la cartera el 
31 de julio. Todcs los planes poli- 
ticos preconizados desde la Cama- 
ra y desde el diario, habian con- 
cluido o iban en tren de concluir 



253 — 



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en tan tremendo fracaso, que nin- 
guna solucion le parecio mas "acep- 
table que alejarse del pais, nombra- 
do Ministro Plenipotenciario en el 
Brasil. Volvio de la corte imperial 
en setiembre, sin que restara de su 
gestion otra cosa que un memoran- 
dum. Aqui, con su investidura di- 
plomatica, fue testigo de la anar- 
qm'a en que iba deshaciendose fa- 
talmente el regimen de subversion 
y escandalo que habia contribuido 
a entronizar, hasta que hizo renun- 
cia de la plenipotencia el 10 de ene- 
ro de 1876. 

El 10 de marzo. el Ministro de la 
Guerra coronel Latorre. puso a Pe- 
dro Varela en el trance de huir y 
se proclamo dictador. 

Aunque le fuera penoso conven- 
cerse, su carrera politica habfa con- 
cluido aquel dia: hecho a un lado por 
Latorre, sin preocuparse de el co- 
mo no se preocupd de ninguno de 
sus grandes complices del cuarte- 
lazo, vivio dias de oscuridad y des- 
engafio, y cuando en 1877 quiso vol- 
ver a la arena periodistica en "La 
Conciliacion", diario efimero, apenas 
era la sombra del antiguo director 
de "La Tribuna". 

Diputado por Salto en 1879, voto 
a Latorre para Presidente de la Re- 
publica y totalmente sin papel en el 
curso de la legislatura, Santos lo 
hizo reelegir para la legislatura si- 
guiente votado en el departamento 
de Montevideo, sin que ei hombre de 
antes reapareciese. 

Trabajado por una larga enfer- 
medad, el 11 de enero de 1885 ter- 



minaron sus dias en su quinta de 
Paso del Molino. 

Era un hermoso tipo de hombre, 
de barbas rizadas y expresivos ojos 
negros. La figura. fina en la juven- 
tud, perdio sus lineas con la edad, 
pero en los ultimos afios la blan- 
queada barba vino a prestar un en- 
canto otcnal a la fisonomia abierta. 

Atacado por encamizados enemi- 
gos y objeto de multiples imputa- 
ciones, en ningiin momento su hon- 
radez estuvo en tela de juicio. "Su 
corazon y su desinteres — escribio 
Desteffanis — le valieron muchas 
simpatias auh entre sus mismos ad- 
versarios". 

Aparte su dedicacion periodistica, 
Jose Candido Bustamante excur- 
siono por diversos campos litera- 
rios con regular exito, si bien le 
faltaba a su talento natural la 
eultura indispensable; asi escribid 
para ei teatro "La mujer abandona- 
da", que el reputado actor espanol 
Valero puso en escena por primera 
vez en San Felipe, en julio de 1876, 
e inicio la traduccion del libro de 
Scheineder sobre la Guerra del Pa- 
raguay. 

En 1880 se hablaba de que tenia 
pronto un libro de historia nacional 
comprensivo de 1858 a 1865, pero 
nada justifica la especie. 

Cronista facil y credulo, los ar- 
ticulos periodisticos donde hace re- 
ferencia a nuestras ccsas pasadas 
es preciso tomarlos con mucha cau- 
tela, a riesgo de recibir como exac- 
tas las versiones que recogio, des- 
provisto de espiritu critico. 



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BUSTAMANTE, MANUEL BASILIO 

Hombre politico. con servicios a 
la revolucion de la Independencia, 
miembro de varias legislaturas y por 
dos veces jefe del gobierno de la 
Republica como presidente del Se- 
nado en ejercicio del Poder Ejecu- 
tivo. 

Nacido en San Caiios el 20 de ju- 
nio de 1785, era hijo de Manuel Bus- 
tamante, chileno, de Valparaiso, y 
de Luisa Piriz, espanola. 

Los sucesos del afio 10 lo toma- 
ron en Buenos Aires y poniendose 
a servicio de la patria se enrolo como 
militar y lcs anos 1813-14 aparece fi- 
gurando con grado de teniente 1° 
de Caballeria Ligera a ordenes de 
Alvear. Miembro del Cabildo bonae- 
rense en 1814, se le halla de vuelta 
en su tierra una vez que la provin- 
cia se convirtio en Reptiblica sobe- 
rana, viniendo a cumplirse de este 
modo un cieseo de regreso largamen- 
te acariciado. 

Representante por la Colonia para 
la primera legislatura de 1830, vol- 
vio a la misma Camara por los vo- 
tos de Soriano para el trienio d'e la 
2? (1834-37). Al termino del man- 
dato fue a residir en la Villa de Mi- 
nas donde tuvo funciones edilicias, 
hasta que la ciudadania de su depar- 
tamento natal lo invistio con su re- 
presentacion en la Camara baja en 
1839 y dos anos mas tarde, en 1841, 
vino a conferirle la banca de sena- 
dor por un periodo bienal comple- 
mentario. 



Sin figuracion nctoria en el perfo- 
do de la Guerra Grande, no obstante 
la amistad que lo vinculaba a hom- 
bres tan caracterizados de la Defen- 
sa como Gabriel Pereira y el coro- 
nel Venancio Flores, recien se le ve 
aparecer en el escenario politico 
cuando es votado senador por Pay- 
sandu para la Asamblea Doble de 
1854, que mas tarde se declaro a si 
misma Ordinaria en funciones de 
3.er periodo de la 6 ? Legislatura. 

Presidente del Senado el 15 de fe- 
brero de 1855, al serle concedida 
licencia temporal al presidente de la 
Republica general Venancio Flores, 
Bustamante entro al ejercicio del 
Poder Ejecutivo para desempenarlo 
desde el 7 al 28 de marzo, dia en que 
el titular volvio de su estada en una 
estancia de San Jose. 

Prcnto, la revolucidn conservado- 
ra de agosto del mismo afio, obligcj 
a Flores, expulsado de Montevideo, 
a dimitir ante la Asamblea General 
el gobierno que investia. Las Cama- 
ras, reunidas en una casa prdxima a 
la Villa de la Union, aceptaron la 
renuncia el 11 de setiembre. 

A Manuel Basilio Bustamante, que 
habia reasumido la vispera, dia 10, 
el puesto de encargado del Poder 
Ejecutivo, correspondiale ejercerlo 
por el termino que faltaba para con- 
cluir el periodo legislativo o sea has- 
ta el 15 de febrero del 58, fecha en 
que debia elegirse presidente. 

Corto en si el periodo de mando, 
la situacion convulsiva de la poli- 
tica fue agravada por un nuevo em- 
puje revolucionario de las conserva- 



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dores, que a duras penas pudo sofo- 
car Bustamante en el mes de no- 
viembre, gracias al apoyo cqnjunto 
de los generales Oribe y Flores, 
aliados a la feeha en virtud del re- 
ciente pacto Uamado de la Union. 
Tomaronse algunas medidas de rigor 
despues del triunfo y con violacion 
de las leyes fueron extrafiados del 
pais los diputados Mufioz, Torres y 
Bertran. 

En semejantes condiciones, el Pre- 
sidente del Senado hubo de limitarse 
a vigilar cuidadosamente la marcha 
administrativa y tomar cuenta de al- 
gunas disposiciones de orden mterno 
incompatibles con el estado desastro- 
so de la hacienda publica. En su 
periodo de mando se organizo y par- 
ti6 de Montevideo la expedicion re- 
volucionaria argentina, cuyos jefes 
eran los antiguos militares rosistas 
Jose Maria Flores y Geronimo Costa 
y como sancion al abuso que habian 
hecho del asilo que les proporcio- 
naba la Republica. se les cerro a 
todos los componentes las puertas 
del pais. — (Ver Leon Benitez). 

Florista, proeuro mantenerse lo 
mas alejado posible asi de la influen- 
cia avasalladora de su correligiona- 
rio como de la del- general Oribe, 
cuyo interes en ganarselo no se 
ocultaba. 

Las elecciones para la nueva ma- 
gistratura demostraron que el jefe 
del Poder Ejecutivo habia mante- 
nido una prudente neutralidad, con- 
forme al espiritu patriotico que guia- 
ba sus actos. 



Su ultimo mensaje a la Asamblea, 
al abandonar el mando el 15 de fe- 
brero de 1856, refleja el desolador 
pesimismo que embargaba el animo 
de este hombre bien intencionado, 
para terminar con un llamamiento a 
la concordia civica, propugnando por 
ia extincion completa de las desaten- 
tadas pasiones politicas que descar- 
gaban tantos males sobre el pais. 

Finalizado su mandato senaturial 
en febrero de 1860, Bustamante al- 
canzo a vivir en Mcntevideo hasta el 
11 de noviembre de 1863. 

Hombre que habia sido poseedor 
de fortuna, la modesta posicion que 
tenia a su deceso, era certificado de 
su honradez. 



BUSTAMANTE, PEDRO Nolasco 

Ministro, camarista y legislador, 
nacido en Mcntevideo el 31 de enero 
de 1824. Su padre era vizcaino, fuer- 
te comerciante de la plaza que penso 
dedicarlo a identicas actividades, pero 
que no vio realizadas sus miras por 
la manifiesta orientacion del hijo 
hacia bien distintos rumbos. 

. Los estudios de Bustamante peca- 
ron a la vez de desordenados y de 
largos, pues recien se doctoro en 
Buencs Aires en abril del ano 1862, 
cuando ya habia desempenado im- 
portantes cargos en el pais en las 
filas 'del Partido Colorado, habiendo 
sido representante por Maldonado 
en la legislatura inaugurada en 1852 
y reelecto en la siguiente. En este 



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segundo periodo tomo participacion 
en los ultimos debates en que se 
ccnsidero la reforma de los Trata- 
dos del 51, sobresaliendo por su elo- 
cuencia entre el grupo de diputados 
opositores. 

Cuando triunfo el general Flores 
por fuerza de las armas, lo designo 
para integrar el Superior Tribunal 
de Justicia el 7 de marzo de 1865 
y Bustamante acepto aunque se dis- 
cutian sus condiciones legales para 
ocupar el cargo. En 1867, el 8 de 
marzo, inauguro en la Universidad, 
con un largo y nutrido discurso, la 
catedra de Eccnomia Folitica que 
concluia de confiarsele. 

Confirmado en el Tribunal por el 
voto de la Asamblea General el 6 
de marzo de 1868, en seguida de 
reorganizarse los poderes constitu- 
cionales, el general Lorenzo Batlle 
le confio la cartera de Hacienda en 
su primer Ministerio. Renuncio el 
cargo en julio del mismo ano 68, 
siendo sustituido por Daniel Zorri- 
lla. Hizo una renuncia extensa, ex- 
presando a Batlle que dimitia para 
responder a un pedido suyo, toda 
vez que el presidente parecia hallar 
en el ministro, atentas las resisten- 
cias que levantaba, el mayor obs- 
taculo para la marcha de su gc- 
bierno. 

Documento desabrido — conforme 
al natural de su autor — constituye 
sin embargo un documento de no 
comun valentia. 

Rector de la Universidad en agos- 
to de 1869, en las camaras de 1873 



volvio a tener un asiento como di- 
putado por Montevideo, pero esta 
vez como en tiempo de Batlle, hubo 
de abandonar el Parlamento sin que 
terminara su mandato. 

Deseando el gobierno de Ellauri 
negociar un emprestito en Europa, 
creyo prudente env'ar alla comisio- 
nados especiales de verdadera repre- 
sentacion, y a tal objeto la eleccion 
recayo en su propio ministro de Re- 
laciones Exteriores, Dr. Perez Go- 
mar y en el diputado Pedro Busta- 
mante. 

No correspondio el resultado a las 
esperanzas y en el mes de julio 
Bustamante estaba otra vez en la 
Camara, donde el ambiente era cada 
dia mas pesado y donde su presen- 
cia parecia exacerbar a los oposito- 
res. 

El 14 de setiembre de 1874, Ellau- 
ri lo nombro ministro de Hacienda 
en reemplazo de Juan Penalva. La 
situacion de las finanzas publicas 
eran desastrosas sobre tcda ponde- 
racion y ningiin ministro hubiera 
atinado a hacer cosa alguna de pro- 
vecho. La cuestion de hacienda traia 
dentro de si la perdicion del gobier- 
no, como tantas veces. 

Bustamante permanecio en el mi- 
nisterio hasta el 14 de enero de 1875, 
vispera del motin militar que de- 
puso las autoridades constituciona- 
les. Entro a figurar en la izquierda 
opositora, pero como simple cuidada- 
no. Sus enemigos no solo no lo inco- 
modaron desde entonces, sino que lo 
herian simulando ignorarlo. a punto 



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de que incluido en la lista de los 
deportados en la barca Puig, fue eli- 
minado luego con aquel artero pro- 
posito. Por su parte, Bustamante 
tamptco modero un momento el tono 
de sus criticas ni bajo la voz de su 
protesta. 

En identica doble actitud de opo- 
sicicn y retiro mantiivose en los pe- 
riodos gubernativos de Vidal y de 
Santos. 

Celebrada la conciliacion de 1886, 
recien creyo que podia reingresar 
a la politica sin desmedro civico y 
acepto una banca de diputado en la 
presidencia del general Tajes el afio 
1888, votado por el departamento de 
Canelones. 

Al fundarse el Banco Nacional, el 
Dr. Bustamante fue el ciudadano de- 
signado para presidente del nuevo 
instituto de credito y en ese cargo 
permanecio hasta que el banco, en 
falencia, hubo de cerrar sus puertas. 

Electo senador por el departamen- 
to de Canelones en 1890, su salud 
estaba ya tan afectada que solo con 
dificultad pudo trasladarse hasta el 
recinto cuando se inauguraron las 
sesiones el 15 de febrero de 1891. 
Se necesitaba un espiritu como el 
suyo para impcner al depauperado 
cuerpo un esfuerzo semejante, pero 
al cabo de una semana, el 22 de fe- 
brero, dejo de existir. 



Al ser inhumado en el Cementerio 
Central, el Presidente de la Repu- 
blica Dr. Julio Herrera y Obes dijo 
una magistral oracion funebre que 
conmovio a la concurrencia y cons- 
tituye una de las piezas de alta elo- 
cuencia de aquel esclarecido ciuda- 
dano. (Inserto en "El Siglo", Mcn- 
tevideo, 25 de febrero, 1891). 

Hombre que inspiro mas respeto 
que simpatias, se le ha reprochado 
al Dr. Bustamante con verdad, su in- 
transigencia de ideas y una acedum- 
bre hacia los adversarios que el 
tiempo no atenuo precisamente, se- 
gun lo prueba su discurso en la Con- 
vencion del Partido Colorado el 10 
de octubre de 1887. 

Acusado de veleidades de anexio- 
nismo platense, en esto hay tambien 
su parte de exactitud. ■Francisco 
Bauza se lo enrostro en la Camara 
en 1888 y el supo defenderse briosa- 
mente del reproche. 

Pero a pesar de todo, juzgando 
con una perspectiva de medio siglo, 
el Dr. Pedro Bustamante aparece 
como un ciudadano de virtudes fun- 
damentales, tallado en una sola pie- 
za^ y el cual, pese a sus reconocidos 
defectos, contimia siendo una lec- 
cion viviente de dignidad para los 
hombres acomodaticios o invertebra- 
dos. deshonra y macula de la Re- 
publica. 



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CABALLERO, FELIPE 

Militar de las guerras de la in- 
dependencia. 

Su vida de soldado empieza ape- 
nas la conquistada Cisplatina se alzo 
en armas para libertarse del yugo 
extranjero. 

Teniente en el batallon de Vo- 
luntarios Ligeros de la Patria en 
1825, fue actor en uno de los pri- 
meros ensayos de las armas patrio- 
tas contra los brasilefios, en los pri- 
meros dias del mes de julio de 1825, 
por lo que merecio felicitaciones del 
Gobierno Provisorio y el ascenso a 
capitan. 

Formando parte de las fuerzas a 
ordenes de Rivera, en constante ac- 
cion en campafia, figura entre los 
que dirigieron el ataque llevado a la 
Villa de Mercedes el 23 de agosto 
de 1825, de cuyos resultados caye- 
ron prisioneros dos hijos del gerie- 



ral brasilefio Jose de Abreu; y pos- 
teriormente, en la accion del Aguila, 
librada el 4 de setiembre contra 
Bento Manuel Ribeiro y desfavora- 
ble para los patriotas, fue factor 
decisivo en la reunion de los dis- 
persos. 

Continuando en operaciones en la 
region de Soriano, mandaba los sol- 
dados que sitiaban Mercedes cuando 
los brasilefios abandonaron la po- 
blacion el 16 de octubre del mismo 
ano 25. 

Adicto al general Rivera, se le 
halla como uno de los oficiales ac- 
tuantes en la sublevacion del Regi- 
miento de Dragones Orientales del 
afio 1826. (Ver Bernabe Rivera). 

Formando parte de las fuerzas que 
acompafiaban al general Rivera en 
la eampafia de las Misiones, cruzo el 
Ibicuy en el memorable dia del 21 
de abril de 1828 y fue destinado pa- 
ra ponerse al frente de la primera 
de las tres divisiones en que el ven- 
cedor del Rincon fracciono sus fuer- 



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zas. Al mando de sus aguerridos 
hombres se apodero del pueblo de 
San Borja, operando de acuerdo con 
Bernabe Rivera, que mandaba la se- 
gunda division. 

Realizada la conquista de las Mi- 
siones y siendo en la epoca sargen- 
to mayor, se le nombro Comandante 
del Cuerpo de Tiradores del Ejercito 
del Norte el 25 de setiembre de 
1828. 

Al organizarse los cuadros milita- 
res del nuevo Estado, algunas fuer- 
zas de aquel glorioso conjunto desti- 
naronse a formar los Regimientos 
de Caballeria Nos. 2 y 3, correspon- 
diendole a Caballero mandar el N? 3 
con caracter de 1° jefe y con grado 
de sargento mayor, el 1° de abril 
de 1829. 

Ascendido a teniente coronel gra- 
duado el 10 de junio siguiente y 
siendo Jefe interino de su Regimien- 
to, se le dio el cargo en propiedad el 
4 de enero de 1830, por decreto del 
Gobierno Provisorio, pero a los po- 
cos dias, el 7, fue transferido a la 
jefatura del Regimiento N? 1. 

En la primera concesion de ascen- 
sos autorizada por el cuerpo legis- 
lativo con motivo de celebrarse el 
primer aniversario de la jura de la 
Constitucion, se le otorgaron despa- 
chos - de coronel graduado el 28 de 
julio de 1831, continuando entre tan- 
to como jefe del l 9 de Caballeria. 
■ En este grado y con identico man- 
do fallecio en agosto de 1831. Por 
decreto del presidente Rivera debia 
erigirse en el cementerio nuevo un 
sepulcro costeado por el Estado, con 



inscripciones que trasmitieran a la 
posteridad los hechos que habian 
distinguido a Fehpe Caballero como 
militar y como ciudadano. 



CABALLERO, GENARO 

Coronel graduado del Ejercito, 
muerto heroicamente al frente de 
sus soldados del batallon 4? de Ca- 
zadores en el primer dia de la ba- 
talla de Tupambae, librada contra 
los revolucionarios nacionalistas los 
dias 22 y 23 de junio de 1904, du- 
rante la presidencia de Batlle y Or- 
dofiez. 

Era nacido en Rocha el 30 de 
agosto de 1867. Oficial de filas, for- 
mado en el batallon 1° de Cazado- 
res, donde ingreso como soldado dis- 
tinguido el 30 de octubre de 1884, 
ascendiendo a cabo 2° el 12 de fe- 
brero del 86, la primera accion de 
guerra en que le toco actuar fue la 
de Quebracho, el 31 de marzo de este 
mismo afio. 

Obtuvo su primer galon de sub- 
teniente el 26 de agosto siguiente, 
los de teniente 2 9 el 2 de abril de 
1889 y lcs de teniente l 9 el 11 de 
diciembre de 1890. Ascendido a ca- 
pitan el 20 de noviembre de 1893, 
con ese grado lo encontro la revo- 
lucion nacionalista de 1897, sirvien- 
do siempre en la misma unidad. 

Actor en la sangrienta accion de 
Tres Arboles el 17 de marzo. de- 
moStro su temple en los mas criticos 
momentos de la jomada, siendo de 
los primeros oficiales que entraron 



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en combate. Premiando su valor el 
gobierno lo elevd a sargento mayor 
el 8 de abril. 

Ayudante del Estado Mayor Ge- 
neral del Ejercito desde noviembre 
de 1897, el 14 de diciembre de 1899 
paso a desempenar funciones en la 
policia del departamento de Artigas. 

Teniente coronel graduado el 5 de 
enero de 1900 y efectivo el 25 de 
agosto, confiosele el puesto de 2 9 je- 
fe del batallon 2 9 de Cazadores el 
31 de mayo de 1902. El 9 de febre- 
vo de 1903 fue promovido a coronel 
graduado, pasando a desempenar la 
jefatura del batallon 4"? el 17 de 
marzo. 

Al estallar el movimiento nacio- 
nalista de 1904, destinado con su 
unidad al Ejercito del Sur, que co- 
mandaba el general Justino Muniz, 
tocole entrar en accion en los com- 
bates de la Ternera, ManseviUagra, 
Illescas, Paso del Parque del Day- 
man, etc. 

Trabada la batalla de Tupambae 
entre el Ejercito del Sur que enton- 
ces habia pasado a ordenes del -co- 
ronel Pablo Galarza, y el ejereito 
revolucionario al mando de Aparicio 
Saravia, la situacion de las fuerzas 
gubemistas llego a hacerse muy cri- 
tica el primer dia del terrible cho- 
que y fue en esas circunstancias, car- 
gando valerosamente con los hom- 
bres de su batallon al enemigo que 
avanzaba resuelto, que dos balas hi- 
cieron blanco en el coronel Caballero. 
Una de ellas lo hirio sin mayor im- 
portancia ;en una pierna, peiio la 
otra, que le alcanzo en la cabeza, 



derribo muerto de su caballo al bra- 
vo eoronel, inmolado en defensa de 
las legitimas autoridades de la R&. 
publica. 



CABALLERO, ISIDRO 

Militar, uno de los jefes ejecuta- 
dos en enero de 1858 despues de la 
capitulacion de Quinteros, y cuyo 
nombre aparece el tercero entre los 
coroneles, en la famosa lista que, con 
el conforme de Cesar Diaz, consti- 
tuye la prueba de la rendicion con- 
dicionada de los revolucionarios con- 
servadores. 

Era hijo del coronel Felipe Caba- 
llero, jefe de distinguidos servicios 
en la guerra de la Independencia y 
habia visto la primera luz en la, Vi- 
lla de San Pedro de Durazno. 

Ingreso a las filas del ejercito en 
el mes de julio de 1836, simple ciu- 
dadano, en calidad de subteniente 
del 3er. escuadron de caballeria que 
habia mandado su padre y a orde- 
nes en esos momentos del teniente 
corcnel Jose Antonio Costa. 

Producido al poco tiempo el movi- 
miento revolucionario rivez-ista con- 
tra el gobierno de Oribe, parte de 
la unidad se sublevo y el teniente 
Caballero contose en el mimero de 
los que fueron a engrosar las filas 
del caudillo rebelado. 

Teniente 2? en el escuadron 2 
de escolta del titulado Ejercito Cons- 
titucional, ascendio a ayudante ma- 
yor en octubre de 1838 y a capitan 
graduado en diciembre. 



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Con fecha 18 de agosto de 1839 
llego a capitaa efectivo, trasladado 
entonces al ler. escuadron y con la 
antigiiedad de 22 de junio. Sargen- 
to mayor graduado el 5 de agosto 
de 1842, en octubre siguiente paso 
a continuar sus servicios en la Guar- 
dia Nacional de Paysandu. 

El 15 de julio de 1846 se le nom- 
bro jefe del 2? escuadron del 2? Re- 
gimiento de Dragones de la Repu- 
blica, unidad formada con las fuer- 
zas procedentes de la Isla Gorriti, 
que se habian incorporado al ejercito 
que realizaba la campana del lito- 
ral. Teniente coronel en el batallon 
Provisional, donde se le encuentra 
desde marzo a mayo de 1847, sirve 
hasta 1848 en el Regimiento Sosa 
y del 49 al 51 en los batallones 1<? 
y 2° de Guardias Nacionales de 
Montevideo. 

Terminada la Guerra Grande al 
cabo de diez arios y pacificada la 
Republica en octubre de 1851, en el 
mes de julio de 1852 fue destinado 
a la Guardia Nacional de San Jose 
para permanecer alli hasta octubre. 
Jefe Politico de Durazno en setiem- 
bre de 1855, dimitio el cargo en oc- 
tubre del afio . siguiente. 

En armas contra el gobierno de 
Pereira, fue uno de los jefes que 
concurrieron al pie del Cerro de 
Montevideo para apoyar el desem- 
barco de la expedicion de Cesar 
Diaz, que arribaba en la Maipu al 
saladero Lafone, el 6 de enero de 
1858. Las fuerzas de caballeria a 
su mando actuaron en el combate 
de Cagancha y en la persecucion de 
las huestes de Moreno (15 de ene- 



ro). Capitulado en el Paso de Quin- 
teros, marchd en el ejercito del ge- 
neral Medina, y al ser desconocida 
por el gobierno la capitulacion que 
otorgara el general en jefe, lo fusi- 
laron en la madrugada del 2 de fe- 
brero, en la costa del arroyo Tala, 
proximo a Durazno. 

Sus restos, exhumados anos mas 
tarde, fueron trasladados al Cemen- 
terio Central de Montevideo para 
reposar en el panteon que se le- 
vanto conforme el decreto-ley de 
17 de marzo de 1865 que — en la 
dictadura del general Flores — de- 
claraba "martires de la libertad de 
la Patria" a los ciudadanos sacrifi- 
cados en Quinteros. 



CABRAL, EUSEBIO 

Ministro, diputado y funcionario 
publico. Nacido en 1806, milito en 
las filas del ejercito revolucionario 
que mandaba el general Rivera, don- 
de obtuvo el grado de teniente co- 
ronel y cuando triunfante la revo- 
lucion, se organizaron las milicias en 
toda la Republica, Cabral fue de- 
signado comandante de la MiUcia 
Activa de la capital. 

En diciembre de 1838 confiriosele 
el cargo de Juez de Paz de la 1 ? sec- 
cion de Montevideo. Mas tarde de- 
dico parte de sus actividades al co- 
mercio, sin que ello obstara a que 
figurase en politica, siendo diputado 
por Cerrp Largo en 1838 - 40 y Ue- 
gando a integrar el Consejo de No- 
tables durante la Defensa de Mon- 
tevideo. 



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Era Inspector de Resguardos, nom- 
brado por el presidente Gird el 5 de 
mayo de 1852, cuando el presidente, 
coronel Venancio Flores, lo llamo a 
ocupar la cartera de Hacienda, con 
retencidn del empleo que venla des- 
empenando (15 de marzo de 1854). 

Breve fue su pasaje por el gabi- 
nete, pues el 30 del propio mes hizo 
dimisidn del cargo, sustituyendole 
Manuel Acosta y Lara. 

En enero de 1858, el gobiemo de 
Pereira lo separd de su empleo en 
el Resguardo a causa de su afiliacion 
partidaria. 

Diputado por Canelones en la 10 ? 
legislatura y presidente de la mis- 
ma camara, no termind su periodo, 
pues considerandosele inmiscuido en 
la revolucidn del general Caraballo 
en 1869, fue exonerado de su man- 
dato junto con otros varios colegas. 

Desde entonces, vuelto al comer- 
cio asociado a sus hijos, no tuvo 
figuracidn politica, falleciendo en la 
capital, victima de un ataque repen- 
tino, el 13 de febrero de 1871. 



CABBERA, ANDBES 

Canario, natural de la isla de Lan- 
zarote, nacido en 1816, marinero de 
profesidn, que asesind de una pu- 
nalada por la espalda al redactor 
de "El Comercio del Plata", doctor 
Florencio Varela, durante el sitio de 
Montevideo, en la calle Misiones, la 
noche del 20 de marzo de 1848. 

Sindicado como autor del erimen, 
reeien pudo ser aprehendido en el 
puerto del Buceo el 9 de setiembre 



de 1851, a bordo de la goleta sarda 
"La Ninfa", cuando estaba a punto 
de ausentarse para Buenos Aires 
con su mujer y una hija. 

Sometido a la justicia ordinaria, 
a la negativa de sus primeras de- 
claraciones siguid mas tarde la con- 
fesidn amplia, conforme a la cual 
habia procedido segun las instruc- 
ciones que le dieron personas del 
campo sitiador del Cerrito, — cuyos 
nombres citd — por miedo a lo que 
podria suceder a el y a su familia, 
si no cumplia las drdenes. La sen- 
tencia de primera instancia, confor- 
me con el veredicto del Jurado, que 
declaraba estar probado que habia 
espiado y esperado al Dr. Varela y 
que lo habia asesinado por manda- 
to del general Manuel Oribe, jefe 
de las fuerzas sitiadoras de Monte- 
video en aquella epoca, condend a 
Cabrera a la pena de muerte. con 
calidad de aleve. La sentencia de 2? 
instancia, junio de 1854, confirmato- 
ria de la anterior, disponia tambien 
que se procediera "a formar causa 
al brigadier general Dn. Manuel Ori- 
be y demas que aparecen compli- 
cados". Apelado este fallo, el pro- 
ceso se paralizd sin resolucidn ul- 
terior que causara estado y sin que 
hubiesen sido llamados a declarar ni 
Oribe ni ninguno de los menciona- 
dos en autcs. 

Cabrera, despues de haber per- 
manecido en la carcel cuando me- 
nos hasta 1865, fallecid en Monte- 
video el 9 de julio de 1866. 

Las actuaciones procesales, que se 
tuvieron por perdidas durante mu- 
cho tiempo, presumiendose que se 



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las hubiese destruido obedeciendo a 
moviles polfticos, se hallaban solo 
traspapeladas. El proceso aparecio 
fntegro — de mera casualidad — en 
1908, y gracias a la atencion des- 
pierta de Fortunato Pereira Leal, 
afecto a cuestiones de historia y 
empleado del Superior Tribunal, fue 
puesto en seguida a buen recaudo. 
En 1935, el Dr. Pacifico Rodriguez 
Villar lo hizo publicar en Buenos 
Aires, precedido de un juicio cri- 
tico. 

Aeerca de este apasionante capi- 
tulo de nuestro pasado, el historia- 
dor Angel H. Vidal allego al debate 
un elemento de importancia, consti- 
tuido por una nota de fecha 5 de 
setiembre de 1847, dirigida por Jose 
Agustin Iturriaga, funcionario de Ja 
secretaria de Oribe, al capitan del 
puerto del Buceo, Joaquin Idoyaga, 
trasmitiendole la orden "del senor 
Presidente" (Oribe) que le permitiera 
a Andres Cabrera — sin mas autori- 
zacion — ir y venir a Montevideo 
cuando lo quisiese, sin ulterior re- 
quisito. 



CACERES, CLEMENTE 

Jefe del ejercito, entrerriano de 
nacimiento, a quien individualiza 
el hecho de haber sido uno de los 
tres companeros del general Ve- 
nancio Flores en la temeraria em- 
presa de invadir la Republica el 19 
de abril de 1863, vadeando el Rio 
Uruguay, para iniciar el movimien- 
to revolucionario que se titulo Cru- 
zada Libertadora, concluido en 



triunfo el 20 de febrero de 1865. 

Venia Caceres como adicto al 
servicio del caudillo en calidad de 
asistente y al iado de su jefe hizo 
fntegramente la campafia desde la 
playa de Caracoles hasta Monte- 
video. 

En el curso de la guerra, su jefe 
lo hizo teniente 2 9 en 1863 y capitan 
en 1864. 

Sin calidad militar que lo distin- 
guiese, se le incorporo al ejercito de 
linea con grado de sargento mayor 
de caballeria en el afio 1869, lle- 
gando a teniente coronel el 18 de 
noviembre de 1886. 

Con este grado dejo de existir en 
Montevideo el 31 de diciembre de 
1895. 



CACERES, RAMON Erasmo de 

Militar actuante en las guerras de 
la independencia patria y con par- 
ticipacion en las posteriores luchas 
de la organizacion nacional. 

Nacido en Montevideo el 26 de 
noviembre de 1798, era hijo de Ra- 
mon de Caceres, Alguacil Mayor de 
la ciudad y hombre de respeto, con 
quien se ha confundido alguna vez 
al coronel, por extrana simbiosis, de 
que participo la Revista Historica. 

Fue Ramon de Caceres ciudadano 
capacitado y de instruccion supe- 
rior a muchisimos de sus contem- 
poraneos, pero, asimismo, a traves 
de su vida y sobre todo de sus es- 
critos, aparece como un sujeto falto 
de la necesaria ponderacion, egocen- 
trico y apasionado, aunque menos 



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sospechoso en el londo que en los 
detalles. 

Tem'a 14 afios de edad cuando 
ingreso al Cuerpo de Artilleria en 
clase de cadete, al iniciarse el se- 
gundo sitio de Montevideo a fines 
de 1812. 

En 1815 fue nombrado teniente 2"? 
de la Compafiia de Las Piedras, a 
las ordenes del coronel Manuel Ar- 
tigas. 

En el afio 19, al ponerse en eje- 
eucion el plan de Artigas de atacar 
al enemigo en su propio territorio, 
Ramon de Caceres formo en las 
Euerzas que en el mes de setiembre 
invadieron la provincia de Rio 
Grande. 

Se le encuentra en Entre Rios en 
el afio 20 y alli, al lado de Rarm'rez, 
tuvo participacion, mas o menos 
espontanea, en los acontecimientos 
que provocaron el alejamiento defi- 
nitivo del Protector y en los suce- 
sos que ocurrieron despues en la 
provincia. 

Al producirse la invasion del 19 
de abril vivia en el pueblo de Salto, 
dedicado a negocios de campo, y 
alli fue arrestado en el primer mo- 
mento. Luego nomas salio en liber- 
tad bajo el compromiso de retirarse 
a vivir en Santa Ana do Livramen- 
to, pero temeroso de ser internado 
en el centro de Rio Grande, fugo 
de Santa Ana y vino a presentarse 
al general Lavalleja en la Florida, 
pocos dias antes de la batalla de 
Sarandi. 

En noviembre de 1825 fue desti- 
nado al departamento de Colonia, 
con la mision de organizar las mili- 



cias locales para el asedio de la 
capital. 

En 1826 se retiro del servicio, pe- 
ro en enero de 1827 se vio ascen- 
dido a sargento mayor en el Regi- 
miento 9 9 cle caballeria que coman- 
daba Manuel Oribe, tocandole ha- 
llarse en Ituzaingo el 20 de febrero 
del mismo afio. Si hemos de estar 
a sus Memorias autobiograficas, el 
fue quien lievo el parte de la victo- 
ria a Buenos Aires por encargo ex- 
preso del general Alvear, quien ha- 
Uaba asi — siempre es Caceres el 
que habla — el modo diplomatico de 
separarlo de Oribe, su jefe inme- 
diato, con quien concluia de tener 
un disgusto serio. 

En el afio 28, abandonando no so- 
lo la lucha sino tambien la propia 
causa nacional, vino a refugiarse en 
Montevideo ocupado por los brasi- 
lefios, y con estos se embarco luego 
para Rio de Janeiro al termino de 
la guerra. 

A pesar de todo, constituida la 
nueva Republica en 1830, regreso al 
pais y ofreciose al gobierno consti- 
tucional del presidente Rivera cuan- 
do el alzamiento lavallejista de 1832. 

Licenciado del ejercito poco mas 
tarde, la revolucion encabezada en 
1836 por el general Rivera le dio 
motivo para volver al servicio, y con 
fecha 12 de setiembre el presidente 
general Manuel Oribe le expidio 
despachos de teniente coronel de 
caballeria de linea y en diciembre 
de este mismo afio fue secretario de 
la Comandancia General de Cam- 
pafia. 

Coronel graduado el 16 de agosto 



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de 1837, formo parte del ejercito 
gubernista comandado por el gene- 
ral Ignacio Oribe, siendo de los de- 
rrotados de Palmar el 15 de junio 
de 1838. Despues de este transcen- 
dental contraste, C&ceres tomo la 
defensa de su cunado, el general 
Manuel Britos, a quien Ignacio Ori- 
be culpaba de la derrota. Con tal 
motivo, una agria publicacion de 
prensa hecha bajo su firma, lo ene- 
misto gravemente con los Oribe. 

En los dias de la guerra contra 
Rosas, el gobierno de Montevideo, 
sabiendolo conspirador, lo envio co- 
mo preso a la isla de Ratas, depor- 
tandolo luego a Buenos Aires en 
setiembre de 1839. 

Amigo del coronel Antonio Dlaz, 
ex - ministro de Oribe emigrado en 
la capital argentina, Caceres fue 
uno de los elementos con que Diaz 
esperaba contar para un golpe sor- 
presivo sobre nuestra capital en 
1841, pero la enemistad de Oribe 
lo detuvo, y al fin concluyo ofre- 
ciendo su espada al mismo gobierno 
colorado que defendia Montevideo, 
dentro de cuyas trincheras se man- 
tuvo hasta que marcho a Entre 
Rfos en agosto de 1851. poniendose 
a ordenes de Urquiza, pronunciado 
contra Rosas. 

Hallose en calidad de jefe entre- 
rriano en la jornada de Caseros, el 
3 de febrero de 1852 y cuando re- 
greso al pais se le reincorporo a 
nuestro escalafon con grado de co- 
ronel efectivo el 8 de julio de 1852. 

Fuera de actividad, vivio diez o 
doce afios repartidos por el litoral 
y solamente en marzo de 1865, des- 



pues de la victoria del general Flo- 
res, Caceres aparece como indivi- 
duo de la Comision Calificadora de 
Despachos Militares, para fallecer 
en Montevideo el 17 de marzo de 
1867. 

La contribucion de este despierto 
coronel a nuestra historia, esta cons- 
tituida en lo fundamental por unas 
memorias redactadas en su vejez, 
a pedido del Dr. Andres Lamas, y 
por su "Vindicacion" o como haya de 
titularse lo escrito con motivo del 
caso del general Manuel Britos. 

Esta prosa, que demuestra a las 
claras el temperamento vehemente 
del autor, encierra referencias y 
detalles muy curiosos. Las Memo- 
rias, como queda dicho mas arriba, 
estan * bordadas en sus lineas prin- 
cipales sobre un canevas de verdad, 
segun se comprueba merced al co- 
tejo documental. 

En 1854, el nombre de Caceres 
tuvo gran resonancia en nuestro 
mundo politico y social con motivo 
del juicio que le instauro el coronel 
Melchor Pacheco y Obes, por inju- 
'ria y calumnia. que se ventilo ante 
el jurado popular. Melchor Pacheco 
y Obes, que era entonces jefe de 
Estado Mayor en el gobierno del 
Triunvirato, fue acusado por Cace- 
res en el curso de una campana 
opositora a fondo, nada menos que 
de mal manejo de dineros publicos. 
Condenado Caceres por el tribunal 
popular a seis meses de destierro, 
la justicia, con fecha 29 de abril, 
le fijo el termino de tres perento- 
rios dras para salir del pais, sin 
que le fuera dado regresar a el con 



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pretexto alguno y debiendo la po- 
licia hacer efectiva la resolucion, si 
llegaba el caso, habilitada de ante- 
mano para el allanamiento de su 
domicilio. 



CALVETE, BENJAMIN Silvano 

Militar uruguayo que luego que- 
do al servicio de la Republica Ar- 
gentina, en cuyo ejercito tuvo fin 
una bella carrera. 

Habia nacido en la Villa de San 
Carlos, departamento de Maldonado, 
el 13 de setiembre de 1830, de pa- 
dres naturales de la misma parro- 
quia. 

Sus servicios se inician en el aiio 
1848, al ingresar como distinguido 
en el batallon l 9 de cazadores, uni- 
dad que el 20 de julio del siguiente 
afio cambio su denominacion por la 
de "Voltigeros". Ascendido a subte- 
niente graduado el 31 de agosto de 
1849 y a efectivo el 5 de setiembre 
de 1850, llego a teniente 2"? el 12 
de setiembre de 1851. 

Teniente l 9 de la Compania de 
Carabineros el 26 de noviembre de 
1851, paso a formar parte de la Di- 
vision Oriental del Ejercito Grande 
Aliado Libertador de Sud America, 
en calidad de oficial del Batallon de 
Cazadores del coronel Ambrosio Pla- 
cido Lezica, tocandole hallarse en la 
resonante victoria de Caseros que 
puso f in a la tirania de Rosas el 3 
de febrero de 1852. 

Cuando la Division volvio, trans- 
formada la unidad en que prestaba 
servicios en el batallon de cazadores 



N 9 2, continuo sus servicios en ella. 

Afiliado a la fraccion del Partido 
Colorado que se denominaba conser- 
vadora, como la gran mayoria de 
los jefes y oficiales que participaron 
en la campana libertadora de la Ar- 
gentina, los sucesos de agosto y no- 
viembre de 1855 y al fin la subsi- 
guiente presidencia de Pereira, fruto 
de un pacto con el general Manuel 
Oribe, contra ei cual se habia batido 
tantos afios. lo indujeron a abando- 
nar el pais. 

Afecto a la Plana Mayor Pasiva 
desde el l 9 de marzo de 1855, en 
el mes de febrero de 1857 se dirigio 
a la Superioridad por nota desde 
Buenos Aires, donde manifestaba 
'•que no deseando ser gravoso por 
mas tiempo al erario"... pedia ser 
dado de baja del ejercito, lo que se 
resolvio de conformidad el 6 de mar- 
zo. 

Habia en Buenos Aires un nume- 
ro demasiado grande de compane- 
ros de armas uruguayos y argenti- 
nos, para poder librarse de la suges- 
tion de ingresar en los ejercitos por- 
tenos, donde fue reconocido como 
teniente l 9 . 

Despues de participar en la cam- 
pana de Cepeda en 1859, donde fue 
herido con un casco de metralla, y 
en la de Pavon en 1861, marcho en 
1865 a la guerra contra el tirano del 
Paraguay, mandando el 9 9 batallon 
de linea y a su frente lo hirieron 
nuevamente en el ataque a Curu- 
paity. 

Vinculado siempre al general Bar- 
tolome Mitre, teniase al coronel Cal- 
vete como a uno de los elementos 



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militares de la revolucion organizada 
por aquel en 1875, por cuyo motivo 
fue reducido a prision. 

El gobierno, a despecho de lo pre- 
cario de su salud y de los empefios 
puestos a favor suyo, no le permitio 
salir de la carcel, y Calvete fallecio 
en ella el 2 de mayo de 1875. Este 
rigor desusado, afiadiendose a las 
simpatias que el coronel compatrio- 
ta se habia conquistado, conmovio la 
opinion publica portefia, y la pren- 
sa opositora publico su retrato exhi- 
biendolo como una victima del en- 
safiado gobierno de Avellaneda. 

Si bien los servicios del coronel 
Calvete fueron mas largos en Argen- 
tina que en su propio pais, corres- 
ponde que se incluya su biografia, 
aunque solo fuera a titulo de prue- 
ba de las superiores condiciones de 
valentia y caballerosidad, que los 
soldados uruguayos han sabido acre- 
ditar tantas veces en el extranjero. 
Por lo demas, la guerra del Para- 
guay y las luchas de la provincia 
de Buenos Aires segregada y el res- 
to de la Confederacion, no fueron 
del todo ajenas a nuestro ambiente, 
por los hombres nuestros que ac- 
tuaban en uno y otro bando y por 
la atmosfera comun que en esa epo- 
ca parecia respirarse en ambas pa- 
trias. 



CALVO, CARMELO 

Musico y maestro de capilla. Aun- 
que nacio en Peralta, Navarra, el 18 
de julio de 1842, su residencia con- 
tinua en nuestro pais a contar del 



afio 1867, vino a ligarlo totalmente 
a la vida uruguaya. 

Desde muy joven se pusieron de 
relieve sus grandes facultades para 
la musica e hizo estudios formales 
con el maestro Mendizabal, de mu- 
cha reputacion. 

Organista en Pamplona, traslado- 
se luego a Madrid, donde al cabo 
de un tiempo de residencia acepto 
la plaza de maestro concertador y 
director de orquesta de una gran 
compafiia de zarzuelas formada para 
trabajar en los teatros rioplatenses. 

Bien acogido en nuestro medio, al 
irse la compania prefirio quedar en 
Montevideo en posesion del puesto 
de organista de la iglesia Matriz, en 
cuyo desempeno se mantuvo casi 40 
anos. 

Ejerciendo contemporaneamente la 
ensenanza de la musica con noto- 
rias condiciones de docente, t u v o 
oportunidad de formar una verda- 
dera legion de discipulos, algunos de 
de los cuales descollaron en nuestros 
circulos artisticos. 

Gran solfeista y preceptista con- 
sumado, cuentan en su obra varias 
composiciones musicales y — con vis- 
tas mas amplias — tento el arte li- 
rico en un ensayo de opera titulada 
"Ofelia", sobre libreto de Juan Zo- 
rrilla de San Martin, estrenada en 
el Solis el 28 de octubre de 1880. 

No era ese el terreno para los 
triunfos de Calvo, sin embargo, y 
el primero en saberlo era el, pero 
no pudo escapar a la permanente 
sugestion del libretista, hombre ani- 
mador por excelencia, ardiendo en 
proyectos y entusiasmos artisticos. 



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"Ofelia", en cuya miisica se ensam- 
blan delicados fragmentos melodicos 
y pasajes expresivos, no volvio a las 
tablas despues del amable estreno 
en nuestro primer coliseo. 
■ El 30 de noviembre de 1922, ha- 
llandose todavia en actividad a pe- 
sar de tantos anos como contaba, 
Calvo dejo de existir en Montevi- 
deo, victima de un accidente de 
transito. 



CALLEROS. MANUEL Francisco 

Ciudadano de notorios servicios 
a la causa nacional, presidente del 
primer Gobierno Patrio instalado en 
Florida el 14 de junio de 1825, des- 
pues de la Cruzada de los Treinta 
y Tres, e individuo de la Sala de 
Representantes, el mismo ano. 

Nacido en la ciudad de Montevi- 
deo el 31 de marzo de 1763, se edu- 
co en el colegio de los frailes fran- 
ciscanos, adquiriendo conocimientos 
poco habituales entonces, por su cla- 
se y por el esfuerzo que exigian, sin 
perjuicio de dedicarse despues a ta- 
reas de hacendado. 

En 1789, durante la dominacion es- 
panola, tomo servicio en un regi- 
miento de milicias provinciales, fue 
participe en las operaciones contra 
los portugueses y Uego a ser capitan 
de dicho cuerpo en 1801. 

Despues de actuar contra los in- 
gleses invasores, hizo abandono de 
las banderas reales no bien Artigas 
se pronuncio por la Revolucion en 
el afio 11. 

Vinculado al caudillo por amistad 



de familia, estuvo a sus inmediatas 
ordenes desde las primeras operacio- 
nes para acompanarlo luego en el 
Exodo, y cuando aquel, de vuelta del 
Ayui, procedio a organizar las pri- 
meras autoridades provinciales, Ca- 
lleros tuvo mando en la jurisdiccion 
de Canelones. Luego desempeno un 
cargo municipal en el Gobierno 
Economico del afio 13 y llevo la re- 
presentacion de Artigas en varias 
entrevistas con los jefes y politicos 
portehos, cuando el caudillo aban- 
dono las lfneas sitiadoras de Monte- 
video en 1814. 

La invasion portuguesa vino a en- 
contrarlo en sus tareas de estanciero, 
que abandono en seguida para servir 
la causa patria. 

Subyugada la provincia por lcs 
extranjeros, Callercs refugiose en el 
interior, eligiendo como residencia y 
centro de actividades la poblacion de 
Mercedes, Soriano, donde ejercio de 
maestro de escuela, sin perjuicio de 
ser comerciante en frutos del pais. 

El levantamiento de la Banda el 
aiio 25, consecuencia de la invasion 
de Lavalleja el 19 de abril, enccn- 
tro a Calleros con el mismo espiritu 
patriotico y decidido de las prime- 
ras epocas artiguistas. 

El 8 de junio de 1825, los electo- 
res de Colonia, o sean los jueces te- 
rritoriales y comisionados de los 
Partidos, requeridos por Lavalleja 
como Jefe de las fuerzas de la patria, 
para que nombraran por ese Depar- 
tamento un sujeto de virtudes, pa- 
triotismo, instruccion y de toda res- 
ponsabilidad para miembro del Go- 
bierno Provisorio, que representase 



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y constituyese la Provincia, eligie- 
rcn por mayoria a Manuel Calleros. 
Instalado el primer Gobierno na- 
cional el 14 del mismo mes, Calle- 
ros fue designado Presidente. Ocu- 
po el cargo hasta el 20 de agosto, 
fecha en que ingreso a la Sala de 
Representantes de la Provincia. por 
los votos de la jurisdiccion de Ro- 
cha, que entonces se llamaba de 
Nuestra Senora de los Remedics. 

Firma en ese caracter las dos ac- 
tas del 25 de agosto, por la prime- 
ra de las euales la Provincia reasu- 
mia su plenitud soberana y su inde- 
pendencia, y la inmediata, por la 
cual — a merito de esa misma pleni- 
tud determinativa — se incorporaba 
a las Provincias Unidas del Rio de 
la Plata. 

Ingreso en la Asamblea Constitu- 
yente, diputado por San Jose, en no- 
viembre de 1828, pero hizo renuncia 
del cargo en los primeros dias de 
diciembre, cuando la Asamblea se 
traslado a Canelones, fundando la 
dimision en que ni su edad, ni su 
salud, ni sus posibles, le permitian 
salir de San Jose. Los votos de Pay- 
sandii lo pusieron en el caso de re- 
ingresar a la Asamblea el 24 de di- 
ciembre, continuando en ella hasta su 
disolucion. 

Elegido en 1830 senadcr por Duraz- 
no para la primera legislatura de la 
Republica libre e independiente, so- 
lo ocupo su banca por el bienio 30-32, 
como lo preceptuaba el estatuto y 
Uego a ser vicepresidente del alto 
cuerpo. 

Ajeno, al concluir su mandato, a 
toda actividad politica, despues de.es- 



te paso por el parlamento vivio dias 
tan modestos que lindaban en po- 
breza. 

El gobierno de Eivera, en premio 
a los servicics prestados al pais, le 
adjudico la propiedad de cuatro pe- 
quefias casas en la capital, y merced 
a este patriotico subsidio, las unicas 
preocupaciones de la existencia del 
anciano procer vieronse reducidas a 
los cuidados del alma, fiel observan- 
te de practicas de religion y presi- 
dente de varias congregaciones cato- 
licas. 

Fallecio el 16 de mayo de 1841, y 
a tal punto se hizo el olvido en torno 
a la figura de Manuel Calleros, que 
solo en estos ultimos afios, merced 
a investigaciones debidas casi todas 
ellas a Placido Abad, algunas de las 
cuales deberan compulsarse, se ha 
podido reconstruir, aunque sea en 
forma escueta y provisional, el itine- 
rario de su vida. 



CALLORDA, PEDRO 

Militar, general del ejercito y mi- 
nistro de Guerra y Marine. Nacido 
en Cagancha, departamento de San 
Jose, el 22 de octubre de 1848, don- 
de sus padres tenian campos. 

Su ingreso al servicio de las ar- 
mas fue el l 9 de mayo de 1865, como 
soldado voluntario en el Escuadron 
Escolta, tocandcle marchar a la gue- 
rra del Paraguay para hacer la cam- 
pafia de Corrientes y las duras eta- 
pas de la lucha en territorio ene- 
migo, hallandose en Boqueron, Es- 
tero Bellaco y Curupaity. 



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Promovido a subteniente el 8 de 
julio de 1866, en diciembre del mis- 
mo afio paso al batallon "Libertad" 
y mas tarde, el 13 de febrero del 
68 al batallon "Constitucional", don- 
de obtuvo el grado de teniente 2 9 el 
26 del mismo mes. 

Oficial en el 1° de cazadores des- 
de abril de 1869, en lucha contra 
los revolucionarios blancos del co- 
ronel Timoteo Aparicio, asistio a las 
principales batallas y en la del Sau- 
ce recibio una herida de bala. Te- 
niente 1° el 8 de octubre del 70, fue 
ascendido a capitan el 9 de febrero 
del 72 y en el mes de agosto si- 
guiente paso al batallon 4 ? de caza- 
dcres. 

Adhirio al regimen surgido del 
motm militar del 15 de enero de 
1875 y lo ascendieron a sargento 
mayor el 24 de abril, confiandosele 
el puesto de 2° jefe del batallon 6 9 
de cazadores, recien creado. En la 
primavera salio a campana con fuer- 
zas de su batallon, a combatir a la 
ciudadania en armas que propugna- 
ba por el restablecimiento de las 
instituciones arrasadas y bajo el 
mando inmediato del coronel Car- 
los Gaudencio fue derrotado por los 
revolucionarics de d i v i s a tricolor 
que comandaba Julio Arrue, en el 
combate de Perseverano, el 7 de oc- 
tubre de 1875. 

Callorda, a quien distinguio siem- 
pre su valor sereno, salio herido del 
campo despues de ver sus infantes 
diezmados por el fuego de los fusi- 
les Remington que, estrenados aque- 
lla tarde por la revolucion, "hicie- 
rcn maravillas". 



En la dictadura de Latorre se le 
destino a servicios de policia en fun- 
ciones de comisario de la Aguada, 
hasta que en el gobierno del doctor 
Vidal, el coronel Maximo Santos, 
ministro de Guerra y Marina, lo 
llevo a la segunda jefatura del l 9 
de cazadores el 1° de abril de 1880 
y lo promovio a teniente coronel 
graduado el 26 del mismo mes. El 
18 de mayo de 1881 obtuvo la efec- 
tividad y el 18 de junio de 1883 el 
presidente Santos lo hizo coronel 
graduado, nombrandolo su edecan. 

Se le confirio la efectividad del 
coronelato el 9 de febrero del 86, 
mientras mandaba un batallon de 
milicias movilizadas de Canelones, y 
el 26 de setiembre del mismo afio 
ocupo la direccion de la Carcel Co- 
reccional. 

Alejado el presidente Santos del 
pais, el coronel Callorda continuo 
gozando • de la conf ianza de la nue- 
va situacion, que vino a confiarle la 
jefatura del 1° de cazadores el 22 
de diciembre del 86. 

El 22 de agosto de 1890, durante 
la presidencia del Dr. Julio Herrera 
y Obes, este lo nombro secretario de 
Estado en la cartera de Guerra y 
Marina en sustitucion del general 
Jose Villar, y al dia siguiente lo as- 
cendio a general de brigada. 

Una interpelacion pariamentaria, 
de la que el ministro Callorda no 
salio precisamente airoso, lo indujo 
a dejar el gabinete, renunciando con 
fecha 22 de febrero de 1892. El 5 
de abril de 1894, el presidente Idiar- 
te Bcrda lo hizo ministro del Tri- 
bunal Militar de Apelaciones. 



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En el gobierno de Juan Lindolfo 
Cuestas volvio al Ministerio de la 
Guerra y esta vez. su permanencia 
en el puesto prolongose desde el 20 
de mayo de 1399 hasta el uljimo dia 
de gobierno de aquel, absorbido en 
todo sentido y a la par de todos sus 
colegas de gabinete, por el absolu- 
tismo sin lzmites del presidente. 

La revolueion nacionalista de 1904 
contra el gobierno del presidente 
Batlle y Ordonez, permitio al gene- 
ral Callorda, en el ultimo tercio de 
su vida, demostrar que el temple de 
soldado y las energias belicas de 
otrcs tiempos tenian sus reservas. 

Su actuacion en el ejereito del sur 
como comandante militar de Flori- 
da, a las ordenes del general Justi- 
no Muniz, que aparece en plano dis- 
minuido en los documentos oficiales 
de la guerra, permite, enfocada des- 
de otro angulo, apreciar su figura 
militar. 

En 1910, al producirse las dos ten- 
tativas revolucionarias nacionalistas, 
que no alcanzaron a asumir mayo- 
res proporciones, fue comandante 
militar de Canelones. 

Presidente del Consejo de Admi- 
nistracion de la Caja de Pensiones 
Militares el 21 de junio de 1912, 
vino a fallecer en Montevideo el 15 
de agosto del mismo ano. 



CAMES, CIPRIANO 

Militar, caudillo en el departa- 
mento de San Jose, donde reunia a 
sus ordenes una numerosa division 
de soldados con divisa blanca. Ha- 



bia nacido en San Jose de Mayo, 
capital de la jurisdiccion de su pres- 
tigio, el 15 de setiembre de 1821. 

En la Guerra Grande, formando 
en las milicias maragatas con grado 
de alferez, aparece citado por su 
valor en el Sitio de Montevideo. 

En 1857, cuando la revolucion con- 
servadora del Gral. Cesar Diaz, Ca- 
mes tenia mando subalterno bajo 
las ordenes del coronel Rafael Ro- 
driguez, jefe rnilitar de San Jose, y 
sus hombres, encargados de custo- 
diar los prisioneros de infanteria, 
pasaron a degiiello en Paso de Pa- 
che en Santa Lucia, el 3 de febrero 
de 1858, a los voluntarios italianos 
que formaban parte del ejercito ven- 
cido. Sin enabargo, intervino perso- 
nalmente salvando la vida del co- 
mandante Jose Mora, jefe colorado 
de su departamento. 

Durante el gobierno de Berro, en 
junio de 1862, mando como teniente 
coronel de guardias nacionales el 
ler. Regimiento de Guardia Nacio- 
rial de caballeria de San Jose y el 
4 de setiembre del afio siguiente as- 
cendio a coronel graduado. 

Por esta epoca, cuando se planteo 
el conflicto eclesiastico entre el Po- 
der Ejecutivo y el vicario apostoli- 
co Jacinto Vera, Cames, instigado 
desde Montevideo por elementos ca- 
tolicos intransigentes, promovio en 
1862 un principio de revuelta a fa- 
vcr del vicario, que, si una oportu- 
na intervencion evito que tomase 
cuerpo, tampoco paso desapercibida. 

Combatiendo la revolucion del ge- 
neral Flores, a servicio del gobier- 
no de Aguirre, conforme la venia 



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combatiendo desde abril del 63, se 
le designo comandariie militar de 
Soriano el 24 de mayo de 1864, en 
sustitucion del coronel Joaquin Teo- 
doro Egafia, pero renuncio el cargo 
casi en seguida, el 21 de junio del 
mismo afio. 

El 15 de agosto siguiente se le 
incorporo al ejercito de linea en la 
clase de coronel graduado. 

En los ultimos dias de resistencia 
del gobierno de Montevideo, en ene- 
ro del 65, tuvo mando en las lineas 
exteriores de la capital. 

Emigrd al triunfo de Flores, pero 
no demoro en reintegrarse a sus pa- 
gos amparado en la amplia amnistia 
otorgada por el vencedor. 

Atacado por el colera, fallecio en 
San Jcse el 25 de enero de 1868. 

Era hombre blanco, rubio, y de 
apostura marcial, de quien tenemos 
un hermoso retrato pintado por Bla- 
nes, pero el exterior ocultaba un 
temperamento duro, inclinado a la 
erueldad, que dio poco envidiable 
fama a su nombre. 



CAMPANA, JOSE R. 

Medico italiano, cuya ligazon a 
nuestra historia arranca del papel 
que le confirio el destino en una 
famosa circunstancia. El Dr. Cam- 
pana fue el medico de la barca 
"Puig", donde el gobierno de Pedro 
Varela envio deportado a la Isla de 
Cuba a un distinguido grupo de ciu- 
dadanos — civiles y militares — el 24 
de febrero de 1875. 

Habia nacido el Dr. Campana en 



Sabioncello, Italia, el 26 de julio de 
1837 y se recibio sucesivamente de 
farmaceutico y de medico en la Uni- 
versidad de Ferrara, su ducado na- 
tal. 

Al servicio de Garibaldi hizo las 
campafias de Roma (1857), no como 
medico, sino como oficial volunta- 
rio, distinguiendose en Monte Ro- 
tondo como subteniente del 8 9 Regi- 
miento. De nuevo sirvio con el Li- 
bertador de Italia en 1859, como gra- 
nadero del l.er Regimiento de Cer- 
defia. Obtuvo grado de teniente y 
las medallas de guerra italianas y 
francesas. 

En 1869 Uego al Rio de la Plata y 
ejercio la carrera un pcco de tiem- 
po en Montevideo, pasando a la Ar- 
gentina en 1870. Torno al pais en 
1872 y fue designado medico de la 
Capitam'a del Puerto. 

Durante la epidemia de fiebre 
amarilla estuvo a servicio de la Co- 
mision Filantropica Masonica. 

En 1875 — segun se dice mas arri- 
ba — fue medico de la barca "Puig", 
y se ofrecio para ir a Pemambuco 
a gestionar la liberacion de los via- 
jeros, fracasando en su noble gestion 
por unas horas. 

Volvio mas tarde a Buenos Aires, y 
cuando la defensa de la ciudad en 
junio de 1880, fue medico de la Co- 
mandancia de la Boca del Riachue- 
lo que mandaba el coronel Carlos 
Gaudencio, antiguo amigo de Mon- 
tevideo, elemento del 75 alejado de 
la Repiiblica. 

Fue su ultima actuacion medico - 
militar, pues el mismo afio, el go- 
bierno del Dr. Vidal lo designo Con- 



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18 



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sul de la Republica en Genova, pues- 
to en que permanecio 25 anos, casi 
dia por dia, falleciendo — decano 
del cuerpo consular — en una villa 
de Quarto — de donde habia partido 
Garibaldi con los Mil — el 11 de 
mayo de 1905. 

En su puesto de consul presto 
buenos servicios al pais, defendien- 
dolo en varias publicaeicnes y ha- 
ciendo propaganda por sus intereses. 

Publico en 1884 un opusculo 
"L'Uruguay - apunti e note", donde 
rebatia ciertas especies inexactas de 
origen frances. 

Fue presidente de la Comision Uru- 
guaya en la Exposicion Internacio- 
nal Americana de Genova en 1892, 
y era teniente coronel honorario de 
nuestro ejercito en la arma de in- 
ianteria, con despachos conferidos 
por el presidente Tajes en 1890. 

Campana formo en la dotacion de 
la Puig, mas bien que por espiritu 
de aventura como se ha dicho, por 
ese buen fondo humano esencial que 
supo caracterizar a los hombres que 
tuvieron contacto con Garibaldi. 

Los deportados, que en los prime- 
ros dias del viaje creyeron que el 
italiano — apuesto italiano barbudo— 
seria una especie de Borgia enviado 
por Tezancs y Latorre para envene- 
narlos en la travesia — se conven- 
cieron pronto de que era un caballe- 
ro, un companero servicial y un 
buen amigo, con el cual, en la liber- 
tad de Estados Unidos, siguieron 
conviviendo. 

En tal sentido, a mas de treinta 
afios del famoso viaje, uno de los 



deporiados, Aureliano Rodriguez La- 
rreta, le rindio justicia en la Cama- 
ra de Diputados al tratarse de la 
pension a su viuda. 



CAMPISTEGUY, JUAN 

Presidente constitucional de la 
Republica, de 1927 a 1931. Antiguo 
oficial del ejercito, abogado, politi- 
co, legislador y ministro," vio la pri- 
mera luz en Montevideo el 7 de se- 
tiembre de 1859, hijo de un vasco 
frances, Martin Campisteguy, que 
habia peleado dentro de las trinche- 
ras de la capital durante el Sitio 
Grande, y de Magdalena Oxcoby. 
francesa, igualmente. 

Bautizado en Buenos Aires, se 
controvertio en anos lejanos su ver- 
dadera nacionalidad, pero dispuesto 
a cortar toda controversia futura, 
Campisteguy tramito debidamente la 
informacion ad-perpetuam y puso de 
manifiesto la verdad, conforme a 
pronunciamiento judicial firme. 

Veleidades de mozo, sobre las cua- 
les pudo influir el recuerdo del pa- 
dre legionario de la Defensa, cuya 
desaparicion lo habia dejado huer- 
fano en temprana edad, lo llevaron a 
sentar plaza como soldado distingui- 
do en el Batallon de Infanteria N 9 '3, 
cuyo jefe era el comandante Carlos 
Lallemand, unidad que tenia su cuar- 
tel precisamente frente a la casa en 
que vivia su madre, casada en se- 
gundas nupcias con Juan Bonefont, 
verdadero padre de aquel hijo unico. 

El 1? de mayo de 1875, Angel Ca- 



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salla, nuevo jefe del 3?, solicitaba la 
autorizacion de orden para que 
Campisteguy pudiese desempefiar 
funciones de subteniente en co- 
mision. 

El regimen imperante en el ejer- 
cito de aquellos dias funestos sub- 
siguientes al motm y el ambiente 
hostil que circundaba a los milita- 
res, no eran, sin embargo, como pa- 
ra ilusionar al ciudadano que tuvie- 
se alguna nocion concreta de sus de- 
beres y de sus derechos y "el alfe- 
rez dragoneante", resuelto a cambiar 
el rumbo de su vida encaminandose 
a la Universidad, pidio la baja que 
le fue concedida. 

Bachiller en 1881, se matriculo en 
la Facultad de Derecho y seguia re- 
gularmente los cursos, cuando al pre- 
pararse en la Republica Argentina 
el movimiento revolucionario de 
1886 contra el regimen gubernativo 
que se personalizaba en el general 
Maximo Santos, se ausento de Mon- 
tevideo para tomar su sitio en las 
fila's del ejercito ciudadano, forman- 
do como ayudante mayor en el ba- 
tallon de infanteria a ordenes de 
Rufino Dominguez. 

Invadida la Republica por el de- 
partamento de Paysandu, los revolu- 
cionarios fueron completamente ven- 
cidos en la primer batalla librada 
entre los palmares del Quebracho, el 
31 de marzo. 

Al ano siguiente, 1887, se recibio 
de abogado con la tesis que titulo 
"Breves consideraciones sobre na- 
cionahdad y ciudadania". Para esa 
epoca, la reaccion civihsta que se 



habia iniciado con el Ministerio Ra- 
mirez a fines de 1886, permitio que 
Campisteguy fuera nombrado vocal 
de la Direccion de Instruccion Pu- 
blica por el trienio 1887-89. 

Fundador, junto con Jose BatlLe 
y Ordonez, del cotidiano "El Dia ', 
que propicio la eleccion presidencial 
del Dr. Julio Herrera y Obes el 1° 
de marzo de 1890, en las primeras 
elecciones subsiguientes fue votado 
por el departamento de Rio Negro 
para la legislatura 1891-94, siendo 
reelecto por la misma jurisdiccion 
para el nuevo periodo 1894-97. 

En el curso de su segunda dipu- 
tacion, el panorama politico habiase 
modificado y se haUaba en desave- 
nencia total con el presidente Idiar- 
ie Borda. 

En esa postura de opositor al 
regimen vigente, — identica a la de su 
amigo Batlle y Ordonez — Juan Lin- 
dolfo Cuestas, presidente del Sena- 
do en ejercicio del Poder Ejecutivo 
el 25 de agosto de 1897, por la muer- 
te violenta de Idiarte Borda, lo Ua- 
mo al Ministerio de Hacienda el 28 
de setiembre del mismo afio. 

Entablada la lucha entre Cuestas 
y la Asamblea que se negaba a ele- 
girlo presidente, Cuestas, a pretexto 
de garantir la Asamblea de cualquier 
atentado contra su estabihdad — 
chistosa ocurrencia que segun Car- 
los M^ Ramirez no tenia semejante 
en Moliere — movilizo en Montevi- 
deo, por decreto de 8 de enero de 
1898, cuatro batallones de guardia 
nacional de infanteria, uno de los 
cuales, el 3?, fue puesto bajo las 6r- 



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denes de Campisteguy, con grado de 
teniente coronel. El 1? lo mandaba 
Mario R. Perez, el 2° Jose Batlle y 
Ordofiez y el 4° Pedro Carve. 

Decidido partidario de llevar las 
cosas a sus ultimos extremos, su pre- 
sencia en el gabinete y su actitud 
resuelta, evitaron la desmtegraeion 
del primer ministerio de Cuestas, 
cuando. el Dr. Mariano Ferreira 
planteo su renuncia por no estar dis- 
puesto a comprometer su nombre en 
actos extra - constitucionales. 

Despues del golpe de Estado del 
10 de febrero de 1898, el dictador le 
reservo el puesto numero 35 entre 
los 58 que se asignaban al Partido 
Colorado en el Consejo de Estado 
creado por decreto de la misma 
fecha. 

El 24 de marzo, licenciados los ba- 
tallones "que debian custodiar la 
Asamblea disuelta", Campisteguy 
ceso en la jefatura del suyo. 

Pocos dias despues, por decreto 
de 18 de febrero, paso a ocupar la 
presidencia del primer Consejo de 
Administracion de la luz electrica, 
puesto donde se mantuvo hasta el 
4 de marzo de 1899, en que Cuestas 
lo Uamo para confiarle otra vez la 
cartera de Hacienda, destino en que 
se sostuvo un tiempo limitado, pues 
la intempez-ancia del Presidente lo 
puso en el caso de hacer abandono 
del ministerio conjuntamente con 
sus colegas Pena y Camps, en el mes 
de setiembre, siendo sustituido por 
el Dr. Anacleto Dufort y Alvarez. 

De regreso de una jira por Euro- 
pa, el presidente Jose Batlle y Or- 



donez, elegido el 1° de marzo de 
1903, le confio el Ministerio de Go- 
bierno, en cuyo desempeno vino a 
encontrarlo el formidable alzamien- 
to de los nacionalistas en armas, 
el 1? de enero de 1904. Con su ha- 
bitual energia serena, Campisteguy 
acompano al presidente Batlle en 
la defensa de su gobierno legal, pe- 
ro una discrepancia originada por 
la ley que interdictaba los bienes 
a los revolucionarios, lo hizo dejar 
el gabinete en junio del mismo afio 
1904. 

Senador por Montevideo electo 
por el sexenio 1905 - 11, presidio las 
funciones de dicha rama legislativa 
en el primer periodo. 

Las cuestiones de fondo que vino 
a plantear la proyectada reforma 
constitucional en la segunda presi- 
dencia de Batlle y Ordoiiez, espe- 
cialmente en cuanto se referia a la 
forma colegiada de gobierno que 
aquel propugnaba, llevaron a Cam- 
pisteguy a las filas de la oposicion 
dentro del sector colorado y en esa 
tesitura fue elegido miembro de la 
Asamblea Constituyente y presidio, 
en 1917, la apertura de las sesiones. 

Diputado electo en el departa- 
mento de Canelones por el periodo. 
1920 -23, no concluyo su mandato, 
pues el 1? de marzo de 1921 entro 
a ocupar un puesto en el Consejo 
iSTacional de Administracion, rama 
pluripersonal del Poder Ejecutivo 
que habia creado la constitucion del 
aiio 1917, cuyo presidencia tuvo dos 
afios. 

Al termino de sus seis anos da 



— 27S — 



CAM 



CAN 



consejero entrd a desempefiar la 
presidencia de la Republica, elegi- 
do en una renida cuanto liberrima 
eleccion popular, el 1"? de marzo 
de 1927. 

Habia llegado a la primera ma- 
gistratura del pais, con procedencia 
de un sector minoritario dentro de 
la mayoria partidista, sector cuya 
orientacion era abiertamente contra- 
traria al sistema consagrado en la 
carta del ano 17 y en el seno del cual 
los totalitarismos europeos habfan la- 
brado, y seguramente no escapo al. 
Dr. Campisteguy lo extrafio de su 
posicion, maxime en un sistema de 
gobierno en que al Presidente de la 
Republica solo se le habian adjudi- 
cado atribuciones medidas. Pero de 
cualquier modo, asumio el poder dis- 
puesto a cumplir y hacer cumplir 
las leyes y a que todas las dificul- 
tades y soluciones habia que buscar- 
las dentro del estatuto constitucio- 
nal, cuyo respeto habia jurado. 

Con ese proposito busco en el 
Dr. Eugenio Lagarmilla, juriscon- 
sulto de nota y ciudadano de sere- 
na energia, el Ministro del Interior 
que iba a acompanarlo, compene- 
trado con sus ideas y propositos, en 
todo su periodo de gobierno. 

Pudo asi, a despecho de cona- 
tos o sugestiones bastardas, finali- 
zar su gobierno en pleno reinado 
de la paz, del orden institucional 
y administrativo, en un clima de 
Mbertad y de progreso civico y so- 
cial. 

En ese momento, conforme a la 
vieja consagracion historica, puede 



decirse "que habia merecido el bien 
de la patria". 

Electo presidente cuando ya es- 
taba viejo y avejentado, las exigi- 
das tareas de cuatro aflos de man- 
do tem'an labrado tanto en su fisico, 
que al reintegrarse a la simple ca- 
tegoria de ciudadano era un sobre- 
vivido a si mismo, que tampoco 
logro recobrarse mas. 

Pese a todo, no pudo resistir a la 
presion de sus correligionarios, que 
lo hicieron presidente de la Asam- 
blea que, a raiz del golpe de Estado 
de 1933, elaboro una nueva Consti- 
tucion politica y donde Campisteguy 
apenas tuvo una accion de presencia. 



CANOSA, RUDECINDO Sinforoso 

Joven y aventajado estudiante de 
medicina, a quien su dedicacion a las 
ciencias naturales le habian dado 
notoriedad en nuestros incipientes 
circulos cientificos, y cuya muer- 
te violenta, rodeada de circunstan- 
cias un tanto extrahas, agito el es- 
piritu publico en los ultimos meses 
de la dictadura cle Latorre. Era hijo 
de un antiguo y conocido procura- 
dor y habia nacido en Montevideo el 
19 de Julio de 1857. 

Fundador de la Sociedad Universi- 
taria, sus aficiones de investigador 
lueron desarrollandose, no obstante 
sus pocos anos, paralelamente a su 
carrera universitaria y por diversos 
y notables trabajos originales figura- 
ba como socio corresponsal de varias 
corporacicnes cientificas europeas. 



— 277 — 



CAP 



CAP 



Habiendo salido de su casa, en ca- 
rruaje, a las 10 de la noche del 13 
de diciembre de 1878, la demora en 
volver, que tuvo en alarma a su fa- 
milia, se transformo luego en incerti- 
dumbre y angustia fatal. Inutiles 
fueron las biisquedas y los avisos en 
los diarios, hasta que el bachiller 
Canosa aparecio muerto de un balazo 
en la cabeza en un deposito o casilla 
medio abandonada, donde se guarda- 
ban materiales de construceion para 
las obras de la Escuela de Artes y 
Oficios. Un papel escrito de su mano 
y la circunstancia de que la casilla 
estaba cerrada por dentro — segun el 
parte policial — afirmaban la creen- 
cia de que se trataba de un suicidio; 
pero la version de que la muerte 
obedecia a la venganza de un hom- 
bre politico muy influyente entonces, 
contra el padre del joven, tomo cuer- 
po, sin que pueda saberse a cien- 
cia cierta el origen de esta especie, 
aparentemente inverosimil, por lo 
demas. 

Sin embargo, la prensa y la opi- 
nion opositoras aceptaron de buen 
grado el rumor y el Dr. Angel Floro 
Costa, en su opusculo "Panfletos con- 
tra Latorre", acoge como verdad la 
version del crimen. 

CAPDEHOURAT, PEDRO 

Facultativo frances con mas de 
cuarenta afios de residencia en la 
Republica, a quien la ciudadania 
legal y sus afinidades partidaristas, 
lo tornan un verdadero connacional. 



Nacido en Salies de Mongiscar, 
Bajos Pirineos, en el ano 1803, hizo 
estudios de medicina en Paris y vino 
al Uruguay en 1838, poseyendo un 
simple titulo de "oficial de sanidad", 
que le sirvio para incorporarse al 
cuerpo medico nacional. 

Hombre de caracter difxcil, alta- 
nero y agresivo, segun lo llama el 
Dr. Luis Bonavita, se trenzo en agria 
polemica con varios colegas, discu- 
tiendo sobre la verdadera naturaleza 
de una epidemia reinante en la ca- 
pital y como en sus articulos perio- 
disticos alargara sus ataques hasta 
las autoridades, la Junta de Higiene, 
a fines de 1839, lo suspendio seis 
meses en el ejercicio de la profesion. 

Al comenzar el sitio de Monte- 
video ofrecio al gobierno de la De- 
fensa sus servicios profesionales y 
en desempefio de funciones facul- 
tativas preparo en su propia casa 
una sala de heridos y fue medico de 
los batallones de Cazadores Vascos 
de la Legion Francesa. Sin embar- 
go, a los dos anos del sitio. en fe- 
brero de 1845, abandono la plaza pa- 
ra ir a presentarse en el campo de 
Oribe, desertor con varios jefes, ofi- 
ciales e individuos de tropa, sin que 
pueda explicarse satisfactoriamente 
el desagradable cambio de posicion. 

Bien acogido por el general sitia- 
dor, tuvo funciones de cirujano en 
el ejercito, estando al frente del 
Hospital Militar que funciono en la 
Viila de la Restauracion, hoy la 
Union, y llego a hacerse de buena 
clientela particular. 
Apenas terminada la Guerra Gran- 



— 278 — 



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de, la historia profesional de Cap- 
dehourat se enriquece con un capi- 
tulo famoso, al tomar bajo su asis- 
tencia al general Eugenio Garzon. 
Hallabase este militar en extrema 
gravedad, padeciendo una afeccion 
aortica, deshauciado de los mejores 
medicos, cuando el frances lo tomo 
a su cargo. A los pocos dias anun- 
cio la gran mejoria del paciente y 
su proxima curacion, afiadiendo a 
sus dichos comentarios que afecta- 
ban la reputacion de los otros me- 
dicos. Pese a sus buenos augurios, 
Garzon fallecio a los pocos dias y en- 
tonces las acusaciones se volvieron 
contra Capdehourat. La Junta de 
Higiene tomo cartas en el asunto, el 
general fue autopsiado y un tribu- 
nal especial le impuso una suspen- 
sion de ocho meses por error de 
diagnostico, el 4 de diciembre de 
3851. 

El Dr. Luis Bonavita — medico e 
historiador — despues de estudiar el 
caso con inteligente sagacidad, lle- 
ga a la conclusion de que la muerte 
del enfermo debiose a envenena- 
miento por una sal de mercurio, ad- 
ministrada en dosis fuera del codex. 

Medico militar asimilado a tenien- 
te coronel en el gobierno de Pe- 
reira, acompafio al ejercito del ge- 
neral Medina en 1857, fue nombra- 
do de la Comision de Invalidos en 
abril de 1858, presto servicios en 
eampana por el termino de la revo- 
lucion colorada del general Flores en 
1863-65, y en funciones identicas, 
pero esta vez como revolucionario, 
actuo en los ejercitos del caudillo 



blanco Timoteo Aparicio en 1870-72. 

Los ultimos afios de su vida trans- 
currieron en la Villa de la Union, 
donde gozaba de la estima del ve- 
cindario y donde estaba unido por 
vinculos que bien podian Uamarse 
historicos, y en la antigua fundacioi 
de Oribe vino a fallecer el 6 de 
agosto de 1880. 



CAPURRO.. JUAN ALBERTO 

Ministro de Estado, legislador, in- 
geniero, arquitecto y hombre de em- 
presa. 

Hijo del armador italiano Bautis- 
ta Capurro y de Prudencia Castro, 
habia nacido en Montevideo el 14 de 
junio de 1838. 

Paso a Europa a seguir carrera 
universitaria, laureandose como in- 
geniero civil en la Real Escuela de 
Turfn en diciembre de 1864, con una 
tesis que versaba sobre el empuje 
de tierras. 

De regreso en la patria a principios 
de 1865, trabajo largos afios como 
ingeniero y como arquitecto, ponien- 
do de manifiesto su bello y equilibra- 
do temperamento artistico en los edi- 
ficios que proyecto, y tuvo asimismo 
elevados destinos en la administra- 
cion publica. 

Diputado por el Departamento de 
la Capital en 1879 para la 13 ? legis- 
latura, paso despues a ocupar la 
banca de senador por Rocha, tocan- 
dole jugar papel principalisimo en 
el famoso asunto del contrato de 
construccion del puerto de Montevi- 



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video, ajustado en Londres por el 
ministro Amaro Carve, el cual origi- 
no en 18S4 tan apasionados debates. 
Capurro fue el redactor del informe 
contrario de la minoria, que suscri- 
bio juntamente con sus colegas Blas 
Vidal y Nicolas Zoa Fernandez. 

Votado por los electores montevi- 
deanos, reingreso a la camara de di- 
putados en 1888, pero no finalizo su 
mandato, pues el presidente Herrera 
y Obes, al formar su primer gabi- 
nete el 11 de marzo de 1890 lo hizo 
Ministro de Gobierno, cargo en que 
se mantuvo hasta el 17 de diciembre, 
en que hubo una renovacion casi 
total de los secretarios de Estado. 

Vacante el Ministerio de Fomento 
por renuncia del Dr. J. M. Castella- 
nos que apenas lo habia ocupado, el 
Ingeniero Capurro torno al gabrnete, 
permaneciendo al frente de la nueva 
cartera hasta el 25 de noviembre de 
1893, fecha en que hizo abandono de 
ella para hallarse en condiciones de 
ser electo senador por Rocha. 

Su pasaje por el Ministerio de Fo- 
mento esta sefialado, entre otras 
obras, por la creacion del Departa- 
mento. Naeional de Ingenieros, el tra- 
zado general de los ferrocarriles de 
la Republica y el proyecto de estu- 
dios preparatorios para la formacion 
del puerto de Montevideo, de que 
informa un extenso memorandum. 

A la hora en que, el afio 1898, Juan 
L. Cuestas planteo a la Asamblea el 
impositivo de su continuacion en la 
presidencia de la Republica. que 
ejercia provisionalmente, Capurro 
prefirid verse despojado de su inves- 



tidura legal antes de aceptar la im- 
posicion del presidente del senado en 
ejercicio del gobierno. 

Restablecidas las normas consti- 
tucionales, fue elegido miembro de 
la Junta Economico - Administrativa 
de Montevideo y en la 21? legislatu- 
ra en 1902, votado representante por 
la misma jurisdiccion. 

En el primer periodo de gobierno 
de Batlle y Ordofiez, el ingeniero 
Capurro fue nuevamente Ministro 
Secretario de Estado en la Cartera 
de Fomento, desempefiando el cargo 
hasta el dia de su fallecimiento, 
ocurrido el 29 de noviembre de 1906. 

Particularizandose en su labor de 
arquitecto, puede anadirse que per- 
tenecen a Capurro los planos de al- 
gunas casas que son todavia orgullo 
y ornamento de la capital, de las que 
serian ejemplos el palacete del ge- 
neral Maximo Santos en la esquina 
de la Avenida 18 de Julio y Cua- 
reim, de amplitud y riqueza desco- 
nocidas hasta entonces; la casa re- 
sidencial de Agustin de Castro en 
la calle 25 de Mayo, verdadera jo- 
ya de estilo italiano; la quinta de 
Raffo en el Camino Millan, hoy Mu- 
seo Juan Manuel Blanes; el Teatro 
Cibils, destruido mas tarde por el 
fuego, etc, etc. 

Animado por un gran espiritu de 
progreso, fue Juan A. Capurro, jun- 
to con su hermano Federico, un 
propulsor de las modernas activida- 
des industriales, que implanto en la 
playa y localidad que ahora lleva su 
nombre, la gran destileria en que 
iba a comprometer su fortuna. 



— • 280 — 



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CAPUTI, VICENTE 

Historiografo y funcionario piibli- 
co, nacido en San Jose el 5 de enero 
de 1882, en el seno de una familia 
italiana. Huerfano de padre siendo 
todavia un nifio, entro en la vida 
desempenandose en trabajos de im- 
prenta en los talleres de "El Pue- 
blo", papel publico fundado y diri- 
gido por Juan Menendez. 

Esta iniciacion en lides tipografi- 
cas contribuyo sin duda a determi- 
nar, andando el tiempo, los rumbos 
de Caputi, moviendolo a eseribir y 
hacerse periodista el mismo, cuan- 
do saco a luz en su ciudad natal el 
periodico "ImparciaF', a cuyo frente 
estuvo algun tiempo. 

Funcionario judicial desde que in- 
greso en la carrera burocratica, tuvo 
funciones de Juez de Paz y Oficial 
del Registro Civil en varias locali- 
dades rurales de su departamento y 
despues en las ciudades de Santa 
Lucia, Pando y San Jose, hasta que, 
con veintinueve aiios de servicios, 
Uego a ostentar el decanato entre los 
tantisimos colegas de la Republica. 

Al estallar la revolucion de 1904, 
el sosegado funcionario, fiel a sus 
opiniones politicas, hizo toda la cam- 
pafia en el ejercito gubernista, en 
calidad de secretario del coronel An- 
tonio Foglia y Perez. 

Las permanentes exigencias del 
cargo, tratandose de un funcionario 
de gran calidad, obstaculizaron pero 
no bastaron para que el Juez de Paz 
pusiera de lado lo que resulto ser 



su intima vocacion, que era el amor 
a las investigaciones y a los traba- 
jos historicos. 

Alejado siempre de la capital, 
donde estaban los mayores reserva- 
torios de papeles y libros, indispen- 
sables herramientas de trabajo, cir- 
cunscribio la mayor parte de sus ex- 
ploraciones a los archivos de las ofi- 
cinas que sucesivamente tuvo a su 
cargo y en los cuales alcanzo a en- 
contrar materiales inexplorados, Ue- 
vado por su instinto de investigador 
paciente. 

Hizo asi la cosecha documental 
que le debia servir para la arquitec- 
tura de sus monografias y sus 
opuseulos. 

El campo de sus estudios, limita- 
do en las epocas por las mismas ra- 
zones apuntadas, lo obligo a traba- 
jar dentro del limite que se advierte 
en su bibliografia donde, entre una 
docena de titulos, se citan cozno prin- 
cipales: "Relato historico sobre la 
fundacion de Santa Lucfa", 1915; 
"Comprobaciones documentadas so- 
bre la Independencia Nacional", 
1923; "Estudio sobre los aconteci- 
mientos politicos de 1825-28", 1929; 
y "Gestacion y Jura de la Constitu- 
cion de 1830", publicacion esta lilti- 
ma que avaloran multiples e intere- 
santisimos elementos graficos, publi- 
cada bajo el patrocinio de la Comi- 
sion Nacional del Centenario presi- 
dida por el doctor Baltasar Brum. 

Una repentina falla cardiaca puso 
fin a su laboriosa existencia hallan- 
dose aecidentalmente en Montevideo, 
el 15 de marzo de 1939. 



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CARABALLO, FRANCISCO 

Militar que alcanzo grado de bri- 
gadier general y tuvo gran actua- 
eion en las luchas internas en que 
se moldeo la Republica. Por linea 
materna descendia de portugueses 3 
habia nacido el 21 de enero de 1798 
en la antigua jurisdiccion de Pay- 
sandu que abarcaba el Norte del Rio 
Negro, aunque hay quien afirma que 
fue en Canelones. 

Sargento de brigada en las milicias 
de San Jose en 1832 y alferez el 12 
de junio del ano siguiente, se le pro- 
movio a teniente 1° en las mismas 
fuerzas el l 9 de febrero del 35. 

Capitan el 14 de abril de 1840 en 
la division de operaciones al Sur 
del Rio Negro, era mayor de caballe- 
ria en el combate de Dayman (Sal- 
to) en mayo del 46, combatiendo a 
las ordenes de Garibaldi y tuvo el 
insigne honor de que este recordara 
su bizarria, citandolo por el nombre 
en sus "Memorias Autobiograficas". 

Transferido al arma de infanteria 
paso a engrosar las.filas de los si- 
tiados de Montevideo, sirviendo en 
el 2? Regimiento de Guardias Nacio- 
nales en la lmea exterior de la pla- 
za, en 1849. 

La paz de 8 de octubre lo desmo- 
vilizo y recien se le vuelve a encon- 
trar en actividad en el turbulento 
ano 1855, cuando, el l 9 de setiembre, 
el gobierno del general Venancio 
Flores le dio grado de coronel de 
caballeria de guardia nacional. 

El 4 de enero de 1856, en la pre- 



sidencia interina de Manuel Basilio 
Bustamante, fue designado Jefe Po- 
litico y de Policia del departamento 
de Paysandu y el dia de expirar el 
gobierno, el 29 de febrero, recibio 
el ascenso a coronel de caballeria. 

Gobernando Gabriel Antonio Pe- 
reira fue dado de alta en el ejercito 
de linea en su propia clase por reso- 
lucion de 28 de marzo del 57, en dias 
en que se contemporizaba con los 
eiementos militares colorados procu- 
rando neutralizarlos alrededor del 
fusionismo. Sin embargo, Carabalio 
estuvo con los suyos en cuantq el co- 
ronel Brigido Silveira se puso en ar- 
mas a fines del mismo ano, por cu- 
yo motivo, una vez sofocado el mo- 
vimiento, lo dieron de baja en los 
"cuadros del ejercito, en fecha en que 
el coronel ya habia conseguido es- 
capar a la persecucion pereirista y, 
cruzando el Uruguay, estaba segu- 
ro en Entre Rios, donde el goberna- 
dor Urquiza le dio inmediato em- 
pleo en las fuerzas de la Confedera- 
cion. 

Pero el general Venancio Flores, 
que venia prestando servicios al go- 
bierno de Buenos Aires, supo ganar- 
lo bien pronto para esta causa y 
abandonando Entre Rios, Caraballo 
se incorporo a las filas portenas, pa- 
ra revistar entre los jefes del ejer- 
cito de la provincia segregada, en 
calidad de coronel de linea. 

Participante en la campana de 
1859 como jefe de caballeria en la 
batalla de Cepeda, el 23 de octubre, 
en 1861, bajo el mando del general 
Mitre, tuvo brillante comportamien- 



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to en varios encuentros parciales y 
con la division de caballeria a sus 
ordenes, el 17 de setiembre contri- 
buyo eficazmente al triunfo de Pa- 
von, de tanta trascendencia en la 
vida politica argentina. 

Se aproximaba entonces la etapa 
en que Francisco Caraballo iba a 
escribir los capitulos primordiales de 
su historia, en un corto periodo que 
apeuas alcanza a durar diez afios y 
que principio cuando, unico jefe 
companero del general Venancio 
Flores, desembarco junto con este 
— y los asistentes Silvestre Farias y 
Clemente Caceres — • en la playa de 
Caracoles, Paysandu, ahora departa- 
mento de Rio Negro, el 19 de abril 
de 1863, dando comienzo a la revo- 
luci6n que tomo el titulo de "Cru- 
zada Libertadora". A contar del 27 
de julio del 63 tuvo en el ejereito 
florista titulo de coronel mayor, que 
el jefe rebelde le confirio en la costa 
de Itapeby, Salto. 

Hizo toda la guerra hasta febrero 
de 1865, en que la revolucion, auxi- 
liada en los ultimos meses por los 
aliados brasilefios, logro desalojar 
al gobierno blanco de Montevideo. 
Caraballo tuvo por breve tiempo la 
suma del poder publico, pues reci- 
bio de Tomas Villalba la resigna- 
cion del mando el dia 20 y sola- 
mente al otro dia se lo trasmitio 
al general Flores. 

Ninguna condicion militar le ha- 
bia sido negada a Caraballo y hallo 
reiteradas oportunidades de demos- 
trarlo asi, en dos afios de lucha ar- 
dua y abundante en episodios, po- 



niendo de relieve los dos aspectos 
que lo recomendaban en modo efi- 
caz a la par de simpatico: su bon- 
dad, respaldada por el hecho evi- 
dente de que no pesa sobre su nom- 
bre ninguna imputacion de sangre 
o de venganza, y su honradez, cer- 
tificada por la modestia en que 
transcurrio su vida. 

Nombrado Comandante General 
de Campana en marzo del 65, in- 
mediatamente de la victoria de los 
suyos, se le promovio a coronel ma- 
yor (general) el 19 de mayo y a 
brigadier general el 4 de junio. 

Toda la dictadura de Flores per- 
manecio adicto y fiel a su antiguo 
jefe, cuando otros como el general 
Jose Gregorio Suarez, entendian 
razonablemente que los principios 
de la revolucion estaban desnatura- 
lizados por la negativa del Gober- 
nador Provisorio a restaurar lo mas 
pronto posible el imperio de la 
constitucion, en cuyo nombre la 
'•Cruzada" habia triunfado. 

La muerte violenta de Flores el 
19 de febrero de 1868, desperto en 
Caraballo, lo mismo que en todos 
los antiguos jefes caracterizados de 
la revolucion del 63-65, el deseo de 
sucederlo en el gobierno; y cada 
cual, creyendose con titulos sufi- 
cientes, aspiro de ese modo a mere- 
cer los votos de la Asamblea Ge- 
neral incumbida de nombrar pre- 
sidente el 1° de marzo. 

A Caraballo no le faltaba cierta 
base de diputados y senadores, pero 
estaba distante del quorum legal, y 
al fin, como fruto de transaccion 



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entre los candidatos de mayor ca- 
pital de votos, resulto electo presi- 
dente el general Lorenzo Batlle. 

En el periodo gubernamental de 
este ciudadano, Caraballo jugo un 
papel poco lucido, dejandose guiar 
por intrigantes amigos politicos que 
explotaban las debilidades del gene- 
ral — hombre sin mayores luces des- 
de luego — muy propenso a lcs te- 
jemanejes politiqueros. 

Pedro Varela, hombre infatuado y 
de escasas vistas, influyo sobre todo 
para que el general se extraviase 
por malos caminos y obedeciendo a 
sugestiones de el y de su grupo, 
Caraballo se alzo en armas contra 
el orden constituido, encabezando 
— en mayo - julio del 69 — una re- 
volucion sin bandera que la historia 
conoce por Revolucion del Curso 
Forzoso, pues merced a ella se trata- 
ba de obligar al gobierno a que man- 
tuviese el regimen de papel moneda 
inconvertible. Bastantes adeptos mi- 
litares logro el general rebelde, no 
obstante su oscuro programa, pero 
el movimiento carecia de base y su 
jefe viose obligado a capitular, de- 
poniendo las armas en Mazangano y 
entregandose. El 17 de agosto se vio 
repuesto ' en su grado militar, pues 
habia sido dado de baja del ejer- 
cito, y las cosas parecieron arre- 
gladas. 

Cuando el coronel blanco Timo- 
teo Aparicio trajo una invasion al 
pais en 1870, Caraballo fue nom- 
brado, el 16 de abril, jefe de las fuer- 
zas al norte del Ri 0 Negro. No apa- 
recio en esta nueva funcidn — de 



general del gobierno — el general 
que todos habian conocido en la re- 
volucion de Flores; pesado e inde- 
ciso, cuidando de mantener su »jer- 
cito, cuando llego el momento de 
enfrentarse con los rebeldes en 
Corralito el 6 de octubre de 1870, 
su actitud fue tan poco clara que 
unos cuantos de los jefes importan- 
tes que tenia a sus ordenes se sepa- 
raron del ejercito, sospechando que 
el general en jefe estuviera en se- 
cretas inteligencias con el enemigo. 

Separado del mando superior por 
estas causas, se ha demostrado que 
— si no en esos dias — en 1871 y de 
acuerdo con el Dr. Andres Lamas 
y Pedro Varela, planeo un movi- 
miento para deponer al presidente 
Batlle, conforme a documentos en el 
Archivo Fernandez Saldana. 

Ajustada la Paz de Abril del 72, 
Caraballo, sin rol de especie alguna 
en el gobierno civilista y tranquilo 
del Dr. Jose E. Ellauri, dejose 
arrastrar por sus compromisos poli- 
ticos con hombres de la provincia 
de Entre Puos, yendo en 1873 a in- 
corporarse al ejercito revolueionario 
que ccmandaba el general Lopez 
Jordan contra el gobernador Echa- 
giie. Vencido sucesivamente en Don 
Gonzalo y en el Talita, despues de 
estrellarse inutirmente con sus ca- 
ballerias sobre los cuadros de in- 
fantes de linea enviados de Buenos 
Aires por el presidente Sarmiento, 
se hallo en el caso de repasar el Uru- 
guay, fugitivo, por la costa de Pay- 
sandu. 

El gobierno, en vista de esa ac- 



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titud contraria a las, ordenanzas, lo 
habia radiado de los cuadros del 
ejercito con fecha 28 de noviembre. 

Por esta lamentable circunstancia, 
la muerte vino a alcanzar como sim- 
ple ciudadano al veterano militar, 
victimado por la rotura de una 
aneurisma el 25 de julio de 1874, 
en Montevideo, aniversario precisa- 
mente del combate de Cafias de 
Vera en 1863, donde tan bien se 
habia portado. 



CARABALLO, MANUEL 

General del Ejercito Nacional, que 
tuvo asimismo movida figuracion 
iiiilitar con el grado de coronel en 
la Republica Argentina, donde vivid 
por largos afios casi siempre al lado 
de Urquiza. 

Hermano del general Francisco 
Caraballo, habia nacido en el depar- 
tamento de Canelones, aunque es 
corriente la creencia de que tanto 
uno como el otro eran oriundos de 
Paysandii. 

Empezo la carrera de armas, que 
iba a servir mas de setenta afios, 
como soldado raso en el cuerpo de 
Dragones Orientales, en 1830. Estan- 
do a lcs datos que el mismo declaro 
ante las autoridades competentes del 
ejercito o sea el Estado Mayor Ge- 
neral, sus promociones hasta 1841 
fueron como sigue: alferez y te- 
niente 2 9 de guardias nacionales el 
afio 1836 y sargento mayor en 1841. 
Sin embargo, en lo que a este ul- 
timo ascenso se refiere, los papeles 



correspondientes nos muestran que 
el 21 de noviembre de 1842 fue pro- 
movido a sargento mayor siendo 
capitan, "en virtud de haber sido 
conductor del pliego donde se co- 
munica un triunfo sobre los enemi- 
gos". 

En la llamada revolucion "consti- 
tucional" de 1836 a 1838, Caraballo 
estuvo a las ordenes del general re- 
belde Fructuoso Rivera y despues 
del triunfo de este y de nuevo en 
campafia contra las fuerzas que res- 
pondian a Juan Manuel de Rosas, 
lo encontramos como teniente 1' en 
el 2? escuadron de Milicias en junio 
de 1839 y en lcs primeros meses 
de 1840: y en junio de este mismo 
afio en el escuadron N' 1. 

A raiz del desastre del ejercito 
nacional en Arroyo Grande en di- 
ciembre de 1842, formo en los ejer- 
citos de campafia que organizo el 
gobierno de Montevideo. Se hallo en 
la derrota de India Muerta, de don- 
de paso al Brasil y volvio al pais 
por la provincia de Corrientes a 
fines de 1845. 

A ordenes de Garibaldi en la jor- 
nada de San Antonio el 8 de febrero 
de 1846, recibio una herida en la 
cara. Poco mas tarde se hallo en el 
combate de Dayman como jefe de 
caballeria, siendo de nuevo herido 
en el rostro. Despues de la toma del 
Salto por el general Servando G6- 
mez el 6 de enero del 47, cuando 
el barco en que escapaba aguas 
abajo fue fondeado a cafionazos, sa- 
lio a nado a la costa entrerriana de 
Conccrdia, pero lo hicieron prisio- 



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nero el dia 8. Retenido en poder de 
Urquiza en el campamento de Cala, 
hubo de tomar servicio a ordenes de 
este. Incorporado a un escuadron es- 
colta, llego a ganar credito, confian- 
za y galones y se hallo en el cam- 
po sangriento de Vences con grado 
de comandante. Servia en las fuer- 
zas del general Garzon en 1851 y 
Urquiza lo Uamo para pasarlo a 6r- 
denes del general entrerriano Miguel 
Galarza antes de la batalla de Ca- 
seros, el 3 de febrero de 1852. 

Cuando la revolucion conservado- 
ra del 57, habiendo acudido Urquiza, 
presidente de la Confederacion, en 
auxilio del gobierno de Pereira, Ma- 
nuel Caraballo paso el Uruguay al 
mando de una de las calumnas en- 
trerrianas, permaneciendo en Pay- 
sandii hasta abril del 58, con cam- 
pamento en el Rabon. 

Siguiendo en el servicio del Go- 
bernador y vinculado por intereses 
a Entre Rios, lucho contra Buenos 
Aires en las campanas de Cepeda 
y Pavon. 

Sin participar en la revolucion 
del general Flores en 1863-65, pues 
permanecio en la provincia, vino al 
pais recien en el gobierno del general 
Lorenzo Batlle, que el 29 de marzo 
de 1868, le dio ingreso en el ejer- 
cito nacional como coronel de caba- 
lleria de linea, siendolo antes de la 
Republica Argentina, segiin lo acre- 
ditaba con sus despachos. En esos 
afios, su hermano, el general Fran- 
cisco Caraballo, era una alta perso- 
nalidad politico-militar, lo que ex- 
plica sin dificultad su regreso a la 



patria y su incorporacion inmediata 
al escalafon. 

Jefe Politico de Paysandji el 22 
de agosto de 1868, cuando su herma- 
no el general se sublevo contra 
Batlle, en mayo del 69, en la curiosa 
revolucion del Curso Forzoso, tomo 
ecmo era natural partido por los 
rebeldes, incorporandosele con los 
hombres que tenia. Vencida la re- 
vuelta con la capitulacion de Ma- 
zangano, el coronel Manuel no qui- 
so ser incluido en el pacto y aban- 
dono el campo — con otros cficia- 
les- — la noche del convenio, retor- 
nando a Entre Rios. Por decreto del 
3 de junio del 69 fue destituido de 
su cargo de jefe politico, pero con- 
tinuo revistando sin sueldo en la 
Plana Mayor Pasiva hasta mayo 
del 70 en que, habienduse produ- 
cido la revolucion del coronel Ti- 
moteo Aparicio, paso a presrar ser- 
vicios en el ejercito del norte. 

En febrero de 1876, los diarios 
de Montevideo publicaban la noti- 
cia "de haber muerto asesinado en 
el Departamento de Gualeguay el 
coronel oriental D. Manuel Caraba- 
llo". Haeiendose eco de esta circuns- 
tancia, fue dado de baja en el 
mismo mes, pero a poco, rectificada 
la noticia, las cosas volviercn a su 
lugar. 

El gobierno del Dr. Vidal concluia 
de inaugurarse en 1880, a la caida 
del dictador Latorre, en momentos 
en que el coronel Manuel Caraballo 
era indicado como jefe de la revo- 
lucion preparada por un Comite de 
Buenos Aires. El 22 de febrero se 



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embarco en Montes Caseros <Co- 
rrientes) en el vapor brasilefio "Uru- 
guay" con sus hijos Francisco y 
Juan. dos mozos, y tres individuos 
mas, entre ellos un italiano, Carlos 
Manfredini, presunto jefe de infan- 
teria, para desembarcar en tierra 
del Brasil en el puerto de la Lefia, 
un poco mas arriba del Cuareim 
Chico. Se interno por alli esperando 
un contingente mayor que iba a ve- 
nir, pero que no vino. 

En abril, Caraballo dio un mani- 
fiesto al pais explicando las causas 
de su actitud en un documento di- 
fuso, en que se habla de un movi- 
miento armado de caracter nacional 
y no con divisa colorada y llego has- 
ta realizar una pequefia incursion 
por nuestro territorio. Reclamo el 
gobierno a la corte imperial por 
intermedio del ministro Vazquez Sa- 
gastume, consiguiendo que las auto- 
ridades de Rio Grande intervinieran. 
Una comision especial destacada de 
las policias de Uruguayana lo fue a 
sorprender en el Potrero de Prado, 
cerca del Paso del Leon, desarman- 
do sus 40 hombres y trayendolo a 
dicha ciudad. Vidal, mientras tanto, 
lo elimino del ejercito el 20 de 
abril de 1880. Algun tiempo mas 
tarde, el 6 de octubre de 1881, el 
coronel Caraballo entro incluido en 
una ley de amnistia y fue vuelto a 
su grado. 

Alternativamente en la Repiiblica 
o por Entre Rios, se hallaba en 
esta provincia argentina cuando al 
prepararse la revolucion nacicnal 
contra el gobierno del general San- 



tos, los diarios de la oposicion y la 
voz corriente lo senalaron como im- 
plicado en el movimiento. Por esta 
razon, el Estado Mayor del Ejercito 
io emplazo junto con gran numero 
de oficiales y jefes. Caraballo res- 
pondio al llamamiento dirigiendo al 
general Santos una carta, en la cual 
lo reconocia "El jefe del partido co- 
lorado" y vino a presentarse en 
Montevideo en enero de 1886. Con 
fecha 8 de febrero, el general pre- 
sidente premio su adhesion confi- 
riendole las palmas de general de 
brigada. 

Ni su edad ni el orden radicado 
en el pais por los gobiernos de Ta- 
jes y de Herrera y Obes, le dieron 
ocasion para ninguna nueva activi- 
dad militar o politica. 

Despues de pasar una larga tem- 
porada en Entre Rios, donde vivian 
sus hijos, torno a Montevideo bas- 
tante atrasado de salud, pero los ai- 
res de la patria le sentaron bien. Su 
existencia, en pleno descanso, se 
prolongo hasta el 2 de marzo de 
1898, fecha en que fallecio. 



CARAMBULA, BENIGNO Pedro 

Militar, general de division del 
ejercito de la Republica, nacido en 
Las Piedras, Canelones, el 13 de fe- 
brero de 1847. Hijo de familia aco- 
modada, demostro desde joven de- 
seos de instruirse y con proposito 
de seguir carrera de agrimensor 
— aunque no llego a serlo — estudio 
matematicas y materias afines. 



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Oficial voluntario de las milicias 
gubernistas de Canelones, organiza- 
das por el gobierno del general 
Batlle para combatir las huestes re- 
volucionarias del coronel blanco Ti- 
moteo Aparicio en 1870, hizo casi 
toda la campafia del sur en el Regi- 
miento Sosa, hallandose en los com- 
bates de Severino, Casavalle, retira- 
da de la Sierra, Manantiales y en 
la enconada batalla del Sauce. 

Dos relaciones hechas en esta gue- 
rra influyeron mucho en su carrera: 
la de Maximo Santos, capitan a la 
par suya en el Regimiento Sosa y 
la de Isaac de Tezancs, a quien co- 
nocio en circunstancias accidentales 
en Canelones. 

Hallabase Carambula en la Plaza 
Constitucion de Montevideo cuando 
los sangrientos sucesos del 10 de 
enero del 75, y alll lo hirieron de 
dos balas que conservo alojadas en 
el cuerpo pcr el resto de su vida. 

El gobierno de Varela, recompen- 
sando su adhesion, lo hizo mayor 
graduado del ejercito de linea el 11 
de marzo del mismo ano y en esa 
categon'a sirvio en la division del 
coronel Meliton Mufioz, combatiendo 
la Revolucion Tricolor, que alzaba 
como bandera la restauracion de 
las instituciones conculcadas. 

Puesto de lado en la administra- 
cion dictatorial del coronel Latorre, 
vivio en su pueblo natal, donde a 
la vez que atendia sus intereses 
desempefio alguna comision edilicia 
y recien cuando la influencia del 
coronel Maximo Santos sintiose co- 
mo fuerza efectiva en el gobierno 



del doctor Vidal, hallo destino como 
recaudador de rentas en el depar- 
tamento de Colonia, en 1880. 

Santos habia sido su companero 
en la guerra del 70-72 y conforme a 
una de sus simpaticas condiciones 
— no olvido en las alturas a los ami- 
gos de los tiempos de iniciacion. El 
30 de marzo de 1880 fue designado 
Jefe Politico de Colonia y el 30 de 
abril ascendio a mayor. A poco de 
tomar cargo de su puesto de jefe 
politico, viose envuelto en una. eno- 
josa cuestion con el Juez Letrado 
Departamental Dr. Alberto Palome- 
que, que a la par de Carambula 
recien entraba en funciones. 

Palomeque, militante politico, de- 
clarado enemigo de la situacion, 
presto se hallo en conflicto con el 
Jefe Politico y despues de una suce- 
sion de incidencias poco edificantes, 
el asunto, en lo principal, fue elevado 
ante el Superior Tribunal de Justi- 
cia. Declaro el Tribunal en acordada, 
que tanto la autoridad judicial como 
la policia, habian prccedido la pri- 
luera con precipitacion e irregulari- 
dacf y la segunda de una manera 
impropia y poco circunspecta. Pa- 
lomeque, creyendose rebajado como 
Juez, hizo -Tenuncia del Juzgado y 
el Tribunal se la acepto, aunque 
quitando gravedad a los hechos en 
que pretendia fundaiia. 

Corre impresa, publicada por el 
ex - Juez en 1881, con el titulo de 
"Historia de una serie de atenta- 
dos", la cronica de esta verdadera 
tormenta en un vaso de agua, que 
el apasionamiento politico de la hora 



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gloso y agrando. No se omite por el 
Dr. Palomeque circunstancia ni por- 
menor alguno y alli es donde se 
menciona una famosa jaula de hie- 
rro dispuesta por Carambula para 
encerrar a los presos. En verdad, se 
trataba del zaguan interior de una 
casa corriente para la comunicacion 
de dos patios, cerrado en uno y otro 
extremo con las respectivas cance- 
les de hierro; pero la fama de la 
jaula demoro en extinguirse. 

Once afics mas tarde, en el libro 
que se titula "EI cuerpo de un gran 
invento", Constante S. Fontan Illas, 
vinculado al Jefe Politico por lazos 
de parentesco, impugo las afirma- 
ciones de Palomeque. 

En el ejercieio de su cargo de 
Jefe Politico, Carambula ascendio a 
teniente coronel graduado en mayo 
del 81, a teniente coronel en el 
mismo mes del afio siguiente y a 
coronel graduado en marzo de 1883. 

Cuando los sucesos revoluciona- 
rios del 86, llegd a coronel efectivo 
el 9 de febrero, y a raiz de la caida 
del regimen santista fue sustituido 
en la Jefatura de Policia por el 
coronel Clark y Obregon, pasando a 
desempenar el cargo de Fiscal e 
Inspector General de Policia el 6 de 
noviembre. 

En la campana presidencial de 
1890 adhirio con entusiasmo a la 
candidatura civil del Dr. Julio He- 
rrera y Obes, fundando en Monte- 
video el diario "El Liberal" para 
prestigiarla. Esperaba que con el 
triunfo del candidato veria logra- 
■das sus esperanzas de formar parte 



del cuerpo legislativo, colmandose la 
gran aspiracion de toda su vida. Pero 
no sucedio asi. Herrera y Obes lo 
hizo general de brigada el 17 de fe- 
brero de 1894, y mas tarde, en se- 
tiembre de 1897, reemplazo interi- 
namente al teniente general Tajes 
como vocal del Supremo Tribunal 
Militar. 

Tomo parte en el pronunciamien- 
to armado del 4 de julio de 1898, 
siendo uno de sus jefes. El dictador 
Cuestas vencedor lo desterro y al 
reintegrarse al pais por ley de am- 
nistia, mantuvose en oposicion al 
gobernante. 

Fue entonces cuando en 1899, cre- 
yendo demasiado oscuro el porvenir 
de la Republica, el general Caram- 
bula dirigiose a nuestro ministro en 
Chile, Jose C. Arrieta "en su nom- 
bre y en el de tres colegas suyos, 
generales traicionados en el ultimo 
movimiento revolucionario", solici- 
tando al diplomatico la autorizacion 
previa para iniciar trabajos en favor 
de su candidatura a la presidencia 
para el cuatrienio 1899-1903; pero 
Arrieta declino el ofrecimiento. (Ver 
Jose C. Arrieta). 

En las guerras civiles de 1903 y 
1904, desempeno funciones de Jefe 
de Estado Mayor de las fuerzas mo- 
vilizadas de Canelones. 

Fue varias veces miembro del 
Supremo Tribunal Militar, llego a 
presidirlo en agosto de 1912, y fue 
asimismo presidente de la Caja de 
Pensiones Militares hasta marzo de 
1915. 

En enero de 1919 integro como 



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miembro militar la Alta Corte de 
Justicia, y en ese desempeno ascen- 
dio a general de division el 29 de 
enero del mismo ano, para fallecer 
en Montevideo el 25 de julio de 
1920. 

Fue el general Carambula uno de 
los ultimos, sino el ultimo expo- 
nente de un tipo de militar-politico 
caracteristico en pasadas epocas de 
la Republica y desaparecido en la 
actualidad. 

Ni en su foja de servicios ni en 
su valimiento intelectual podrian 
hallarse rasgos sobresalientes capa- 
ces de elevarlo sobre el corriente 
nivel de sus compafieros de armas, 
pero tampoco puede decirse de Ca- 
rambula que estuviese dentro del 
nivel normal entre los componen- 
tes de la fuerza armada. Fue hom- 
bre de inteligencia despierta y de 
grandes aspiraciones, que unidas a 
cierto grado de preparacion general, 
un trato correcto y una simpatia 
innata, llenaban, como se dice, el 
expediente. 



CARAVIA, ANTONIO Teodoro 

Publicista y periodista montevi- 
deano, dedicado con especialidad y 
contraccion extraordinarias a cues- 
tiones relacionadas ccn el progreso 
agricola y ganadero del pais. 

Nacio en el Cordon de Montevi- 
deo el 2 de noviembre de 1809, hijo 
de Juan Caravia de la Isla y de 
Maria Perez. 

La gloria de este ciudadano es 



gloria civil, la menos facil de con- 
quistar entre gentes que antes que 
nada rinden culto a las glorias bar- 
baras y primitivas del valor, y por 
esto precisamente, seria imperdona- 
ble injusticia que su nombre cayese 
en el olvido. 

De Antonio T. Caravia se ha di- 
cho que fue el continuador inteli- 
gente de la obra de Perez Castellano 
y bastaria leer el elenco de sus li- 
bros o mejor todavia entrar un poco 
en su lecturaj para darse cuenta ca- 
bal de la tarea que representan y 
de las valiosas ensenanzas que ate- 
soran, producto de observaciones 
personales, practicas sobre el terre- 
no y estudios comparativos, denun- 
ciadores de la predileccion y la pa- 
ciencia inteligente de quien los hizo. 

Dardo Estrada, en su erudito in- 
ventario bibliografico, enumera en- 
tre las obras de Caravia, por orden 
de fechas, las siguientes: Manual 
practico del cultivador americano, 
1858; Manual para el cultivo del al- 
godon, 1862; Catecismo de agricultu- 
ra para lectura de las escuelas, 1863 
(premiado con medalla de oro en la 
Exposicion de Cordoba, R. A.); No- 
ciones necesarias al cultivador, 1864; 
El Injerto y la Poda, 1865; Cultivo 
de las abejas y de los gusanos de se- 
da, 1865; y — obra postuma — el Ma- 
nual practico del cultivador ameri- 
cano, en forma de diccionario, 1882. 

A esta labor especializada hay que 
anadir la Coleccion de Leyes y De- 
cretos de la R. O. del U. aparecida 
en 1859 y proseguida en varios to- 
mos con nuevas ediciones, los Acuer- 



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dos del Superior Tribunal de Justi- 
cia, 1863, y algunos trabajos meno- 
res. 

Fue tambien asiduo colaborador 
d.el Boletin de nuestra Asociacion 
Rural y de los Anales de la Socie- 
dad Rural Argentina. 

Sin fortuna particular ni capaci- 
dad para hombre de negocios, de- 
cepcionado por no hallar en los po- 
deres publicos la proteccion que me- 
recian sus trabajos, y quebrantado 
por los afios, Caravia puso fin a su 
existencia el 27 de julio de 1873. 

El ultimo tomo de su coleccion le- 
gislativa, que llega hasta el mes de 
mayo inclusive del 73, mes y medio 
antes de su terrible resolucion, prue- 
ba en forma concluyente que el es- 
piritu de labor lo animo hasta el 
ultimo momento y que se entrego 
solo en un arrebato fatal. 

Lego sus libros y sus manuscritos 
ineditos a la Asociacion Rural del 
Uruguay, de la que habia sido uno 
de sus fundadores, la cual hizo edi- 
tar a su costa el "Manual Practico 
del Cultivador americano". 



CARAVIA, BERNABE Antonio 

Hombre politico, magistrado y ju- 
risconsulto, hijo de Juan Caravia de 
la Isla, asturiano radicado en Mon- 
tevideo alrededor de 1800, vio luz 
en el llamado "Cordon" de la misma 
ciudad, el 4 de junio de 1808. Luego 
de frecuentar los buenos colegios de 
la capital, hizo estudios de derecho 
en Buenos Aires. 



Figurd entre los ciudadanos que 
siguieron la politica del general Ma- 
nuel Oribe, a cuyo lado actuo du- 
rante el Sitio de Montevideo, y en el 
campo del Cerrito integro el Poder 
Judicial que alh' funcionaba, en ca- 
racter de fiscal. Al restablecerse Ia 
normalidad constitucional despues 
del pacto de 8 de octubre, ingreso a 
la camara de diputados, electo por 
el departamento de Canelones, cargo 
del que hizo renuncia para aceptar 
el puesto de Fiscal General del Es- 
tado, que se le daba por el presi- 
dente Giro con fecha 30 de marzo 
de 1852. El Triunvirato lo removio 
por resolucion del l 9 de octubre de 
1853 a titulo de "resistir y protes- 
tar las providencias del gobierno" y 
le dio como reemplazante al doctor 
Emeterio Regunaga, Pocos dias mas 
tarde, el 23 de noviembre, la policia 
le entregaba su pasaporte intiman- 
dole que abandonara la capital. 

Diputado por Florida en la 8 ? le- 
gislatura, renuncio su banca cuando 
la Asamblea General lo designo, el 
12 de mayo de 1858, juntamente con 
el Dr. Manuel Herrera y Obes, 
miembro del Superior Tribunal de 
Justicia, del que fue despues cama- 
rista decano. El mismo afio integr6 
como vocal Ia Comision Mixta en- 
cargada de entender en las recla- 
maciones anglo - francesas, sin per- 
juicio del alto cargo que desempena- 
ba y en el cual continud prestando 
servicios durante las administracio- 
nes de Berro y de Aguirre, hasta que 
los poderes publicos fueron abatidos 
cuando la revolucion colorada del 



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general Flores entro vencedora en 
Montevideo en febrero de 1865. 

No obstante su filiacion politica 
blanca, inmediatamente que el jefe 
del movimiento estuvo en posesion 
del mando discrecional del pais, te- 
niendo en cuenta sus titulos de ju- 
risconsulto y de ciudadano, eligio al 
camarista Dr. Caravia para formar 
parte del Tribunal de Justicia en 
caracter de presidente, de acuerdo 
con resolucion de 3 de marzo de 
1865. Caravia, como era natural, se 
rehuso a aceptar por decreto de un 
gobernante de facto el cargo que 
habia tenido por la autoridad cons- 
titucional y del que se habia visto 
despojado. 

Hermosa la actitud del caudillo 
vencedor, la resolucion del ministro 
estuvo conforme con ella. 

No volvio a tener destino publico 
desde entonces, viviendo larga vida 
de ciudadano, rodeado del respetuo- 
so prestigio que merecia por su ho- 
nestidad y su caracter. 

Fallecio en Montevideo el 13 de 
mayo de 1890. 



CARAVIA, JUAN PABLO 

*• Ministro de Estado, legislador y 
hombre politico. Habia nacido en 
Montevideo el 5 de Febrero de 1816, 
hijo de Juan Caravia de la Isla y 
de Maria Ferez. 

Personaje de fila en el partido 
bianco, fue sin embargo hombre de 
ideas atemperadas, que hicieron 
frontera, en ciertas crisis de fusio- 



nismo atravesadas por el pais, con el 
abandono de las divisas tradicionales. 

Durante el Sitio de Montevideo 
estuvo en el campo de Oribe. 

El gobierno de Pereira lo designo 
Jefe Politico de Florida el l 9 de di- 
ciembre de 1857 y en ese cargo puso 
empeno en evitar las demasias de 
caudillo de Timoteo Aparicio, que 
tem'a mando de tropas cuando la 
revolucion colorada de Cesar Diaz, 
que termino en Quinteros en febrero 
del 58. Movilizada la Guardia Na- 
cional de su departamento en se- 
tiembre del mismo afio, se le dio el 
comando del l.er Kegimiento. 

Diputado a la 8 ? legislatura en 
1858, no alcanzo a terminar su man- 
dato, por haberle confiado el presi- 
dente Berro la secretaria de Gobier- 
no el 18 de setiembre de 1862. Su 
permanencia en el Ministerio fue 
corta, pues a los dos meses Berro le 
expreso, lo mismo que a Estrazulas, 
Egafia y Laguna, integrantes del ga- 
binete, que debian optar entre di- 
mitir o ser exonerados de sus car- 
gos. Los ministros prefirieron que 
el presidente los declarara cesantes 
y este procedio conforme a decreto 
de 5 de noviembre. 

Caravia estaba ausente en su es- 
tancia de Florida en el momento de 
la crisis. 

Las causas por que Berro cambio 
su gabinete no se conocieron bien en 
la epoca, ni se han explicado satis- 
factoriamente despues. 

Votado senador por Florida en 
1863, cuando se planteo el conflicto 
entre el ejecutivo y el senado por 



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la sucesion presidencial, Caravia, 
con sus colegas Estrazulas y Vaz- 
quez formo en la oposicion. Berro 
no tuvo escrupulos en atentar con- 
tra el cuerpo legislativo y los deste- 
rro en enero de 1864. Firmado junto 
con Estrazulas, dirigid desde Bue- 
nos Aires un manifiesto al pais, in- 
citando a sus correligionarios a des- 
conocer la autoridad del presidente 
Berro convertido en dictador. El co- 
ronel Olid, que les respondia, esta- 
ba ya sublevado en esos dias, pero 
fue herido de muerte en un comba- 
te con los revolucionarios fioristas 
el 7 de febrero y Berro pudo seguir 
gobernando sin tropiezos hasta fina- 
lizar su mandato. 

Caravia y Estrazulas, que empren- 
dieron viaje a Asuncion, antes de un 
mes volvieron a Montevideo en el 
vapor paraguayo "Paraguay", el 
cual, por traerlos a bordo viose im- 
pedido de operar en la bahia, provo- 
cando una protesta del presidente 
Lopez. Este, cuyo natural era arbi- 
trario e impulsivo, dirigio a nuestro 
gobierno una nota con parrafos vio- 
lentos: "El vapor de guerra 33 (el 
que habia custodiado al barco pa- 
raguayo) hubiera' estado mejor rei- 
vindicando los derechos orienta- 
les en las aguas de Martin Garcia 
que al costado del "Paraguay", pa- 
quete de un gobierno amigo que 
no ha sido sordo a su llamado y 
de quien, habiendo recibido tan- 
tas pruebas de amistad e interes, 
no debia ser sospechoso de fa- 
vorecer intereses contrarios al mis- 
mo gobierno que tan susceptible 



ha sido en un caso simple y co- 
rriente a bordo de los buques de 
guerra de cualquier nacion, y tan 
paciente al permanente insulto de 
su independencia y soberania por el 
impedimento de la navegacion de 
sus propias aguas por sus buques de 
guerra. Alli tendrian estos un em- 
pleo mas digno que al costado del 
paquete de una nacion amiga." 

Sin ser incomodado por nadie, Ca- 
ravia vivio en Montevideo despues 
que el general Flores desalojo del 
poder al partido blanco, pero emigro 
durante la revolucion del coronel 
Timoteo Aparicio, acusado de cons- 
pirar contra el gobierno del general 
Batlle. Efectivamente, andaba Ca- 
ravia en trabajos subversivos, pero 
se trataba de algo asi como una re- 
volucion nacional a cuyo frente de- 
bia aparecer el general Anacleto Me- 
dina, en conjunto con otros milita- 
res. 

Negociada la Paz de Abril de 1872 
regreso a la patria, fue electo di- 
putado por Florida en las famosas 
camaras del 73 y al ano siguiente 
paso al senado votado por el depar- 
tamento de Cerro Largo. 

El gobiezTio de Varela lo hizo re- 
ducir a prision, para deportarlo a 
La Habana con el grupo de ciudada- 
nos que fueron victimas de ese bru- 
tal atentado el 24 de febrero de 1875, 
pero a ultima hora, sin embargo, se 
revoco la orden ignorandose por 
que. 

Nada tem'a que ver Caravia en esa 
emergencia politica y solo pudo atri- 
buirse la tentativa a la venganza 



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de un correligionario suyo, muy 
vinculado a los pollticos que habian 
subvertido el orden constitucional el 
15 de enero. 

Caravia no se mostro a la altura 
de las circunstancias en esos mo- 
, mentos, pues asi y todo continuo 
ocupando su banca de senador, des- 
pues de expulsados de su seno los 
colegas opositores, limitandose a 
no concurrir a las sesiones. Pero los 
tiempos no eran de tolerar actitudes 
semejantes y siendo preciso el quo- 
rum para sesionar, en julio de 1875, 
la citacion respectiva se la llevo a 
su casa un comisario de policia con 
instrucciones para conduciiio al re- 
cinto de grado o de f uerza. Don 
Juan Pablo, atribuyendo la cosa a 
un mal entendido concurrio al se- 
nado, pero sabedor de que solo esta- 
ba en presencia de un atentado 
"contra los fueros e inmunidades del 
cuerpo legislativo", presento su re- 
nuncia para no verse reducido — no 
se lo permitia su dignidad personal 
— "a ser un servil instrumento". El 
senado la rechazo diciendo que no 
habia animo de ofensa, pero Caravia 
insistio en hacerla valer y le fue 
aceptada. 

Aquello que le causaba asombro 
recien entonces, era sin embargo 
desde tres meses antes, lo corriente 
en un regimen de facto: el atentado, 
la indignidad y el servilismo consti- 
tuian la norma. 

Desde entonces no tuvo mas fi- 
guracion en la politica nacional, vi- 
niendo a fallecer en Montevideo el 
18 de julio de 1892. 



CARBAJAL, EDUARDO Dionisio 

Pintor, nacido en la Villa de San 
Jose el 9 de octubre de 1831. De su 
pueblo natal vino a Montevideo con 
su familia, curso estudios escolares 
y demostro pronto aptitud singular 
para el dibujo. 

Sus trabajcs de principiante per- 
feccionaronse con tan asidua dedi- 
cacion, y a tal punto, que las condi- 
ciones del joven aficionado inclina- 
ron al gobierno a concederle, en 
1854, una pension para seguir ca- 
rrera artistica en Europa. 

Cuatro afios permaneeio en Italia, 
tres de los cuales estudiando con el 
maestro Esteban Ussi en Florencia, 
para luego pasar otro afio en Roma 
y retornar al pais a fines de 1858, 
en posesion de un hermoso conjunto 
de conocimientos que le permitia 
abordar con exito el retrato, genero 
al que tendria que dedicarse obliga- 
damente, siendo como era el unico 
genero de pintura remunerador por 
entonces. 

Son de mano de Carbajal la mayor 
parte de los retratos de los prime- 
ros asambleistas y legisladores na- 
cionales, pintados de encargo para la 
Galeria del senado y que el alto 
cuerpo transfirio mas tarde al Mu- 
seo Historico donde actualmente 
existen. 

Constituyen estos oleos una bella 
serie de valor documentario, pues 
en la epoca en que se resolvio su 
pintura habia actores y testigos que 
luego se fuercn perdiendo en el 



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curso de los afios. Originales, copias 
de Gallino o de cualquiera de los 
artistas de las primeras epocas de 
la patria, Carbajal consiguio salvar 
del olvido muchos personajes his- 
tdricos. 

Los oleos de cuerpo entero de Ar- 
tigas, Joaquin Suarez, Melchor Pa- 
checo y Obes y otros proceres, telas 
de grandes dimensiones y abundan- 
tes por eso mismo en problemas de 
composicion y perspectiva, ponen de 
manifiesto que su autor no poseia 
total dominio de su arte, aunque 
existan de su pincel pinturas de 
buena construccion anatomica y de 
ajustada cromatica. 

Tiene tambien Carbajal una prio- 
ridad cronclogica entre los pintores 
de Artigas con su "Artigas en el 
Paraguay", guardado en el Museo 
Historico, oleo disminuido por visi- 
bles incorrecciones de dibujo, pero 
armonioso de luces en un ambiente 
de serenidad crepuscular. 

Profesor de dibujo en la Univer- 
sidad de Montevideo desde su llega- 
da .a la ciudad, desempefid el cargo 
durante catorce afios. 

Su entusiasmo ya lo habia condu- 
cido a ensayar, a mediados del 62, 
un curso de clibujo iineal para obre- 
ros, que daria comienzo en cuanto se 
Uenaran 20 matriculas, pero no se 
sabe si esa meritoria y lejana inicia- 
tiva cultural tuvo principio de reali- 
dad siquiera. 

En su ultima epoca atcrmentaron 
al artista graves dolencias, viniendo 
a fallecer en la capital el 18 de no- 
viembre de 1895. 



CARBAJAL, MANUEL (conocido 
por MANDUCA) 

Apellido y nombre que uso y por 
los cuales fue conocido el caudillo 
militar cuyo verdadero era Manuel 
de Brun. Provenia la adopcion del 
apellido Carbajal, de ser este el de 
su padrastro y el sobrenombre lo 
sacaba del que emplean los bra- 
silefios como apodo familiar de Ma- 
nuel. De este modo, mientras Ma- 
nuel de Brun fue persona ignorada 
de la generalidad, Manduca Carba- 
jal fue popular y conocido de todos. 

Era un criollo de tez morena y de 
ojos vivisimos, incansable para el 
caballo, lancero consumado, conoce- 
dor minucioso de toda la zona le- 
vantina, dificil, pedregosa o lacunar, 
Minas, Maldonado y Rocha actuales. 

Sus servicios reconocidos remon- 
tan al ano 1843, en caiidad de sol- 
dado en la Guardia Nacional mi- 
nuana. 

Formado en la Guerra Grande al 
lado de Brigido Silveira, alferez de 
caballeria de linea en 1844, teniente 
1? el l 9 de enero de 1846, el 15 de 
abril de 1850 se le reconocio como 
capitan con antiguedad de enero 
del 46 y Uego a sargento mayor el 
21 de enero de 1854. Sublevado con 
Silveira en el alzamiento conser- 
vador del 57, su gente de caballeria 
fue tal vez la unica que peleo medio 
bien en el combate indeciso de Ca- 
gancha el 16 de enero de 1858. 

Despues de la derrota de los su- 
yos, Carbajal se refugio en el Bra- 



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sil. Vivia alli en la miseria, cuando 
amparandose en el decreto por el 
que se reincorporaba al ejercito a 
los jefes y oficiales dados de baja 
por causas politicas en 1857 - 58, 
siempre que lo solicitaran, dirigiose 
al presidente Pereira con una peti- 
cion redactada en terminos inf elices, 
en virtud de la cual tuvo abiertas 
las puertas del pafs y su grado mi- 
litar, a principios de 1859. 

Inferior a Brigido Silveira, asi en 
discernimiento politico como en 
prestigio — hombre de divisa mas 
que otra cosa — no conservo ningun 
rencor a Flores por su actitud cuan- 
do la invasion fracasada de Cesar 
Diaz, y Flores, explotando oportuna- 
mente esa circunstancia y su natu- 
■ral deseo de convertirse en primer 
caudillo colorado de sus pagos, lo 
gano pronto a sus proyectos. Carba- 
jal en vez de Silveira debia ser quien 
levantase la "division del departa- 
mento". 

Principiada la guerra civil con la 
invasion del 19 de abril de 1863, Man- 
duca se alzo en armas recien cuan- 
do Flores se hizo presente en el 
sur, incorporandosele en los ultimos 
dias de julio con un pequeno aporte 
de soldados que acrecento luego. El 
gobierno de Berro respondio con un 
decreto de tipo usual, fecha 7 de 
agosto, por el que se daba de baja a 
Carbajal "por rebelde y traidor con- 
tumaz, con prohibicion absoluta y 
perpetua de reintegrarse al ejer- 
cito." 

Pese al decreto, entro a Montevi- 
deo, vencedor junto con Flores, en 



febrero de 1865 y fue reincorporado 
como coronel el l 9 de junio. Con fe- 
cha 9 de marzo del mismo afio se le 
nombro Jefe Politico de Minas en 
reemplazo de Exequiel Garcia. 

Cuando los sucesos de febrero del 
68, el gobierno de Varela eonfiole 
una de las tres secciones militares 
en que fue dividida la Republica, 
compuesta por los actuales depar- 
tamentos de Cerro Largo, Treinta y 
Tres, Maldonado, Minas y Rocha. 

Comandante general de los depar- 
tamentos de Minas y Maldonado 
al tiempo que el coronel Timoteo 
Aparicio — caudillo blanco — se su- 
blevo contra el gobierno del general 
Lorenzo Batlle, la conducta de Car- 
bajal merecid citacion especial del 
general Enrique Castro en noviem- 
bre de 1871. Ajustada la Paz de Abril 
torno a su estancia a trabajar, como 
era costumbre de nuestros jefes vie^, 
jcs y allf acudieron a buscarlo los 
hombres de 1875, para designarlo al 
dia siguiente del motin, el 16 de 
enero, Comandante Militar de los 
departamentos de Minas y Maldo- 
nado, debiendo tener bajo sus orde- 
nes a Sandalio Ximenes y a Julian 
de la Llana. 

Poca o ninguna participacion tuvo 
en la campana contra la ciudadania 
en armas de la P^evolucion Tricolor 
a fines del 75, y el 22 de octubre de 
1878 fallecio en su estancia, de 
muerte repentina. 

Su cadaver, transportado a la Vi- 
lla de Minas, recibio sepultura ante 
numeroso concurso de pueblo, pues 
era hombre que tenia ganado gene- 



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ral aprecio, siendo exactas las pala- 
bras de quien dijo ante su tumba: 
"No dejo un odio. . . Pongo por tes- 
tigo a tcdo el departamento." 



CARDEILLAC, JUAN PEDRO 

Oficial de ingenieros, agrimen- 
sor y arquitecto, sargento mayor 
del Ejercito. 

Frances, era nacido en Trebons, 
Altos Pirineos, el afio 1809 y antes 
de venir al Rio de la Plata tenia 
carrera de armas en su pais. 

Aparece por primera vez prestan- 
do servicios militares en la Repu- 
blica el 7 de enero de 1843, en dias 
en que se organizaba, con gran pre- 
mura y en condiciones absoluta- 
mente precarias, en todo sentido, 
la defensa de la plaza de Montevi- 
deo, sobre la cual cerrabanse las 
iuerzas invasoras del Ejercito Uni- 
do de Vanguardia de la Confedera- 
cion Argentina al mando del gene- 
ral Manuel Oribe. 

Tuvo Cardeillac a su inmediato 
cargo, en calidad de ingeniero mili- 
tar, la ejecucion de los trabajos en 
varios sectores en las lineas de for- 
tificacion, tales como las baterias 
"Cagancha" e "Independencia", e 
iniervino asimismo en la construc- 
cion de las defensas de la Isla de 
Ratas y de la Fortaleza del Cerro. 

El coronel Thiebaut lo incorporo 
despues a la Legion Francesa, defi- 
riendo a la propia soliciiud de su 
compatriota, y fue Cardeillac el en- 
cargado de poner en condiciones de 



servicio el local que se destinaba a 
hospital de los legionarios. 

Con fecha 15 de noviembre de 
1846, el general Manuel Correa, je- 
fe de Estado Maycr del Ejercito de 
la Capital, le encomendo el levanta- 
miento de un plano de las fortifica- 
ciones de la plaza, tarea en que ne- 
cesito emplear tres afios hasta el 
dia en que pudo darlo por concluido. 

Exacto y delicado trabajo en to- 
do sentido, abarcaba el plano los 
perimetrcs de la vieja y de la nue- 
va ciudad. 

Hallandose entregado a sus tareas 
de topografo, ascendio a capitan el 
23 de enero de 1847 y despues, a 
merito de su notable obra cartogra- 
fica, el gobierno concediole el titu- 

10 de agrimensor por resolucion de 

11 de octubre de 1849. El plano, cu- 
ya publicacion dispuso la superio- 
ridad, fue pasado a la piedra en las 
oficinas litograficas de Mege y 
Lebas. 

Hace algunos afios, el Instituto 
Geografico Militar, que entonces di- 
rigia el coronel ingeniero Silvestre 
Mato, hizo una reproduccion del 
mapa de Cardeillac, trabajada con 
gran fidelidad por el dibujante Ma- 
nuel Barrutia, del personal de la 
misma oficina. 

Cardeillac, a quien su trabajo to- 
pografico habia demandado gastos 
personales y asimismo la utilizacion 
de su equipo profesional de geodes- 
ta, solicito del gobierno una com- 
pensacion equitativa cuando la Re- 
piiblica, finalizada la Guerra Gran- 
de, recupero su marcha normal. 



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El pedido, muy justo desde luego, 
no tuvo, a causa de las estrecheees 
del erario, una solucion conforme el 
demandante deseaba y solamente 
consiguio que las camaras le conce- 
dieran un ascenso militar en su cla- 
se y, con tal pronunciamiento, el 
Poder Ejecutivo le confirio el grado 
de sargento mayor de ingenieros el 
5 de julio de 1855. 

Contraido en el ultimo periodo de 
su vida a trabajos profesionales, el 
ingeniero Cardeillac termino sus 
dias en Montevideo el 16 de diciem- 
bre de 1864. 



CARDOZO, SILVESTRE 

Oficial del ejercito, cuya muerte, 
ocurrida a la par de la de otro fun- 
cionario publico compatriota, en tra- 
gicas circunstancias, dio origen a una 
reclamacion internacional y vincula 
su nbmbre a nuestro pasado his- 
torico. 

Nacido en el departamento de 
San Jose, Cardozo fue uno de los 
oficiales que en julio de 1882 y ccn 
grado de subteniente, aparece entre 
los fundadores del Regimiento de 
Caballeria N 9 5 creado en esa fecha. 
En la misma unidad ascendio a te- 
niente 2? el 12 de febrero de 1886, 
pasando en junio del 88 a prestar 
servicios al l 9 de Caballeria. Pro- 
movido a teniente 1° con fecha 6 de 
junio de 1889, en agosto del afio 
siguiente se le transfirio al Regi- 
miento N 9 4. 

En circunstancias que el cuerpo se 



hallaba de guarnicion en la ciudad 
de Rivera, fronteriza con el Brasil, 
el 28 de octubre de 1893 fue asesi- 
nado al mismo tiempo que el guar- 
da aduanero Medardo Gonzalez, por 
soldados brasilefios de las fuerzas 
del coronel riograndense Juan Fran- 
cisco Pereira de Souza, famoso por 
sus desmanes y su inconducta. 

Alevosamente muertos en pleno te- 
rritorio nacional, los matadores 
arrastraron los cadaveres a traves 
de la linea limite, con proposito de 
extraviar la opinion, desnaturali- 
zando los hechos. 

El crimen conmovio al pais, le- 
vantando airadas protestas. En Mon- 
tevideo, la oportuna intervencion de 
la policia impidio excesos y mani- 
festaciones hostiles ante la legacion 
o el consulado brasilefios. Entablada 
la consiguiente reclamacion diplo- 
matica, el incidente quedo solucio- 
nado conforme al protocolo de 15 de 
febrero de 1894. El gobierno del 
Brasil, una vez investigados a fon- 
do los hechos, consintio en reconocer 
leal y honradamente la culpabilidad 
de lcs hombres del coronel Juan 
Franeisco Souza, jefe de milicias, 
cuya pesima reputacion era piiblica 
y sobre quien gravitaban otras acu- 
saciones por delitos de semejante in- 
dole, cometidos en personas de na- 
cionalidad uruguaya. Estipulose en 
consecuencia que los responsables 
serian juzgados conforme a las leyes 
del Brasil, fijandose tambien una 
justa indemnizacion a favor de las 
familias de las victimas, que se hizo 
efectiva en el mes de mayo de 1895. 



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CARRALON DE LARRUA, ANTO- 

NIO 

Espanol, comediografo y hombre 
de letras, famoso secretario del ge- 
neral Maximo Santos en la presi- 
dencla y en el destierro. Habia na- 
cido en el afio 1841 y llego a Mon- 
tevideo en 1873 despues de residir 
en Francia, emigrado a la caida de 
Isabel II C-uya causa habia seguido 
en la Penfnsula. En Pan's se gano 
la vida como traductor y escribio 
"El Diablo del Mediodia" (1864), "La 
Corte del Indolente" (1865) y "La 
Dama Duende" (1866), novelas de 
historia. 

Su compatriota Orestes Araujo 
fue el guia de sus primeros pasos 
en Montevideo, procurandole alguna 
ocupacion en los diarics "candombe- 
ros" o sea contrarios al gobierno, 
hasta que paso a Minas a dirigir el 
papel publico "La Campafia", que 
se fundaba en la villa. Alli, sin cau- 
sa razonable, embandero el periodi- 
co — de entrada — en la oposicion, 
por lo cual presto se vid obligado a 
abandonarlo y regresar a la capital, 
donde entro a escribir en "El Na- 
cicnal" de Moncayo, en "El Uru- 
guay" de Tezanos y en "Los Princi- 
pios en Camisa", hoja de caricatu- 
ras que merecio la execracion ge- 
neral. 

La corta estada en Minas, a des- 
pecho del insuceso periodistico, in- 
fluyo en el porvenir de Carralon de 
ima manera decisiva, pues en Minas 
fue donde conocio e hizo amistad 



con un capitan del ejercito llamado 
Maximo Santos, entonces oscuro em- 
pleado en la policia del departa- 
mento, pero destinado a ocupar las 
mas altas jerarquias oficiales en la 
Republica y el cual no lo olvido en 
la buena fortuna. 

Justificando su adhesion al pode- 
roso militar, escribio Carralon aiios 
mas tarde, que ella fincaba en el 
hecho de que Santos le habia sal- 
vado la vida en ocasion en que la 
policia de Mfnas tenia dispuesto su 
asesinato, por lo cual "le habfa 
guardado y le guardaria siempre 
profunda gratitud". 

Cualquiera que haya sido el ori- 
gen de la vinculacion entre estos 
dos hombres, lo dicho a posteriori 
respecto al atentado no pasa de una 
solemne inverdad. 

Secretario particular de Santos en 
el periodo que fue jefe del 5 9 de 
Cazadores y ministro de Guerra y 
Marina de Vidal, cuando Santos lle- 
go a la primera magistratura el l 9 
de marzo de 1882, lo hizo secreta- 
rio de la presidencia con un sueldo 
mensual de doscientos pesos, mag- 
nifica asignacion en aquel tiempo. 

Desde tan estrategico destino, Ca- 
rralon de Larrua, tomando interven- 
cion en todo el teje y maneje pala- 
ciego, consiguio empleos, cotizc su 
mfluencia y participo en mi'iltiples 
negocios, en una epoca en que estas 
actividades oscuras proliferaron de 
un modo extraordinario. Pero den- 
tro de su papel en el elenco, su natu- 
ral bonancible y su inteligencia lo 
excluyeron de la calificacion de 



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hombre malo. Pudo haber sido due- 
fio de crecidos caudales, para morir 
rico y un excelente D. Antonio, pero 
epicureo, rumboso y dilapidador, el 
dinero paso por sus bolsillos como 
por un canal. Taimado y esceptico, 
decidor y guitarrero, vivio constan- 
temente al dia. 

El grado de teniente coronel del 
ejercito con que lo habia favoreci- 
do el general presidente Santos el 
12 de febrero de 1886, fue el unico 
amparo que tuvo en la adversidad: 
sueldo de setenta y cinco pesos 
mensuales, disminuidos todavia por 
descuentos y embargos, frutos de su 
vida dispendiosa. 

A la caida del capitan general, lo 
acompafio en sus viajes a Europa, 
en los dias de Rio de Janeiro y en 
Buenos Aires, donde su protector 
fue a morir. 

Entonces vino a domiciliarse en 
Montevideo y aqui, obligado ahora 
por la necesidad, reanudo activida- 
des artistico-teatrales, que fueron de 
su preferencia en epocas lejanas. 

En 1875 tenia estrenada la come- 
dia en verso "Los Huerfanos'' y en 
1877 la pieza en un acto : 'E1 Paja- 
ro en el garlito". 

En la segunda epoca eran traduc- 
ciones o adaptaciones para compa- 
fiias baratas, cronicas y bombos de 
encargo. 

Septuagenario casi y muy traba- 
jado por los achaques, vivio Carra- 
lon de Larrua en nuestra capital 
hasta el 19 de marzo de 1910, luego 
de haber Uevado una vida de aven- 
turero. 



CARVE, AMARO 

Senador, ministro, diplomatico y 
hombre polftieo. Nacido en Monte- 
video el 19 de diciembre de 1830, 
milito como su padre, Pedro Carve, 
en las filas del partido colorado flo- 
rista, empezando su actuacion en 
pclitica como representante del de- 
partamento de Montevideo, en la 10 ? 
legislatura de 1869 - 72. 

Combatio la revolucion blanca del 
coronel Timoteo Aparicio en las fi- 
las de la Guardia Nacional y al vo- 
tarse el convenio de paz en abril 
de 1872, su voto en diputados y el 
de su padre en el senado, fueron los 
uniccs votos negativos. 

Adicto al bando denominado ne- 
to, se sindico a la par de sus her- 
manos en la oposicion al gobierno 
de Ellauri, para convertirse despues 
del motin del 15 de enero de 1875, 
en un gran partidario de Pedro Va- 
rela. 

A la caida de este, iniciada la dic- 
tadura de Latorre, el gobernante 
suspicaz, sospechando de su fideli- 
dad al regimen imperante, principio 
por ponerlo de lado lo mismo que a 
otros miembros de su familia, para 
perseguiiios despues haciendoles ob- 
jeto de amenazas y consiguiendo 
que alguno abandonara el pais. 

Pero el predominio del coronel 
Santos le proporciono ocasion de 
volver a la politica activa. 

Votado para representante por el 
departamento de Montevideo en 
1880, la camara declaro nula su 



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eleccioh y el 26 de marzo de 1881 
fue designado Jefe Politico de Pay- 
sandu. En el desempefio del nuevo 
cargo tuvo varios conflictos con la 
justicia letrada, que corren histo- 
riados en un folleto que hizo publi- 
car el mismo Carve. 

Fermanecio frente a la Jefatura 
hasta su renuncia el 24 de setiem- 
bre de 1883, fecha en que Santos 
le dio el puesto de Encargado de 
Negocios de la Republica en Ingla- 
terra, para elevarlo a la categoria 
de Ministro Plenipotenciario al afio 
siguiente. 

Este nombramiento, un tanto ex- 
trafio, respondia a la especial mision 
confiada a Amaro Carve, relaciona- 
da con el proyecto y financiacion 
del puerto artificial que debia cons- 
truirse en la bahia de Montevideo. 

Resultado de sus gestiones en Eu- 
ropa fue un trascendental contrato 
de obras con el plan financiero co- 
rrespondiente, que ajustd en Londres 
con la firma capitaUsta Cutbil Son 
and de Lungo. 

Presentado el proyecto a las ca- 
maras, origino un caluroso y pro- 
longado debate que tuvo la virtud 
de apasionar la opinion publica a 
extremos inverosimiles, culminando 
luego con las denuncias f jrmuladas 
contra el Ministro por el agrimen- 
sor Meliton Gonzalez, que habia si- 
do su secretario de Legacidn en la 
epcca que se tramitaba el contrato, 
y el cual acusaba al Ministro' de 
irregularidades gravisimas. 

Carve desmintio los dichos del 
sUbalterno y el Dr. Jose Ladislao 



Terra, Ministro de Hacienda de San- 
tos, apresurose a absolver a Carve, 
ratificandole ante el cuerpo legisla- 
tivo toda la confianza del gobiemo. 

Entonces Meliton Gonzalez, que 
con indudable abuso de sus funcio- 
nes tenia en las manos, para utili- 
zar, los papeles oficiales y privados 
de la Legacion, dio a la prensa la 
copia de un tercer contrato Ilamado 
de intereses, mantenido hasta en- 
tonces en secreto y que se habia 
ocultado a las camaras. 

La revelacion fue sensacional, pe- 
ro el gobierno, solidarizado con el 
negociador a pesar de todo y deri- 
vando a soluciones extremas, hizo 
que las camaras declarasen traidor 
a la patria a Meliton Gonzalez, co- 
mo reo de infidencia (noviembre de 
1385), y dispuso que el proyecto 
fuese aprobado, aunque con ciertas 
modificaciones que Io hacfan menos 
malo. 

Episodio semejante ahondo pro- 
fundamente el descredito en que ha- 
bia caido el regimen santista y pue- 
de afirmarse que robustecio los tra- 
bajos en marcha de la revolucion 
del 86. 

Carve, renunciada la Legacion, in- 
greso al senado elegido por el depar- 
tamento de Soriano en 1889. Una 
encendida discusion suscitose res- 
pecto a la validez de sus poderes, y 
a raiz del voto que los declaro bue- 
nos, el Dr. Jose Pedro Ramirez, en 
son de protesta, hizo renuncia de 
la banca que ocupaba en la alta ca- 
mara. 

En 1891 presento Carve un pro- 



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yecto derogatorio de la ley de ma- 
trimonio civil, en cuanto exige este 
como obligatorio y previo a cual- 
quier consagracion confesional, pero 
no tuvo exito la retrograda inicia- 
tiva, hija de un catolicismo mili- 
tante que el proyectista defendio en 
tono muchas veces agresivo. 

Por esta epoca dio a la imprenta 
un opusculo que se titulaba "Mi ac- 
tuacion en Inglaterra", en el cual 
defiende su actuacion en el precita- 
do contrato portuario con el sindi- 
cato londinense. 

Fallecio en la capital el 20 de 
mayo de 1925. 

CASALLA, ANGEL 

Militar, nacido en Montevideo el 
3 de febrero de 1844, que inicio su 
carrera ccmo soldado distinguido en 
el batallon 2 9 de cazadores en ju- 
lio de 1864, durante el gobierno de 
Atanasio Aguirre, alcanzando jerar- 
quia de oficial. 

Habiendo salido a campafia con 
su unidad a combatir la revolucion 
colorada de Flores, fue hecho pri- 
sionero por los rebeldes al poco 
tiempo y estos lo incorporaron a sus 
filas segun practica corriente, y con 
ellos hizo la liltima etapa de la 
lucha. 

Concluida la guerra civil marcho 
al teatro de operaciones del Para- 
guay, sirviendo como oficial valero- 
so a -quien se recomienda «n el parte 
de la batalla de Estero Bellaco y as- 



cendiendo a teniente 2? el 8 de ju- 
nio de 1866. 

En octubre de 1867 obtuvo la baja 
absoluta del ejercito, pero volvio a 
ingresar como teniente l 9 en abril 
del afio siguiente para servir en la 
policia de Tacuarembo, y en marzo 
de 1869 la solicita nuevamente, para 
ser reincorporado — esta vez como 
capitan — en setiembre de 1870, en 
dias de la revolucion blanca de Ti- 
moteo Aparicio, encontrandose en las 
acciones de Severino, Casavalle, La 
Union, Sauce, etc. 

En enero de 1871 paso a prestar 
servicios al batallon "24 de Abril", 
despues 3 ? y alli ascendio a sargen- 
to mayor en febrero de 1872. 

Segundo jefe de dicha unidad, que 
mandaba Carlos Lallemand, cuando 
este se nego a secundar la sedicion 
de sus companeros, sublevados con- 
tra el gobierno legitimo del presi- 
dente Ellauri en la oprobiosa noche 
del 14 de enero de 1875, Casalla no 
vacilo en ponerse al frente del 3 9 de 
Cazadores, marchando a establecer 
campamento en la Plaza Constitu- 
cion, donde se concentraban los de- 
mas batallones fuera de la ley. 

En la reunion celebrada en el Ca- 
bildo la mafiana del 15, puso su fir- 
ma en el celebre documento en que 
los jefes de la guarnicion de Mon- 
tevideo deponian por su sola autori- 
dad al Presidente de la Republica, 
nombrando Gobernador Provisorio a 
Pedro Varela. 

Confirmado como era natural en 
el comando del cuerpo y ascendido 



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a teniente coronel el l 9 de iebrero, 
le toco a Casalla batirse con los sol- 
dados de la Reaccion Nacional, pri- 
meramente en la zona del Este y 
luego al Norte del Rio Negro. Asi 
vino a encontrarse en la jornada de 
Guayabos, Paysandii, el 5 de octu- 
bre de 1875, donde el ejercito gu- 
bernista se mancho con horrores in- 
digncs, aunque Casalla y elgunos 
otros jefes fuesen ajenos a los exce- 
sos. 

Tenido por un elemento adicto al 
presidente Varela, proximo ya a fi- 
nalizar el gobierno de tan lamenta- 
ble hombre a ma'nos de su propio 
ministro de la Guerra coronel Lo- 
renzo Latorre, este inicio la perse- 
cucion de Angel Casalla obligandolo 
a ausentarse para Buenos Aires. 

La inquina del dictador a su anti- 
guo compafiero persistio casi todo el 
tiempo de su dominacion personal y 
solo al fin de ella consintio en darle 
un cargo administrativo en la Ins- 
peccion de Resguardo. 

Tardia reeonciliacion a medias, 
solo le sirvio a Casalla para caer a 
servicio del regimen latorrista, razon 
por la cual el nuevo gobierno del 
doctor Vidal quitole el cargo, po- 
niendolo en el caso de emigrar otra 
vez a la Argentina, y ser considerado 
baja del ejercito en abril de 1881. 

Estando ya en el poder el general 
Santos, Casalla obtuvo la reincorpo- 
racion a filas el l 9 de setiembre de 
1883 y mas tarde, en julio de 1884, 
la jef atura interina de la Carcel de 
Crimen. 



Ascendido a coronel el 9 de febre- 
ro de 1886, recien se le confirio un 
mando militar en setiembre de este 
mismo afio, al designarsele jefe de la 
Escolta de Gobierno. 

En la administracion de Idiarte 
Borda fue por algunos meses 2° jefe 
del Estado Mayor del Ejercito (abril 
a noviembre de 1894), Fiscal Militar 
en junio de 1895 y Jefe Politico de 
Treinta y Tres en febrero de 1896, 
tocandole combatir a Aparicio Sara- 
via en su primer alzamiento. 

Al afio siguiente, siendo Jefe Po- 
litico de Minas, se hallo con la Divi- 
sion de este nombre en la batalla de 
Cerrcs Colorados el 16 de abril y 
poco despues los revolucionarios vi- 
nieron a sitiarlo en la ciudad de Mi- 
nas. Casalla organizo la defensa con 
un punado de guardias nacionales, 
mereciendo que su conducta fuese 
elogiada por la superioridad y que 
los correligionarics politicos minua- 
nos le ofrecieran una espada de 
honor. 

En 1898 acompafio a Cuestas en 
su dictadura y Cuestas lo puso al 
frente de la Comandancia de Mari- 
na y Capitania General de Puer- 
tos el 14 de marzo, para trasla- 
darlo luego a la Jefatura Polltica de 
Paysandu el 16 de mayo. Aqui per- 
manecio hasta julio de este mismo 
afio, en que tuvo igual cargo, inte- 
rino, en el departamento de Minas, 
del que hizo renuncia en marzo de 
1899. 

Fallecio el 2 de enero de 1908, en 
Montevideo. 



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CASARIEGO, PLACIDO 

Militar, 2 9 jefe del Regimiento de 
Artilleria cuando firmo el famoso 
documento del 15 de enero de 1875, 
por el cual los jefes de la guarni- 
cion de la Capital dieron al pais un 
gobernante de hecho. 

Habia nacido en Montevideo el 5 
de ociubre de 1848 y empezo a servir 
en 1865 en calidad de soldado dis- 
tinguido de artilleria, marchando a 
la guerra del Paraguay donde per- 
manecio largcs meses en campana. 
Ascendido a alferez en octubre del 
65 y a teniente 2° en julio del 66, 
en Tuyuty, regreso al pais con grado 
de teniente l 9 , que poseia desde el 
25 de agosto de 1868. 

Capitan el 11 de enero de 1870, 
sirvio en el ler. escuadron de ar- 
tilleria contra los revolucionarios 
blancos de Timoteo Aparicio, siendo 
promovido a sargento mayor el 15 
de enero de 1872. 

Era 2' jefe del Regimiento de Ar- 
tilleria cuando el inicuo motin del 
75 vino a perturbar la vida consti- 
tucional del pais y el l 9 de febrero 
tuvo las presillas de teniente coro- 
nel. En la preparacion de tan gran 
escandalo le habia tocado vigilar a 
su jefe y trabajar el regimiento para 
el caso de que el teniente coronel 
Miguel Antonio Navajas no entrara 
en la combinacion, como al fin entro. 

Para combatir la Revolucion Tri- 
color, protesta armada del pais con- 
tra el golpe del 15 de enero, Latorre 
agrego al Ejercito del Norte, que de- 



bia mandar el general Enrique Cas- 
tro y que despues mando el como 
Ministro de Guerra, la mayor parte 
de la artilleria. Pero la puso bajo el 
mando de Casariego y prescindiendo 
en todo de Navajas. La corta pero 
resolutiva campafia de setiembre-oc- 
tubre de 1875, tan proximo y adicto 
a Latorre, le debia valer muchisimo. 

Y asi, en cuanto asumio el poder 
dictatorial, exonero a Navajas del 
comando del regimiento el 11 de 
marzo de 1876, para darselo a Ca- 
sariego. 

Fue el segundo decreto militar de 
su dictadura: el primero designaba 
Ministro de la Guerra al coronel 
Eduardo Vazquez, el antiguo minis- 
tro de Ellauri en el gobierno legal. 

Mantuvo Latorre durante casi to- 
da su larga y oprobiosa dominacion 
una simpatia y una confianza par- 
ticulares hacia el teniente coronel 
Casariego que, de buen oficial y 
buen jefe • — a la manera de entonces 
naturalmente — se convirtio poco a 
poco en un jefe descuidado de su 
unidad y de su carrera, a punto de 
delegar todas las responsabilidades 
del cargo en su segundo. Latorre, en 
esa tesitura, consintio cosas que no 
toleraba a nadie, y lo que es mas, 
lo defendio contra todas las asechan- 
zas de Maximo Santos, manifesta- 
das en cuanto este comenzo a perfi- 
lar sus ambiciones. 

Una situacion asi no podia prolon- 
garse aunque Latorre mandaba y su 
separacion fue resuelta el 13 de 
enero de 1879, quedando a cargo de 
la unidad el coronel Maximo Santos, 



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con retencion del comando del 5 9 . 
Las cosas duraron hasta abril de 
1880, dia en que Casariego se vio 
exonerado de su mando, a ralz de lo 
cual dejo la republica y fue baja ab- 
soluta del ejercito. En 1882' se aco- 
gio a la amnistfa y lo repusieron de 
nuevo en los cuadros. 

Muy enfermo, hizo mas tarde un 
viaje a Europa en busca de aUvio, 
pero todo fue inutil y fallecio en 
Montevideo el 24 de abril de 1887, 
en tan gran pobreza, que antiguos 
oficiales de la artilleria contribuian 
generosamente a sosteneiio. 



CASTELLANOS, FLORENTXNO 
Jose 

i 

Ministro, legislador y hombre poli- 
tico. Asienta en la iglesia Matriz de 
Montevideo la anotacion de bautis- 
mo de este conspicuo ciudadano, 
donde se dice que es nacido en la 
propia capital el 14 de marzo de 1809, 
hiio de Francisco Remigio Cas- 
tellanos, argentino, de Salta, y de 
Manuela Elias, de Charcas. 

Habiendo su padre trasladado el 
domicilio a Buenos Aires en 1816, 
Florentino Castellanos residio en la 
capital portena alrededor de quince 
afios, hasta que vino nuevamente a 
Montevideo con todos lcs suyos, 
cuando la vida se hizo imposible al 
jefe de la familia sindicado como no 
afecto al tirano Rosas. 

Curso estudios de derecho, recibio 
su titulo y dio principio al ejerci- 
cio de la abogacia para llegar a ser, 



rodando los anos, decano del foro 
nacional, despues de haber sido fis- 
cal y presidente de la Asamblea 
Teorico Practica de Jurisprudencia 
eonstituida en 1839 e ingresar al par- 
lamento como diputado por Monte- 
video en la 3 ? legislatura. 

En el largo periodo del asedio de 
la capital por las fuerzas aliadas 
de Oribe y Rosas, el doctor Caste- 
llanos permanecio dentro de los mu- 
ros aunque sin participacion en 
la politica, contraido a las cuestio- 
nes de ensenanza por las cuales 
siempre habia tenido particular inte- 
res, a punto de que en 1836 aparece 
ya como formando parte de la comi- 
sion encargada del reglamento y or- 
ganisacion de los estudios universi- 
tarios, siendo redactor de un infor- 
me que merecio la aprobacion com- 
pleta de la superioridad. 

Miembro del Consejo Universita- 
rio al crearse este en 1847 y luego 
del Instituto de Instruccion Publica, 
fue designado catedratico de Dere- 
cho de Gentes al inaugurarse la Uni- 
versidad el 14 de julio de 1849 y 
apadrino los graduados en leyes 
en la primera colacion efectuada. 

A la instalacion, el 24 de julio de 
1855, del Supremo Consejo y Gran 
Oriente Masonico del Uruguay, re- 
unidbs los hermanos dispersos hasta 
esa fecha en la Republica, el doctor 
Castellanos hizo parte de el con la 
dignidad de Gran Tesorero, alcanzo 
mas tarde la alta distincion de Gran 
Maestre y fue uno de lcs mas cons- 
picuos y eficientes miembros de la 
benemerita Sociedad Filantropica. 



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20 



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Desaparecido el general Garzon de 
la escena politica, apenas firmada la 
paz de octubre de 1851, el Dr. Flo- 
rentino Castellanos reunia todas las 
condiciones necesarias para ser elec- 
to Presidente de la Republica en un 
gran acto de transaecion patriotica, 
pero los bajcs intereses politicos que- 
daron triunfantes sobre los supremos 
intereses de la nacion. 

Votado presidente Juan Francisco 
Giro, fue Uamado por este para con- 
fiaiie la cartera de Gobierno y Re- 
laciones Exteriores el l 9 de marzo 
de 1852. 

En ese earacter acompano al pri- 
mer magistrado en su memorable 
reccrrida por los mas extremos de- 
partamentos de la Republica, mien- 
tras interinaba su puesto el minis- 
tro de Guerra coronel Flores. 

El estado del pais exigia a los 
hombres de gobierno una inmensa 
tarea de reconstruccion y el Dr. Cas- 
tellanos se dedico a ella con inteli- 
gencia eficaz, de que son prueba 
cantidad de leyes, decretos y regla- 
mentos de su firma. 

En lo que toca a la parte politica, 
se hallo habilitado para poder decir 
en algun instante de su vida, que 
mientras permanecio en su Minis- 
terio "no se derramo una gota de 
sangre, no se derramo una lagrima 
y no hubo un solo expatriado, res- 
petados en todo momento los hom- 
bres y las instituciones". 

Se mantuvo en el gabinete hasta 
el 4 de julio de 1853, en que entro 
a sustituirlo Bemardo P. Berro, pues 



la presion de los antiguos elemen- 
tos del Cerrito exigia una rectifica- 
cion de rumbos que resultaria fu- 
nesta. 

Volvio Castellanos a su estudio ju- 
ridico sin qiie por eso abandonase 
ei servicio del pais, sea en cometi- 
dos facultativos como presidente de 
la comision encargada de estudiar y 
revisar el Codigo Civil y el de Co- 
mercio, sea en caracter de diploma- 
tico, nombrado el 26 de octubre de 
1855, con plenos poderes para redac- 
tar el tratado de Amistad, Comercio 
y Navegacion entre la Republica y 
la Gran Bretana, junto con el Mi- 
nistro de S. M. Eduardo Thorton. 

En noviembre de 1855, en medio 
de la terrible crisis de gobierno que 
planteaba la nueva revolucion de los 
conservadores, el presidente del Se- 
nado en ejercicio del Poder Ejecu- 
tivo, Manuel Basilio Bustamante, lo 
designo Ministro general por decre- 
to del dia 25, y el acepto a titulo 
provisorio y por el tiempo necesario 
para sortear las graves dificultades 
de la hora. Inmediatamente, los 
"ciudadanos en armas" declararon 
que considerando al Ministerio ge- 
neral del Dr. Castellanos como sufi- 
ciente garantia, lo aceptaban como 
solucion de la crisis. El 27 quedo 
concertado un acuerdo entre el Mi- 
nistro y Jose Maria Munoz, jefe de 
la ciudadam'a rebelada. 

Al dia siguiente el Poder Ejecu- 
tivo tiraba un decreto por el cual, 
"atento lo expuesto por el Ministro 
general al recibirse de ese cargo, ce- 



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saba el Dr. Castellanos en ese des- 
tino" y procedia a la reorganizacion 
del gabinete. 

Electo senador por Durazno en 
1857, presidio el alto cuerpo mante- 
niendose el hombre ponderado y sen- 
sato de siempre, principista y cultor 
fervoroso de la ley, reguladora su- 
prema en la politica como Dios en 
las religiones — conforme a sus pro- 
pias palabras — y que "en el campo 
de la lucha crvica no conocia ene- 
migos sino contradictores". 

En la administracion de Bernar- 
do Berro tuvo oportunidad de des- 
empenar dos nuevas misiones diplo- 
maticas, ambas confidenciales, des- 
arrolladas en la Republica Argenti- 
na. La primera en 1862 ante el go- 
bierno del general Mitre a fin de 
que cesara un peligroso estado de ii- 
rantez reinante entre ambos paises. 
La segunda en el mismo afio, enca- 
minada a dar solucion al conflicto 
eclesiastico culminado con el destie- 
rro del Vicario Apostolico Jacinto 
Vera, que habia decretado el pre- 
sidente Berro. (Vease Jacinto Vera). 
Castellanos, que llevaba como secre- 
tario al Dr. Jose Vazquez Sagastu- 
me, consiguio arribar a un acuerdo 
con el delegado de la Santa Sede, 
Monsenor Marini. 

En 1864, durante el movimiento 
revolucionario que conmovia la Re- 
publica desde 1863, habiendo media- 
do entre los beligerantes los minis- 
trcs extranjeros Thorton, ingles, Sa- 
raiva, brasilefio y el canciller argen- 
tino, estos pasaron al campo revolu- 



cionario del general Flores acompa- 
nados del Dr. Florentino Castellanos 
y de Andres Lamas, que represen- 
taban al gobiemo. 

XJn poco mas tarde, en otra ten- 
tativa de pacificacion iniciada por el 
diplomatico italiano Ulises Barbola- 
ni, Castellanos fue el candidato pro- 
puesto para entrar en el ministerio 
a constituirse, como garantia politi- 
ca aceptada por ambos contendores. 

Eran casi los ultimos servicios que 
rendiria a su pais el ilustre ciuda- 
dano, pues la muerte vino a alcan- 
zarlo el 24 de setiembre de 1866. 



CASTELLANOS, JOSE MARIA 

Ministro y hombre politico, naci- 
do en Montevideo el 10 de junio 
de 1840. 

Ciudadano que no totalizo un tri- 
mestre en el gabinete del'presidente 
Herrera y Obes, apenas estuvo unos 
meses en el Consejo de Estado insti- 
tuido por el dictador Juan L. Cues- 
tas y que no llego a ingresar al par- 
lamento en la ocasion en que fue 
electo, gozo sin embargo ante la opi- 
nion y en el partido en que militaba 
desde joven, de una particular situa- 
cion de prestancia. 

Seguia estudios de derecho cuan- 
do al triunfar en 1865 la revolucion 
colorada que encabezo el general 
Flores, tuvo su primer cargo publico 
en la Colecturia de la Aduana. 

Licenciado en jurisprudencia en 
1866, el Tribunal lo nombro Juez de 



C .A. S 



CAS 



Comercio de la 1 ? Seccion en acuer- 
do de marzo del afio siguiente. 

- Votado representante por Salto 
para la 10 ? legislatura en 1870, no 
ingreso a la camara, pues su diplo- 
ma fue invalidado. Suplente convo- 
vocado para la legislatura siguiente, 
en 1874, tampoco ingreso y por esos 
afios tenia afiliacion en el Partido 
Radical, en cuya prensa colaboraba. 

. Rico por herencia y duefio de un 
acreditado estudio juridico, el doctor 
Castellanos fue por un periodo Con- 
sul de Chile en nuestro pais, para lo 
cual el cuerpo legislativo le habia 
otorgado la correspondiente venia en 
1888. 

Aunada su retraccion de la poli- 
tica a un caracter que llegaba a ser 
dificil y la independencia de una po- 
sicion economica que le permitia 
adoptar actitudes personales, la re- 
solucion del Presidente de la Repu- 
blica Dr. Julio Herrera y Obes, lla- 
mandolo a ocupar un puesto en el 
gabinete el 2 de marzo de 1891, fue 
muy bien recibida. 

Tocaba a Castellanos inaugurar — 
diremos asi — el Ministerio de Fo- 
mento, Secretaria de Estado que ve- 
nia de crearse el 6 de febrero con 
nuevo titulo y conforme a un nuevo 
decreto organico de las atribuciones 
de las secretarias de Estado. 

La expectativa que origino el ncm- 
bramiento desvaneciose, cuando ape- 
nas transcurridos dos meses de la- 
bor, el ministro dimitio el 8 de ma- 
yo, sin que se expresara en la re- 
nuncia de modo concreto los motivos 
que pudieran explicar esa actitud. 



Reintegrado a su estudio y a sus 
estancias, la dictadura de Cuestas 
vino a buscarlo incluyendolo como 
miembro vigesimo tercero en la lista 
de ciudadanos colorados que entra- 
ban a formar parte de un Consejo 
de Estado que debia actuar en fun- 
ciones de Asamblea Legislativa. Per- 
suadido, sin embargo, el Dr. Caste- 
llanos, a poco andar, que las funcio- 
nes del Consejo no pasaban de ser 
puramente ncminales y decorativas, 
elevo la renuncia fundamentada y 
clara, que correspondia a un ciuda- 
dano a quien no ataban ni ambicio- 
nes ni compromisos subalternos. Se- 
mejante actitud ante el tacito con- 
venio de parcialidades y hombres 
politicos, de no contradecir ni exci- 
tar al dictador a pretexto de que era 
hombre de muy mal genio a quien 
debia contemplarse en cualquier 
caso, produjo una impresion desusa- 
da. Y mientras el Consejo aceptaba 
la renuncia sin decir palabra, Cues- 
tas, desde las columnas de "La Na- 
cion" en que escribia, reedito contra 
el consejero dimitente procacidades 
semejantes a las que le habia pro- 
digado el presidente Maximo Santos 
a raiz de una incidencia ocurrida en- 
tre ambos en 1885. Lo acuso ademas 
de haber sido uno de los primeros 
que le sugirieran el plan de procla- 
marse dictador y de haber pasado la 
vida a la sombra de un pabellon 
extranjero, alusion a los anos en que 
habia sido consul chileno. 

Liquidado este episodio y no pre- 
cisamente en perjuicio de Castella- 
nx;s, este no volvio a f igurar en la 



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CAS 



vida publica, donde por lo demas su 
actuacion mmima no justifico las es- 
peranzas que en el se pudieron ei- 
frar como hombre de gobierno, vi- 
niendo a fallecer en la capital el 
1<? de febrero de 1919. 

CASTELLANOS, REMIGIO Boni- 
facio 

Funcionario, diputado y hombre 
politico. Hijo del Dr. Florentino Cas- 
tellanos y de Valentina Illa, nacio 
en Montevideo el 4 de junio de 1837. 

Afiliado desde joven al Partido 
Blanco, figuro entre los soldados 
ciudadanos que acompanaron al 
caudillo revolucionario coronel Ti- 
moteo Aparicio en la revolucion 
principiada en 1870. 

Despues de la derrota de los su- 
yos en Manantiales el 17 de julio 
de 1871, consiguio Uegar al puerto 
de Eosario con un grupo de compa- 
fieros, y alk' embarcaron en dos ba- 
Ueneras con intencion de alcanzar la 
costa argentina. Naufragaron en el 
trayecto y gracias a una balandra 
que les presto socorro, pudieron lle- 
gar a Montevideo y atracar al cos- 
tado de la fragata espanola de gue- 
rra "Blanca", donde se ampararon, 
pasando luego al vapor que los con- 
dujo a Buenos Aires. 

Besignado Jefe Politico de San 
Jose por el presidente Gomensoro, 
a raiz de la celebracion del pacto 
de paz del 6 de abril de 1872, fue 
un excelente funcionario, cuyajme- 
moria se conservo en la capital ma- 



ragata y donde existe para perma- 
nente recordacion de su paso por la 
Jefatura, el monumento conmemo- 
rativo de la paz, graciosa piramide 
levantada en una plaza piiblica, por 
su iniciativa. 

Confirmado en su cargo por el 
presidente Ellauri en 1873, cuando 
tuvo noticia de que los jefes mili- 
tares de la guarnicion de Montevi- 
deo habian depuesto a las autorida- 
des constitucionales el 15 de enero 
del 75, reunio las policias a su man- 
do para hallarse en condiciones, 
llegado el caso, de defender la 
legalidad, conforme lo hicieron sus 
eorreligionarios el Jefe Politico de 
Canelones, Angel Mendez, y el de 
Florida, Antolfn Urioste, y se pu- 
so inmediatamente a ordenes del 
coronel Timoteo Aparicio, jefe mi- 
litar del Partido. 

Pero el caudillo analfabeto, mal 
aconsejado y bajo la sugestion de 
los politicos ambiciosos y desapren- 
sivos que por lo corriente supieron 
rodearlo, acepto, casi en seguida y 
antes de recibir contestacion defini- 
tiva del depuesto presidente Ellauri, 
entrar en negociaciones con el go- 
bierno usurpador de Pedro Varela. 
De estos tratos vino a resultar el 
llamado convenio de Florida, suscri- 
to el 19 de enero, segun el cual "vis- 
ta la renuncia implicita (sic)' del 
Presidente" y "a fin de que se man- 
tuvieran firmes y efectivas las ga- 
rantias de la Paz de Abril", se re- 
conocia y se acataba el gobiemo de 
fuerza de Montevideo. 

Esta declaracion y el subsiguienr 



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CAS 



C A S 



te apoyo al regimen de facto, le 
valio a Aparicio el grado de gene- 
ral y se tiene por verdad que cier- 
tos personajes civiles de su consejo 
fntimo, obtuvieron ventajas que no 
podian consistir, precisamente, en 
galones. 

El sentido ostensible del pacto que 
Castelianos firmo junto con los de- 
legados blancos, era dejar a salvo 
y garantizadas por la autoridad de 
Pedro Varela las clausulas y ven- 
tajas de la Paz de Abril. 

En tal concepto, Castellanos no 
solo se abstuvo de colaborar con el 
gobierno usurpador sino que, en la 
primavera del mismo Afio Terrible 
— 1875 — presto su apoyo a la reac- 
cion armada que se conoce con el 
nombre de Revolucion Tricolor, sir- 
viendo al lado del coronel Angel 
Muniz. 

Erigido el coronel Lorenzo Lato- 
rre en dictador de la Republica, un 
considerabie grupo de hombres del 
Partido Blanco, creyendo que era 
necesario salvar a la nacion de caer 
en el abismo de anarquia y banea- 
rrota hacia donde marchaba, adhi- 
rio al regirnen de fuerza de aquel 
militar, traidor a sus amigos, que 
por otro lado se declaraba gober- 
nante al margen del Partido Colo- 
rado. 

Incluido en el grupo colaboracio- 
nista, Castellanos acepto el nom- 
bramiento de Administrador de Co- 
rreos que se le conferia por decre- 
to de 21 de mayo de 1877. Llevaba, 
al hacerse cargo de su destino, carta 



blanca dada por Latorre, para ha- 
cer todas las modificaciones y re- 
mociones que tuviera por conve- 
nientes. 

Por termino superior a tres afios 
estuvo Castellanos al frente de la 
reparticion postal, a la cual comen- 
zo por cambiar el nombre para de- 
nominaria Direccion General de Co- 
rreos, de acuerdo con un decreto 
organico que mejoraba el instituto, 
hecho sobre el modelo del que regia 
en los correos belgas. Porcion de 
servicios nuevos fueron establecidos, 
tales como las tarjetas y los giros 
postales, los buzones urbanos, las 
estafetas ambulantes, el estableci- 
miento de cerca de 200 agencias dis- 
tribuidas en todo el pais y por ulti- 
mo, la adhesion de la Repiiblica a 
la Union Postal Universal con asien- 
to en Berna, cuya consecuencia in- 
mediata fue una notable reduccion 
de las tarifas. 

Mal visto por el gobierno de Vi- 
dal, que sucedio al de Latorre cuan- 
do este tuvo que huir del pais, las 
hostilidades principiaron contra Cas- 
tellanos. Atacado desde las coluni- 
nas de "La Nacion" en setiembre 
del afio 1880, a esta campana siguio 
la suspension provisional, decretada 
de oficio, que era la antesala del ce- 
se. EI 8 de enero del ano siguiente, 
Juan Penalva estaba nombrado en 
lugar suyo. 

Diputado nacionalista a la 16?- le- 
gislatura en 1888, dio su voto al 
Dr. Julio Herrera y Obes en la elec- 
cion presidencial de 1890 y este lo 



— 310 — 



CAS 



CAS 



hizo Jefe Politico y de, Policia del 
departamento de Flores, el 1° de 
abril de 1891. 

Repetidas veces miembro del Di- 
rectorio de su partido, dentro del 
cual llego a ser una de las figuras 
consulares y un ciudadano merece- 
dor del respeto de sus adversarios 
politicos, la muerte lo vino a sor- 
prender en Montevideo el 16 de oc- 
tubre de 1915. 



CASTILLO, ROMUALDO 

Oficial del ejercito, asesinado en 
Paysandu, como acto previo al cuar- 
telazo que en Montevideo debia dar 
por tierra con el gobierno del doctor 
Ellauri, el 15 de enero de 1875. 

Romualdo Castillo habia nacido 
en Durazno el 7 de febrero de 1839 
y comenzo a servir en las filas de 
la revolucion colorada encabezada 
por el general Flores en 1863. Al 
final de la guerra era teniente 1 ? . 

Fue despues a la campana del Pa- 
raguay sirviendo en el escuadron es- 
colta, asistio a la batalla de Yatay 
en la provincia de Corrientes y par- 
ticipo en las duras luchas en terri- 
torio enemigo sirviendo entonces en 
el batallon "Voluntarios Indepen- 
dientes" donde se le promovio a ca- 
pitan el 8 de julio de 1866. De re- 
greso a Montevideo en octubre del 
mismo ano juntamente con el gene- 
ral Flores, en los sucesos del 19 de 
febrero de 1868 tuvo una destacada 
actuacion, que le valio mas tarde, el 



15 de noviembre de 1870, el ascenso 
a sargento mayor con la antigiiedad 
de aquella fecha. 

Cuando el coronei blanco Timo- 
teo Aparicio se levanto en armas 
contra el presidente, general Batlle, 
sirvio al gobierno constitucional y a 
su partido. En la batalla de Corra- 
lito, fue uno de los oficiales que 
abandono el ejercito cuando se die- 
ron cuenta de las actitudes poco cla- 
ras del general Francisco Caraballo, 
que lo mandaba. 

Jefe de la columna del centro en 
la salida de la Union, estuvo tam- 
bien en la sangrienta jornada del 
Sauce. 

Ascendido a teniente coronel el 9 
de febrero de 1872, se le hizo jefe 
del batallon urbano de Montevideo 
el 7 de octubre de 1873 y el 26 del 
mismo mes del ano siguiente, el go- 
bierno de Ellauri confiole ia jefatu- 
ra del 2° de Cazadores, cuerpo des- 
tacado entonces en Paysandii. 

El batallon resentiase de falta de 
organizacion y Castillo, como militar 
de orden que era, trato en seguida 
de restablecer la disciplina, maxime 
cuando ya se hablaba de un plan 
subversivo contra la situacion. 

El teniente coronel Castillo era un 
militar perscnalmente amigo del 
presidente Ellauri, adicto al gobier- 
no constitucional y sobre todo muy 
energico. Los conspiradores vieron 
en tales condiciones un obstaculo 
gravisimo para sus planes y un ele- 
mento capacitado para ser el nucleo 
de reaccion en campafia, mismo que 



— 311 — 



CAS 



sus siniestros proyeetos alcanzaran 
a tener exito en la capital. De afcu la 
resolueion de eliminarlo aunque fue- 
ra por medio de un crimen. 

Un dia, el 2 de diciembre del 74, 
que era el sefialado para el golpe, 
la noticia de la muerte del coman- 
dante Castillo corrio de noche por 
las calles y los teatros, descontan- 
dose la certeza de lo que debia ha- 
berse realizado a cien leguas de dis- 
tancia . . . 

Si el rumor no tuvo confirmacion, 
porque circunstancias de momento 
debieron obstar el crimen, ese mis- 
mo rumor es la prueba acabada de 
que el asesinato estaba dispuesto y 
se esperaba. 

Por fin se dio el golpe el 11 de 
diciembre a las 9 y 30 de la noche. 

Elteniente coronel Castillo, aban- 
donando su cuartel sin ninguna ar- 
ma — ni siquiera espada — se enca- 
mino hacia su casa particular, dis- 
tante una cuadra. A una senal, dada 
a lo que parece por una mujer, tres 
o cuatro sicarios elegidos y previa- 
mente apostados, salieronle al en- 
cuentro. Castillo se defendio a brazo 
partido, pero recibid nueve heridas 
de arma blanca, entre las cuales dos 
terribles por la espalda — de daga — 
y dos igualmente mortales en el cos- 
tado izquierdo. Solo pudo andar unos 
cuantos pasos y Uegar a la puerta 
de su domicilio, para expirar entre 
los brazos de su joven esposa, dofia 
Laura Viera, que en ese momento 
saMa a la calle atraida por los gritos. 

Aprehendidos como sospechosos 
dos o tres clases o soldados del ba- 



tallon, se tuvieron por no ajenos al 
suceso a elementos de mas entidad 
del propio cuerpo, aunque las pes- 
quisas quedaron pronto interrumpi- 
das. Algunos presos fueron conduci- 
dos a la capital, pero consumado el 
15 de enero el golpe final, apenas 
corrido un mes del asesinato, era 
excusado hablar de justicia ni soli- 
citarsela a los autores del crimen. 

Los restos del comandante Casti- 
llo, trasladados mas tarde a Monte- 
video, recibieron sepultura en la 
Iglesia del Eeducto, donde todavia 
reposan, seiialados con una sencilla 
lapida de marmol blanco. 



CASTRO, CARLOS Benito Tomas de 

Ministro de Estado, diplomatico y 
hombre politico. De este ciudadano, 
que vio la primera luz en Monte- 
video el 21 de marzo de 1835, pue- 
de decirse que ninguno' de los altos 
destinos de la Republica — si sa 
exceptiia la primera magistratura — 
le fue negado. 

De origen espafiol por su padre, 
Agustin de Castro, semi-arruinada la 
familia que habia gozado de posi- 
cion, fue enviado a educarse. a Ita- 
lia en 1842, en comparha de otros 
hermanos, por el segundo esposo de 
la madre, Cayetano Gavazzo. 

Permanecio dieciseis anos en Ge- 
nova donde hizo estudios prepara- 
torios y los superiores, para ser lau- 
reado en ambos derechos y obtener 
el titulo de doctor en jurisprudencia 
el 21 de junio de 1859. Vuelto al 



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pais ese mismo ano, el Dr. Eduardo 
Acevedo, siendo Ministro de Gobier- 
no de BeiTO en 1860, se intereso por 
el nombrandolo para regentear el 
aula de economia politica que venia 
a crearse en la Universidad, donde 
asimismo dicto las catedras de de- 
recho constitucional y administra- 
tivo. 

Juez en lo Civil de la 2 ? seceion 
el 8 de marzo de 1861, renuncio el 
cargo el 24 de febrero del 62, con- 
forme hizo luego con sus catedras, 
para atender solamente su estudio. 
Fruto de su paso por la Facultad, 
es el libro impreso en 1864 donde 
se contienen las lecciones dictadas en 
el curso de economia politica. 

Emigrado en 1863 cuando ya la 
revolucion colorada del general Flo- 
res conmovia el pais, secundo el mo- 
vimiento en las juntas de guerra de 
Buenos Aires y al triunfo de sus 
correligionarios en el 65, Flores dic- 
tador le confio la cartera de Rela- 
ciones Exteriores el 24 de febrero. 
Su pasaje por la cancilleria se re- 
cuerda por el ajuste del tratado 
con Argentina y Brasil para llevar 
la guerra al gobierno del Paraguay 
y la anulacion del convenio por el 
cual el gcbierno de Berro arrenda- 
ba al de Italia para destinos mili- 
tares la isla Libertad, dentro de la 
bahia de Montevideo, que termino 
ruidosamente. El primer ministro in- 
gles Lord Eussel, cometiendo una 
infidencia sin nombre, leyo en la 
Camara de los Comunes la copia 
del tratado secreto de la Triple 
Alianza, que el Dr. Castro, en un 



momento de caballeresca debilidad, 
habia hecho ccnocer al representan- 
te de S. M. B. en Montevideo, H. G. 
Lettson, previo otorgamiento de su 
palabra de honor de absoluta y tc- 
tal reserva. La publicacion del do- 
cumento en un diario paraguayofilo 
de Buenos Aires causo el efecto de 
una bomba y el canciller hizo in- 
mediata renuncia el 15 de mayo del 
66, explicando su actitud — dificil de 
disculpar por otra parte — en una 
carta dignisima escrita "al noble 
Lord". 

Restablecida la norma constitucio- 
nal, represento en el senado al de- 
partarnento de Paysandu los afios 
1869 - 72, y electo diputado por Mon- 
tevideo en las camaras del 75, re- 
nuncio su banca cuando la Asam- 
blea General lo voto para Mi- 
nistro del Tribunal de Justicia -el 7 
de febrero de 1874. Mantiivose en el 
cargo durante la dictadura del co- 
ronel Latorre y en el se le confirmo 
posteriormente cuando el regimen 
legal estuvo de nuevo en vigencia 
el 14 de febrero de 1879. 

Un conflicto surgido entre los al- 
tos Poderes Ejecutivo y Judicial, tra- 
jo como consecuencia la dimision co- 
lectiva del Tribunal Supremo — ex- 
ceptuando al camarista Lindoro For- 
teza — el 6 de octubre del >S2. Acep- 
tadas las renuncias y sustituidos los 
magistrados, el presidente Santos, 
luego de celebrar con el una larga 
conferencia, llamo al Dr. Carlos de 
Castro para ofrecerle el Ministerio 
de Gobierno el 18 de octubre. 

Hizo en el gabinete obra intensa 



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con plena orientacion liberal, acor- 
dada a sus ideas. En los afios de es- 
tudiante en Italia se habia vinculado 
a la causa del Resurgimiento y a las 
logias masonicas y fue durante mu- 
cho tiempo Gran Maestre y una de 
las figuras de la Masoneria Uru- 
guaya. 

Miembro de distintas comisiones 
redactoras o revisoras de Codigos, fi- 
guro asimismo entre lcs miembros 
de la mision especial encargada de 
restituir al Paraguay, en 1355, los 
trofeos tomados por nuestros solda- 
dos en la guerra de la Triple Alianza. 

Hombre de ilustracion vasta, con 
alma de gran sefior, su casa, por lar- 
gos anos, se considero un centro de 
cultura rioplatense. 

Al dejar el Ministerio de Gobier- 
no, ingreso al senado electo por el 
departamento de Montevideo, pasan- 
do en 1891 a ocupar una banca de 
representante por la misma jurisdic- 
cion. 

En el gobierno de Idiarte Borda 
fue a Kio de Janeiro en calidad de 
Ministro Plenipotenciario, conforme 
al decreto de 10 de enero de 1895, 
regresando a la Eepublica en 1897 
para incorporarse al senado, nueva- 
mehte electo. Desempenando este 
mandato lo hallaron los aconteci- 
mientos politicos de 1897. Resistente 
a votar a Juan L. Cuestas para presi- 
dente efectivo de la Republica, fue 
despojado de su investidura parla- 
mentaria junto con la mayoria de la 
Asamblea por el golpe de Estado del 
10 de febrero de 1898, siendo de este 
periodo de lucha una notable carta 



politica que dirigio a Cuestas. Opo- 
sitor al regimen surgido despu^s, re- 
cien tuvo ocasion de volver a la re- 
presentacion nacional como diputa- 
do por la capital, el ano 1892, en la 
21 ? legislatura. 

Finalizado este mandato que fue 
el ultimo que le confirio la ciuda- 
dania, el Dr. Castro, a quien morti- 
ficaban viejos achaques, paso el resto 
de su vida sn su magnifica quinta 
de Paso del Molino, muy quebran- 
tada la gran fortuna de que habia 
sido duefio, y dejo de existir en ese 
retiro el 28 de octubre de 1911. 



CASTRO, ENRIQUE 

Militar de gran actuacion en el 
escenario del Rio de la Plata, lar- 
gamente nombrado en nuestros ana- 
les y que alcanzd la jerarquia de bri- 
gadier general. 

Nacido en Pintado, Florida, el 15 
de julio de 1817, hijo de Mateo Cas- 
tro, que habia prestado servicios a 
la causa de la Patria, hizo carrera 
de armas conforme lo hicieron tam- 
bien seis de sus hermanos. 

Alistado voluntario entre los sol- 
dados de la revolucion riverista el 
ano 1836, presto servicios en las mi- 
licias de San Jose a las ordenes de 
Bernabe Magarinos. Alferez de Guar- 
dias Nacionales cuando los suyos ob- 
tuvieron el triunfo, tomo parte en 
la campaiia contra el general argen- 
tino Pascual Echagiie, invasor de la 
Republica en 1839. Teniente 2? en 
marzo de 1843, paso a operar en la 



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zona Este a las ordenes del general 
Felix Eduardo Aguiar, siendo grave- 
mente herido. Mas tarde, en la mis- 
ma region, tuvo por jefes a los co- 
roneles Fortunato Silva y Venancio 
Flores y llego a ser ayudante mayor 
en marzo de 1844. 

Atravesado de un lanzaso que le 
entro por la espalda en un encuen- 
tro aislado con fuerzas oribistas en 
diciembre de 1845, cuando tenia ga- 
lones de capitan, un amigo y conte- 
rraneo, Timoteo Aparicio, que servia 
entre los contrarios, oficial igual que 
Castro, le salvo la vida. Prisionero 
en la division que comandabl el ge- 
neral entrerriano Justo Jose de Ur- 
quiza, se le hizo marchar rumbo al 
norte hasta que vadeado el Uruguay 
por arriba de Salto Grande, vino a 
encontrarse en territorio argentino. 
Desde entonces tuvo que tomar ser- 
vicio con Urquiza — a quien le de- 
bia la existencia — pues dada la bar- 
barie imperante en los ejercitos ro- 
sistas, el destino de los prisionercs 
estaba sellado. 

Bajo el mando del capitan gene- 
ral hizo la campafia de Corrientes y 
por su buena actuacion se le confi- 
rieron los despachos de sargento ma- 
yor argentino. 

Cuando Urquiza, sublevado contra 
el tirano de Buencs Aires, vino con 
sus ejercitos a destruir los de Oribe 
sitiador de Montevideo, en 1851, 
Castro vplvid a la patria con ellos 
comandando un escuadron de caba- 
lleria y una vez logrado el proposito 
del gobernador entrerriano, continuo 
a sus ordenes en la campana que fi- 



nalizo ccn el triunfo de Caseros, el 
3 de febrero de 1852. 

En las luchas subsiguientes entre 
Urquiza y Buencs Aires mantuvose 
fiel a su protector, combatiendo por 
el en las campafias de Cepeda y de 
Pavon, y siendo promovido a coro- 
nel de caballeria el 12 de diciembre 
de 1861. 

El general uruguayo Venancio Flo- 
res, que en estas contiendas tenia 
peleado a favor de Buencs Aires en 
el ejercito de Mitre, y que en 1863 
se preparaba a invadir nuestro pais 
en son de guerra, solicito la coope- 
racion de Enrique Castro, su anti- 
guo oficial en la Guerra Grande y 
Castro, como es de suponerse, estu- 
vo a sus ordenes, no obstante los 
empenos de Urquiza para retenerlo 
a su lado pues no simpatizaba con 
la empresa de Flores; antes bien, 
favorecia al gobierno de Montevideo, 
proporcionandole elementos belicos 
y mas adelante hasta divisiones ar- 
madas. 

El jefe revolucionario habia hecho 
una verdadera adquisicion" al ganar- 
se a Castro, cuyo prestigio le permi- 
tio reunir un contingente de mas o 
menos 250 hombres equipados a su 
propia costa, con los cuales vadeo el 
Uruguay por San Gregorio, depar- 
tamento de Saito, el 25 de setiembre 
de 1863, yendo a incorporarse casi 
en seguida al general Flores, en 
campana desde el 19 de abril. 

Castro, que se distinguia por la 
rapidez de sus movimientos, fue 
nombrado jefe de Estado Mayor y 
jefe de las fuerzas al Norte del Ri'o 



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Negro cuando la revolucion pudo 
ccntar con mas de un ejercito y con- 
tribuyd a rnuchos sucesos favorables 
en el complejo desarrollo de las ope- 
raciones, experimentando asimismo 
un serio contraste en la Horqueta 
de Don Esteban, donde su antiguo 
amigo, el comandante Timoteo Apa- 
ricio, le hizo perder varios buenos 
oficiales el 15 de octubre del 64. 

Triunfante la revolucion en 1865, 
Enrique Castro se vio nombrado Jefe 
Politico del Salto el 4 de marzo. 

Ascendido a coronel mayor (gene- 
ral en el escalafon antiguo) el 19 de 
mayo, marcho seguidamente al ejer- 
cito de operaciones contra el Para- 
guay. Desde Yatay, primera batalla 
de la guerra ganada por los aliados 
en territorio de Corrientes el 17 de 
agosto de 1865, hasta acampar en Ce- 
rro Leon a fines del 69 — promovido 
a brigadier general el 24 de noviem- 
bre de 1868 — Castro tuvo continua 
y sobresaliente participacion en la 
dura campana y a contar de octubre 
del 66 — cuando el general Flores 
vino a Montevideo — actuo como ge- 
neral en jefe de las tropas naciona- 
les, para saber desempenarse en 
igual plano que los mas considera- 
dos jefes de la alianza, valeroso en 
el campo, discreto en el consejo y 
oportuno en todo. 

Eesuelto el regreso de nuestra Di- 
vision por virtual termino de la gue- 
rra, Castro retorno a la patria con 
los escasos 150 hombres que consti- 
tituian el giorioso resto de nuestro 
denodado contingente, el 29 de di- 
ciembre de 1869. 



Poco tiempo tendria para descan- 
sar de las fatigas de 4 afios; el 5 
de marzo del 70, el coronel blanco 
Timoteo Aparicio, viniendo de la Re- 
publica Argentina enarbolo bandera 
revolucionaria y el 18 del mismo 
mes el presidente Batlle designaba 
al general Enrique Castro Coman- 
dante General en Campana. 

Sirvio al gobierno con lealtad, 
puestos los ojos en el triunfo contra 
el enemigo comun, cuando militares 
de su graduacion y categoria se pre- 
ocupaban al mismo tiempo de cues- 
tiones de politica, ambiciosos ellos 
rnismos o instrumentos de ambicio- 
nes ajenas. Asi se explica, por ejem- 
plo, que ccmbatiera en Severino a 
ordenes de un jefe de su izquierda, 
pasando por alto detalles jerarqui- 
cos. Nombrado general en jefe de los 
ejercitos gubernistas por dimision 
del general J. G. Suarez, gano sobre 
los revolucionarios la brillante vic- 
toria de Manantiales, el 17 de julio 
de 1871. 

En los acontecimientcs que sub- 
siguieron al motin militar del 15 de 
enero de 1875, la actuacion del ge- 
neral Castro no estuvo a la altura 
de sus saneados prestigios, pues ata- 
do a hombres de la nueva situacion 
por compromisos anteriores y bajo 
la sugestion de las divisas tradicio- 
nales, acepto el cargo de comandan- 
te general al sur del Rio Negro, el 
mismo dia del motin, cargo que se 
le volvio a confiar con fecha 10 de 
setiembre. Pero ni a el ni a general 
alguno de los viejos, blancos o colo- 
rados. le fue dado hacer cosa vale- 



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dera contra lcs revolucionarios de 
la Reaccion Nacional, porque el Mi- 
nistro de la Guerra, coronel Lorenzo 
Latorre, declarando por decreto de 4 
de noviembre que la mision de los 
ejercitos en campaiia estaba conclui- 
da, tomo a su cargo la direccion de 
las operaciones y pudo aplastar con 
movimientos rapidos de sus solda- 
dos de linea, bien armados y supe- 
riores en niimero, al ejercito ciuda- 
dano. 

Desde ese momento Castro deja de 
figurar como soldado y recien el afio 
84. de acuerdo con los preceptos de 
una nueva ley, se le confirio el 22 
de julio, por el gobierno de Santos, 
el grado de teniente general, la mas 
alta jerarquia en la milicia. 

El comite de guerra que en 1886 
preparaba en la Republica Argenti- 
na un movimiento armado que pu- 
siera termino a una situacion poll- 
tica indigna de la Republica, em- 
pefiado en eliminar el obstaculo al 
parecer insoluble del jefe militar, 
que encabezai'ia la revolucion, creyo 
hallar la formula confiandola con- 
juntamente y bajo ciertas reglas a 
dos generales de distinta" opinion, 
Enrique Castro, colorado y Jose Mi- 
guel Arredondo, blanco. Y asi. se 
pacto en las bases de la Carta Or- ■ 
ganica de la revolucion, suscrito en 
Euenos Aires el 27 de enero de 1886. 

Era una solucion de eiriergencia 
conforme lo era asimismo la cons- 
titucion del triunvirato de gobierno 
que formarian los generales Lorenzo 
Batlle, Castro y Arredondo, la cual 
si bien podia encerrar problemas de 



futuro daba una pauta para los dias 
iniciales de la campana. 

Pero la derrota ccmpleta sufrida 
por el ejercito revolucionario en los 
Palmares del Quebracho, Paysandii, 
a los dos dias de pasar el rio Uru- 
guay, el 30|31 de marzo de 1886, con- 
cluyo en un instante con planes y 
con esperanzas patrioticas. 

El general Castro, lo mismo que 
Arredondo, consiguio escapar a du- 
ras penas de la persecucion y pa- 
sar las fronteras. El primero de ellos 
piso tierra argentina el 2 de abril; 
el segundo cruzo la linea del Brasil. 

El capitulo de las responsabiUda- 
des que sigue siempre a los fraca- 
sos se vio abierto al punto, pero el 
buen nombre de Castro pudo salir 
ileso. 

Los cambios politicos de diciembre 
de 1886 permitieron al veterano gue- 
rrero, cuya salud estaba seriamente 
quebrantada, regresar a Montevideo 
— -reincorporado al ejercito el 9 de 
noviembre — y vivir en paz hasta el 
16 de setiembre de 1888, fecha en 
que terminaron sus dias. 



CASTRO, FORTUNATO 

Jefe militar, muerto en servicio de 
la Patria en la guerra del Paraguay. 
Despues de haber hecho toda la 
campana de 1863-65 en las filas flo- 
ristas como ayudante de ordenes del 
general Francisco Caraballo, que de- 
positaba en Castro una gran con- 
fianza, recibio encargo de aunar ele- 
mentos para un cuerpo de infante- 



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ria de nueva creacion, que se desti- 
naria al ejercito de operaciones con- 
tra el gobierno paraguayo. 

Su entusiasmo y el prestigio que 
disfrutaba entre los elementos mi- 
litares, facilitaron de modo particu- 
lar la pronta formacion del batallon, 
que tuvo por nombre "Voluntarios 
de la Libertad". 

Nacido en 1843, solo contaba 23 
anos cuando perdio la vida en la 
sangrienta jornada del 24 de mayo 
de 1866, en que la unidad de que 
era ayudante mayor quedd diezma- 
da y muerto en el campo su propio 
jefe, el comandante Marcelino Cas- 
tro. 

Sus restos mortales, juntamente 
con los de otros conmilitones sacri- 
ficados en la propia guerra, fueron 
devueltos al pais y depcsitados en el 
Panteon de los Servidores de la Pa- 
tria, con los debidos honores, el 19 
de enero de 1867. 



CASTRO, GREGORIO 

Jefe militar de larga foja, gene- 
ral de division y Ministro de Gue- 
rra y Marina. Hijo de Gregorio Ma- 
teo Castro, era nacido en el Paso de 
las Piedras de Dayman, a pocos ki- 
lometros del pueblo del Salto, el 28 
de noviembre de 1819. 

Despues de desempenarse en fun- 
ciones de indole rural se hizo sol- 
dado el ano 38, sirviendo en la ca- 
balleria del ejercito revolucionario 
que acaudillaba en campana el ge- 
neral Fructuoso Rivera contra la ad- 



ministracion constitucional de Oribe. 
No logro Castro mucho adelanto en 
filas, si se tiene en cuenta que sola- 
mente alcanza a porta estandarte en 
enero del 43, promovido de la cate- 
goria de clase — sargento de briga- 
da — obtenida el 15 de julio del ano 
anterior, sirviendo en el Regimiento 
de Libertos. No obstante, habia he- 
cho la campana contra Echagiie y 
formo en la invasion del ejercito 
nacional a Entre Rios, concluida en 
el desastre de Arroyo Grande. En 
cambio, en 1843, trocandose la suer- 
te, tuvo dos ascensos, promovido a 
teniente 2° y a teniente l 9 ; 

Despues de participar en multi- 
ples acciones aisladas en la Guerra 
Grande, en permanente hostilizaci6n 
de las fuerzas oribistas que poco a 
poco habian llegado a ser dueiias 
de los pueblos, llega a ayudante ma- 
yor en 1845 y a capitan en 1846. 

Al reajustarse el escalafon del 
ejercito luego de concluida, por la 
Paz de Octubre del 51, la contienda 
de diez anos, Gregorio Castro em- 
pieza a aparecer como sargento ma- 
yor efectivo en los cuadros de linea 
el 22 de febrero de 1852 y el 21 de 
febrero del 56 asciende a teniente co- 
ronel graduado, siempre en el arma 
de caballeria. 

En la presidencia de Pereyra se le 
confid la jefatura politica de Flori- 
da el 13 de marzo del 57, cesando en 
su desempefio el 21 de octubre si- 
guiente. 

El general Cesar Diaz lo tuvo a sus 
ordenes en la corta tentativa revo- 
lucionaria de diciembre del 57 y por 



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haberse dado la circunstancia de no 
estar Castro en el ejercito, pues des- 
empenaba una comision militar, li- 
brose de entrar en la eapitulacion 
de Quinteros, tan indigna y tragica- 
mente. violada en febrero de 1858. 
Aplastados los companeros, enderezo 
Castro con algunos hombres a sus 
ordenes, en busca del Rio Uruguay, 
peleando o esquivando diversas fuer- 
zas enemigas. Vadeado el caudaloso 
rie, los fugitivos hallaronse a salvo 
en tierra argentina donde gobernaba 
el eapitan general Justo Jose de Ur- 
quiza. Amigo de su hermano Enri- 
que y su conocido de otras epocas, 
el caudillo entrerriano protegio a 
Castro conforme solia hacerlo con lcs 
militares uruguayos que los azares 
de la guerra llevaban a su provin- 
cia, y lo puso al frente de una de sus 
estancias a fin de que la adrninis- 
trara. 

Apalabrado con el general Venan- 
cio Flores en los aprontes para la 
revolucion que este jefe colorado 
proyectaba traer al pais, desempefi6 
varias comisiones de importancia en 
Buenos Aires y el litoral del Uru- 
guay y luego de estallar el movi- 
miento, su buena amistad con mili- 
tares entrerrianos continuo siendo 
util a la causa, facilitando el pase de 
armas y hombres. Todo esto sin per- 
juicio de haber participado algunos 
meses en las operaciones de cam- 
pana, lo que le significo el ascenso 
a coronel el 19 de mayo de 1865. 
cuando los suyos triunfaron. 

En junio de este mismo afio se le 
designo Consul de la Republica en 



Concordia de Entre Rios, hasta el 2 
de diciembre siguiente, fecha en que 
paso al ejercito de operaciones con- 
tra el Paraguay, participando con 
eficacia en el servicio de remonta, 
para reintegrarse a su puesto con- 
sular en abril de 1868. 

Avecinado y bien visto en el Salto, 
su rineon natal, como jefe de orden 
que era, el presidente Batlle lo hizo 
jefe politico del departamento con 
fecha 18 de marzo de 1869, siendo 
sustituido en 1870, cuando convul- 
sionada la Republica por el coro- 
nel blanco Timoteo Aparicio, Castro 
paso a servir en el ejercito guber- 
nista que comandaba su hermano el 
generai Enrique. Alli tuvo a sus 6r- 
denes las fuerzas movilizadas de Sal- 
to y Tacuarembo, siendo una colum- 
na de su mando la que derroto en 
Chafalote al comandante Ignacio 
Mena, cuyo cuerpo quedo en el cam- 
po, y fue jefe de Estado Mayor en la 
jornada de Manantiales, victoria de 
las armas del ejercito legal. 

Adicto al gobierno surgido del mo- 
tin del 15 de enero de 1875, aunque 
no tuvo papel efectivo contra las 
fuerzas de la Reaccion Nacional, fue 
adicto igualmente a las situaciones. 
de Latorre y de Santos, y cuando en 
1886, su hermano el general Enri- 
que Castro conjuntamente con el ge- 
neral Jose Miguel Arredondo, tra- 
jeron a la Repiiblica una formidable 
revolucion, cuya mira era concluir 
con una sucesion de gobiernos inso- 
portables y anacronicos, el director 
de la guerra, teniente general Ma- 
ximo Santos, destino a Castro — he- 



— 319 — 



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C A. S 



cho general por decreto de 8 de fe- 
brero — para jefe de Estado Mayor 
del Ejercito del Norte comandado 
pcr el general Maximo Tajes. Con 
este nombramiento, a la vez que po- 
dia utilizar los servicios de un jefe 
muy conocedor de la zona de cam- 
pafia donde se esperaban las opera- 
ciones, Tajes lo tem'a a la vista, 
cuando tanto se murmuraba que el 
coronel Gregorio era un secreto sim- 
patizante de la causa revolucionaria. 
Especie que nada serio acreditaba, 
desde luego, esta creencia llego a ser 
una version animadora corriente. 

Despues de vencida la revolucion 
en la batalla de Quebracho el 31 de 
marzo del propio afio 86, Castro, pro- 
liiovido a general de division desde 
el 23 de agosto de 1890, vivia en la 
ciudad del Salto retirado de todas las 
actividades, vencido por su edad r sus 
serios achaques y sus cataratas. Na- 
da obsto, sin embargo el plan del 
presidente del senado Juan L. Cues- 
tas, de irlo a buscar a su tranquila 
casa saltena, y hacerlo — el 21 de di- 
ciembre de 1897 — el Ministro de 
Guerra y Marina que necesitaba 
para refrendar el decreto de 10 de 
febrero de 1898 que disolvia la 
Asamblea Nacional, empefiada en 
negarle sus votos para presidente 
efectivo. 

El anciano general, a quien lite- 
ralmente condujeron a Montevideo, 
pues aTa escasez de luz de sus ojos, 
se anadia; ya entonces, la escasa luz 
cerebral, firmo en barbecho y a tien- 
tas aquel historico decreto y todcs 
los que se le pusierori por delante, 



traido y llevado al despacho minis- 
terial, a las ceremonias oficiales o 
sacado a la calle cuando la suble- 
vacion militar del 4 de julio, sin ap- 
titud para dar razon concreta de sus 
hechos ni de sus acciones. Mientras 
tanto, la opinion popular, con un sen- 
timiento de lastima, descartaba de 
responsabilidad al viejo, valiente y 
buen soldado en todas aquellas ma- 
niobras de la politica. 

A los siete meses no cumplidos, el 
16 de julio del 98, Castro fue susti- 
tuido en el gabinete y paso como 
ministro al Tribunal Militar de Ape- 
laciones por decreto de 8 de agosto. 
Magistrado nominal, como cabe su- 
ponerse, permanecio alli hasta el 9 
de enero de 1904, y vino a fallecer 
en Montevideo el 6 de febrero de 
1907. 



CASTRO, JUAN J.OSE 

Ministro y funcionario publico, 
uno de lcs mas capacitados y estu- 
diosos ciudadanos que haya tenido a 
su cargo la cartera de Fomento, de- 
nominacion antigua del Ministerio 
de Obras Publicas. 

Hijo del general Enrique Castro 
y de Ana Salinas, de Mercedes, ha- 
bia nacido en Concepcion del Uru- 
guay — Repiiblica Argentina — el 25 
de noviembre de 1854, -en dias de 
emigracion de su padre. Ciudadano 
legal por la constitucion, obtuvo la 
carta ccrrespondiente en marzo de 
1887. 

Estudio en Montevideo recibien- 



- 320 — 



CAS 



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dose de agrimenscr y tuvo oeasion, 
en el ejercicio de su carrera. de co- 
nocer de cerca las necesidades del 
pais y ia posibilidad de encararlas 
con criterio realista." 

En rnomentos en que se organiza- 
ba en la Republica Argentina el mo- 
vimiento revolucionario de 1886 con- 
tra la insoportable dominacion po- 
Utica del general Santos, acompa- 
fio a su padre, el General, en cali- 
dad de Secretario, y como soldado 
del ejercito invasor haliose en la 
batalla de Quebracho el 31 de mar- 
zo del mismo afio. 

Ayudante de ordenes del jeie, fue 
Juan Jose Castro el que a indicacion 
suya levanto la bandera de parla- 
mento, mientras el General, sin que- 
rer rendirse, abandonaba el campo 
de la derrota. 

El gobierno de Tajes, con la evo- 
lucion politica que significaba, le 
permitio regresar a la Republica y 
aqui, sin haber llegado a concluir 
los cursos .de ingenieria, se contra- 
jo al estudio de prcblemas de enti- 
dad, tocantes no sdlo a las necesi- 
dades y al futuro del pais, sino a 
otros de tan vastas proyecciones In- 
temacionales como los que dicen 
con la unidad ferroviaria del conti- 
nente americano, trabajo dcs veces 
laureado en el extranjero y dado 
a la imprerita en 1392. 

Electo Presidente de la Republica 
Juan Idiarte Borda, nombrd a Cas- 
tro para Ministro de Fomento de su 
primer gabinate el 24 de marzo de 
1894. 

A ' poco de" estar en el, detuvo la 



marcha de la ley que autorizaba la 
ccnstruccion dei Puerto de Monte- 
video, por entender que no existia 
ni plan serio ni estudios cientificos 
que fuesen garantia para abordar 
una obra de tal naturaleza y maghi- 
tud y el dia en que dejo la cartera, 
el trascendental asunto, gracias a la 
labor improba del ministro, estaba 
ya en el terreno de la praciica y de 
los hechos. 

Soluciono con entero exito el com- 
plejo problema que planteaba la 
cuestion de los ferrocarriles del 
Oeste, arreglo que por sus efectos en 
Inglaterra hizo posible, mas tarde, la 
financiacion del Banco de la Repii- 
blica. 

Ea nueva es'tructura del Departa- 
mento Nacional de Ingenieros, el 
proyecto de la oficina de Catastro, 
la canalizacion de varics rios y 
arroyos que pudieron librarse a la 
navegacion y un cumulo de iniciati- 
vas y reformas que no es dado enu- 
merar aqui, pero que estan consig- 
nados en 36 volumenes impresos, 
sefialan el pasaje por el gobierno de 
este ciudadano consagrado con no- 
ble empeno a servir al pais. 

Su rectitud de caracter y su con- 
textura moral, se hallan certifica- 
das por la declaracion de Eduardo 
Acevedo Diaz, el mas enconado ene- 
migo de la situacion politica de que 
Castro formaba parte, el cual de- 
claro baio su firma que en ningun 
momento habia hecho blanco de un 
ataque al ministro Castro. 

Alejado del gobierno por los su- 
cesos que subsiguieron a la desapa- 

•1 — 



21 



CAS 



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ricion violenta del presidente Idiar- 
te Borda en agosto de 1897, volvio 
entonces a sus estudios y a sus tra- 
bajos con la dedicacion de siempre, 
hasta que la muerte lo vino a to- 
mar sorpresivamente en el Ateneo 
de Montevideo, en momentos en que 
actuaba como Secretario de la Co- 
mision Americana de la Paz, el 27 
de julio de 1900. 

Lamentando Rodo la temprana 
muerte del ex-ministro y puesto a 
comparar su carrera con la de su 
progenitor, observo con palabras 
magistrales "el admirable ejemplo 
de lo que el natural desenvolvimien- 
to del espiritu publico ha debido 
hacer y solo en parte ha hecho, en 
la actuacion sucesiva de dos gene- 
raciones, adaptandolas a las nuevas 
condiciones del ambiente: el brio 
guerrero transformado en la tenaci- 
dad del trabajador; el sentimiento 
de abnegado amor a la divisa en el 
amor al ideal mas alto, del trabajo 
y la paz; la infatigable decision de 
las campafias militares en la perse- 
verancia del estudio y el entusias- 
mo de las iniciativas de adelanto; la 
magnanimidad militar, en la virtud 
civil de la tolerancia y la benevo- 
lencia". 



CASTRO, MARCELINO Cleto 

Jefe del ejercito nacional muerto 
en la guerra del Paraguay, siendo 
teniente coronel y jefe del batallon 
"Voluntarics de la Libertad", el 24 
de mayo de 1866. 



Oficial de la Cruzada Libertadora 
en 1863 - 65, ingreso al escalafon de 
linea como capitan con grado de sar- 
gento mayor el 15 de abril de 1865 
y ascendio a teniente coronel gra- 
duado el 19 de mayo del mismo afio, 
pasando a formar parte del Ejercito 
de Operaciones contra el tirano pa- 
raguayo, Francisco Solano Lopez. 

Oficial ilustrado, se desempefio 
como corresponsal del diario "La 
Tribuna" en el teatro de operaciones, 
desde donde envio varias cartas 
interesantes. 

En el terrible combate de Tuyuti, 
el 24 de marzo de 1865, la unidad 
de su mando — igual que el batallon 
"Independencia" — quedo diezmada a 
tal punto, que fue preciso refundir 
ambas unidades en una sola. 

La muerte del comandante Castro 
y la del capitan Fortunato Castro, 
ocurridas casi simultaneamente, con- 
tribuyeron sin duda a agravar la si- 
tuacion de los Voluntarios, sobre los 
cuales — por infausto error — la pro- 
pia artilleria aliada dispard cierto 
numero de proyectiles. 

En medio de la lucha, el abande- 
rado Ferreira, herido, no pudo pa- 
sar a ningiin companero la bandera 
del cuerpo. optando entonces por en- 
terrarla en el-estero inmediato. 

Al dia siguiente el coronel Leon 
de Palleja, incapaz de aceptar resig- 
nado una perdida de esta especie, 
hizo rastrear el pantano por los sol- 
dados de su batallon "Florida" bus- 
cando — inutilmente — en el barro 
ensangrentado, la bandera nacional. 

Inutilmente, si, porque el 28 hubo 



— 322 — 



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de consignar en su iamoso Diario de 
Campafia: "Ya sabemos la suerte qiie 
le ha tocado a la bandera del bata- 
llon "Voluntarios de la Libertad": 
esta prisionera y en manos del ene- 
migo". Los paraguayos la habian 
izado en los arboles entre dos estan- 
dartes de caballeria correntina, pues- 
tos respectivamente a la izquierda y 
a la derecha del frente. 

Los restos mortales de nuestro 
bravo soldado fueron traidos a la 
Republica, para recibir sepultura con 
lcs honores condignos en el Panteon 
de los Servidores de la Patria, el 19 
de enero de 1867. 



CASTRO, NICOMEDES 

General del ejercito y Ministro de 
Guerra y Marina. vio la primera luz 
en la villa de San Jose el 15 de se- 
tiembre de 1830. Soldado distingui- 
do en 1851, en un cuerpo de la ca- 
pital que se denomino Guardia Civi- 
ca, sirvio en las filas de la Guardia 
Nacional del departamentj de Salto, 
en circunstancias de tiempo no do- 
cumentadas en forma reglamentaria, 
habiendo emigrado al Brasil despues 
de vencido el alzamiento de Cesar 
Diaz, en 1858. Durante el movi- 
miento revolucionario del general 
Venancio Flores, se incorporo a este 
el 24 de abril de 1863, en la catego- 
ria de teniente l 9 . Cuando la revo- 
lucion triunfo fue promovido a capi- 
tan de caballeria el 8 de mayo y el 
19 del mismo mes y afio recibio los 
despachos de sargento mayor, grado 



con el cual iba a tomar parte en las 
operaciones de guerra contra el Pa- 
raguay, subsiguiente a la victoria de 
la cruzada florista. 

Sirvio en el 3.er escuadron del Re- 
gimiento Escolta del general en jefe 
durante toda la campana de Co- 
rrientes, estando en la batalla de Ya- 
tay y en la rendicion de Urugua- 
yana. Participo igualmente en el se- 
gundo periodo de la guerra cuando 
esta, Uevada a territorio paraguayo, 
eonfiguro una guerra terrible, donde 
nuestros soldados, a la par de sus 
companeros de la Alianza, probaron 
todos los riesgos y emularon todos 
los heroismos bajo un clima insopor- 
table. 

En la batalla de Estero Bellaco, el 
2 de mayo de 1866, sostuvo bizarra- 
mente la posicion que ocupaba y fue 
herido. Era en ese momento jefe ac- 
cidental del batallon "24 de Abril". 
En el fcrmidable choque de Tuyuti 
resulto con nuevas heridas muy gra- 
ves de bala y arma blanca y se dis- 
puso su retorno a Montevideo para 
asistirse. Ascendido en el mismo 
campo de combate a teniente coro- 
nel, el gobierno confirmo la promo- 
cion el 14 de agosto. Una ccnvales- 
cencia prolongada fue causa de que 
no pudiera volver al ejercito no obs- 
tante su solicitudes. 

Nombrado jefe politico de Cerro 
Largo sustituyendo a Joaquin Sua- 
rez, el 7 de febrero del 67, dio mues- 
tras de que poseia condiciones de 
administrador, tolerante y honrado y 
de funcionario activo. En ese puesto 
y con funciones anexas de Coman- 



— 323 — 



CAS 



CAT 



dante Militar, fue atacado en Melo 
por fuerzas revolueionarias blancas 
de Tinioteo Aparicio en la revuelta 
encabezada por este. Defendio ani- 
mosamente la plaza, abandonando 
luego, con las escasas fuerzas a sus 
ordenes y en buenas condiciones mi- 
litares, aquella zona donde los cau- 
dillos enemigos posefan prestigio tra- 
dicional. 

El 7 de octubre de 1875, a su pe- 
dido, paso a revistar en la lista de 
invalidos, de la cual se le transfirio 
a los cuadrcs el 25 de febrero de 
1886, cuando una invasion revolucio- 
naria era inminente. Cinco meses 
despues, vuelta la normalidad a la 
Republica, reingreso al Cuerpo de 
Invalidos, figurando en el hasta el 
21 de marzo de 1387. En esta fecha 
fue alta nuevamente en el Estado 
Mayor Pasivo, hasta que por decreto 
de 17 de noviembre vino a hacerse 
cargo de la Jefatura de Durazno, 
donde crganizo un plantel de escue- 
la de Artes y Oficios para mucha- 
chos pobres que tuvo hasta 25 alum- 
nos. 

El 18 de mayo de 1888 el gobierno 
de Tajes lo hizo coronel graduado, 
pero cambiando el arma, pues in- 
greso en la de caballeria y el 26 
de febrero de 1890, obtuvo la efecti- 
vidad del corcnelato. 

Ministro del Tribunal de Apela- 
ciones cuando estos se establecieron 
en febrero de 1892, durante la pre- 
sidencia de Herrera y Obes, el 14 de 
setiembre de 1893 recibio las palmas 
de general. 

En el gobierno provisional de Cues- 



tas nombrosele jefe del Estado Ma- 
yor General del Ejercito el 20 de ju- 
nio del 98 y a la hora del estaliido de 
la revolucion del 4 de julio, el dic- 
tador le confio el mando de la linea 
de defensa de la capital. Un docu- 
mento que firma Cuestas para ser 
agregado a su hoja militar, atesti- 
gua que el general Nicomedes Cas- 
tro fue el unico y verdadero heroe 
de la jornada, empenado en destruir 
con ello otras versicnes personales 
antojadizas. Sobre el otorgamiento de 
esa certificacion tan significativa, lo 
hizo Ministro de Guerra y Marina el 
16 de julio y el 21 lo ascendio a ge- 
neral de division, en merito a la 
valiente conducta que el propio dic- 
tador acreditaba. 

Integrante de los organismcs de 
Justicia Militar desde que abandono 
el Ministerio en 1899, en la guerra 
civil de 1904 tuvo a su cargo por 
cinco dias del mes de febrero — del 
2 al 7 — la Jefatura de Policia de 
la capital. 

En situacion de retiro a partir del 
31 de enero del aho 11, fallecio el 23 
de febrero de 1912. 



CATALA Y CODINA, JOSE 

Educacionista espanol que intro- 
dujo en el pais el sistema de ense- 
fianza mutua o lancasteriana. 

Natural cie Valencia. donde vio 
luz airededor del aho 1780, al Uegar 
al Eio de la Plata estableciose en 
Buenos Aires. 

De esta ciudad vino a Montevi- 



— 324 — 



CA T 



CAV 



deo en tiempos de la dominacion por- 
tuguesa, expresamente elegido por 
el Dr. Thompson, filantropo ingles 
propagador incansable de los meto- 
dos pedagogicos de su compatriota 
Lancaster, para ponerse al frente de 
la primera escuela de ese genero 
que iba a abrirse en la entonces Pro- 
vincia Cisplatina. 

Para esto ya se habia preparado 
el terreno, pues Larranaga y el go- 
bernador Lecor tenian formada la 
Sociedad Lancasteriana que presti- 
giase la obra de la escuela en pro- 
yecto, la cual estuvo en condiciones 
de funcionar en 1821. 

La eleccion de Catala para diri- 
gir el colegio, por donde pasarian 
muchos de los hombres mas distin- 
guidos del pais, fue un verdadero 
acierto en todo sentido. Ilustrado, 
recto y#bondadoso a la vez. no solo 
estructuro el reglamento de la es- 
cuela Montevideana, sino que intro- 
duciendo reformas al metodo oficial, 
suprimio los castigos afrentosos, bus- 
cando hacer del colegio un recinto 
simpatico antes que un lugar de 
oprobio o de ridiculo, segiin anota 
Orestes Araujo. Asimismo, introdu- 
jo los carteles murales para ensefiar 
a leer, innovacion bien llamada de 
fondo y publico un excelente com- 
pendio de gramatica en 1822. 

Gracias al solido prestigio de Ca- 
tala, el sistema lancasteriano o mu- 
luo tuvo vigencia oficial hasta <i 
afio 1840. 

. Trabada la liltima guerra de 
emancipacion, los brasilefios pren- 
dieron a Catala, sospechoso de pa- 



triota, y este, apenas pudo verse li- 
bre, paso al campo independiente. 

La Asamblea Nacional que fun- 
cionaba en San Jose, promulgo una 
ley el 9 de febrero de 1826, ordenan- 
do que se establecieran escuelas de 
primeras letras regidas por el siste- 
ma mutuo en todos los pueblos de la 
provincia y con identica fecha nom- 
bro a Catala como director general 
de ellas. 

Mas tarde, mudando de activida- 
des, ingreso en la administracion 
publica en calidad de Receptor de 
Aduanas de Paysandii y de este car- 
go fue transferido al de Receptor 
Principal del Salto el 9 de enero de 
1833. 

Su permanencia en el alto litoral 
se prolongo hasta la invasion de las 
fuerzas de Oribe a fines de 1842, y 
mientras estuvo en aquellas dos ale- 
jadas villas preocupose con interes 
por cuestiones agricolas, propagan- 
dista del cultivo de los gusanos de 
"seda, a cuyos efectos hizo plantios 
de morera. 

~ Reconcentracio en la capital, pues 
pertenecia al bando contrario al in- 
vasor, soio alcanzo a vivir dos afios 
dentro del recinto cle la Nueva Tro- 
ya, donde vino a hallarlo la muerte 
el 22 de setiembre de 1844. 



CAVIA, PEDRO Feliciano de 

Politico, periodista y funcionario, 
nacido en Buenos Aires el 20 de oc- 
tubre de 1876. , 

Doctor por la Universidad de Cor- 



— 325 — 



CAV 



CAV 



doba, Secretario de la Delegacion 
enviada al Paraguay por la Junta 
de Mayo en 1811, a la ocupacion de 
Montevideo por Alvear revistio igual 
calidad cerca del coronel Soler, go- 
bernador de la Provincia Oriental y 
fue diputado por Montevideo a la 
Asamblea General Constituyente de 
las Provincias Unidas del Rio de la 
Plata. 

Mas tarde convirtiose en periodis- 
ta de ideas inciertas, suspendido en- 
tre todas las formulas y todas las 
soluciones en que se desorientaban 
los hombres de la revolucion argen- 
tina. 

Su diatriba contra Artigas "donde 
todos los detractores del gran hom- 
bre han ido a buscar materiales y 
argumentos", es un opusculo infa- 
me que circulo bajo seudonimo y en 
el que mentia a sabiendas. Lleva el 
titulo "El protector nominal de los 
pueblos libres, don Jose Artigas. cla- 
sificado por el amigo del orden". 

Mezclado en la politica argentina, 
Cavia fue partidario decidido y ami- 
go de Facundo Quiroga, a quien lla- 
mo el Anibal de Sud America, en un 
periodico que redactaba. 

Las tormentas politicas de su pais 
lo trajeron desterrado a Montevi- 
deo, donde en 1838 publico un fo- 
lleto que lleva por titulo "Recurso 
al Tribunal Supremo de la opinion 
publica". 

Aliado a la politica de Rosas, a 
quien habia combatido en un prin- 
cipio, escribio en la "Gaceta Mer- 
cantil" una serie de violentos articu- 
los rebatiendo a "El Nacional". 



Antes de la caida del tirano, un ol- 
vido completo rodeaba al libelista y 
la noticia de su muerte fue la no- 
ticia de que habia vivido hasta esa 
fecha. Solamente las calumnias de 
su opiisculo del ano 18 han conser- 
vado el recuerdo de su nombre. Pero 
el venenoso folleto, que principiaba 
con las palabras "al arma, al arma, 
seres racionales, contra este nuevo 
caribe destructor de la especie hu- 
mana", hallase actualmente rebatido 
hasta la ultima linea y ha dejado de 
ser una obra de materia historica, 
reducido a una mera curiosidad bi- 
bliografiea, con su cumulo de calum- 
nias tejidas caprichosamente y por 
encargue, "en momentos en que lle- 
gaba al puerto de Buenos Aires la 
fragata norteamericana "Congress" 
en que venian los agentes que el go- 
bierno que la Union enviaba«a saber 
si podia o no proceder al reconoci- 
miento de la independencia de las 
provincias del Rio de la Plata, que 
gestionaba con ahinco el Directorio 
de Pueyrredon". Habia en ese en- 
tonces. segiin la opinion del histo- 
riador nacional Lorenzo Barbagela- 
ta, un interes palpitante en hundir y 
desautorizar a Artigas, para que la 
causa de las provincias no apare- 
ciera diseminada en varias manos 
como en realidad lo estaba y como 
verdaderamente lo comprendieron 
los estadistas norteamericanos comi- 
sionados. 

El credito que le pudo conceder 
Antonio Zinny — no libre desde lue- 
go el esclarecido poligrafo de la in- 
fluencia de los historiadores porte- 



CES 



CES 



fios, sus amigos — en el supuesto de 
que las afirmaciones de Cavia pu- 
dieran fundamentar en documentos 
existentes en los archivos de Monte- 
video, al alcance del libelista como 
escribano de gobierno, ese credito 
esta plenamente cancelado a estas 
horas visto que los tales documen- 
tos no han aparecido. Ademas, como 
bien se ha dicho, pudo al utilizar- 
los abonar honradamente las afir- 
maciones con la cita de las fuentes. 

Hombre que luego seria rechazado 
por el presidente boliviano Santa 
Cruz, en 1833, como Encargado de 
Negocios de la Confederacion Ar- 
gentina, en razon "a que eran ce- 
lebres sus intrigas y conocido su 
temple insultante y revoltoso", Ca- 
via, empleado en 1818 como oficial 
2? del Ministerio de Gobierno y Re- 
laciones Exteriores de Buenos Ai- 
res, fue un instrumento bien elegido 
para encomendarle una obra difa- 
matoria. 

Pedro F. de Cavia fallecio en la 
capital portena el 23 de julio de 1849. 



CESAR, CLEMENTE Antonio 

Arquitecto y dibujante. Hijo de 
Juan Cesar, guipuzcoano, nacio en 
Montevideo el 22 de noviembre de 
1812. Becado por el Cuerpo Legisla- 
tivo en 1835 para estudiar en Euro- 
pa "ciencias y bellas artes", Cesar 
fue el primer uruguayo que merecio 
semejante ventaja. 

La asignacion, que le fue pagada 
con atraso llegando a correr cuatro 



meses sin percibirla, era por lo de- 
mas lo estrictamente necesaria para 
vivir, atento lo cual y en vista de 
las pruebas que ofrecia Cesar de su 
contraccion y de sus progresos, le 
fue aumentada a 50 patacones fuer- 
tes en 1838. 

Luego de hacer sus cursos en Pa- 
ris, realizo una jira por Italia antes 
de volver a la patria preparado para 
ejercer la profesion de arquitecto, y 
en calidad de tal intervino en la 
obra del Teatro SoMs cuando se mo- 
difico la fachada de Garmendia, 
siendo suya en gran parte la solu- 
cion monumental con las columnas 
corintias bastardeadas que abarca 
los dos pisos. 

Participo igualmente en tareas fa- 
cultativas en la Municipalidad, solo 
o en compania de otros tecnicos y 
tuvo asimismo un pasaje fugaz por 
la Jefatura PoUtica de Montevideo, 
nombrado con retencion de su em- 
pleo para sustituir a Lecoq, en el 
interinato gubernamental de Manuel 
Basilio Bustamante, el 21 de enero 
de 1856. 

A los pocos dias de electo Pereira 
lo sustituyo, el 19 de marzo, desig- 
nandolo vccal presidente de la Co- 
mision Topografica, el 8 de abril.. 

Muy poco permanecio Cesar en tal 
destino, pues el 2 de junio, por causa 
de las penurias de las arcas del Es- 
tado el nombramiento quedo sin ef ec- 
to, entrando a desempenar el puesto 
un miembro jubilado de la misma 
Comision. 

Fallecio Cesar el 16 de setiembre 
de 1861 y sus restos estan deposita- 



— 327 — 



CIB 



CiB 



dcs en el Panteon Nacional, clisfru- 
tando de honor tan insigne por mera 
disposicion abusiva de la Junta Mu- 
nicipal, que en aquelia ep.oea inter- 
vino como unica autoridad. en cues- 
tiones tan delicadas como la de es- 
tos homenajes postumos. 

CIBILS, JAIME 

Hornbre de negocios, cuya accion 
progresista y emprendedora estuvo 
siempre a servicio del pais, al cual 
vino joven, para arraigar con ex- 
tensa raiz y vivir toda su vida. 

Kativo de San Feliu dc- Gixols, 
Cataluna, donde vio ia primera luz, 
paso a Marsella, donde concluyo de 
educarse, y luego embarco para la 
Republica en 1831, a bordo del niis- 
mo velero en que regresa-ba a su pa- 
tria Lorenzo Batlle, futuro persona- 
je politico, con el cual siempre rnan- 
tuvo la cordial amistad principiada 
en la travesia oceanica. 

"venia recomendado a la' casa de 
Felix Buxareo, a cuyo amparo se 
iormo con exito en actividades de 
cornercio, casandose luego con una 
hija de su principal, uno de los hom- 
bres mas ricos de la epoca. 

Activo, inteligente, con una tena- 
cidad de hierro, se destaco como 
fuerte armador, dueno de dos o tres 
fragatas y otros buques menores que 
enarbolaban bandera nacional, con 
los cuales hacia comercio directo 
con Europa, Cuba y el Brasil, inter- 
cambiando los producios del sala- 



dero de Punta de Lobos, que esta- 
blecio en la costa del Cerro de Mon- 
tevideo. 

Fundador y principal accionista 
del Banco Comerciai, en 1857, pre- 
sidio varias veces su Directorio. 

Junto con Juan D. Jackson, su 
yerno, emprendio la obra de cons- 
truccion de un gran dique seco 
sbierto en piedra viva junto al sa- 
ladero del Cerro. Establecimiento 
a la al'iura de los europeos el di- 
que Cibils-Jackson, que entro a ser- 
vicio en octubre de 1879, fue por 
largos anos el mas grande y acre- 
ditado de Sud America, y en 1911, 
adquirido por el Estado, paso a lla- 
marse Arsenal de Marina y Dique 
Nacional. 

Deseoso de contribuir a los ade- 
lantos de 1? capitai. encargo al in- 
geniero Capurro la construccion del 
teatro que se denominaria "Cibils", 
hermoso coliseo que abrio sus puer- 
tas el 9 de abril de 1871. Edifica- 
do en la calle Ituzaingo, frente a 
la casa-habitacion de su duefio, se 
invirtieron en la construccion del 
teatro arriba de sesenta mil pesos 
oro y las Uamas lo devoraron la 
noche del 19 de julio de 1911, en 
horas en que ya habia concluldo la 
representacion. 

Jaime Cibils, cuya exterioridad 
fisica escueta, con ojos claros trans- 
parentes y menton imperativo, 1« 
prestaba cierto aire de capitan da 
alto bordo, fallecid en Montevideo 
el 8 de setiembre de 1888, luego de 
una existencia plena de alternativas. 



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CIG 



CIG 



CIGANDA, EVARISTO Guzman 

Diputado, politico y distinguido 
orador, nacido en el departamento 
de Soriano el 26 de octubre de 1868, 
hijo de un vasco espaiiol y de ma- 
dre uruguaya. 

Vivio sus dias de muchacho en la 
ciudad de San Jose, haciendose no- 
tar desde la escuela por su inteligen- 
cia, y en 1880 vino a Montevideo, 
donde se bachillero, para graduarse 
de abogado en 1891, con una tesis 
que versaba sobre las Crisis. Al afio 
siguiente fue designado para regen- 
tear la catedra de Historia Ameri- 
cana en la Seccion de Ensenanza Se- 
cundaria y poco mas tarde paso a 
regir el aula de derecho civil en la 
facultad respectiva. 

Prestigioso por su pluma de perio- 
dista y su palabra elocuente en las 
lilas jovenes del Partido Nacional, 
al que pertenecia, fue votado en el 
departamento de San Jose, ingre- 
sando a la camara como diputado 
por el trienio 1894-97. Fue reelec- 
to para la legislatura siguiente, aun- 
que no termino su periodo, pues la 
actitud de su partido alzado en ar- 
mas contra el presidente Idiarte Bor- 
da, a cuyo regimen politico perte- 
necia la camara de que Ciganda era 
integrante, llego a crearle una situa- 
cion de equihbrio dificil. Muerto vio- 
lentamente Idiarte Borda el 25 de 
agosto de 1897, y ajustada la paz en 
setiembre del mismo ano, cuando el 
conflicto planteado entre Juan L. 



Cuestas, presidente del senacio en 
ejercicio del ■ Poder Ejecutivo, que 
pretendia la reeleccion, y la mayo- 
ria parlamentaria que le negaba sus 
votos, Ciganda formo en el grupo 
colorado-nacionalista que prestigia- 
ba la eleccion legal de Cuestas, el 
cual, despues de dar un manifiesto 
al pais, se declaro disuelto el 9 de 
febrero de 1898, vispera de la fe- 
cha en que el presidente del senado, 
dispuesto a seguir gobernando de 
cualquier modo, disolvio las cama- 
ras y se proclamo dictador. 

Por su actitud legalista y mode- 
rada, el dictador lo excluyo de la 
nomina de nacionalistas a quienes 
llevo a su lado como integrantes del 
Consejo de Estado. 

Fuera de haber ilustrado los ana- 
les parlamentarios con notables dis- 
cursos. dignos de nuestros mas elo- 
cuentes oradores, Ciganda fue autor 
del proyecto que luego prestigio has- 
ta obtener la sancion favorable, por 
el cuai se extendia al personal en- 
sefiante el beneficio de la jubilacion. 

Esia iniciativa altruista, dirigida a 
amparar a los maestros, el mas dig- 
no y menos considerado sector del 
funcionariado publico, siempre mal 
pagos y constantemente pospuestos, 
sera en todo tiempo honra de su 
nombre. Como expresion de recono- 
cimiento, los cuerpos docentes ofre- 
cieron al joven legislador un her- 
moso retrato al oleo pintado por 
Blanes. 

Ajeno, como elemento de filas — 
tal vez por suerte suya — al discu- 



— 329 — 



CLA 



CLA 



tido periodo politico del gobierno de 
facto de Juan L. Cuestas, paso a des- 
empefiar funciones de indole total- 
mente ajenas hasta entonces a sus 
actividades, recibiendo el nombra- 
miento de Consul General de la Re- 
publica en Paris. 

Su aetuacion en las nuevas aeti- 
vidades tuvo el feliz comienzo qu« 
permitian descontar sus anteceden- 
tes, pero la fatalidad iba a truncar- 
la demasiado pronto. 

En los ultimos afios, el gobierno 
municipal de Montevideo incluyo el 
nombre del Dr. Evaristo Ciganda en 
el nomenclator "de la ciudad. 



CLARK Y OBHEGON, CARLOS 

Militar, general del ejercito, naci- 
do en Guanajuato, Mexico, el 26 de 
enero de 1841. Hijo de padre ingles 
y de madre mexicana, vivio en In- 
glaterra desde los seis hasta los ca- 
torce afios, en que su familia vino 
a radicar en la Argentina y el joven 
Carlos, que habia olvidado totalmen- 
te su idioma patrio, paso poco des- 
pues a territorio uruguayo como em- 
pleado de un comercio de Conchi- 
las, departamento de Colonia. 

De caracter incompatible con la 
vida de un dependiente de pulperia, 
aprovecho la oportunidad de acer- 
carse al pago una partida de revolu- 
cionarios floristas para abandonar el 
mostrador, presentandose voluntario 
al capitan Tolosa, y casi en seguida 
tuvo ocasion de entrar en pelea re- 
cibiendo un lanzaso en el costado. 



Triunfante la Cruzada Libertado- 
ra, se le incorporo al ejercito de li- 
nea como teniente l' el 19 de mayo 
de 1865. Ascendido a capitan, tocole 
ir a la campafia del Paraguay para 
reunirse al ejercito en lo mas duro 
de la lucha, en visperas de la bata- 
lla de Tuyuty. Al cabo de un afio el 
clima infernal mino la salud del ca- 
pitan Clark a punto de obligarlo a 
regresar al pais (1867). 

Desde setiembre de 1867 estuvo 
empleado en la jefatura de policia 
de Canelones. 

Capitan de la 1 ? compania del 
batallon "Libertad", cuerpo que se 
sublevo a las ordenes del coronel 
Fortunato Flores el 8 de febrero de 
1868, viose envuelto en este lamen- 
table episodio, por cuya razon fue 
radiado de los cuadros del ejercito, 
dandosele — igual que a todos los 
oficiales compafieros — doce horas 
para abandonar la Repiiblica. 

Amnistiado y reintegrado a filas 
en el Escuadron Escolta, eombatio a 
los revolucionarios de Aparicio en 
la guerra civil de 1870-72. Ascendio 
a sargento mayor en octubre 6 de 
1870 y dos meses mas tarde, en la 
batalla del Sauce, fue herido grave- 
mente de un balazo en el pecho. 

A ccnsecuencia de esta herida pa- 
so en 1872 a revistar en el Cuerpo 
de Invalidos. 

Producidos los sucesos del afio 75, 
tuvo servicios en la policfa y sola- 
mente en el gobierno de Santos se 
le encuentra en momento mas des- 
tacado, cuando se le reincorpora a 
los cuadros activos del ejercito en 



— 330 — 



CLA 



COE 



octubre de 1883 como teniente coro- 
nel graduado, para obtener la efec- 
tividad y grado de coronel en no- 
viembre del mismo afio e interinar 
la jefatura de policia de Montevideo 
(1884). El 8 de febrero de 1886 se le 
promovio a coronel y desempefiaba 
la jefatura de policia de Colonia en 
el momento de constituirse el Mi- 
nisterio de la Conciliacion en no- 
viembre clel mismo afio. Considera- 
basele y con fundamento uno de los 
hombres adictos al capitan general 
Maximo Santos y elemento fiel del 
grupo de militares ligados al regi- 
men politico que personificaba el ex- 
presidente, cuyos intereses debian 
defender durante la momentanea au- 
sencia de aquel. En esas circunstan- 
cias se descubrio por el gobierno un 
sospechoso telegrama de inteligen- 
cia cambiado entre el corcnel Clark 
y el coronel Amuedo, jefe del l 9 de 
cazadores. El presidente Tajes exo- 
nero al Jefe Politico de su cargo, 
aumentando la tirantez que se per- 
filaba entre Tajes y su poderoso an- 
tecesor. (Diciembre de 1886). 

Jefe del Parque Nacional en abril 
de 1890, paso en setiembre del 93 a 
comandar el regimiento 4 9 de caba- 
lleria destacado en la frontera bra- 
silefia, para asegurar la neutralidad 
de la Republica amenazada por los 
partidos contendientes en el vecino 
pais. 

Por breve tiempo, de mayo a ju- 
nio de 1898, desempeno la 2? Co- 
mandancia de Marina. 

En la reaccion del 4 de julio de 
1898, contra el golpe de Estado del 



mismo afio, el coronel Clark puso 
su espada al servicio del bando en 
armas. Triunfante el dictador Cues- 
tas, fue pasado a la Plana Mayor 
Pasiva y su carrera militar hubiese 
concluido abi, si el presidente Brum 
no le confiere las palmas de general 
de brigada el 18 de setiembre de 
1920, despues de 24 afios de coro- 
nelato. 

Con este grado fallecio el 23 de 
julio de 1927. 

COE, JUAN Halsted 

Marino norteamericano que parti- 
cipo en la ultima campana de la In- 
dependencia y que tuvo servicios en 
la Republica, como jefe de su es- 
cuadra, en epoca de la Defensa. 

Nacido en Springfield, Massachu- 
setts, en 1803, ingreso a los 17 anos 
al servicio de la escuadra Libertado- 
ra organizada en Chile para expedi- 
cionar contra el Virrey de Lima y 
Uego al Peru a las ordenes de Lord 
Cochrane. 

Encontrose en el asalto de la fra- 
gata espafiola "Esmeralda" frente al 
Callao, y tomo parte en el bloqueo 
de esta formidable plaza de guerra 
desde 1824 a 1826, por lo cual fue 
condecorado y asociado a la Orden 
del Sol. 

Terminada la guerra de la inde- 
pendencia para los pafses del Pacifi- 
co vino a Buenos Aires, donde tomo 
servicio con el almirante Guillermo 
Brown en la campafia contra el Im- 
perio del Brasil, terminada con el 



— 331 — 



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COE 



tratado que dio independencia al 
Uruguay. Combatid en Juncal el 8 
de mayo de 1827 y ccmando sucesi- 
vamente los barcos "25 de Mayo" y 
"Sarandf', cayendo prisionero de los 
imperiaies con el brick "Niger", al 
cual abordd el "Caboclo", cuyo jefe 
era el ingles James Inglis, el 23 de 
marzc de 1328. 

Ligado por casamiento a la fa- 
milia del general Juan Ramon Bai- 
carce, residia en Montevideo ai la- 
do del veterano militar y no le fue 
dificil enirar en relaciones con el 
gcbierno del general Rivera en gue- 
rra a la fecha contra Rosas. El 31 
de setiembre de 1840 principid a ser- 
vir a la Reptiblica para organizar y 
comandar sus fuerzas de mar. Reco- 
nocido en el grado de coronel, Coe 
lo adapto a la graduacion naval de 
comodoro, enarbolando en su capi- 
tana una bandera corneta ccn la fla- 
mula azul, con una estrella blanca. 
como distintivo de jefe de escuadra. 

Mucha diligencia demostrd en sus 
nuevas y dii'ieiles tareas, pues era 
hombre capacitado en el oficio y al 
poco tiempo tuvo lista una escuadri- 
Ua que parecia superior a los recur- 
sos del empobrecido gobierno de la 
nacion. 

Ei 2 de noviembre de 1840, opero 
con nuestros barquitos en ias bali- 
zas de Buenos Aires contra la es- 
cuadra rosista clel almirante Brown, 
su antiguo jefe, arrebatandole una 
goieta mercante. 

A bordo de la corbeta "Sarandi" 
dirigio ei combate del 24 de mayo de 
1841 frente a Montevideo y casi en. 



la boca cle la bahia. El encuentro, 
sin mayores resultados, concluyo 
con el dia. A su lado, en la icldilla, 
una.bala cie canon partid en dos al 
teniente coronel Shanon, que man- 
daba la mencionada corbeta y el 
mismo Coe fue contusicnado por un 
trozo de la baranda de hierro. 

Aumentadas sus fuerzas con al- 
gunas pequefias naves. volvio Coe a 
combatir con los buques rosistas el 
3 de agosto del 41, a cinco millas 
de ia capital. No iuvo nuestro mari- 
no una actuacidn del tcdo clara en 
el encuentro, pues aunque Brown 
llevo la peor parte y fue perseguido 
con su maltrecha capitana hasta 
Punta del Indio, se atribuyo al co- 
modoro la culpa de no habeiio to- 
mado prisionero, estando en condi- 
ciones de hacerlo. 

Perdiosc en la jomada el barco 
"Cagancha", pero las armas de la 
Republica fueron duefias del estua- 
rio durante cuatro meses, constitu- 
yendo el obstaculo mas grande para 
la expedicion militar que por esa 
epoca proyectaba en Buenos Aires 
el coronel Antonio Diaz, ex-ministro 
de Guerra de Oribe, ccn el fin de 
tomar la plaza de Montevideo me- 
diante un desembarco dentro del 
mismo puerto. 

La conducta de Coe, a pesar de to- 
cto, no saiisfacia al gobierno y Ue- 
go a punto de crearse una situacion 
incomoda. Se le acusaba, tal vez sin 
plena razon, de abrigar excesiva gra- 
titud hacia Brown, no queriendo in- 
ferirle la humillacion de tomarlo pri- 
sionero y Cce por su lado no demos- 



— 332, — 



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COE 



traba mayor ehtusiasmo por la lu- 
cha. Hablabase tambien de que era 
un verdadero mercenario aecesible 
al soborno, de quien convenia des- 
confiar. Also debfa existir en el fon- 
do cle todo esto. cuando en los pla- 
nes del coronel Diaz, del ano 41, se 
habia de inducir a Coe a la defec- 
cion. procurando haliar la persona 
que tornase a su cargo la tarea de 
sondear su animo "proponiendole un 
regalo de 30 a 40 mil patacones ade- 
mas de satisfaceiie el servieio que 
rindiera segun su importancia". Se- 
guia con interes una causa perdida, 
y un interes mayor lo haria sin duda 
desertar de ella, ccnforme a lo que 
escribe Diaz. 

En tal espiritu, el comodoro re- 
nuncio el mando' de los buques que 
se le confiaran, reemplazado por el 
marino italiano Jose Garibaldi y 
quedo agregado ai Estado Mayor 
General. 

Cinco dias despues. el 24 de agos- 
to del mismo aho 41. solicito y 
obtuvo su absoluta separacion del 
servicio. Continuo residiendo en 
Montevideo hasta julio del 47, en 
que embarco para Colonia con su 
sehora y tres hijos, sin que nadie 
mencionara la partida. Paso mas 
tarde a Buenos Aires y alli — con- 
vertido al servicio de Rosas — fue el 
jefe de la escuadra del tiran'o, con 
lo cual -evidenciaba, cuando menos, 
la muy medida fuerza cie sus con- 
viccicnes politicas. 

Bajo su mando — dice el historia- 
dor argentino H. R. Ratte — las na- 
ves federales disemina'das en sus 



fondeaderos, heterogeneas y recelo- 
sas, sin cohesion ni disciplina. no tu- 
vieron mision vaiida. Y juzgando a 
nuestro ex-comodoro, califica a Coe 
como voluble de corazon y de cabeza, 
impopular ante sus oficiales por su 
marcada inconsecuencia, bportunis- 
ta en politica, ventajero en* la accion 
y acomodado al cuantum. 

-Este juicio, los conceptos geiiera- 
liaados en los dias de la Guerra 
Grande y el posterior negocio del 
comodoro, cuando en el aho 1853, 
vendio al gobierno de Buenos Aires 
por varios miles de onzas de oro la 
escuadra cie Urquiza, que tenia a sus 
orctenes. justifican bien las descon- 
fianzas de'los montevideanos del 41. 

Juan H. Coe vino a fallecer en 
Buenos Aires en 1864, de resultas de 
una interveneion quirurgica. 



COELLO, ANTONIO Pastor 

Periodista, noticiero de "La Re- 
forma", hoja blanco - nacionalista de 
Mercedes. Soriano. Nacido en la 
prooia ciudad. el 9 de agosto de 
1859. su prematuro y tragico fin ligo 
su nombre a un episodio que en la 
epoca tuvo gran resonancia en el 
pais. 

Alumno de la Escuela de Artes 
y Oficios de Montevideo, donde 
aprendio de tipografo. vuelto a su 
pueblo se vinculo al diario desde 
cuyas columnas sosteniase una agria 
y tenaz oposicion al Jefe Politico 
del departamento de Soriano, coro- 
nel Pablo Galarza, y en esa tesitura 



COE 



COL 



una circunstancia funesta vino a 
darle repentina notoriedad. 

El 28 de noviembre de 1887, en- 
tre las horas 21 y 22, Coello apa- 
recio muerto a poca distancia de 
la imprenta, en la calle Ituzaingo 
entre San Jose y Alzaga. .El cada- 
ver no presentaba sino una herida 
de arma blanca que le atraveso el 
pecho e hizo pensar en una herida 
de estilete. 

Un hecho de esta naturaleza, en 
aquel ambiente de cruda exacerba- 
cion politica, tomo contornos extra- 
ordinarios y de plano se vinculo al 
suceso el nombre del Jefe Politico, 
sindicandosele, por sus contrarios, 
como instigador de la muerte de 
Coello. 

El gobierno del general Tajes, 
deseoso de esclarecer la verdad, en- 
vio a Mercedes en funciones de co- 
misionado especial a su propio Mi- 
nistro de Guerra y Marina, coronel 
Pedro de Leon. 

El coronel Galarza, suspendido a 
la vez de la jefatura politica y del 
comando del 2° regimiento de ca- 
balleria que desempefiaba simulta- 
neamente, bajo a la capital en un 
buque de guerra juntamente con 
su segundo en el regimiento, el 
mayor Estanislao O'Connor, el te- 
niente cofonel Eladio Gutierrez y 
los oficiales Mendez y Ojeda. 
^Nada resulto eri eontra de Ga- 
larza de las diligencias sumariales, 
por cuya razon fue declarado exento 
de responsabilidad reintegrandosele 
en sus dcbles funciones. 

Por la sentencia del juez compe- 



tente, el autor de la muerte habria 
sido un oficial, Urbano Machuca, te- 
niente del regimiento N 9 2. Profugo 
desde los primeros momentos, el te- 
niente paso a' la Republica Argen- 
tina donde se sustrajo a las pesqui- 
sas policiales. 

Cuando amparado por la prescrip- 
ci6n Machuca pudo volver al pais, 
cayo pcco despues — 1897 — en un 
encuentro con revolucionarios na- 
cionalistas mientras servia en las 
milicias de Soriano. 



COLMAN, CARMELO 

Uno de los Treinta y Tres auda- 
ces expedicionarios patriotas que a 
las ordenes de Lavalleja desembar- 
caron en la Agraciada el 19 de abril 
de 1825, a fin de provocar el le- 
vantamiento de la Cisplatina con- 
tra los ocupantes extranjeros. 

Soldado en el regimiento de Dra- 
gones Libertadores en el mes de 
mayo, tomo parte en la victoriosa 
batalla de Sarandi el 12 de octubre 
del mismo afio. 

En diciembre de 1828 se le halla 
en el regimiento N 9 9 de caballeria, 
cuerpo de linea que mas tarde re- 
cibio el N9 1, pero a partir de esa 
fecha el nombre de Colman no se 
ha encontrado en las listas milita- 
res. Incompletas estas, desde luego, 
con ellas tendrian que comprobarse 
los ascensos de alferez y teniente 
2?, grados que verosimilmente os- 
tento, ateniendose a que el ultimo 
se le reconocia a la hora de su de- 



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COM 



COM 



ceso. Pero del silencio puede infe- 
rirse tambien que su carrera de ar- 
mas no tuvo relieve. 

Fallecio en una quinta de Pefia- 
rol, donde residia de tiempo atras, 
el 16 de mayo de 1876, habiendo- 
sele tributado los honores militares 
correspondientes a la jerarquia de 
teniente 29 con que revistaba en 
los cuadros del ejercito. 

La muerte vino a encontrar al 
viejo soldado en tanta miseria, que 
la Superioridad militar expresa "que 
la familia no dispone de los medios 
para comprar el cajon en que se le 
ha de dar sepultura". 

Era el penultimo de los cruzados 
del afio 25. Sobrevivia entonces so- 
lamente Tiburcio Gomez. 



COMAS Y MIGUEL, CARLOS 

Dibujante y maestro de dibujo, 
justamente llamado veterano, pues 
se retiro de las actividades docen- 
tes al cabo de medio siglo de labor. 
Oriundo de la Villa de Minas don- 
de habia visto la luz el 4 de noviem- 
bre de 1857, paso luego a estudiar a 
Buencs Air«s en 1874. 

Con nota de sobresaliente en di- 
bujo en el Colegio Nacional, regen- 
teaba a los dos afios las clases gra- 
tuitas de la Sociedad Union Artisti- 
ca, ingresando en 1877 al cuerpo en- 
senante del Colegio Ingles. Vuelto a 
su pueblo, fue en 1878 maestro de 
dibujo de las escuelas publicas, don- 
de ccncluian de implantarse los sis- 
temas de ensenanza reformada por 



Jose Pedro Varela, y vino despues a 
desempefiar un cargo de profesor d"e 
dibujo aplicado a la industria en la 
Escuela Nacional de Artes y Oficios 
de Montevideo, en febrero del afio 
siguiente. 

Deseoso de aumentar sus conoci- 
mientcs y ante las oscuras perspecti- 
vas que ofrecia el pais en aquella 
epoca, en 1880 paso a Barcelona, de 
donde era nativo su padre. Obtuvo 
alla algunos pequefios triunfos como 
paisajista, pero abandono los cami- 
nos de arte superior para concretar- 
se a tareas docentes, con el entusias- 
mo y la dedicacion realmente apcs- 
tolar que debian animarle hasta el 
fin de su vida. 

Profesor en distintos centros ins- 
tructivos barceloneses, dio preferente 
atencion a ensefiar en las modestas 
escuelas, sostenidas por Circulos, 
Ateneos y Corporaciones obreras, 
gran amigo, siempre, de la gente 
trabajadora y humilde. 

En esa tarea sin interes persevero 
muchos afios, y en 1905 fue conde- 
corado con la Cruz de Alfonso XII 
"por meritos en la ensefianza". 

Poco mas tarde dejo Barcelona en 
mision de organizar las escuelas in- 
dustriales de la recien proclamada 
Republica de-Panama, pero el clima 
y las fiebres reinantes lo pusieron 
en la obligacion de abandonar rapi- 
damente aquellas tierras del tropi- 
co y entcnces — 1908 — supuso que 
era tiempo de volver a su pais po- 
niendo fin a una ausencia de vein- 
tiocho anos. En Montevideo tuvo su- 
cesivos destinos como maestro de la 



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COM 



COM 



Escuela de Artes y Oficios, de la 
Escuela Industrial, del Circulo de 
Beilas Artes y finalmente cie la Sec- 
cion de Ensenanza Secundaria y Pre- 
paratoria para Mujeres. 

Dieciocho afios de docencia alcan- 
zo a cumplir todavia con la misma 
dedicacion y el mismo apego de los 
dias de Cataluna, para ampararse a 
la jubilacion recien en junio de 
1927. 

Los discfpulos tributaron con mo- 
tivo de su retiro un calido y emocio- 
nado homenaje al anciano maestro 
de bellos ojos azules, sonrosado y 
sonriente, que ademas de profesor, 
tenia algo de amigo y tambien de 
padre. 

La vida le dio alce para disfrutar 
todavia varios afios de robusta an- 
cianidad, pues sus dias se prolonga- 
ron hasta el 10 de mayo de 1936. 

COMES, BERNABE 

Militar ciue cultivo el periodismo 
y las letfas, obteniendo exitos en 
poesia. Era nativo de Mercedes, So- 
riano, donde viera la 'luz el 11 de 
junio de 1862. Muchacho desaplica- 
do, su tio, Fortunato Gigena. lo to- 
mo bajo su ciireecion haciendolo ti- 
pografo en su imprenta. 

Estos origenes explican su aplica- 
cion a la vida periodistica, que no 
pudo quebrar la carrera militar a 
que se declico luego, entra'ndo como 
soldaclo distinguido en el batallon 
l 9 de Cazadores en febrero de 1884, 
donde estuvo hasta enero del 85. 



Tres ancs despues, el 30 de abril de 
1S83, le fue conferido el empleo de 
alferez de caballeria, pasando al ano 
siguiente al regimiento N" 2 coman- 
dado , por el coronel Pablo Galarza, 
donde permanecio hasta enero de 
1891. 

Con servicios prestados en otras 
unidades del ejercito, en la policia 
de Artigas en 1900 y en la de Ro- 
cha en 1903, ascendio a teniente 2° 
el 25 de agosto de este mismo ano, 
perteneciendo a esa fecha al o 9 de 
Cazadores. 

Ai estallar la revolucion naciona- 
lista de 1904 formo en el ejercito del 
Norte en la Division Soriano, pero 
fue herido y se vio obligado a vol- 
ver a Mercedes figurando como ads- 
cripto a la Jefatura de Policia, y se 
le promovio a teniente l 9 en abril 
do 1905. 

En su vida de hombre de letras se 
halla a Bernabe Comes redactor de 
diversas hojas de combate como "La 
Lucha" de Dolores, contando entre 
los periodistas bravios que hiciercn 
su epoca. 

Parte de sus versos, entre los que 
algunos se han hecho populares, es- 
tan reunidos en un volureen con pie 
de imprenta Mercedes 1880, pero en 
realidad salido de las prensas de "El 
Ferrocarril*' de Montevideo. Otros 
muchos no se han llegado a colectar, 
tal vez de los mejores. 

Suyo es tambien un mediocre dra- 
ma de costumbres, "La mujer en el 
lodo". 

Fallecio en Montevideo el 5 de no- 
viembre de 1912. 



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COM 



COM 



COMINGES, JUAN de 

Agronomo espafiol, cuyo nombre 
se une a porcion de iniciativas ru- 
rales en nuestra Repiiblica, a la 
cual llego en 1870 con titulcs de Pri- 
mer Alumno de la Real Escuela de 
Horticultura de Espafia, ex-director 
de los Reales Jardines de San Ilde- 
fonso, Profesor de Practica de Agro- 
nomia de la Escuela Central del Ta- 
jo, etc, despues de haber sorteado 
muchas andanzas en la revuelta po- 
litica de su pais. 

De origen frances, nacido en Ma- 
drid el 9 de enero de 1333, hijo de 
un oficial de Jose Bonaparte, el fa- 
vor de que le bizo objeto por su 
competencia profesional la . reina 
Isabel II, no lo retrajo de interve- 
nir en una revolucion republicana. 
Condenado a muerte, se le conmu- 
to la pena por confinamiento per- 
petuo en un pueblo de la provincia 
de Leon, pero mas tarde lo indulta- 
ron y entonces decidio alejarse de 
Espafia, rumbo al Uruguay. 

El presidente de la Republica, ge- 
neral Lorenzo Batlle, miro con par- 
ticular interes los proyectos agrico- 
las de Cominges, hombre capacita- 
do, como el que mas, para exponer 
excelentes planes de trabajo, arqui- 
tecturados ccn tecnica sobresaliente 
y apoyados por un optimismo sin 
fronteras y una facil verba. 

Resultado de ese alto apoyo fue 
la creacion de una Escuela Central 
de Agronomia que debia establecer- 
se en Nueva Palmira, empresa de 



alta envergadura por la cual empe- 
fiabase con toda la fuerza de su en- 
tusiasmo el ruralista Dr. Domingo 
Ordofiana, que inmediatamente ha- 
biase ccnvertido en amigo del tecni- 
co madrileno. 

La escuela o granja experimental, 
cuyo heraldo debia ser el primer pe- 
riodico palmirense que Cominges 
coadyuvo a fundar en la Villa con el 
titulo de "Eco de Palmira", fracaso 
antes de entrar en funciones, plan- 
teada en un predio donde ni la na- 
turaleza del suelo ni la extension 
permitian ensayar tantas y tan va- 
riadas especies. 

El plan era demasiado vasto, y los 
calculos sin base fcrmal, pues el di- 
rector no poseia sentimiento de la 
realidad, falto, sohre todo, de volun- 
tad perseverante. 

Hombre de erudicion dispersa, 
teorico, Cominges estaria retratado 
en aquella afirmacion suya de que 
"el mejor cerco es un buen Codigo 
Rural"; en su hermosa "Proclama de 
Nueva Palmira" de 1872, liamando a 
lcs emigrantes a quienes exalta las 
excelencias del pais, y en sus ideas 
y observaciones sobre los medanos 
de las costas del Este. 

Al poco tiempo, solamente las pa- 
redes del gran edificio que concluyo 
en ruinas, recordaban la iniciativa 
malograda. 

Durante la dictadura de Latorre, 
por sugestiones de Ordofiana, acepto 
en 1876 la direccion de "La Tribu- 
na", diario de orientacion of icialis- 
ta, mientras reanudaba labcres de 
experiencia c-in sus plantas de ta- 



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baco en Villa Colon y hacia obra de 
docente desde la catedra de la Co- 
mision Central de Agricultura, en 
una serie de lecciones que el gobier- 
no hizo publicar en un opusculo 
hoy muy raro. 

De acuerdo con el Baron de Maua, 
Cominges practico algunos estudios 
para la canalizacion del Rio Negro 
y del arroyo de las Vacas, pero un 
buen dia puso fin a su campana pe- 
riodistica en Montevideo, y en bus- 
ca siempre de horizontes mejores y 
mas amplios, paso a residir en la Ar- 
gentina. 

Con anterioridad habia estado en 
ella visitando el Chaco, medio ex- 
plorador, medio en empresario de 
colonias y en el transcurso de sus 
viajes contrajo el paludismo del que 
nunca curo del todo, siendo sus con- 
secuencias las que lo llevaron al se- 
pulcro en la capital argentina el 13 
de enero de 1892. 

El Dr. Matias Alonso Criado reu- 
nio en un tomo titulado "'Obras 
escogidas de don Juan de Comin- 
ges" impreso en Buenos Aires en 
1892, los principales escritos de su 
compatriota. 



CORDERO, JOSE MARIA 

Educacionista con largos y distin- 
guidos servicios a la causa de la en- 
sefianza, decano de los maestros del 
Uruguay a la hora de su deceso. 

Nacido en Cadiz en 1823, tuvo 
mas de medio siglo de residencia en 
el pais, pues su venida de Espafia 



remontaba a 1838. A poco de traba- 
jar como empleado de comercio, va- 
rio de actividades entrondo en el 
Colegio Oriental de Juan Manuel 
Bonifaz 

Establecido luego con una escuela 
que dirigia personalmente, la titula- 
da Guerra Grande interrumpio sus 
trabajos en Monteyideo, por lo que 
Cordero paso a situarse en el campo 
sitiador del Cerrito bajo el patroci- 
nio del general Oribe, donde reabrio 
su colegio. 

Mas tarde, radico en la Villa de 
la Reslauracion (el barrio de la 
Union actualmente), y en sociedad 
con Cayetano Rivas tuvo una es- 
cuela. No duro mucho el consorcio 
sin embargo y Cordero volvio a 
trabajar solo. 

Pacificada la Republica fundo en 
1852 el Liceo Montevideano, logran- 
do hacer de el un establecimiento 
modelo para la epoca. 

Miembro dedicado del Instituto de 
Instruccion Publica, y de los fun- 
dadores de la Sociedad del Magis- 
terio, hizo abandono de la direccion 
del Liceo recien en julio de 1880. 
"Cuarenta afios de ensenanza — de-, 
cia al despedirse — habian labrado 
en su organismo los desperfectos 
consiguientes y necesitaba algiin 
descanso para vigorizar las fuerzas 
perdidas." 

Sin llegar nunca a recuperar del 
todo la salud, una inminente reagra- 
vacion de sus achaques lo arrastro a 
poner fin a su vida, el 10 de diciem- 
bre de 1891, cuando contaba ochenta 
afios de edad. 



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CORDOBA, TEOFILO 

Militar y funcionario publieo na- 
cido en Victoria, provincia de Entre 
Rios, el 27 de mayo de 1843, pero 
que tomo servicio en nuestro pais 
en 1864, presentandose como volun- 
tario al general A'enancio Flores, a 
raiz de la toma de la plaza del Salto. 

Su foja de servicios militares no 
registra ninguna mencion extraordi- 
naria, habiendo pasado de la Guar- 
dia Nacional donde principio su ca- 
rrera, al ejercito de linea, con gra-, 
do de capitan, el 22 de mayo de 1880, 
siendo ya jefe politico saltefio. 

Vinculado a la situacidn creada 
pcr el motin militar del 15 de enero 
del 75, fue de los vencidos en Pa- 
lomas por el coronel Atanasildo Sal- 
dafia, uno de los jefes de la Revolu- 
cion Tricolor, el 13 de octubre. 

Sin destino de importancia en la 
dictadura de Latorre, al asumir la 
presidencia de la Republica el Dr. 
F. A. Vidal, se le designo con fecha 
30 de marzo de 1880 Jefe Politico 
y de Policia del departamento de 
Salto, para sustituir a Juan Cruz y 
Costa y en ese cargo mantuvose por 
catorce afics, marcando un record 
no igualado por nadie en la Repu- 
blica. 

. Su gestion como delegado del Po- 
der Ejecutivo en el importante de- 
partamento litoral — juzgada dentro 
de la epoca y segun corresponde — 
fue de tolerancia y respeto genera- 
les, muy diferente a la de otros fun- 
cionarios de igual categoria, califi- 



cados, con verdad, de insoportables 
proconsules. 

Con fuertes vinculos en la zona 
que administraba, paclfico y conser- 
vador por natural, aplicose a iniciar 
o a secundar con el apoyo oficial 
obras de progreiso, tales como la 
construccion del teatro Larrafiaga, 
del Hospital de Caridad y de la Casa 
de Aislamiento, el Hipodromo, la 
ampliacion y mejora de distintos 
servicios publicos, etc. 

En la parte que mas directamen- 
te le incumbia, el edificio de la casa 
central de policias fue ampliado y 
porcion de comisarias rurales se vie- 
ron provistas de locales propios. 

En el periodo de su gestion fun- 
cional obtuvo sucesivamente las pro- 
mociones a sargento mayor el 3 de 
mayo del 81, a teniente coronel el' 
24 de febrero del 83 y a coronel el 
9 de febrero del 86, en visperas ca- 
si de producirse la revolucion que 
encabezaron los generales Castro y 
Arredondo. 

Designado jefe del Detall en el 
ejercito del general Tajes, asistio a 
la batalla del Quebracho el 31 de 
marzo. 

Sustitui'do en la jefatura en fe- 
brero de 1894, fue comandante mi- 
litar del departamento en 1897, 1903, 
1904 y 1910, sin desmentir en ningu- 
na circunstancia su moderacion y su 
respeto por el vecindario pacifico y 
las justas demandas de la opinion. 

Paso a retiro con grado de gene- 
ral de brigada el 6 de octubre de 
1921 y vino a fallecer en la ciudad 
de Salto el 9 de noviembre de 1927. 



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CORONADO, Antonio HIPOLITO 

Jefe militar valeroso pero de ma- 
los antecedentes, elegido por el dic- 
tador Lorenzo Latorre como segundo 
de la serie de ejecuciones de orden 
personal, que tan negra fama dieron 
a su periodo gubernativo, serie que 
inicio en Montevideo Eduardo Ber- 
trand. (Ver este nombre). 

Nacido en el pueblo de Belen, de- 
partamento de Salto, probablemente 
en el ano 1840, existen dudas acer- 
ca de la exactitud de su apellido, 
no faltando motivos para pensar que 
el verdadero, suplantado luego por 
alguna cuestion, fuese Cardozo, el 
mismo que usaba un hermano suyo, 
o Cirio, por el cual se le conoeia en 
Corrientes. 

Paso los anos de su juventud re- 
partidos en sus pagos saltenos, la 
frontera del Brasil y la provincia de 
Corrientes, en vida ganada en for- 
ma aleatoria, donde saco fama de pe- 
leador y de guapo. 

Mientras se preparaba en Entre 
Rios el movimiento revolucionario 
del general Flores, sirvio como chas- 
que y activo elemento de ligazon en- 
tre los grupos de gente de armas di- 
seminados en los pueblos o escondi- 
dos en los montes a lo largo de la 
costa argentina, y finalmente invadio 
como simple soldado, entre los hom- 
bres que el comandante Jose Gre- 
gorio Suarez aporto al jefe rebelde 
en abril de 1863. 

No hay constancia alguna de su 
carrera de soldado anterior al aho 



1868, cuando el 15 de abril de este 
mismo ano, en el gobierno del ge- 
neral Batlle, se le da de alta en el 
ejercito por orden superior, como sar- 
gento mayor graduado. 

Los ascensos anteriores debieron 
ser todos de milicias y en las filas 
revolucionarias floristas, pero sin 
rasgo personal que lo perfilase, pues 
no se ha encontrado cita de su nom- 
bre en ningun papel. 

El 25 de agosto del propio afio 68 
se le promovio a teniente coronel 
graduado y el 25 de abril de 1869- fue 
baja por haber pasado a servir a la 
Argentina. Coronado, en esta epoca, 
formaba parte del ejercito nacional 
de operaciones contra el gobierno del 
Paraguay, pero, inquieto y sin con- 
cepto claro de sus deberes militares,. 
hizo abandono de su puesto para 
tomar parte en una revolucion de 
la provincia de Corrientes, como je- 
fe de vanguardia del coronel Nica- 
nor Caceres. Hecho prisionero, los 
vencedores lo enviaron bajo custodia 
al otro lado del Parana, entregan- 
dolo al jefe de la Division Oriental, 
a la cual vino a quedar adicto aun- 
que no se regularizara su situacion 
en el ejercito. En esas condiciones 
se le confio, no obstante, el mando 
de una atrevida expedicion proyec- 
tada contra la fabrica de armas y 
fundicion de hierro de Ibicuy, desde 
la cual se aprovisionaban los ejer- 
citos de Lopez. Coronado pudo des- 
empefiarse con todo exito, tomando 
por asalto y destruyendo la posicion 
enemiga, el 15 de mayo de 1869. Sin 
embargo, llevado por sus malps ins- 



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tintos, mancho el triunfo con la eje- 
cucion arbitraria del jefe enemigo, 
capitan Julio Insfran, fundandose en 
que habia torturado a los prisioneros 
obligados a trabajar bajo su ferula. 
Unos cien de estos infelices, aliados 
o paraguayos, fueron libertados en la 
ocasion. 

El triunfo espectacular y decisi- 
vo le dio fama entre los aliados, prin- 
cipalmente entre los brasilefios; y en 
lo que dice con nosotros, el 8 de 
enero de 1870 se le volvio a su an- 
tigua situacion por orden del Eje- 
cutivo y el 11 de octubre llego a co- 
ronel graduado, ascenso que seria el 
ultimo. 

En este periodo, correspondiente 
'al dei movimiento revolucionario 
blanco traido a la Republica por el 
coronel Timoteo Aparicio, Coronado 
tuvo activa y brillante actuacion en 
las filas del gobierno, sea como jefe 
del Batallon Santa Rosa, al frente 
— accidentalmente — de la Division 
Salto o comandando la izquierda del 
ejercito de Suarez en la refiida y 
trascendental batalla del Sauce, el 
25 de diciembre de 1870. 

Esta actuacion de primer orden, 
como soldado, estuvo contrabalan- 
ceada por el matiz anarquizante de 
su conducta, que lo mezclaba en las 
luchas internas, desagradables, que 
debilitaban los ejercitos del gobier- 
no del general Batlle, y dieron lu- 
gar a que se le separara de todo 
mando, pasando entonces a residir en 
su estanzuela del Rincon de Santa 
Rosa, extremo N-O de la Republica. 

Alli se dio el escandaloso episo- 



dio de negociar el Escuadron Santa 
Rosa y un escuadron de caballeria 
de guardia nacional, unidades que 
mediante la suma de 6.000 pesos Co- 
ronado se comprometia a pasar a Co- 
rrientes para una revolucion contra 
el gobernador de aquella provincia, 
conforme lo hizo, disponiendo que 
sus fuerzas vadearan ei Rio Uru- 
guay el 21 de enero de 1872. Res- 
ponsabilizado por la fechoria^ culpo 
de la aventura a su segundo el ma- 
yor Pedro Capurro, italiano, que 
despues de los sucesos no volvio al 
pais. 

Durante el gobierno de Ellauri vi- 
vio por algiin tiempo en el Brasil, 
temeroso de que lo procesaran, y so- 
lamente vino de alli cuando el mo- 
tin del 15 de enero de 1875 entro- 
nizd en el mando al usurpador Pe- 
dro Varela. Las afinidades de la bar- 
barie son irresistibles, y el brazo de 
Coronado no podia faltar en defensa 
de un gobierno semejante. 

Fue este ano 75 — justamente lla- 
mado nuestro Afio Terrible — el de 
pleno auge de Coronado y cuando 
mas peso su dominio sobre la gente 
del rincon saltefio que tiranizaba, 
campeando por sus respetos como 
duefio de vidas y haciendas. 

Fue entonces que hizo ultimar a 
pufialadas al capitan Jose Dubroca, 
buen comisario seccional, y que se 
vio envuelto en las muertes violen- 
tas de Vazquez y de Aguilar. 

El gobierno, en cambio, lo designo 
jefe de la Division Salto y ejercien- 
do el cargo tiivo a su lado a Nico 
Coronel y al pardo Luna, componen- 



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tes de la banda que habia asesinado 
al general Urquiza. 

"Todos los elementos malos, el 
matrero, el cuatrero, el vago — ha 
eserito alguien — todos tem'an la hos- 
pitalidad y la proteccion en sus do- 
minios". 

Cuando el alzamiento civico de la 
Revolucion Tricolor, en setiembre y 
octubre de 1875, se vio un momen- 
to en situacion comprometida, pues 
los soldados dictatoriales, detenidos 
por el ejercito de Saldana en Palo- 
mas, no lograron prestarle la pro- 
teccion que necesitaba, aislado en la 
zona fronteriza. 

Pero ei panorama cambio pronto, 
cuando el coronel Latorre, conver- 
tido en dictador en marzo cie 1876, 
resolviose a poner en practica sus 
planes de reajuste, principiando por 
la eliminacion — por estilo tremen- 
do — de los indeseables caudillejos 
rurales, que en el desgobierno de 
Varela habian multiplicado Llenos de 
audacia y en cuya lista no era posible 
que faltase Coronado. 

El doble asesinato, con movil de 
robo, del rico estanciero espanol Vi- 
cente Saralegui y de un sobrino su- 
yo, ocurrido en la picada de Tira 
Poncho, jurisdiccion de Santa Ro- 
sa, crimen donde el nombre de Co- 
ronado aparecio envuelto, vino a 
ofrecer a Latorre la ocasion para 
proceder. 

Afiadienclo al eco de aquellos ru- 
mores, la especie de que el turbu- 
lento comandante estaba sublevado 
o proximo a sublevarse, se preparo 
en la ciudad de Salto una expedicion 



militar encargada de capturarlo, la 
cual se puso en marcha hacia el nor- 
te a las ordenes del jefe politico 
del departamento. 

Expresamente enviado de Monte- 
video, formaba en la columna el ma- 
yor Maximo Santos. Llevaba una 
compafiia de soldados del batallon 
5 9 de cazadores a su mando y segu- 
ramente traia instrucciones precisas 
de Latorre. 

El 17 de junio de 1876, proxi- 
mos ya a Santa Rosa, Simon Mar- 
tinez y Santos hallaron en el cami- 
no a Coronado, el cual. tal vez sin 
sospecha y desde luego sin resisten- 
cia, se entrego al mayor Feliciano 
Viera, antiguo subalterno suyo, que 
adelantose a su encuentro para tras- 
mithie ordenes superiores. Juntos 
llegaron al grueso de la expedicion, 
detenida en la marcha. 

Asegurado convenientemente de 
inmediato, esa misma noche, acam- 
pados en la estancia de un brasileno 
Rodriguez, Coronado fue muerto a 
balazos por el centinela en momen- 
tos que intentaba fugar, conforme lo 
hizo saber el mayor Santos en parte 
telegrafico al Gobernador. 

El cadaver recibio sepultura en el 
cementerio particular de los duefios 
del campo, en Isla de Sarandi. 

Pttede?i consultarse los siguientes 
articulos del autor: En "ha Manana" 
— Montevideo — (Suplemento), nu- 
meros de 23 de 7nayo de 1926; 11 y 
25 de mayo de 1930: y 21 de enero 
de 1933. — En "El Dia" — Monte- 
video — (Suplemento), numero del 
12 de diciembre da 1937. 



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CORONEL, DIONISIO 

Militar, coronel de la Repiiblica 
con larga foja de servicios, nacido 
en la Villa de Melo el 12 de setiem- 
bre de 1807, hijo de Blas Coronel, 
paraguayo y de Manuela Muniz, de 
Maldonado. 

Era un hcmbre de fisonomia ex- 
presiva, pequefio, calvo, de bigotes 
caidos, simpatico en su trato. 

Sus servicios de armas se inician 
en febrero de 1836, fecha en que es 
aprobada por la superioridad la pro- 
puesta hecha por el jefe de la guar- 
dia nacional de caballeria de Cerro 
Largo para teniente 1? de la 2? com- 
parna de la misma, a favor del ciu- 
dadano Dicnisio Coronel. Capitan 
graduado en noviembre de 1837, en 
junio de 1838 prestaba servicios en 
el Escuadron de Escolta. 

Pero es en la Guerra Grande cuan- 
do empieza a perfilarse como un je- 
fe de accion y valimiento y durante 
toda la campafia tiene a sus ordenes 
la division de su departamento con 
grado de teniente coronel. 

En agosto de 1844 defendio la po- 
blacion de Melo cuando el general 
Rivera puso sitio a la plaza y le in- 
timo que se rindiese. Desoyendo la 
voz y con ayuda de los dos o tres 
canones que poseia, atrincherose con 
su gente logrando mantenerse diez 
dias, tiempo suficiente para que el 
general Urquiza viniese en su auxi- 
lio, obligando a Rivera a levantar el 
cerco. 

El 27 de marzo del 45 participo 



en la batalla de India Muerta, to- 
candole perseguir los grupos fugiti- 
vos del general Rivera que escapa- 
ron al degiiello e iban buscando la 
frontera del Brasil. 

Jefe Politico y comandante militar 
de Cerro Largo por designacion de 
Oribe, dentro de lo duro de la epo- 
ca se hizo notar por la tolerancia 
unida a su honradez. 

Por esto mismo se supo con sor- 
presa la comision de ciertos excesos, 
tales como'el reparto de mofios fe- 
derales y los vejamenes sufridos al 
salir del templo de Melo por algu- 
nas sefioras, en 1847. El moiio no se 
habla instituido nunca hasta esa fe- 
cha y se inauguro en la administra- 
cion jefaturial de Coronel. 

Siendo jefe de la guarnicidn de 
Melo cuando la intervencion del 
ejercito brasilefio que venia a for- 
mar en la alianza contra Rosas, al 
aproximarse la vanguardia del gene- 
ral Fernandez Dos Santos Pereyra, 
evacuo la plaza el 15 de agosto de 
1851 en una operacion precipitada, 
pues los imperiales entraron en la 
poblacion el mismo dia. No obstante 
los esfuerzos de Coronel para man- 
tener la resistencia de sus huestes, 
el 11 de setiembre se le disperso la 
Division ante las tropas muy supe- 
riores del baron de Yacuhy, sin va- 
lerle alguna ventaja que pudo lo- 
grar en las primeras horas del dia 
sobre las fuerzas del coronel Cami- 
lo Vega, que vem'a con los imperia- 
les. 

Al reconstituirse los poderes cons- 
titucionales despues de la Paz de 



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Octubre de 1851, fue electo senador 
por Cerro Largo para la 6 ? legisla- 
tura. 

Estuvo a favor de Giro contra el 
Triunvirato, siendo de los ultimos 
jefes que pudo sostenerse, hasta que 
el 24 de noviembre del 53, el coronel 
Manuel Freire lo derroto en Las 
Rengas obligandolo a pasar al Bra- 
sil, donde lo intemaron en el pue- 
blo de San Gabriel. 

Columna fuerte del gobierno fu- 
sionista de Pereira, a cuyo servicio 
mando la caballeria en la pelea de 
Cagancha el 15 de enero de 1858, 
contra los revolucionarios conserva- 
dores del general Cesar Diaz, su 
gente fue la que acabo — lanceando- 
los — con los adversarios que habian 
quedado en el parque. Hallose tam- 
bien en la jornada de Quinteros, 
siendo el designado para escoltar al 
Brasil a los jefes que capitularon y a 
los cuales la mala fe del gobierno 
vencedor hizo dar muerte despues. 

Ese mismo afio 58, el 9 de febrero, 
fue incorporado al ejercito de linea 
como coronel de caballeria y al or- 
ganizarse la guardia nacional en los 
departamentos, don Dionisio fue co- 
mandante del l.er regimiento de Ce- 
rro Largo, que seguia siendo el pago 
de su prestigio y donde el y su fa- 
milia poseian desde largo tiempo 
atras caracteres casi dinasticos, sien- 
do verdaderos sefiores de la zona. 

Cuando se crearon las secciones 
militares de la Republica, el presi- 
dente Berro — gran amigo suyo — le 
dio el mando de la 2 ? que compren- 
dia los departamentos de Florida, 



Durazno y Cerro Largo, el 8 de mar- 
zo de 1860. Mas tarde, el 4 de julio 
de 1861, fue hecho comandante mili- 
tar de la frontera terrestre de Ce- 
rro Largo y en noviembre siguien- 
te se le ampiio su jurisdiccion pro- 
longandola a los departamentos de 
Tacuarembo y Salto, es decir, a todo 
el norte del Rio Negro. 

Principiada en abril del 63 la re- 
volucion colorada del general Ve- 
nancio Flores, Dionisio Coronel iba 
a tener en la lucha una posicion de 
primera fila, a no haber mediado su 
repentino fallecimiento, el 30 de ju- 
lio. Combatiendo con las fuerzas re- 
beldes del comandante Manuel Car- 
bajal en Paso del Rey de Cebollati, 
se sintio atacado de angina al pe- 
cho, mientras hacia entrar en linea, 
a gritos, un escuadron de caballeria 
que remolineaba. Oprimido por el 
horrendo dolor que mata, apenas tu- 
vo tiempo de pedir a un allegado — 
tal vez su hijo — que lo ayudara a 
bajar del caballo. 

Su cadaver fue traido a la capital 
el 8 de agosto y merecio del gobier- 
no de Berro singulares honores en 
el acto del sepelio que se realizo el 
10, no siendo el menor, por cierto, 
el que lo destinaba a ser depositado 
en el Panteon Nacional, donde re- 
posa. 

Mas tarde, habiendo sabido el pre- 
sidente que existia en Montevideo 
un retrato al oleo "del benemerito 
y malogrado coronel Dionisio Coro- 
nel y deseando dar una prueba mas 
de la veneracion que le merecia es- 
te fiel servidor de las instituciones", 



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ordeno por decreto del 3 de febrero 
de 1864, que su ministro Nin Reyes 
adquiriera ese retrato "para ofre- 
cerlo al pueblo de Cerro Largo, lu- 
gar de su nacimiento y teatro ds 
sus abnegaciones y valor, como un 
presente del Gobierno de la Republi- 
ca, que le recordara la alta estima 
en que tem'a la memoria de ese dis- 
tinguido ciudadano y militar de or- 
den". 



CORONEL, NICOMEDES 

Conocido por Nico Coronel. Famo- 
so bandido internacional, jefe de los 
asaltantes de la estancia de San Jo- 
se, Entre Rios, que consumaron el 
asesinato del capitan general argen- 
tino Justo Jose de Urquiza, la tar- 
de del 11 de abril de 1870. 

Nacido en Cerro Largo, hijo